"En busca de sus latidos"

¿Cuántos detalles puedes conocer de una persona en tan solo dos meses? Supongo que no es mucho, pero siento que he conocido detalles maravillosos de Quinn en ese tiempo; justo el lapso transcurrido desde la noche luego de mi cumpleaños, hasta esta noche en donde celebramos algo más, algo que parece ser mas llevadero.

En dos meses descubrí cosas curiosas, dos meses en los cuales pasamos mucho tiempo juntas en el mismo espacio. Ella odia los autos de carreras; no por la velocidad sino por su forma en general; también odia a las señoras que hablan en la cola del supermercado y está muy obsesionada con los rompecabezas, los arma y desarma por gusto, no hay límites para ella en esa actividad, pero adoro ver su ceño fruncido cuando se concentra haciéndolo. Quinn no tiene un postre favorito, pero si algo tiene frutos secos, es para ella. Adora ver fotos de cachorros en instagram; la música de los 70's y 80's; el champú con extractos de vainilla, lo cual explica su delicioso olor. Ella también puede hacer sonidos de muchos animales que la hacen ver como una completa friki pero yo, obviamente, disfruto de eso.

Quinn es muy ordenada, nunca deja el baño mojado ni la ropa regada, a menos que hagamos ciertas actividades, ya saben. Ella es meticulosa y deja los lápices de dibujo por numero en orden; los bolígrafos por colores y los libros por año de publicación y genero, quizás raya en lo maniática, pero admito que yo también soy así a veces. Canta en la ducha; se sabe el guion completo de "El Rey Leon" y cree que hay vida en otros planetas porque: "¿Para qué hizo Dios todo este universo si estaríamos tan solos?" dijo una vez.

Quinn es maravillosa, pero eso ya ustedes lo sabían, sin embargo, en dos meses descubrí que la puedo amar más de lo que creía, y esto es tan solo el comienzo, uno en donde ella ahora es mi chica, si… De nuevo es mi chica y la estoy extrañando con locura en este instante porque me dejo solas con Santana en la cocina.

- Recuérdame por que acepte invitarte, Santana. –Le pregunté luego de un largo y pesado suspiro. No me estaba dejando hacer aquellas galletas, en absoluto me podía concentrar con sus comentarios fuera de lugar.

- Aceptaste porque soy tu hermana y este es tu nuevo y lésbico hogar. –Espeta con una amplia sonrisa.

- ¿Lesbico hogar?

- ¿Te mudaste con Quinn, no?

- No me he mudado.

- Duermes aquí, casi todas las noches, desde hace un mes. –Alza los hombros.

- Pero no vivimos juntas, aun pago un alquiler en mi departamento.

- Y no entiendo porque lo haces, deberías terminar de traer el par de cosas que te quedan allá, porque imagino que aquí esta toda tu ropa. –Decía sobando su barbilla, como interesada en el tema.

- ¿Por qué hablamos de esto? –Entrecierro los ojos.

- Porque te preguntas que hago aquí y estoy aquí porque esta es casi tu casa, tu nuevo nidito de amor.

- Es la casa de Quinn y es navidad, así que te agradezco que te comportes. –La amenace con mi dedo lleno de harina.

- Me ofendes, Rachel. –Se cruza de brazos en aquella banqueta frente a la encimera en donde yo preparaba las galletas navideñas.

Porque si, estábamos en víspera de navidad, era 24 de diciembre, la íbamos a pasar en Boston, todos, incluida Quinn que ahora estaba en la estación de trenes buscando a su familia. Había ido en mi auto.

- Solo no hagas comentarios incómodos, la familia de Quinn estará un par de días y ellos no saben que yo vivo aquí prácticamente.

- ¿Y que con eso? ¿Son homofóbicos? –Su tono se volvió serio.

- ¡Claro que no! Ellos… Ellos saben de lo nuestro, Quinn les ha contado, pero no quiero que sepan algo si ella no se los dice.

- ¿Entonces me confirmas que si vives con ella?

- ¡Santana!

- Esta bien, está bien. –Alza las manos.

Yo comienzo a hacer la forma de las galletas, escogí arbolitos, con un cortador para dejarlas en las bandejas. Casi toda la comida estaba lista y eran cerca de las 5:50 pm. Pase todo el día cocinando con Quinn y solo faltaban algunos postres.

La misma Quinn decidió que pasaría allá la navidad, ya que su familia se ilusiono con vivir esas fechas en Boston. Yo por mi parte, saben que me da igual, pero si es con ella, todo parece mejor y sin duda me comenzaba a divertir el preparar aquellas cosas que a Quinn le emocionan.

Santana por su parte, la iba a pasar con nosotras porque su familia estaba en la casa de su cuñado y a ella no le gustó la idea. Brittany estaba en Florida y solo quedaba yo, su blanco de comentarios cuando estamos solas y ella esta aburrida.

Pero la tortura no fue muy larga, el timbre sonó cuando ella me volvía a interrogar sobre cuantas veces había hecho el amor con Quinn en aquel mes.

- Debe ser Quinn, me dejo las llaves y… -Comento pero Santana me interrumpió.

- ¡Yo abro! –Se levanta sin darme tiempo a negarme.

Escuche un pequeño alboroto en la puerta; la risa alta de Judy y luego el grupo entro a la cocina en donde yo tenia harina hasta en las mejillas luego de haber dejado las bandejas en el horno. Jamás dejare de ensuciarme por muy chef repostera que sea.

- ¡Rachel, cuanto tiempo! –La Sra Fabray es la primera en entrar con los brazos abiertos para acobijarme entre ellos- ¡Feliz noche buena, nos alegra tanto que la pases de nuevo con nosotros!

- Hola, Hola Sra Fabray…

- Soy Judy. –Rueda los ojos.

- Hola, Judy –Niego con la cabeza- también me alegra pasarla con ustedes, ya son dos años seguidos.

- Dos años y los que faltan, querida –Vuelve a reír y por fin me deja respirar un poco.

- ¿Cómo estas, Rachel? –Sam y su gran sonrisa me saludan con calidez pero con menos efusividad que Judy, todos siempre tenían menos emoción que Judy.

- Hola, me ha dicho Quinn que te va muy bien en la universidad, ¿Qué tal las chicas? –Le guiño un ojo.

- Ufff, no tienes idea, se me es difícil concentrarme con tanta hermosura y… ¡Ouch! –Se queja cuando su madre le pellizca el brazo.

- Te dije que no hables así de las mujeres –Lo reprende y el rubio rueda los ojos. Yo solo comienzo a reír.

Los deje discutir para ver que hacia Quinn con su padre y Santana en la sala, ya que mi amiga estaba alzando mucho la voz.

- ¡Claro que Elvis está sobrevalorado, él no es el rey del rock! –Decía la latina y Russel Fabray parecía más enojado que Kurt cuando insultaban a Donatella Versace.

- No puedo creer lo que escucho ¿De dónde salió esta chica, Quinnie? –Pregunta Russel y mi novia me mira buscando ayuda.

Iba a matar a Santana en noche buena, juro que la iba a matar.

- ¡Russel ¿Cómo esta?! –Exclamé para llamar su atención.

Él se giro aun molesto, pero cambio algo el gesto al verme.

- Hola… Hola… Rachel –Fingió una sonrisa y me dio un corto abrazo para luego volver a mirar a Santana y por último, de nuevo me miró a mi.

- ¿Qué tal el viaje en tren? ¿Agotador?

- Estuvo bien, dormí como un oso –Dijo pareciendo más relajado.

- Si, es mejor dormir en esos viajes.

- Así es. ¿Ustedes son familia? –Nos señala a Santana y a mi.

- Papá, te dije que Santana es la mejor amiga de Rachel, también es mi amiga. –Interviene Quinn.

Santana seguía en la misma posición con los brazos cruzados luego de su debate de "Elvis no es el rey del rock" con Russel, quien es, probablemente, el mayor fan de Elvis en .

- Ah, claro, pero odia a Elvis. –Dice el hombre.

- Mucha gente piensa como yo, Sr. Fabray –Habla Santana orgullosa.

- ¿Rachel, tu odias a Elvis? –Me pregunta el hombre de repente.

- No, yo no odio a Elvis…

- Russel Fabray, deja de hablar de Elvis que estamos a pocas horas de navidad y no queremos escuchar tus historias –Judy llegaba con su capa de super heroína a salvarnos.

- Judy, no hay problema con hablar de Elvis Presley en navidad, a Rachel le gusta.

- Pero yo estoy cansada de eso, mejor vamos a dejar las maletas para ayudar a las chica en la cocina, no seas flojo que dormiste como un animal en el tren.

- Sam, pueden guardar las maletas en la habitación de arriba a la derecha -Quinn les señalaba la planta de arriba- La prepare para ustedes.

- Esta bien, ya me pongo en eso –El chico se apresura y, sin querer, ayuda a evitar otra discusión.

Judy subió debatiendo con Russel sobre si Elvis era buen tema de conversación.

- Yo mejor iré por un trago de ponche, estos fans de Elvis Presley me estresan.

- No vuelvas a hacer eso –La apunto con el dedo.

- ¿Hacer que?

- Ofender a Elvis, hay gente que lo aprecia, no busques discusiones.

- Me sé comportar, Rachel, ya analice en dos segundos a tu suegro y Elvis no saldrá más de mi boca en su presencia, prometido –Coloca una mano en su pecho y luego nos da la espalda para ir por el ponche a la cocina.

Quinn se acerca y me abraza por la cintura hasta inclinarse y colocar su frente en mi hombro. Soltó un gran suspiro que me hizo reír.

- Mi padre no puede escuchar ofensas hacia Elvis, pensé que iba a iniciar la tercera guerra mundial –Murmura ella en la misma posición. Yo la rodeo con los brazos y beso el costado de su cabeza.

- Creo que Judy evitara que esa discusión vuelva a surgir, Santana esta algo insoportable hoy, pero se puede controlar.

Quinn dejo su posición y alzo el rostro para mirarme con una sonrisa.

- Te ves tan sexy con harina en la cara –Me dice con voz ronca para luego limpiar, efectivamente, la harina sobre mis mejillas y dejar un beso en mis labios. Yo me puse completamente roja, en todo momento hable son su familia mientras lucia como una niña de cinco años.

- ¡Te estas burlando de mi! –Le reproché y ella soltó una de esas carcajadas que me dan vida.

No respondió, se fue a la cocina con mi amiga que parecía más feliz con el ponche en la mano y algunos villancicos a todo volumen.


No hubo otra pelea por Elvis, ni regaños a Russel, ni miradas asesinas de mi parte a Santana porque la cena estaba deliciosa y la única incomodidad que hubo fueron los suéter de reno, completamente nuevos y comprados días antes, que trajo Judy, pero realmente nos acostumbramos a ellos, o quizás nos olvidamos de ellos a los pocos minutos de comenzar a probar aquel pavo que, no tengo idea como, hizo Quinn.

- ¿Vives en Boston, Santana? –Pregunta Sam como puede debido a su boca llena de galletas. En ese punto, todos estábamos en la sala luego de la gran cena y al parecer al chico le quedaba espacio en su atlético cuerpo para más.

- Si, recuerda que trabajo con tu hermana.

- Ah… Cierto –Asiente- ¿Y tienes novio? –Sonríe en un coqueteo torpe.

Judy que estaba a la derecha del sofá grande, miraba a Sam con los ojos entrecerrados; Russel alzaba las cejas desde un sillón individual y Quinn, en medio del sillón grande, a mi derecha, rodaba los ojos. Yo simplemente estaba sonriendo, en parte por lo mujeriego del chico y por otro lado, por las cosquillas que me propinaba Quinn en la palma de la mano derecha, con sus pálidos dedos. Ese es otro detalle que deben conocer, Quinn siempre toma mi mano distraída y me hace círculos leves en las palmas, me encanta.

- Soy lesbiana, pequeño boca de trucha. –Responde Santana quien, por cierto, también estaba comiendo desde el otro sillón individual, porque es el segundo barril sin fondo de esta noche buena.

- ¿Boca de trucha? –Russel pregunta mirando a mi amiga, casi a su lado, en el otro sillón.

- Si, él tiene la boca grande, como una trucha. –Lo explica tranquila y Russel comienza a reír a carcajadas.

- ¡Papá! –Exclama Sam- ¡Mamá! –Luego vuelve a exclamar porque Judy trataba de disimular la risa.

- Lo siento hijo, esta chica tiene ingenio –Afirma Russel tratando de controlarse.

- ¿Se te olvidaba que ella odia a Elvis? –Sentencia el chico con malicia y haciendo así que Russel dejara de reír de inmediato.

- Sam, no seas infantil –Interviene Judy.

- ¿Infantil y me está llamando boca de trucha? –Abre, justamente, la boca al máximo y Russel olvida a Elvis para volver a reír.

Todos reíamos e incluso Sam, termino por reír también.

- Rachel, me ha dicho Quinn que tu negocio va cada vez mejor y que lo piensas ampliar dentro de poco ¡Eso es fantástico! –Menciona Judy y yo miro a Quinn que me sonríe, hace dos noches me dijo que le contaba mucho a su madre de mi.

- Va todo muy bien y si, lo ampliaremos. Quinn me esta ayudando con el diseño de una nueva fachada y Santana con la promoción y un plan para las redes sociales, quizás hasta el próximo año haya otro nuevo local, ese es el objetivo.

- Nos alegra mucho que seas una chica trabajadora, Rachel, eres de las buenas –Russel me sonreía con calidez.

- Si, mi hermana tiene buen ojo, como yo –Sam se puso pretencioso, pero hizo que tanto Quinn como yo nos sonrojáramos, era inevitable con tantas miradas encima.

Quinn me apretó mas la mano, básicamente clavo sus uñas en ella y giro el rostro hacia su madre que mostraba todos sus dientes.

- El nuevo local será un jodido boom si lo colocamos cerca del área bancaria, esos empleados viven estresados y corren por dulces a cada rato, te lo dije, Rachel –Opina Santana para salvarnos de la incomodidad y de vernos como dos niñas apenadas, luego se levanta- Ahora vuelvo, tengo que llamar, antes de navidad, a mi novia -Menciona lo ultimo mirando a Sam que seguía dolido por su nuevo apodo y el no poder coquetear con mi amiga.

- Yo iré a ver que más hay en la cocina. –Dice el chico.

- ¿No vas a parar de comer? –Le pregunta Quinn.

- ¡Hay mucha comida y Rachel hace galletas celestiales! –Exclama sin mirar a su hermana porque ya caminaba a la cocina.

- Iré a vigilar que no se coma todo, sería bueno dejar dulces para navidad –Russel iba detrás de él.

- Soy testigo de que haces un maravilloso cielo de galletas, eso es algo sumamente romántico, Rachel, ya quisiera yo que Russel me hubiera hecho esos detalles en nuestros inicios. –Sentencia Judy.

Mire a la señora Fabray con el calor invadiendo mi rostro, eso de que los padres de tu novia te hablen directamente de ser romántica con su hija, no es algo que me relaje mucho, era nuevo para mi y Quinn esquivando mi mirada, tampoco ayudaba.

Rubia hermosa y traidora. Miró a su madre a la derecha y luego me mira a mi a la izquierda, antes de levantarse.

- Compre un juego divertido, Brittany me lo recomendó para noche buena, iré a buscarlo antes de que Santana se emborrache y a Sam le dé una indigestión –Anuncia mi hermosa novia con ansiedad juntando sus manos y escapando hábilmente de mis miradas inquisidoras.

Subió las escaleras y me dejo sola con su intensa, risueña y preguntona madre que, no me mal interpreten, me cae de lo mejor, pero me pone nerviosa fácilmente.

Estuvimos en silencio por poco tiempo porque Judy, obviamente, lo rompió.

- Rachel… -Dijo suevamente para captar mi mirada al otro extremo del sofá- Me gustaría hablar contigo a solas, es decir, en otro lugar donde no nos interrumpan.

Yo mire a todos lados, realmente estábamos a solas, pero comprendí lo que quiso decir.

- Si quiere podemos subir al estudio de Quinn –Ofrecí y asintió rápidamente.

Subimos las escaleras, vi de espalda como Quinn hablaba con Santana en la habitación, ya que la puerta estaba abierta, pero no se percataron de nuestra presencia. Entre con Judy al pequeño estudio de su hija y cerré la puerta detrás de nosotras. Lo bueno de aquella casa era que tenía suficientes habitación y esa era mi favorita. La creatividad de Quinn, los dibujos abstractos, los paisajes perfectos y los colores me daban paz aunque no comprendiera del todo lo que hacia allí dentro, pero me estaba acostumbrando demasiado a ello.

- Que linda habitación…

- Si, su hija es muy creativa, la ayude a ordenar todo hace unas semanas, cuando este lugar aun no tenia mucha forma, pero ella me indicó donde iba cada cosa –Explico con una sonrisa.

- Viven juntas ¿Cierto? –Me pregunta y yo abro y cierro la boca sin saber que decir, al menos ella lo preguntaba y no lo afirmaba como Santana, pero ¿Quinn le había hablado de eso también?

- Pues… Nosotras…

- No te pongas nerviosa, ya son grandes y sé que las relaciones modernas son así, no me molesta, de hecho, de eso quería hablarte –Me dice y acaricia mi hombro antes de sentarse en un pequeño sofá e invitarme a sentarme a su lado.

- ¿Qué me quiere decir? ¿Está todo bien con Quinn? –Me preocupe de repente.

- Con Quinn todo está de maravilla y es gracias a ti.

- ¿Gracias a mi?

- Rachel… Ya sabes la historia de Quinn, ella me ha contado los últimos dos meses como han sido las cosas entre ustedes, sé que no fue fácil para ti y para ella menos. Yo conozco como vive cada cosa desde que nació, pero desde que tú llegaste… Ha sido como un milagro.

- Quinn es una persona fuerte, Sra. Fabray. –Afirmo y Judy sonríe mirando el techo, luego vuelve a mí.

- Sabes, cuando Quinn tenia 10 años me dijo en el hospital que quería morir. –Sentencia y yo trague grueso al escuchar aquello- Dijo que no quería mas agujas, no quería mas exámenes ni dolor, mucho menos quería estar encerrada en un hospital mientras el resto de los niños podía divertirse. Ella no quería el tratamiento porque se sentía muy cansada y solo tenía 10 años ¿Sabes lo difícil que es eso para una madre? –Me pregunta con evidente dolor al recordar.

- No puedo ni imaginar cómo se sintió…

- La enfermedad de Quinn moldeo nuestra vida por mucho tiempo y creo que aun lo hace, pero hemos aprendido a darle libertad, sabemos que esta físicamente saludable y hemos descubierto poco a poco que es adulta y que es fuerte, como tú misma has dicho, pero también es gracias a ti. –Me señala con el dedo.

- ¿Por qué cree eso?

- Desde que llegaste a su vida todo es diferente, quiere cosas diferentes, está animada y aunque seguro le da miedo, se arriesga, quiere vivir como nunca antes y no sabes cuan agradecida estoy de que hayas hecho ese milagro en nuestras vidas –Dice llorando y haciendo que mi corazón saltara por aquella afirmación basada en la mujer que amo- Sentimos que nos has devuelto a Quinn por completo, Rachel.

- Señora Fabray… Yo… -Tome aire y limpie las lagrimas que también caía por mi rostro- Yo amo a su hija y… Planeo seguir amándola y cuidándola por mucho tiempo.

- Estoy segura de que será así, por eso también quiero que sepas que cuentas con Russel y conmigo para lo que quieras, incluso si Quinn te da dolores de cabeza, la podemos reprender, no importa la edad que tenga –Bromea y ríe con el rostro humedecido de lagrimas.

Yo no respondí, me limite a sonreírle a esa mujer que sin duda me entregaba su confianza y eso es sumamente valioso.

Judy termino de limpiar sus lagrimas y luego abrió sus brazos para que yo misma llegara hasta ellos y eso hice. Me abrazo con calidez, acaricio mi cabello y me dejo un beso maternal en la mejilla para luego salir del estudio con una gran sonrisa.

Yo necesite un par de minutos para recomponerme y poder bajar, allí en la misma sala, estaba mi mejor amiga que era como mi hermana, los padres de Quinn y el hermano que ella tanto amaba, pero por supuesto, estaba ella y estaba parada mirando al resto desde la entrada de la cocina mientras el grupo comenzaba a sacar un extraño juego navideño con tablero y vídeos.

- Hola… -Le dije tomándola de la cintura. Ella sonrió y me beso la nariz para pasar su brazo por mi espalda- ¿Qué haces aquí?

- Te estaba esperando, pensé que mi madre te había secuestrado o algo así –Frunce el ceño.

- De algún modo me golpeo, pero no fue malo. –Le dije y ella se quedo mirándome a los ojos sin ningún tipo de expresión, luego miró al grupo y tomo mi mano hasta llevarme a la cocina- ¿Qué sucede? –Le pregunto ante su mutismo.

- ¿Me amas? –Pregunta de repente.

- Claro que te amo ¿Por qué preguntas eso? Pensé que lo sabías.

- Si, lo sé, pero adoro que me lo digas –Se encoje de hombros y sonríe.

- ¿Entonces? –Ruedo los ojos.

- Feliz navidad –Saca una caja mediana de la gaveta de la cocina y luego una pequeña caja blanca de su bolsillo. Me entrega ambas.

Yo abro los ojos como platos y ella sonríe más ampliamente. Parecía una niña haciendo algún tipo de travesura.

- ¿Qué… Que es esto? –Le pregunto como si fuera una especie de bomba la caja pequeña.

- Es el segundo paso, creo que es hora de hacerlo oficial. –Me dice con seriedad y yo tuve la valentía de abrir la pequeña caja para sorprenderme por su contenido.

- ¿Una llave? –Pregunte lo obvio y Quinn asintió aun sonriendo con ojos vivaces. Mire la llave y la mire a ella, luego repetí el gesto unas 4 veces mas hasta que entendí- Ahh… Claro…

- Es la llave de la casa, la de la entrada, luego sacamos otras, pero es hora de que dejes ese apartamento y te mudes conmigo, oficialmente. Te quiero tener todos los días conmigo, sin excusas, a menos que sea por trabajo- Fue firme y ¿Saben qué? Me gustó.

No le respondí, la mantuve en expectativa por dos eternos minutos en donde se quería comer su propio labio inferior.

- Pensé que ya vivíamos juntas…-Dije y creo que soltó todo el aire contenido para golpear mi brazo- ¡Ey, no seas agresiva!

- Me estas torturando, abre el otro regalo, es una tontería, pero… -Se encoje de hombros y yo hago lo pedido.

La otra caja contenía un portarretrato mediano con una foto dentro. Éramos Quinn y yo en el Daniel Boone National Forest, con las montañas de fondo luego de lanzarnos por la tirolesa. Estábamos sonrientes y sonrojadas, pero felices, muy felices. Al sostener la foto se cayó un papel que logre sujetar y dejar en la mesa a mi lado.

- Sera la primera foto juntas de nuestra sala –Me dice emocionada y yo dejo la foto a un lado para tomar de una cesta una rama y alzar al brazo sobre nuestras cabezas.- Oh… Un muérdago –Dice ella alzando la vista hasta el máximo que podía estirar mi brazo.

- Feliz navidad, Quinn.

- Pensé que no te gustaba la navidad… -Bromea sobre mis labios.

- Si, yo también pensaba lo mismo… -Susurre antes de que nos entregáramos a un beso lleno de sentimientos y cicatrices que comenzaban a sanar por completo.

Porque ambas lo necesitábamos y porque aquella navidad sabia diferente luego de muchos años. Justo en otro aniversario de la muerte de mi hermana, yo estaba sosteniendo un muérdago, con el brazo temblando, mi cintura envuelta con las manos de Quinn sujetándola con fuerza y mis labios rozando los de aquella mujer que me daba razones para creer en que todo es posible.

Nos separamos un poco, nos regalamos otros cortos besos, alguna que otra sonrisa en complicidad con nuestras miradas juguetonas en un libido que había aumentado, notablemente, las últimas semanas.

Quinn se alejo hasta el grupo que había comenzado sin nosotras y yo iba detrás de ella, pero por un instante recordé el papel que cayó con el portarretratos y lo fui a buscar. Era una hoja doblada y algo arrugada, decidí desdoblarla y ver quizás el mejor regalo de todos. Aquel papel era el mismo que le di a Quinn en un restaurant vegano de Boston, cuando ella me dijo que dibujara a mi familia y yo hice una pequeña figura representando a Santana, sin embargo, a pesar de ser la misma hoja y que aun mi dibujo estuviera en ella, no era la misma estampa. Al lado de Santana estaban otras pequeñas figuras, tan mal dibujadas como la primera, y supuse que Quinn quiso imitar mi arte porque ella hasta rayas hace perfectas. Aquellas personitas llevaban por nombre: Lucy, Brittany y Kurt, mientras que al otro lado me encontraba yo, con color marrón y con una figurita de cabello amarillo que decía "Quinn", éramos las únicas personitas con colores y cerca de ella había un grupo de tres que decía: "Todos los Fabray".

Sonreí también con emoción al notar en la parte de arriba, muy en grande y a colores, la palabra "Mi familia" con tres figuras pequeñas llevando alas. Eran mis padres y mi hermana.

Habían tantas cosas importantes en esa hoja, personas que sé que iban a estar en mi vida por mucho tiempo y por eso Quinn lo plasmó, era un mensaje claro, un mensaje que me hacía sentir segura y protegida, me hacía sentir de nuevo afortunada.

Trate de recomponerme limpiando mis lagrimas y acomodando mi suéter verde con renos; respire profundo y volví hacia la sala. Vi a aquellas personas, una gran parte de quienes estaban en la hoja.

Russel me hacía señas y sonidos raros que intentaban ser un villancico; Sam insistía en discutir con Santana sobre su boca, mi amiga reía con fuerza, siempre he adorado su risa profunda y contagiosa. Judy leía con cuidado las instrucciones del juego y a las cuales nadie prestaba atención y, por supuesto, estaba ella, Quinn, con su suéter rojo, esa sonrisa tan brillante, con esos ojos tan sinceros, con aquel amor, como en las películas, que me esperaba paciente porque yo, al final de cada uno de mis días, siempre había ido, y seguiré yendo, en busca de sus latidos.