You are mine

Capítulo 26: Familia

—¡Mierda! —Stiles literalmente se cae de la cama de un salto, y de inmediato siente como Derek le trata de levantar con un gruñido molesto.

El omega no recuerda exactamente como pasó todo. No, no lo hace, porque siendo completamente sinceros, cuando Derek le abrazo quedo dormido de manera profunda, como si no hubiera descansado en días—que considerando el celo, puede que sea en parte cierto—, y no despertó hasta el día siguiente en su habitación, siendo observado de manera terrorífica por dos ojos de color rojo a mitad de la noche.

Que hermosa manera de despertar.

—¿Stiles? —pregunta Derek, y el chico solamente se remueve, levantándose por sí mismo y dirigiéndole una mirada furibunda.

De inmediato el Alfa tensa los hombros como si estuviera esperando un ataque contra él, mirándole con fijeza, preparándose contra todo. La guardia tan alta como lo es el Empire State.

—No, Derek, no estoy bien—le interrumpe cuando ve que abre la boca. Resopla con fuerza por la nariz, agitándose el cabello un poco con la punta de los dedos. Su mirada recae en la luz verde de la mesa de noche, donde un gran tres le recibe—. Son las tres—sonríe incrédulo—. Las jodidas tres de la mañana, Derek, pero que demonios…

—Tenía que cuidarte—Stiles espera a que diga otra cosa, pero suelta un gruñido frustrado cuando no lo hace.

—Sí, entiendo la parte en la que tienes que cuidarme. Lo que no entiendo, es porque me mirabas con ojos rojos como el chupa-cabras mientras dormía.

—Tu padre no me deja subir a verte—Derek suelta un suspiro, destensando sus hombros y bajando la guardia. Stiles le ve atravesar la habitación hasta llegar a donde él está parado—. Sigue en…

—Oh dios—interrumpe Stiles de nuevo, llevándose su mano a la frente. El recuerdo de como su padre entro en escena en el bosque, de cómo fue testigo del asesinato de una mujer, llegándole como un balde de agua fría que de cierto modo esperaba, pero sigue siendo una sorpresa—. Dime que…

—Lo vio—Derek confirma sus sospechas, mirándole con el ceño levemente fruncido—. Mamá no sabe si está bien decirle, pero lo hará de todos modos. Aunque el Sheriff no parece demasiado dispuesto a… a hablar.

Stiles suspira, conociendo perfectamente lo cabeza dura que podría ser su padre. Se sienta en la cama, dejando caer su barbilla en sus manos y apoyándose en las rodillas en una posición pensativa. Derek le mira desde arriba, y Stiles sabe que está nervioso. No sabe el porqué, pero sí que lo está. Por lo mismo, le mira con una pequeña sonrisa, palmeando el espacio a su lado en una clara invitación que ha visto en cientos de películas.

Derek le mira con seriedad unos segundos, antes de acercarse y tomar asiento. Stiles de inmediato siente como su omega se remueve un poco, el impulso de recostarse contra el hombro del Alfa presente. No obstante, se serena lo suficiente como para enfocarse en lo que verdaderamente importa en ese momento.

—¿Cuándo se lo dirán? —pregunta, y Derek suelta un suspiro a su lado.

—Mi madre no está segura de eso—contesta—. No creo que este segura de nada.

—Eso debe de ser extraño.

—Lo es.

—Bueno—Stiles junta sus manos, frotándolas levemente y con una sonrisa en la cara—. Sea como sea, saldrá bien, ya verás. Probablemente solo este esperando el momento correcto, y después de lo de Kate…—guarda silencio. Se reincorpora, mirando a Derek con atención—. ¿Qué sucedió con Kate?

Los ojos verdes tienen un destello que Stiles no puede catalogar como ninguna emoción antes vista.

—Peter se encargó de ella.

—¿Y Peter?

—Mi madre.

Solo esa palabra fue suficiente para volver a asentir con la cabeza, entendiendo perfectamente. Lo último que recuerda fue estar completamente cegado por el poder que representaba la voz Alfa de Talia, imaginar que pudo haber detenido a Peter aunque este fuera un Alfa es bastante creíble.

—Entiendo—Stiles no puede permanecer quieto, comenzando a pasearse por la habitación hasta la pizarra. Hilos de color verde, amarillo y rojo le saludan, sujetados por alfileres a la tabla. Observa con atención un punto en específico entre todos los recortes de periódicos viejos, y aunque este no tiene relevancia en nada del asunto, siendo un antiguo anuncio de un perrito perdido—. Entonces solo queda hablar con mi padre, aclararle que eres un hombre lobo y decirle que me mordiste… Y por supuesto, esperar que sobrevivas a unos cuantos balazos en el pecho.

Derek gime de una manera agónica, haciendo que Stiles suelte una carcajada.

—¿Me disparara? —pregunta el Alfa, levantándose de la cama y dirigiéndose hacia él. Rodea con sus brazos su cintura, pegándole a su cuerpo, y el omega de inmediato rodea el cuello con sus brazos, dejando que sus manos acaricien levemente la zona de su nuca.

—Probablemente—contesta de manera coqueta, inclinando su cabeza. De manera ridícula, porque queriéndolo o no lo es, Derek hace un pequeño puchero.

—¿Me dolerá?

—Puede…—murmura. Su mirada recae en los labios del pelinegro, antes de subirla de nuevo a sus ojos verdes ya dilatados.

—Valdrá la pena—dice Derek con una sonrisa antes de inclinarse y besarle.

No es un beso como generalmente los comparten, sino que es tranquilo, como una caricia, y Stiles puede saber que el Alfa está cansado, probablemente por todas las emociones que ambos pasaron. El Omega sale a relucir de nuevo, dejándole como gelatina entre los brazos de Derek, soltando un leve suspiro cuando se separan y este da un beso debajo de su mandíbula. Pasa su nariz por toda la extensión de la piel de Stiles, causándole un estremecimiento placentero. Cuando llega a su cuello, deposita un beso húmedo sobre la marca, antes de morderla superficialmente con un gruñido vibrándole en el pecho, sacándole un agudo gemido que le hace de inmediato tragar saliva nerviosamente.

—I-idiota…—musita cuando Derek se separa y le mira con una ceja alzada, sus brazos aun rodeándole—. No vuelvas a hacer eso.

—¿O qué? —Sonríe ladinamente el Alfa, acercando de nuevo su cara al punto—. Hueles tan bien, Stiles—suelta un suspiro contra su cuello.

—¿A qué huelo? —pregunta curioso, tratando de quitar su atención de las caricias que su Alfa le proporciona.

—Hueles a mí. Y a ti. Mezclados—Derek deja un beso superficial justo encima de la marca de unión—. Juntos.

—¿Y eso a que huele? —sonríe ladinamente sin poder evitarlo, divertido ante la situación, porque ya no parece él el omega nervioso, sino que Derek está comenzando a sentirse de la misma manera. El Alfa se separa, mirándole penetrantemente, como queriendo meterse dentro de él y con las mejillas sonrojadas.

Stiles sabe que, si Derek quiere meterse dentro de su cuerpo y vivir ahí por siempre, no se opondrá, porque es justo lo que él quiere. Estar siempre rodeado por ese calor atrayente que el Alfa desprende, aquella protección que le hace querer ser un Omega por primera vez en su vida y dejarse querer, dependiendo de algo como un pequeño parasito. Porque Stiles sabe que será hermoso poder alimentarse directamente de Derek, y sí, es una comparación estúpida, pero el amor te hace estúpido.

—Huele a tierra mojada—la voz de Derek le saca de sus pensamientos, y se encuentra mirando como el Alfa se muerde ligeramente el labio con la mirada gacha, antes de seguir—, al aire fresco del bosque combinados con los abetos de las montañas. A hierbabuena, y a cuero, y a café. Y a cenizas—levanta la vista, y Stiles puede notar una capa de leve tristeza detrás de esa mirada de hermoso color difuso—. Pero es delicioso. Como si todo eso fuera diseñado para funcionar.

—No quiero sonar cursi, Derek—dice sonriendo sin poder evitarlo, acariciando el cabello del nacimiento de la nuca—. Y tú sabes que es en serio porque no me gustan las películas de romance porque, vamos, ¿Quién en su sano juicio dirá todas esas frases empalagosas sin morirse de la vergüenza? Yo aún no las digo y estoy comenzando a hablar y a hablar y, bueno, ya me callo porque lo que te quiero decir es… Derek, nosotros fuimos diseñados para funcionar, ¿Quién otra persona podrá soportarte? ¿Y quién otra podrá soportarme a mí? Creer en el destino sería estúpido—se pasa la lengua por los labios de manera nerviosa, y la mirada oscura que el Alfa le dedica no es para nada de ayuda para aminorar el sentimiento que le nace en el estómago—, pero no lo es creer que esto está bien. Tú y yo estamos bien.

—¿Y tu padre? ¿Y los demás? —Derek en serio se ve preocupado, y Stiles solamente niega con la cabeza.

—Que les den.

.

Stiles despierta rodeado por la luz solar que se filtra por su ventana, el olor a cuero y a aquello tan exótico que rodea a Derek impregnado en las sabanas a su lado aun tibias. Sonríe sin poder evitarlo, estirándose como un gato y restregando su cara contra las almohadas. El Alfa se había ido hace poco, y hacer eso, de cierta manera, le es reconfortante.

—Tenemos que hablar, bello durmiente—la voz de su padre hace que abra sus ojos, y le ve, parado en el umbral de su cuarto con una mirada seria, pero no como él esperaba.

Él esperaba que le mirara como a los criminales, o como cuando se comía todos los chocolates del refrigerador cuando era pequeño, de esa manera reprobatoria marca registrada de los padres, aquella que te hace querer enterrarte en la tierra porque sabes que eres un niño malo y que haría llorar a cualquier persona si es el centro de atención de ella por mucho tiempo.

Pero su padre solo le mira con expresión cansada, exigiéndole levemente una respuesta, pero de manera serena. Stiles agradece eso.

—En cinco minutos bajo—dice, y su padre asiente.

—El desayuno está listo.

El Omega frunce el ceño. Generalmente él hace el desayuno los domingos, y sí, es una suerte que hoy no tenga escuela porque lo único que quiere es estar en la cama todo el día.

—Gracias por hacerlo, papá.

—Yo no lo hice—dice John antes de abandonar la habitación, dejándole con una mueca en el rostro.

¿Qué demonios?

.

Cuando baja, se encuentra con una escena sorprendente. No dirá que ni en sus más locos sueños había creído posible, porque cuando Stiles sueña cosas locas lo hace de verdad, pero es increíble.

Laura Hale bebe café sentada en la mesa del comedor como si lo hiciera todos los días, a su lado, su padre revisa un documento con ojo clínico, repasándolo una y otra vez. Hay ocho platos de desayuno en la mesa, y Stiles frunce el ceño cuando Cora camina con paso desinteresado cargando una bolsa de papas hacia la cocina.

La mayor de los Hale le mira, sonriendo enormemente.

—Buenos días Stiles.

—¿Me he perdido de algo? —pregunta, alzando las cejas, y de manera deliberada apunta todo a su alrededor—. ¿Qué está pasando?

Su padre levanta la vista, frunciendo el ceño.

—Bueno, Laura se ha ofrecido a hacer el desayuno—contesta con un encogimiento de hombros—. Y siempre es bueno tener una adorable chica en casa.

—¿Y Cora? —apunta a la cocina.

—Ella es una chica agradable también. Stiles, ¿Qué ocurre? Pensé que te alegraría saber que la familia de Derek desayunaría con nosotros.

—¡¿Qué?! —chilla prácticamente, y es en ese momento en el que entra un hombre de hombros anchos por la puerta.

Hombros ancho, y seguramente es tan alto como Derek. Tiene cabello castaño oscuro, y algo largo, pasando las orejas. No tiene barba, pero Stiles puede ver la sombra pequeña debajo de la mandíbula. Abre la boca sorprendido, observando los rasgos delicados y finos del hombre, contando con la nariz tan bonita de Laura y lo que definitivamente son unos labios similares a los de Cora. Sus ojos son verdes oliva, y Stiles está seguro, si les da el sol directamente brillaran como ámbar verdoso.

—Tú debes ser Stiles—sonríe el hombre, con amabilidad y un instinto maternal que le hace retorcerse internamente. Un omega. Un macho Omega.

—H-hola—dice cómo puede, mirando a su padre con duda en la mirada—. No quiero ser grosero, pero, ¿Quién es usted?

—Ya lo sabes—Laura responde de inmediato, sonriendo levemente y haciendo un ademan—. Pensé que reconocerías la belleza Hale en todas partes.

Stiles siente que se sonroja de inmediato.

—Oh.

Solo eso. Un tonto Oh.

El hombre frente a él suelta una risotada, y Stiles se siente aun peor. Debió haberlo imaginado. Cuando termina de reír, el hombre le tiende la mano, aun sonriendo, y definitivamente Derek es idéntico a él… exceptuando la parte de las sonrisas, claro.

—Soy Arthur—se presenta, y Stiles toma la mano de inmediato—. Creo que mi hijo hizo un buen trabajo ahí—apunta con la cabeza el cuello de Stiles, haciendo que este de inmediato se sonroje de nuevo.

—Papá—la voz dura de Derek suena en la casa, y cuando el omega Stillinski alza la vista dispuesto a agradecerle con su mirada, no puede evitar soltar una carcajada.

Cora aparece justo entonces.

—Entonces, ¿Puedo burlarme de ti ahora que tu omega lo hizo? —pregunta burlonamente.

Y es que la imagen es para burlarse y más. Porque Derek con una tiara de princesas y un mandil que reza "La mejor cocinera", es algo que de una u otra forma te provocara carcajadas.

—No—gruñe el Alfa, frunciendo el ceño y arrancándose la tiara de la cabeza.

—Estoy tentado a preguntar—comienza Stiles, alzando una ceja y sonriendo—, pero sé que me arrepentiré si lo hago.

—Buena elección chico—dice Arthur, palmeándole el hombro, y Stillinski sonríe de inmediato, el contacto del Omega mayor causándole un efecto tranquilizante.

Derek suelta un resoplido, y Peter Hale entra a la casa como si fuera suya, cargando unas cuantas cosas en los brazos, y detrás de él, Talia le sonríe maternalmente.

—Veo que Charlie ya te ha encontrado, ¿Eh, sobrino? —comenta el hermano de la Alfa, pasando de largo y dirigiéndose directamente a la cocina.

—Stiles—saluda Talia, acercándose a él y dejando un beso en su mejilla que le hace tensarse levemente—. Veo que ya conociste a mi esposo—dice al tiempo que abraza a Arthur de costado, sonriéndole como solo una madre sabe hacer.

El Omega Stillinski asiente con la cabeza.

—Es agradable.

—Pienso lo mismo de ti, Stiles—contesta Arthur, sonriendo.

—¿A qué Derek es igualito a él? —siente como Laura le abraza los hombros, y cuando se gira para verla, la Alfa da un salto, subiéndose a su espalda y sorprendiéndole tanto que casi la suelta. Talia frunce el ceño.

—Laura—dice en una advertencia, y la mayor de los hermanos se baja con un bufido.

—No eres divertida mamá.

—Nadie es divertido para ti—espeta Derek, y Stiles no sabe cuándo ha pasado, pero ya lo tiene al lado, lo suficiente como para tranquilizarse levemente pero sin tocarse aún—. Perdón por mi familia—dice en voz alta, sin querer ocultarlo, y el omega sabe porque.

No sirve de nada cuando toda su familia son lobos. Y hablando de eso…

—Papá, yo…—comienza, girándose hacia John, quien solo niega con la cabeza.

—Ya—interrumpe—. Ahora me dirás que tu novio y toda su familia son cosas de leyenda y paparruchas de la misma índole. Sí—da un trago a un vaso de cristal de lo que Stiles supone es alcohol—, y no, no es whisky. Es jugo de manzana.

—Pero…

—Ya se lo explique, Stiles—dice Talia interrumpiéndole esta vez. El susodicho se gira hacia ella, preguntándole con la mirada—. Un Alfa responde por todos en la manada. Era mi obligación hacerlo.

Y es cierto. Los lobos tienen reglas, normas, que se tienen que seguir. El Alfa de la manada es el líder, cierto, al que todos deben de seguir y obedecer; pero también es el que brinda protección, el que cuida a los demás y vela por ellos tanto como pueda y más. Los Betas de una manada son especiales cada uno de ellos, una segunda familia que es incluso más unida de lo que nunca ninguna será, complementándose unos con otros, queriéndose. Y no, no es de manera forzada, porque sin quererlo poco a poco el lobo se va adaptando al estilo de vida, e incluso el lado humano se comienza a encariñar con la idea de estar rodeados con los demás. Nadie quiere estar solo.

Por lo mismo, Stiles no trata de seguir peleando con Talia, ni siquiera porque una parte de él cree que seguía siendo responsabilidad suya el decirle a su padre la verdad detrás de la cortina de humo de Beacon. Solo asiente con la cabeza.

—No es porque no me agrade su compañía ni nada de eso—comienza para tratar de romper un silencio que, aunque pequeño, le pone los nervios de punta—, porque en serio que son los mejores y he comenzado a quererlos como no tienen una idea, y aún más por hacer el desayuno, y por dejarme ser parte de todo esto, y por explicarle a mi padre, y por salvar a Scott, y por…

—Solamente cállate y ve al grano—espeta Peter desde la cocina, y Stiles frunce el ceño.

—¡Gracias por cortarme el monologo!

—Siempre es un placer—Peter asoma su cara por la puerta, sonriendo maliciosamente, y el Omega tiene que reprimir las ganas que tiene de lanzarle un zapato.

Ahora sabe lo que siente Derek cuando le interrumpe en sus momentos.

—Lo que quiero decir—retoma el hilo, mirando a los Hale con una sonrisa—, es preguntarles que hacen aquí.

Laura solamente suelta una carcajada, y Arthur frunce el ceño. Y ahora sí, es idéntico a Derek, con esas cejas pobladas y los ojos expresivos.

—Has soltado toda esa palabrería—comienza el Omega Hale, mirándole como si estuviera loco—, ¿Solo para saber qué hacemos aquí?

—¿Sigues pensando que es un placer conocerlo? —comenta Peter de manera burlona, y esta vez sí, Stiles alcanza una cuchara de la mesa y se la arroja. El Hale solo la esquiva aun con la mueca de burla.

—Stiles tiene una manera peculiar de comunicarse, papá—dice Derek con una pequeña sonrisa, llamando la atención del susodicho.

—El Omega de Der es extraño—bufa Cora, siguiendo alimentándose de la bolsa de papas.

—Bueno—el Sheriff Stillinski se acerca a ellos, con una sonrisa que Stiles sabe, no es nada bueno. No, nada bueno—. Tengo que hablar con Derek a fuera.

Para remarcar aquello, John lleva su mano al hombro del Hale, y este solamente asiente. Talia les mira antes de sonreír ella también.

—Bien—dice divertida—. Yo quiero ver.

—En ese caso también voy yo—Laura sonríe enormemente, y Derek le mira mal. Muy mal. Si las miradas mataran…

Pero no puede preguntar qué sucede, porque su padre sale por la puerta, siendo seguido de cerca por Derek y su familia. Stiles suelta un suspiro, alzando las manos de manera exasperada. Sale por la puerta el también, al tiempo para escuchar como un trueno fuerte, resonando por el cielo. Stiles es suficientemente inteligente como para reconocer ese sonido. Una bala sale de la boquilla del arma de su padre, incrustándose de lleno en el pecho de Derek.

—¡Derek! —grita, corriendo hacia él ante la mirada enojada de John. Lo toma por los hombros, viendo como la sangre comienza a manar de la herida y el Alfa hace una mueca apretando los dientes—. ¿Por qué tengo que vivir cosas como esta? —pregunta a nadie en específico, frunciendo el ceño con fuerza.

La preocupación empieza a emanar de él a montones, su omega inquieto, de inmediato saliendo a la superficie pero volviendo a esconderse. Mierda. Derek está herido, y él seguramente no puede hacer absolutamente nada para evitarlo, principalmente porque su padre fue el causante de la herida de su Alfa.

—E-estoy bien…—Derek dice con la voz forzada, y Stiles solamente gruñe.

—¡Bien y un carajo, mírate! —es entonces cuando recae en las carcajadas de los Hale, y les mira con una mirada que seguramente se puede describir como fulminante, pues de inmediato se callan—. ¿Pero qué mierda les sucede? ¿Es que acaso son suicidas? ¿O solo quieren generar polémica entre los vecinos? Seguramente la señora Watters escucho el disparo y ya está llamando a sus amigas chismosas…

—Stiles—trata de decir Derek de nuevo, pero le interrumpe otra vez.

—Nada de "Stiles". Una cosa es que no mueras al recibir una bala y otra muy diferente es que mi padre quiera comprobarlo—mira al Sheriff con el ceño fruncido, acusándolo con la mirada—. ¿Y tú? ¿Cuál es tu defensa?

John solo se encoge de hombros.

—Dije que aceptaría su relación si le disparaba—le recuerda con una sonrisa, guardando el arma—. Bien, pues ya está.

Alza las manos de manera exasperada, soltando a Derek, quien se mantiene en pie de manera fácil y sencilla, como si nunca hubiera recibido una bala en lo absoluto. Stiles se toma el cabello con ambas manos, jalando un poco de manera desesperada. ¿Por qué su vida, de repente, se había convertido en un revoltijo de emociones, sin pies ni cabeza? ¿Una comedia bizarra en la cual él debía de ser el único con un poco de inteligencia entre ese grupo de idiotas?

—¡Llegamos, familia! —exclama Erika, y Stiles alza la vista para ver como ella y los chicos (léase, Scott, Isaac, los gemelos y Malia) caminan con paso despreocupado.

—Trajimos jugo—dice Isaac con una sonrisa, ya completamente recuperado, y no por primera vez Stiles envidia completamente a los lobos.

Malditos suertudos. Seguramente jamás tendrán una pierna rota.

Con pasos presurosos, e ignorando a Derek por razones más que obvias, se dirige a Isaac, quien le mira con los ojos abiertos y de manera tensa, seguramente esperando una buena regañada que Stiles estaría complacido de darle. Abre la boca para comenzar a hablar una vez que llega frente a él, pero lo único que consigue es dejarla abierta, sus brazos rodeando al más alto—y no es que Stiles estuviera bajito. Eso sería estúpido de pensar—.

—Eres un idiota—suspira, e Isaac se destensa de inmediato—. Mira que arriesgar a mi amigo de esa manera.

—Oye—espeta el rubio, con burla—. Yo no le pedí que me salvara. No es mi culpa que este colado por mí.

Stiles se separa soltando una carcajada.

—Sí. Como no—comenta con sarcasmo, mirando a Scott con una sonrisa.

El McCall le mira con los ojos abiertos de par en par, de una manera tan comica como en los dibujos animados, y antes de que pueda hacer un comentario al respecto, Scott grita:

—¡Te acostaste con Derek!

Y sí, puede que todos hayan escuchado, incluso su padre quien al parecer se estpa ahogando a sus espaldas, pero Stiles lo único que hace es asentir.

—Sí Scott, me acosté con Derek. Gracias por decir lo obvio, capitán.

—¡Pero es…!

—Nada Scott—interrumpe—. Solo fue sexo, nada más. No es nada del otro mundo, solo debes de meter el…

—¡No quiero saber! —Scott literalmente se tapa los oídos con una mueca horrorizada.

Stiles sonríe, decidido a no perder la oportunidad.

—Estas bastante grandecito para saber que Derek me…

—¡Callate!

—Pero es que se sintió tan bien—hace un puchero.

—¡He dicho que te calles! —Scott cada vez está más sonrojado, y el omega suelta una enorme carcajada.

—¡Tu… cara! —dice entre risotadas.

—Deberías de ver la de tu padre—comenta Arthur Hale, acercándose y tomando su hombro. Stiles palidece, sintiendo el sudor comenzar a salir y recorrerle la espalda.

Demonios.

Se había olvidado de los demás.

Gira para ver sobre su espalda, arriesgándose a ver lo que ocultaba la ignorancia, cuando una voz llega a sus oídos.

—Perdón por llegar tarde, familia—Jordan Parrish en persona aparece, cargando una caja de lo que parece ser donas, y es justo en ese momento en donde el caos se desata.

—¡Te voy a matar, Hale! —exclama su padre, y sí, otro balazo se escucha.

Stiles gime con frustración y cansancio.

¿Por qué a él?

.

Laura observa todo con una sonrisa en la cara, su madre a su lado, y sabe que ambas tienen el mismo pensamiento esperanzador dentro de sus mentes.

Están en casa. Están con su manada…

Con la familia.