"Conclusiones que marcan diferencia"

Creo que pueden existir muchas maneras de alejarse de las situaciones e incluso de personas. Hay métodos muy elaborados y otros tan simples como tomar una maleta o ignorar la existencia de aquello que, una vez cerca, nos puede hacer daño o desequilibrar a largo plazo.

Suena sencillo. Si sabes que alguien no es buena influencia, intentas no tener mucha conexión con esa persona, no se trata de inmadurez o ser esquivo, es que, después de todo, los amigos son personas que eliges e incluso las parejas, al inicio de todo, es alguien a quien puedes elegir.

Pero mi problema era otro y les contare brevemente a ver si entienden mi situación.

Quinn es una maravillosa persona; bondadosa; trabajadora; amable y también con una belleza física que te hacia mirarla más que al resto de las personas, incluso si luego olvidabas su cara. Suena como alguien fantástico ¿cierto? y lo es, pero ese alguien fantástico, por alguna extraña e inesperada razón que fabrico el universo, hizo que mi mundo, una vez más, se llenara de temores y sensaciones de angustia que pensé que podía liberar de mi mente, irónicamente, una vez que la conocí. Por ello desee con todas mis fuerzas poder alejarme de ese conflicto interno; calmar mi mente y simplemente ser una mujer de casi 29 años; trabajando en lo que amaba y con una vida amorosa tranquila; no con alguien que se alejara por meses dejándome destrozada ni que apareciera con el corazón, que creí robado, de mi hermana, pero no lo era, yo no era esa mujer y ella no era alguien mas. Ella ya estaba en mi vida.

Yo no me podía alejar de Quinn y su desequilibrio hacia mi existencia por muchas razones, pero la mas aplastante la descubrí aquella noche, o quizás ya la venia sintiendo y en mi subconsciente estaba muy marcada con todas las señales necesarias, pero jamás lo dije con claridad a nadie, ni siquiera a mi misma hasta esa noche.

Eran las 8:45pm de un lunes 15 de octubre y en la fría ciudad de Boston no estaba simplemente lloviendo; estaba diluviando con tanta fuerza que las gotas encima de mi auto sonaban como piedras y no era precisamente granizo, eso lo comprobé cuando estuve debajo del agua.

Pero antes de eso, estaba dentro de mi auto y frente a la casa de Quinn, no era el mismo departamento al que una vez fui con Santana, esta vez era una casa de tamaño mediano y con dos plantas en una famosa calle de clase media de Boston. Pude apreciar que tenía una linda fachada a pesar de la lluvia torrencial que empañaba la vista, pero el número se veía claro y era el mismo que Santana me había enviado.

Luego de 30 minutos sentada en el auto, meditando si realmente estar allí era bueno, decidí salir. La lluvia no planeaba detenerse aquella noche.

Tome un abrigo verde oscuro que tenía en el asiento trasero, eso serviría de impermeable debido su gorro, y lo coloque sobre mi chaqueta marrón americana, obviamente seguía con la misma ropa, en ningún momento regrese a mi casa luego de estar en Evening Corp. Tome una pequeña caja que tenía en el asiento de al lado y la introduje entre la chaqueta y mis costillas, no me moleste en tomar mi bolso, simplemente salí corriendo hasta la entrada de aquella casa con puerta azul y ladrillos rojos desgastados.

Toque el timbre varias veces esperando a que abriera rápidamente, solo tenía un pequeño techo sobre mi cabeza que formaba parte del marco sobresaliente de la puerta y ya mis piernas se estaban mojando. Si Quinn no estaba, sería el colmo de mis males. Di vueltas todo el día para decidirme a ir y luego use 30 minutos de excusa en el auto para que ella simplemente no abriera.

Pero si lo hizo, dos minutos después abrió la puerta con la cara desencajada debido a la sorpresa de verme allí con un largo abrigo verde de capucha y algo oculto dentro del mismo.

La mire sin saber que decirle; ella tampoco hablaba así que simplemente di un paso adelante para no terminar de mojarme y le sonreí de medio lado con algo de vergüenza.

- Rachel… Estas… Estas mojada –Espeto mirándome de arriba abajo, yo hice el mismo gesto, me mire a mi misma y luego la vi a ella con detalle.

Tenia el cabello suelto cayendo sobre sus hombros; llevaba un pantalón de chándal gris y una larga camiseta blanca con el dibujo de un delfín en ella. En sus pies solo había un par de medias blancas muy gruesas y aquella imagen me resulto infinitamente adorable.

- Yo… Yo –Titubee y saque la caja que escondía- Te traje esto –La extendí y ella la tomo sorprendida para luego abrirla y sonreír un poco.

- ¿Magdalenas? Muchas gracias –Me dice al descubrir el contenido de 2 grandes magdalenas que yo misma había preparado esa tarde.

- Si, son de la pastelería, a ti te gustan los frutos secos y bueno… -Peinaba mi cabello nerviosa. ¿Cuándo se cambiaron los papeles en estos encuentros de los últimos días?

- Si, me encantan estas –Dice rápidamente- ¿Quieres pasar? Creo que el agua quiere entrar y puedes terminar de mojarte –Me dice porque aun seguía a tan solo dos pasos de la puerta, ya no me caía agua, pero la entrada estaba abierta.

Yo me moví y entre lentamente. El calor del lugar me invadió de inmediato. Quinn me guió hasta la sala donde estaba un televisor encendido. La casa tampoco se veía muy grande por dentro, pero era linda. Tenía la escalera de frente a la entrada, solo un poco a la izquierda, y más atrás estaba una cocina sami abierta, a un costado de la misma el comedor y al frente de este, la sala que era un poco más amplia y en donde Quinn tenía muchos cuadros de diferentes tipos y entre ellos los dibujos que vi en su otro departamento.

Camine hasta pararme cerca del sofá con el abrigo verde sobre mi brazo, mire lo que ella, probablemente, estaba viendo antes de que yo interrumpiera mojada; con mi caja de magdalenas y rostro de no saber qué diablos decir. Estaban pasando un documental sobre el origen del universo en Discovery y sobre una mesa, frente al mueble, estaba un rompe cabezas de algo que no logre descifrar pero la caja estaba en el piso y decía: "1.200 piezas" Yo fruncí el ceño y la vi a ella que me observaba aun sorprendida con su adorable vestimenta.

Llegue una de las primeras conclusiones aplastantes de aquella noche y es que quizás Quinn parecía la personas más aburrida del planeta haciendo esas fabulosas actividades, sola y en un día de lluvia, pero me sentía sumamente feliz al verla de esa manera.

- Entonces… -Comienza a hablar ella, quizás quería una respuesta más concreta que la caja de magdalenas; sobre todo, luego de que en la mañana salí de su oficina algo consternada y sin despedirme - ¿Cómo sabes mi dirección? ¡Oh, lo siento! ¿Me prestas tu abrigo? –Me pide y yo le tiendo el que sostenía para que ella lo dejara en un perchero, luego me quito la chaqueta y la dejo sobre el brazo del mueble quedando así solo con mi blusa blanca y aquel pantalón húmedo hasta las pantorrillas.

- Santana me dio hoy tu dirección. Siento si te interrumpo –Le respondo viendo, el rompecabezas y la TV, fugazmente.

- No, solo comenzaba eso –Señala la mesa- y veía algo de televisión –Se encoje de hombros- ¿Quieres algo de tomar? O quizás… Algo más seco –Mira mi pantalón. Estaba siendo muy amable.

- No, estoy bien, gracias.

- Bien. Si hubiese sabido que venias, no me hubiese tardado en abrir, no escuche rápido el timbre porque estaba arriba buscando algo –Sentencia mientras se sentaba en una esquina de la mesa donde estaba el rompecabezas; yo hago el mismo gesto pero en el sofá frente a ella.

- Si, quizás te debí haber llamado.

- ¿Por qué no lo hiciste?

- Borre tu número y no se lo pregunte a Santana de nuevo –Confieso y ella baja la mirada hasta sus manos.

Pero eso que dije fue otra excusa, no la llame porque simplemente no me atrevía, no por no tener el número guardado. Si bien una vez lo borre cuando pensé que ella nunca iba a volver, ya me lo sabía perfectamente de memoria.

- ¿Y has venido solo a traerme magdalenas? –Pregunta luego de un breve e incomodo silencio.

- No… Yo… He estado pensando en lo que dijiste esta mañana y por eso he venido. Quiero saberlo todo -La mire a los ojos y comencé a hablar de mi verdadera visita a su nueva casa- Quiero saber cuáles son esas pruebas que dices sobre el trasplante del corazón de mi hermana, es decir…-Hice una pausa asimilando de nuevo aquello- El que ahora es tuyo; quiero saber cómo fue y donde fue. Quiero saberlo todo, Quinn, necesito saberlo.

- Bien, yo puedo mostrarte lo que tengo –Me dice levantándose - Te mostrare que paso con el corazón de tu hermana, espérame un momento.

- Si, pero no solo eso –Me levanto también cuando ella se disponía a subir las escaleras. Yo me acerque unos pasos antes de que llegara al primer escalón.

- ¿Qué más quieres saber?

- No solo se trata de Lea, yo quiero saber de ti… -Mire inconscientemente a mi alrededor- Siento que luego de esto me he perdido de todo lo importante. Ni siquiera sé porque no me habías dicho que tenias un trasplante. Quiero saber esa parte de tu vida, tu enfermedad, que te llevo a tener ahora el corazón de mi hermana. Creo… Creo que realmente necesito saber todo eso ahora mismo, no puedo seguir con estas confusiones –Alce los brazos para luego bajarlos y suspirar con pesadez.

Quinn solo miro sus pies unos segundos para luego volver a mi rostro y asentir con una débil sonrisa.

- Te contare y te diré todo lo que necesites saber ¿Tienes tiempo?

- Todo el que quieras.

Ella volvió a asentir con la cabeza para luego perderse escaleras arriba. Yo volví al sofá para sentarme y mirar aquel documental en donde hablaban del esqueleto del universo, o eso creo haber escuchado, tampoco le preste mucha atención, pero Quinn tardo varios minutos en bajar y cuando lo hizo, llevaba en sus manos algunas carpetas.

- Lo siento, no encontraba esto, por un momento pensé haberlas dejado en New Bedford.

- ¿Qué es eso? –Le pregunto cuándo se sentó a mi lado y dejo las carpetas sobre sus piernas.

- Son registros médicos, me los traje de New Bedford cuando volví hace poco, mi madre no aun sabe que los saque, pero supuse que en algún momento te los podría mostrar si preguntabas.

- ¿Por qué necesitaste un trasplante de corazón? –Le pregunte lo esencial. Ella se acomodo mejor para estar frente a mí y dejo los papeles en medio de ambas, pero cuando iba a hablar la interrumpí- Espera, primero dime ¿Por qué nunca me dijiste que tenias un trasplante?

- Yo te lo iba a decir, probablemente en aquel viaje, pero… -Divaga negando con la cabeza- No lo sé, es algo de mi vida que vivo de una forma amarga y dulce –Confiesa arrugando el rostro- Pase mucho tiempo adaptándome e intentando ser una persona normal simplemente por eso; quizás en el fondo no quería que me trataras con manos de seda por saber que había estado muy enferma. Muchos creen que soy demasiado frágil y por eso no se los digo a la primera.

- ¿No confiabas aun en mi? –Le pregunto con algo de inevitable dolor.

- ¡Claro que si! Por eso te digo que en ese viaje te lo iba a decir, te iba a contar cada cosa y era la última que me faltaba.

- Esa debió haber sido la primera… -Le digo pero de inmediato trato de avanzar el tema- Ok… Ahora dime, ¿cuál es tu historia?

Ella toma aire, tal vez para ganar fuerzas y comenzar a relatar.

- Cuando tenía cuatro años me desmaye mientras jugaba, me hicieron las miles de pruebas que te puedes imaginar y me diagnosticaron insuficiencia cardíaca.

- ¿Con solo cuatro años? –Pregunte con asombro.

- Si, solo cuatro años, mis padres dicen haberse sorprendido porque al nacer no tuve complicaciones, pero mi corazón no era tan fuerte y en ese entonces lo descubrieron. –Busca entre las carpetas y encuentra una hoja tipo formulario escrita a bolígrafo- Esto fue cuando comencé el tratamiento siendo niña, no sé si a los cuatro porque fueron muchos años, pero puedes verlo- Me la tiende y yo la mire por encima, quería saber más de la historia por su boca.

- ¿Y qué paso luego de este tratamiento? Supongo que no funcionó.

- Si funciono por un tiempo, duro exactamente tres años en donde tenía visitas muy regulares al médico y evitaba hacer las actividades que hacían otros niños, como saltar y correr por todos lados o comer cualquier tipo de golosinas, yo llevaba un estilo de vida bastante triste para una niña de esa edad, pero no tuve recaídas en esos tres años y mis padres se ilusionaron hasta que las cosas se complicaron mas cuando cumplí siente años y me tuvieron que intervenir rápidamente porque una arritmia estaba afectando mis pulmones; luego de esa operación, volví a tener un tiempo de estabilidad.

- ¿Y hacías cosas de niños de tu edad? Es decir, ¿Cómo era tu vida cuando no estabas en el medico?

- Sabes, a veces no logro recordar mi vida cuando no estaba en el médico -Dice y aquello podía parecer una broma pero no sonrió- La cuestión es que cuando no estaba en el médico, estaba en casa, casi siempre estuve en casa vigilada por mis padres y tomaba clases allí.

- ¿Hasta que fuiste a la universidad?

- No, pero casi –Aclara- Luego de esa primera operación, me sentía bien, pero igual mi vida seguía con muchos cuidados, además mis padres, por lo obvio, comenzaron a ser muy sobreprotectores; pero en ese tiempo fue que decidieron tener a Sam, porque luego de la operación yo parecía estar mejorando cada vez mas y al pasar del tiempo no recaí, así que cuando cumplí 9 años volví al colegio.

- Para tratar de tener una vida normal…

- Exacto y cuando cumplí 10 años, él nació y todo era perfecto. Un nuevo niño; yo en el colegio y sin recaídas, incluso hice un par de amigos y era como estar en Disneyland, pero cuando Sam tenía tres meses de nacido, yo tuve un fuerte mareo en el colegio y me llevaron a urgencias, desde ese día todo fue muy oscuro y lo recuerdo perfectamente, tenía diez años y era muy consciente. –Hace una pausa y humedece sus labios- No me dijeron exactamente que pasaba, pero mis padres me anunciaron que debía volver a casa y fue devastador saber eso, yo quería seguir teniendo una vida normal, pero no podía, en esos meses iba regularmente al médico y comencé otro tratamiento con mas dietas raras y cosas que odiaba tomar, ese mismo año, sin saberlo, entre en la lista de trasplantes. –Confiesa y toma otra carpeta para extendérmela- Allí esta parte de esas solicitudes firmadas por mis padres, pero realmente nunca las vi hasta hace poco que decidí buscar.

Yo la tome, pero no la abrí, la deje sobre mis piernas y puse la mano encima para luego mirarla a ella. Quería saberlo todo, pero realmente no me apetecía ver documentos porque le creía cada palabra, ahora si lo hacía, quizás siempre lo hice.

- ¿No llegaron trasplantes en ese entonces?

- No, estuve cinco años estudiando en casa; con una vida aburrida; a veces con dolor; mis padres encima de mi; de vez en cuando mi abuela y con casi ningún amigo excepto algunos primos que veía para fiestas familiares. Llevaba un tratamiento estricto y algunas veces me tenía que internar en el hospital, incluso viajamos en avión porque no tenía permitido ir en auto para ver a otros médicos en el país, pero no logre encontrar un corazón en esos cinco años.

- Que complicado y angustiante para tus padres. –Concluyo metida en el relato.

- Si, ellos se llevaron la peor parte porque, a pesar de mis malestares, me sentía tranquila cuando me trataban y la mayoría del tiempo lo mataba dibujando, de allí nació mi afán por estudiar lo que estudie, sirvió de algo el tiempo muerto –Sonríe y yo hago lo mismo de nuevo suspirando por ese simple gesto.

- Entonces, déjame recapitular –Deje la carpeta de nuevo sobre el resto de papeles y me senté erguida para analizar lo que me había dicho- A los cuatro supieron que tenias problemas con el corazón, a los siete te operaron; a los diez recaíste y entraste en la lista de trasplantes –Quinn asintió a todo eso- Luego tuviste una vida aun mas complicada esperando el corazón... Por… ¿Cuánto?

- Cinco años esperando un corazón.

- Bien… Ahora dime… -Tome mucho aire para relajarme antes de entrar en aquel punto- ¿Cómo ocurrió todo cuando ese corazón llego?

Quinn mira sus manos y luego toma la ultima carpeta de la fila, pero no me la da, la deja sobre sus piernas y la mira unos segundos antes de volver hacia mí con una expresión vulnerable que me traspasaba por completo.

- Yo me estuve tratando, en aquel entonces, en el hospital infantil de Kansas, iba cada cierto tiempo en el último año antes del trasplante, y en un viaje, justamente allí, tuve una fuerte recaída y dure hospitalizada dos meses. Ya tenía quince años y realmente no tenía otra oportunidad porque mi corazón era muy deficiente a esas alturas.

- ¿Y qué te decían sobre la lista de espera para trasplantes?

- No había uno compatible y disponible porque cuando llego uno, semanas antes, era para una señora que estuvo antes que yo y también estaba muy mal. Así que no tenía muchas oportunidades excepto… -Se detuvo y bajo la mirada una vez más, yo sabía lo que venía y ella no lo quería pronunciar.

- Excepto por mi hermana.

- Si, excepto por ella, pero su corazón, efectivamente, iba para un chico de Chicago, tal como te dijeron, sin embargo, al final no aprobaron el trasplante porque él tuvo otras complicaciones y mis padres recibieron la llamada, había un corazón en el hospital de Memphis y lo iban a enviar inmediatamente para Kansas donde yo lo estaba esperando.

Cerré los ojos por un momento, necesitaba procesarlo todo de la mejor forma. Escuchar el relato de Quinn me hacia recordar la terrorífica noche que pase en la sala de espera mientras Lea estaba muriendo, esa misma noche, irónicamente, Quinn también moría esperando un corazón. Nada fácil de digerir.

- Que difícil es esto… -Dije pasando mis manos sobre el rostro.

- Si quieres podemos seguir otro día y…

- ¡No, no! –Dije rápidamente e incluso elevando la voz- Continua, es solo que… No es fácil ¿Sabes? Esa misma noche yo estaba en Memphis cuando llevaron a Lea y de repente me dijeron que murió y donaron sus órganos cuando ni siquiera me permitieron verla antes de desconectarla –Volvía mi tono de rencor- He odiado tanto a esas personas y por tanto tiempo… -Espete entre dientes.

- Rachel, tu hermana era donante, este documento lo certifica –Abre la carpeta y me la muestra- Es un poco duro escuchar que digas que robaron su corazón, entiendo tu dolor, pero ella si era donante.

Esta vez sí mire los documentos que tenía en mis manos, no era solo un documento medico mas del montón, era algo bajo un marco legal y estaba el proceso del trasplante junto con una copia que certificaba a Lea Berry como donante una vez que, sufrido un lamentable suceso, ella quedara en estado vegetal.

Trague grueso al leer todo aquello, jamás había visto ese documento pero parecía muy real porque incluso estaba fotocopiada la firma de mi hermana.

- Yo no tenía idea de nada de esto… -Susurre evitando las lagrimas y luego me levante para tomar aire de nuevo, no quería desplomarme con tantos sentimientos.

Quinn se levanto también y me miraba entre nerviosa y expectante. Luego de unos minutos en silencio y en donde, sin duda, ya habían algunas lagrimas corriendo por mi rostro, ella se acerco valiente y las limpio con delicadeza. Yo me deje llevar, me perdí en sus ojos y en aquel simple gesto que me reconfortó.

- Rachel, yo daría todo porque no hubiese sido de esta manera, que tu hermana no hubiese muerto esa noche y no tuvieras que pasar por tanto dolor –Tomaba mis manos con fuerza- Y sé que no crees en Dios, tampoco sé si crees en el destino o lo que sea, el mundo gira de una forma misteriosa, pero eso sucedió y si tu hermana no hubiese muerto aquella noche, yo no estaría hoy aquí porque no tenía otra oportunidad, esa era la última. –Sentencia dejando caer también un par de lágrimas.

La mire, entendí su dolor y a la vez su alivio, su tristeza, pero tambien sus palabras libres de culpa. Ella no tenía nada que ver con el trágico accidente de Lea y Dianna, pero si ellas no hubiesen cometido el error de ir por aquellas frías carreteras y tener ese accidente, quien estuviera muerta ahora mismo fuera Quinn y yo jamás la hubiese conocido.

No podía decir que la vida era del todo justa porque, sin duda, daría todo por tener a mis padres y a mi hermana conmigo, pero luego de esa última perdida pude tener a Quinn. Entre dolor, frustración y confusión, había algo de felicidad dentro de mi pecho porque mi hermana no murió en vano, su muerte salvo a la mujer que ahora estaba frente a mí y a la cual decidí abrazar con todas mis fuerzas mientras ella se inclinaba y hundía su rostro en mi cuello. Estuvimos así por mucho tiempo, no sé exactamente cuánto, pero nos sentimos mutuamente y en esa noche lluviosa del 15 de octubre en Boston; llegue a la segunda conclusión aplastante: Yo no me podía alejar porque estaba perdidamente enamorada de Lucy Quinn Fabray y no había vuelta atrás.