Perdónpor la tardanza :c he tenido problemas con mi familia y la escuela. Aunque tarde en actualizar, que espero que eso no suceda pues planeo subir el capítulo que sigue pronto, no abandonare la historia. Esto se torna cada vez más bueno :v Gracias a todos! Espero que les guste este capitulo, y por favor, les pido paciencia :3
You are mine
Capítulo 23: Conexiones
Alexander Whittemore se pasa sus dedos a través de las hebras sueltas de su peinado, reposando la barbilla en la mano sobrante. A su lado una taza de café reposa elegantemente en un pequeño plato de porcelana, múltiples papeles desordenados por la mesa, documentos por ahí y por allá y definitivamente un ceño fruncido pronunciado en la frente.
Jackson no quiere ni puede preguntarle que sucede, por lo que, ignorando esa escena cuando abre la puerta y da un vistazo a la estancia, sube las escaleras rápidamente, encerrándose en su habitación. Se lanza sobre la cama, pensando seriamente en por qué los Hale—aquellos sobrinos del profesor—, y el mismo Derek habían faltado a la escuela.
De más está decir que, para variar, el testículo izquierdo y derecho también habían decidido faltar—lease, Stillinski y McCall. Cosa sospechosa, porque Jackson sabe que nada de lo que sucede en Beacon es coincidencia.
Suspira con fuerza, levantándose de la cama y abriendo la puerta de la habitación para dirigirse a la cocina por un vaso de agua que tranquilice sus nervios cuando la voz de una mujer llama su atención desde la planta de abajo.
Con curiosidad, baja las escaleras lo más suave que puede, procurando no hacer más ruido del necesario.
—¿Qué estás haciendo aquí, Kate? —la pregunta abandona los labios de Alexander mucho antes de haber levantado la vista para ver de quien se trata su visita. Conoce perfectamente los pasos ligeros y el sonido traqueteante de los tacones de la Argent como para equivocarse.
—Vine a cobrar mi favor, Alex—contesta simplemente la mujer, sentándose sin permiso en la mesa sobre los documentos. Es entonces cuando el Alfa si levanta la vista, posándola en los orbes divertidos como depredador de la mujer.
—Yo a ti no te debo nada, Argent—escupe con desprecio, entrecerrando los ojos y levantándose para quedar a la misma altura—. De hecho, tu me debes a mí por haberte defendido cuando la policía te levanto cargos por provocar un incendio, si mal no recuerdo…
—Tú sabes que eso fue injusticia.
—El que no te arrestaran lo es—asiente—. Te volveré a preguntar. ¿Qué es lo que quieres?
—Ayuda—suspira, mirándose las uñas distraídamente—. Quiero que los Hale se vayan del pueblo tanto como tú, si mis fuentes son ciertas.
—Mienten—contesta con rotundidad—. No busco que los Hale se…
—No puedes mentir a alguien que conoce de que estás hecho, Alexander—ronronea la rubia, sonriendo de lado—. Recuérdalo en un futuro.
El hombre Alfa suelta un gruñido.
—Nadie te creería…
—¿Quieres apostar? —sonríe maliciosamente, entrecerrando los ojos como si fuera un predador que tiene a su presa justo donde desea, mandándole escalofríos por todo el cuerpo—. ¿Quién es más, como decirlo, respetado en Beacon? ¿Una mujer cuya familia ha vivido toda su vida aquí, ayudando a la comunidad, o un Alfa con problemas de orgullo que demanda a cualquier individuo a la primera provocación? No sé tú, pero contra mi palabra en el tribunal, no hay mucho que puedas hacer.
—Soy abogado Kate—Alexander lleva un dedo a cada una de sus sienes, presionándolas levemente en círculos sobre la piel, tratando de aliviar el dolor de cabeza que ha comenzado a darle debido a la presencia indeseada.
—¡Compórtate como tal, entonces! —la mujer salta de la mesa con rapidez, colocándose justo detrás de Whittemore sin que este lo haya previsto. Una mano toma el cuello, y Alexander siente la respiración sobre su nuca mientras el sudor frio de los nervios recorre su espalda, empapando la ropa como un recordatorio de lo débil que repentinamente se siente. Su Alfa ocultándose en lo más profundo de su cuerpo sin poder hacer nada por la cercanía de ella—. No seré socia de un cobarde, idiota—sisea Kate contra su piel—. Así que más te vale hacer lo que yo te diga si no quieres que todo el mundo se entere de tu oscuro secretito.
—Kate, por favor…
—Ruegas aun—una carcajada amarga abandona los labios de la Argent—. ¿Dónde está el orgulloso Alfa que era capaz de todo que conocí? ¿Desapareció junto con tu virginidad?
Para ese entonces las lágrimas ya han comenzado a caer por las comisuras de sus ojos sin que él pueda impedirlo, empapando sus mejillas con el líquido salado y nublándole la visión. Recuerdos inconexos de aquella noche invaden su mente, haciendo que su respiración se convierta en jadeos y sollozos ahogados. Kate solamente sigue sonriendo, puede sentirlo a su espalda mientras el cuerpo de la mujer se presiona contra esta con burla.
—Escúchame con atención, querido Alex—murmura contra su oreja. Otro sollozo abandona sus labios sin que pueda detenerlo—. No es mi culpa que fueras tan débil, y tampoco lo es que no hayas podido defender a tu hijo ante Derek Hale, pero sí me importa. Me importa porque tú eras el único que podía haber hecho desaparecer a esa familia legalmente, ¿Sabes que sucederá por tu fracaso? Tendré que ensuciarme las manos, tesoro—el tono irónico va abandonando su voz, hasta tomar uno repulsivamente cariñoso que le provoca nauseas—. Mami tendrá que hacer el trabajo sucio, y eso la pone muy enojada. ¿Sabes que pasa cuando mami está enojada?
—¿Papá? —la voz de Jackson hacer que todo su cuerpo reaccione, separándose de Kate de inmediato y limpiándose el resto de lágrimas que queda justo a tiempo para ver como su hijo entra al salón, ante la mirada burlona de la Alfa—. ¿Quién es ella?
—Nadie importante—agradece enormemente que su voz no se escuche rota o titubeante, sino igual de fuerte que siempre. Jackson, sin embargo, no parece tan convencido—. Sube a tu habitación, nuestra visita—mira a Kate de reojo, esperando una reacción, pero solo ve como desinteresadamente toma su mochila para colgársela al hombro con un grácil movimiento—, ya se iba.
El adolescente no dice nada afortunadamente, y sube a su habitación con un bufido cansado.
Alexander solo puede ver como Kate se dirige a la puerta de la casa, mandándole una sonrisa sobre el hombro antes de decir:
—Mami espera poder contar contigo, pequeño Alex.
Y con eso cierra la puerta, dejando abierta la bóveda de recuerdos que Alexander Whittemore tenía oculta dentro de él
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Stiles solamente puede suspirar con fuerza antes de subir del Jeep. A su lado, Erika y Malia ya se han sentado, cerrando la puerta del co-piloto del vehículo con fuerza y mirándose unas a las otras entusiasmadas.
—¿Puedes recordarme porque no puedo ir contigo? —pregunta el Omega cuando Derek se acerca a la ventanilla, mirándole con lo que es un intento patético de alzar la ceja.
El pelinegro solo niega con la cabeza con una pequeña sonrisa casi imperceptible en los labios, pero que Stiles puede notar por estar sumamente interesados en ellos. ¿Es posible tener ganas de besar siempre a una persona?
—Porque mi madre quiere que por lo menos dos Alfas patrullen el bosque—contesta como si fuera obvio, inclinándose levemente. Stiles asiente con la cabeza.
—Ya. ¿Pero tenía que ser mi Alfa en particular?
Derek sonríe ampliamente ahora, mostrando la hilera de dientes blancos y sus adorables incisivos parecidos a los de un conejo que en lugar de hacer menos atractivo su rostro, es un complemento. La sensualidad no tiene que ser perfecta para existir, y el omega puede considerar que ya ha aprendido algo nuevo.
—Porque tu Alfa es el mejor de todos.
—Y el más modesto, al parecer—Stiles suelta un bufido, y Erika desde la parte de atrás se carcajea.
—Tranquilo Derek, nosotras cuidaremos de tu Omega—dice la rubia, alzando una mano hacia Malia quien, con una mirada de extrañeza, choca la suya.
—No es por ti que me preocupo, Erika—Derek rueda los ojos.
Malia, como si estuviera tomando una indirecta, abre la boca para protestar.
—No lo dejaría—dice rápidamente, indignada—. A la rubia sí que la dejaría, pero no a Stiles. Es un Omega en cinta, después de todo.
El susodicho abre los ojos como platos, sintiendo el color abandonar su cara.
—¡¿Qué?! —sin quererlo, su grito parece más un chillido que otra cosa, e incluso Derek parece desconcertado.
—Tuvieron sexo—dice Malia sin más, como si fuera una cosa de todos los días o algo que pudieras compartir en las redes sociales. Stiles casi se puede imaginar el estado de "Acabo de perder la virginidad con un Alfa sexy. Me siento Genial" en Facebook—. Los Omegas se embarazan después de tener sexo, aunque—la chica coyote hace ademan de olfatear el aire, frunciendo el ceño confundida—, no huele como si lo estuviera.
Derek suspira levemente, pero Stiles no puede sentirse tranquilo del todo, dirigiéndole una mirada acusadora.
—Pensé que habías usado anticonceptivo—reprende el adolescente, y el Alfa le gruñe levemente.
—Y lo hice—espeta, cruzándose de brazos—. Además, te aseguro que no estás embarazado.
—Qué alivio—suspira fuertemente.
—Sí, es un alivio. Porque tener a mi hijo en tu vientre sería tan malo—ironiza el Alfa, sonriendo torcidamente y frunciendo el ceño.
Stiles frunce el ceño de igual manera, negando con la cabeza.
—Pero que dices—chasquea la lengua, mirándole como si estuviera mirando a un niño—. Tener un hijo contigo sería algo que definitivamente quiero hacer, de hecho esta en lo primero de la lista para cuando me gradué y me convierta en presidente de los Estados Unidos. Digo, ¿Quién no quisiera tener un hijo contigo? Eres amable, fuerte y necesariamente tienes que dejar descendencia en el mundo porque sería un pecado no hacerlo. E imagínate que dicha poder criar a un pequeño Stiles a tu lado, con una casa e incluso un perro llamado Scott, porque tenemos que llamar a nuestro perro Scott. Así que no insinúes que no quiero tener un hijo contigo, porque si quiero y quiero tener muchos, porque no es por eso que me alegro no estar embarazado, Derek, sino porque aún no nos hemos unido frente a la sociedad, y ni siquiera mi padre… ¡Mi padre! —se golpe en la frente, girándose hacia la guantera y buscando su móvil—, no le he avisado que ya estoy bien y…
—¡Stiles! —el grito del Alfa le hace tensarse de inmediato, haciendo que se gire hacia él con las mejillas sonrojadas por el tono (que indiscutiblemente le ha puesto caliente) que ha utilizado con él.
—¡¿Qué?! —grita él también, pero no puede decir nada porque sus labios son atrapados por los de Derek, quien le toma de la nuca para poder besarle metiéndole la cabeza a través de la ventanilla del auto.
No es un beso como los que generalmente se han dado, porque no es pequeño ni largo y profundo, sino que es duradero y casto, solo unos cuantos roces con sus labios de manera lenta pero decidida que duran, según Stiles, años, provocando dentro de él que la estampida de elefantes en su estómago se agite dejándole sin aire y con los ojos abiertos de par en par.
Cuando se separan, la sonrisa pequeña e íntima que el Alfa le dedica le hace cuestionarse qué demonios hizo en su vida pasada para merecer ese tipo de felicidad.
—Wow—dice sin poder contenerlo, sonriendo bobamente de lado—. ¿Eso porque fue?
Derek alza una ceja.
—No te callabas—responde sin más, antes de darle un pequeño toque en la frente con sus nudillos—. Cuídate.
—¿Eh?
En lugar de responder, Derek apunta con la cabeza hacia Peter, quien le observa con una sonrisa maliciosa.
—Vámonos, sobrinito. Porque estoy seguro que violar adolescentes en pleno día es ilegal—dice Peter, y Stiles se sonroja con el ceño fruncido.
Se gira hacia Derek, e imitando la acción, le da un toquecito en puente de la nariz con su dedo, acariciando disimuladamente la zona antes de retirarlo con rapidez, como si quemara. Sonríe enormemente para darle confianza al Alfa.
—Tú también te cuidas.
Con un asentimiento y cambiando sus ojos por el color carmesí que sinceramente debería de ser un afrodisiaco, Derek le da la espalda, lanzándose a correr con rapidez sobrehumana hacia el bosque. Stiles da un suspiro como colegiala cuando los dos Hale se pierden entre los árboles, y Erika suelta una risita.
—En serio le amas—se burla levemente, pero Stiles está tan perdido que solo puede asentir.
—Sí. Lo hago.
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Sortea las ramas y troncos caídos con una facilidad que literalmente le sorprende, y puede saber que a su lado, Peter esta igual que él, observando con incredulidad como el camino lleno de obstáculos se vuelve mucho menos pesado de lo que recordaba.
—Parece que has aprendido nuevos trucos—comenta jocoso su tío a su lado, pero Derek está más ocupado agudizando su oído, tratando de encontrar el ruidoso motor del Jeep de Stiles entre todo el silencio del bosque.
El plan, hasta el momento, está en la etapa de búsqueda. El cual consistía básicamente en tratar de rastrear algo que les ayudara encontrar a Isaac o a Scott. Laura, por tener un lazo fuerte con su primer Beta, podía hallarlo con rapidez si se concentraba lo suficiente, pero al ser una nueva Alfa sin perfeccionar sus habilidades, lo único que podía esperar era sentir algo al estar recorriendo la zona. Su Madre en cambio, utilizando su habilidad única recorría los extremos del pueblo con rapidez mientras que Derek y Peter se encargaban de recorrer los límites cerca de la escuela. Stiles, mientras tanto, conducía hacia la Mansión Hale por los caminos principales que atravesaban el bosque, en busca de algún indicio de automóviles pasando por estos.
—Todo saldrá bien—la voz de Peter vuelve a sonar, y esta vez Derek le observa de reojo.
—Eso espero.
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Isaac suelta otro gemido lastimero cuando abre los ojos adolorido. Ve borroso y escucha muchas voces que no identifica, y un olor a madera vieja y humedad le llega de repente, dándole el reflejo de arcadas que le dejan aún más exhausto. Cuando logra aclarar su visión se da cuenta en el lugar que está, y para su miedo y sorpresa, no lo conoce y no lo apetece hacerlo.
Sus manos están atadas con cadenas larguísimas y oxidadas, unos cables ingresando por su abdomen debajo de una gasa, y él está dentro de un círculo de ceniza oscura, adornando el centro de este con extraños jeroglíficos pintados con sangre seca. Se remueve intentando liberarse pero es inútil. Cuando levanta la mirada, los sollozos se ahogan en su garganta y las lágrimas se agolpan en sus ojos, comenzando a respirar con dificultad.
—¿S-Scott?
El castaño la mira con culpa en sus facciones golpeadas y amoratadas. El chico está parado frente a él, igualmente atado a unas cadenas metálicas y sin camiseta. Si la situación hubiera sido otra, tal vez se abría dispuesto a recorrer los músculos que sobre salen, sin embargo, ahora está nublado por el miedo.
—Lo siento—dice McCall, respirando con dificultad—. No llegue a protegerte, aun soy muy inexperto en esto.
—¿De qué hablas? —Pregunta intentando contener un poco el miedo que comienza a crecer de nuevo dentro de él. El chico baja la mirada apenado.
—Yo… Isaac, tenemos que escapar de aquí—se muestra serio de repente—. ¿Lo entiendes? Ella… ella nos hace algo, no pude transformarme ni siquiera por el enojo o por no poder controlarme.
—Electricidad—es lo primero que pasa por su cabeza y lo primero que dice, realmente—. La electricidad…—se pasa la lengua por los labios resecos, tratando de que su voz sea menos áspera—, nos afecta. Nos priva de poder transformarnos…
—Debió ser eso—Scott le mira, sus ojos brillando en la oscuridad como dos escarabajos ónice profundos—. Lo siento.
—Deja de decirlo. No fue tu culpa—trata de sonreír irónicamente, pero no puede—. Ahora, trata de… aullar. Laura nos deberá estar buscando, eso le ayudara... Aúlla Scott.
—¿Qué?
—Haz lo que te digo.
Puede ver que Scott da una fuerte respiración, cerrando los ojos, y como lanza un poco la cabeza hacia atrás antes de soltar un lastimero sonido que hace dolerle la cabeza.
—¿Ese es un aullido? —Isaac apenas puede mantenerse consiente, pero sabe que fue patético. Como si estuvieran matando a un gatito con un picahielos.
—No sé hacerlo—nota el tono frustrado dentro de las palabras de Scott, y niega con la cabeza, haciendo que los sucios rizos se peguen a su frente por el sudor.
—Tu puedes. Vamos. Otra vez.
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El rugido atronador resuena por todo Beacon Hills.
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Derek alza la cabeza automáticamente, llenándose con el rugido que provoca un disparo de adrenalina a su cuerpo.
Cuando este se calla, sale disparado corriendo en su dirección, sintiendo un instinto gutural que le guía a través del bosque. Los arboles pasan como borrones detrás de él, y sus pisadas fuertes le impulsaban hacia delante justo cuando está a punto de dar otra zancada. Peter a su lado alza la cabeza, soltando un silbido suave que le atraviesa los oídos y que está completamente seguro, los demás lo escuchan con facilidad.
Un silbido más fuerte atraviesa su cerebro.
—Laura—dice Peter—. Ya debe de estar dirigiéndose al lugar.
—Esperemos—suelta un gruñido, acelerando y aplicando más fuerza.
Tenían que llegar rápido.
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El rugido se cuela por el automóvil, haciendo que casi de un volantazo y se desvié del camino. Afortunadamente, logra controlar el volante a tiempo para seguir conduciendo con la mínima tranquilidad que tiene.
—¿Qué sucede? —Stiles pregunta cuando ve como Malia alza la cabeza, sus ojos brillando sobrenaturalmente en azul cobalto que atraviesa la oscuridad del Jeep. Erika también ha cambiado los suyos por uno ámbar similar al de Scott, justo como el oro derretido—. ¿Qué pasa? ¿Es Laura, Derek, Talia?
—Es Scott—Erika responde, frunciendo el ceño—. Ve a esa dirección, rápido—apunta hacia el bosque, instándole a cambiar la dirección.
—Pero…
—Stiles—la voz de Malia se vuelve gutural, y pude ver como los colmillos comienzan a crecer—. Solo conduce.
Y sí, gira violentamente haciendo que las chicas se golpeen un poco, pero no le importa, porque acelera atravesando el campo lleno de ramas del bosque. Una figura al lado del Jeep le llama la atención, y se gira solamente para ver como Laura y Cora corren por el lado izquierdo, sus ojos brillando en la oscuridad mientras alcanzan fácilmente el Jeep hasta colocarse un poco delante de este, iluminadas con las luces delanteras.
—Los gemelos están de este lado—Erika le informa, pero Stiles no se detiene a verificar y solo cambia la velocidad para acelerar—. Mamá alfa debe de estar cerca…
—Sigo sin creer que le digan Mamá Alfa—comenta como no quiere la cosa, ganándose una risa de la rubia.
—No lo entenderías. Nuestra unión es complicada.
Y era cierto. Stiles no sabe a qué grado, pero puede ver que están mucho más unidos de lo que parece. Probablemente sea cosa de lobos, estar siempre en manada, queriendo a los demás, pero lo que los chicos habían demostrado era amor puro y admiración por la Alfa Hale, como si le debieran la vida, pero a la vez fuera la persona que más quieren en el mundo, a quien esperan todas las noches antes de irse a dormir; Stiles ve así a su padre, y probablemente, Talia sienta lo mismo por los lobitos que el propio Sheriff por su hijo.
—Como sea—suelta un suspiro—. ¿Por qué estamos conduciendo hacia allí? ¿Ustedes saben porque Scott rugió? Espera, ¿Scott sabe rugir?
—Claro que sabe rugir, Stiles—Erika le mira con los ojos en blanco—. ¿Por quién nos tomas? Está en nuestra genética.
—A sí. Como cuando les sale cabello por todas partes. Las mujeres lobo, ¿También les sale cabello, o solo a los machos? ¿Entran en celo como los lobos? Oh dios mío, no quiero saber cómo están en esos momentos entonces, imagínate, suficiente tienen las mujeres omegas como para tener que soportar también el celo del lobo.
—No somos animales, o al menos no que yo sepa, y no. A menos que seamos Omegas, no tenemos celos.
—Me alegro que estas aquí, Erika—dice sinceramente—. Malia no parece hablar mucho.
—No hablo porque no tienes un tema de conversación que me agrade del todo—la chica coyote dice, sin quitar sus ojos sobrenaturales—. Es mucho más importante ver a donde se dirigen los demás.
—¿La seriedad viene de familia?
—No que yo sepa—sonríe Erika.
—Lamento interrumpir—una voz se escucha justo al lado de Stiles, y este salta en el asiento, girándose para encontrarse con Peter—, pero deben de acelerar si quieren alcanzarme.
—¿No pueden hacer más ruido al acercarse? —pregunta irónicamente—. Siento que es intencional eso de ser sigilosos.
—No sé si te has percatado, Stiles—comenta el tío, sonriendo sarcásticamente—, pero estamos tratando de pasar desapercibidos.
—No creo que con mi Jeep eso sea una opción.
—Concordamos en algo, por primera vez.
—Estamos cerca—Erika les informa, mirando la espalda de Laura— Talia está cerca.
—Mi hermana ya viene—concuerda el hombre—. Esto se pondrá feo.
—Dudo que sea más feo que tu—Laura se ha retrasado, colocándose al lado del lobo y dedicándole una sonrisa a Stiles—. Todo saldrá bien, ya lo veras.
El Omega suelta un suspiro.
—Eso espero.
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Alexander dirige una última mirada a la puerta cerrada de su casa, antes de subirse al coche y arrancar a toda velocidad.
Sin siquiera percatarse de Jackson saliendo después de él y mirando como el coche se pierde en la calle.
