Nada de esto me pertenece, personajes de Dragon Ball son de Akira Toriyama y trama pertenece a "Los juegos del Hambre" de Suzanne Collins.


Capítulo 1: La selección.


Un grito potente se oyó por la pequeña casa que se encontraba a un lado de la alambrada que prohibía el paso de los aldeanos hacía el bosque.

Los cuatro habitantes de aquella pequeña choza se despertaron ante el grito sofocante que proliferaba la más pequeña de todas.

Chichi, una chica de dieciséis años se levantó con rapidez de su rígida cama para correr por el pequeño corredor hacía la habitación en donde dormían ambos mellizos.

Phea estaba sentada en su cama, con su cabello cobrizo desaliñado y sus ojos azules detrás de una densa capa de lágrimas, sollozando abrazada a un cojín, completamente asustada. A Chichi le pareció como un gatito, uno pequeño que espera paciente que su dueño regrese y lo acaricie porque se siente solo y perdido.

Davie, el hermano mellizo de Phea estaba sentado en la otra cama, restregándose sus ojos pardos, observando por entre sus dedos a su hermana.

— Está bien, todo está bien —Susurró la pelinegra al tiempo que se sentaba en una esquina de la cama de la chiquilla y la abrazaba suavemente.

Ella negó ligeramente con su cabeza, aún sollozando entre los firmes brazos de Chichi.

— Era yo —Dijo entre hipidos—, era mi nombre.

La pelinegra torció ligeramente el cejo y acarició con cuidado el cabello cobrizo de la pequeña niña.

— Nada pasará, Phea, yo me encargaré de eso —Aseguró la más grande—, además, es tu primera vez nada más, tu nombre no saldrá en la cosecha si apenas está en una papeleta.

Phea elevó su rostro redondo para observar fijamente a la chica que era como su hermana, intentando obtener seguridad en aquellos ojos negros profundos.

— ¿Segura? —Susurró la chica.

— Chichi tiene razón, Phea —Habló está vez el mellizo de la chica, con su cabello rizado y cobrizo al igual que el de su hermana. Se levantó de su cama para ir hacía la de su melliza y sentarse a un lado de ella—, ella siempre tiene razón, ¿verdad, Chi?

La pelinegra soltó una ligera risilla y asintió.

— Siempre tengo razón, tú lo has dicho Davie.

Una suave carcajada se dejó oír desde el umbral de la habitación, los tres chicos pegaron sus ojos en el rostro regordete de la madre de los mellizos.

— Veo que los tienes entrenados, Chichi —Habló la mujer de edad avanzada, la pelinegra sonrió y se separó de una ya tranquila Phea. La mujer se acercó y se sentó en la cama de su hijo—. Chichi tiene razón, niños, todo estará bien.

La pelinegra sonrió a la que sería su "madre adoptiva", quien en realidad, era la criada de su antigua casa, casa que se les fue arrebatada por los androides y esclavos del Doctor Gero al ser enterado de que su padre era participe de un grupo "revolucionario". Como era de esperarse, su padre fue ejecutado y ella llevaba a un orfanato, sin embargo, Mariem, su criada, decidió adoptarla como una tercera hija, siendo, que no tenía dinero para alimentar ni a sus propios hijos. Pero Mariem no tenía corazón para dejarla ir a un orfanato, no. Decidió adoptarla.

Había sido una bendición.

Chichi había aprendido artes marciales junto con su padre y este le había enseñado además a manejar un arma como lo era el arco y la flecha, cosa que se le daba muy bien y gracias a eso pudieron sobrevivir.

La pelinegra se encargaba de ir a escondidas al bosque, cazar para luego vender a algunos comerciantes ilegales y poder tener todos los alimentos necesarios para vivir, un poco de ropa y un techo para poder pasar el frío.

— Debo irme —Susurró la chica de dieciséis años, tres pares de ojos se le pegaron en su rostro.

— Ve con cuidado Chichi —Susurró Mariem, con una evidente mueca de desagrado, odiaba tener que verse forzada para ver a la chica partir a los bosques, cualquier cosa podría pasarle, pero si no lo hacían, todos morirían de hambre, sobre todo porque después de que se supiera que ella había trabajado para Ox Satán, nadie quería darle labor por miedo.

— Lo tendré —Aseguró la pelinegra.

Besó la coronilla de los dos niños y luego de sonreírle a Mariem salió de la habitación a pasos rápido. Lo mejor era salir de casa luego antes de que su nana –como ella le decía antes a Mariem- le comenzara a bajar el instinto sobre protector que a veces le daba. A Chichi le agradaba aquella preocupación a veces, porque le hacía recordar que aquella familia ahora era suya también, que ella era parte de ellos como ellos eran parte de ella. Los únicos que le quedaban y que ella iba a proteger con dientes y garras, con su vida si era necesario. Se los debía.

Cerró la puerta de su casa luego de vestirse y hacerse una cola baja de caballo, y se encaminó por el largo camino de tierra hacía el lugar en donde podía salir al bosque, era un pequeño agujero que estaba por debajo de los alambres de púas y que ella había encontrado hace unos tres años atrás cuando se encontraba desesperada por encontrar algo que comer.

Llegó al lugar y a punta de codo se pasó para ir hacía el bosque, se levantó y al trote se camufló por entre medio de los árboles para adentrarse más al bosque e ir por su arco y flecha. Y ponerse a cazar.

Caminó unos cuantos pasos más, subiendo por una pequeña colina, encontró el árbol hueco y se acercó para comenzar a treparlo con facilidad. Recordaba como anteriormente su padre le contaba historia sobre princesas en peligros y príncipes voladores que llegaban en nubes doradas a rescatar a la damisela, ella aprendió por las malas que todos aquellos hermosos cuentos eran falsos y que su realidad era muy distinta, porque ella era la princesa en peligro pero también era su propio príncipe. Debía recatase a sí misma, incluyendo en esta ecuación a su Nana y a los mellizos.

Llegó a la primera rama recta y de ahí descolgó su carcaj lleno de finas y peligrosas flechas puntiagudas. Comenzó a bajar con lentitud para no resbalar, era extraño, porque subir nada le costaba, pero bajar le era complicado.

Cuando estuvo a una distancia razonable del suelo dio un leve salto y cayó de pie, para luego acercarse al lugar ahuecado y sacar de ahí un hermoso arco de madera, tallado. Era lo único que tenía que anteriormente pertenecía a su madre.

Se mordió el labio inferior y se arregló la cola de caballo baja que se hacía diariamente para mantener su cabello lejos de su rostro y este no le molestase. Se pasó su mano por su frente corriendo su perfecto y recto flequillo.

Suspiró y luego de colocarse el carcaj de flechas detrás de su espalda y mantener el arco firmemente en su mano, comenzó a caminar silenciosamente por entre el bosque para ir en busca de su presa.

Alerta comenzó a avanzar hacía lo más profundo del bosque, escuchó el sonido de hojas siendo rotas por ligeras pisadas. Sacó una flecha de su espalda y la tensó en el arco, apuntando en el arbusto que estaba justo a su izquierda.

Tomó aire, dispuesta a atacar, sin embargo, antes siquiera de disparar la flecha se oyó el chillido de un animal siendo atacado y luego, aquel último soplo de vida.

Torció el gesto y sacando la flecha del arco la colocó en el mismo lugar de antes. Apretó el mango de su arco con molestia y se encaminó para traspasar el arbusto. Como era de esperarse encontró a la única persona que sería capaz de estar ahí cazando también, aunque le sorprendía que haya sido más rápido que ella, puesto que casi siempre era ella la que obtenía las presas como conejo más rápido.

— ¡Eh!, ¡estás en mi territorio! —Se quejó la pelinegra con los dientes apretados, sin embargo, se quedó de piedra al no encontrarse con la persona que creía que se encontraría.

El muchacho sonrió a modo de disculpa y elevó una mano enfrente de él casi como escudo, en la otra tenía el conejo que ella estaba dispuesta a cazar.

— Lo siento, no sabía que habían firmado un acta territorial —Se disculpó el pelinegro.

Cuando Chichi salió de su estupor, torció los labios y miró al chico con cierto grado de desconfianza.

— ¿Qué haces acá? —Preguntó la chica.

Él soltó una ligera risa incomoda.

— Pues… Krillin amaneció hoy un poco asustado —Reconoció el chico de cabello alborotado, Chichi enarcó una ceja—. Por la elección de hoy, creo que se descompuso al hacer un conteo de "cuántas veces está mi nombre en la vasija hoy" —Contó el muchacho, casi como si Chichi fuese la mejor amiga de toda su vida.

Ella cruzó los brazos a la altura de su pecho e incómoda dio un paso hacia atrás.

— ¿Cuántas veces está su nombre en la vasija? —Preguntó, sin poder evitar su curiosidad. No es como si Krillin fuese su amigo o algo por el estilo, es sólo que ella se había acostumbrado a cazar con él, tener claro los límites de cada uno e incluso hacer a veces intercambio con carnes y plantas comestibles. A veces, también, cuando Chichi tenía ánimos, vendían juntos en el comercio negro.

— Unas 38 veces —Respondió el chico, torciendo ligeramente su gesto.

— Creo que no ha hecho una buena inversión con los androides —Comentó la chica, sin quitar aquella postura defensiva, sin embargo, Goku parecía no notarlo y sonrió levemente.

— Creo que nadie lo ha hecho —Continuó él, sonriente.

Chichi no pudo evitar sonrojarse levemente, ante aquella sonrisa. Recordó al pelinegro de cuando era pequeño, le conocía e incluso él anteriormente le había hecho una promesa, promesa que no cumplió y que además parecía incluso haberse olvidado de ella. Aún así, a ella le tenía sin cuidado, después de todo, aquella promesa se la había hecho cuando eran críos y ella no sabía muy bien lo que hacía o decía. Lo que sí le molestaba, era que Goku y con suerte se recordaba de ella, pero prefería evitar decirle algo, más bien, prefería evitar al chico completamente.

Torció el gesto y se giró. Había perdido un valioso tiempo.

— El territorio de Krillin es el que está continuo al árbol hueco, el mío es el que tienes acá —Dijo ella volviendo al tema—, puedes quedarte con el conejo, porque fuiste más rápido. Nos vemos por ahí —Dio por finalizada la conversación, se giró para seguir con lo suyo, sin embargo, parecía que Goku no estaba en los mismos planes.

— Espera, Chichi —Murmuró el pelinegro, la pelinegra giró medio cuerpo, para observar al muchacho, quien sonrió algo nervioso—. ¿No crees que sería mejor que cazáramos los dos juntos?, luego tan sólo nos repartimos el botín —Opinó el muchacho.

La chica torció el gesto brevemente y luego negó ligeramente con la cabeza.

— No creo que sea buena idea —Contestó la chica, para luego dejar al muchacho con la palabra en la boca e irse del lugar.

Incomoda caminó por entre el sendero hasta encontrar a su próxima presa. Aquel día, por ser ese día, tenía menos tiempo para cazar, los de la Región Central llegarían a las dos y media en punto para luego a las tres comenzar con la ceremonia de selección. Y sería completamente caótico si alguien la descubriera vendiendo en el mercado negro. La ejecutarían o peor, la mantendrían como esclava, como uno de esos androides en que le hacen una completa transformación y los ocupan como esclavos.

Un escalofrío recorrió parte de su columna vertebral, de pie a cabeza al imaginarse una vida como un "robot".

Al final, cuando sonó las primeras tres campanadas que indicaban que pronto sería medio día, la pelinegra se pasaba para el pueblo con dos ardillas al hombro y un saco de cerezas que había sacado de uno de los árboles que había protegido con mayas.

Rápidamente vendió todo lo que había obtenido en el día de caza, compró cereales que no quedaban y un poco de carbón que estaba juntando desde ya para el frio invierno que se les venía encima, también compró aceite y se pegó un gustito de comprar una pequeña bolsa de dulces que le había dado aquel comerciante por las cerezas que había vendido, además de un pedazo grande de carne de ardilla.

Ya a las cuando le quedaba un cuarto de hora para las dos llegó a casa y se dispuso rápidamente a arreglarse. Se dio una ducha rápida y luego salió del baño para encontrarse con un obsequio encima de la cama.

Parpadeó completamente extrañada ante el vestido chino morado que estaba encima de su cama.

— Es el único vestido que pude rescatar del armario de tu madre —Susurró Mariem desde el umbral de su habitación, ella se giró para observar por sobre su hombro a su Nana, aferró la toalla contra su pecho.

— Gracias —Fue lo que pudo salir por su garganta debido a una fuerte presión en su pecho.

Hizo el amague de una sonrisa que fue respondida por una sincera de parte de Mariem.

— Vístete rápido para peinar tu cabello —Respondió la vieja, Chichi asintió y comenzó a vestirse.

Era tradición que su Nana le peinara el cabello de una forma bonita aquel día, en realidad, todos debían de presentarse a la ceremonia de selección de la manera más pulcra que se pudiese encontrar.

Pero este año era diferente y se sentía la tención en su pequeña casa. Era el primer año en que el nombre de Phea y Davie Long saldría en la vasija. Chichi conocía esa sensación, ese miedo anudándose en medio del estómago, ese miedo al saber que si tu nombre salía escogido estarías condenado a una muerte inminente.

Cuando terminó de vestirse se paró frente del espejo, Mariem llego y comenzó a cepillar su largo cabello con delicadeza, luego, lo trenzó con suavidad para después hacer una rosca justo en su nuca. Su flequillo caía por sobre su frente y dejaba dos mechones lisos y negros caer a ambos lados de su pálido rostro.

— Te ves hermosa —Susurró Mariem, Chichi se giró y sonrió levemente.

— Guao —Murmuró una vocecilla detrás de ambas mujeres, se giraron para ver a una colorina Phea, con el cabello amarrado en una coleta y un vestido rosa pálido, a su lado su hermano estaba con unos pantaloncillos cortos y una camisa, ambos miraban a la pelinegra casi como si estuviesen encantados.

— Estás muy linda, Chi, de seguro captarás la atención de todos los chicos del lugar —Aseguró Davie, con una sonrisa en su redondo rostro.

La pelinegra le devolvió la sonrisa un tanto avergonzada.

— Me gustaría ser tan linda como tú —Susurró la voz aguda de Phea.

Chichi suavizó sus facciones y se acercó a la chiquilla para tomarle la mano y sentarla en la cama.

— No, a mi me gustaría ser tan guapa como tu —Respondió la pelinegra con una sonrisa en su rostro.

Parecía como que Phea iba responder a eso, sin embargo, su voz quedó ahogada ante una campanada que resonó por todo el pueblo, indicando que ya era la hora de que todos se juntasen en la plaza metropolitana.

La pequeña niña de cabello cobrizo se aferró con fuerzas a la mano de la mayor, quien, tragó saliva con pesadez y le sonrió con confianza a la más pequeña.

— Es hora, niños, vayamos —Habló Mariem con voz ahogada.

— Estará todo bien —Aseguró Chichi, mirando a las tres personas en aquella habitación—, lo prometo.

Salieron de la habitación todos con los estómagos revueltos. Asustados.

*.*.*

La plaza estaba llena completamente, rebosante. Tanto por niños que venían a la elección como por padres preocupados y asustados por sus hijos.

Las selecciones de nombres eran a partir de los 12 años hasta los 18, luego de eso, tú veías qué hacías con tu vida, si es que te habías salvado de "Los Juegos del Poder". Era difícil, perteneciendo a aquella región, la octava, quienes eran calificados como la peor región perteneciente al país entero, sólo porque apenas y dos personas han logrado ganar en aquel cruel y absurdo juego, la primera murió de sobredosis por las drogas y la segunda. Bueno, era un viejo alcohólico y pervertido. Pero era un hombre honorable, había ganado los juegos por el cuerpo a cuerpo, él practicaba las artes marciales y era todo un profesional.

Cuando la mano de Chichi soltó la de Phea y Davie, un miedo irracional se coló justo en medio de su pecho. Es su primera vez, sus nombres están sólo una vez, sólo una vez, intentó auto convencerse, sin embargo, no pudo evitar sentir que aquellas palabras, en aquella tómbola de la suerte, estaban de lleno, porque a cualquiera le podía tocar.

Asustada se removió en su puesto, deseando que todo aquel jaleo pasase lo más rápido posible, quería ir a su casa y abrazar a ambos mellizos, sabiendo que estarían a salvo por un año más.

Pronto una mujer de cuerpo voluptuoso y curvilíneo se subió al gran escenario que estaba en frente de todos los habitantes del pueblo

— ¡Bienvenidos, bienvenidos! —Fue lo primero en decir cuando sus labios rozaron el micrófono que estaba justo en frente de ella, su cabello negro estaba amarrado de una forma completamente ridícula que superaba la ley de gravedad, sus ojos azules estaban ocultos en una capa de maquillaje verde que le cubría toda su piel; A Chichi le dio la sensación de estar viendo a un apestoso lagarto—. ¡Bienvenidos Octava Región a los Juegos del Poder número 99°!

Ella quizá esperaba un aplauso, sin embargo, sólo lo que recibió fue silencio. Al no tener el resultado esperado carraspeó y continuó con la presentación. Lo mismo de cada año. La canción perteneciente a la Región Central y un breve video de recordatorio de la guerra de hace cien años aproximadamente atrás, en donde, como era de esperar ganó el que fue padre del Doctor Gero, la invasión de los androides y del porqué enviaban a los niños a la arena a luchar a muerte unos contra otros. En total eran 24 los que entraban a la arena a pelear, una pareja por cada región, hombre y mujer. Eran doce las regiones obligadas a enviar a sus hijos a la lucha. Eran doce las regiones obligadas a ver como los niños se mataban entre ellos por un mandato de la Región Central.

— ¡Bien! —Habló nuevamente la mujer con una sonrisa en su rostro tapado en maquillaje—, ¡comenzaremos con la selección de los Hados* de este año! —Estaba contenta, porque creía que este año sería el último en el cual representaría a la octava región.

Chichi se removió incomoda en su puesto cuando vio como aquella mujer verde caminaba a pasos endemoniadamente lentos hacía la primera vasija, en donde estaban los nombres de las chicas. En su estómago se hizo un nudo y cerró los ojos con rapidez.

Que no sea mi nombre —pensó— que no salga escogida yo, por favor. No sabía bien a quién rogaba, pero los últimos cinco años le había funcionado. Entonces, cuando la mujer canta el nombre a todo pulmón de la nueva Hado, se da cuenta que aquella manda de pedir a quizá qué que su nombre no sea escogido realmente funciona. Sin embargo, su respiración se corta y todo le da vuelta al darse cuenta a quién pertenece ese nombre.

Y la ve, tal y como la había visto en la mañana, con los ojos hundidos y sin colorete en sus mejillas regordetas. Su cabello cobrizo se había salido por los lados de su firme coleta y miraba a todas direcciones, como un gatito asustadizo.

Porque el nombre que ha sacado aquella mujer de la vasija es el nombre de Phea Long. La pequeña niña que cuida cada día, aquella a la que le inventa cada historia para hacerla dormir, incluso cantarle.

Phea camina por entre las chicas del lugar, con pies tiritones y desorientada, llega al pasillo que forman la separación de hombres y mujeres y es tomada por dos Androides desde la espalda para ayudarla a avanzar hacía el escenario.

Es cuando las manos frías y metálicas de los androides tocan la espalda de Phea cuando Chichi logra reaccionar.

No tiene la necesidad de empujar a las chicas que están en su camino, porque ellas se abren paso para dejarla pasar.

— ¡Phea! —Grita a todo pulmón cuando llega al camino, da unos pasos hacia adelante para acercarse hacía ella, la pequeña y frágil Phea, sin embargo, su camino se ve obstruido por unos androides que le impiden el paso—. ¡No, no, Phea! —Chilla con todas sus fuerzas, haciendo que la pequeña niña se gire y detenga su paso. Ambos Androides, quienes obstruyen el paso de la pelinegra, la retienen con sus frías manos y ella no encuentra palabra más adecuada que gritar que la que suelta con todas sus fuerzas antes de verse alejada de la chiquilla—. ¡No, déjenme! ¡Me ofrezco como voluntaria! ¡SOY VOLUNTARIA! —Gritó más fuerte al darse cuenta de que los Androides no la soltaron, entonces, cuando las últimas palabras salen de su boca, quienes la retienen se abren paso para dejarla pasar.

Chichi se acerca corriendo hacía donde está la pequeña niña, quien se aferra a ella tiritona, asustada. Como un gatito.

— Dije que te protegería —Susurró entonces cuando la abrazó con fuerzas—. Ahora déjame ir, ve donde tú madre y déjame ir.

Phea se niega a hacerlo, sin embargo, cuando los Androides la separan de ella, Phea llora y corre hacía donde está su mamá, esperándola con lágrimas en los ojos.

Chichi aprieta sus labios, sintiendo como su corazón late tan fuerte que no le deja oír lo que ocurre en el exterior. Sube a la tarima, en donde la espera la mujer réptil y se coloca al lado derecho de ella, quien parece mucho más feliz que antes.

Está claro, ella es la primera persona de toda la región que se ofrece como voluntaria para ir a los juegos.

— ¡Vaya, nuestra primera voluntaria!, ¡qué alegría! —Chilla la presentadora, pero el silencio es tan irrompible que ni su voz chillona es capaz de quebrar—. ¡Un aplauso para…! ¿Cuál es tú nombre, chica?

— Chichi Ox —Susurra la pelinegra, cabeza gacha, intentando por todos los medios a no derramar ninguna lágrima, no se dejaría ver débil, no frente a los de la Región Central, quienes obviamente tenían sus ojos puestos en la pantalla del televisor, sorprendidos por el cambio brusco que tomó el asunto.

— ¡Un aplauso para Chichi Ox! —Gritó la mujer. Pero nadie aplaudió.

Chichi elevó su mirada al ver como toda la gente de la región llevaba su puño izquierdo a un costado de su pecho, donde estaba el corazón, daba dos golpecitos y luego lo bajaban. Era un mensaje, un mensaje de las Regiones. Significaba admiración y apoyo. La pelinegra decidió que lo mejor sería bajar nuevamente su vista, no podía llorar, no podía hacerlo.

— ¡Bien! —La voz de la presentadora nuevamente se dejó oír, rompiendo el tenso silencio—, ¡ahora vamos por los chicos!

Se acercó a la vasija, pero ya no podía empeorar nada. Nada.

Chichi debía aprender a no creer que nada empeoraba, porque siempre cuando una persona pensaba que nada podía ser peor, ¡pum! Y pasaban cosas mucho más malas, cosas crueles, como si la vida se estuviese burlando de ella.

— ¡Davie Long!

Su respiración volvió a cortarse, sintió como todo su cuerpo tenía una fea y dañina descarga eléctrica. Porque la suerte no estaba de su lado aquella vez, en realidad, la suerte jamás ha estado de su lado.

Pegó rápidamente los ojos, abiertos como plato, en el rostro del chico de cabello cobrizo que miraba anonadado hacía todos lados. Confundido, seguro de que eso no podía estar pasándoles a ellos, no a ellos.

Debía haber un error, un feo error, porque… ¿Cómo era posible aquello?

— ¡Me ofrezco como voluntario! —La voz fue firme y completamente clara, pero a Chichi le costó reconocerla, es decir, ¿quién lo creería?

Porque cuando sus ojos se pegaron en aquel extraño voluntario no vio ni una sonrisa bromista ni amistosa como lo había visto en la mañana, si no vio una mirada serena, un rostro serio y los labios completamente rectos.

Aquello no era una broma.

Son Goku era la persona que se había tirado a voluntario como Hado por el pequeño Davie, creando una fuerte confusión en cada uno de los habitantes. Aún más en ella, que creía que todo aquello era una pesadilla y que la respiración volvía de manera muy lenta a su cuerpo, demasiado para su gusto y para su salud.


Había dicho que no demoraría mucho en subir el segundo capítulo y pues no lo hice, como tengo la historia armada en mi cabeza, no me cuesta plasmar lo que debo poner, sobre todo porque estoy emocionada por este fanfic. Espero que ustedes también.

Sé que es el primer capítulo y no dice mucho, lo sé, pero encuentro que se pone interesante cada vez más, es decir, ¿quién se esperaba que fuese el otro niño elegido como "Hado"? y que Goku también se lanzara como voluntario, extraño, verdad?

Bueno, les quitaré todas las dudas que puedan tener conforme avance el Fanfic.

¡Espero sus Review respecto a este capítulo! No cuesta nada, pero nada dejar la huellita y comentar sobre lo que se lee, cosas que se puedes mejorar, si les ha gustado o si les ha desagradado, me gusta cuando me critican porque me ayudan a mejorar, claro, si es que las criticas son constructiva, ya sabéis.

Hado*: Bueno, Hado son aquí los participantes de los juegos, en el libro de Collins eran los tributos y yo lo cambié a Hado que es un sinónimo de destino, eso también se sabrá el porqué, tiene un significado, por supuesto.

Bien, no los molesto más, espero dejen sus comentarios y les haya agradado este capítulo y que por supuesto me comente!, sus opiniones son muy importantes para mi.

¡Muchas gracias a todos quienes me comentaron!, me alegro mucho de que les haya parecido interesante la historia, si tienen alguna duda pueden dejarlo en forma de PM o en un Review y yo lo contestaré por mensaje interno. ¡Gracias quienes agregaron a Follow también!

Son Emilia Stonem.