"Golpes emocionales"

Tengo una mejor amiga bastante ocupada pero, en aquel entonces, Santana era una persona por la cual debías esperar casi todo el tempo.

De hecho, para poder vernos aquel mes, tuve que ir hasta ella luego de que me llamara la noche anterior para desayunar y hablar de, cito tal cual me dijo: "Ciertos asuntos"

Necesitábamos ponernos al día. Yo realmente necesitaba hablar con ella y me pude dar el lujo de llegar una hora tarde a mi pastelería.

Mi pastelería. Que bien suena eso, aun me emociona.

En fin, aquel viernes a las 8:10 am yo estaba entrando en Evening Corp con una bolsa de Starbucks en la mano izquierda y una bandeja con dos cafés en la mano derecha.

- Buenos días ¿Ya llego Santana López? –Le pregunto a la que parecía ser la nueva chica que daba información en aquel piso.

- La Sra. López no ha llegado, los viernes llega generalmente a las 9:00 am. –Me responde ella sin mirar mi rostro, prefería escribía en su teléfono. Debido a la posición pude ver que estaba en Twitter.

- Me dijo que estaría aquí a las ocho… -Murmuro.

- No lo creo. –Dice sin mirarme pero yo igual asentí con la cabeza.

- Iré a esperarla -Digo aunque a ella no le importaba mucho, lo que sea que estuviera viendo en las redes sociales, era más importante que mi presencia.

Fue extraño, la primera vez que estuve en aquel lugar también llevaba comida en mis manos y al caminar hasta los sillones, que me trajeron de inmediato un recuerdo, algo se removió en mí. En ese momento no sabía si era bueno o malo. En aquellos mismos sillones fue donde conocí a Judy Fabray y donde espere a Quinn para regalarle "Un cielo de galletas"

No pude evitar pensar en que ella podía aparecer, me había dicho que volvió a Boston y verla en la fiesta de Evening Corp, significaba que estaba allí de nuevo. Eso concluí la noche anterior aunque no se lo mencione a Santana, necesitaba hablar con ella en persona.

Sé que dije que no quería hablar de Quinn y que constantemente me negaba a que la mencionaran, pero era algo inevitable. Estaba de vuelta, fue a la pastelería, fue a mi casa y seguro estaba trabajando de nuevo con mi mejor amiga.

Solo rogaba porque Santana llegara pronto para no encontrármela. ¿Para qué me hacia llevar desayuno caliente si no iba a ser puntual? Odio a las personas impuntuales; odio a las estúpidas secretarias que no miran a la cara; odiaba aquellos estúpidos sillones por traerme ciertos recuerdos y odiaba a Santana por no llegar haciendo que ocurriera lo inevitable.

La vi, allí estaba Quinn, con su falda negra a las rodillas, medias del mismo color; un suéter gris hasta el cuello y una chaqueta negra. Salió del ascensor distraída con su bolso un iPad en la mano. Fruncía el ceño de manera adorable logrando una arruguita en su frente y creo que hasta suspire cuando la vi.

Ella miro primero el lugar donde estaba la chica que no miraba la cara de nadie, bueno la de ella si la miro, luego miro a la izquierda y me vio a mi sentada; observándola como lo que era: La mujer mas hermosa que había conocido en mi vida.

Quinn camino unos cortos pasos, con muchas dudas, mientras me seguía mirando y cuando estuvo cerca de mí, no sé por qué, pero me levante aun con mi mirada clavada en la de ella.

- Hola… Hola… Rachel –Titubeó sorprendida.

- No vine por ti, vine por Santana –Dije aquello y me senté de nuevo viéndome como una idiota.

No sé porque lo hice, quizás porque pensé que me iba a tratar de convencer, de lo que sea que me quisiera convencer, como el día en que me busco en Dolce o en mi casa.

- Lo supuse…-Susurro ella y se quedo parada unos segundos mirándome en el sofá hasta que decidió irse.

Yo lo agradecí, en aquellos eternos segundos solo mire la bolsa del desayuno en la mesa frente al sofá y eso de ignorarla, pero estando ella tan cerca, no era nada fácil para mí.

Casi 20 minutos después llego mi puntual amiga.

- Siento llegar tarde, Rachel –Hablaba mientras me hacía señas para ir hasta su oficina que, afortunadamente, estaba en el extremo opuesto a la de Quinn en aquel piso– Brittany me entretuvo esta mañana, estaba hablando sobre muchas cosas al mismo tiempo y sabes que si no le presto atención se enoja. Además, mi madre me llamo para contarme que mi tío Ramón, sabes, el chiquito con bigotes que vive en Puerto Rico –Me miraba mientras dejaba las cosas en su escritorio- Pues, él tiene cáncer de páncreas, es una noticia muy triste.

- Llegas tarde. –Fue lo único que le dije luego de que terminara su monologo de excusas.

- Te acabo de decir que mi tío tiene cáncer ¿Y solo me dices que llego tarde? –Entrecierra los ojos con las manos puestas a cada lado de su cintura.

- Tú ni siquiera conoces a tu tío Ramón, solo lo mencionaste dos veces porque tu madre hacia chistes sobre un tal Ramón que se desnudaba en las fiestas familiares y que tenía un bigote horrible, luego tú te burlabas de eso –Ruedo los ojos ya sentada en la silla frente a su escritorio.

- Eres una insensible y punto. –Se cruzo de brazos.

- Y tú solo estabas teniendo sexo con Brittany en el baño; como todas las mañanas luego de que ella se queda a dormir en tu casa. –Me encojo de hombros.

- ¿Y tú como sabes tal información?

- Ella me lo dijo en una de las clases de yoga. Suele hablar mucho aunque no es permitido.

- ¡Le he dicho que no hable esas cosas!

- Es Brittany…

- Claro, por eso también te he dicho que vinieras… ¡Oh, desayuno! –Por fin descubrió la bolsa y la abrió rápidamente sacando un sándwich de pan de orégano y queso cheddar.

- Son casi las 9, deberías ya de haber desayunado –Le digo tomando de mi café.

- No, no he desayunado y deja tu mal humor.

Yo no respondí nada, espere a que probara aquel sándwich casi atragantándose. Tuvo que recurrir rápido al café que, por suerte, ya no estaba tan caliente.

Luego de que su vida ya no estuviera en peligro por comer como animal hambriento, me miro tranquila.

- ¿La viste? –Me pregunta directa.

- Si, ¿Hace cuanto comenzó a trabajar de nuevo?

- Cuando me fui de viaje la ultima vez, ella volvió. –Dice y yo asiento con la cabeza para luego tomar otro sorbo de café.

Obviamente hablábamos de Quinn.

- Yo la vi en la fiesta a la que insististe en que fuera ¿Tú sabías que iba a estar allí? –Pregunte y Santana negó con la cabeza- La vi y estaba con ese chico, Haden… Te juro que sentí de todo y nada fue bueno.

- ¿Ya ella te explico todo?

- ¿Qué me va a explicar, Santana? –Deje el café en el escritorio y me acerque apoyando mis brazos- Se fue por siete meses ¿Y ahora quiere dar explicaciones?

- Eso significa que no has hablado con ella… -Sentencia mas para sí misma que para mí.

- ¡Claro que no he hablado con ella! No merece que yo hable con ella.

- Pero quizás debas escucharla… No sé…

- Por favor –Resoplo- ¿Estas de su lado? –Me levante, no podía creer lo que me decía.

- No estoy de su lado, Rachel –Me dice mientras yo daba vueltas frente a ella- Pero si ha vuelto e intenta hablar contigo, deberías simplemente escucharla y luego decidir si no quieres que te hable nunca más o quizás… Quizás…. –Movía las manos.

- ¿Quizás la perdone? –Le pregunte deteniéndome en seco e inclinándome para verla a los ojos.

- Cualquier cosa puede pasar.

- Lo que paso fue que ella decidió marcharse y me dejo rota, ¿Eso no te molesta? ¡Eres mi mejor amiga! –Me volví a alejar.

Santana se levanto y me miró con seriedad.

- Lo eres, de hecho eres mi hermana y te quiero, al igual que si Quinn te sigue haciendo daño, yo me enfrentaría a ella para patearle su pálido trasero, pero todos merecen una última oportunidad y debes escuchar sus razones, luego decidir si son validas o no.

- ¿Qué puede ser tan válido como para que yo haya sufrido de nuevo?

- Solo inténtalo…

- Ya hablaste con ella sobre esto ¿Cierto? –Busco su oscura mirada, pero ella prefirió tomar de nuevo café y observar el sándwich a medio terminar.

- Solo me pidió que si hablaba contigo, te dijera que le dieras una oportunidad, solo que la escucharas, no que la perdonaras y creí que era algo bueno…

- Parece que te convenció de algo. –Negué con la cabeza.

- Rachel… -Espeta con voz cansada y se acerca hasta mi- Sé por lo que pasaste y sé por todo lo que has pasado antes, pero si no hablas con ella, vivirás con la intriga de saber cuales son sus argumentos, excusas o como lo llames, para haberse ausentado.

- Ok. –Le dije para luego tomar mi bolso.

- ¿A dónde vas? No hemos desayunado y te tengo que hablar de otra cosa.

- Me tengo que ir a trabajar.

- Puedes llegar tarde.

- No, no puedo llegar tarde, odio a la gente que llega tarde –Le dije antes de girar y abrir la puerta, pero antes de salir la volví a mirar- Y no vuelvas a insistir en que hable con Quinn, no estoy preparada ni quiero hacerlo ahora mismo –Le informe antes de salir.

Me estaba acostumbrado mucho a hacer aquel tipo de salidas.


El resto de mi día fue bastante mecánico, tenía un programa en el trabajo. Al llegar me senté con la contadora que, por cierto, era la misma que llevaba las cuentas de Dolce desde que fue creado por la Sra. Margot; más tarde Kurt y yo nos reunimos con un cliente que iba a hacer una mega fiesta y deseaba el servicio de ambos para todo el dulce banquete; luego de eso me interne en la cocina para verificar lo que hacían Frank y Albert. Por último… Me senté agotada en mi pequeño escritorio, solo a mirar el techo, esa fue mi única actividad durante 30 minutos hasta que fueron las 6:40 de la noche.

Les mentiría si les digo que no pensé en lo que sucedió aquel día en Evening Corp, el volver a ver a Quinn o discutir con Santana, claro que pensé en eso y lo hice mientras estaba sentada con la contadora revisando facturas; pensé en eso mientras me senté con aquel viejo y calvo hombre adinerado que pidió un inmenso banquete de dulces para su fiesta, al igual que pensé en eso mientras estaba en la cocina y, por supuesto, estaba pensando en eso cuando me senté en el escritorio.

En el momento en que ya me maldecía por tener la inteligencia emocional de una adolescente, vi que tenía la cuarta llamada perdida de Santana en mi teléfono. No las había visto antes porque lo había dejado en la gaveta.

Tres horas antes me había llamado para preguntarme si seguía molesta y simplemente respondí un "No" luego me convenció para ir esa noche a su casa para hablar de aquello que no pudimos hablar en la mañana. Resultaba que Brittany, como siempre, estaba mas emocionada por mi cumpleaños que yo misma y quizás debíamos controlar eso.

Mi teléfono vibro mientras mis ojos seguían clavados en el techo. Era de nuevo Santana:

- "Apúrate que estoy aburrida"

- "¿Por qué no estás con Brittany?" –Le escribí.

- "Tenemos que hablar sin ella"

- "¿Es un plan secreto?"

- "Ven a mi casa rápido porque quizás mi amada novia te organice una fiesta de cumpleaños con strippers disfrazadas de postres" –Respondió y yo abrí los ojos como dos platos.

- "En una hora estoy allí, hazme una deliciosa cena." –Fue lo último que respondí antes de pararme y terminar de hacer lo que me tocaba aquel día en la pastelería.

Lo bueno de tener un auto es que parece que llegaba rápido a todos lados, al menos esa fue la sensación que tuve cuando estacione el mini cooper frente al elegante edificio donde vivía Santana.

Entre en el ascensor y tararee aquella música de fondo mientras miraba los números. De verdad esperaba que Santana tuviera algo de comer. Algo que no fuera del menú de una pastelería.

- ¡Hasta que llegas, han pasado horas! –Exclama cuando me abre la puerta. Yo ruedo los ojos.

- No tarde nada.

- A mi me pareció una eternidad. –Se echo a un lado para que yo pasara.

- Deja de exagerar, mejor dame algo de comida porque muero de hambre –Espeté mientras me dirigía al sofá de su elegante sala.

Sin duda las cosas en Evening Corp iban bien porque incluso pude percibir nueva decoración. Recordé que ella, de todas formas, adora gastar y gastar dinero, pero bueno… Igual la quiero.

- Puedes comer lo que quieras, en la cocina hay de todo.

- ¿Ya tú comiste? –Le pregunto observándola desde mi cómoda posición en el sofá.

- No, de hecho voy a eso… Saldré a comer. –Parecía nerviosa.

- ¿De que hablas? –Frunzo el ceño y la detallo parada a pocos metros de mi. Si estaba vestida para salir, incluso llevaba un abrigo.

- Que tengo que salir, quede con una vieja amiga de la universidad.

- ¿Y para que me haces venir si tienes que salir? ¡Me hubiese ido directo a comer! –Alzo los brazos.

- La idea era que habláramos mas temprano, pero igual puedes… -Dejo las palabras en el aire cuando, al igual que yo, giró su rostro y vio como alguien salió del pasillo.

Quizás del baño, de una habitación, no lo sé, pero salió como un espejismo, un continuo espejismo de mi mente.

Me levante rápidamente.

- ¿Qué hace ella aquí? –Le pregunte a Santana mientras señalaba a Quinn que nos miraba desde su posición aun cerca del pasillo.

- Déjame explicarte. –Camina hacia mí.

- Me voy –Dije para tomar mi bolso y mi abrigo.

- No, no, no te vayas –Es Quinn quien habla.

- ¿Qué es esto? ¿Una intervención? –La miro a ambas- ¡Me largo!

- Rachel, por favor… -Dice Santana.

- Nada de por favor ¿Ahora ella es tu gran amiga? Pues, adiós.

- ¡No seas tan inmadura! –Grita Santana cuando casi llego a la puerta. Yo me detuve y gire lentamente para mirarla con los ojos entrecerrados.

- ¿Inmadura? –Espeté sin poder creerlo- ¿Soy inmadura por no querer escuchar a alguien que me dejo sin explicaciones?

- Por eso estoy aquí –Sentencia Quinn al lado de Santana. Yo seguía sin mirarla, no podía volver a flaquear.

- Dale la oportunidad de decirte lo que te va a decir. –Habla la latina.

- ¿No te quedo claro esta mañana lo que hablamos?

Era mi mejor amiga ¿Por qué me hacia aquello?

Santana suspiro y miro a la rubia de reojo, luego me volvió a mirar a mi.

- Sabes, sé que tienes razones para actuar así, yo probablemente hasta le hubiese dado una cachetada a Quinn –Dice y la rubia la miro abriendo los ojos con sorpresa –Si, yo lo hubiese hecho –Le responde Santana encogiéndose de hombros- Pero tú no eres yo –Me habla a mi- Tú piensas mas, tú escuchas; tú eres mejor en estas cosas.

- ¿Me estas subiendo el ego para convencerme? –Escupí aun molesta y de brazos cruzados. Quinn no dejaba de mirarme.

- No, yo solo te digo lo que eres y sé que quieres saber que le pasa. Como tu mejor amiga, te aconsejo que la escuches. –Toca el hombro de Quinn.

Parecía muy empática con ella, mas allá de su linda amistad de trabajo, parecía que algo la había tocado.

Quizás ella sabía lo que Quinn me iba a decir.

- Tienes 10 minutos. –Le dije directamente a Quinn que parpadeo sorprendida por mi respuesta positiva.

- Yo me iré, se hace tarde –Dice Santana- Las dejare solas y cuando terminen solo cierren –Hablaba rápidamente mientras se marchaba ante mi atónica mirada. Cerró la puerta de golpe y luego la abrió asomando solo la cabeza- Por favor ¡No rompan nada que me costó un ojo de la cara cada cosa que ven allí! –Sentencio antes de desaparecer definitivamente.

Yo suspire con fastidio y mire a Quinn, por fin la mire a los ojos.

Grave error.

- Entonces… Que… Que ¿Qué quieres decirme? –Carraspee sin moverme de la misma posición.

- ¿No te vas a sentar?

- No, mientras más rápido hables, mas rápido me voy y más rápido puedo cenar.

- Ok, ok… -Tomo aire y lo soltó lentamente- ¿Por dónde comienzo?

- Por el inicio sería maravilloso –Deje mi bolso en el sofá de una plaza para cruzarme mejor de brazos otra vez.

Mi actitud cerrada seguía en puerta.

- No sabes cuantas veces he ensayado esto –Me dice con una mueca de medio lado en su boca- Yo… Yo lamento mucho haber desaparecido como lo hice. En cierto punto creo que nunca me perdonaras eso, pero igual quiero que sepas que lo siento y si hubiese podido cambiarlo, lo hubiese hecho, pero no sabía cómo…

- ¿Lo tenias planeado? –Le pregunto de repente y ella ladea la cabeza confusa- Desaparecer después de Memphis, hacerme creer que estábamos comenzando algo importante y luego irte –Me encojo de hombros. Pensé eso muchas veces.

- No, claro que no –Responde rápido- Yo volví a New Bedford y luego fui con mi madre a Memphis de nuevo para arreglar los asuntos de la camioneta. Luego me quede otros días más en casa y… y…

- Y decidiste que era maravilloso no responder mis llamadas, ni mis mensajes. Simplemente desaparecer y cambiarte de oficina un mes después. ¿Así funcionan las cosas en tu mundo?

Ella bajo fugazmente la mirada hasta sus pies y luego me miro con aquellos ojos brillantes que parecían querer hablar más rápido que su boca. Siempre decían mas, siempre.

- Yo no me cambie de oficina un mes después.

- ¡No mientas! –Alce la voz y me levante.

- ¡No estoy mintiendo!

- Santana lo averiguo y me lo dijo. –Sentencie aun recordando aquella noche en que recibí la devastadora noticia.

- Ellos me ofrecieron estar allá si no podía volver a Boston y yo acepte porque no podía dejar el trabajo, pero no me reintegre a trabajar, no podía, mi cabeza estaba en otro lado y…

- ¿Y por qué no me lo dijiste? Es decir… -Cerré los ojos para relajarme, ya mi cuerpo estaba a punto de colapsar y apenas habíamos comenzado a hablar- Te fuiste, según tú no quisiste desaparecer y sin embargo, hablaste con la gente de Evening Corp; aceptaste cambiarte de oficina, pero ¿Por qué no decírmelo a mi? Fue mejor ignorar mi existencia.

- Yo no estaba ignorando tu existencia, yo solo…

- Por favor –Solté una risa irónica.

- Rachel… -Dijo y camino quedando muy cerca de mi rostro. Un letrero de peligro se vio detrás de su cabeza- Te juro que las cosas no son como las piensas, yo no me quise alejar de ti porque no me importes.

- Tranquila –Me aleje un poco- Me quedó claro la importancia que tengo en tu vida, siete largos meses dan mucho para pensar –Tome mi bolso.

- ¿No me vas a escuchar?

- Ya pasaron 10 minutos y no me estás diciendo más que estupideces, no quiero escucharte más.

- ¡Esto también es tu culpa! –Gritó y me sorprendió lo que dijo.

- ¿Estas loca, Quinn? –Pregunte atónica.

- Si, quizás estoy un poco loca, pero si desaparecí por tanto tiempo es porque tú, tú Rachel Berry –Me señalaba con el dedo- También me quebraste ¡Yo no soy de piedra! Y si crees que lo soy, pues no me conoces.

- No lo hago Quinn, ¡No te conozco, solo veo a una mujer comportándose como una niña asustada que desaparece y aparece cuando le da la gana, jugando conmigo! –Solté de nuevo el bolso con furia, ni siquiera supe a donde fue a caer- ¡Simplemente te quieres hacer la victima del cuento porque quizás no te gustó tu vida en Chicago y volviste a Boston por tu estúpido ex novio!

- ¿De qué hablas…? –Fruncía el ceño.

- No me mires así, te vi con el imbécil de Haden.

- ¡Rachel, él no tiene nada que ver en esto! –Lleva sus manos a la cabeza- ¡Solo escúchame un momento!

- ¡No te quiero escuchar porque me puedes decir cualquier cosa y no te creeré; porque cada vez me convenzo mas de que no merezco esto, Quinn! –Le gritaba muy cerca del rostro, ella simplemente oprimía sus labios tratando de detener las lagrimas- Pensé que lo estaba haciendo, pero no te conozco ¿Y sabes qué? –Entrecerré los ojos- ¡Tampoco me interesa conocerte! –Escupí mas con dolor que con razón.

- Bien, te voy a enseñar algo para que me termines de odiar –Espetaba con el rostro bañado de lagrimas.

- Mejor me largo…

- ¡No te muevas! –Gritó pero no le hice caso, trate de caminar hasta la puerta y ella me detuvo bruscamente por el brazo. Yo la mire molesta, preparada para otra embestida en aquella confusa pelea, hasta que se desabrocho la fina camisa blanca que llevaba y de golpe soltando algunos botones mientras seguía mirándome sin dejar de llorar- ¡Aquí tienes! –Me mostraba el pecho sujetando la camisa con sus propias manos, y yo lo mire.

Su pecho con un fino sujetador blanco, tenía una cicatriz en medio que, quizás, por su palidez no resaltaba tanto, pero desde mi distancia y posición, logre ver perfectamente su forma y tamaño.

- ¡Esto es lo que no conocías de mi! –Seguía hablando con la camisa abierta y las lagrimas corriendo por sus mejillas.

- No comprendo que…

- ¡Yo tengo el corazón de tu hermana! –Su voz entrecortada confeso algo que hizo que mi cuerpo temblara por completo- Yo soy una de esas malditas personas que recibió uno de sus órganos y que sé, por tu propia boca, que prefieres que estén muertas… -Terminó con voz ahogada.

Mi cabeza dio tantas vueltas que pensé que me podía desmayar y de repente hasta el aire falto por completo.

Mire a Quinn destrozada frente a mi, recordé nuestra conversación en el cementerio de Memphis y luego vi aquella maldita cicatriz en su pecho, no podía dejar de verla, pero necesitaba dejar de hacerlo.

¿Cómo podía ser posible?

Quizás esa misma noche le debí hacer muchas preguntas, quizás debí preguntarle porque no me lo dijo antes, ¿Cómo diablos oculto algo así?, pero no pude. Salí corriendo de aquel departamento y sin rumbo fijo. Simplemente camine hasta que mis piernas flaquearon en el asfalto de una de las frías calles de aquel octubre en Boston. Me sentía como una niña de nuevo, una niña que estaba por cumplir 29 años en menos de una semana.

¿Cuántos golpes emocionales me tenia preparados la vida?