Serenata

Sara lloraba y no dejaba de maldecir lo que acababa de pasar.

—Tal vez exageraste al devolverle el anillo—le comentó Javier en la camioneta mientras era llevado a su hotel—el muchacho tenía cierta razón, eres su prometida y…

—No, no tiene razón—se quejó Sara—yo nunca le faltaría al respeto porque lo amo y tal vez le hablaría de ti en algún momento que surgiera. Pero lo que hizo no tiene nombre, más cuando ayer mismo me confesó que él se había encontrado muchas veces con su ex novia.

—Perdóname Sara—pidió Javier—yo nunca quise causarte problemas, al contrario, quería verte felicitarte por tu matrimonio.

Sara lo miró y soltó una risita

—¿Mi matrimonio? Tanto tiempo esperándolo para que se terminara así.

—¿De verdad no irás mañana?

Sara no respondió aprovechando que habían llegado a su hotel, pero antes de que se bajará se quitó el anillo del medio índice.

—A Franco le devolví mi futuro, a ti te entrego mi pasado.

—Sara, por favor, no seas tan extremista—pidió el muchacho—tú misma lo dijiste, es parte de nuestra historia y lo has llevado por muchos años.

La muchacha se quedó mirando la pieza entre su mano y después miró su mano vacía, en menos de 2 horas estaba perdiendo todo.

—Quédatelo—continuó Javier—y no lo uses si no quieres.

Se bajó de la camioneta pero antes de irse añadió.

—Sara, no te precipites—le aconsejó—yo te conozco desde hace años y jamás te había visto tan feliz y radiante como el día de hoy, tan contenta con tu matrimonio, tan orgullosa de tu prometido a pesar de que sea un vividor…

—Él no es un vividor, es el hombre más trabajador que conozco—corrigió Sara ante lo que Javier sonrió.

—Lo ves, lo defiendes. Mira Sarita, yo he tenido muchos problemas con Nora, hemos peleado cien veces y la escena de celos de tu prometido es nada con las que a veces se le ocurren a mi esposa—suspiró—pero al final del día estar con ella es lo único que me reconforta. Tú eres muy inteligente a pesar de que tus impulsos a veces te ganen, sabrás que es lo mejor.

Después de eso, Javier cerró la puerta, dejando a Sara con mucha inquietud. Se pasó la mano por el cabello y después dio un golpe al volante. Se supondría que tendría que estar arreglando los últimos detalles de la boda y pasando ciertos asuntos a Oscar para que se hiciera responsable. Y en cambio, estaba en medio de la carretera sin saber que sería de su vida.

Cuando llegó a la Hacienda, ya había oscurecido, perdió un poco la noción del tiempo por estar pensando en todo lo que había pasado. Su madre se percató de la tristeza que reflejaba en su cara, por lo que la invitó a pasar al estudio pidiéndole a Dominga dos tazas de té, que se convirtieron en tres cuando Don Martin entró a la misma habitación.

Sara les platicó lo que había ocurrido y en medio de la narración no pudo evitar el llanto.

—Ay muchachita—la consoló su abuelo—que bien te tenías escondidito a ese tal Javier.

—Abuelo, eso fue hace mucho tiempo, Franco no tendría por qué comportarse así.

—Yo se los dije a ti a tus hermanas pero nadie me hizo caso—agregó Gabriela—yo estimo a esos muchachos, me parecen correctos y trabajadores, pero no neguemos que son unos salvajes. Y que cuando se trata de ustedes parecen unos cavernícolas que no pudieran pensar.

—Gabriela, por Dios, imagina como Franco se sintió al ver que su prometida estaba sonriendo con un desconocido, cualquier hombre hubiera reaccionado de la misma manera.

—Sí abuelo, yo estoy de acuerdo, pero no después de que él me confesará que se llegó a ver con la cantante esa cuando ya estábamos juntos—se quejó Sara—es que lo pienso y ¡ah! —apretó los puños—no puedo con la indignación.

Don Martin se jaló el cabello, mientras que Gabriela golpeaba el escritorio con los dedos.

—¿Entonces cancelaras la boda? —Preguntó su madre—¿Te imaginas el escandalo?

—Y yo que ya le había pedido a Dominga que llevará mi traje a la tintorería.

—Ay no lo sé. Tengo que hablar con mis hermanas, con permiso.

Se levantó del asiento para dirigirse a la sala y poder hablar a la hacienda de los Reyes, rogando que no contestara Franco u Oscar, aunque para esas horas ya todos se debían de haber enterado de lo que pasó. Para su suerte, contestó Eva, quien le comentó nadie se encontraba en la casa, que habían salido ya hace rato y al parecer iban para allá.

Después de colgar, Sara subió a su habitación, abrazó un peluche de Juan David que había olvidado la última vez que habían estado ahí y se quedó mirando al techo, esperando que su familia llegase para definir de una vez esa situación.

Franco le pedía a Oscar que fuera más rápido, pero este se negaba argumentando que ya estaba oscuro y que la carretera era peligrosa.

—No querrás dejar a Sarita viuda antes de la boda ¿verdad? —Comentó—aunque sería gracioso que se repitiera tu historia.

—Si es que Sarita aún se quiere casar con él—agregó Juan—después de las estupideces que este ha cometido en estos últimos días no me extrañaría que mi cuñada lo mandará a la fregada.

—No nos precipitemos—sugirió Jimena—mi hermanita es muy temperamental, todos lo sabemos, pero también es muy inteligente así que yo creo que mañana seremos concuñas.

—A mí lo que me parece gracioso—intervino Norma— es que los tres tengan ese gen de tanta pasión que les impida pensar cuando están enojados y aunque Franco parecía el más tranquilo ya demostró que también es un Reyes.

—Bueno ya, acelera Oscar que necesito llegar con Sarita.

—Si es que está en la hacienda—pensó su hermano—porque igual y se fue con ese hombre que estaba con ella.

Franco se abalanzó contra su hermano haciendo que perdiera el control del volante, por lo que Juan tuvo que intervenir para separarlos.

—Eso ni se te ocurra, Oscar.

—No, Javier es un viejo amigo de Sarita de la universidad—explicó Jimena—no sabía que habían sido novios, mi hermanita sí que es una caja de sorpresas, pero él es casado así que yo creo que sólo vino a saludarla.

Franco dejó caer su cabeza, arrepintiéndose de la injusticia que cometió con su novia y preguntándose si esta sería capaz de perdonarlo con la idea tan brillante de Oscar de llevarle serenata.

Llegaron a la hacienda Elizondo, seguidos de la camioneta que transportaba a los mariachis, los cuales se bajaron para alinearse con los hermanos Reyes para saber que canciones tenían pensadas.

—Pues miren, aquí mi hermano le hizo una escena de celos a la que mañana será su esposa y esta le devolvió el anillo—explicó Oscar—nosotros no sabemos mucho de canciones en estos casos, así que ustedes recomiéndenos una así bien bonita para que perdonen a este tonto.

—Miren el plan en este caso es tres canciones—explicó uno de los mariachis—primero una de amor, para que la señorita sepa lo que este hombre siente por ella. Si no sale, una de dolor, para que la señorita sepa que este muchacho se está muriendo por ella. Y si es muy terca…

—Es muy terca—afirmó Jimena

—Bueno, en ese caso una donde usted se arrodillará a pedirle perdón. ¿Les parece?

Franco asintió mientras Norma y Sarita brincoteaban abrazando a sus esposos, al parecer disfrutaban mucho de la situación y del dolor que el pobre Franco sentía.

—Y empezamos, un, dos, tres—contó el jefe de Mariachis.

En ese momento comenzaron a cantar una canción titulada "Paloma querida", que tenía frases como: "Me sentí superior a cualquiera y un puño de estrellas te quise bajar, al mirar que ninguna alcanzaba me dio tanta rabia que quise llorar. Yo no sé lo que valga mi vida pero yo te la vengo a entregar, yo no sé si tu amor la reciba, pero yo te la vengo a dejar."

Sin embargo, cuando la canción terminó no había ninguna luz prendida en la hacienda, lo que preocupo a Franco y también a las Elizondo, que decidieron entrar a ver qué pasaba.

Norma y Jimena encontraron todo apagado al entrar a su casa, pero su madre estaba en la escalera, les explicó que ella quiso bajar a abrir pero que Sara le pidió que no lo hiciera y corrió al cuarto de Norma, que al parecer estaba ahí mirando desde la ventana. Las hermanas junto con Doña Gabriela subieron a ver qué pasaba con la tercera Elizondo y se encontraron a su abuelo que al parecer iba también hacia el cuarto de Norma.

Sara estaba a oscuras frente a la ventana abrazándose a sí misma, cuando miró que su familia entraba les hizo una seña de que guardaran silencio.

—Nunca había visto a Franco tan angustiado—confesó con una sonrisa una vez que la segunda canción comenzó a sonar.

La siguiente canción, como bien dijeron los mariachis era una donde él explicaba cuanto estaba sufriendo por ella y decía "Ya podrás tener al mundo entero y entre tus brazos toda la dicha de otro cariño mejor que el mío, pero ya verás que todo acaba y al verte sola como hoy me siento siempre hace frio"

Pero sin duda la frase que hizo a Sara estremecerse y le provocó un nudo en la garganta fue "Mátame cielo, trágame tierra, quiero morirme si no vuelves más"

—Escucha hija, ese muchacho se quiere morir—le dijo su abuelo, también con emoción.

—No se va a morir abuelito—sonrió Sara—no quedaré viuda el día de mi boda.

—¿Entonces si te casas? —preguntó Gabriela

—Pues claro que me caso—respondió sin dudar—véanle esa carita, hasta la mujer con el corazón más duro se estremece al verlo así.

—O sea tú—sonrió Norma y Sara le devolvió la sonrisa—Entonces ya podemos bajar.

—No—pidió Sara cuando vio que todos se encaminaron a la puerta—dejemos que se arrodille un poco más.

—Ay Sarita, no seas así. Al menos préndele la luz que vea que tiene esperanza—sugirió Jimena.

—Sí eso sí podría hacer—aceptó y prendió su lámpara.

Fuera de la casa, Franco se emoción al ver la luz prendida y abrazo a su hermano, aunque se cuestionó por qué no bajaba pero al menos suspiró porque ya había conseguido que lo escuchara.

Después de que acabó la canción, esperaron unos minutos para ver si Sara salía, pero al no ver resultado le pidieron al mariachi que tocaran la última canción.

Sin duda era una canción para alguien que necesitaba ser perdonado urgentemente, tan sólo el titulo era "Perdón" y el contenido abundaba de oraciones como "Perdón vida de mi vida, perdón si es que te he fallado, perdón cariñito amado, ángel adorado, dame tu perdón, si tu sabes que te quiero con todo el corazón, que tú eres el anhelo de mi única ilusión, ven y cambia mis angustias con un poco de amor, que es todo lo que pide, mi pobre corazón"

—Ay no, me muero—dijo Sara a sus hermanas—ya necesito verlo.

Sara, corrió hacia la sala, sin importarle su maquillaje corrido y su cabello despeinado, sus hermanas hicieron lo mismo y Gabriela ayudo a bajar a su papá en la nueva rampa que le habían adecuado. Al abrir la puerta, se encontró con Franco que la recibió con los brazos abiertos cuando ella corrió hacia él. Le llenó toda la cara de besos y susurrándole le pidió perdón.

—Fui un idiota Sara—confesó—por lo de Rosario, por lo de hoy, por todo. Pero te amo con toda mi vida.

A Sara se le llenaron sus ojos de lágrimas y ella también pidió perdón por haber sido tan impulsiva.

—Si eso es lo que me enamoró de ti Sarita—le dijo—tu temperamento, tus arranques—la volvió a besar—Y creo que tendré que acostumbrarme porque estaré contigo toda la vida.

Sara le mostró la mano izquierda, haciéndole le ver que no traía anillo puesto. Franco sonrió y se hincó. Todos alrededor se emocionaron al ver como le pedía nuevamente que se casara con él y como Sarita aceptaba con una gran sonrisa en los labios.

Después de pagarles a los mariachis y agradecerles su participación en ese acto, Gabriela los invitó a pasar pero estos la rechazaron.

—Aún tenemos que hacer muchas cosas de la boda—dijo Juan—¿por qué no vienen mejor ustedes? Las cosas de Sara están en la casa y es mejor que se arregle allá con sus hermanas, ustedes podrían hacer lo mismo.

Pero Gabriela y Don Martin prefirieron quedarse, pues el traje del segundo estaría listo hasta la mañana siguiente y su casa era mejor lugar para arreglarse. Sin embargo, Sara si se fue con sus hermanas y en la camioneta no dejó de besar a Franco.

—Me volví loco al verte con él—le confesó a su prometida.

—Bueno, al menos sirvió para que me valoraras—le besó.

Y así se encaminaron a la Hacienda, faltando pocas horas para el gran día.


¡Hola! Pues aquí está el desenlace de la pelea de estos dos, yo con una serenata me muero y al parecer Sarita también.

A mi me encanta la música de mariachi y aquí puse 3 que aunque no son mis favoritas encajan perfectamente; "Paloma querida", "Siempre hace frío" y "Perdón" Si quieren buscarlas en youtube, veanlas con la telenovela de La hija del mariachi, que les apuesto les encantará jaja.

Muchas gracias por sus reviews, faltaría sólo un capitulo que es de la boda y yo creo lo estaría publicando a más tardar el viernes.

Les mando un beso y muchas gracias

~Luriana~