Nini: Hola de nuevo yo, con una nueva actualización. La verdad, quiero decirles que los amo mucho :3 y que espero que no me odien por cortarlo ahí xD, pero estoy escribiendo desde el celular y pues, ya saben, no es lo mismo :v
Spam moment! :v : los invito a pasarse a mi nueva historia Sterek "The convertion Fear", no es obligación :'v ya saben, solo es por si querían.
Pregunta del día: ¿Si pudieran casarse con quien quisieran, a quien elegirían?
Muchas gracias por todo 3 por favor no me odien
You are mine
Capítulo 30: Estás celoso
Stiles probablemente si hubiera despertado por el molesto sonido del despertador cualquier otro día, se hubiera molestado tanto que el pobre artefacto ya no hubiera podido seguir funcionando más. Y dice que es probable, porque ciertamente ahora no lo está para nada.
El cuerpo que está junto a él desprende calor, lo suficiente para que aunque ya este despierto reconsidere la idea de volverse a dormir. Con un suspiro, se gira dentro del abrazo que le envuelve, topándose con la cara de Derek completamente serena y tranquila. Sigue durmiendo, y sonríe inconscientemente cuando su dedo se dirige sin su permiso al puente de su nariz, tocándolo con suavidad.
No sabe si su padre ya está despierto, ni siquiera se lo pregunta si es sincero del todo, lo único que quiere es quedarse en su cama, ahora y siempre. No despegarse de su cama es buena idea, tendría a Scott si es que necesita comida, y él podría pasarle los apuntes escolares y entregarlos también, un plan brillante, incluso llamaría a la escuela diciendo que tiene una enfermedad incurable que le incapacita para salir de su casa.
Sí, vivir pegado a su cama seria hermoso.
Pero aún más si Derek está en su cama.
El Alfa se remueve un poco cuando ejerce más presión en su entrecejo, haciendo una mueca divertida, y Stiles no puede evitar imaginarse una escena de lo más hilarante, o al menos para él.
—Por favor mami, no quiero ir a la escuela.
Oh dios, si Derek dice eso en este momento se podría considerar oficialmente muerto.
No obstante, eso no pasa, pues el pelinegro abre sus ojos verdes, parpadeando levemente hasta acostumbrarse del todo a la luz. Cuando lo hace, se enfoca directamente a él, elevando sus cejas en una muda pregunta que Stiles ya conoce a la perfección.
—Solo me gusta cómo te vez sin el ceño fruncido—dice explicándose, y Derek, como no, frunce el ceño antes de reincorporarse hasta estar sentado, la sabana resbalando de su cuerpo hasta la cadera y dejando al descubierto su pecho y brazos.
— ¿Qué hora es? —pregunta, mirando el cuarto de Stiles, inclusive deteniéndose un poco en los múltiples posters de series policiacas y Batman de las paredes.
El humano se encoge de hombros, antes de, estirándose y cayendo sobre el regazo del Alfa en un movimiento para nada elegante, tome su celular de la mesa de noche.
—Son las seis de la mañana.
No le sorprende que Derek haya salido de la cama, pero si lo hace cuando se estira tensando todos los músculos. Stiles pasea su mirada sin vergüenza por todo el pecho descubierto del Alfa porque dios santo...
El carraspeo del pelinegro hace que de inmediato suba la mirada, topándose con esas cejas pobladas alzándose a juego con la sonrisa chulesca.
—Si has terminado de verme...
—No te estaba viendo—Stiles bufa, desviando la mirada—. Ni quien quiera verte, amargado.
— ¿Ah sí? —reta, acercándose al chico hasta estar de rodillas sobre la orilla de la cama. Se inclina lo suficiente para rozar su nariz en la barbilla de Stiles, y cuando este se gira, no pierde ni un segundo en tratar de alcanzar sus labios.
—No me he lavado los dientes—se queja en un murmuro, separándose apenas un centímetro.
Derek no reprime el gruñido de molestia ante la distancia.
—¿Y eso importa?
Como dijo, cualquier otro día Stiles hubiera estado molesto, y justo ahora hubiera estado indignado, porque la higiene bucal no debe tomarse a broma, es necesario cuidarse los dientes, puesto que es como un criadero de bacterias que se reproducen cada segundo ahí adentro. Lavarse los dientes es esencial para no contraer enfermedades ni caries, tres veces al día, de arriba abajo en los de enfrente y circulitos en los de atrás, uno dos...
Pero ahora, lo único que importa es que tiene al hombre más sexy del mundo, o al menos para él, frente suyo, sin camiseta y pidiéndole un beso.
Al diablo lavarse los dientes.
Su mano se dirige sin meditarlo demasiado a la nuca de Derek, enterrando con suavidad los dedos ahí y atrayendo su cabeza mientras inclina la propia, sus labios de inmediato buscándose entre sí. A Stiles jamás le cansara esa sensación, la de vértigo, los latidos de su corazón latiendo con fuerza en su pecho y su Omega chillando con fuerza y emoción dentro de él. Porque los besos de Derek siempre logran revolucionar todo su cuerpo y mente, ya sean suaves o apasionados, profundos o castos, rápidos o lentos, un beso siempre será el mejor del mundo si es de Derek.
—No sabes cuánto me gustan tus besos—dice sin pensar cuando se separan, y siente a Derek sonreír contra él, aun lo bastante cerca para rozarse. La mano del Alfa se cierne sobre su hombro, caliente contra su piel, y no lo detiene cuando se pega más a él, incluso buscando más contacto y acurrucándose para estar cómodo entre el colchón y Derek.
—¿Solo te gustan mis besos—el pelinegro pregunta tentativamente, rozando sus narices antes de alejarse, sus ojos brillando en diversión y un pequeño indicio de sonrisa en sus comisuras—, o hay algo más?
—Mmm—suelta un gemido evaluativo, haciendo un puchero y frunciendo el ceño—. No, no hay nada más.
—Oh, ¿en serio? —pregunta irónico, alzando una ceja. Stiles sonríe con burla.
—Bueno, puede que también tu cuerpo porque, ¿Quién no podría gustar de él?
Derek niega con la cabeza, esta vez la sonrisa ensanchándose, hoyuelos en sus mejillas incluidos por debajo de la barba. Le besa la nariz antes de separarse, poniéndose de pie. Stiles aprovecha que está buscando su playera para observarle, primero iniciando con ese trasero que esta para morirse, unido a unas fuertes piernas que no se logran ver por el pantalón de chándal pero que sin duda están ahí—el mismo las ha sentido, después de todo—. Sube su vista por la espalda, los músculos cincelados, los omoplatos marcados, y ahí, justo en medio de ambos, un tatuaje negro contrasta entre toda la piel como si estuviera hecho de neón, la tinta siendo una herramienta más para resaltar.
No sabe por cuánto tiempo se queda mirándole, pensando en pasar su dedo por el dibujo tribal de tres espirales, pero Derek ya está soltando una risotada cuando le mira.
—Dios, Stiles—dice con ese tono irónico que le garantiza que está bromeando—. Nunca me había sentido más violado en mi vida.
Stiles se sonroja sin proponérselo, pero de inmediato se repone, soltando un suspiro lleno de fastidio antes de levantarse y estirarse el también. No le dirige ni una sola mirada cuando atraviesa la habitación para sentarse en el ordenador y encenderlo. Siente a Derek moverse a sus espaldas, pero en cuanto el aparato se enciende, abre el buscador. Comenzar a teclear con velocidad en él, es algo que siempre se le ha dado fácil, acostumbrándose al sonido parecido a una máquina de escribir que hacen las teclas bajo sus dedos con cada presión, pero cuando siente una mano tomar su muñeca y alejarle lejos de su herramienta de trabajo, no puede estar seguro. Sobre todo cuando Derek le mira con el ceño fruncido.
—¿Puedes, por favor, dejar de hacer ese molesto ruido? —aunque el por favor está ahí, el Alfa ha dado una orden, una orden que le hace estremecer por completo aunque no esté dispuesto a obedecerla.
Con Derek nada nunca es una petición. Todo siempre es una exigencia, dura e inflexible, aunque Stiles sabe que jamás lo hace de manera intencional. No obstante, eso no quiere decir que no siga poniéndole a mil el hecho de ver a Derek ordenándole algo. Es un adolescente, con una mente demasiado activa para su propio bien, lo que, sumándole al hecho de tener a un maldito dios como Alfa, que dicho Alfa esté en su habitación y que probablemente su padre no está en casa, solo le deja con ganas de hacer una sola.
Y él sabe que eso no puede ser, porque es imposible que Derek se deje empotrar contra una pared para follarlo hasta el cansancio, y aunque Stiles jamás se quejara de ser follado, la curiosidad está ahí, ese lado suyo que por más que trate no dejara de pensar en las posibilidades. En un mundo en donde las jerarquías no existan, en donde él puede llegar a ser el activo.
« ¿Activo tú? ¡Cómo no!» escucha como una vocecita, aquella que es su Omega sin lugar a dudas, se burla de él.
—Stiles—escucha que Derek gruñe, y de inmediato un tirón en su muñeca le hace estar de pie, sus pies tropezando y chocar contra el pecho duro como piedra del Alfa. Stiles definitivamente quiere quejarse, pero no poder, porque de inmediato la boca caliente de Derek reclama la suya con rudeza.
Y ya no es solo él y su mente flexible, sino que es su Alfa también, lo que contribuye a que suelte un gemido algo vergonzoso pero que en este momento le importa poco, y lo único que puede hacer es rodear el cuello de Derek con sus brazos y acercarse más, fundirse por completo en él.
Un beso fogoso, demandante, y los brazos del Alfa rodeándole, su mano viajando de manera veloz sin pereza hacia debajo de su espalda, su trasero para ser más precisos, y él ya se está derritiendo para cuando se separan, alientos cargados de jadeos pesados y las pupilas de Derek dilatadas regresándole una intensa mirada, y Stiles no por primera vez se pregunta cómo diablos no pudo haberse fijado en este hombre antes si es perfecto, tan perfecto que asusta.
—Eres... Per...—dice el Alfa entre respiraciones entrecortadas, y ahora sus manos están en su cintura, acariciando levemente en círculos su espalda—. Eres un pervertido.
No hay enojo en su voz, y Stiles no puede más que sonreír sin vergüenza alguna, incluso dándole un pequeño lametazo a la nariz tan próxima de Derek.
—No soy un pervertido... solo tengo una imaginación demasiado sensual para esta época.
.
No puede creerlo.
Sencillamente no puede creerlo porque es estúpido, demasiado de hecho, y no es que sea algo imposible, porque obviamente iba a pasar en un punto de su vida, solo que no hoy. No cuando se ha levantado de buenas y llegó a la escuela vomitando brillitos y cada pasos suyo provocaba arcoíris.
Pero ahora ya no puede hacer absolutamente nada, solo esperar con paciencia hasta que la clase de Derek termine, arriesgándose a perder por completo la cabeza, o bien asesinar a alguien lo bastantemente estúpida—sí, ese alguien es mujer—para meterse con lo que no es suyo de ningún modo y nunca lo será.
Oh sí amiga, entérate, ese Alfa ya tiene Omega.
Scott solo le observa de lejos, su cuerpo demasiado inclinado hacia Isaac como para considerarse su interés sobre el chico meramente amistoso y Erika muriéndose de la risa al lado de Cora, quien solo observa todo divertida como si no pudiera permitirse sonreír en público. Stiles puede estar seguro, que si esto fuera una novela japonesa o alguna caricatura, todo su cuerpo estuviera expidiendo un aura llena de rabia que se podría detectar a kilómetros de distancia.
—Oye amigo—llama Scott, y sin poderlo evitar le manda una mirada cargada de todas las ganas que tiene de asesinar a la señorita Perfecta, haciendo que su amigo, un Alfa que aunque no sea el mejor sigue siendo uno, detenga la intención de colocar una mano sobre su hombro para calmarlo—. Estas apestando...
—Me duche hoy, Scott—dice de manera ruda, antes de dirigir de nuevo su atención a la escena tan repugnante frente a él—. Ahora cállate y déjame terminar este estúpido trabajo para irme de una buena vez.
De hecho, Stiles sabe, si hubiera querido terminar el trabajo ya lo hubiera hecho, puesto que el tema de historia de hoy era particularmente de su manejo y ya conocía todas las respuestas para formular el mini-ensayo que Derek había pedido hoy. Es demasiado fácil incluso para Scott. Sin embargo, ahora lo último que quiere es alejarse, dejar a Derek sin vigilancia dentro de un salón que pronto se vaciara, o no al menos sabiendo que no le dejara solo.
«Maldita zorra, deja de mirarlo. Es mío» piensa apretando los dientes, sintiendo como su Omega está prácticamente añorando su mente para ir, tomar al Alfa, sentarse en su regazo y esconder su cara ahí, en el cuello, donde se concentra todo su aroma y restregarse con fuerza sobre él, tratando de dejarle en claro a la perra que era de su pertenencia.
Pero Stiles sabe que no puede hacer eso, principalmente porque, como era de esperarse, un Omega jamás tendrá el permiso de hacer algo así en público, o no al menos para mostrarse tan posesivo con un Alfa; porque mientras ellos pueden ir y reclamar a más parejas, los Omegas se quedan, sin decir nada. A Stiles en cualquier otro momento le valdría una reverenda mierda aquella ley denigrante, pero no ahora. No ahora frente a todo el salón, y no es que sea tímido—sí lo es—, sino que... bueno... ¡El punto aquí es que no puede y ya!
Suelta otro gruñido inconscientemente cuando, de nuevo, la mano de la señorita Blake, su profesora de literatura, toca disimuladamente el brazo de Hale, y este, como no, no parece para nada alterado con el acercamiento.
Stiles quiere ir ahí, quitar esa asquerosa mano que seguramente está llena de verrugas se su Alfa, gritarle a la Beta, morderle y golpearla, incluso tirar de su cabellera si puede encontrar la oportunidad; hacer todo eso y más con tal de que nunca vuelva a ver a Derek con esas ganas de devorarlo.
—Solo yo puedo hacerlo—murmura en medio de un resoplido, y como si eso bastara simplemente, los ojos verde que conoce perfectamente están sobre él, una ceja arqueada en su dirección preguntándole mudamente que sucede.
Stiles no quiere bajar la vista, y le hace saber que está molesto todo el tiempo. Derek tampoco parece estar dispuesto a ceder, o al menos no antes de que la señorita Blake de nuevo le toque el brazo.
.
—¿Todo bien, Derek? —la voz de la mujer le devuelve a lo que estaba, y aunque realmente lo único que quiere hacer es decirle que acepta la invitación para salir a un café e intercambiar estrategias didácticas, también la quiere correr lejos de su aula.
Las feromonas femeninas que la Beta suelta es por mucho algo que cualquier Alfa puede soportar, puesto que no le harán absolutamente ni cosquillas o probablemente no pueda percibirlas, pero para Derek, quien tiene un olfato mucho más desarrollado, son claras.
Esta mujer, por más que trate de hacerse la amable, lo único que quiere es salir con él.
Y eso, al parecer, cierto omega hiperactivo al fondo del salón lo sabe, puesto que desde hace unos minutos el aroma a furia que desprende es mucho más intenso de lo que jamás había sentido antes, ni siquiera cuando se molestaban entre sí. Derek sabe que los Omegas celosos son peligrosos, lo sabe perfectamente por aquella ocasión en la que su padre casi se lanza sobre una camarera que no estaba siendo nada discreta en coquetear con su madre. Puede que en ese entonces él hubiera tenido tres años y Laura seis, pero nunca olvidara a que olía Arthur justo antes de gruñir lleno de coraje contra la pobre Omega.
Stiles está celoso, y aunque Derek le haya mirado tratando de decirle que todo está bien, comienza a pensar que eso no será suficiente. Pero no fue su culpa, él no le dijo a Jennifer que fuera a verle en medio de una clase, se sentara frente a su escritorio y tratara de entablar una charla con él.
Claro que no lo hizo.
—Todo bien, señorita Blake—dice después de unos segundos, porque aunque la mujer le dijo que estaba bien tutearla, no lo hará. Son compañeros de trabajo, anda más que eso. Jennifer no parece estar molesta por ello, sin embargo.
Incluso está sonriendo como si nada le afectara, y Derek tiene que darle puntos por ser paciente. Aunque jamás tendrá tantos puntos como los que tiene Stiles en este momento.
—Entonces, ¿Aceptas esa invitación para ir a un café?
Quiere responder, claro que sí, pero en ese momento la campana suena, y como si los estuviera corriendo los adolescentes salen disparados. Y eso es un gran error. Un gran error, porque sabe que Jennifer Blake no se ira junto a ellos, sino que se quedaran solos en una misma habitación, y si ella sigue tratando de flirtear con él de un modo menos sutil, ya no tendrá excusa alguna para rechazarla abiertamente.
Derek sabe que todo su ser quiere decirle que no, que tiene pareja y esta perdidamente enamorado de ella, pero otra, la parte razonable, piensa que es bueno tener una amiga y que un rechazo de esa magnitud solo hará que Jennifer ya no desee hablarle más. No le importaría si así fuera, pero ha estado en la escuela por más de tres meses, y al único al que le ha dirigido la palabra fue a Finstock, y solo fue para decirle que se quitara de en medio en el aula de profesores porque quería café.
Si sigue así, probablemente los demás profesores piensen que es un ermitaño antisocial, y eso, para el consejo de padres, nunca es nada bueno.
—Disculpa, pero ¿Para cuándo es tu invitación? —pregunta, más que nada haciéndose el confundido para no ser tan directo, pero Jennifer al parecer no entiende y sonríe.
Cuando la profesora está a punto de hablar, un carraspeo los interrumpe, y Derek no tiene que alzar la vista para saber de quién se trata, y tampoco puede evitar el deje de diversión que comienza a sentir. Stiles está plantado frente a ambos, y en lugar de dar miedo como su padre, es demasiado adorable verle con sus brazos cruzados frente a él, una ceja alzada—o al menos un intento de— y molestia en sus facciones.
Sí, es demasiado adorable, y Derek se muere por besar el minúsculo puchero que se forma en sus labios. De hecho, no le importaría hacerlo después de correr a Jennifer.
—¿Se le ofrece algo, Stillinski? —pregunta la mujer cortésmente, y Stiles, como no, sonríe con toda la ironía que puede reunir, entrecerrando sus ojos de tal modo que parecen navajas hechas de miel oscura cristalizada.
—De hecho sí, señorita Blake—su voz suena tan controlada, como si midiera cada gramo de sarcasmo que emplea. Derek de inmediato comienza a pensar que si Stiles sigue así, probablemente termine con un gran problema debajo del escritorio—. Pero no es con usted.
—Oh bueno—Jennifer parece en serio empeñada en mostrarse apenada—, ¿urge mucho? Porque el profesor Hale y yo...
—Sí, urge mucho—Stiles ahora está abriendo los ojos de manera inocente, y sí antes Derek dudaba, ya no queda nada de eso. Sus pantalones comienzan a apretar, un gruñido bajo naciendo en su pecho, y el Omega parece notarlo, porque de inmediato le dedica una mirada divertida. Desgraciado...—. Sé que su charla con mi Alfa puede esperar, ¿verdad? pero la cita que reservamos para el chequeo de nuestro bebé definitivamente no, ¿cierto, Derek?
Y ahí está, lo ha dicho, y aunque la parte del bebé sea una total mentira, el simple hecho de llamarle Alfa frente a otra persona, en voz alta, de esa manera tan posesiva, reclamándolo, y la imagen de Stiles cargando a sus hijos con un estomago redondo y pequeño, sencillamente es demasiado para él.
—¿Qué? —la beta pregunta confundida, mirando a Stiles y a su vientre alternativamente, como si no terminara de creérselo.
Pero Derek ya no puede esperar más en lo absoluto.
Tratando de disimular y aclarándose la garganta, llama la atención de Jennifer, quien le mira sorprendida y con los ojos desorbitados.
—Creo que es mejor que se vaya, señorita Blake—dice, y puede ver como Stiles detrás de ella sonríe con la victoria brillando en sus ojos.
Jennifer frunce el ceño un poco, pero no dice nada, levantándose con toda la dignidad que puede reunir y saliendo por la puerta.
—Ya era hora de que se fuera—bufa Stiles, de inmediato sentándose dónde ames estaba la señorita Blake y sonríendole sinceramente—. No creas que no me he dado cuenta de cómo te miraba.
—Yo me di cuenta de tus celos sin sentido—bromea, inclinándose levemente para estar más cerca de Stiles sin que este esté consiente de ello.
Él omega se sonroja de inmediato.
—Tu hubieras reaccionado igual—se queja en voz alta, y Derek niega con la cabeza, sonriendo de manera lobuna cuando hace un adorable puchero de nuevo, ya está vez, definitivamente si lo besara.
Puede que incluso llegue a morderlo.
En un movimiento rápido se coloca de pie, rodeando el escritorio y cerniéndose sobre la butaca en la que él omega está sentado, el rítmico y acelerado latido de su corazón instigándolo para por fin besarle como quería y querrá siempre; se acerca un poco más hasta estar sobre esos apetitosos labios que no hacen más que incitarlo siempre para llevarle al borde, ya sea con sus palabras o simplemente dedicándole sonrisas.
—Yo no tengo motivos para estar celoso—susurra suavemente sobre los labios de Stiles, y le siente suspirar con expectación. Derek pasa su lengua suavemente por el labio inferior, y cuando el Omega gime está más que decidido—, no hay nadie mejor que yo—termina antes de besarlo.
Sí, se lo follaria contra el escritorio.
