"Vivir"
¿Han escuchado alguna vez, o quizás hayan dicho, la frase: "Esto solo le pasa al Pato Lucas y a mi"? las personas la usan, generalmente, para referirse a situaciones de karma o mala suerte, pues, les informo, que pueden ir cambiando el termino porque el Pato Lucas ha quedado destronado de su lugar en el podio donde todo sale mal, ahora la frase mas apropiada seria: "Esto solo le pasa a Rachel Berry y a mi" díganlo con confianza.
¿Cómo puede ser posible que la falta de dos insignificantes piezas pudieran derrumbar toda una tienda de campaña como aquella? ¡No hay lógica! o quizás si la hay, pero a las 11:05 de la noche, en un bosque frio de Kentucky y con un estúpido guardabosques babeando por mi novia mientas ayudaba a armar la tienda, nada era lógico para mí.
Quinn decidió ir en busca del hombre que trabaja en aquel lugar para que nos echara una mano en armar la tienda y él, junto a otro guardabosque, comenzaron a armarla de nuevo mientras yo sostenía dos linternas y Quinn verificaba el manual.
No toque ni una sola pieza de aquella estructura, la misma Quinn me lo prohibió con una fulminante mirada. Según ella, era mejor que dos expertos la armaran porque era tarde y quería dormir.
Era evidente que nuestra noche de pasión no iba a continuar. ¡Maldita sea!
Entonces estuve allí, parada como una tonta; sosteniendo aquellas linternas a falta de fuego porque no había ramas cerca, ni ganas de buscarlas, y la tienda estuvo lista en menos de 30 minutos gracias a aquellos dos chicos. Uno más estúpido que el otro pero, al menos, sabían armar tiendas para dormir.
Nos dispusimos a dormir sin mencionar el incidente producto de mi torpeza, ya iba coleccionando malas decisiones en lo poco que iba de viaje.
A la mañana siguiente, desperté y no supe qué horas eran, no llevaba reloj y mi teléfono estaba completamente descargado, pero lo que más me extraño, fue no ver a Quinn a mi lado.
Salí de la tienda desperezándome un poco con mi pijama de dibujos de pizza. Observe el lugar y no había rastros de mi rubia novia. Camine mas lejos para verificar a otros campistas que apenas se veían a unos cuantos metros, pero nada de Quinn.
¿Y si había sido raptada por alguien? ¿Un animal o algún tenebroso guardabosques? Juro que pensé eso, pero no me pueden pedir mucho después de la noche que pase y siendo las 7:02 am, hora que verificado luego en la tablet de Quinn.
Pero cuando ya iba a comenzar a desesperarme y guindarme en una rama, al estilo tarzan, gritando por Quinn Fabray… Ella llego.
- ¿Dónde estabas? ¡Me tenias asustada! –Le digo cual reina del drama con las manos en la cintura y el cabello hecho un desastre.
Quinn frunce el ceño y me mira de pies a cabeza para luego reír.
- Estuve en los baños, realmente están muy limpios, el guardabosques tenia razón. –Explica tranquila, pero sin borrar la leve sonrisa burlona de su linda cara. Sostenía en una mano, un pequeño bolso de artículos de higiene y en la otra, una toalla.
Yo asiento aturdida, pero comprendo, era racional que estuviera en los baños temprano. ¿Cómo no lo pensé antes?
- Yo… Yo te estuve buscando. –Peino un poco mi cabello con la mano.
- ¿Estás bien? –Me escruta con la mirada.
- Si, solo no tuve una buena noche, creo que debí dormir más.
- ¿Por qué no te duchas? –Pregunta acercándose más y acariciando mi brazo.
Si, bañarme era la mejor opción para despejar esa extraña paranoia que llevaba encima. Creo que la interrupción del calentón, en la noche anterior, afecto mis neuronas.
Me bañe y, sorprendentemente, en aquella área del parque forestal el agua no estaba tan fría y, tal como dijo el guardabosques y luego confirmo Quinn, todo estaba muy limpio. Retretes, duchas y lavamanos para turistas, sin embargo, seguía siendo un baño publico, así que decidí no durar mucho tempo allí. Me cambie de ropa y fui rápido por Quinn para así comenzar alguna aventura real. Tenía que conocer mas del Daniel Boone National Forest con mi chica.
Pero… No fue fácil. Quinn es, como deben imaginarse luego de todo lo que les he contado hasta ahora, alguien que se resiste mucho a casi todo lo que no conoce y, aunque estábamos allí porque ella deseaba vivir aventuras, convencerla de hacer ciertas cosas, no era tarea sencilla.
Luego del desayuno; que yo misma prepare con una pequeña fogata, haciendo tostadas con mermelada, fuimos con dos pequeñas mochilas, y los gorros que compramos en Lexington, a internarnos en aquel grandioso lugar.
- ¿Podemos descansar un rato? –Me dice Quinn sentándose en una roca cerca del riachuelo que se veía más cristalino que nunca producto de los rayos de sol.
- ¡Solo hemos caminado una hora! –Alzo los brazos.
- No estoy en tan buena forma como tú. Además, hay muchas rocas por aquí y en esa cueva que entramos hace minutos, aunque es muy hermosa, hace un calor espantoso. –Resoplaba.
- Te quejas por todo –Ruedo los ojos sentándome a su lado.
Ella me mira de reojo mientras va tomando de su botella de agua.
¿Cómo alguien se puede ver tan sexy solo tomando agua? No es normal.
- Perdón por no correr una hora diaria como otras personas.
- Yo no corro una hora diaria –La miro seria- Correo dos -Sonrío ampliamente.
- Deberías correr menos y aprender más sobre armar carpas –Comenta muy cerca de mi rostro. Golpe bajo.
- Tú ganas y no me recuerdes ese hecho, creo que es lo que más he lamentado de todo el viaje, incluso más que habernos quedado en el pueblo Amish. –Digo negando con la cabeza y mirando al frente.
- ¿Por qué? Los guardabosques armaron todo rápido y… -No continuo porque entendió la razón de mi frustración.
- Si la tienda no se hubiese venido abajo… -Frunzo los labios y ella muerde los suyos con fuerza mientras me miraba.
- Creo que tendremos mucho tiempo para eso.
- Supongo que la tercera es a vencida. –Susurro.
- Sucederá más temprano que tarde, con Amish o carpas en el suelo, pero sucederá. –Espeto segura y con aquella mirada que usaba cada vez que quería ir por algo.
Y si le sumamos el tono de voz ronco que creaba al hablar bajo…Entonces sabrán que eso me tambaleo, siempre me tambaleaba que hiciera aquello.
Decidí ir por su boca en un apasionado beso que termino en mordiscos y risas interrumpidas que se confundían con los cientos de pájaros que reposaban entre las ramas.
Quinn se separa, con dificultad, de mi boca y suspira para mirar las aves.
- Son muy ruidosos –Comenta mirando arriba.
- Quizás estén un poco molestos de que estemos aquí, mejor vámonos. –Me levanto, era una buena excusa para arrastrar a Quinn a otro lugar.
- ¿Por qué han de estar molestos? –Pregunta con cierta ingenuidad siguiéndome, lo había logrado.
- Pues, ya sabes, ellos no tienen una novia tan sexy que de besos tan maravillosos… -Le digo saltando dos rocas y esperando a que ella hiciera lo mismo.
Quería llevarla a un lugar en específico y debíamos ir de prisa porque estábamos casi al otro extremo.
- Ah… -Suelta distraída- Claro, pocos logran tener una novia como yo. –Comenta seguido de una carcajada.
El tiro me había salido por la culata en cuanto al chiste pero, lo bueno de todo, es que siguió caminando y su risa resonó en todo el lugar.
Eso siempre, pero siempre, valdrá la pena y no importa si debo resultar perdedora.
- ¡Rachel, espera! –Quinn me sujetaba con fuerza del brazo al casi caer en un salto entre una roca y un tronco de árbol. Íbamos de subida.
-¿Estas bien?
- Si, pero ya estoy algo cansada, no paramos de caminar y solo vamos en subida –Me mira algo agobiada, aunque no note sus ojos porque estaban detrás de unos lentes aviador oscuros que, obviamente, le quedaban de maravilla.
- Te prometo que solo faltan cinco minutos. –Tomo su mano para ayudarla a seguir.
- Eso me dijiste hace diez minutos –Me reprocha de forma infantil.
- Esta vez si faltan solo cinco minutos, te lo prometo –Beso fugazmente sus labios deshaciendo un tierno puchero.
Ella suspiro y retomo el camino detrás de mí.
- Te cansas muy rápido, es como si estuvieras enferma y a punto de morir–Bromeo y ella me mira jadeando sin un ápice de broma en su rostro.- Lo siento… -Me disculpo sin saber muy bien porque, pero no quería que me mirara de esa forma.
- No quiero ir muy lejos y aun nos queda todo el camino de regreso. –Comenta.
- No te preocupes, ya llegamos –Dimos unos cuantos pasos mas hasta observar el lugar donde íbamos a hacer nuestra gran aventura aquel día.
- ¿Qué es eso? –Ella observa aquello con la boca abierta.
- Algo que hice por primera vez a los 14 años, justo aquí, y que luego hice un par de veces más en otros lugares. Se llama Tirolesa y es algo muy divertido.
- ¿Divertido? –Pregunta con cara de pánico.
Yo ignore su rostro, su cansancio y sus refunfuños mientras la jalaba hasta donde se encontraban otras personas dispuestas a hacer aquello.
La Tirolesa es un tipo de deporte extremo en donde te deslizas entre arboles y una plataforma, usando gruesos cables sujetados por poleas. Es una experiencia maravillosa, quizás no tan abierta como lanzarte de paracaídas, pero los pocos segundos que dura, son suficientes para sentirte libre y lleno de adrenalina.
Y si lo haces en un lugar como aquel parque forestal, mucho más, el paisaje entre montaña y montaña, con el lago debajo, era una maravilla.
Sin embargo, Quinn, no estaba de acuerdo.
- No hare esto. –Dice mirando como un chico se deslizaba gritando de emoción.
Yo lo veía fascinada y ansiosa por mi turno.
- Claro que lo harás, te encantara. –Decidí no mirarla.
Amabas teníamos nuestros cascos y arnés listos. Éramos las 7ma y 8va, respectivamente, en la fila.
- No parece muy seguro, Rachel –Seguía dudando.
- Claro que lo es, te dije que lo he hecho mucho. –La mire cansada de tantas excusas para resistirse a hacer aquello.
- Yo ni siquiera sé nadar y allí hay un lago –Miraba hacia abajo quitándose los lentes.
- No mires hacia abajo si te da miedo. No es un lago profundo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Pues, los lagos, generalmente, no son tan profundos –Respondí aquello sin mucha convicción.
- De hecho, este si es profundo –Una chica que estaba detrás, comenta eso.
¿Y a esa quien la dijo que se metiera? Yo la fulmine con la mirada, pero Quinn casi le agradeció el dato.
- ¿Viste? ¡Si es profundo!
- No mires hacia abajo y listo, allí no vas a caer.
- Me dará miedo incluso si voy con los ojos cerrados –Se cruza de brazos.
- Cerrar los ojos es peor –Vuelve a comentar la entrometida que estuve a punto de lanzar al lago sin cuerdas- Te puedes hasta marear y con miedo mucho mas…
- Disculpa, esta es una conversación entre ella y yo. –Le dije dejando mi amabilidad fuera para luego darla la espalda y volver a mi novia.
La chica abrió los ojos sorprendida y se alejo a esperar su turno a unos cuantos pasos.
- No tenias que ser tan grosera.
- ¡Esta asustándote, Quinn!
- ¡No quiero saltar, Rachel!
Yo suspiro con pesadez, ya mi paciencia se estaba agotando y solo faltaba una persona par que a Quinn le tocara deslizarse.
- Cariño… -Le hablo son sutileza tomando sus manos que tenían un par de guantes- Nada te pasara porque es algo seguro y solo dura un par de minutos.
Quinn me mira con mucha inquietud y luego de algunos segundos, en los cuales creí convencerla…
- ¿Siguiente? –Pregunta el encargado de amarrar a los participantes de la actividad.
- Lo siento, no lo hare. –Dice Quinn soltando mis manos y quitándose el casco para caminar lejos.
- ¿Siguiente? –Repite el chico, en ese caso seguía yo, ya que Quinn se fue quizás a donde.
Miro el lugar por donde desapareció y luego miro la fila que esperaba con impaciencia a que yo me lanzara y seguir ellos.
Me moleste y mucho, porque quería saltar, pero tampoco quería dejar a Quinn sola por ahí mientras disfrutaba de aquello. A pesar que ella misma se lo busco.
- Lo siento, pasare mi turno –Digo y decido ir en buscar de la rubia terca.
Me quite el equipo. Casco, guantes y arnés para bajar la pequeña montaña y encontrar a Quinn a los pies de esta sobre un tronco, el mismo que casi la hace caer antes.
Me puso de mal humor, realmente estaba molesta por aquella actitud infantil que no comprendía.
Sabia muy bien que no era muy abierta a las aventuras, no de golpe, no a la primera, pero creí que me tenia la suficiente confianza a esa altura para hacer aquello. Ni siquiera se tenía que lanzar de algo muy alto, incluso niños lo hacían, pero ella se negaba. Si quería hacer cosas nuevas y que el viaje valiera la pena, con esa actitud solo era tiempo perdido, mas tiempo del que pudimos perder con los pequeños accidentes en pocos días.
Camine rápidamente y me senté a su lado esperando a que ella hablara.
- Quizás algún día lo haga, pero hoy no -Es lo que dice luego de algunos minutos de silencio.
- ¿Por qué hoy no? –Le pregunto con fastidio.
- Porque no quiero.
- No creo que esa sea una respuesta muy madura. –Rio con ironía.
- ¿No comprendes que le temo a ese tipo de cosas? –Me mira con el ceño fruncido.
- Creo que le temes a muchas cosas y si no te arriesgas, jamás dejaras de temerle, Quinn.
- Tú no entiendes, Rachel –Negaba con la cabeza- Quizás estas acostumbrada a estas cosas, pero yo no, y si no me tienes paciencia, entonces mejor evita sugerirme este tipo de actividades.
- ¿Y no se supone que en este viaje probarías cosas nuevas? ¡Es un simple deporte, por Dios! No debes hacer mucho esfuerzo y tampoco dura mucho tiempo, estropeaste la oportunidad de…
- ¡No estropee nada, no quiero saltar y punto, tampoco es que pueda confiar en tus planes porque siempre fallan! -Estaba alterada, pero su estado no era muy diferente al mío- ¡No insistas, por favor! –Alza la voz con desesperación y eso me enloqueció, por primera vez, de una manera muy diferente a lo que ella me venía enloqueciendo.
Me levante y la mire con los ojos inyectados de indignación, molestia, dudas, no sé exactamente que tenia, pero le dije las palabras de las cuales nunca me arrepentiré.
- Mira… No sé exactamente qué pasa, o que paso, con tu vida, creo que me ocultas algo y solo reprochas el hecho de no querer un cambio, de no arriesgarte, como si fueras demasiado frágil y creo que no lo eres…
- ¿Por qué me dices esto? No tiene nada que ver…
- ¡Déjame hablar, Quinn! -Alce la mano y ella oprimió sus labios- Vengo con una historia detrás de mí, con una historia que odio contar porque la gente comienza a tener lastima, claro, la pobre chica que perdió a su familia, ¿Qué será de ella? ¡Oh, pobre Rachel! –Use un tono de burla y sarcasmo para decir aquello- ¡Pues no! Me pude quedar encerrada en el consultorio de un psicólogo por el resto de mi vida, pero no lo hice y créeme que es difícil seguir adelante con historias tan oscuras cuando todos te señalan solo por ser la pobre niña que está solo en el mundo. Yo tenía y tengo una vida; quizás no es la más prospera y tampoco sea la más motivadora de las personas, también me desanimo, pero la tengo y ¡la vivo como puedo! Simplemente inténtalo tú también.
- ¿Cómo se supone que haga eso si siempre tengo miedo? –Me pregunta con voz queda mientras lagrimas caían por todo su rostro. Mis palabras la estaban golpeando, pero yo no quería parar.
- No lo pienses tanto, no busques una forma, solo hazlo. Ama lo que tienes, sabes que eres afortunada por muchas cosas. Vive cada segundo; toma fotos de las cosas insignificantes y luego míralas hasta cansarte; también comete errores, ¡No importa! Luego, quizás, solo termines riendo a carcajadas de eso. Habla con extraños en la calle ¡Y canta a todo pulmón si te gusta la jodida canción! –Exprese abriendo los brazos y alzando la voz- No importa si te miran mal o te juzgan, eso no te matara, Quinn… -La mire buscando que mis ojos le transmitieran confianza- Lo que si te matara es no arriesgarte por nada y creer que puedes morir por algo que ni siquiera has intentado. Solo toma tu vida y haz con ella algo bueno, algo que te llene, porque no tendrás otra oportunidad para eso y la vida es jodidamente corta, Quinn.
Termine de decir todo aquello exhausta, es como si hubiese descargado todas mis pilas con un discurso improvisado en el que Quinn quedo en completo silencio perdida en sus pensamientos.
- Gracias… -Me dice ella con voz ronca luego de varios minutos en los cuales solo miraba el piso.
- No me agradezcas y disculpa si me sobrepase. –Estaba mucho mas calmada.
- Me dijiste lo justo y necesario, a veces… A veces soy muy estúpida cuando tengo miedo a todo.
- Esta en tus manos cambiarlo, no es fácil, pero… -La tomo de las manos- Podemos comenzar por allí –Miro de nuevo arriba donde muchas personas se estaban deslizando.
Quinn alza también la vista y suspira resignada, iba a saltar.
Y aquel día salto, con mucho miedo, estaba casi temblando y creyendo que iba a morir ahogada en el lago, pero se deslizo por la cuerda gritando a todo pulmón, mas por el terror que por la emoción.
Luego me lo agradeció con un beso que dejo boquiabierta a la chica entrometida de la fila.
- ¿Cómo conociste a Santana? –Me pregunta Quinn haciendo círculos distraídos en la palma de mi mano.
Estábamos sentadas a orillas del inmenso lago que dividía el parque forestal y en frente se encontraban hermosas montañas. Era un paisaje espectacular que decidimos mirar mientras aun estaba puesto el sol.
- Santana llego una noche en New York y jamás se fue… -Conté riendo con nostalgia al recordar precisamente esa noche.
- ¿Vivías en New York? –Gira el rostro y me mira.
- Trabaje allá por más de tres años mientras estudiaba para ser chef. Los amigos de mis padres me ayudaron con algo de dinero, pero tenía que pagar la otra mitad, en el trabajo conocí a Santana. Era un bar.
- ¿En serio? –Abrió los ojos.
- Si, allí frecuentaban sobre todo estudiantes. Una noche llegue buscado trabajo y ella era mesera, fue la que me atendió con mala cara porque había tenido un mal día. Me pusieron a prueba y me centraron esa misma noche, al salir ella me dijo que si quería comer algo y acepte.
- ¿A pesar de que te había tratado mal?
- Si, a pesar de todo eso… Pero me inspiro confianza. Esa misma noche le conté mi historia, no sé porque lo hice, no me gusta contarles a todos mis cosas y menos esa. Quizás porque estaba, realmente sola, en una gran ciudad por primera vez.
-Bueno, Santana también puede ser muy persuasiva. –Quinn ríe.
- Así es, y su reacción fue lo que más me gusto, fue diferente a la del resto –Quinn me interrogaba con la mirada- Le conté mi trágica historia y ella solo dijo: "Lo siento por ti, la vida es una mierda y todos tenemos que vivirla igual" espeto eso alzándose de hombros y me dejo sorprendida. Hasta entonces la gente siempre reaccionaba conmovida, pero a ella la habían echado de casa por ser gay y tenia beca en la universidad, pero casi no podía pagar el resto de las cosas con el mísero sueldo del bar. Entonces fue cruda porque pasaba por cosas difíciles, no iguales a las mías, pero, extrañamente, eso hizo que la quisiera desde ese instante.
- Ella te adora.
- Y yo la adoro a ella, pero no se lo digas porque su ego puede volar muy alto –Bromeo. - ¿Y tú siempre te la llevas bien con Sam? Me parece un gran chico.
- Si, Sam es un chico genial y hago todo lo que puedo por él. Ira a la universidad este año, quiere ser profesor de historia.
- ¿En serio? Lo veía más del tipo deportista.
- Es bastante intelectual, te puede sorprender, aunque siempre anda con un extraño misterio.
- Lo del misterio viene de familia –La miro de reojo.
- Pues… Quizás –Es todo lo que dice antes de seguir con Sam- Su meta es ir a Yale y si no lo logra con el promedio y una beca, yo pagare por la universidad.
- Eso es un lindo gesto.
- Es lo menos que puedo hacer, mis padres gastaron mucho en mi durante más de la mitad de mi vida, hasta ahora –Comenta con un tono áspero e incomodo.
Yo la miro con las dudas de preguntar a que se refería, pero entonces recordé lo que una vez comento.
- ¿Lo dices por cuando eras niña? Dijiste que enfermabas mucho…
- Si, por eso, fueron tempos difíciles –Me mira un tanto triste y yo bese su nariz sacándole una sonrisa.
- Ya esos días acabaron. –Digo antes de abrazarla para que luego ella hundiera su rostro en mi cuello y murmurar algo que a penas logre entender.
- Aun no estoy muy segura de eso… -Fue lo que susurro.
A pesar de llevar meses conociéndola, analizando sus actitud y deduciendo muchas cosas de ella, no tenia idea de lo que Quinn guardaba dentro; no sabia porque se sentía tan frágil siempre. Porque llevaba consigo tantas dudas y temores.
La chica entre mis brazos necesitaba más que nunca las palabras que espete aquel día, necesitaba deslizarse entre montañas; necesitaba vivir.
