"Cansancio mental"

Cuando hacemos actividades físicas continuas, nuestro cuerpo se cansa; comienza a descender la energía y llegas a un punto en que decides parar; tomar un respiro hasta que de nuevo puedas comenzar de forma renovada. Es lo normal en todos los seres humanos, incluso sin padecer alguna patología ¿Cierto? pero también existe otro cansancio, algo que no es físico, algo que es solo mental, lo que hace que cada parte de tu cuerpo se agote sin haber movido ni un solo musculo y ese, justamente, era el que todo mi cuerpo estaba experimentando.

Me sentía tan, pero tan agotada, que mi tradicional rutina de ejercicios mañaneros ya estaba decayendo considerablemente.

Había probado con muchas cosas. Vitaminas, ejercicios para dormir las 8 horas completas durante la noche e incluso me apunte a clases de yoga junto con Brittany, por recomendación de ella misma, pero nada resultaba. Mi cuerpo seguía cansado.

La excusa perfecta durante los últimos meses era la gran responsabilidad de la pastelería. A todos se lo mencionaba cuando me preguntaban el porqué de mi evidente poca energía a ciertas horas del día; pero eso no era cierto, de hecho la pastelería era lo único que me mantenía mas motivada para salir cada mañana, de resto hubiese sido un alma en pena. Me da vergüenza admitirlo.

Mi pesar, mi peso, mi tormento, mi maldito problema era ella.

Quinn Fabray.

Habían pasado 7 meses desde la última vez que la vi en el aeropuerto y 6 meses desde que me di cuenta que no iba a volver.

No supe nada más de ella, excepto por la vez que Santana comento que ya estaba instalada en la oficina de Chicago y su jefe estaba encantado. Simplemente decidí no preguntar mas, no me hacia bien en absoluto saber que seguía con su vida como si nada, como si yo no hubiese existido.

F. Scott Fitzgerald dijo: "En una verdadera noche oscura del alma siempre son las tres de la mañana, día tras día" y era jueves, 5:15 de la tarde de un mes de octubre, pero para mi quizás era otro día mas con el reloj mental a las 3:00 am. Me odiaba por eso, había pasado por tantas cosas que el hecho de que una chica me dejara no me debería afectar tanto, pero bueno, allí estaba… Intentándolo.

- No puedo creer los gustos de ciertas personas. –Exclama Kurt dejando su abrigo junto a la barra donde yo estaba parada revisando la tabla de inventario y pedidos. Una de las cosas de ser dueña de una pastelería, era que mi labor iba mas allá de ser chef o dirigir el menú, tenía que vigilar cada detalle y esa semana estábamos escasos de servilletas y vasos desechables.

- ¿Sabes que pastel tengo que hacer para el martes en la tarde? –Kurt seguía hablando a mi lado mientras se colocaba un delantal.

- No tengo idea… -Murmuro aun con la vista fija en la tabla.

- Tengo que hacer a la familia Kardashian porque la chica que cumple años, 16 por cierto, es fanática del reality de esa extraña familia. ¿Puedes creerlo? –Negaba con la cabeza

Solo murmure un "Ajam…" porque Kurt solía hablar sin parar cuando estaba trabajando y yo era todo lo contrario, sin embargo, estaba feliz de tenerlo allí.

Uno de los cambios de Dolce había sido ese, no solo teníamos encargos y vendíamos postres deliciosos, quise añadir un extra y ese vino de la mano de Kurt Hummel, un chico con mucho talento para hacer laboriosos pasteles adornamos con cualquier cosa que al cliente se le ocurriera. Pasteles en forma de auto, edificio, caras y ahora mismo, toda la familia Kardashian. Él junto con su ayudante podían hacer eso, era como un arquitecto de repostería, así lo llamaba. Todos amaban lo que hacía y cada vez llegaban mas personas para hacer pedidos ante sus extravagantes pasteles.

Por otro lado, también estaba feliz de tenerlo trabajando a mi lado porque fue un gran amigo durante mi época en New York. Ambos estudiamos en el mismo instituto para chef y nos hicimos amigos entre el ajetreo de las duras calles neoyorkinas cuando eres joven e inexperto. Por lo tanto, al saber que se había mudado a Boston hace tres meses, no dude en llamarlo.

- ¿Te irás hoy temprano? –Me pregunta Kurt.

- A la hora de siempre. –Lo miro fugazmente.

- Pensé que ibas a la fiesta que dijo Santana.

- No me apetece salir.

- Bueno, es lo que siempre dices, pero creo que deberías hacerlo.

Yo suelto un suspiro pesado y lo miro de nuevo.

- ¿Tú también, Kurt? –Pregunto alzando las cejas. Me acababa de decir lo mismo que todos me decían, sin embargo, nadie entendía que cuando no quieres salir, simplemente no sales.

O al menos, así soy yo.

- No te molestes, es verdad. –Él alza las manos.

- Santana esta muy pesada con eso, al igual que se la pasa recomiéndome estúpidos terapeutas a los que nunca iré –Lo señale con un dedo porque se que él también quería eso- No perderé mi tiempo y la verdad es que prefiero dedicarme a esto. –Señalo la pastelería fugazmente para luego darle la espalda al chico e irme al pequeño despacho.

Él me sigue, tan insistente como siempre.

- La pastelería estará bien, no le pasara nada si decides divertirte una noche, Rachel –Se cruza de brazos frente a mí.

- No estoy muy segura de eso, prefiero estar concentrada. Lucy ayer se equivoco con un gran encargo y Albert discutió con un cliente ¿Puedes creerlo? Jamás imagine que él haría eso –Niego con la cabeza mientras busco algo en el ordenador.

- Es una excusa muy estúpida –Espeta y lo miro con gesto ofendido- No me mires así, que tengas que lidiar con eso no quita que no puedas relajarte un poco. Dentro de nada cumples 29 años y parece que tienes 49, eres una aburrida –Rueda los ojos.

- Por dejar de ir a una fiesta no tengo por qué ser aburrida. Hace apenas quince días soy, legalmente, la dueña de este lugar y aun faltan muchas cosas por hacer, estoy metida de lleno y punto. –Me encojo de hombros.

Él se sienta y me mira en silencio por un largo rato, tanto que llego a incomodarme.

- ¿Qué sucede? –Pregunto con el ceño fruncido.

- Es por ella –Espeta.

- ¿De qué hablas?

- De esa chica por la que sufres, Quinn. –Se cruza de piernas elegantemente.

- No digas tonterías ¿Qué tiene que ver ella con que no quiera ir a una estupida fiesta esta noche?

- Que la sigues esperando –Se encoje de hombros.

Yo dejo que hacer lo que estaba haciendo para colocar las manos sobre el escritorio y mirarlo con seriedad.

- No me he sentido bien, me dolió lo que paso, te lo conté y lo sabes todo, pero no significa que la esté esperando, seria demasiado estúpida para eso, Kurt.

- No creo que seas estúpida, Rachel, pero si estas enamorada y es casi lo mismo.

- Kurt, por favor –Digo cansada echándome por completo en la silla, allí estaba el agotamiento mental.

- Sal esta noche Rachel, diviértete un poco, vuelve a ser esa chica que ama la vida a pesar de todo el dolor que ha pasado… -Me decía con aquellos ojos azules sinceros.

Era un gran amigo, sin duda.

- ¿Por qué ir a un lugar al que no quiero ir?

- ¡Solo inténtalo! Quizás te lleves una sorpresa y sea una noche inolvidable –Me guiña el ojo y yo inhalo para relajarme.

Miro al techo lamentándome por muchas cosas y entre esas era el hecho de que ellos insistieran tanto. Santana incluso me había dado dos entradas para la "Fiesta del año" organizada por Evening Corp y a la cual ella no podía ir porque estaba en Texas por trabajo, justamente.

- No tengo con quien ir –Le digo frunciendo los labios.

- Eso no es problema, querida –Se levanta emocionado y sale casi corriendo para, luego de unos minutos, volver del brazo de Lucy.

Si, Lucy estaba trabajando en Dolce, era excelente hablando con la gente y yo le pegaba mejor que aquella tienda de música donde estuvo por un tiempo.

- Ella ira contigo. –Señala a la chica que mostraba una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Qué dices? –Los miro a ambos.

- Le pregunte si quiere tener una cita contigo esta noche y aceptó. –Sentencia él su maravillosa idea.

- ¿Una cita? –Abrí los ojos al máximo sin disimular.

- ¿Es para la fiesta que dijo Santana, cierto? –Pregunta Lucy con evidente emoción y Kurt se encarga de asentir con la cabeza- ¡Sera maravilloso ir contigo, Rachel!

¿Ven? Allí está el problema, su exceso de emoción por ser yo quien la acompañaba no era algo bueno y no porque Lucy fuera una mala persona, ella era una gran amiga, sino que eso era lo que yo trataba de evitar desde hace mucho. Una cita con ella sería darle alas para aquello que yo me empeñaba en querer negar.

Yo le gustaba y siempre soñó salir conmigo. Ahora Kurt se lo había concedido, pero estaba tan cansada que no me negué.

Salí de la pastelería una hora antes porque tenia a Kurt pegado a mi oreja "Anda, alístate, no te dará tiempo para llegar a la fiesta" en el fondo quería que esa fuera la idea, pero le hice caso. Me fui un poco mas temprano al igual que Lucy que, emocionada, corrió a su departamento a vestirse.

Seguíamos viviendo en el mismo edificio porque, a pesar de que ya tenía mi sueño cumplido y era la dueña de una pastelería con buenas ventas, tuve que trabajar duro para pagarla en 6 meses y no tardar uno o dos años, así que no tuve muchos respiros ni cabida para complacer lujos, como comprarme un lugar más amplio o alquilar algo costoso. Mi único lujo era un pequeño auto de segunda mano, pero que se veía como nuevo y que me vi obligada a comprar para moverme más rápido y no esperar el transporte público o pagar tanto en taxi al hacer diligencias.

Por cierto, ya tenía licencia luego de mi primera multa pagada en Memphis. Otro paso a la madurez.

- Siento tardar tanto, no encontraba estos zapatos –Lucy llegaba frente a mi algo agitada por haber corrido, posiblemente, por las escaleras.

Yo me encontraba frente a mi auto, un mini cooper negro con blanco al igual que mi atuendo. Llevaba un cómodo vestido corte clásico que tenia la parte de la falta negra y la parte de arriba blanca.

Me veía bien, lo admito, pero Lucy se veía fabulosa.

- Te ves… Te ves muy bien –Le sonreí y ella pareció sonrojarse. Pocas veces sucedía a pesar de que se que tiene un extraño crush conmigo.

- Gracias, tu también estas fabulosa.

Yo asiento con la cabeza y le señalo el auto. Era hora de irnos, la famosa fiesta comenzaba a las 8 y eran las 8:05. Que no quisiera ir, no significaba que me gustara llegar tarde. Además, mientras mas rápido llegábamos, mas rápido me iba.

Lucy estuvo algo callada en el camino y eso me resulto sumamente extraño, sin embargo, preferí no buscarle conversación. ¿Qué le iba a decir en ese instante? Puedo hablar con ella de miles de cosas cuando interrumpe en mi casa para tomar mi TV o me invita a hacer deportes, pero estábamos en una especia de cita improvisada por Kurt y realmente me sentía extraña haciéndolo.

Llegamos al lugar 30 minutos después, era un bar grande y famoso en aquella zona de Boston, el mismo fue alquilado para albergar a todos los invitados. Gente importante y algunos afortunados, como nosotras, que lograron tener invitación en mano.

La calle estaba repleta de autos, así que tuve que estacionar el mini cooper un poco lejos.

- ¿Crees que haya gente famosa? El mundo de la publicidad tiene esa cualidad, invitan a gente famosa para vender –Me pregunta Lucy con aquella característica ansiedad

- No tengo la menor idea –Fui algo escueta porque era cierto, no sabia quien iba a ir, Santana solo me dijo que iban los empleados de la oficina de Boston y otra gente de la ciudad para degustar una cena maravillosa y quizás mucho alcohol costoso.

- Espero ver músicos importantes, es hora de irme codeando –Comenta y yo rio por sus ocurrencias, ir con ella quizás no era tan malo, siempre y cuando se controlara un poco y no pegara gritos como fanática desenfrenada delante de toda esa gente.

Pero ese pensamiento quedo descartado, ella no se iba a controlar cuando al entrar se encontró con Los chicos de Daft Punk, con todo y mascaras, a pocos metros de nosotras.

- ¡No lo puedo creer! –Abría la boca al máximo- ¿Sabes quienes son ellos, Rachel? –Me susurra tratando de contener toda la emoción.

- Si, los he visto en eso shows musicales que colocas en mi casa. –Ruedo los ojos.

- ¡Son maravillosos! –Grita y salta como niña sin importarle sus zapatos de tacón con mas de 10 centímetros y aquel vestido negro ajustado a sus curvas.

- Vamos por una mesa o algo –Digo y ella me sigue comentando que creyó ver al amigo del amigo de un amigo de alguien de MTV. No tengo idea de cómo conoce eso detalles, pero lo hace.

- Esto es maravilloso, en serio –Ella sonreía sin parar, por lo menos alguien lo iba a disfrutar.

Encontramos una mesa desocupada y nos sentamos. Cada mesa era asignada dependiendo la cantidad de invitaciones, así que esa podía ser para nosotras. De inmediato un chico nos sirvió champagne gratis.

- ¿A qué hora será la cena? –Pregunte al aire porque Lucy tampoco sabía aquello.

- ¿Tienes hambre? –Ella revolvía su copa.

- No, pero se supone que eso es al inicio de la noche.

- ¿Quieres que pregunte?

- ¡No! Claro que no, solo es curiosidad. –Reí.

- Esta bien –Asiente con la cabeza. Estaba más calmada, quizás era el champagne o quizás era mi mirada de reproche cuando iba a saltar encima de un hombre joven que resulto ser dueño de una gran empresa inmobiliaria y no el dueño de Facebook como ella supuso.

- ¿Te sientes bien trabajando en Dolce? –Le pregunto luego de algunos minutos de silencio.

- ¡Claro es genial! Los clientes son fabulosos, aunque no puedo hablar tanto de música, pero es bueno, sobre todo cuando van niños y se sorprenden por cada postre que les muestro –Comenta sincera.

- Me alegra mucho que aceptaras estar allí, es importante para mi tener a gente de confianza en este viaje –Suspire.

- Sabes que cuentas conmigo para lo que sea –Comenta tomando mi mano y yo le sonreí de medio lado.

- Gracias… Eres une buena chica –Le dije antes de tomar otro trago de mi copa.

Lo era, era una excelente chica, joven, hermosa, enérgica y llena de vida, algo que quizás yo necesitaba para no caer constantemente en la melancolía, pero no podía verla mas allá de eso, no la podía ver como ella me venía.

O quizás no quería, no lo sé exactamente, pero no se trataba de Quinn, no crean que es por ella. Desde que la conocí la vi como una hermana pequeña y no como la chica linda que me sonreía coquetamente y que se conformo con ser mi amiga porque nunca tuvo más señales de mi parte.

No pasaron mas de 20 minutos cuando comenzaron a servir la cena y mientras íbamos a la mitad, un hombre bastante mayor hablo en el escenario sobre la influencia de la tecnología en la publicidad. No era un tema por el cual yo estuviera interesa, así que simplemente comía oyendo pero no escuchando realmente.

- ¿La estas pasando bien? –Escucho a Lucy y alzo la vista.

- ¿Qué dices? –Pregunto limpiando mi boca- La cena está muy buena.

- ¿Pero te sientes a gusto? –Me escruta con la mirada.

- Estoy bien –Me encojo de hombros. Ella no parece muy a gusto con esa respuesta.

- Se que no querías venir y que invitarme fue solo idea de Kurt, pero me alegra que hayas venido al final. Ir a tu casa cada día y encerrarte a ver esas comedias románticas que solo te deprimen mas, no es bueno.

- Lucy… No hablemos de eso. Estoy aquí y estoy pasándola bien ¿Ok? –Le hable firme y al mismo tiempo cansada de la constante diatriba de gente metiéndose en mi estado de ánimo o estilo de vida los últimos 6 meses.

Yo estaba fenomenal, me dolía el pecho de vez en cuando al recordar lo que no me hacia bien, pero estaba viva, trabajando y ahora cenando un plato de 900 dólares.

- No quiero incomodarte, se que Santana te acosa un poco con el tema, pero solo me preocupo por ti, eres importante para mi. –Continua.

Yo dejo el tenedor, al parecer no me iba a terminar de comer en paz aquellas trufas.

- Te agradezco que te preocupes, al igual que se lo agradezco a Santana, pero no es necesario. –La mire fijamente a sus grandes ojos.

Ella se quedo en silencio tocando con el tenedor su comida para luego mirarme de nuevo.

- Creo que Quinn es una idiota y no te merece –Espeta.

- ¡Basta! –Dejo la servilleta con fuerza sobre la mesa y ella me mira algo sorprendida - No vuelvas a mencionar a Quinn, ni ahora ni después ni nunca mas ¿está bien?

- Solo he dicho lo que pienso…

- Me parece perfecto que lo pienses, pero no quiero escuchar nada sobre ella. Estoy sinceramente cansada de que todo el tiempo la mencionen y la saquen como conclusión en cada situación. Es suficiente. –Me cruzo de brazos y miro hacia otro lado.

Me tenían jodida con lo mismo y si, estuve muy mal, llore un montón y el desanimo era evidente, pero que la mencionaran a cada rato me enfurecía.

7 meses sintiéndose como días y yo sintiéndome como estúpida.

Me pare de la mesa y fui al baño dejando a Lucy sola. Quizás fue muy mal educado de mi parte, pero necesitaba un momento a solas y eso tuve. Una de las cosas que me sucedían mucho los últimos meses, era eso también, me agobiaba muy rápido y luego venia ese extraño peso que me cansaba física y mentalmente.

Pero no podía durar mucho en el baño, ya estaba entrando más gente y era extraño, además, al despejarme recordé que Lucy estaba sola y la verdad era que, a pesar de todo, era alguien que no merecía mi desprecio. Mas de una vez llego a mi departamento con la excusa de ver TV para solo hacerme reír mientras que alguien mas estaba haciendo su vida sin importar lo que yo sentía, eso hace que esa intensa chica valga oro para mí.

Regrese a la zona de las mesas pero Lucy no estaba, la encontré parada en una barra hablando con el cantinero.

Como no, ya tenía nuevo amigo.

- Siento tardarme –Le dije.

- Bien, ¿Quieres un trago? –Pregunta con la mirada algo cohibida, quizás pensaba que seguía enojada.

- No, estoy bien ahora… -Le sonreí y nos quedamos en silencio viendo el lugar. Ella con una copa y yo simplemente parada a su lado.

Minutos después habla.

- ¿Tienes una idea de cuánto me gustas? –Pregunta de repente sorprendiéndome.

Yo dejo de mirar el escenario donde colocaban instrumentos para fijarme en ella.

- Somos amigas. –Es lo que se me ocurre decir.

- No te he dicho que no lo seamos, pero no sabes cuanto he soñado con ser otra cosa y no me haces caso.

- Mira, Lucy… Eres una chica maravillosa, pero sabes que…

- Si, si, sé que no me ves de esa forma, da igual. Solo quiero que sepas que vales mas que cualquier chica que te deje botada y que hay otras como yo que quisiéramos estar en su lugar, pero no podemos. –Espetó con tristeza en su mirada y me llegue a sentir mal por eso- Vales tanto, tanto, tanto –Entrecerró los ojos- Que no mereces otra noche sola llorando con tu pijama de pizza –Dijo aquello tomando mi mano y yo mire el contacto perdida en mis pensamientos.

¿Cuánto había llorado en los últimos meses? ¿Cuánto había llorado a lo largo de mi vida con las constantes perdidas? Llegue a un punto en el que sentí que no podía retener nada bueno, estaba muy frustrada y cansada de tener que despedirme sin una despedida verdadera.

Y allí estaba, en una gran fiesta, con una chica hermosa que moría por estar conmigo y sin embargo la rechazaba de miles de maneras, pero tenia que sentirme valiosa y afortunada porque lo era, lo era de nuevo.

Mire a Lucy que expectante esperaba una reacción de mi parte y la tuvo. Me acerque un poco mas y con una sonrisa le di un corto beso en los labios. Fue algo muy rápido y casi imperceptible.

Ella abrió los ojos al máximo y se quedo estática mirándome. Yo simplemente solté una pequeña carcajada ante la imagen.

- Eso… Eso… ¿Por qué fue eso? –Logra preguntar atónica.

- Porque, a pesar de que no te puedo ofrecer mas que mi amistad, eres una chica hermosa, inteligente, ocurrente, divertida y te agradezco por seguir aquí. Me haces sentir afortunada de alguna manera. –Confieso y ella me abraza con mucha fuerza murmurando en mi oído cosas como "Eres genial, seré tu amiga, no te agobiare" y demás cosas que realmente no recuerdo porque mis sentidos se nublaron por completo ante una imagen que no espere ver aquella noche.

Era Quinn, me miraba de frente a unos metros y yo la veía sobre el hombro de Lucy que seguía hablando sin parar.

Juro que pensé que era una alucinación, tantas horas pensando en ella, extrañando su perfecto rostro, ya me estaban haciendo delirar, por eso cerré los ojos con fuerza y luego los abrí, pero seguía allí, mirándome fijamente, haciendo que mi cuerpo temblara hasta que alguien llamo su atención. Haden aparecía a su lado con aquella petulante y reluciente sonrisa para colocar su mano sobre la cintura de la que, hasta hace 6 meses, yo pensé que era mi novia. Ambos caminaron entre la gente y los perdí de vista.

Lucy se separa de mí y habla con el cantinero ajena a todo, creo que le pedía que me sirviera algo, a lo que yo asentí antes sin darme cuenta.

Quinn había vuelto y no se los negare como se lo negué a Kurt, yo en el fondo si la estuve esperando, aunque su regreso no fue como lo esperaba. No hubo un gran momento de película, solo ella en la distancia, tan hermosa como siempre, y con una incomoda compañía.