You are mine

Capítulo 34: Historias III

El sonido de los barrotes siendo golpeados, es algo con lo que Chris creció a lo largo de su vida, siempre estando consiente de los hombres lobo que capturaba su padre para llegar a la manada e incluso a veces el mismo bajaba a darles acónito para mantenerlos débiles, aunque no lo suficiente para matarlos.

No obstante, cuando entra a la casa y se topa con la mirada de Allison, está consiente que ella no lo hizo, no creció en todo esto, no estaba dentro de este mundo hasta que su padre decidió que debería estarlo, y sobretodo, que aun su hija no asimilaba la historia de su familia. Allison se tapaba los oídos, y Chris observo como mordía el interior de su mejilla. Los sonidos provenientes del sótano continuaban en una canción horrenda de una película de terror.

—¿Estas bien?—pregunta sin poder contenerse, porque después de todo (aunque este del lado de Gerard) es su hija, y Allison solo le dirige una mirada incrédula desde su asiento en el sillón, se destapa los oídos y deja libre el musculo que antes mordía.

—Preguntar eso sobra en este momento, papá—dice con un tono plano, y de nuevo un sonido suena debajo de ellos. Esta vez no parecen barrotes, Chris deduce, suenan más como cadenas Allison frunce el ceño—. ¿No puede dejar de hacer ruido?

—Me seria más fácil responderte si supiera que hay abajo.

—Si, bueno, no es nada del otro mundo—Allison murmura, desviando la mirada hacia los libros abiertos frente a ella—. Ahora entiendo eso...

Chris frunce el ceño.

—¿Qué esconde Gerard?

Su hija le dirige una mirada molesta.

—Tengo prohibido decirlo, papá—Allison antes no hubiera dudado en decirle, pero ahora, con Gerard en la habitación de arriba y los cientos de secretos revelados ante sus ojos, Chris sabe que no puede pedir sinceridad inmediata—. Además, solo sé que hace mucho ruido en la noche. No me deja dormir.

Chris asiente con la cabeza rindiéndose con ella, antes de salir por completo de la sala y dirigirse a las escaleras, subiéndolas con rapidez y yendo a su cuarto sin vacilación. Una vez dentro de la habitación, cierra la puerta a sus espaldas, y sacando una caja debajo de la cama, puede soltar la mochila que reposaba en su hombro desde que entro en la casa.

La abre y saca una pequeña lámpara, le retira la tapadera y retira las baterías, o al menos, lo que aparentan ser unas. Las baterías son un compartimiento pequeño que Deaton le dio, una trampa para desviar la atención si lo detenían al entrar a la casa, y dentro de este estuche pequeño hay hojas de plantas.

Chris frunce el ceño.

Ni siquiera cuando era chico le gustaba jugar con las plantas, y ese pensamiento no cambio cuando llego el momento de usar el acónito para sedar a los hombres lobo; esto, sin embargo, es diferente. Deaton había dicho que si las dejaba caer sobre la reserva de agua potable dentro de la casa, quien la bebiera dormiría lo suficiente para ingresar en la casa y sacar al rehén.

No era uno de los mejores planes, pero era lo mejor que tenían en esta situación desesperada, y Chris está dispuesto a arriesgar su cuello para detener la guerra que Gerard tiene planeada para Beacon Hills.

Guarda la caja en la mochila y las hojas en su bolsillo antes de salir de la habitación y dirigirse a las cocinas.

El sonido de cadenas vuelve a sonar por toda la casa, y ni siquiera las paredes gruesas del sótano detienen el rugido animal que lo que sea que su padre oculta suelta.

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Stiles suspira, sus manos entumecidas entorno al volante. Observa como Deaton se reincorpora después de arrancar una raíz en medio del bosque, y escucha como Cora suspira desde el asiento de atrás.

—¿Es que acaso no puede hacerlo más rápido?—dice la chica, con tono aburrido, y Stiles no puede estar más de acuerdo.

Llevaban aproximadamente quince minutos parados en medio del bosque, y aunque Deaton insistía que sabía perfectamente donde estaban, eso no le tranquilizaba en lo más mínimo; el bosque de noche es terrorífico, y con los Argent, sin contar a Chris por supuesto, en guardia como si estuvieran en guerra, no es uno de los lugares en los cuales Stiles quiera estar.

Cora ya había dicho que necesitaban velocidad, e incluso se ofreció a ayudar al emisario, quien negó la ayuda y aseguro que no tardaba nada en encontrar lo que venia a buscar. Deaton, sin embargo, parecía con cada minuto que pasaba más lento, y Stiles comienza a desesperarse en serio, sabiendo que Derek y los demás pueden estar en peligro y él sin poder hacer nada.

—Al parecer ha entrado en su máxima velocidad—comenta con sarcasmo, llamando la atención de Cora—. Ha pasado de velocidad de Caracol, a de Tortuga.

Cora ríe en el asiento trasero. Y es justo entonces cuando Deaton regresa al jeep, en sus manos sosteniendo una bolsa de tela raída.

—¿Qué es eso?—Stiles pregunta en cuanto el emisario se sienta en el asiento del copiloto, y Deaton sonríe de manera tenue.

—Algo que puede ayudarnos.

Es todo lo que dice, y Stiles no duda ni un solo segundo en arrancar el coche e irse de ahí.

—¿A dónde vamos, Doc?

—A la veterinaria—Deaton busca dentro de la bolsa, y Stiles asiente una sola vez antes de dar vuelta y ponerse en marcha.

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Derek entrecierra los ojos, se agazapa más contra los arbustos, Scott a su lado, y salta en medio de la oscuridad hacia la casa quemada, cayendo sobre un cazador. De inmediato siente como Isaac hace lo mismo, desviando al otro hombre y quitándole el arma.

Hay solo cuatro cazadores, y Malia y Scott deben de estar encargándose del otro mientras los gemelos van por el que cuida el automóvil. Derek puede escuchar como rugen y las armas son rotas con un sonido parecido al plástico siendo pisado. Le da un golpe certero en la cabeza al cazador debajo de él antes que este comience a moverse, y le deja fuera de combate de inmediato.

Cuando se reincorpora, puede ver que Isaac ha hecho lo mismo, y el cazador de Scott y Malia esta inconsciente en el suelo también. Supone de inmediato que los gemelos tampoco tuvieron problema, y frunce el ceño.

—Están cercando el terreno de la mansión—comenta en medio de un gruñido cuando nota los emisores alrededor de la casa—. Gerard tiene un plan.

—¿Traernos hasta aquí?—Isaac dice incrédulo—. No es muy inteligente. Este es nuestro territorio.

Derek niega con la cabeza.

—No. No es inteligente—concuerda, pero de inmediato se extraña. Gerard siempre tiene un plan. Derek tiene un segundo antes de que una idea cruce por su cabeza, una que, es tan probable, que se asusta momentáneamente. Se acerca sin vacilar a los emisores, y comprueba que estén bien clavados. Como esperaba, están sobrepuestos—. Es una trampa. Nos quería aquí—murmura, y pasa la mirada por los arboles, inspeccionándolos.

Una luz roja surge de un arbusto y Derek abre los ojos espantado.

—¡Corran!—grita, pero es muy tarde y una flecha se clava en su pecho tan profundo que siente como el pulmón es atravesado. Una más en su muslo, y logra detener apenas la que iba directo a su cara, pero otra surge de la oscuridad y le da en el costado. Gruñe de dolor, y sus ojos tratan de dar con Isaac, quien le mira espantado, sin moverse—. ¡Corre!—ruge, y el rubio no pierde tiempo, lanzándose contra el bosque. Los demás le siguen, y Derek ve como las flechas vuelan hacia ellos y las esquivan por poco.

Un chispazo de dolor recorre su brazo cuando otra se entierra en él, y antes de darse cuenta ya siente el cuerpo débil, los ojos pesados e incapaz de sostenerse. Su cuerpo cae contra el suelo, y cuando sube la mirada puede ver como un cazador le sonríe con arrogancia.

—Parece que hemos derribado al nuevo Alfa—su voz es pretensiosa, y Derek piensa un momento en Whittemore—. Gerard estará satisfecho contigo.

Cae en la inconciencia de inmediato.

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Jackson cierra la puerta de la manera menos ruda que puede. Siendo sinceros, si hubiera estado en cualquier otra situación, él sabe bien, hubiera sellado la puerta contra el automóvil, con tanta fuerza que seguramente seria increíble no haberle dejado una abolladura.

El frío de la noche le abraza la piel, sus músculos tensándose levemente y los vellos disparándose hacia arriba. Frunce levemente el ceño cuando un ruido viene de algun lado del estacionamiento, y cuando dirige su mirada ahí, Allison le sonríe, caminando hacia él. Jackson no la comparte, sin embargo.

Es raro, en demasía de hecho, el haberle citado a él solo en primer lugar. Hacerlo en un lugar tan apartado y de noche, solo activo sus alarmas.

—¿Qué sucede?—pregunta, y la chica solo niega con la cabeza y hace una mueca como si estuviera a punto de confesar un difícil secreto.

—Necesito hablar con tu papá.

—¿Para qué?—desconfía, desde luego.

Su padre le había contado su relación con la familia Argent, o más bien, con Kate Argent, y desde entonces Jackson había decidido que era mejor mantenerse alejado lo más posible de esa familia, incluida su amiga Allison. Por lo que ahora, que Allison precisamente pidiera hablar con su padre es... no.

—Solo necesito hacerlo—la chica parece suplicante, y ve a todos lados antes de acercarse a él, cejas fruncidas con preocupación—. Es importante... por favor...

Es difícil la decisión. Cualquier respuesta que de ahora, de alguna manera, él siente que será importante, que no se puede tomar a la ligera. En pocas ocasiones ha visto a Allison de esa manera, preocupada, suplicante.

Jackson frunce el ceño, hace una mueca y se gira a ver su Porshe estacionado antes de contestar.

—Sube al auto entonces.

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Gerard sonríe, paseándose por el sótano con esa cara y acercándose un poco más de la cuenta a los barrotes. La criatura dentro ruge, queriendo alcanzarle, pero las cadenas no se lo permiten en lo absoluto, y no puede evitar regodearse internamente.

—No puedes tocarme—dice, y la criatura se remueve más, una y otra vez, hasta que se cansa. Gerard nota como los músculos maltratados se destensan, quedando laxos contra las cadenas, la sangre y el sudor goteando por los brazos hasta llegar al piso de la jaula lo suficientemente grande para que la criatura no este incomoda—. Has intentado lo mismo por treinta años, y sigues haciendo lo mismo.

Otro gruñido de furia, y Gerard observa hacia dentro de la jaula, sonriendo.

—Mírate. ¿Quién diría que después de todo si me vas a ser útil?—es una pregunta que sabe, nadie va a responder—. Gracias a ti, voy a ganar la guerra contra los Hale.

La criatura comienza a removerse con renovadas energías después de mencionar el apellido, aporreando una y otra vez la jaula, cortándose los músculos con las cadenas y soltando más sangre. El sonido es atronador, salvaje, sumándole un rugido completamente animal y rabioso. Gerard borra su sonrisa, y metiendo un palo dentro de la jaula, entierra un clavo dentro de uno de los brazos de la criatura, retorciéndolo hasta verla gemir y gruñir de dolor.

—Compórtate. ¿No querrás que lo único que le entregue sea tu cadáver a Talia, o sí?

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El Sheriff Stillinski sortea los oficiales hasta llegar a su oficina, dejando caer documentos sobre su escritorio sin miramientos y asegurándose de cerrar con pestillo la puerta. Una vez hecho eso, se dispone a leer uno a uno los informes, iniciando con el que le llama especialmente la atención.

El incendio de la casa Hale.

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Estaba haciendo sus guardias nocturnas en el bosque cuando paso.

Chris ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando una mano le sujetó contra el árbol. Se preparo para gritar cuando otra le cubrió la boca, impidiéndole hacer ruido alguno. Frunció el ceño, moviéndose para patear a quien sea que se haya atrevido a hacerle eso cuando una pierna se posiciono entre las suyas, apretando la rodilla contra su pelvis y rozando una zona vulnerable.

Cuando alzó la vista, se encuentra con unos ojos zafiro gélidos, llenos de furia, que aunque oculten una molestia y rabia visceral potente, reconoció de inmediato a través de la oscuridad.

¿Por qué?—dos palabras. Esas dos palabras fueron las que Peter le dijo después de tanto tiempo, y sin quererlo, Chris se encuentra un poco feliz de que sea él quien le rodea con sus brazos y le impide el paso.

Negó con la cabeza, sin saber exactamente que quería el Hale, y es entonces cuando Peter retira la mano de su boca.

¿Por qué que?—pregunto frunciendo el ceño. Peter gruño, fuerte y profundo utilizando solo su garganta, de esa manera que le hacia estremeces.

¡No te hagas el gracioso!—grito, y su puño colisiono justo al lado de su rostro, sobre el tronco, que se hizo añicos de inmediato—. ¡Sé que fuiste tu y tu familia! ¿Por qué Chris? ¿No te basto con romperme a mi? ¿también querías romper mi familia?—es entonces cuando noto como las lagrimas caían de una comisura.

Chris no lo dudo, colando una de sus manos entre el agarre que Peter ejercía sobre él para llevar una de sus manos a su nuca. La acaricio levemente, y de inmediato Hale dejo caer su frente contra su hombro, lagrimas empapando su chaqueta. Abrazo con fuerza a Peter contra él, enterrando su cara en el cuello y olfateando levemente.

Calma—susurro, pero no sabia porque trataba de calmarle—. Respira, por favor, cálmate...

No me puedo calmar—Peter se quejo, un gemidito saliendo de sus labios, lastimero, lleno de sentimientos de desolación, de tristeza y una falta tan profunda que Chris se sorprende. Fría, sofocante, desolada tristeza, sentimientos que hacen querer llorar a él también. ¿Cómo puede Peter resistir tanto? ¿Por qué estaba así? ¿Quién le había herido? ¿Quién había herido a su Peter?

Por favor—suplico, acariciando el cuello con su nariz—. No llores... dime que te ocurre...

La casa—era un susurro tan tenue que Chris apenas lo escucho—. Quemaron la casa, todos estábamos adentro...—se notaba que le dolía hablar de ello, y no pudo evitar olisquearlo, cenizas aun estando combinadas con su olor natural. ¿Cómo no pudo haberse dado cuenta del olor a quemado proviniendo de Peter?

¿Están bien?—pregunto en automático—. ¿Tu hermana, los niños?

Ellos están bien—sintió a Peter negar con su cabeza contra su hombro, y acaricio su espalda suavemente, frotándola—. Pero... Stefan y Dominic no salieron de la casa—Chris sintió su corazón encogerse con el sollozo lastimero que el Hale suelta, roto, lleno de añoranza—. Pense que tu sabias... que ustedes habían...

No somos asesinos—negó con la cabeza. No, ellos no podían haber sido, ¿cierto? su padre no—. Encontrare a los responsables, Peter, lo haré y...

No puedes hacer eso—Peter se separo de su cuerpo, mirándole a los ojos llenos de lagrimas—. Ustedes lo hicieron. Son asesinos y no te das cuenta, ¿sabes?—ahora no había tristeza, solo furia, rencor, y burla, lo que le hizo retroceder hasta chocar con el árbol a sus espaldas—. El peor ciego es el que no quiere ver Chris, y tu definitivamente no tienes la intención de ver las atrocidades que hace tu familia.

Chris ni siquiera pudo parpadear antes de que Peter desapareciera en la oscuridad de la noche.

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Laura suspira, creando una nube con su aliento en la fría noche. No hace falta que se abrace así misma para mantener el calor, pero lo hace, de manera involuntaria, tratando de hacer que el tiempo pase más rápido. A su lado, Erika esta bufando.

—¿Cuanto va a tardar?—pregunta la rubia—. Tenemos que volver para reunirnos con Derek y los demás.

—No debe de tardar—responde, mirando la carretera y reposando su espalda en el camaro—. Conociéndola, llegara en cualquier momento.

Justo como lo dijo, poco después se ve una silueta correr hacia ellos, rápido, dando zancadas fuertes para avanzar más terreno en poco tiempo. Laura de manera inconsciente sonríe, y Elena da un fuerte pisotón, deteniéndose a su lado con poca gracia. Una sonrisa adorna su rostro moreno, y su cabello negro esta atado en una trenza como de costumbre.

Se abrazan de inmediato.

—¿Cómo están los demás?—pregunta su prima, después de abrazar a Erika.

—Como siempre. Sobreviviendo—comenta la rubia, haciendo un ademan despectivo.

—Te necesitábamos—Laura no pierde tiempo, y se dirige de inmediato al camaro mientras se dispone a explicarle la situación. Cuando termina, ya están dentro del vehículo.

Elena dirige una mirada furibunda al tablero sentada en el asiento del copiloto.

—Esos Argent—lo pronuncia con odio, con furia y rencor—. No les basto con lo del incendio, ahora también quieren exterminarnos definitivamente. Los mataré de una buena vez por todas—dice, y se gira para ver por la ventana con actitud pensativa.

Laura siente sus emociones con intensidad, y no puede culparla. Todos sufrieron después del incendio, todos perdieron cosas, ilusiones, esperanzas, el sentimiento de seguridad, familia, a Stefan... pero Elena había perdido un hermano y un padre todo en el mismo día, sumándole la falta de estabilidad de la manada en ese entonces y los pocos seis años que tenia en ese momento, debió haber sido horrible para ella especialmente. Laura entiende el dolor y la furia que tiene Elena en este momento, y aunque ella siente algo similar, no es tan intenso.

—No volverán a molestarnos—Laura dice para tranquilizarla, y pisa a fondo el acelerador.

Justo en ese momento un aullido atraviesa el cielo y le hiela la sangre por completo.

—Isaac—dice Erika con preocupación.

Elena niega con la cabeza.

—¡Maldita sea!—gruñe, dandole un golpe al tablero del auto—. ¡Acelera!

Laura no duda en hacerlo.

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Chris no perdio el tiempo y fue directamente a su casa después del encuentro de Peter.

No averiguo nada al respecto, y su padre aseguro que no tenían nada que ver, Kate lo secundo, con una sonrisa burlona.

Al menos alguien les dio su merecido—dijo con mofa, cruzando sus brazos y mirándole con diversión.

Chris no estuvo seguro sobre eso, así que tomo el coche y salir de nuevo. Condujo toda la noche hasta su destino, cuando llego a la comisaría leyó el informe del Sheriff.

Aun así, no se convenció.

La sonrisa de Kate no le dejaba tranquilo.

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Stiles corre de inmediato hacia el grupo de chicos que les espera en la veterinaria, siendo seguido de Deaton, puesto que Cora ya le ha dejado atrás y se ha reunido con los demás.

—¿Qué ha sucedido?—pregunta en cuanto llega, y todas las miradas preocupadas juntas no son buena señal, por que de inmediato siente que le falta el aire y le sudan las manos en nerviosismo. Su mirada recorre de inmediato las caras de los chicos, y nota que falta una en especial.

Su corazón parece haberse detenido, y Scott le mira con tristeza, miedo y culpa, deteniéndole por el hombro cuando siente que puede caerse en cualquier momento. Stiles no necesita escucharlo en voz alta para saber que sucede, pero aún así Isaac abre la boca, con una mueca, como si le doliera pronunciar las palabras.

—Tienen a Derek.

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Derek siente el suelo contra su espalda en cuanto es arrojado al sótano. Aprieta los dientes con fuerza, y el mastodonte que le cargo desde el automóvil lo toma en volandas del cuello de la camiseta, ahorcandole. Si pudiera reaccionar por completo, ya le hubiera asestado un par de golpes, pero aun no puede controlar su cuerpo debido al maldito aconito que corre por su sistema.

Su mirada ya no está tan nublada como antes, pero aun así apenas puede divisar la jaula frente a él, y se pregunta si le encerraran ahí. Pasan se largo, y el mastodonte le ata con unas cadenas en la pared, alzando sus brazos y atándole de las muñecas y tobillos. Derek siente como la cabeza le pesa demasiado, y aun asi, cuando el hombre deja al descubierto una parte del cuerpo, trata de morderla.

El sujeto se hace hacia atrás de inmediato, con una risa ronca.

—No tan rapido, animal—suelta, y le da un ultimo golpe en la cara antes de desaparecer y salir del sótano.

Derek suspira, antes de tratar de ver lo que esta a su alrededor, entrecerrando los ojos.

Lo primero que nota es la jaula, y después lo que esta dentro de ella.

Una mujer.