Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.
Summary: Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma
Words: 3.850 palabras sin contar notas de autor.
Rated: T.
PP: Chichi/Goku.
UNIVERSO ALTERNO.
Capítulo 4: "La región Central"
Cuando sus ojos se abrieron con pesadez sintió una sensación de amargura total, sobre todo porque apenas y había dormido tres horas y en esas tres horas había tenido como mínimo dos pesadillas en las que el nombre de Phea salía sorteado una y otra vez en la selección, a eso se le agregaba que el nombre de Davie también salía de la vasija y nadie podía evitar que fuesen ellos a los juegos porque tanto ella como Goku estaban muertos. Por último, esperaba que fuese parte de la pesadilla el hecho de que ella estuviese yendo en aquel tren a los juegos, pero cuando despertó en una cama con sábanas tan suaves y con un olor tan fresco, como de recién lavado, se dio cuenta que estaba en el tren de camino a la región Central.
Se levantó con suavidad y sin ganas, deseaba quedarse ahí, postrada en una cama para siempre y si su suerte era mucha, morir después del primer mes por hambre o cualquier cosa. Se metió a la ducha y comenzó a darse un baño de tina, intentando relajar sus tensos músculos, aún así, nada pudo tranquilizar sus nervios que la carcomían por dentro, porque sabía que aquel día llegarían a aquella región.
Arrastrando los pies salió de su habitación con rostro cansado, caminó por el largo y desolado pasillo hasta llegar nuevamente al salón, era el único lugar del tren que conocía ya que el día de ayer se había pasado del salón comedor a su habitación y no había querido ir a investigar las demás habitaciones que la mujer réptil les había mostrado con anterioridad.
Al llegar al salón comedor se encontró con la sorpresa de que su mentor junto con Goku ya estaba ahí, conversando sobre algo que ella le extrañó completamente.
Los juegos.
— Encender una fogata es lo más estúpido que puedes hacer —Aseguraba el viejo pervertido—, solo lograrías captar la atención de los demás Hados.
Chichi frunció ligeramente el cejo, ¿acaso el maestro ya había tomado a su preferido? Bueno, era obvio, él intentaría mantener con vida a Goku por una razón que todo el mundo conocía, lo conocía mejor que a ella. Suspiró, su trabajo de mantenerse con vida sería más pesada de lo que ella misma creía.
— Oh, hola, Chichi —Saludó Goku cuando sus ojos se pegaron en el rostro cansado de la pelinegra—, ¿cómo amaneciste? —Preguntó.
La pelinegra levantó el mentón sin quitarle los ojos oscuros de encima al muchacho de cabellos revoltosos. "Hipócrita", fue la única palabra que cruzó por la mente de la chica.
— No ha sido mi mejor noche —Respondió mordaz, cosa que pasó desapercibida por Goku pero no por Roshi ni por la mujer réptil que se encontraba sentada en un sofá puliendo sus uñas largas y afiladas.
Se acercó a la mesa y se sentó justo en frente del pelinegro, a un lado de su "mentor".
— Bien, entonces —Dijo la chica apenas se sentó—, ¿va a cooperar con nosotros?
Roshi la miró por sobre sus anteojos y sonrió de soslayo mientras untaba una tostada en mermelada.
— ¿Qué saben de las otras regiones? —Cuestiono como si no fuera la gran cosa, casi ignorando la pregunta que le había hecho la muchacha, Chichi pareció no importarle porque contestó casi de inmediato.
— No gran cosa —se sirvió chocolate caliente sintiendo como sus tripas gruñían por comida—, sé que cada uno se especializa en algún cargo estatal. La de nosotros es el Ministerio del Medio Ambiente.
El viejo asintió, dándole a entender a Chichi que tenía la razón, miró a Goku.
— ¿Sabes de que van las otras regiones, Goku?
El pelinegro negó ligeramente con la cabeza.
— ¿Y tú, hermosa? —Miró a Chichi, quien también sacudió su cabeza de forma negativa, suspiró— La primera región es del Ministerio de la Economía, la segunda región es del Ministerio de Salud, la tercera región es del Ministerio de Relaciones Regionales, la cuarta región es del Ministerio de Justicia, la quinta región es del Ministerio de Educación, la sexta región es del Ministerio de Telecomunicaciones, la séptima región es el Ministerio de Prevención Social, la novena región es de Cultura, la décima región es de Ministerio Militar, la onceava región es el Ministerio de Energía y por último la doceava región es del Ministerio de Armas.
Tanto Goku como Chichi estaban asombrados por el conocimiento que tenía el Maestro ante todas las regiones y ambos sabía que él conocía más de lo que estaba diciendo en ese mismo instante.
— Ahora, hay tres regiones con las que deben tener especial cuidado —Añadió—, la primera región, que son seres tan fríos pero a la vez tan inteligentes que cumplen con sus objetivos con facilidad, no se dejen engañar por ellos. Los de la cuarta región, los del Ministerio de justicia, preparan a Hados desquiciados que aunque siguen las leyes al pie de la letra no les interesa matar hasta a su propio hermano para poder llegar a sus objetivos —Chichi podía jurar que detrás de sus lentes de sol, a Roshi se le habían dilatado las pupilas—, y por último y el más importante, tengan cuidado con los de la décima región, el Ministerio Militar, son creados, nacidos para la guerra, los "juegos" para ellos en realidad son juegos y no durarán en matarte de la peor forma con tal de ganar, son ellos los que casi siempre salen victoriosos de todo esto.
Aunque le cueste admitirlo, Roshi tenía razón, puesto que recordaba haber visto algunos juegos en los que algunos Hados hacían Alianzas, entre ellos siempre estaban los de la región primera, cuarta y décima, se aliaban para matar a todos los demás Hados primeros y luego se acababan entre ellos mismos. ¿Cómo era que podían hacerlo?, es decir, ¿conocer a alguien, hablar con una persona y luego sin más matarla a sangre fría?, ¿acaso no eran seres humanos?, o quizás sí lo eran y ese era el problema precisamente.
— ¿Y qué podemos hacer contra de ellos? —Preguntó el chico de cabellos alborotado.
— Pues, tienen dos opciones… O crear una alian…
— No —Cortó rápidamente la chica al saber lo que iba a decir el viejo Roshi, no estaba dispuesta a crear alianzas con otras personas para después matarlos o verlos morir, no era tan fuerte para eso—, debe haber otra solución —aseguró.
Roshi la miró fijamente, en silencio por un par de minutos, Goku carraspeó en su puesto.
— Entonces… ¿Hay otra solución? —Preguntó.
— Intenten no llamar su atención, háganse ver inferiores a ellos. Para ellos no tienen habilidad alguna, son inofensivos y morirán por causas naturales —contestó.
— Pero no es así… —Se quejó Goku con el cejo fruncido, como si hacerse el débil fuese algo que no le agradece para nada.
— Pero así tienes que hacerte ver para que no te maten en el primer momento, ¿entendido?
Ambos muchachos asintieron.
— Ahora, ¿quiero saber cuáles son sus habilidades? —Preguntó el viejo—, cuando lleguemos a la región Central, seremos separados, porque yo no estaré ahí con ustedes en todo el tiempo que dure "la previa" para los juegos, ustedes dos estarán con sus Androides y sus preparadores mientras yo tengo que intentar convencer a algunos que otros personajes para que los apadrinen durante los juegos, pero eso ya depende más de ustedes que de mí.
— ¿Cómo hacemos eso? —Interrogó Chichi luego de tomar un largo sorbo de su chocolate caliente.
— Siendo agradables —Aseguró el viejo, mirando especialmente a la pelinegra, casi como si le dijese que ella no era para nada agradable, y quizá tenía razón, después de todo, ella no se ha comportado como una dama en estas últimas horas—, tienen que gustarles a los habitantes de la región, porque cuando estén ahí, muriendo de hambre, de frío, de miedo, un padrino puede hacer una grata diferencia.
— No soy buena gustándole a la gente —afirmó Chichi, sin querer mirar el rostro de Goku ni del maestro, mientras se servía un pan que tenía buen aspecto.
— Eso no es cierto —convino Goku con el cejo fruncido y la mirada puesta fijamente en la chica, ella elevó su vista para toparse fijamente en los ojos oscuros de su enemigo—, ¿acaso no te das cuentas del poder que ejerces sobre el resto?, estoy seguro que les serás completamente de su agrado.
— ¿Y qué sabes tú, eh? Tú eres el que está rodeado de amigos, no yo —refutó la chica a la defensiva, el muchacho bajó su vista y ligeramente sacudió su cabeza de un lado a otro.
— Todos realmente te aprecian mucho, Chichi —aseguró, ella bufó y decidió guardar silencio, ¿para qué discutirle? Si fuese lo que le dijese ya no importaba, porque no volvería a su región y no podría nunca averiguar si lo que dijo el chico era cierto o no.
— Como sea —soltó Roshi desde su puesto con voz firme, llamando nuevamente la atención de ambos muchachos— agrádenle a la gente de la región y tendrán la oportunidad de sobrevivir —pegó su vista en Chichi—, la arrogancia no es un buen compañero en este juego —complementó y la chica decidió pegar su vista nuevamente en su desayuno, porque no quería responderle a su mentor como lo había hecho el día de ayer—. Ahora, ¿tienen alguna habilidad?
La pelinegra se preguntaba el porqué le hacía ese cuestionamiento también a Goku, es decir, ¿acaso él no fue su propio maestro?, sería ridículo que él no supiera en lo que el pelinegro era bueno.
— Soy un luchador experto —contestó Goku pagado de sí mismo—, soy bueno manejando armas como lanzas y palos, soy bueno en el combate cuerpo a cuerpo.
— Demasiado bueno —susurró Roshi entonces, con una leve sonrisa implantada en sus delgados labios—, ¿y tú, hermosa? —Preguntó.
— Me manejo un poco con el arco y la flecha —soltó con voz baja, como si no fuese aquello la gran cosa.
— Una excelente tiradora —animó Goku, Chichi lo miró enfadada.
— Deja de hacer eso —pidió la chica con los ojos entrecerrados—, ¿qué planeas hacer, eh? —Preguntó—, ¿intentar ganarte mi confianza y luego atacarme por la espalda?, ¿acaso parezco estúpida?
— Yo no he dicho eso —frunció el cejo Goku—, solo intento…
— ¡Pues deja de hacerlo, ¿quieres?! Es… Frustrante en todo sentido sabiendo que en unos cuantos días más tengamos que destruirnos mutuamente, si que no intentes ser agradable porque no me interesa serlo yo contigo —soltó casi en una explosión, llamando la atención hasta de la mujer réptil que con suerte y había notado la presencia de terceros en ese salón—, ya te debo suficiente por lo que has hecho por Davie, no quiero seguir debiéndote más favores, Goku.
No espero a que la mujer réptil la retase por sus pocos modales, tampoco espero alguna carcajada por parte de su mentor Roshi, ni tampoco alguna respuesta por parte de Goku, se levantó con agresividad de la mesa y se marchó del salón comedor a paso firme y consistente.
— ¡Qué modales tan horrendos que tiene esa niña! —Bufó la mujer verde, hablando por primera vez en toda la mañana.
Roshi sonrió y Goku se sonrojó ligeramente.
— Bonita y con carácter de mil demonios, son las peores —puntualizó al final el viejo maestro.
*.*.*.*.*
La euforia se podía oír desde dentro del tres, por primera vez los ojos de todos los habitantes de la Central estaban puestos en el tren que traía a los Hados de la Octava región, y esto era por un motivo bastante claro.
Eran los primeros Hados en lanzarse como Voluntarios de aquella región.
Tenía la gran curiosidad de observar por la ventana el panorama que había fuera del tren, sin embargo, sus músculos estaba agarrotados y sentía que no podría siquiera levantarse de aquella cama, es decir, ¿cómo hacerlo? Habían llegado y el único pensamiento que cruzaba la mente de la chica eran las palabras del Maestro Roshi, 'tienes que agradarles', ¿y cómo iba a hacer eso si detestaba a cada uno de los habitantes de la región? Tenía miedo, pero no podía exteriorizarlo porque si lo hacía sabía que estaría frita. Recordó cuando vio una vez los juegos desde un inicio, una chica de tan solo quince años se largó a llorar mientras bajaba del tren, en ese tiempo ella creía que los de la Región Central tenían aunque fuese un poco de corazón, sin embargo, cuando fue lanzada a la arena no duró ni una semana, a los cuatro días murió deshidratada porque nadie quiso apadrinarla. Era muy débil y nadie creía que ella fuese la ganadora.
Al bajar del tren tampoco podría mostrarse fría y distante, porque si fuese así no le agradaría a nadie y eso lamentablemente era lo que mejor sabía hacer. Tendría que sonreírles y parecer orgullosa de haber sido escogida en los juegos, sin embargo, el mentir nunca se le había dado bien.
Se escucharon dos golpecitos en la puerta, se levantó de un salto de la cama pero no pudo avanzar. La puerta se abrió.
— Hola —saludó 18 apenas piso la habitación de la chica, Chichi suspiró ligeramente—, la animadora quiere verte ahora mismo en el salón, deben salir del tren junto con ella.
— Está bien… —Respondió, pero no se movió de su puesto.
18 sonrió.
— ¿Asustada? —Preguntó, Chichi frunció el cejo y negó con la cabeza ligeramente—, preocupada, entonces —afirmó—, no debes estarlo, no dejes que ellos te coman.
— Para ser un Androide tienes más razonamiento que yo —contestó la pelinegra medio en broma medio en cierto, la rubia mujer Androide sonrió ligeramente, casi como si le costase hacer aquella sonrisa.
— Ya te dije que no soy un Androide común y corriente, tengo más partes humanas que de robot, mi hermano, en cambio es más un Androide —Chichi pudo ver cierta sombra cruzar por detrás de su iris color celeste, casi como si un feo recuerdo hubiese nublado en aquel momento su mente.
La pelinegra asintió y bajó su cabeza, obligó a sus pies a avanzar y cuando sintió que el control de su cuerpo volvía a ser cien por ciento de ella, se encaminó hasta la puerta para salir junto a la Androide, quien al parecer se había sumido en un extraño y nubloso recuerdo. A Chichi le resultaba bastante extraño lo que era 18, porque al parecer, un Androide de tomo y lomo no era, más bien era un humano con una memoria borrada y controlada con un aparato.
Decidió no decir nada más mientras caminaban por el largo pasillo del tren, cuando llegaron a la puerta en donde supuestamente al otro lado estarían todos esperándola, se detuvo y se giró para ver a la Androide.
— ¿Te veré después? —Preguntó con un susurro, la Androide asintió con suavidad y sin ninguna mueca en su rostro, Chichi sabía que en ese momento estaba siendo controlada, no estaba siendo ella misma, entonces sonrió suavemente y se giró para entrar.
Adentro solo faltaba Goku.
La mujer Réptil –como se había acostumbrado a decir- pegó sus ojos azules en su rostro y torció los labios.
— Vienes tarde —masculló con molestia, Chichi decidió ignorarla.
— ¿Dónde está Goku? —Preguntó.
Roshi la miró fijamente.
— Ya salió —respondió. Torció el gesto—, ahora sales tú, no los mires a la cara y solo sigue tu camino, pero deja que divisen tu rostro, para que sepan quién eres luego.
Chichi asintió y caminó tras la mujer réptil mientras la luz del sol que se colaba con fuerzas por la puerta le golpeaba la cara, la euforia de la multitud se oyó más clara y escuchó muchas veces su nombre con voces que en su vida había escuchado con anterioridad.
*.*.*.*
Sus ojos oscuros la escudriñaban minuciosamente detrás de kilos y kilos de maquillaje, su piel estaba pintada de un color dorado que algunas veces llegaba a encandilarla de una manera que de seguro no era sana para sus ojos oscuros. Hizo una mueca de dolor cuando se acercó hacía sus cejas con una pinza y comenzó a arrancar alguno que otro pelo de más.
— Primera vez que veo a una chica con unas cejas tan perfectas —Comentó. Entonces, ¿por qué se las estaba sacando?, ¿acaso quería dejarla sin cejas como a ella y pintárselas de plateado? Torció el gesto, demostrando que no se sentía para nada cómoda con toda aquella extraña y desconocida transformación, si la mujer dorada se dio cuenta no hizo ningún comentario al respecto.
Le comenzaron a colocar encima de las piernas un liquido viscoso y de un café claro, estaba caliente y cuando aquello se enfrió se lo retiró con cierta brusquedad que le hizo dar un ligero salto en su camilla. Le estaba quitando los finos bellos de sus piernas.
Le lavaron el cabello, se lo cepillo con cierto cuidado y luego le colocó una fina bata encima de su cuerpo que anteriormente se encontraba desnudo. Se sentó en la camilla.
— Ya estás preparada para ver a Bulma —Sonrió la mujer dorada. Chichi arrugó su nariz. ¿Bulma?, ¿qué nombre era ese?
— Y… ¿Quién es? —Preguntó confundida.
La mujer dorada sonrió levemente, casi con una sonrisa burlona. Qué mujer más exasperante, pensó la pelinegra.
— Tu estilista niña —Respondió—, la que te hará lucir bonita y agradable a la vista de toda la región.
Chichi asintió ligeramente. ¿Sería otra mujer dorada también? No le agradaba mucho esa idea ni mucho menos.
La mujer al fin salió, dejándola sola nuevamente en aquella blanca habitación que le parecía a una sala de hospital, aunque más grande y obviamente con mejor tecnología de lo que tenían en la Octava, era obvio, después de todo se debía recordar que no estaba en cualquier otra región, si no que en la Central, en donde todo era más bonito, hermoso y lujoso.
Fueron cinco minutos exactamente en los que permaneció sola en aquel cuarto, hasta que se abrió nuevamente la puerta. Todos los prejuicios que tenía sobre esa tal Bulma desaparecieron para cuando ella entró a la habitación.
Nada tenía que ver con el estereotipo de la región Central. Nada.
Lucía un vestido rojo con brillantinas, bastante sobrio, una pañoleta amarilla amarrada a su cuello, su cabello celeste estaba corto hasta un poco más debajo de sus hombros, con un flequillo que tapaba parte de su frente. Ojos grandes del mismo color que su cabello y espesas pestañas negras. A Chichi le pareció una mujer normal si le quitaba aquel traje rojo brillante, es más, su presencia le parecía incluso amigable y eso le causo cierto mal estar consigo misma.
Caminó con los brazos cruzados justo a la altura de su pecho y con una sonrisa amistosa que la pelinegra no pudo evitar responder de vuelta.
— Hola Chichi —habló entonces la mujer con una voz suave y amigable.
— Hola —respondió ella al saludo, bajando ligeramente su cabeza, aun sentada en la camilla en la que la había dejado la mujer de cuerpo dorado.
— Soy Bulma, mucho gusto —descruzó sus brazos y estiró su mano en dirección a ella. Chichi no dudó en estrechársela con una cierta pizca de desconfianza que pareció pasar desapercibida por la peliceleste—. Lamento mucho lo que te pasó en la selección.
La pelinegra se relamió los labios antes de volver a hablar, sentía la garganta seca y un nudo se formó en la boca de su estómago al recordar aquel episodio tan espantoso en su vida.
— También yo —contestó entonces—. Es extraño que lo lamentes por mí, la mayoría de la gente suele felicitarme. —Dijo con suavidad y sinceridad. Bulma se encogió de hombros.
— Pues… No veo el porqué de eso, lo que te sucedió supongo que fue un trago muy amargo —continuó, Chichi prefería no comentar sobre ello, una porque se lo decía una mujer de la región Central y temía que si decía algo más de lo que debía esta lo dijera a todos los demás y tomen represalias contra su familia en un futuro. Y Bulma pareció notar la incomodidad de Chichi ante el tema, porque pronto volvió a sonreír y se sentó a un lado de la chica en la camilla, casi como si fuesen amigas de toda la vida—. Bueno, supongo que sabes el porqué estoy aquí, ¿verdad?
La pelinegra asintió sutilmente con su cabeza.
— Vienes para hacerme lucir bonita —respondió recordando lo que le había dicho la mujer de dorado. Ella no estaba muy familiarizada con los juegos, puesto que evitaba todo lo que podía verlos, pero era casi imposible, ya que, era obligatorio verlos para todos los habitantes de todas las regiones. Tortura pura, claro está.
— No necesitas de nada para lucir bonita —aseguró ella, con aquella sonrisa que le provocaba un tanto de seguridad a la pelinegra—, pero es algo así, vengo para ayudarte a hacerte notar.
Chichi torció ligeramente el rostro.
— No te había visto nunca por aquí, ¿es tu primera vez trabajando para esto? —Preguntó entonces. Bulma asintió, sin borrar su sonrisa—, y supongo que te lanzaron con las de la Octava por ser principiante.
Ella sabía que nadie hubiese querido tomar su región, después de todo solían ser los que siempre perdían y quienes además, tenían los trajes más feos de todas las demás. Recordaba haber visto en un año una pareja que fue vestido de árboles y otro en el que parecía que le habían echado lodo encima a los pobres Hados. Se preguntaba cómo era que le tocaría ir a ella, ¿vestida de nube o algo así?
Los estilistas vestían a sus Hados con algo que representaran sus regiones y ellos como la región del Medio Ambiente les tocaba la peor parte.
— En realidad yo la pedí específicamente —respondió entonces Bulma. Chichi abrió sus ojos con impresión, ¿por qué la querría? —. Siento que tu región no está valorada como debería ser, es decir, ¿cómo no se dan cuenta que pueden utilizar tantos materiales para una región con un ministerio tan hermoso?
Listo, le tocaría ir desnuda en el carro, o quizá tuviese la "suerte" de ir vestida con un pedazo de carne tapando sus partes más privadas.
— No eres como las estilistas normales y corrientes —dijo entonces Chichi—, eres más… Agradable —aseguró. Bulma soltó una ligera risita.
— Ya me lo habían dicho con antelación —respondió—. Ahora, debemos hacer que causes impresión en las personas y que no te olviden, ¿sabes cómo podríamos hacerlo? —Preguntó entonces, ella se encogió de hombros, no sabiendo cómo hacerlo.
— No estoy muy segura —contestó—, no me tocará ir desnuda, ¿verdad?
Bulma volvió a soltar otra risilla.
— Hay cosas mejores que eso —aseguró y luego le guiñó un ojo—, pero primero quiero hacerte una pregunta —Chichi asintió dándole a entender que la estaba escuchando—, ¿conoces cuáles son los cuatro elementos naturales? —Preguntó entonces. La pelinegra frunció el cejo y Bulma sonrió muy segura de sí misma, tomó un mechón oscuro del cabello de la Hado y con suavidad lo alisó—. Agua, aire, tierra y fuego —contestó—, no temes jugar con fuego, ¿verdad?
La pelinegra se mordió ligeramente el labio inferior, pensando seriamente si es que Bulma no tenía algún problema mental o algo, después de todo, era diferente a todas las personas que vivían en la región Central, sin excepción.
¡Hola a todo y cada uno que lee esta historia! No tengo mucho que decir en verdad, si no que... Bueno, en este capítulo ha aparecido Bulma eventualmente y en el próximo lo más seguro es que aparezca Vegeta *O* Amo a ese tío.
También debo decirles queridas lectoras que dentro de más menos dos capítulos Chichi y Goku entrarán a la Arena y todo se volverá con mucha acción, no prometo nada, pero espero que les guste como es que está tomando rumbo el fic.
Bueno, eso sería todo. ¡Me despido no sin antes agradecer a todas ustedes que me han dejado Review's, agregado a Favoritos o a Follow, la historia sigue en pie siempre y cuando vosotras lo querréis. Muchas gracias por darse un tiempito de hacer feliz a una escritora anónima, ¡se les agradezco de corazón!
Espero les guste este capítulo y sigan el fic.
¡OH! Por sobre todo agradezco a aquellas personas que me han dejado review's en cada capítulo, ¡Gracias chicas, sois lo máximo!
Adiós lectoras bellas.
PD; Lamento lo cortito de mi Nota, pero es que ando corta de tiempo, nos leemos.
