"Algunos dicen que el amor es hambriento

Un interminable dolor de necesidad

Yo digo que el amor es una flor

Y tú eres sólo una semilla."


"Amor"

- No puedes estar hablando en serio, Rachel –Me decía Santana con los brazos cruzados en medio de aquella acera.

- Si hablo en serio y ya no te detengas más porque muero de frio. –Suplico. Aquella noche, en especial, estaba haciendo más frio que en todo el mes.

- ¡Pero la llevaste a un funeral! ¿Estás loca? –Abría los ojos como platos, una vez más.

- ¡¿Qué tiene de malo? Él fue importante para animarme a conocerla y ella no se molesto cuando estuvo allá. –Me cruzo de brazos también.

- Primero haces un viaje en donde comen cosas asquerosas, las persigue un alce; se les cae una tienda encima en medio del bosque; un grupo de brujas las iba a quemar-

- Se llaman Amish –Corrijo pero ella alza la mano y sigue conteo. Yo ruedo los ojos.

- También terminaron en la cárcel…

- Querrás decir: terminamos, porque estabas allí y te recuerdo que por culpa de tu novia, nos encerraron.

- Ay, Rachel, siempre guardando rencor –Negaba con la cabeza la muy descarada- El punto aquí es que Quinn te debe querer mucho.

- ¿Por qué lo dices? –Me mostré interesada, era inevitable.

- Después de todo lo que ha pasado ¡La llevas a un funeral como cita y te sigue hablando!

- ¡No era una cita! –Le vuelve a recordar- No al inicio.

- Pero terminó en cita ¿No? –Me inquiere con su gélida mirada de abogada del diablo y yo solo asentí con la cabeza- Bueno, si soporta eso y toda la mierda que ha sufrido, entonces soporta lo que sea… No la dejes ir.

- Gracias por tus consejos, ahora ¿Podemos ir ya a donde tenemos que ir? No sé si te has dado cuenta, pero hace un jodido frio que me está congelando los dedos de los pies –Miro mi propio calzado algo descubierto y luego a Santana que también subía su abrigo para entrar en calor.

- No todavía, tenemos que esperar un minuto más. Además, estamos casi en noviembre, deberías usar botas en esta maldita y fría ciudad.

- Me dijiste que viniera linda a cenar y por eso llevo un vestido y zapatos lindos –Explico feliz por mi atuendo de vestido azul marido, un poco debajo de las rodillas, y aquellas sandalias altas con negro y azul que me estaban congelando los dedos- ¿Y para que tenemos que esperar un minuto más? Muero de hambre –Mostré un puchero infantil y ella rodo los ojos caminando unos pasos, muy despacio para mi gusto.

- Porque tenemos reservación para dentro de –Mira la hora en su teléfono- cinco minutos, y estamos cerca. No llores tanto que tu novia seguro te espera hoy en casa.

- ¿De qué hablas?

- De Quinn.

- Quinn no es mi novia, no hemos vuelto –Le digo mirando al frente y caminando con la misma lentitud que ella lo hacía, mi gabardina estaba siendo poco eficiente para bloquear el viento frio en aquel movimiento.

- ¿No es tu novia? –Niego con la cabeza- Pero supongo que solo faltará nombre porque anoche fueron a una cita, luego de un jodido funeral, y se besaron 40 minutos dentro de tu auto antes de que entrara en su casa.

- ¡Sabia que no te tenía que haber contado nada, ahora dirás estas cosas y ella se pondrá incomoda!

- ¡Yo no diré nada, no seas paranoica!

- Lo que sea, no quiero arruinarlo, aun estoy asimilando toda esta información respecto a la vida de Quinn y estamos tratando de ir de la mejor forma, conociendo hasta el mínimo detalle de la otra.

- Me parece perfecto, ya hoy cumples 29 años y es hora de madurar, Berry –Dice con una sonrisa que me pareció bastante misteriosa, sobre todo porque me sonreía a mí y al local frente a nosotras.

- ¿Qué pasa? –Entrecierro los ojos.

- Entremos aquí.

- No hay mucha luz ¿Aquí comeremos?–Le pregunto pero no me responde, caminó hasta la puerta y me toma de la mano para abrirla rápidamente y entonces encontrarnos con aquello.

- ¡SORPRESA! –Fue el grito de un pequeño grupo con sombreros de cumpleaños, algunas pelucas, globos y serpentinas.

Yo estaba teniendo una fiesta sorpresa.

- Santana, ¿Qué es esto? Pensé que habíamos desarmado la fiesta sorpresa de Brittany –Le susurro a mi amiga que estaba tocando un pito y no sé de donde diablos lo saco.

- No te preocupes, no habrá desnudos ni drogas, ni arrestos, tú solo disfruta y ¡Feliz cumpleaños! –Me abraza con fuerza, como cada año, mientras me dejaba varios besos en la mejilla para luego irse, probablemente, por un trago.

No tuve tiempo de hablar mucho, ni preguntar cómo estaba ocurriendo todo aquello porque en dos segundos Brittany me estaba asfixiando en un abrazo y luego Kurt y luego Lucy y luego ¿Albert? Si, allí estaba al igual Frank, mis compañeros de siempre en Dolce. También estaban otras personas que solo conocía de vista pero que me saludaron muy amable. Me imagino a Brittany enviando invitaciones por doquier, pero no eran más de 20 personas.

- Rach, sé que no te gustan las sorpresas y espero no te enojes conmigo, Santy evito que hiciera muchas cosas en esta fiesta, incluso cancele a los malabaristas, pero creo que quedó lindo ¿Verdad? –Me pregunta la rubia de ojos azules y yo no pude más que asentir con una sonrisa.

- Esta todo muy lindo, muchas gracias, Brittany. –Nos abrazamos de nuevo y cuando ella se alejo, dejando en mi cabeza una gran corona y una banda de Miss pero que decía "Birthday Girl" yo, como pude, me desprendí de mi abrigo para ver donde estaban los tragos y quizás algo de comida, observe por encima aquel pequeño y lindo bar que habían alquilado, aunque ningún adorno, o persona, era tan lindos como lo que vi luego.

Era Quinn, mi linda, radiante, rubia y adorable Quinn con uno de sus lindos vestidos estampados, esta vez uno en distintos tonos verdes y se acercaba a mí con una tímida sonrisa en sus labios.

- Hola, cumpleañera. Esperaba a que todos te felicitaran para poder venir yo –Dice por lo bajo sin dejar de mostrar sus dientes y yo, por supuesto, también mostré los míos.

- Hola, ¿Te han invitado ese par de locas?

- Así es, feliz cumpleaños, Rachel –Sentencia antes de abrazarme con fuerza y regalarme el placer de oler su delicioso perfume.

Nos separamos segundos después sin poder, y sin querer, ocultar las sonrisas que iban al compás de nuestras miradas cómplices. Quizás por aquellos minutos de maravillosos besos en mi auto la noche anterior, o quizás por todo lo que nos dijimos antes de ellos, o tal vez por las risas compartidas mientras comíamos la mejor pizza de Massachusetts, pero éramos cómplices de algo que a esa altura era imposible de ocultar.

- ¿Vamos por algo de tomar? –Le sugiero.

- Por supuesto, lo que diga la cumpleañera. –Dice divertida.

Caminamos hasta la pequeña barra en donde un atento chico nos sirvió. Una cerveza para mí y un coctel con poco alcohol para Quinn.

- ¿Tratando de no tomar mucho hoy? –Le digo antes de probar de mi jarra espumosa.

- Si, creo que desde la última vez, trato de no abusar mucho de las bebidas alcohólicas.

- ¿Y la última vez fue en…?

- Si, en Memphis. –Afirma y yo solo asiento con la cabeza. Sin duda aquel pudo haber sido un nuevo trauma.

- Bueno, no te culpo, quizás volver a probar alcohol en una fiesta donde este Santana y Brittany, no sea tan buena idea. –Digo y ambas comenzamos a reír.

Al dejar de reír nos seguimos mirando y de nuevo con esa extraña y maravillosa conexión que venía sucediendo desde que me saludó, como si aquella noche fuera diferente a muchas otras, y apenas iba comenzando.

- ¿No sospechabas nada de esto? –Me pregunta rompiendo el encanto de nuestra lucha de miradas y yo miro fugazmente alrededor del bar. Estaba Kurt bailando con su ex novio Blaine, algunos amigos de Brittany que también yo conocía. Incluso Albert había llevado a su esposa.

- La verdad es que no sospechaba, Santana me dijo que íbamos a cenar –Me encojo de hombros- Le dije que no quería una fiesta sorpresa y según ella, había desmantelado la que me iba a organizar Brittany.

- Bueno, esta la hizo Brittany y todo parece muy confiable –Me dice frunciendo el ceño divertida mientras asentía con la cabeza.

- Si, hasta ahora todo parece muy confiable, con ella nunca se sabe.

- De todas formas, hoy mereces diversión –Me mira de arriba abajo y de nuevo aquella mirada diferente pero fascinante- Además estas muy hermosa hoy. –Comenta haciendo que tragara grueso porque su tono fue más sexy de lo que alguna vez había escuchado.

¿Que estaba sucediendo? De repente hubo calor.

- Gra… Gracias –Titubeo como idiota- Ya tengo 29 años.

- Y yo tengo 28 –Añade y yo abro la boca para preguntar cuando los cumplió entre aquellos meses de ausencia, pero ella respondió antes- Fue el 5 de julio, no hubo gran celebración, mis cumpleaños suelen ser más aburridos que el letrero de Scranton. –Comenta aquella referencia que me revolvió los recuerdos.

Primero, menciono la frase que mi hermana siempre decía y segundo, lo hizo porque yo misma se lo comente cuando estuvimos en aquel pequeño lugar donde nací. Me quede muda un rato, conectando puntos y no sé por qué, pero me gustó.

- Seguro habrán cumpleaños más divertidos para ti. –Toco su nariz con gracia y ella la arruga divertida.

En ese momento una ráfaga llamada Lucy, nos interrumpió. Quinn cambio el gesto rápidamente, aun parecía inevitable para ella estar relajada delante de mi vecina, empleada y amiga.

- ¡Rachel Berry! –Lucy me abraza y luego me suelta para mirar a su compañera. A Quinn solo la miro de reojo y creo que movió la cabeza, no estoy muy segura- Te quiero presentar a Mandy –Me señala a la chica de tez morena y cabello rizado que, batiendo sus grandes pestañas, se acerco para felicitarme.

- Hola, feliz cumpleaños, Lucy me ha hablado mucho de ti –Me tiende la mano.

- Muchas gracias por venir, ella es Quinn –La señalo y Mandy le estira también la mano- ¿Y que te ha dicho Lucy de mi? Espero que todo sea muy bueno. –Fijo una mirada molesta hacia mi amiga.

- Por supuesto, dice que eres la mejor chef repostera del mundo y que además eres una gran amiga que la deja ver todos sus programas musicales y, de vez en cuando, Netflix porque ella no quiere pagar ni 7 dólares. –Comenta Mandy con mucha seriedad y me comenzó a caer fenomenal, incluso Quinn soltó una pequeña risa que disimuló.

- ¡Oye, yo pague Netflix por un mes!

- No pagaste, lo usaste, pero fue tu mes gratis, Lucy –Le recordé y todas reímos, si incluso Quinn.

- Mejor vámonos a bailar antes de que me sigan dejando en ridículo –Comenta Lucy llevándose a Mandy con ella que solo nos regalo una sonrisa a Quinn y a mí.

- Al parecer Lucy tendrá novia –Comento.

- Pensé que era solo su amiga. –Responde Quinn.

- Eso dice, pero se nota que le gusta.

- Entonces me alegra, así deja de estar encima de ti. –Dijo sin ningún afán de querer ocultar aquello.

Yo dejo mi cerveza en la barra y la miro divertida antes de acomodar mi corona de cumpleañera.

- Lucy, probablemente, jamás deje de estar encima de mi, Quinn… -Le digo y ella rueda los ojos con fastidio- Pero no es porque ella vaya a insistir en que tengamos algo más que una relación de amigas –Aclaro- Es que Lucy es así, intensa.

- Y está enamorada de ti –Espeta entre dientes.

- Si, lo está –Añado para sorpresa de Quinn, porque era la primera vez que yo admitía aquello respecto a Lucy- Sé que lo está, quizás antes lo sabía y solo lo quería negar, pero ella sabe que mi corazón quiere otro compañero, así que será mi amiga y créeme que es muy buena en eso.

Quinn baja la mirada un momento hasta sus pies para luego suspirar y mirarme con algo de pena, quizás por no poder controlar sus celos.

- Siento si te molesta que reaccione así con Lucy, pero es inevitable, prometo trabajar en eso…

- No te preocupes, yo aun necesito trabajar en ciertas cosas también, como por ejemplo ¿Haden? –Hago una mueca de medio lado con la boca- Aun me sigue pareciendo el ser mas pretencioso del mundo, pero es tu amigo.

- Entonces estamos a mano.

- Si, estamos a mano –Le digo y justo tomo su mano para alejarla de la barra.

- ¿A dónde vamos?

- A bailar –Le digo para luego darle un pico en los labios y guiarla hasta el lugar donde también bailaban Lucy y su posible nueva novia.

Seguíamos siendo las peores bailarinas del mundo, pero bailamos juntas y se sintió como Dancing with the stars.

La noche paso entre bailes, bebidas, deliciosos aperitivos que escogió Kurt, algunos juegos inventados por Lucy, risas con personas que hasta hace poco solo eran simples conocidos, pero que parecían buenas personas y claro, también estaban mis amigos, pero nada fue tan maravilloso como pasar aquel cumpleaños con Quinn. Mi primer cumpleaños con ella, la chica que llevaba el corazón que una vez rogué encontrar.

Tuve un pastel de dos pisos con mi rostro en el y fue bastante vergonzoso, sabía que era idea de Santana o Brittany, ya que Lucy no lo iba a sugerir y Kurt no me iba a hacer aquello con sus manos, pero no reproche, porque todos estaban muy borrachos y porque después de todo… Los quería un montón.

Eran cerca de las 2:00 am cuando Quinn y yo salimos de aquel bar. Ya casi todos se habían ido, no sin antes felicitarme de nuevo, así que decidí escapar de la última ronda de karaoke de Lucy y Santana que se quedo con mi corona y banda de Birthday Girl.

Quinn me sujetaba el brazo con fuerza, no había tomado mucho, solo un par de cocteles y yo otras cervezas, pero en nuestros cuerpos estaban los rastros del cansancio de la noche.

Ambas decidimos compartir taxi debido a que yo no había llevado auto, así que subimos al primero que encontramos y ella dio su dirección antes que la mía. Estuvimos en silencio todo el camino, que tampoco era mucho, pero en el trayecto hubo el suficiente tiempo para seguir con aquellas cómplices y mágicas miradas que veníamos dándonos desde que nos saludamos, al igual que el roce de nuestras manos y los suspiros que eran imposibles de controlar en ese pequeño espacio compartido con un desconocido.

Al estacionar frente a la casa de Quinn, yo la mire en silencio y ella me correspondió el gesto hablando con los ojos, simplemente haciéndome una invitación que no podía rechazar.

Ella pago el taxi y se bajo dejando la puerta abierta para que yo la siguiera y así lo hice. Me baje detrás de ella, con el bolso en el hombro y las manos dentro de mi gabardina para evitar el frio mientras Quinn buscaba las llaves.

Había relámpagos y olor a humedad aquella madrugada que seguía fría. De nuevo se aproximaba la lluvia y de nuevo yo estaba en la casa de Quinn, pero con otras sensaciones.

Pasamos por la puerta y nos quitamos los abrigos, al igual que dejamos nuestros bolsos en un lugar que no logro recordar porque mis sentidos estaban muy ocupados en esa imagen ansiosa, hermosa y feroz frente a mí. Porque si, Quinn tenía una mirada diferente esa noche y en ese instante, era diferente a la que tuvo en toda la fiesta. Era una mirada de deseo; una mirada que me invitaba a hacer cualquier cosa y, por supuesto, no me iba a negar a hacerlas. Fue ella quien atrapo mis labios en un beso delicado que poco a poco dio paso a algo más húmedo y sensual en el juego de nuestra lenguas.

Besar a Quinn es estar en un paraíso portátil, uno del cual no me canso de agradecer, al igual que también agradezco el hecho de que ella me estuviera tocando como lo estaba haciendo. Coloque mis manos sobre su cintura y ella tenía las suyas recorriendo toda mi espalda con leve presión en sus dedos hasta llegar a mi trasero y apretarlo sin ningún tipo de pudor. No pude evitar gemir sobre sus labios, abriendo la boca casi al máximo porque en ese punto la excitación era tal que incluso senti un escalofrío recorriendo toda mi espina dorsal con tan solo ver su mirada oscura al separarse de mis labios y, de nuevo sin palabras, me invito a seguirla escaleras arriba.

Entramos a su habitación; estaba oscura y ella la ilumino enciendo una lámpara que daba una luz perfecta acompañada de los relámpagos que se colaban por las cortinas.

Quinn me miró fijamente a los ojos antes acercarse y, justo frente a mi, quitarse los zapatos y aquel lindo vestido, dejando así su pálido cuerpo con un conjunto negro de ropa interior de encaje que la hacían lucir como una diosa. Recorrí todo su cuerpo con mis ojos, no quería perderme ningún detalle de su anatomía, la misma que en los próximo minutos planeaba besar hasta quedarme sin energía.

Vi de nuevo la cicatriz en su pecho, aquella cicatriz que significaba tanto para ella y tanto para mí a esas alturas. No me incomodaba, no me sentía extraña, me sentía en paz después de todo.

No quería apresurarme, en ese punto comprendía que con Quinnn importaban los detalles más simples y que, a pesar de nuestras ganas, teníamos que ir despacio en aquella primera vez juntas, al completo.

Suspire tratando de calmar mi acelerado corazón e hice lo mismo que ella. Me quite los zapatos y el vestido azul para quedar frente a Quinn en ropa interior. Me miro de pies a cabeza y sonrió satisfecha, aunque de repente sentí pudor, pero aquello se esfumo cuando luego nos besamos con la misma pasión que lo hicimos a la entrada. Caminamos envueltas en nuestros brazos; tropezamos la cama y Quinn cayo de golpe conmigo encima. Eso ocasiono risas por parte de ambas.

- Eres la chica más hermosa de esta galaxia. –Me susurra ella luego de que dejamos de reír, aun en la misma posición, yo encima de ella.

- Quizás la segunda más hermosa, porque la primera eres tú –Comento llevando un mechón de cabello detrás de su oreja y luego besándola lentamente.

Ella gimió al sentir mi rodilla sobre su entrepierna y abrió los ojos.

- Rachel… Yo… Yo jamás he estado con una chica y no sé si…

- Shhh –La calle con un dedo y luego le di un fugaz beso- Sera mas natural de lo que te imaginas. Solo haz lo que tu cuerpo y mente te dicten, yo estaré satisfecha con eso. –Le dije y ella mordió su labio inferior antes de sentarse en la cama y mirar mi cuerpo.

Quinn me tomo por el cuello e introdujo su lengua en mi boca sin ningún tipo de delicadeza, quizás era la primera vez que lo hacía con tanta fuerza, pero no me importó porque mi cuerpo iba a explotar si no teníamos ese tipo de contacto.

Ella me quito el sujetador para luego mirar fascinada mis pechos, me sentí expuesta, excitada, pero feliz y más cuando decidió acariciarlos con delicadeza mientras mordía su labio conteniendo el deseo.

Yo también quite su sujetador para luego hacer que se acostara en la cama y besar desde su cuello, pasando por sus pechos y llegar así a su ombligo en donde me quede repartiendo besos mientras mi mano iba bajando levente lo que quedaba de su ropa interior. La quite por completo y así vi, totalmente desnuda frente a mí, a la mujer que amaba.

Recorrí sus piernas con mis manos y con mi boca, bese su vientre, llegue a sus pechos y mi lengua jugó con ellos, acaricie y bese con amor su cicatriz; pase pos su cuello y mordisquee su mentón haciendo que soltara gemidos que hacían mi cabeza girar de locura. Nos besamos con fuego, con dulzura y con diversión, toque cada rincón de ella e introduje mis dedos en su centro haciendo que moviera las caderas instantáneamente; que gimiera en mi oído y que llegara al primer orgasmo de la noche, el segundo que yo le hacía sentir hasta entonces.

Ella también me toco, beso desde mi rostro hasta mis pies, jugó con mis pechos, acaricio mis piernas, mi trasero y lo que me volvió loca, incluso paso su lengua por mi sexo, era todo lujuria, pero lo más maravilloso de nuestra primera vez, no fue eso, fue ver su mirada llena de luz, una que iluminaba más que los relámpagos de aquella tormenta. Cada vez que me tocaba era una corriente que iba mas allá del deseo, su delicadeza, su tacto, su respiración e incluso su torpeza, me hicieron sentir la mujer mas afortunada.

No sé cuánto tiempo paso, pero seguía lloviendo y seguía oscuro allá afuera, sin embargo, el universo estaba en pausa en aquella habitación donde solo existíamos nosotras.

Mirando el techo; jadeando luego de varios orgasmos, con los labios hinchados de besar y los cuerpos sudorosos; recuperamos el aliento y nos miramos girando nuestras cabezas. La vi a mi derecha con el cabello alborotado y los ojos más verdes que nunca.

Me acerque, bese su rostro y apoye mi cabeza sobre su pecho que aun subía y bajaba con algo de velocidad. Escuche sus latidos que iban descendiendo poco a poco hasta quedar en la normalidad mientras ella acariciaba mi cabello suavemente.

- Cambie de corazón para acompañar el tuyo… -Murmuró y yo alce levemente la cabeza para saber si aquello era conmigo o hablaba entre sueños. Ella me sonrió de medio lado y yo mire, una vez más, su pecho descubierto para clavarme de último en sus ojos.

- Te amo, Quinn –Le dije casi con lagrimas.

- Te amo, Rachel –Me respondió también con los ojos húmedos.

Después de tanto sufrir, de tantas noches frías y de tanto dolor que me quitaba la fe; la vida por fin me estaba dando la oportunidad de sentir la seguridad de un amor cómplice, delicado; cuidadoso, divertido; con deseo e ingenuidad; con todo eso que hace a Quinn un ser tan especial.

Volví a colocar mi cabeza sobre su pecho, a escuchar sus latidos y a dejarme acobijar con aquellos brazos que me invitaban a creer, y que podían ser mi hogar para siempre.


"Sólo recuerda que en el invierno

Lejos, por debajo de la amarga nieve

Está la semilla que con el amor del sol

En la primavera, se convierte en flor"