Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.
Summary: Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma
Words: 5.674 palabras sin contar notas de autor.
Rated: T.
PP: Chichi/Goku.
UNIVERSO ALTERNO.
Capítulo 5: "Entrenamiento"
Con nerviosismo tocó el material del cual estaba compuesto su traje de color negro, parecía ser cuero, sin embargo, Bulma le había dado otro nombre, un nombre que ella jamás antes había escuchado y que según había entendido, era un nuevo material que su estilista había creado.
Era bonito, tenía que admitirlo. Era un traje de pieza completa tal, de mangas largas y sueltas en sus muñecas, tenía un cierre justo en su pecho y dejaba un escote bastante generoso en la parte de sus pechos. Le avergonzaba, pero nada podía hacer. 'Bueno, es mejor que estar desnuda', pensó.
Su cabello estaba recogido en un alto tomate que dejaba dos mechones de cabellos sueltos que enmarcaban su rostro junto con su flequillo recto. Se sentía un tanto incomoda, pero debía hacerlo, de uno que otro modo ella debía hacer que los de la Central le tuviesen agrados. Necesitaba sobrevivir, aunque lo veía lejano, trataría.
Fue guiada por Bulma y otras dos ayudantes de estas, una de ellas era la chica de piel dorada, mientras que la otra era alta y su cabello naranjo chillón le hacía pensar a Chichi que no era natural como el de Bulma, que de por si era un color extraño tenía la apariencia de ser su color de origen.
Se detuvo en un lugar que parecía ser la salida de una cueva muy grande, en donde habían unos caballos grandes y que parecían ser fuertes, también estaban los otros Hados.
No quería quedarse mirando a sus competidores por mucho tiempo, temía que si la descubrían mirando les molestase y terminaran agarrándole cierta pizca de odio o repulsión, si que dio una rápida ojeada a todos los muchachos que estaban ahí y luego se quedó quieta, mirando hacia el frente en el lugar que le había dicho Bulma.
— Te ves espectacular —aseguró la peliceleste. Chichi sonrió ligeramente.
— Tienes todos los créditos —respondió la pelinegra.
Bulma sonrió ligeramente y comenzó a arreglar los últimos detalles del traje.
— Recuerda, antes de que salga tu carro le prenderé fuego a esas hilachas que tienes en la espalda, cuando se consuman el fuego se apagara y prometo que será cien por ciento seguro —dijo la estilista, mirando fijamente a Chichi—, les encantarás —aseguró.
— Eso espero.
Se sintió un poco más nerviosa que antes y se giró sin siquiera poder evitarlo. Frunció ligeramente el cejo. Frente de sus ojos, unos cuantos carros más allá, se encontraba un pequeño niño de cabellos castaños, vestidos de diferentes colores, parecía un mapa.
— Eh, Bulma… —Llamó Chichi con suavidad, la peliceleste pegó sus ojos en la chica, dándole a entender que la estaba oyendo—, ¿cuántos años tiene él? —Preguntó.
Bulma giró sus ojos con disimulo mirando por sobre su hombro al pequeño chico que nervioso se movía en su lugar. La estilista volvió su vista donde su Hado y sonrió con cierta tristeza incrustado en su rostro.
— Wallece —respondió en un susurro—, el Hado de la Segunda Región, tiene doce años, según lo que oí, el chico los había cumplido recién hace un par de semanas.
El corazón de Chichi se encogió con dolor, ¿cómo era posible que nadie se había lanzado de voluntario por él? De pronto sintió real agradecimiento hacía Goku, una conformidad bastante grande y que la desconcertó completamente. ¿Le había agradecido al chico por el gesto que había tenido con Davie?, al parecer lo único que había hecho en todo el viaje a la Central había sido ser tosca y mal educada con él.
Y casi como si el pelinegro hubiese sido llamado por su mente, se apareció justo en frente de sus ojos, vistiendo un traje casi tan parecido al de ella, pero sin mangas, mostrando sus brazos que aunque no eran muy musculosos se podían ver fuertes, anchos y bien trabajados.
Se sonrojó ligeramente al darse cuenta que lo había mirado más de la cuenta. Giró sus ojos hacía el frente nuevamente.
— ¿No te incomoda esto? —Preguntó entonces Goku, intentando estirar su traje ligeramente.
La pelinegra sonrió sutilmente.
— Creo que nos será más incomodo cuando se nos prenda fuego —respondió entonces la chica. El pelinegro abrió sus ojos completamente impresionado ante lo dicho por su compañera.
— ¿Prender fuego?, ¿bromeas? —Parecía no creerlo, Chichi suspiró y negó con la cabeza, demostrando que no era una broma—. ¡Esa era la sorpresa que Lye dijo que me tenía!
La chica sacó por conclusión que "Lye" la chica a la que se refería su compañero era su estilista, y no se equivocó cuando vio a una mujer de cabello verde oscuro acercarse a ellos. Al igual que Bulma, Lye también parecía ser bastante normal a diferencia a los demás habitantes, sin embargo, esta tenía un ojo de un color verde como su cabello y otro de color negro, llevaba una gran cinta de color amarillo cruzando su cabello con un moño justo a un costado de su cabeza.
Pero lo que más llamó la atención, tanto de la chica como la del chico, fue la antorcha encendida que llevaba en una de sus manos, llamando la atención de los demás que se encontraban en el lugar.
— ¿Está todo listo? —Preguntó entonces Bulma, Lye sonrió con cierta dulzura que extrañó a Chichi.
— El primer carro acaba de salir, si que será mejor que se suban a su carro chicos —Habló la estilista de cabello verde.
Ambos muchachos hicieron caso a lo que la estilista de Goku había dicho, el pelinegro fue el primero en subir y estirando su mano ayudó a Chichi, quien le agradeció con una ligera e incómoda sonrisa. Se giraron, mirando hacia el frente fijamente.
— Bien… Prendemos en cinco, cuatro…
— Si te comienzas a chamuscar prometo apagarte si prometes hacer lo mismo conmigo —intentó bromear el pelinegro, aunque a la muchacha no le quedó claro si hablaba enserio, sin embargo, no le quedó de otra que sonreír y asentir.
— Hecho —respondió.
—…Uno… —Terminó de contar Bulma.
Ambos trajes entonces fueron prendidos con fuego, fuego que Chichi no sabía si era o no verdadero pero que no le hacía sentir ni calor ni incomodidad, parecía como si el fuego acariciara con suavidad su espalda en vez de quemarla.
Comenzaron a avanzar por el estadio que se encontraba repleto de gente, personajes importantes de la Central como otros que iban a ver la inauguración de los juegos, aplaudían, contentos. Pero para cuando ellos salieron los chillidos y los gritos de emoción no se hicieron esperar. Observó de reojos como Goku sonreía y saludaba con una de sus manos a muchas féminas que le gritaban halagos que ella no entendía realmente, y dudaba completamente que Goku los entendiera.
Ella miró hacía su lado, donde muchos le lanzaban besos y estiraban sus manos, como si quisieran alcanzarla. Una tanta tiritona elevó su mano y comenzó a saludar algo, cohibida. Al público le fascinó.
Se comenzó a marear, muchas luces, sentía que la cámara la enfocaba plenamente a ella y a Goku, tanta gente, gritando, alabando su desfile, alabando los juegos. Alabando la masacre.
Recordó al pequeño niño que iba a participar, Wallece, el de la región número 2 y sintió repulsión hacía toda aquella gente que la alababa y aplaudía. Bajó nuevamente su mano y sin siquiera darse cuenta apretó con fuerza la muñeca de Goku que se encontraba justo a su lado. El chico pareció tensarse, pegó sus ojos en el rostro de ella.
Chichi alejó su mano.
— Lo siento —susurró con voz ahogada. Él sonrió y con suavidad tomó su mano.
— No hay problema, puedes afirmarte de mí si quieres —respondió—, así se nos hace más difícil caernos —aseguró.
Ella no sonrió, tampoco asintió o negó, sin embargo, pronto su mano se vio entrelazada a la de Goku y sintió por primera vez en dos días que no estaba completamente sola, que tenía un "apoyo", al menos en aquel momento. La sensación de vacío y de repulsión poco a poco se fue alejando de su cuerpo. Entonces a ella algo se le ocurrió.
Levantó la mano que tenía entrelazado con Goku, mostrando al publico que estaba unida a él. Que no estaba sola y que se "apoyaban", al menos en aquella etapa.
Y el público estalló en aplausos y alabanzas.
— ¡Los Hados de la Octava Región se encuentras entrelazados de manos, demostrando cuán orgullosos se sientes de venir de su región; La chica y el chico en llamas! —Oyó decir al presentador del desfile.
En llamas; le agradaba.
Pronto los carros se detuvieron, uno a cada lado y cuando los caballos dejaron de andar, bajaron sus manos entrelazadas y el fuego se apagó, tal y como Bulma le había dicho.
Todo se había detenido, la música inicial, los caballos, los carros y el fuego. Pero sus manos siguieron entrelazadas.
El himno de la Región se comenzó a oír acallando los gritos del público.
Luego de aquello apareció por fin el Doctor Giro. Algo dentro de ella comenzó a vibrar, algo que le producía una molestia que no le agradaba para nada, verlo ahí, parado en un balcón arriba de una tarima como si dijese 'estoy a mayor altura y es porque tengo mayor poder que está sobre ustedes' le producía aún más rechazo.
El que se hacía llamar presidente del país dirigió sus palabras hacía todos los presentes y regiones que en ese momento debían estar viéndolo por televisión. Fue luego, un breve instante en el que los ojos del doctor, fríos, sin ninguna clase de expresión en aquella mirada, se pegó en su rostro. Algo dentro de ella se removió con más fuerzas y tuvo ciertas nauseas que parecieron ir en aumento, sentía como la bilis iba subiendo por su garganta y temió inmensamente no poder controlarlo y terminar vomitando ahí, en media inauguración. Se tensó completamente y apretó sus ojos.
— ¿Qué pasa? —Escuchó un susurro y sintió como apretaban con suavidad su mano—, ¿te encuentras bien?
Entonces abrió los ojos y miró hacía su lado.
Ahí estaba él. Goku. Tomando su mano con firmeza, con una mirada puesta en ella, parecía incluso preocupado.
— Todo está bien —respondió. Y no mentía, porque extrañamente al tener su mano entrelazada con la de Goku le daba incluso cierta seguridad, lo que era contradictorio, porque ella no podía sentirse segura en manos del que sería pronto un asesino en serie. Porque aunque no le gustase, ella sabía que su mismo compañero de Región era el oponente más fuerte entre todos. Goku era el ganador de los juegos, por lejos.
Y ahora decidía ignorar ese hecho, porque era él mismo quien en ese momento le hacía sentir "protegida".
Entonces, el acto terminó.
Los carros volvieron dieron media vuelta, volviendo al punto de inicio de donde los habían sacado con anterioridad. Ya dentro de este se encontraron con Bulma y la estilista de Goku, quienes parecían estar felices en demasía.
La peliceleste se acercó a Chichi con rapidez, parecía una niña con un regalo que había esperado hace tiempo.
— ¡Lo logramos! —Dijo Bulma con una sonrisa de oreja a oreja—, todos están hablando de lo fabuloso que estuvieron en la inauguración, olvidarlos será más que difícil, será imposible —contestó.
La pelinegra sonrió emocionada y miró hacía su lado, en donde se encontraba el chico con una sonrisa leve, casi parecía que a Goku no le importaba en absoluto el impacto que crearon ambos al entrar. Corrió entonces su vista hacía el frente, casi avergonzada por sentirse tan emocionada por eso tan mínimo. No por causar impacto en la inauguración significaría que ganaron los Juegos.
— Bueno —habló entonces la estilista de Goku—, aun nos queda mucho por hacer para que obtengan la atención de algunos Centralinos que los puedan apadrinar.
Ambos asintieron, dándole la razón a la mujer.
Les quedaba mucho, y de seguro ambos aún no se imaginaban ni la mitad de las cosas que le quedaban por delante.
*.*.*.*
Aún vestida con aquel traje fueron guiados tanto ella como Goku y ambos estilistas, por el Androide 17 hacía uno de los ascensores del gran y lujoso edificio. Al subirse, el Androide en silencio apretó el número 9, mientras tanto Bulma con Lye se elogiaban mutuamente por tan asombrosos trajes que habían creados.
Mientras tanto Goku con Chichi observaban el lujoso edificio en el cual estaban por medio del ascensor que era completamente de vidrio, por lo tanto, dejaba ver todo lo que había afuera. La pelinegra se preguntó internamente si los demás podían ver quiénes se encontraban dentro del ascensor.
Observó a su lado, a Goku quien miraba fijamente al frente con rostro completamente indiferente, casi como si no le importase nada el estar ahí en la Central y haber logrado captar -por primera vez en años- la atención de los Padrinos. Se avergonzó al recordar cómo fue que él en aquel momento fue su único pilar, quien la ayudó a mantenerse en pie durante toda la inauguración. Y aunque él no lo supiera, ella estaba en deuda con él.
Luego el ascensor se detuvo y sus puertas se abrieron.
Chichi sintió una fuerte opresión justo en el centro de su pecho. Aquel lugar que en ese mismo momento estaba pisando era de los más lujosos que en su vida había visto, y aquello no la hacía sentir mejor, para nada, porque mientras en su Región había niños muriendo de hambre cada día a cada hora, ellos, ahí en la Región Central tenían más lujos de los que necesitaban. Aquello no era justo, para nada.
Ahí se encontraba esperando número 18, quien la miró fijamente, casi como si quisiera decirle algo, sin embargo, guardó silencio y pasó de la pelinegra para acercarse hacía la mesa y ordenarla. Bulma posó una mano en su hombro y otra en su compañero que aún se encontraba a su lado. Ambos pelinegros pegaron los ojos en la peliceleste quien les sonrió.
— Vayan a bañarse para que vengan a cenar —sugirió.
Ambos asintieron.
La hija de Ox Satán se apresuró a ir al cuarto que le había indicado número 17 con anterioridad. Casi con desconfianza entró al cuarto, observando todo con cierto escudriño. La cama que estaba justo en medio le parecía amplia y bastante cómoda. Justo encima de la cama había una teñida de ropa que le pareció que sería su pijama.
Suspiró y se acercó hacía la puerta que obviamente daba hacía el baño.
Se duchó con rapidez, se sentía cansada completamente y se alegraba de ello, porque eso significaría que apenas su cabeza tocase la almohada se dormiría.
Al salir de la ducha se comenzó a vestir con tranquilidad, se colocó la camiseta y luego comenzó a secarse el cabello con una toalla.
Salió de la habitación con lentitud.
Observó el comedor. Ahí se encontraban todos menos la mujer réptil –que de seguro y ya estaba cómoda en su casa-, incluso hasta el Maestro Roshi, lo cual le extrañó, porque supuestamente el Maestro Roshi debía estar trabajando para poder conseguirles Padrinos.
Se acercó a la mesa y se sentó en el puesto que estaba libre junto a Goku.
— ¿Cómo estuvo la ducha? —Preguntó Bulma apenas la chica se sentó, la pelinegra asintió mientras acercaba uno de sus platos.
— Reconfortante —respondió Chichi mientras se servía un poco de pollo en su plato. Bulma sonrió.
— ¿Estás lista para mañana? —Preguntó entonces la chica.
— ¿Qué es lo que hay mañana? —Rebatió a la pregunta Chichi mirando a su estilista, curiosa.
— Mañana es el entrenamiento, deben estar en el subterráneo a las 9 en puntos —respondió por Bulma el viejo Roshi, todos pegaron sus ojos en el rostro del anciano, esperando que este continuara con su explicación. El hombre bebió un poco de su copa de vino, haciendo que Chichi se pregunte qué tan sobrio estaba el que supuestamente era su Mentor—. Todos los Hados estarán reunidos en un gran salón en donde hay diferentes tipos de armas, y no solo eso, sino que también cada pareja tiene un entrenador que los guía para enseñarles cómo manejarlas, les enseñará a hacer trampas, enseñará a diferenciar qué plantas son las venenosas y cuáles no, y tratará por todos los medios de ayudarlos a no morir por supervivencia.
— ¿Y quién es él? —Preguntó entonces Goku.
Para extrañeza de todos menos de Lye, Bulma bufó con exasperación.
— Vegeta —respondió entonces la peliceleste. Ambos muchachos la miraron fijamente—, es el nuevo entrenador de la Octava Región, lo conozco porque era un compañero en la escuela. Tengan cuidado con él, es un gruñón.
— Pero él nos ayudará con las cosas que no sabemos, ¿no? —Preguntó Chichi.
Bulma soltó nuevamente un gruñido y Roshi asintió.
— Exactamente, les enseñará a hacer las cosas en las que son malos —miró a Goku—, tú preocúpate de aprenderte las plantas que son o no venenosas, no quiero que mueras por culpa de tu amplio apetito. Y tú —miró a Chichi—, aprende a hacer trampas, necesitas mantenerte en lejanía de tus enemigos, eres buena con el arco y la flecha pero si hay combate cuerpo a cuerpo.
— Yo puedo con eso —respondió la pelinegra, elevando el mentón con orgullo—. Mi papá me enseñó Artes Marciales, Maestro Roshi.
El viejo elevó ambas cejas ocultas tras sus gafas, asintió con suavidad al tiempo que comía un pedazo de carne.
— Y usted Maestro Roshi, ¿no dijo que no nos veríamos en este tiempo? —Preguntó Goku para romper con el silencio que pronto y seguro se iba a formar en la mesa.
— Aquí es donde duermo, muchacho —contestó Roshi, Goku asintió sonriendo con suavidad, como si se avergonzara por su pregunta.
— Bueno —habló Bulma nuevamente, elevando su copa—, deberíamos hacer un brindis, ¿no creen? Por lo bien que salió la inauguración.
— Estoy de acuerdo —siguió Lye, con una sonrisa en su moreno rostro.
— ¡Por Goku y Chichi; En llamas! —Brindó Bulma, sonriente.
Todos levantaron las copas, sin embargo, Chichi parecía un tanto incomoda con aquel brindis.
La cena pronto entonces terminó y luego de aquello todos se fueron a sus respectivos cuartos. Como Chichi lo había pensado, apenas su cabeza tocó su almohada se durmió materializándose cien por ciento en el entrenamiento que se le vendría mañana por la mañana.
*.*.*.*
Ambos Hados se encontraban sentados en un sofá que se encontraba justo a la salida del ascensor en el subterráneo. Estaban en silencio mirando hacia el frente, esperando que en cualquier momento llegase "Vegeta", el muchacho quien sería su nuevo entrenador.
Chichi suspiró.
— ¿Crees que sea tan gruñón como lo dijo Bulma? —Preguntó entonces Goku, ella pegó sus ojos negros como el ónix en el rostro pálido de él, se encogió de hombros sin saber muy bien qué pensar del que sería el muchacho que los entrenaría por los días que restaban para los juegos.
— Solo espero que sea bueno —respondió la pelinegra. El muchacho asintió, dándole la razón a su compañera.
Un nuevo silencio los envolvió, pero, este silencio era distinto a los otros que habían venido desde atrás, este silencio era más bien cómodo, un silencio que ambos quizá habían necesitado.
Pronto se oyó el sonido del ascensor detenerse.
Ya debía ser su entrenador, ya que minutos antes habían salido los Hados de la Décima Región y no había sido para nada agradable verles las caras de perros rabiosos que tenían, ni menos el gesto de enfado que les dieron a penas vieron a ambos. Debían estar molestos, porque ellos habían tenido toda la atención de la Central y de las cámaras.
Guió sus ojos hacía el ascensor que comenzó a abrirse con lentitud para dar paso a un muchacho de no más de veinte y dos años, de baja estatura, cuerpo marcado, cabello oscuro y en punta, piel morena y mirada negra y dura.
Se acercó a ellos, ambos se pusieron de pie.
El muchacho se detuvo cuando estuvo a una corta distancia de ambos, primero pegó su mirada en ella, inexpresiva, frunció ligeramente el cejo con una mueca que Chichi no supo definir en primer momento, luego despegó su vista del rostro de ella con brusquedad para mirar el suelo con cierta extrañeza, sin decir siquiera una palabra miró esta vez a su compañero.
Esta vez ella sí pudo notar la expresión que tuvo el rostro de su entrenador.
Sorpresa, sorpresa pura. Abrió sus ojos oscuros tanto que ella estuvo segura de que pronto y se le saldrían de las cuencas, su boca se entreabrió y pareció vacilar en su puesto.
— ¿Ka…Karoto? —Preguntó entonces el Vegeta.
Goku frunció el cejo confundido. Miró fugazmente a Chichi, como si le pidiese ayuda, sin embargo, volvió a pegar su mirada en el sujeto y negó ligeramente con la cabeza.
— Goku —respondió—, Son Goku, soy el Hado de la Octava Región. ¿Tú eres Vegeta?
El muchacho con cabello en punta recompuso su postura, Chichi estuvo segura que las mejillas de él se habían sonrojado levemente, carraspeó.
— Claro… Yo soy Vegeta, su entrenador —se presentó el pelinegro.
El de cabellos alborotados estiró su mano para que el entrenador se la estrechara, pero fue rechazada por él mismo mientras corría su rostro hacía un lado.
— ¿Cuál es tu nombre, mujer? —Preguntó entonces a la chica de cabellos negros. Chichi tuvo que aclararse la garganta para responder.
— Ox Chichi —contestó con voz ronca.
— Bien, es todo lo que necesitamos saber el uno del otro. Aquí les explicaré lo que vamos a hacer por hoy, ¿entendido? —Ambos Hados asintieron con sus cabezas, Vegeta prosiguió—, seré su entrenador por estos días y necesito saber si tienen alguna especialidad y cuál es.
— Soy bueno en muchas cosas —respondió entonces Goku, Vegeta pegó su mirada en el muchacho y enarcó una ceja con burla, burla que pasó desapercibida por el chico pero no por la chica—, sé cazar, tengo buena puntería, sé manejar armas pero prefiero un enfrentamiento de cuerpo a cuerpo, tengo experiencia en ello.
Vegeta entonces sonrió para sorpresa de Chichi, sin embargo, era una sonrisa que ella no sabía cómo definirla, si amistosa o burlona, o irónica, orgullosa… Se remojó los labios para antes de hablar.
— Vamos a manejar ese cerebro tuyo, ¿bien? —Respondió entonces el entrenador, mordaz—, se nota que sabes cazar pero como presa eres fácil de atrapar.
Goku frunció el cejo, ofendido ante las palabras del muchacho, aún así, Vegeta no le dio tiempo para responder porque pronto y miró a la pelinegra fijamente, esperando que esta contestara.
— Dime cuál es tu habilidad, mujer —soltó con voz ruda.
Frunció el cejo. Bulma tenía razón, Vegeta no era alguien fácil de llevar, era un gruñón y probablemente era el hombre con más ego que conocería en toda su vida, si logra agotar la paciencia de Goku pues sería la primera persona en hacerlo, pero no le extrañaría para nada, después de todo se notaba que el muchacho era un hombre muy conflictivo.
— Chichi —soltó ella—, mi nombre es Chichi, llámame como tal.
Vegeta chasqueó la lengua.
— ¿Vas a querer ayuda? Si es así limítate a contestarme —gruñó entonces el entrenador.
Ella rodó los ojos.
— Se me da bien el arco —respondió entonces, intentando no perder lo poco y nada que tenía de paciencia con él, no quería ganarse a otro "enemigo" en aquel lugar, además, necesitaba su ayuda, porque era buena cazadora y todo eso, sin embargo, habían miles de cosas que ella no sabía y necesitaba del conocimiento del entrenador.
— ¿Se te da bien? —Preguntó entonces.
Asintió.
— Sabes que allá dentro —apuntó hacía una puerta, en donde habían entrado los Hados de la Décima Región, donde se suponía que estaba el centro de entrenamiento—, entraron antes los chicos que son experimentados en armas, ¿lo sabes verdad?, que algo "se te dé bien" no es un punto a tu favor, si es así estás condenada.
La muchacha se mordió internamente la mejilla, paciencia, paciencia… No le respondas, necesitas su ayuda, lo necesitas aunque sea un cretino que tenga los humos en la cabeza… Lo necesitas, pensó internamente, dándose paciencia.
— Yo diría que es genial en la arquería —se entrometió entonces Goku.
Vegeta pegó sus ojos negros en el rostro de su Hado, sonrió torcidamente y cerró los ojos con suavidad.
— Pues yo juzgaré eso, Kakaroto —soltó entonces el muchacho de cabellos en punta. Goku frunció el cejo.
— Soy Goku —rebatió, pero Vegeta no prestó atención a lo que decía el muchacho, porque ya se había girado y se había acercado hacía la puerta en donde daba para la sala de entrenamientos.
El pelinegro de cabellos revueltos soltó un bufido, sin embargo, se abstuvo de decir algo, después de todo él no era bueno discutiendo, aunque realmente tenía curiosidad del porqué Vegeta lo llamaba así, ¿de dónde sacó aquel nombre tan extraño?
Pegó sus ojos hacía la pelinegra que se encontraba a su lado, ella le devolvió la mirada por el rabillo de los ojos, él sonrió.
— ¿Vamos? —Preguntó entonces, ella asintió y ambos se encaminaron detrás de Vegeta, quien ya estaba abriendo la puerta de la sala de entrenamiento.
Era la sala más amplia que había visto en toda la Región Central, era casi diez veces de lo que era su propia casa, justo en medio del salón habían dos grandes mesas redondas con diferentes tipos de armas, Chichi tuvo el impulso de correr y tocar el hermoso arco que se encontraba ahí. Parecía estar hecho de una madera muy fina que lograba incluso verse liviana y fácil de llevar, justo a un lado habían unas flechas que deseaba con muchas ganas acercarse y pasarlas por sus dedos, probarlas luego.
Pronto y sintió una gran felicidad crecer en su pecho cuando las palabras de su entrenador le llegaron a los oídos.
— Quiero que me muestren sus habilidades, tienen cinco minutos cada uno antes de que lleguen los otros Hados —habló con voz tosca Vegeta, tanto Goku como Chichi lo miraron fijamente, el pelinegro de cabellos en punta se acercó a una silla, se cruzó de brazos y se sentó, miró a la chica con rudeza—, las damas primero.
La pelinegra asintió, sintiendo como su estómago se retorcía de una manera que no era realmente mala, más bien tenía ansiedad, no había pasado tantos días sin cazar hace mucho tiempo y ya extrañaba usar el arco con las flechas.
Goku se colocó a un lado de Vegeta, ambos observándola fijamente mientras ella, con el mentón elevado y la espalda recta se dirigía a la mesa de armas. Su mano instantáneamente se fue hacia el arco que se encontraba ahí, lo tomó y con suavidad delineó los contornos de aquella arma que tanto le ha servido para vivir.
Tomó una de las flechas plateadas que estaban repartidas en orden por la mesa, la tocó con suavidad y luego se encaminó para plantarse en medio del salón.
A unos cuantos metros lejos de ella había tres distintos blancos en donde suponía debía apuntar en el centro rojo que estaba junto al medio. La distancia era bastante, pero ella estaba segura de sí, después de todo, no ha tenido complicaciones peores con el arma, como cazar animales en movimiento.
Tensó entonces la cuerda mientras colocaba la flecha, se la acercó al rostro y respiró con profundidad. Sentía la mirada expectante tanto de Goku como de Vegeta justo en su costado, aquello le puso nerviosa, sin embargo, se obligó a concentrarse, no podía ponerse nerviosa al sentirse vigilada, después de todo en los juegos sería grabada en cada movimiento que dé.
Aguantó la respiración y sin más soltó la cuerda.
Torció el gesto, la flecha no cayó precisamente en el círculo rojo, más bien cayó a un lado de él. Miró disimuladamente hacía donde se encontraba su compañero y su entrenador. Vegeta tenía una sonrisa irónica en su rostro, como si dijese "¿eso es lo que tienes para mostrarme?", mientras Goku tenía una mirada serena, casi como si esperase más de ella, incluso como si la instara a demostrar que podía más, mucho más.
Entonces Chichi se giró nuevamente hacía la mesa y tomó el carcaj que estaba en una de las esquinas de la mesa, le colocó tres flechas en y se lo puso en la espalda. Colocó una flecha y tiró, con un rápido movimiento colocó otra nuevamente y lanzó, luego la última que le quedaba y la lanzó, en apenas dos segundos las tres flechas estaba colocada en los tres distintos puntos rojos.
Elevó entonces su mentón y sonrió de lascivamente, esta vez no temió mirar hacía su entrenador, orgullosa de sí misma y sintió verdadera alegría al ver el rostro que este tenía.
Sus ojos estaban abiertos de par en par, su mirada no se apartaba de las tres flechas que estaban en el lugar indicado y parecía que le tiritaban las piernas. Miró entonces a Goku, el que pronto se volvería en su enemigo número uno. Él tenía una sonrisa sincera en su rostro, casi como si hubiese sabido que ella sería capaz de hacer aquello, incluso parecía emocionado… ¿Pero qué diablos le pasaba al chico?
Suspiró con una pequeña sonrisa en sus labios.
— Bueno —escuchó entonces a Vegeta—, pues tenéis razón, esto del arco con la flecha se te da bien.
Chichi frunció el cejo. ¿Qué quería decir realmente?
— ¿Se le da bien? —Preguntó entonces Goku—, ¡es mejor que eso! —Alegó.
— ¿Te he dicho que hables, Kakaroto? —Le preguntó Vegeta mordazmente, Goku gruñó.
— ¡Goku!, ¡mi nombre es Goku!
— Como sea —contestó el hombre más bajo—, pues, deberás practicar tus nervios, mujer, porque cuando estés ahí, en la Arena, sin tener cinco minutos para poder salvarte tendrás que apuntar a la primera a tu objetivo, ¿entiendes?
La pelinegra se mordió el labio inferior.
— Lo entiendo —respondió.
Vegeta cerró sus ojos y sonrió de medio lado, cruzando nuevamente sus brazos.
— Ahora veamos qué tienes de bueno que mostrarme tú, Kakaroto —continuó el entrenador.
Goku volvió a soltar un gruñido, sin embargo, decidió no contradecirlo, quizá se debía a acostumbrar a escuchar a aquel sujeto decirle Kakaroto.
Chichi, entonces, dejó el arco en donde se encontraba minutos antes y también el carcaj, se acercó a Vegeta y se colocó a un lado de él a una distancia que le pareció prudente, su idea tampoco era hacerse "amiga" de él, más bien quería agradarle un poco para que al menos y tuviera el apoyo de alguien ahí, además de Bulma claro está.
Goku pareció tomarse su tiempo, porque incluso antes de acercarse a la mesa de armas comenzó a hacer precalentar los músculos, estirándose y comenzando a elongar las piernas. Luego de unos dos minutos así, tronó sus dedos y se acercó a la mesa, lo vio pensativo por unos momentos para luego tomar un báculo de color rojo y largo, que parecía ser un poco más largo que su tronco. La pelinegra no sabía que esperar de lo que sea que iba a hacer el muchacho, si que decidió apoyarse en la pared.
Y supo entonces que había hecho lo correcto, porque por poco y no cae al ver como de pronto Goku tomó velocidad y dando saltos y giros con sus manos y pies completamente rápidos se acercó a la parte en donde había cuatro muñecos que representaban a humanos. Pies, manos, pies, manos, era lo único que logró divisar Chichi cuando el pelinegro se acercaba a los muñecos y luego, apenas y unos segundos y las cuatro marionetas se encontraban completamente destrozadas.
Ni cuenta se dio que tenía la boca completamente abierta, completamente impresionada por lo que era capaz de hacer el muchacho. Y lo peor de todo es que cuando terminó, se incorporó con una enorme sonrisa, sin siquiera parecer cansado por la maniobra que había acabado de hacer. Entonces Chichi miró a Vegeta y aún más se impresionó cuando se dio cuenta que el muchacho de cabellos en punta, su entrenador no parecía siquiera impresionado, más bien parecía como si él ya supiera lo que el muchacho era capaz de hacer.
Tragó saliva con pesadez.
— Como lo pensé —habló entonces el más bajo del grupo—, lo que hay que mejorar en ti es el cerebro, Kakaroto, nada más.
El pelinegro de cabellos revueltos contrajo el gesto en una mueca de desagrado, sin embargo, como era casi siempre, el muchacho guardó silencio. Entonces, Vegeta se levantó de su asiento y con ambas manos aún firmemente cruzadas en su pecho comentó.
— Es una lástima que solo se permita un ganador, de no ser así, ambos hubieran ganado los juegos incluso con los ojos cerrados.
Chichi entonces sintió cierto pesar justo en medio de su pecho.
— Verlos a ustedes dos competir entre ambos, será todo un espectáculo para todos los espectadores, ¿verdad? —Dijo entonces.
La pelinegra pegó sus ojos en el rostro de Goku, este le devolvió la mirada. Entonces lo supo con certeza, si quería ganar los juegos, aquel muchacho pelinegro, con el que se había sentido completamente segura en la inauguración, debía ser eliminado de los primeros, de no ser así, debía darse por muerta… Aunque quizá, siempre lo había estado, desde que Goku hizo la gran hazaña de ofrecerse como voluntario por Davie.
Y había otro problema, un problema que ella no había pensado hasta entonces, ¿sería capaz de matarlo?, ¿después del gran favor que le hizo?, ¿de estar en deuda con él?, ¿lo haría, lo mataría?... Debía esperar el momento, porque como lo dijo Vegeta, solo uno podría ganar y estaba claro que ambos le darían un espectáculo a todos los de la Región Central. Porque para eso estaban ahí, muy a su pesar.
¡Hola, hola!, ¿hay alguien por ahí?
¡Joder!, lamento tanto mi demora, en serio no había podido avanzar mucho, la universidad me tenía con los nervios de punta, tuve exámenes toda la semana anterior y no había tenido tiempo de meterme a la computadora a escribir, solo lo hacía para estudiar y aquello fue una tortura para mi como no sabéis.
Pero bueno, estoy de vuelta y con esta semana un poco más despejada, así que decidí rápidamente ponerme a escribir y traerles este nuevo capítulo de esta historia que me tiene completamente inspirada, no sé si es porque trata de una de mis parejas favoritas o porque con solo imaginarme a Goku hace que se me acelere el corazón.
Pues, aquí ha aparecido Vegeta y con esto se han abierto nuevas interrogantes, ¿verdad?, digo, ¿por qué Vegeta le dice Kakaroto a Goku si esto es un universo alternativo y por lo tanto no existen los Sayayin?, ¿o quizá sí existan? Pues los dejaré con la interrogantes por un tiempo, lo lamento, pero es mejor mantenerlas en suspenso.
OK, quería decirles hace un tiempo que está historia está dividida en tres partes, es decir que esta es una de las partes de la historia y luego las otros dos serán escritas en otros fanfic, quería compartirlo con ustedes.
¡Muchisímas gracias por cada uno de sus comentarios en Review's!, La historia sigue en pie siempre y cuando ustedes lo quieran así.
Háganme feliz con un comentario comentando qué les parece la historia, ¿si? Bueno, un saludo especial a todas aquellas lectoras que siguen la historia capítulo a capítulo, gracias por los Follow's y Favorites, ¡gracias!, espero y les guste este capítulo.
Saludos. Espero haya sido de su agrado leer este.
¿Review's? No cuesta nada, digan que sí :)
SonEmiliaMalfoy
