Celos
Esa mañana Sara despertó muy temprano, en realidad no había podido dormir por estar pensando en su prometido, en Rosario Montes y en Javier Macías. Amaba a Franco como nunca pudo querer a nadie, ni siquiera este último que tanto significó para ella, estaba segura que a la mañana siguiente sería la esposa más feliz después de casi un año de relación, a pesar de que en ese año Franco se hubiera encontrado con Rosario en determinadas ocasiones y ella solamente se hubiera limitado a defenderlo de las agresiones de todos los que la rodeaban.
Además ese día la tenía llena de ansiedad, el recado de su mamá de que Javier estaba en la ciudad y la pelea con Franco una noche anterior no habían sido coincidencia; tal vez así como Franco cerró su ciclo con esa cantante, ella tendría que hacerlo también. Por lo tanto, después de levantarse llamó al teléfono que su mamá anotó y concretó una cita a las 2 de la tarde en un restaurante en el centro de la ciudad.
Buscó entre la ropa que aún conservaba en la Hacienda y se desesperó al encontrar sólo su antiguo closet, las faldas largas y las blusas hasta el cuello eran las que figuraban ahí. Revisó la sección de Jimena y encontró un pantalón ajustado y una ombliguera, no tenía tiempo de pasar con los Reyes por su ropa, así que optó por usar esas prendas. Se retocó con poco maquillaje y suspiró frente al espejo preguntándose si estaba haciendo lo correcto.
No dio explicaciones cuando salió de su casa, aun cuando su abuelo y su madre le preguntaron si todo estaba bien, ella sólo se dirigió rápidamente a su camioneta preguntándose qué podía pasar al encontrarse con Javier, no dejando de sentir culpa por ocultarle esa salida a su futuro esposo. Cada que cambiaba la velocidad rogaba porque a Franco o a alguien de sus hermanos se le ocurriera ir a la hacienda a ver a mamá.
En el restaurante ya se encontraba Javier, al verla se levantó de su asiento para recibirla con un abrazo y después retirarle la silla para que se sentará frente a él.
Sarita sonrió al verlo, habían pasado más de 7 años desde que se habían dejado de ver y él parecía conversarse igual, cabello negro, tez blanca y ojos claros. Se rio ante la última característica, al parecer tenía una fijación por los ojiazules.
—Yo no puedo decir lo mismo de ti—respondió él cuando ella le afirmó que seguía igual—cambiaste mucho, Sara. No recuerdo haberte visto con ese tipo de prendas cuando estábamos en la universidad, que por cierto te sientan muy bien.
Sara sonrió.
—Sí, la verdad pasaron muchas cosas desde que murió mi papá hace aproximadamente 3 años y cambié mucho.
—Me enteré de eso, hasta Bogotá llegó la noticia y en cuanto dijeron Elizondo pensé en ti—confesó y le tomó la mano—realmente siempre pensé en ti y en qué hubiera pasado si no hubiera tenido que quedarme en la capital—Sara retiró la mano—perdón, no quise incomodarte.
—No, no es eso—suspiró—al terminar la carrera pensamos en muchas cosas ¿cierto? Yo no salí con nadie desde que volví acá hasta que murió mi papá y conocí a mi prometido, me dediqué a la Hacienda y a los negocios ahí, nunca busqué trabajo en otro lado, en cambio tú…
—En cambio yo, me quede en Bogotá para trabajar en el Despacho—la interrumpió—No me atrevía a volver por ti después de todo lo que pasó.
Sara se encogió de hombros.
—Lo entiendo, éramos muy jóvenes y el dueño del Despacho es ahora tu suegro ¿o me equivoco?
Javier sonrió y le miró la mano.
—SÍ, pero eso no quiere decir que yo no te hubiera querido como esposa como lo platicamos. Pero así se dieron las cosas y estoy contento con mi familia como supongo tú lo estás con tu prometido, ¿cuándo te casas?
—Mañana—suspiró—por eso tenía que verte hoy, para despedirnos y que sepas que no te guardo rencores, al contrario creo que fue algo muy lindo lo que vivimos.
—Aun conservas el anillo que te regalé.
Sara estiró los dedos y sonrió, tenía en su mano el anillo de compromiso que Franco le obsequió, el anillo que llevaba desde la universidad que Javier le había dado como promesa de amor, y mañana tendría el anillo que la uniría de por vida al hombre que amaba.
—Es parte de mi historia—se encogió de hombros—siempre que me preguntaban cómo sería mi hombre ideal pensaba en ti.
Javier sonrió, Sara era tan sincera y directa.
—Yo soy único, Elizondo. ¿Pero tu prometido se parece un poco al menos?
—Es mucho más guapo—sonrió—rubio, fuerte, inteligente y muy bueno para los negocios. Ah pues es el dueño de Supermercados Trueba, supongo lo conoces.
—El despacho ha llevado algunos casos de las sucursales en Bogotá—se quedó pensando uno momentos—oye Sara, pero según llegó el rumor de los trabajadores la dueña era un viejita que se encaprichó con un jovencito y que al morir le dejó todo. ¿Ese jovencito es tu prometido?
Sara intentó responder pero en ese momento vio como Javier Macías se caía de la silla a causa de un golpe que en la cara que Franco le había dado, segundos después Oscar sostenía a su hermano pidiéndole que se calmara, Sara lo miró incrédula, pero él le devolvió una mirada de disgusto.
….
—No sé cómo puedes pensar en negocios un día antes de tu boda y más cuando Sarita duda de casarse contigo—le comentó Oscar a su hermano cuando iban hacia una reunión.
—Sara no está dudosa de casarse conmigo, está molesta pero sé que mañana estará ahí junto a su abuelo para ser llevada al altar—confesó Franco—y tengo que dejar todo listo para estos días que me ausente por la luna de miel. Tenemos que estar los dos para dejar las cosas en claro.
Oscar revisó las carpetas que llevaba en sus piernas.
—Oye, pero estos son asuntos de Sara, ¿No tendría ella que estar aquí?
—Ay Oscar no la presionaré y tú perfectamente puedes encargarte de eso.
Sin más quejas, los hermanos Reyes se encaminaron hacia las oficinas y después de la junta, invitaron a los socios a comer al centro ya que ellos no habían podido estar presentes en la cena de despedida de soltero, insistieron con al menos compartir una comida.
Sin embargo al llegar ahí, Franco sintió un impulso muy grande por golpear a alguien al ver a Sara sonriendo con un desconocido. Él nunca la había visto tan entusiasmada y los únicos hombres con los que convivía eran los vaqueros y los hacendados de la zona, al parecer nunca se había interesado en ellos, ¿Quién era ese hombre que estaba con ella? Nunca lo había visto antes, sin embargo se le veía la clase y la distinción desde lejos.
—Caballeros creo que es mejor dejar la comida para otra ocasión— comentó Oscar al ver hacía donde se dirigía su hermano—¿Qué vas a hacer? No vas a armar un escándalo aquí—le susurró al oído.
—Déjame Oscar, Sara está ahí y ese sujeto le está tomando la mano
Sin importarle si sus socios seguían ahí o no, Franco se encaminó hacia la mesa de Sara.
"¿Ese jovencito es tu prometido?"
Escuchó que le preguntaron a Sara y no se contuvo, estrelló su puño cerrado contra la cara del acompañante de Sara quien lo miraba sorprendida mientras su hermano lo sujetaba.
…
—¡¿Qué crees que haces?! —gritó Sara corriendo hacia Javier ayudándole a levantarse.
—¿Qué crees que haces tú, Sara? Mañana serás mi esposa y pensé que estabas en tu casa porque querías estar sola, nunca aproveche que aprovecharás para verte con este señor.
Sara se levantó rápidamente, seguida de Javier que se sujetó de la silla para poder hacerlo.
—Ah entonces tú sí te podías encontrar con Rosario Montes y yo tengo que aceptarlo, pero yo no puedo ver a un antiguo amigo porque tienes que venir de salvaje a golpearlo.
—¿Ah entonces es tu amigo? ¿Y por eso te estaba agarrando la mano? Por favor Sara, si fuera tu amigo no habrías tenido que mentirme para verte con él.
La cabeza de Sara comenzó a dar vueltas, no podía creer lo que estaba escuchando.
—Yo no te mentí Franco y no me insultes al decirme que tengo una aventura cuando eras tú no fuiste de todo sincero conmigo.
—Yo no planeaba encontrarme con Rosario, en cambio tú hasta te arreglaste para venir con él.
Los puños de Sara se tensaron al igual que todas sus facciones.
—¿Sabes qué Franco? Olvídalo, ni a mí me importa que quieras recuperar a Rosario ahora que es viuda ni a ti te importa que yo me encuentre con quien fue mi novio en la universidad. Y toma tu anillo, no quiero estar con alguien que no confía en mí.
—¡Sara, espera! —gritó Franco cuando Sara se encaminó hacia su camioneta seguida de Javier.
Tenía el anillo en la mano, lo miró detalladamente para después presionarlo fuertemente.
—¡Sara! —quiso seguirla pero Oscar lo detuvo.
—Cálmate, Franco, ven tomate un trago.
Franco obedeció a su hermano y una vez que el tequila hizo su efecto de relajarlo, comenzó a llorar, que idiota había sido pero no supo cómo reaccionar al ver a la mujer que tanto amaba con otra persona.
—Tranquilo mi flaco—le pidió Oscar—es una Elizondo y recuerda que te tocó la más temperamental. Te aseguro que mañana será tu esposa.
¡Hola! Muchas gracias por sus reviews, ayer terminé la telenovela y lloré tanto :( son tan hermosos y perfectos. Es la mejor telenovela del mundo, jaja. Aquí están los celos de Franco, y cómo reaccionó.
Faltan 20 horas para la boda ¿Creen que Franco logré enmendar su error? ¿O tendrán que retrasarla unos días más?
Agradezco su apoyo
Los quiero
~Luriana~
