Epílogo.

Hola, me llamo Quinn Fabray, quizás han leído mucho sobre mí en los últimos meses, por eso quiero cerrar esta historia con percepciones que considero importantes.

Viví gran parte de mi vida en una burbuja que, la misma vida, me obligo a crear debido a mi enfermedad; pase mucho tiempo encerrada en cuatro paredes sin hacer una vida normal para alguien de mi edad, e incluso llego un momento en el cual no quería seguir ¿Para qué vivir sin estar viviendo? No obstante, una noche antes de navidad, llegó mi milagro, una nueva oportunidad en forma de corazón. Años después descubrí que ese corazón le pertenecía a la hermana del amor de mi vida, a la hermana de Rachel Berry.

Rachel es una persona detallista, cariñosa, protectora y al mismo tiempo la mujer más hermosa del mundo, no me importa si alguien dice lo contrario.

Y todos tienen que saber algo, yo pude seguir con vida gracias al corazón de Lea Michele Berry, pero comencé a vivir realmente gracias a Rachel Barbra Berry y no saben cuan agradecida estoy de haber cruzado aquella mañana la puerta de esa pastelería para encontrarme con la mujer de esos ojos inmensos y llenos de marrón chocolate

Rachel siempre dice que fue maravilloso encontrarme, pero ella es quien me ha salvado en diferentes formas. Mi mundo parece menos perdido solo porque ella existe en el, moviéndolo todo, endulzando cada rincón mientras me invita a borrar los limites.

- ¿Sabes que deberíamos hacer? Ir algún día a nadar en el hábitat natural de los delfines. ¡Sería maravilloso! –Exclama Rachel cuando ambas estábamos sentadas en una famosa heladería a orillas de uno de los tantos muelles de Miami Beach.

- Debe ser lindo, aunque me da un poco de miedo, no es lo mismo una piscina que todo un mar en donde pueden ser mas salvajes. -Dije.

- Ellos no san agresivos, Quinn, además, también te daba miedo la piscina –Entrecierra los ojos y yo me ruborizo porque era cierto, fuimos a nadar con delfines aquella misma mañana y, por un momento, vi a esos animales como algo peligroso. Todo era producto de mi mente retorcida que aun no se acostumbraba, del todo, a despejar peligros inexistentes.

- Con gusto iré al hábitat natural de los delfines contigo, Rachel –Fue lo que respondí con una tranquila sonrisa. Rachel asintió con la cabeza y siguió comiendo de su helado de frutas.

Esperábamos sentadas a que el cielo se despejara. Según los reportes del tiempo, en aquel primer sábado de agosto, no iba a llover, pero las nubes negras cubrían toda la zona mientras nosotras planeábamos dar un paseo en bicicleta.

Según Rachel, no nos podíamos ir de nuestras vacaciones en Florida, sin hacer ese paseo, a pesar de que ya habíamos caminado mucho en Orlando, pero al siguiente día íbamos a volver a Boston, donde ambas teníamos mucho trabajo. Unas vacaciones de 15 días no son suficientes para disfrutar con mi novia, pero no me quejo porque aun, luego de 7 meses, sigue viviendo conmigo y al volver a casa la tendré como siempre. ¿Esto suena posesivo? Porque les juro que no me da vergüenza, nunca quise, ni querré a alguien tanto como a esa pequeña que hace cielos de galletas y que, dicho por ella misma, planea endulzarme la vida por el resto de nuestra existencia. Eso me dijo en mi 29 cumpleaños, el pasado 5 de julio mientras íbamos almorzando en un paseo en bote por la La bahía de Massachusetts. ¡Es un encanto!

- Mejor vamos por las bicicletas. –Me dice cuando ya no quedaba nada de su helado.

- No he terminado mi helado –Me quejo en forma infantil y ella se cruza de brazos mirándome fijamente- Rachel, sigue haciendo mal tiempo, es mejor que esperemos un poco más.

- Quinn, si esperamos un poco más, lloverá. No hay problema si vamos en bicicleta con el cielo nublado, anda, levántate. –Me incita ya caminando a la salida.

Dejo, a medias, mi delicioso helado; tomo mi bolso y la sigo. Cuando surgen una de sus maravillosas ideas, no hay nadie que la haga cambiar de opinión, eso lo supe desde el primer viaje que hicimos, ella les contó ¿Recuerdan aquella aventura de los Amish, Alces y campamento? Bueno, se deben hacer una idea de cómo son nuestras aventuras, es solo que con menos accidentes de por medio y nada de noches en la cárcel, por ahora.

Alquilamos dos bicicletas para recorrer aquella zona turística, justo en el Miami Beach Boardwalk. Íbamos cómodas de ropa, con shorts de jean azul, sudaderas blancas y zapatillas deportivas del mismo color. Lucíamos como una pareja de recién casadas en la luna de miel, quizás nos sentíamos así, quizás eso éramos.

Las nubes grises seguían cubriendo el cielo, pero Rachel quería ir en bicicleta y yo, la verdad, también quería hacer aquel recorrido con ella. En este tiempo he aprendido las cosas más simples, como que el agua de la lluvia solo moja y que un resfriado ya no me va a matar.

- Espera un momento –Me dice Rachel cuando yo estaba encima de mi bicicleta y había dejado el bolso en la pequeña cesta delantera. Eran una especia de bicicletas de campo, aunque ella dice que son de "abuelita"

- ¿Qué pasa ahora? –Miro como deja su bicicleta a un lado.

- Iré a comprar algo, ¡No tardo! –Fue lo que dijo sin darme tiempo a replicar. Recorrió unos pocos metros y entro en una tienda, la misma que estaba al lado del lugar donde alquilaban bicicletas.

No tardó más de 5 minutos en volver y lo hizo con algo entre las manos. Algo colorido.

- ¿Qué es eso? –Frunzo el ceño mientras ella, con una sonrisa, desenvolvía lo que traía.- ¿Impermeables? –Digo cuando me tiende uno para que me lo pusiera.

- Si, son impermeables y de color fucsia ¿Recuerdas? –Sonreía ampliamente mientras se ponía el suyo y esperaba a que yo hiciera lo propio.

Me baje de la bicicleta y me lo puse para luego mirarla con cariño. Esos son los detalles que mas me gustan de ella, hace gestos románticos sin darse cuenta.

- Lo recuerdo muy bien. –Respondo al pensar en aquel impermeable que yo misma llevaba el día en que la conocí.

- ¿Vamos? Ahora si estamos protegidas –Me dice volviendo subir en su bicicleta, pero yo no espere a que lo terminara de hacer para abalanzarme sobre sus labios y darle un beso que incluso llamo la atención de algunas personas que pasaban por ahí. Fue largo e intenso, como lo que siento por ella.

- Ahora si podemos ir –Le respondí algo agitada, una vez que nos separamos. Ella quedó un poco descolocada y me miro con la boca entreabierta. Tardo en reaccionar unos minutos en los cuales, por fin, decidimos emprender el paseo por aquellas vías a orillas de la playa.

Íbamos con nuestros llamativos impermeables fucsias, protegiéndonos de la lluvia que no tardo en caer minutos después, pero ¿Saben qué? ¡No nos importó! Seguimos recorriendo el lugar, riendo de nuestras torpezas y regalándonos eternos besos bajo la lluvia.

Rachel aun me cuenta historias para olvidar mi miedo a volar; Rachel aun me sorprende con regalos dulces cada día; Rachel aun me besa como la primera vez; Rachel me sigue salvando la vida y yo, simplemente, trato de recompensarle cada día. Porque ella también estuvo rota; porque todos parecemos estar un poco rotos al final de algunos días.

Ahora, les daré el mejor consejo de todos, sé que es difícil tener esperanzas cuando no ves muchas opciones alrededor, pero soy el mejor ejemplo de que se puede comenzar a vivir más de una vez y en muchas formas. La vida a veces nos golpea tan fuerte, que nos hace creer que somos de cristal, pero no es así, somos de carne y hueso, tenemos sangre en las venas y sentimos, sobre todo eso… Sentimos, y es lo que nos impulsa a ir por más. No les diré que mis miedos se han ido del todo, aun le temo a cosas que no debería, pero soy una mejor versión de mi misma.

Por ultimo, recuerden que existen corazones que salvan; amigos que se hacen familia y que hay personas sin familia que valen más que familias completas. También recuerden que un día apresurado y lluvioso de cielo gris, con un impermeable fucsia, pueden encontrar el amor, y que aceptar una cerveza en un bar holandés, puede ser la mejor decisión de tu vida.