Perdon por la tardanza :c estoy estresada con trabajos de la escuela por la especialidad, ademas que me fui de vacaciones de semanasanta y me ha picado una mantaraya en el pie :v ¡Gracias por su apoyo! Los amo a todos y espero que tengan unas felices vacaciones
You are mine
Capítulo 24: Furia I
Peter nunca fue una persona que se considerase conocedora de lo que está bien y lo que está mal.
No, él nunca fue una persona a la que realmente le interesara lo que la humanidad consideraba moral, porque él no es precisamente un humano del todo, y eso a la actualidad se ha mantenido. Peter no respeta la moralidad porque no siente el impulso de hacerlo, porque él es un lobo que tiene una manada antigua y llena de costumbres y reglas propias, aquellas que tiene que respetar porque tanto como su lobo como él las considera correctas y lógicas.
Por lo mismo, no puede decir que las ganas de sangre que desprende el gran lobo negro que camina imponentemente hacia ellos, estén completamente fuera de lugar, o bien, que no se puedan quitar con la venganza que seguramente Talia Hale está ideando en su cabeza.
Su hermana siempre fue una persona que, a diferencia propia, respetaba a la humanidad porque la consideraba similar a ellos, con el bien definido y un sentido de la responsabilidad que cualquier persona envidiaría, Talia Hale es por mucho uno de los mejores Alfas que la manada ha tenido nunca, y la única persona que ha logrado hacer que Peter considere cambiar.
Porque si su hermana defendía o creía en algo, debía de tener buenas razones para ello. Peter siempre la envidio, envidio toda la empatía que salía de ella como dióxido de carbono junto con cada exhalación, como podía demostrar ser compasiva pero recta y ruda a la vez, manteniendo a raya a los enemigos de la manada, pero demostrándoles a los Betas de la misma que podían confiar en ella. Envidia todo eso, pero mentiría si dijera que no la ama.
La ama demasiado como para hacer algo al respecto, como para desafiarla por la sed de poder que le mueve a él, y es demasiado inteligente como para saber que no será un buen Cabeza Alfa, que ni siquiera le llegara a los talones. Por otro lado, si alguien más fuera el cabeza Alfa…
Su mirada se posa en como Laura se endereza frente al gran lobo negro, y después pasan a ver a Derek, que mantiene el ceño fruncido como generalmente está, con los hombros rectos y demostrando que es un Alfa de nuevo... Peter sonríe sin darse cuenta.
Probablemente, si alguien además de su hermana fuera Alfa, no tendría problemas en tomar su lugar.
Sus pensamientos son interrumpidos por la transformación.
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Derek siempre se ha asombrado por la capacidad de su madre para volverse un lobo completamente.
Eso, según los múltiples libros que le encantaba leer junto a Laura en las vacaciones en el sillón de su padre, y en ciertas ocasiones, en el regazo de este; era algo que no pasaba seguido, y que solamente tenía dos casos registrados oficialmente. Era algo tan especial, que difícilmente podía ser posible, y que si lo era, significaba un gran poder en el individuo que era capaz de hacerlo.
Su madre era poderosa y hermosa, y Derek se sorprende cada vez que puede verla transformada en el glorioso lobo negro como la noche y el infinito, un animal tan grande que probablemente sobrepasa la estatura de un caballo percherón, sin exagerar en ningún detalle, y con ojos rojos como la sangre que brillan igual que rubís en el sol, resaltando de la cabeza con el hocico fino.
Escucha la exclamación de asombro de Stiles, quien aún sigue en el Jeep junto a sus primas, y no puede reprimir como su comisura se ladea en una sonrisa.
El lobo se tensa, y Derek sabe que es momento para su madre de cambiar de forma. El tamaño se encoge levemente mientras el lomo se dobla un poco hacia el frente, el pelo desapareciendo con rapidez para dejar ver una piel morena cobriza, y en un segundo ya no hay ningún lobo, sino que su madre se yergue orgullosa.
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Stiles boquea, sintiendo como sus mejillas comienzan a arder por la vergüenza que está comenzando a formarse en su estómago, y no es precisamente nada agradable porque Erika le está mirando con burla en sus ojos.
—¿Qué sucede Stiles? —Pregunta la rubia tentativamente con malicia oculta en su voz—. No me digas, ¿Es la primera mujer que miras desnuda?
Y Stiles quiere que se lo trague la tierra.
Sobre todo para ya no ver la imponente figura de Talia Hale justo como Dios la trajo al mundo.
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Chris suspira levemente cuando cierra la puerta de la habitación de Allison, observando como la adolescente está escribiendo de manera rápida en el ordenador que reposa en el escritorio. Se acerca con suavidad, llamando la atención con un carraspeo.
Los ojos oscuros de Allison se enfocan en él de inmediato, y una levísima sonrisa forzada se asoma por sus labios para no mortificarle, pero si a Chris le pagaran por ver creerse esa cara, estaría completamente en bancarrota.
—¿Qué sucede? —pregunta, sentándose en la cama de la adolescente mientras esta da una vuelta en la silla giratoria para verle—. ¿Está todo bien?
—¿Por qué no tendría que estarlo? —dice con la misma sonrisa, pero el Argent solo le mira con seriedad, en una clara muestra de que no le cree ni una sola palabra. Allison suspira—. No. No lo está.
La sinceridad de las palabras le cae como un balde de agua fría, pero Chris ha sabido como ocultar sus emociones antes, en situaciones mucho más peligrosas que charlar con su hija. Su corazón late con normalidad como se ha enseñado a hacer, y aunque Allison probablemente no pueda escucharlo, nunca está de más ser precavido cuando se trata de ocultar sus sentimientos. En este caso, preocupación.
Sus ojos, no obstante, se suavizan levemente.
—¿Problemas en la escuela? —aventura, esperando que Allison se abra.
La chica suelta un suspiro.
—Digamos que problemas con amigos.
—¿Jackson está bien? ¿Lydia? ¿Scott? —el nombre del chico suena más brusco de lo que tenía planeado, pero debe preguntar por él aunque no le guste la relación que tiene con Allison. Chris piensa lo peor cuando su hija se queda callada, y de inmediato piensa en el adolescente omega que se junta con los Hale—. ¿Sucede algo con Scott o Stiles?
Allison niega con la cabeza.
—No sucede nada…—titubea un poco, y eso está mal, porque ella nunca ha titubeado antes a menos que sea algo relacionado con Scott—. O no grave, espero. No vi a Scott en la escuela hoy, pero no creo que eso sea malo. Pensé que solo no habíamos concordado en los pasillos, pero tampoco estaba en clase de química.
—De seguro solo decidió saltarse unas clases—Chris sonríe, levantándose de la cama y posando una mano en la coronilla de Allison—. Tú tranquila.
—Stiles no ha ido en toda la semana…
—Tu amiguito es el hijo del Sheriff, ¿cierto? —trata de ver el lado amable—. Probablemente solo este haciéndose el vago.
La chica le sonríe otra vez, y Argent se va de la habitación. Cuando la puerta se cierra detrás de él, la sonrisa se borra, y frunce el ceño dirigiéndose rápidamente a la planta de abajo. Sus pasos son pesados y decididos, y cuando llega a la cocina, ya ha desenfundado el arma que reposa oculta en el bolsillo interno de su chaqueta, colocándole unas balas en el cartucho.
—Vaya—escucha como exclama Kate detrás de él, y Chris hace todo lo posible por no girarse y apuntarle con el arma como debería de haber hecho en cuanto supo que Kate volvía a Beacon Hills—, ¿Por qué la agresividad?
—Stiles no fue a la escuela—dice fríamente, y escucha como Kate bufa de risa.
—¿Te preocupas porque un amigo de tu hija no fue a clases hoy? No pensé que fueras tan paranoico, Chris.
—No solo es un adolescente que no fue a la escuela hoy—se gira para enfrentarla, con una mueca fría y viendo como su hermana está sonriendo gatunamente—. Sino un adolescente que ha tenido contacto con lobos.
Kate por primera vez se muestra interesada.
—No me digas que es ese chico que me desafío—ante el silencio del hombre, sonríe abiertamente—. ¿En serio? Y que, ¿Piensas que lo transformaron?
—Es probable—inclina la cabeza apenas unos milímetros—. No sé tú, pero es demasiado sospechoso que nadie le haya visto desde entonces.
—¿Desde entonces?
—Allison dice que lleva toda la semana sin asistir a clase.
—Eso sí que es sospechoso, ¿no? —Kate se recarga en la encimera, sonriendo—. ¿Lo transformaron?
—No estoy seguro—acepta, entrecerrando los ojos—. Pero si eso llega a suceder, Gerard no se quedara sin hacer nada.
—Tampoco las calaveras, hermanito.
—Pero ellas no tienen jurisdicción después de la frontera con México—Chris se da la vuelta, dirigiéndose hacia la salida—. Sea como sea, no permitiré que conviertan a un adolescente.
Kate abre la boca para decir algo, pero un aullido se cuela por la ventana abierta, haciendo que ambos hermanos se tensen de inmediato. Chris se gira, y ambos se miran en silencio.
—En la camioneta—es lo último que dice el Argent, antes de salir hacia el garaje, siendo seguido por la mujer.
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La primera vez que Alexander vio a Kate Argent, este tenía dieciséis años. La seguridad que mostraba en un principio le pareció sorprendentemente atractiva, sobre todo viniendo de un Alfa. Los Alfas no se mezclan con facilidad, eso cualquier persona de cualquier jerarquía lo sabe, y al momento de ser pareja, es obvio que las personalidades de ambos choquen como tornados en colisión.
Sin embargo, Alexander no era precisamente lo que Kate consideraba como una pareja potencial, y ambos contando con la misma edad, lo que sumaba un apetito sexual por lo desconocido, no vieron ningún inconveniente en tener relaciones de manera gradual.
Los beneficios eran claros, puesto que el sexo era algo que siempre sentaba bien en cualquier momento, y el placer físico resultaba abrumador hasta el punto de ser maravilloso, como si estuviera en una bruma y pudiera hacer lo que sea. No había ningún precio a pagar por este exceptuando la carencia de sentimientos, pero eso estaba bien.
O al menos lo estaba antes de la madurez.
La madurez en los Alfas es justamente un proceso tan especial como el de los Omegas, quienes llegado el momento empiezan los ciclos de celo. A diferencia de los Omegas, los Alfas tienen el impulso de someter a los demás, desarrollando la voz y capacidades superiores, como la fuerza, comenzando a secretar las feromonas que les hacen lideres ante los demás.
El sexo se volvió rudo, y de rudo, se volvió a doloroso y casi insoportable, llegando el grado de no saber quién debía penetrar al contrario, quien dominaba la situación. Obviamente, Alexander no se dejaba vencer, y terminaban teniendo relaciones de la manera convencional, disfrutando ambos. O eso hasta ese día.
Kate llego especialmente cachonda, lo recuerda, recuerda como sus manos arañaban su piel y la tela quemaba sobre las heridas abiertas que provocaba la chica, la desesperación que mostraba, y la rudeza con la que le besaba y abrazaba contra ella. No pensó que iba a cambiar algo, no lo intuyo, hasta que sintió la mordida en su cuello, los dientes atravesando su carne y marcando para siempre el musculo, enlazándole y haciéndole someter ante la mujer.
Su Alfa se humillo, él mismo se humillo, el recuerdo quedando como una pesadilla, haciéndole saber que se comportó como un Omega, aun sintiendo como la mujer enterraba su uña en su ano hasta en la actualidad.
Lo peor de todo, es que ni siquiera ese maltrato contra su persona podía ser tomado como una violación sexual, porque Alexander había consentido eso, se había abierto, tratando de complacerla.
Complacer a su Alfa.
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—No quiero perder a nadie más—la Cabeza Alfa de los Hale dice, envolviéndose con el abrigo que Peter le ha tendido, cubriendo su cuerpo. Sus ojos brillan en el color similar a la sangre, y sus Betas, e incluso Stiles quien se ha bajado del Jeep, le observan con atención—. Los cazadores son peligrosos, y no les pediré que se mantengan ajenos a la pelea, porque sé que no acataran la orden.
—Tienen a Isaac—Erika gruñe, siendo coreada por los demás.
—No podemos quedarnos con los brazos cruzados cuando nuestra familia es amenazada—Laura le mira atentamente, sus cejas fruncidas y sus ojos comenzando a cambiar a carmesí.
—No huiremos de nuevo—Derek se posiciona al lado de su hermana mayor en un acto de reflejo, los colmillos creciendo al igual que sus garras.
—No—Talia habla con voz imponente, y Stiles se extraña al no sentir a su Omega tirando de él para enseñar su cuello—. No lo haremos. Isaac nos necesita, Scott también. Somos una manada, una familia, y las familias no abandonan a los suyos. Como he dicho, esto será peligroso, así que solo les diré una cosa: cuídense.
Con eso, se da la vuelta, caminando fuera de los arboles hacia el claro pequeño, en donde se puede observar una entrada descendente que lleva hacia debajo de la tierra.
—Laura—llama la Cabeza Alfa, y de inmediato la susodicha la flanquea, ambas ingresando por la entrada y perdiéndose en esta.
Stiles guarda silencio lo máximo que puede, sintiendo como las preguntas revolotean en su mente mientras observa con atención el escenario que se abre ante él, las oraciones formadas siendo retenidas en su garganta, y la incapacidad para decir lo que piensa siendo especialmente frustrante.
Erika a su lado parece estar completamente consiente de lo que sucede en su cabeza, mirándole de vez en cuando de reojo, como si estuviera controlando sus movimientos y tratando de prever cuando su curiosidad sea tan fuerte que termine por preguntar todas y cada una de sus dudas. Algo que sinceramente está mucho más cerca de lo que teme.
—Deja de apestar a ansiedad, por favor—gruñe Malia, como siempre, siendo la única que no puede leer el contexto silencioso de la situación y soltando lo que piensa con una amabilidad que le sorprende.
Ciertamente, al principio Stiles no estaba totalmente seguro de que fuera una buena idea estar rodeado por la familia Hale como está ahora, siendo flanqueado por los lados por Erika y Cora, con Malia detrás de él, todas con los ojos igualmente puestos en el mismo punto; los gemelos están cerca de ellos, y el mismo Derek está tenso junto a Peter. Pero no fue precisamente porque le cayeran mal los miembros de la "manada".
No.
No había sido por eso. Había sido porque Stiles ahora conocía de lo que eran capaces los Hale en general, porque ahora sabe que todos los miembros de la familia tenían una habilidad nata para saber lo que los demás pensaban, y Stiles ya consideraba pensar en voz alta una maldición, ahora básicamente era el hecho de pensar, en toda la extensión de la palabra, sin importar que lo hiciera de manera silenciosa o no. Y eso está mal.
—Perdona—repone sarcásticamente, sin quitar los ojos de lo que todos miran—, pero no es como si pudiera controlarlo.
—Deberías de hacerlo—Cora habla está vez, y puede que esté de dándole la espalda, pero puede sentir como su ceño está fruncido—, o al menos tratar.
—No es que esté de acuerdo con mi hermosa prima, Stiles—Erika comenta con una sonrisa ladina en el rostro. Sus ojos brillan en ámbar desde hace unos minutos, y el humano sabe que probablemente la Beta sea alguien difícil de vencer en una pelea. No tiene idea de cómo, puede ser por la manera en la que sus hombros se tensan, o la expresión de saber todo sobre los demás con una sola mirada, pero lo sabe—, pero apestas y estás comenzando a ser una molestia.
Stiles resopla.
—Lo lamento.
El silencio vuelve, y entrecierra los ojos de inmediato queriendo saber exactamente qué ocurre.
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Laura se agacha lo suficiente para evitar ser vista por un guardia, doblando en la esquina del pasillo cuando este se va lejos y siendo seguida por su madre.
Esta situación le recuerda levemente a cuando salían a pasear por el bosque en otoño, siempre protegidos por su Alfa, quien les observaba de lejos, procurando dejarles la suficiente libertad que necesitaban. Los cachorros jóvenes y recién transformados, requerían una especialmente grande, y aunque trataban de dársela, siempre eran detenidos a cierto punto.
Laura, Derek y Cora siempre fueron unos niños inquietos, según su madre, y ciertamente recuerda algunos fragmentos de como jugaban a las orillas del lago de Beacon, el cual la mayoría del tiempo estaba a una temperatura tan baja que nadie se acercaba demasiado a él,
—¿Los puedes sentir? —pregunta la mujer mayor de ambas, y Laura solo contesta con un alzamiento de cabeza, agudizando el oído y sintiendo los nervios a flor de piel.
Su lobo se remueve dentro de ella de manera violenta, y sus ojos se tornan de color rojo cuando un pequeño hilo tira de ella entre toda la oscuridad hacia delante, siendo cálido en contraste con los fríos muros del fuerte; una cuerda que seguir cuando estás perdido que sirve de manera recíproca, pues Laura sabe que desde donde está, Scott siente lo mismo. Ella nunca había sentido eso de este lado de la cuerda, pues siempre fue cuando su madre la buscaba si jugaba más allá de los límites y se perdía en las montañas; pero eso, definitivamente es algo hermoso y familiar que le recorre el estómago y le hace querer proteger aún más a su Beta.
—Lo siento—dice después de unos segundos de disfrutar el enlace, y su madre le indica con la cabeza que vaya.
Lo hace, corriendo por los pasillos rocosos con una nueva sensación de euforia por estar tan cerca de su pequeño Beta que siente que nada le interrumpe entre él y ella.
Llegan a una sala, su madre detrás de ella y dejándole disfrutar del momento sin decir ni una sola palabra.
Laura siente que va a vomitar.
Scott está atado en el suelo con una soga que realmente huele a acónito, e incluso tiene algunas hojas aun, Laura no tiene que ser una genio para saber que es la raíz de esa planta, y los Argent trataron por todos los medios de inmovilizarlo; la cara no está magullada por la sanación rápida, probablemente, pero sangre seca mancha parte de su labio superior y las mejillas, al igual que la fina capa de suciedad oscura y opaca que le da el aspecto de un vago. Sus ojos chocolate le miran de inmediato en cuanto ingresa, un brillo dorado apoderándose de ellos.
—Alfa—dice con emoción contenida y alivio, y a Laura se le hace un nudo en el estómago.
Del otro lado de la habitación, Isaac está atado contra una reja que seguramente esta electrificada, múltiples cables adheridos contra su estómago por debajo de la piel, su torso esta sudado debido al esfuerzo que debe estar haciendo, y Laura observa como su madre corre con velocidad hasta él para quitárselos, la electricidad siendo palpable en el ambiente y las manos de Talia siendo recorridas por rayos de color azul eléctrico hasta que retira del todo eso del cuerpo de Isaac.
Laura no espera ni un segundo en ir y quitar la soga de acónito de Scott, sintiendo sus manos quemarse por la raíz de la planta y las ampollas comenzar a brotar como margaritas en primavera. Después de un momento forcejeando contra estas, se da cuenta que no podrá quitarlas sin ayuda, y usar sus garras no es una opción debido al influjo que tiene el Wolfsbane en ella. Da un vistazo rápido al suelo, encontrando una navaja y usándola para quitar el agarre del todo.
Scott se lanza en sus brazos de manera agotada.
—No pude ayudarle, yo…—los ojos chocolate del Beta se llenan de lágrimas, y Laura siente las ganas de matar burbujeándole en el estómago. Sin embargo, sus brazos rodean el cuerpo de Scott para apretarlo contra ella en un silencioso consuelo—. Trate, pero ella… ella no lo dejaba, Isaac…
—Está bien—susurra fuerte, sintiendo el líquido caliente que sale de las comisuras de Scott empaparle la blusa—. No es tu culpa. Sé que hiciste lo que pudiste, y Isaac está bien—intercambia una mirada con su madre, quien le observa con las venas de color oscuro recorrerle el rostro debido a aliviar el dolor del Beta—. Está bien.
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—¿Por qué aquí? —pregunta sin poder contenerse, y escucha como Cora resopla.
—Porque al parecer, Kate tiene un sentido del humor extraño—repone Peter. Stiles asiente con la cabeza.
—Ya lo creo que sí, lo que no entiendo es…
—Aquí se encerraban a los Betas que no sabían controlarse—Derek esta vez responde, con la voz gruesa de siempre, y el Omega siente su interior removerse.
—Ironía pura—se mofa Peter, sonriendo. La sonrisa, por una razón, hace que Stiles se estremezca levemente. El sujeto sí que es aterrador cuando se lo propone—. Ciertamente no pensé que los Argent tuvieran sentido del sarcasmo. Pensaba que se dedicaban a solamente matar.
Es entonces cuando todos se tensan, como si estuviera ensayado, colocándose en posición de lo que Stiles supone es defensa y gruñendo como si fueran uno, los ojos de todos brillando con intensidad. Observa sorprendido como Derek se coloca con rapidez frente a él, doblando un poco las rodillas y rugiendo desde lo más profundo de su garganta,
Antes de preguntar que carajos sucede, la figura de Kate Argent sale de los árboles, siendo seguida de cerca por Chris.
—Stiles—la voz fría de Argent atraviesa el aire, y Derek gruñe levemente—. ¿Qué haces aquí?
—Bueno, la pregunta sería porque no estar aquí—contesta, sonriendo nerviosamente—. Digo, usted sabe, es un país libre y una ciudad rodeada de bosque, este es un bosque bonito. Es bueno venir al bosque a caminar, hacer ejercicio, estar en forma, además estoy en el equipo de Lacrosse y es bueno para el alma el deporte y comer sano, y pues ya como sano entonces…
—Cállate idiota—Peter espeta, rodando los ojos con fastidio, antes de dedicarle una mirada al Argent—. No te tiene que dar explicaciones, Chris.
—Me las debe si no quiere que sus amigos reciban un balazo—el hombre Argent frunce el ceño—. Saben que no pueden transformar a niños sin necesidad…
—Su código no dice nada de lo que podemos o no hacer—Derek repone, enderezándose y retrayendo los colmillos, aunque sus ojos siguen brillando en ese sobrenatural azul que le caracteriza.
Una parte de Stiles realmente sabe que no debe meterse a la conversación, que mientras menos contacto tenga con los Argent, exceptuando a Allison por supuesto, le ira mejor, que es más sensato y que podrá vivir tranquilamente. Sin embargo, otra parte de él, la cual está ganando por sobre la racional, sabe que debe darle a Laura más tiempo, que en cualquier momento la rubia Argent puede entrar por donde han desaparecidos las Alfas Hale y dispararles sin probabilidad de escape, hiriéndolas gravemente.
Él no puede permitir que eso ocurra. Tiene que ganar tiempo… ayudar en algo…
—Soy yo, o el código del que hablan parece ser como el tratado de Crepúsculo—comenta Stiles sin resistirse, llamando la atención de los adultos. Peter le mira incrédulo—. Ya saben—trata de explicarse—, el que dice que los Cullen no pueden morder a las personas o se rompe el tratado y los cazaran y eso. Creo que se parece bastante, ¿seguro que no es copyright el que cometen aquí? Porque se pueden meter en serios problemas por eso…
—Stiles—sonríe fríamente el señor Argent—. Solo mantén la boca cerrada y vete de aquí ¿Si?
—Él no se va a ningún lado—Derek gruñe, y esta vez sí que tiene colmillos de fuera.
—Derek, cariño—la voz melosa de la mujer rubia le llega a los oídos, causándole un escalofrió involuntario cuando se refiere al pelinegro de esa manera tan… familiar—. No saques los colmillos, ya sabemos que eres lo bastante animal.
—No más que tú, te lo aseguro—Stiles alza la barbilla mientras lo dice, anticipando cualquier respuesta de Peter o Derek, quienes ya han abierto la boca.
Oh no, porque puede que realmente los Argent sean peligrosos como la mafia rusa, la cual lo es mucho según lo que ha investigado en Google, pero Stiles no permitirá que insulten a nadie de las personas que él considera importante delante de él. Jamás. No lo hizo antes cuando solo era un Omega con problemas de hiperactividad, no lo hará ahora que… bueno, sigue siendo un Omega con hiperactividad, ¡Pero ahora tiene un pelo en pecho que antes no tenía!
La mujer frunce el ceño con una mueca.
—Estás comenzando a cansarme, Omega. Cállate de una buena vez—gruñe, con voz de Alfa, automáticamente Stiles se encoge en su lugar un poco, casi imperceptiblemente, pero que hace a los lobos rugir en dirección a Kate, rodeándole de manera instintiva.
—Suficiente—Chris trata de parar los gruñidos, sosteniendo una ballesta en la mano—. ¿Por qué están aquí?
—Venimos a rescatar a los adolescentes que ustedes capturaron—contesta Peter, sus ojos brillando azules y una sonrisa peligrosa que le da escalofríos posándose en sus labios.
—Nosotros no hemos hecho tal cosa—Chris se muestra seriamente incrédulo, y Stiles se pregunta si no sabe nada o simplemente esta fingiendo demencia para tratar de despistarlos.
—Tú no, pero tu hermosa hermana que tal—sigue reponiendo el Hale mayor, y Argent incluso comienza a titubear.
Kate suelta un bufido.
—Eso es estúpido—espeta con rudeza—. Yo no sé nada de adolescentes desaparecidos.
—¿Estas completamente segura de eso? —la voz de Talia Hale resuena en el claro, alertando a todos.
Stiles observa con fascinación como se acerca a ellos cargando a Isaac en sus brazos como si no pesara absolutamente nada, de una manera tan grácil que le sorprende de sobremanera que siga pareciendo una mujer importante. Los Argent le miran levemente sorprendidos, e incluso Stiles puede ver que Kate lleva su mano al arma de inmediato por cualquier movimiento que haga Talia contra su persona. La Alfa deja a Isaac junto a los gemelos, quienes lo toman cubriéndolo de los ojos curiosos.
Laura sale detrás de ella, ayudando a Scott a caminar, y Stiles de inmediato sale de entre los lobos para dirigirse a ella y observar con atención a su amigo antes de abrazarle.
—Me tenías preocupado, grandísimo idiota—dice, escuchando como Scott se queja levemente por el dolor.
—Perdón—McCall dice de manera baja.
Stiles está apunto de decir un comentario elocuente, pero la voz de Chris Argent interrumpe cualquier cosa que tenía planeado decir.
—¿Scott? —el hombre se acerca un paso, y de inmediato Laura le gruñe enseñando los colmillos de manera amenazante. Chris le mira sin poder creerlo—. Eres un hombre lobo—no es una pregunta, es una afirmación dolorosa que le provoca una sensación fría en el estómago a Stiles. El asombro pasa rápido por los ojos fríos del hombre antes de tornarse de nuevo fríos e impersonales—. No tuvimos nada que ver con eso—dice en dirección a Talia Hale, quien le mira con el ceño fruncido.
—Tu no, al parecer—responde la mujer sin inmutarse, alzando la barbilla con orgullo—. Mis Betas fueron tomados del terreno alrededor de la escuela, encontramos rastros de acónito y flechas de luz en el mismo sitio. Las coincidencias, como tú sabrás Argent, no existen.
—Estas insinuando que nosotros atacamos adolescentes.
—Lo hago porque es la verdad. Y quiero que alguien pague por el dolor infligido en los chicos. De preferencia quien cometió la falta.
—No negociamos con animales—Kate comenta interrumpiendo la charla, pero Talia no parece haberla oído, porque no retira su vista del hombre Argent ni un solo segundo.
—Creo que eso no será tan sencillo, por más que quiera—Chris frunce el ceño sin hacer caso a la Alfa Argent—. No cuando aún no queda claro quien fue.
Talia sonríe levemente.
—Ya lo sabes—el tono de voz con el que le habla a Chris es demasiado tierno, familiar, como si estuviera hablando con un viejo amigo de hace tiempo. Sus ojos incluso se suavizan ante la mirada confundida de Stiles—. Por favor.
—Esto es ridículo—Kate toma el arma, apuntando de manera deliberada hacia la matriarca Hale. Quita el seguro e la pistola con un sonido similar al chasquido que Stiles ha aprendido a distinguir, alertando de inmediato a los Betas, que se remueven furiosos—. Estas pidiendo que entreguemos a uno los nuestros solo por herir perros rabiosos sin control, como si fuéramos a…
—Estoy pidiendo que te entregues por las buenas—interrumpe Talia, con sus ojos entrecerrados de manera peligrosa—. Fuiste tú quien arranco a mis niños de mis brazos, y estoy segura que he pasado bastantes acciones tuyas como para hacerlo con otra. Entrégate, Kate Argent.
El sonido del disparo suena por todo el bosque justo después.
