Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.

Summary: Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma

Words: 4.701 palabras sin contar notas de autor.

Rated: T.

PP: Chichi/Goku.

UNIVERSO ALTERNO.


Capítulo 8: "La arena"

Nunca supo cómo fue que se había dormido en la noche, estuvo cambiando de posiciones durante varias horas y luego, simplemente se durmió, sin recordar cómo había sido aquello.
Tuvo pésima noche, despertó más de dos veces, sin embargo, a la mañana siguiente se sentía repuesta… O quizá demasiado nerviosa como para sentir el cansancio.

Número 18 fue la encargada de ir a despertarla temprano, a las ocho de la mañana ya se encontraba dándose su última ducha. Se colocó prendas interiores que le había traído de la región Central, estas se ajustaron a su cuerpo de una forma tan cómoda que siquiera se sentían. Se colocó cualquier prenda y salió de la habitación.

El Maestro Roshi ya la estaba esperando en las puertas del ascensor, con ambas manos firmemente agarradas en su espalda, los labios juntos y rectos y sus típicos lentes oscuros. No le dijo nada, Chichi antes de subirse al ascensor se giró para mirar a la rubia.

— Gracias —susurró con voz ahogada, no podía hablar, el nudo en su estómago era tal que le impedía poder comunicarse.

18 negó ligeramente con la cabeza.

— Cuando salgas de la Arena —habló la rubia—, puedes agradecerme.

Chichi sonrió ligeramente y se subió al ascensor, creía que debía agradecerle a todo el mundo, a excepción a aquellos que aprueban los Juegos y obviamente, al doctor y presidente Gero.

Las puertas del ascensor se cerraron, dejándola a solas con su Maestro, que apenas y comenzaron a bajar, abrió su boca para soltar variados consejos.

— No te bajes del pedestal hasta que se termine el conteo si no quieres volar en pedazos —explicó, la pelinegra asintió, recordaba haber visto en unos juegos a un joven bajando antes del pedestal, unas clases de bombas se activaron, haciéndolo volar en mil pedazos—. Tienes que arrancar del lugar, ni se te ocurra acercarte al Buzón, es un baño de sangre —volvió a asentir—, lo más probable es que ahí haya un arco y una flecha, intentarán llamarte para que vayas por ellos, pero no los haga, debes correr —aseguró, la chica frunció el cejo.

— ¿Qué dijo Goku sobre eso? —Preguntó.

El hombre la miró de reojo por debajo de las gafas.

— Él sabe lo que debe hacer. Desde ahora tu único amigo será el agua, ¿entiendes? No confíes en absolutamente nadie —continuó, sin querer contestarle la respuesta a la chica—, busca un lugar seguro.

La pelinegra bajó ligeramente su cabeza, un nudo se le había formado en la garganta.

— ¿Algún otro consejo? —Preguntó con voz ahogada, al sumirse en un silencio mientras caminaban por un lugar abierto en donde había una pequeña navecita.

El Maestro Roshi se detuvo entonces a medio camino, la muchacha hizo lo mismo y ambos se giraron para mirarse a los ojos.

— Mantente con vida —aconsejó, ella asintió con lentitud—. Te debo dejar aquí, no cometas alguna imprudencia, es ahora en donde los Juegos realmente comienzan.

Volvió a asentir, le dedicó una extraña mueca que quiso aparentar como una sonrisa y comenzó a caminar, siendo escoltada por dos Androides que nunca había visto en su vida.

Antes de subir al pequeño avión, se giró para mirar hacia atrás. Roshi aún la miraba desde abajo, esperando el momento en el que ella se marchase.

Entró entonces al avión.

Dentro había otros Hados, reconoció a la rubia platinada de la Primera Región, a un chico de la Onceava y al pequeño castaño de la Segunda, Wallace.

Se sentó junto a él. El muchacho la miró por el rabillo de sus ojos y se sonrojó ligeramente, bajó su vista y jugueteó con sus dedos con torpeza.

Chichi no pudo evitar sonreír con ternura al ver aquel gesto. Sintió un horrible pesar, porque pronto recordó hacía donde se estaban dirigiendo. Aquello no era un paseo, ellos iban hacia una muerte segura, incluido el pequeño.

Suspiró con pesadez y corrió su vista hacia el frente, sin mirar a nadie.

Pronto el avioncillo estacionó y dieron el pie para que todos se bajaran. Bajo la tutela de dos Androides fueron guiados por distintos caminos.

Llegó hacía una pequeña base que se encontraba casi bajo tierra. Un Androide le abrió la puerta, ella pasó.

Ahí se encontraba Bulma.

A penas vio a la peliceleste no se resistió para correr hacia sus brazos. Ella la apretó contra su cuerpo y acarició con suavidad la espalda de su Hado.

— Debes ir a cambiarte, te esperaré aquí, ¿vale? —Preguntó la estilista. Chichi la miró fijamente y asintió.

Ella le pasó una ropa para que se cambiase, así lo hizo.

Era cómoda, debía admitirlo, y le gustaba, porque le hacía recordar a la ropa que ella usualmente ocupaba en la Región.

Era un vestido azul sin mangas que le caía hasta un poco más debajo de las rodillas con una cinta roja que se amarraba justamente en la cintura. A ambos lados de sus piernas el vestido se abría. Debajo de este tenía puesto unos pantaloncillos rojos que se terminaban escondiendo dentro de unas botas de color blancas que en la parte de los pies era roja.

Era un traje chino de lucha.

Bulma comenzó a arreglarse entonces el cabello, le hico una coleta baja como siempre dejando libre dos mechones de cabellos junto con su recto flequillo.

— Esta ropa es muy ligera y térmica —comentó la estilista, tomando la mano de la pelinegra—, eso quiere decir que los enviarán a un lugar caluroso… Me suena como un desierto, que es árido pero que en las noches es frío…

Chichi asintió, sintiendo como cada musculo se le tensaba. Estaba asustada.

— Hey —susurró Bulma—, te tengo un obsequio, casi lo olvidaba.

La muchacha elevó su mentón para mirar a la mujer, ella sonrió ligeramente mientras metía su mano en el bolsillo.

— Ten —dijo al fin cuando del bolsillo encontró una pequeña esfera naranja que marcaban cuatro estrellas—, una Dragon Ball. Claro, es una copia hecha en un prendedor, pero no quita el significado, por supuesto.

La joven arrugó ligeramente el cejo, pero aceptó el regalo tomándolo con delicadeza. Lo examinó con cuidado y luego abrió los ojos sorprendida, manteniendo la Dragon Ball que estaba sujeta a una corta cadena en la palma de su mano. Pegó su mirada oscura en el rostro de la mujer.

— Mi padre —murmuró con voz tiritona—, mi padre tenía una de estas —aseguró—, pertenecían a la rebelión, era como su símbolo.

— La leyenda cuenta que hace mucho, mucho tiempo atrás existían las Dragon Ball —comenzó a contar, casi como si lo que buscase Bulma fuese hacerle olvidar por unos míseros segundos que pronto entraría a lo que sería su muerte inminente—, eran siete en total y cuando se recolectaban las sietes y se juntaban en la tierra, de ellas aparecía un gigante dragón que te cumplía tres deseos. Por años los hombres y mujeres más ambiciosos del mundo las buscaron, pero no dieron con ellas nunca.

— Es una tontería —susurró Chichi, pero parecía bastante intrigada con la historia, aunque le pareciera una estupidez.

— Solo encontraron una, la Dragon Ball de cuatro estrellas, la que sembró fuertemente las esperanzas en las personas —siguió entonces la chica, la pelinegra enarcó una ceja—, luego la esfera también desapareció, nadie sabe dónde están o si tan solo la Dragon Ball de cinco estrellas era una excelente imitación creada por el hombre, lo único que se conoce es que la Dragon Ball de cuatro estrellas es la esfera de la esperanza.

— ¿Crees tú que sea cierta la leyenda, Bulma? —Preguntó entonces Chichi, sintiéndose un poco más relajada.

Bulma se encogió de hombros.

— No sé en qué creer, la verdad —contestó—, mi padre era un científico que se obsesionó con la leyenda, incluso intentó crear un rastreador de las esferas para buscarlas, pero nunca le funcionó y antes de morir se dio por vencido.

La muchacha guardó silencio, esperando que Bulma continúe.

— Sin embargo, siempre he creído que la esperanza es lo último que se debe perder —siguió—, y es por eso que te doy ese obsequio, la Dragon Ball de cuatro estrellas, para que recuerdes que no hay que perder las esperanzas, que incluso, en los momentos más oscuros siempre hay un ápice de luz.

Sonrió ligeramente, una sonrisa que reflejaba miles de emociones, Chichi no pudo descifrar ninguna de ellas.

— Tienes que sobrevivir, Chichi —dijo entonces, la pelinegra la miró fijamente, Bulma pegó sus ojos azules en los negros de ella y mostró un rostro mucho más sincero—. Ganarás, lo sé, yo apuesto por ti.

— Gracias —masculló la pelinegra.

Era hora, se oyó al presentador de los juegos por alto parlantes, resonando en todo el lugar. Era tiempo de que los Hados se colocaran en el túnel de expulsión para que los juegos comiencen.

Chichi tragó saliva con pesadez.

Se levantó del asiento y le dio un fuerte abrazo a Bulma, quien correspondió sintiendo como un potente agujero se implantaba en su pecho, pero la estilista se había auto-convencido de que no iba a llorar, de que no podía llorar, no al menos frente a su Hado, porque no sería justo y ella odiaba las injusticias. Y en casos como aquellos ella podía hacer algo en contra de aquello.

Se separaron y se sonrieron.

— Eso hora —susurró Bulma mientras le quitaba la Dragon Ball de las manos y se la colocaba en la muñeca, como una pulsera.

Chichi asintió y se dirigió a la capsula larga y grande que la llevaría a la Arena.

Una vez estuvo dentro de esta, se cerró la puertecilla que le daba el acceso, dejándola encerrada dentro de la capsula, con miedo miró hacía Bulma y luego hacía arriba y suspiró.

Había llegado la hora.

La capsula, entonces comenzó a subir. Miró por última vez a Bulma quien asintió ligeramente con su cabeza, luego, sin más, la peliceleste llevó ambas manos a su pecho, justamente su lado izquierdo y dio dos golpes suaves a la altura de su corazón con la mano empuñada.

Chichi sonrió con tristeza y subió su vista cuando Bulma desapareció de su campo de visión.

Fueron unos segundos que se volvieron completamente eternos. Y luego, una luz la cegó levemente.

El pedestal se quedó quieto, mientras ella intentaba acostumbrarse a la luz del sol.

Un bosque.

La Arena de ese año era un bosque.

Miró a los demás competidores, quienes en posición de arranque se encontraban cada uno en su plataforma. Todos mirando hacía el mismo punto, el buzón, un lugar que parecía ser una gran caseta redonda que estaba rodeada por una mesa circular. Muchos objetos se encontraban alrededor de esta, mochilas y armas.

Buscó con su mirada a Goku, lo encontró unas cuantas plataformas lejos de ella. Parecía estar algo inquieto, como si quisiera ya bajarse de la plataforma, cosa que le extrañó. ¿Tenía pensado correr hacía los objetos?

Llevó sus ojos nuevamente hacía las valiosas cosas que rodeaban el buzón.

Los brillantes rayos del sol hicieron reflejo en un objeto que llamó su atención de inmediato. Era un reluciente arco con una carcaj llena de hermosas flechas. Lo miró hipnotizada.

¿Qué tan rápido correrían los otros competidores?, ella podría hacerse con el arco y las flechas y tendría una verdadera ventaja sobre todos ahí.

Se mordió el labio inferior. El número iba en 25, tenía 25 segundos para pensar en cómo podría hacerse con las armas. Correría rápido, sin mirar atrás tomaría el arco y la flecha, quizá incluso podría tomar una mochila.

10 segundos.

Sus músculos comenzaron a tensarse, sintiendo como la adrenalina recorría sus venas casi como si hubiese consumido algún tipo de droga. Sin siquiera poder evitarlo, corrió su vista hacía donde estaba Goku, él la miraba con los labios apretados y los ojos bien abiertos.

Negó ligeramente con su cabeza.

¿Qué?, se preguntó internamente, ¿qué quería decirle Goku?

El sonido del gong le hizo sobresaltarse.

¡Maldición!, había perdido tiempo valioso.

Con la mandíbula tensa bajó del pedestal y observó. Vio como el pequeño niño de la Segunda salía disparado hacía una mochila para luego cambiar su rumbo y correr con una rapidez extraordinaria hacía el bosque y como los jóvenes corrían en dirección hacia los objetos para hacerse con al menos una mísera cuerda.

Y la masacre entonces comenzó.

El tipo de la Décima se hizo rápidamente con una espada y no lo pensó dos veces cuando de un solo movimiento derribó a un Hado que lo iba a atacar por la espalda.

Perdió de vista a Goku y no le importó, porque en ese momento lo odiaba, le había hecho perder valiosos minutos.

Pero no se iría de ese lugar con las manos vacías, joder, que no podía permitírselo.

Entonces lo vio, una mochila, a menos de cincuenta metros lejos de ella. Y no lo pensó dos veces, rápidamente acalló la voz del maestro Roshi que en su cabeza le advertía que no debía ir hacía allí y debía arrancar al bosque. Tomó vuelo y en menos de medio segundo se encontró con la mochila en sus manos, sin embargo, no lo vio venir y su cuerpo cayó hacía el lado cuando un cuerpo grande y fornido caía encima de ella.

Era el Hado de la Cuarta, quien tenía una apariencia que daba escalofríos, se subió encima de ella a ahorcadas, ella se removió con firmeza, logró quitárselo de encima por unos momentos y gateó para poder arrancar, pero él con fuerzas agarró de su pie y volvió a subírsele encima, la amenazó sin miramientos con un cuchillo.

— Creí que eras más buena que esto —sonrió maliciosamente y acercó sin vacilación el cuchillo a su pecho.

Así moriría, acuchillada, sin haber durado siquiera un día en la Arena, se sentía avergonzada, claramente… Porque aquí no tenía escapatoria.

El cuchillo nunca alcanzó a penetrar su piel y pronto se vio liberada del peso del Hado, extrañada buscó la razón por la cual había sido salvada. Y la encontró.

Era Goku, en un traje igual al de los otros Hados, de color anaranjado completo con una camiseta azul debajo, tenían un extraño símbolo en el lado izquierdo de su pecho.

Se enderezó, mirando como Goku forcejeaba con el muchacho.

Tragó saliva pesadamente y vio como otros Hados se percataban de la batalla, a lo lejos.

— ¡Corre, Chichi! —Gruñó Goku sin mirarla, intentando quitarle el cuchillo a aquel tipo.

Ella negó ligeramente con su cabeza, levantándose del suelo y dando un paso hacia el frente, con la clara intensión de ayudar a su compañero.

— ¡Que te largues te dije! —Gritó entonces el pelinegro de cabellos alborotados, mirándola unos dos segundos.

Tropezó con sus propios pies cuando dio dos pasos hacia atrás, miro como los otros Hados se acercaban a paso lentos, casi como si esperaran el resultado de aquel enfrentamiento, hasta que repararon en ella y la chica de la Décima comenzó a acelerar el paso para darle caza.

Pensó en su familia y entonces no pudo hacer otra cosa que tomar la mochila con rapidez, dar un último vistazo a Goku y salir corriendo de allí despavorida.

Se internó en el bosque y no cesó de correr, asustada, sintiendo como su corazón poco y menos se le saldría por la boca. Siguió corriendo sin mirar atrás, importándole poco la dirección que estaba tomando, sin embargo, dio un paso en falso y cayó por una pequeña quebrada, rodó por la tierra y terminó de estómago en el suelo, aún con la mochila en su mano.

Ahí fue entonces cuando sonaron los cañonazos.

Los horribles y temidos cañonazos que marcaban la caída de un Hado, su muerte.

Uno, comenzó a contar, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve… Nueve Hados muertos, en apenas y una hora.

Fue ahí cuando una punzada cruzó parte de su pecho.

Goku… Pensó con una amargura que le provocaba nauseas.

Y si… Y si él… Lo más probable…

Goku podía ser, claramente, uno de los nueve Hados caídos en aquel día.

Un sollozo escapó por su garganta, un sollozo que vino después de otro y otro. Su frente pegada a la húmeda tierra, sus manos vueltas en dos puños, la mochila a un lado, sin siquiera ser vista por ella, sin conocer su contenido.

¡Había sido tan imbécil y egoísta! ¿Cómo había sido capaz de correr y dejarlo ahí? ¡Intentó salvarla y ella…!

Sus lágrimas empaparon parte de su rostro y luego mojaron la tierra que de por sí ya era húmeda.

— Lo siento —sollozó—, lo siento tanto…

No sabía a quién le hablaba en realidad, solo sabía que debía disculparse, quizá con Krillin o con el Maestro Roshi, o con el otro amigo de Goku, o con su estilista… No sabía en realidad, pero lo hacía de todas formas, necesitaba hallar la manera de sentirse menos culpable por la posible muerte de su compañero.

Se sentó en la tierra, sintiendo aún como su pecho dolía con fuerzas. En aquel momento era cuando más sentía sola. Él no había cumplido su promesa, se arriesgó por ella… Y ahora, quizá él ya no se encontrara ahí.

Tragó saliva en seco, pegando su espalda en la corteza de un árbol que se encontraba cerca. Miró un punto en la nada por unos momentos, mientras las lágrimas aún caían por sus blancas mejillas. Poco le importaba que la vieran llorar, quería demostrar que realmente sentía un fuerte aprecio por su compañero… Y que ella iba a estar dispuesta a dejar su nombre en alto, ahora era cuando menos se podía rendir.

Se limpió entonces las lágrimas de un manotazo y tomó su mochila entre sus manos, la abrió.

Dentro había una cuerda gruesa y larga, la dejó a un lado, encontró una botella de agua vacía y frunció el cejo. ¿Qué mierda les costaba echar agua en ella?, malditos egoístas.

Había una navaja suiza y sonrió ligeramente, no serviría para matar a alguien pero de seguro si lo haría para hacer cosas básicas.

Encontró además un paquete de galletas dulces, torció ligeramente el cejo. Y al final, había un saco meticulosamente doblado, eso le alegró, al menos, en las noches cuando durmiera no pasaría frío. Pero…

Cero de agua.

Se levantó del suelo a duras penas y miró a su alrededor, metió las cosas a la mochila y se la colocó en la espalda. Comenzó a escalar el árbol con rapidez, y llegó hasta un punto en el cual podría ver parte de la Arena.

Sonrió ligeramente cuando encontró un pequeño riachuelo, sin embargo, la sonrisa se le borró inmediatamente. Bajó su vista.

No se sentía bien, obviando el hecho de que era imposible que se sintiera bien sabiendo en donde se encontraba. Pero no se sentía con fuerzas. Las lágrimas empañaron sus ojos nuevamente y ella tuvo que recargarse en una rama para no caer, se sentía mareada y sin fuerzas.

Se sentía con miedo.

Goku ha salvado mi vida, es el único pensamiento que tiene en esos momentos. Y nada le importa además de eso.

Nuevamente con violencia se quitó la lágrima que había caído de uno de sus ojos. Apretó sus labios para no gemir con violencia y derrumbarse frente a todo el país, aunque quería hacerlo. Sollozó levemente y se llevó la mano a la boca, intentando acallar los otros que vendrían.

"Intentaré protegerte", había susurrado Goku justo la noche anterior… Incluso aunque ella le pidió no hacerlo él lo hizo, ¿por qué?, ¿por qué diablos hacía una cosa así?, ¿acaso jamás pensó en la culpa que le hacía sentir? Estaba agradecida, no podía negarlo, pero, ¿y el remordimiento? Incluso saliendo de la Arena viva jamás podría olvidarlo, ¿qué pasaba con el remordimiento? Todo se había ido al carajo.

Apretó los labios.

Ya nada más de llantos, debía ser fuerte, al menos fingir serlo.

Bajó del árbol con cuidado y luego se encaminó hacia donde había visto el riachuelo para conseguir agua. Se movió con cautela por el espeso bosque, pronto encontró el riachuelo, llenó la botella de agua cristalina y bebió, volvió a llenarla y la tapó. Debía de ser moderada, si aquella era la única fuente de agua que había en todo el campo, debía salir de ahí cuanto antes, no estaba preparada para luchar contra los otros Hados… Y para cuando los viera, quería estarlo, porque vengaría la muerte de su compañero.

Torció el gesto ligeramente mientras se encaminaba hacia el lugar en donde había caído con anterioridad. ¿Goku realmente podía estar muerto?, él era tan… Fuerte, quizá, quizá se haya desecho de todos ellos, quizá haya logrado escapar ileso, quizá aún vivía.

Ese pensamiento le hinchó el pecho de alivio. No pensaría más en ello, no al menos hasta la noche, cuando mostraran a los Hados caídos en el cielo, luego de eso, si en el cielo la imagen de Goku saldría, pues… Ya vería qué hacer, qué pensar y cómo reaccionar.

Con ayuda de su cuchillo comenzó a hacer unas pequeñas trampas, era débiles, pero fácilmente podrían atrapar un conejo, o una rana, alguna cosa a la que podría comer.

La noche, luego de varias horas, al fin cayó.

Se sentía cansada, el llanto no le había ayudado para nada… Y se sentía hambrienta, pero no tendría cómo comerse si es que sus trampas hubiesen casado algo. Escaló el árbol nuevamente y se acomodó una gruesa y fuerte rama.

Sacó la cuerda de su mochila luego de haberse acomodado en el saco para dormir y se amarró al árbol para no caer de él. Sus ojos se mantuvieron abiertos, expectantes mirando el cielo, esperando que en cualquier momento sonara el himno de la Región Central, para mostrarle a los Hados fallecidos.

Tuvo la esperanza de no encontrarse con el rostro de Goku encima de su cabeza y cierta alegría la invadió, si era así, si él estaba vivo, entonces, tendría el peso de una muerte menos en sus hombros… De la muerte que le sería, a su creencia, la más dolorosa.

Pronto comenzó a dormitar, su rostro caía hacía un lado variadas veces, pero ella se esforzaba por mantener sus ojos abiertos, no podía dormir, no al menos hasta asegurarse que él estuviese con vida, que él no haya muerto por su culpa.

El himno de la Central, comenzó a sonar.

Sus ojos se abrieron de par en par mirando el cielo. Salió la insignia de la Central dibujada en el oscuro cielo y luego comenzó el conteo. Ningún Hado tanto de la primera como de la segunda Región había muerto, porque el primero en salir fue un Hado de la tercera Región, el muchacho. Se alegró internamente que el pequeño chico Wallece haya podido sobrevivir al primer día. Luego salió otro chico, el Hado de la Cuarta, el grandote que se le había abalanzado encima, el muchacho con el que Goku se había puesto a forcejear para poder salvarla. Se inclinó en el árbol, pestañeando rápidamente… Si él estaba muerto, entonces…

Ambos Hados de la Quinta habían muerto, ya iban cuatro.

Pasaron a la Sexta, murió la chica. Cinco. Séptima, murió otra chica castaña como de quince años. Seis. Novena…

El corazón le volvió a latir y no pudo evitar sonreír ampliamente.

¡Goku estaba vivo!

Apresurada comenzó a desatar la cuerda que la unía al árbol, sin embargo, se dio cuenta que era ridículo. ¿Por qué saldría en su búsqueda? ¿No era eso ridículo?

Lo mejor sería no estar junto de él, porque si estaban juntos y trabajaban como Aliados, podrían terminar juntos hasta el final… Y ella no quería ser la primera en atacar, luego, después de todo, solo uno salía de la Arena.

De nada serviría ir a buscar a Goku, al menos, sabiendo que se encontraba con vida, aquello, le reconfortaba lo suficiente para poder dormir, por lo menos un par de horas.

Se cruzó de brazos justo debajo del saco y cerró sus ojos, perdiéndose en la oscuridad de su mente.

El sonido de un cañonazo la despertó de un sobresalto, perdió el equilibrio en el árbol y sin ningún miramiento resbaló de la rama.

Soltó un chillido ahogado, quedando colgando de la rama. Agradeció haber sido lo suficientemente inteligente como para haberse amarrado con la cuerda, porque, sabía que si no hubiese sido por ella, de seguro hubiera caído y muerto, o peor, haber quedado viva pero completamente indefensa como para defenderse de los demás Hados. Lo que la hubiese llevado a una muerte más lenta y dolorosa, eso era claro.

De pronto, escuchó unos pasos, seguido de una risilla y el eco de unas cuantas personas hablando. Se tapó la boca con las manos, aún colgaba de ese árbol y si la pillaban, lo más probable es que la mataran en un chistar de dedos.

La luz de la luna le dejó ver por entre los espesos árboles a un grupo de cinco chicos.

— Qué chica más idiota, mira que suplicar por su vida —susurró uno de los chicos, al forzar más la vista divisó al chico y la chica de la décima Región, ambos cargados de armas.

¿A quién se refería? Observó por el camino en que aquellos Hados habían llegado, encontrándose con un espeso humo gris. No podía ser cierto, alguien había sido tan estúpido o estúpida como para hacer una fogata a media noche.

— Bueno, hay que seguir si queremos encontrar a esa muchacha —habló otra chica de cabellos rubios, reconoció a la chica de la Primera Región, la rubia.

— Debemos vengarnos —aseguró otra chica, quizá era la compañera del Hado caído de la Cuarta.

Todos la miraron a ella.

— Debemos deshacernos de esa "chica en llamas" para quitarle su amor a aquel muchacho idiota, así lo atacaríamos en su punto débil y vengaríamos la muerte de Steve —explicó, todos asintieron, era astuta, tenía razón.

Chichi apretó aun más su mano sobre su boca, intentando incluso aguantar la respiración, la estaban buscando a ella, querían matarla a ella

— Sigamos entonces —dijo la otra chica.

Desaparecieron pronto de su vista y la pelinegra pudo darse el lujo de volver a respirar. Suspiró. Goku no solo la había hecho verse atractiva ante el público y los Centralinos, sino que también la había hecho parecer atractiva a los otros Hados, logrando que los otros se vuelvan sedientos de su sangre.

Querían matarla y pronto. Y aquello era gracias al pelinegro, sin embargo, no podía culparlo, después de todo, de igual manera antes iban a querer matarla, aunque no de una forma tan apresurada. No por venganza.

Comenzó a darse impulso con la cuerda para poder subir de vuelta a la rama, al llegar, soltó un bufido frustrado. Su estómago gruñó.

Diablos, tenía hambre.

Desató la cuerda entonces y la guardó en la mochila junto con el saco, se bajó del árbol con cuidado y de forma cautelosa comenzó a acercarse a una de las trampas que había hecho. Sonrió contenta al encontrar un conejo desangrado por una de sus trampas. Torció los labios ligeramente.

No quería comérselo crudo, eso no era algo muy… Rico. Miró nuevamente hacía el frente, y vio como el humo poco a poco iba desapareciendo. Sonrió levemente y se encaminó hacía allí.

Llegó justo cuando el fuego comenzó a apagarse de apoco, sonrió ligeramente y comenzó a quitarle la piel al conejo, luego lo trozó y lo acercó al fuego para comenzar a cocinarlo.

Unos minutos más tarde ya se encontraba satisfecha.

Luego apagó el fuego y se levantó del troco que había utilizado como árbol.

Se colgó la mochila y comenzó a observar hacía todas las direcciones, ¿hacia dónde podría ir ahora? Necesitaba hacerse de alguna arma, pero primero que todo debía mantenerse lo más alejada que pudiera de los profesionales. Todavía no era el momento en el cual podría morir, no lo era.

Miró su muñeca y sonrió con suavidad. La esfera de cuatro estrellas brillaba bajo el oscuro manto de la noche.

Debía resistir, no se dejaría morir ni menos matar por los demás Hados, saldría de la Arena cueste lo que le cueste, y lo haría para enorgullecer a su padre y dejar su nombre en lo más alto.

Lo haría por Ox Satán.


Los juegos ya han comenzado y como lo veis comenzaron las muertes de los jóvenes.

Chichi casi muere de un susto al creer que Goku había sido uno de los chicos que había muerto en el buzón, pero obviamente no, Goku es un chico fuerte, el más fuerte del universo (aunque él no lo sepa y ella tampoco)

Este capítulo ha sido corto, pero los que vienen son más largos. ¡Espero les haya gustado de cualquier manera este capítulo!

Me alegran con cada unos de sus comentarios hacía la historia, espero comenten este capítulo, no cuesta nada hacerlo y le sacan una sonrisa a un escritor anónimo.

Sin nada más que decir me despido de ustedes con un beso apretado.

Cuídense y espero hayan disfrutado este capítulo.