Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.

Summary: Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma

Words: 3.317 palabras sin contar notas de autor.

Rated: T.

PP: Chichi/Goku.

UNIVERSO ALTERNO.


Capítulo 9: "La Jaula de Bestias."

Contó dos días en los que caminaba en círculos, avanzaba un poco y volvía a retroceder. No quería alejarse del río que había casi tomado como suyo, porque ningún otro Hado parecía acercarse al territorio en donde se encontraba ella. No había interactuado con nadie durante los últimos dos días y no había visto tampoco a ninguna otra persona.

Se sentía extraña, casi como si estuviese desesperada por querer decir algo al menos en voz alta, y también se sentía asustada, porque de seguro que enfocarse en lo que ella estaba haciendo en la Arena no satisfacía a los Centralinos porque era bastante aburrida.

Y le sorprendía que el director de los Juegos no haya hecho nada con respecto a eso. Recordaba que un Hado de su misma Región murió por un ataque de algún animal Androide creado por los grandes científicos de la Región Central, y había sido por lo mismo, porque aquella Hado no hacía más que esconderse en un lugar en donde a nadie se le hubiese ocurrido observar.

Suspiró levemente mientras masticaba una de las galletas que había en un bolso, pensando en qué podría hacer, estaba desesperada sobre todo porque las trampas ya no estaban atrapando ninguna clase de animal y hace ya un día que estaba muriendo, literalmente, de hambre.

El cañonazo sonó cuatro veces luego del primer día, estuvo asustada de conocer los rostros de aquellos que habían caído, pero no conocía a ninguno. Goku aún vivía y eso no sabía si debía reconfórtala o asustarla.

Saboreó aún más la galleta en su boca y entonces tragó. La sed inmediatamente la atacó y esperó un tiempo más para poder ir a beber agua, quería llenar el botellón, porque ya no le quedaba agua. Se levantó, entonces, y se acercó al río.

Su rostro se contrajo en una clara mueca de sorpresa, porque aquello no se le hubiese ocurrido, los Centralinos ya se habían aburrido de su monotonía.

Le habían secado el río.

No podía creerlo y sonrió ligeramente. Esto debía ser una broma de mal gusto… Aunque, pensándolo bien, había sido un astuto plan, después de todo… ¡Diablos! Debía salir de su jodido círculo. Estaba claro que la acercarían a donde se encontraban los profesionales, era por eso que no querían matarla ellos, más divertido sería que los otros Hados la mataran, claramente.

— Bien —susurró para nadie en especial, la voz le salió ronca, recordándole que no había hablado en variadas horas—, recorreré la Arena.

Comenzó a caminar con lentitud, sin hacer demasiado ruido para no llamar la atención de nadie que estuviese medianamente cerca.

Sabía que la sed que le atacaba en aquel momento era algo meramente sicológico, al darse cuenta que no obtendría agua pronto, la necesidad sicológica le hacía querer beber agua.

Todo le parecía extraño, debía admitirlo, sentía que algo no estaba bien en aquel lugar, primero que nada porque los animales estaban desapareciendo de su alrededores y porque todo estaba demasiado tranquilo para su gusto. Aquello no le era buena señal.

Comenzó a avanzar con precaución, con la navaja suiza empuñada en su mano, observando a su alrededor con el entrecejo fruncido. Sabía que con la navaja suiza no podría contra nadie, sin embargo, era un arma que quizá podría darle un poco más de tiempo para pensar en algo y no morir en las manos de algún Hado o cualquier cosa que hubiese en aquel frondoso bosque.

*.*.*.*

— ¡Cómo que no puedes hacer nada!, ¡¿y los patrocinadores?! —Chilló Bulma observando al viejo con ambas manos puestas encima de la mesa, apretando los dientes con fuerzas, mirando fijamente al hombre.

Vegeta, quien estaba detrás de la peliceleste con los brazos cruzados y una expresión pensativa torció el gesto.

Roshi negó con la cabeza.

— Lo lamento, Bulma, pero no hay nada que esté en mis manos para poder hacer algo —aseguró Roshi con la mirada cansada detrás de sus negros anteojos—, lo siento.

Bulma negó con la cabeza una y otra vez, negándose a creer lo que estaba pasando. Sus hermosos ojos como el océano se llenaron de espesas lágrimas que le hicieron perder un poco de visión. Sollozó con suavidad y se tapó la boca ligeramente para evitar soltar aquellos terribles ruidos que tanto odiaba.

— No llores, mujer —masculló Vegeta desde atrás, ella se giró para verlo, tenía una expresión –como siempre –de pocos amigos, como si le hubiese molestado tremendamente aquel ruido lastimero que había soltado la muchacha.

La chica entrecerró los ojos y lo miró como si quisiese ahorcarlo tan solo con la mirada. El muchacho frunció el cejo, molesto por la mirada que la chica tenía puesto sobre él.

— La chica es inteligente —respondió entonces Vegeta, mirando tanto al anciano como a la peliceleste—, es inteligente y fuerte, se dará cuenta pronto, si es que no se ha dado cuenta ya, saldrá de ese lugar y estará bien. Confíen en sus habilidades.

Bulma se quitó la lágrima que había bajado por su mejilla con suavidad y sonrió ligeramente, sintiendo un leve deje de esperanza.

— ¿En serio crees eso? —Preguntó.

Vegeta soltó un gruñido y asintió con lentitud con su cabeza, cerró los ojos y tomó una pose pensativa. A Roshi le brillaron los ojos por detrás de los lentes.

Vegeta tiene razón, pensó, Chichi es un Hado muy inteligente y fuerte. Un simple animal no podría hacerle daño… Lograría salir de la "Jaula de las bestias".

*.*.*.*

Ya había oscurecido cuando se dejó caer bajo un espeso árbol, cansada y con la boca reseca. Su estómago gruñó y tuvo que alimentarse de una de las galletas dulce que estaban dentro de la mochila. Se pasó una mano por su rostro, sintiendo como un frío viento comenzaba a colarse por los espesos árboles.

— Tengo sed —susurró a nadie en especial, en realidad, esperaba que Roshi hiciese su trabajo, no se encontrase muy borracho y pudiera salvarla de aquello.

¡Maldición! Solo había pasado un día sin beber agua, debía aguantar aunque sea un poco más. Suspiró levemente y se dio cuenta que debía aguantar, aunque sea un día más.

Unas nubes taparon la luna, haciendo aún más oscuro el espeso bosque. Se levantó del suelo y se puso la mochila en la espalda, caminaría un poco más por la oscuridad y luego volvería a subirse a un árbol para descansar, aunque había algo que seguía sin cuadrarle, ¿por qué no se había topado con un mísero Hado en todo el camino?, ¿por qué en esos dos días no había visto a ninguno? Claro, luego de aquella primera noche en la que los vio hablar justo bajo de su árbol, luego de eso, no habían vuelto.

Caminó con lentitud, abriéndose pasó por la noche. Cinco minutos más y se detuvo abruptamente.

Alguien, justamente unos cuantos pasos más adelante había pisado una hoja seca del suelo, lo oyó, estaba segura de aquello. Algo estaba escondido detrás de unos arbustos y la miraba… Quizá era paranoia, pero podría jurar en aquel instante que estaba siendo fijamente observada.

Y lo pudo garantizar cuando de pronto oyó un gruñido.

Eso no es una persona.

Dio un pasó hacía atrás involuntariamente, sabiendo que no debería siquiera moverse de su puesto. Conocía bestias "salvajes", una vez se topó con un oso negro gigante y pudo controlarlo, pero en aquel momento ella se encontraba armada con su arco y flecha, en cambio, ahora… ¡Tenía una pequeña navaja suiza!

Entonces la nube que anteriormente tapaba la luna se movió del lugar, dejando que la tenue luz del satélite natural mostrara aquella espantosa figura que avanzaba lentamente desde la oscuridad.

Se mordió fuertemente la lengua para no gritar, el sabor metálico de la sangre le hizo darse cuenta que se había hecho sangrar.

Era grande, sus patas delanteras eran más largas que las patas traseras, parecía que le sobresalían músculos de los muslos y sus afilados dientes le hacían parecer un animal rabioso. Tenía forma de leopardo y parecía ser este uno pequeño.

Y entonces, luego casi de analizarse ambos, la bestia se le abalanzó encima, haciéndole perder el equilibrio, cayendo de espalda hacía el suelo.

La criatura amenazó con morderla, pero Chichi fue lo suficientemente ágil para a duras penas esquivar el mordisco corriendo su cabeza hacía uno de los lados, ignorando el dolor que le producían las garras de la bestia enterrada en una parte de su piel, mientras la otra pata se encontraba a un lado de su cabeza. La tenía atrapada.

Otro mordisco que le rasguñó alcanzó a rasguñar la cara con los dientes afilados. La pelinegra notó que la criatura era fuerte pero lenta, si que si lograba quitársela de encima tendría la oportunidad de salir viva de esa corriendo hasta un árbol.

Con un movimiento rápido alzó su mano izquierda y con una fuerza desmedida le clavó la navaja suiza en un ojo. La bestia se removió encima de ella y se levantó en sus dos patas, logrando que su altura creciera el doble. Chichi no se dejó intimidar y con rapidez se levantó del suelo para comenzar a correr con fuerzas. Un escalofrío le recorrió de pies a cabeza cuando se oyeron un par de aullidos más no muy lejos de su lugar.

Supo entonces que debía seguir corriendo con fuerzas, porque debía salir de aquel lugar. Era por eso que los Hados habían arrancado de aquellas tierras en donde todo estaba seguro, porque en verdad no era muy seguro.

Seguía su instinto, porque no sabía si se alejaba o no de aquella Jaula de Bestias, sintió las pisadas y gruñidos más cerca de ella y fue ahí donde localizó el seco río. Lo saltó con rapidez y continuó su carrera hasta un árbol, en donde, ya asustada comenzó a escalarlo, ignorando el dolor en sus hombros, en donde aquella bestia había clavado sus garras.

Observó hacía abajo, sentada en una rama del árbol, aferrada a este como si de soltarlo se le fuera la vida, y era así en verdad.

Las bestias estaban bajo el árbol, olfateando coléricas el rastro de olor que ella haya podido dejar. Luego, como si se hubiesen percatado de su presencia, bufaron enfadadas y se alejaron un poco, pero casi parecía que estaban dispuestas a volver.

Chichi descansó solo entonces su frente en la firme corteza del árbol mientras intentaba regularizar su respiración.

Debía escapar de aquel lugar a uno más seguro, pero ¿hacia dónde?, ¿cómo habían logrado escapar los otros Hados de aquel lugar?

Sintió sus ojos humedecer, al parecer, moriría en aquel árbol.

Golpeó su frente en la corteza del árbol, ¡no podía darse por vencida así como si nada! Elevó la vista hacia el cielo.

Lo había prometido por su papá, ella saldría de aquel lugar, pero… ¿Cómo?, ¿por dónde?, ¿cómo lograron salir los otros Hados?

Algo hizo clic en su cabeza, ¡pero claro!, ella había caído por un barranco, solo debía treparlo y estaba segura que no estaba lejos de él, solo, debía…

— Pst.

¿Qué había sido eso?, ¿los monstruos habían vuelto?, no habían sonado como ellos.

Entonces, ¿qué? Se preguntó internamente.

— Pst.

Nuevamente aquel ruido.

Agudizó su vista y entonces, a unos metros lejos de ella, sentado en una rama lo encontró. No pudo evitar sonreír ligeramente al verlo, sin siquiera saber porqué sonreía, se suponía que él debería querer matarla pero… Parecía querer ayudarla, ¿sería eso posible?

Elevó su mentón, para hacerle saber que lo estaba escuchando, no sería apropiado decirle algo, alguien podría oírlos…

Él bajó el oscuro manto de la noche se sonrojó ligeramente viendo la silueta más clara de Chichi.

Tragó saliva y un tanto tiritón apuntó hacía otra rama del árbol, que hacían prácticamente un puente hacía justamente donde él se encontraba. Miró hacía abajo en diagonal y se sonrojó ligeramente al darse cuenta que el barranco que ella buscaba estaba justo bajo sus narices.

Wallece estaba intentando ayudarla, le estaba mostrando el camino que podía tomar para salir de aquella jaula de bestias. Asintió con suavidad y observó el camino minuciosamente, buscando la manera correcta de poder pasar, no quería morir al caer de tal altura.

Con cuidado, ignorando el dolor de su hombro comenzó a hacer equilibrio en una gruesa rama de árbol, estiró sus brazos y comenzó a caminar mirando un punto fijo, sin querer mirar hacia abajo. Firmemente siguió con el camino mientras tanto Wallece, el Hado de la Segunda la observaba fijamente, sin perder ningún detalle de sus pasos, casi con el corazón en la boca, sintiendo en cada momento el miedo que le paralizaba los músculos al pensar que la chica podía resbalar o perder el equilibrio y caer de aquella altura.

Chichi por su parte estaba concentrada al cien, no podía morir, ya se había prometido no hacerlo por su padre y no podría fallarle, ni menos muriendo de una manera tan estúpida como esa. La mochila en su espalda parecía quitarle equilibrio, sin embargo, ella sabía que no podría soltar la mochila.

Pudo soltar todo el aire contenido dentro cuando llegó a la última rama, estaba ya fuera de aquello que ella misma había denominado "jaula". Con cuidado comenzó a bajar del último árbol, sintiendo como su corazón bombeaba fuertemente justo en su pecho.

El pequeño niño sonrió aliviado cuando ella ya se encontraba bajando del árbol que la había sacado de aquel "hoyo". Sin embargo, la sonrisa en su rostro se desvaneció cuando la chica se soltó de una rama de una mediana altura y cayó como saco de papa al suelo.

El hombro le palpitaba con fuerzas, un dolor sordo le cruzó por la cabeza cuando su cabeza se azotó en el suelo. Todo había sido demasiado rápido, el hombro comenzó a arderle y le fue imposible agarrarse bien de la rama.

Dos segundos después del golpe perdió la consciencia.

*.*.*.*

Los rayos del sol le dieron en pleno rostro, tuvo que apretar firmemente sus ojos para poder ver de manera más nítida, aún le ardía la cabeza, sin embargo, el dolor en su hombro estaba menguando. Con suavidad giró su cabeza hacia un costado y se dio cuenta que justo encima de los profundos rasguños que le había dejado esa bestia habían diferentes plantas que se veían húmedas y pegajosas.

Ángeles fuimos, y por el cielo semillas dimos de amor… —Una punzada cruzó su pecho de una manera poco saludable, tuvo que volver a cerrar los ojos al sentirse completamente mareada.

¿Quién cantaba esa canción?, y no solo eso… Porqué lo hacía, era… Horrible, la voz de su madre se colaba por sus oídos y hacía eco en su cabeza.

Ella le cantaba siempre aquella canción cuando tenía feas pesadillas en las noches de tormenta, estúpidamente, le traía paz y esperanzas. Ahora, se sentía aterrada y acorralada, casi podía proyectarse la imagen de un conejo que ha sido cazado con alguna trampa que lo haya amarrado de patas, sin poder escapar, esperando su eventual muerte. Esperando al cazador.

La amistad y el amor siempre brillaron hoy también lo harán… —Entre abrió los ojos ignorando las fuertes punzadas que cruzaban su pecho y respirando fuertemente por la boca apoyó ambos brazos en el suelo mientras las lágrimas empañaban sus ojos. Sacudió la cabeza con suavidad y logró sentarse.

Aquella voz infantil cantando aquella canción se oyó cada vez más cerca. Se levantó del suelo a duras penas y llevó una de sus manos a su hombro que casi no le dolía y se apresuró a esconderse tras un árbol, se tambaleó un par de veces y tropezó antes de esconderse, sin embargo, cuando los pasos ya se oyeron más cerca, ella se encontraba completamente detrás de un grueso tronco de árbol.

Detuvo su respiración por unos momentos mientras oía como los pasos se detenían a unos cuantos pasos de su posición.

Sabía que lo que haría sería osado e incluso idiota, aun así lo hizo. Sacó poco a poco su cabeza hasta poder ver disimuladamente aquel punto del bosque en donde debía estar el dueño de aquella voz y esos pasos.

Entonces lo encontró.

El pequeño niño, Wallece, traía entre sus manos una hoja con agua, en su espalda llevaba una mochila. Sus ojos grandes estaban abiertos, impresionado quizá de qué cosa. Chichi frunció el cejo. '¿Él me habrá curado?', pensó.

Sin siquiera pensárselo con frialdad, salió desde su escondite, haciéndose visible para el Hado de la Segunda. El muchacho apretó los labios y entrecerró ligeramente los ojos al ver la figura de la chica frente de él, dio un paso hacia atrás.

Chichi elevó su mano.

— Hey —susurró ella, intentando no asustar al muchacho—, ¿tú me habéis…?

No alcanzó a terminar, puesto que el muchacho soltó la hoja de sus manos y con un ágil movimiento saltó hacía un árbol, agarrando fuertemente una rama con sus manos, subiendo con facilidad a uno de los árboles. Se refugió en una alta rama, la pelinegra lo siguió con los ojos y se acercó a él con lentitud, mirándolo desde abajo.

— No te haré daño —aseguró la chica y sonrió ligeramente—, lo prometo.

El muchacho se lo pensó por un par de minutos, luego, torció el gesto en una mueca que a la chica le pareció casi una sonrisa. Comenzó entonces a bajar del árbol con lentitud, aún parecía un tanto desconfiado. Chichi decidió que lo mejor sería hablarle, demostrarle que no lo atacaría. Le parecía imposible poder atacarlo, no podría hacerle daño ni aunque quisiera, no tenía armas y tampoco se sentía completamente bien. Incluso, aunque pudiera, no sería capaz, le recordaba en demasía a Davie.

— ¿Me habéis ayudado tú? —Preguntó ella, intentando verse amigable. Él asintió mientras saltaba de la última rama y caía de pies justo en frente de ella—. Muchas gracias por eso, ¿cómo supiste qué debíais ponerme?

Él se sonrojó ligeramente y bajó la cabeza, parecía avergonzado. Se encogió de un hombro.

— bueno, no era difícil saberlo. Permanezco al ministerio de Salud, no se me da difícil reconocer las plantas que son medicinales —respondió en un murmullo, aún se veía un tanto avergonzado.

— Eres un chiquillo muy inteligente, ¿verdad que sí? —Dijo ella, sorprendida.

Él se sonrojó aun más y asintió cabizbajo. Chichi se dio cuenta que ambas manos le temblaban y sintió una cierta pizca de dolor justo al lado izquierdo de su pecho.

— No voy a dañarte —aseguró ella nuevamente, él la miró a los ojos, más sonrojado que antes—, no tienes de qué temer.

Él asintió.

— Lo sé —respondió y se puso en una posición recta, le recordó aun más a Davie, cuando intentaba verse valiente frente a su hermana melliza—. No te tengo miedo —continuó—, sé que no me… Harás daño.

Sonrió, Chichi correspondió la sonrisa.

— Ahora, ¿Wallece, verdad? —Preguntó la pelinegra, el muchachito asintió, ella sonrió—, soy Chichi, y formalmente te preguntaré si queréis formar una Alianza conmigo.

El chico de cabellos castaños frunció el ceño, confundido y luego sonrió levemente, pegó sus ojos en la muñeca de la chica, se relamió los labios.

— Como los profesionales, ¿no? —Preguntó, Chichi juntó las cejas ligeramente.

— Algo como eso, pero seremos mejores, ¿verdad?

Wallece sonrió y asintió, contento.

Ahora tenía una Alianza, pero Chichi sabía que no serían como los profesionales. No. Ella nunca podría deshacerse de aquel pequeño niño, no podría matarlo.

'Lo siento, papá', pensó internamente mientras observaba como el niño le mostraba las cosas que tenía en su mochila. Porque ya no pensaba ganar, moriría, moriría por llevar a Wallece a la victoria.

'Lo siento también, Goku', recordó pronto, porque el chico se había sacrificado por salvarle la vida, pero él debía entender que ella se sacrificaría por salvar a otra vida, una vida joven que tenía mucho por lo cual seguir, tenía mucha vida por delante y ella no podía dejar que nadie se la arrebatara. Tal y como hizo Goku con su hermano Davie.


¡Muchas gracias por sus Review's! Espero les guste este capítulo, pronto nos leemos.

Emilia De Malfoy.