Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.
Summary: Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma
Words: 4.050 palabras sin contar notas de autor.
Rated: T.
PP: Chichi/Goku.
UNIVERSO ALTERNO.
Capítulo 10: "Aliados".
— Dos días… Y medio.
Abrió los ojos impresionada, así que, habían sido dos días en los que había dormido profundamente por culpa de aquella caída. Se mordisqueó débilmente el labio inferior.
— Y… ¿Qué ha pasado durante el tiempo que he estado inconsciente? —Preguntó sintiendo como las entrañas se le retorcían, de pronto ya no sentía hambre.
Wallece saboreó el hueso de aquella pata de conejo que ella había logrado cazar por una de sus trampas, el chico tenía también una navaja un tanto más pequeña que la que tenía ella. También la había obtenido de la mochila.
— Murió un chico de la Sexta y… —Bajó ligeramente la cabeza, Chichi pudo notar que el muchacho había tragado aquel pedazo de carne que tenía en la boca de una manera pesada. Su estómago se contrajo dolorosamente, asustada—, murió el Hado de mi Región, Lissie.
La pelinegra abrió la boca, pero no se le ocurrió nada qué decir, ¿qué diría? Un "lo siento" no parecía ser lo suficiente bueno, estaba claro que Wallece conocía a la chica y que su muerte le dolía. Y ella no tenía cómo consolarlo.
— ¿La conocías? —Preguntó entonces al no encontrar otra palabra adecuada.
El pequeño niño asintió.
— Su hermana es la novia de mi hermano —respondió bajito, como si se sintiera mal de tan solo mencionarlo. La pelinegra sintió un nudo pesado en medio de la garganta por dos distintas cosas contradictorias, una, pena por su hermano y otra rabia, ¿cómo él no había sido capaz de lanzarse como voluntario por él como lo hizo ella?
Wallece suspiró y siguió chupeteando el hueso. Ella sonrió ligeramente.
— ¿Quieres más? —Preguntó entonces, sin borrar la ligera sonrisa que le implantó en sus labios. El castaño miró su mano y sonrió con vergüenza, las mejillas regordetas se le tiñeron de un color rojo intenso. Negó ligeramente con la cabeza.
— Es tuyo, cómetelo —le instó, Chichi sonrió aún más amplio y sacudió la cabeza tajante.
— No tengo tanta hambre —aseguró y le entregó el pedazo de carne que tenía entre sus dedos, el chico lo recibió un tanto vacilante.
Volvió a comer.
Chichi apretó los labios y miró fijamente al castaño, la curiosidad le hacía cosquilla en la lengua y no pudo evitar preguntar entonces.
— ¿Has estado solo por aquí…O has recorrido la Arena? —Preguntó en un susurro. El chico lo miró con una ceja castaña alzada.
— He recorrido la Arena, soy algo inquieto —respondió—, mamá siempre me lo dice —puntualizó, Chichi soltó una débil risilla.
— Supongo, entonces, que has visto a más Hados.
Él asintió.
— Los Profesionales están junto al río, ahí tienen un arsenal de provisiones y armas, dejaron el Buzón cuando notaron que no había ninguna fuente de agua cerca —respondió el pequeño mientras volvía a masticar el hueso.
La chica carraspeó.
— Y… ¿Has visto al chico de mi Región? —Preguntó.
Él enarcó una ceja y sus labios se fruncieron levemente. Aquel gesto le hizo sonreír sin poder evitarlo, el niño se sonrojó y bajó la vista al pedazo de carne que aún quedaba en sus manos.
— No —respondió—, no le he visto, pero supongo que está vivo, no he visto su rostro en el cielo —. Pegó sus ojos azules en los negros de la chica y apretó los labios, parecía querer preguntar algo, sin embargo, al parecer no se atrevía a hacerlo.
— Anda, suéltalo —le ayudó.
Él soltó un suspiró y le temblaron levemente las manos.
— ¿Es cierto? —Preguntó entonces—, lo de tú y él, me refiero… Ya sabes, que estáis juntos, que él está enamorado de ti y que por eso ha salvado a tu hermano.
Chichi contrajo el gesto en una mueca, se sonrojó violentamente y tuvo la infantil necesidad de llevarse las manos a su rostro, pero se frenó antes de hacerlo. Soltó una risilla nerviosa.
— Hey —susurró, intentando desviando el tema—, ¿de dónde conoces esa canción que cantabas cuando he despertado?
— ¿Ángeles fuimos? —Chichi asintió, ignorando la punzada que le cruzó un lado del pecho—, nos la cantaba mi padre cada vez que nos llevaba a dormir a mí y a mi hermano. Decía que era la canción de las Dragon Ball.
Entonces los ojos redondos del niño se pegaron en la pulsera que Chichi traía en su mano izquierda. La chica involuntariamente llevó su mano contraría a la muñeca y jugueteó con la esfera que estaba en su mano.
— La conocéis —dijo él, no era un todo de pregunta si no uno de afirmación. Ella asintió con lentitud, como si asentir le hiciera rememorar todos aquellos recuerdos cuando su madre iba a su habitación y se la cantaba, la imagen de su madre, sonriente y tarareando la canción mientras recogía uvas en el jardín la llenó.
Contrajo el rostro en una mueca de dolor aquello había sido agudo.
— Mamá la cantaba siempre —respondió ella, bajó su mirada al suelo a un punto muerto—, mamá murió cuando yo era pequeña —reconoció—, y desde su muerte, hace muchos años atrás, no la había vuelto a escuchar.
Wallece asintió cautelosamente, mirándola con sigilo, como si temiera que la chica se largara a llorar en cualquier momento.
— Es una bonita canción —aseguró Chichi, en un susurro bajo.
— Es la canción de la esperanza —susurró él, pegó sus ojos oscuros en el rostro infantil de él, el castaño sonrió—, como la esfera de cuatro estrella.
Chichi elevó un tanto su mano para que la pulsera que colgaba de su muñeca izquierda quedara a la altura de sus ojos.
— Eso me ha hecho confiar en ti —reconoció el chico—, supe entonces que eres buena.
La pelinegra pegó su mirada en el chico y se mordió el labio inferior mientras reprimía el fuerte impulso de abrazar con fuerzas al pequeño chiquillo.
Pronto terminaron de comer y se dispusieron a crear algún plan para alejarse del barranco, ambos se colocaron en sus espaldas las mochilas y se encaminaron hacía quizá que lugar, pero primero Chichi se encargó de asegurarse que iban a alejarse del barranco que encerraba a las bestias.
Caminaron por largo tiempo, Wallece iba tarareando la canción Ángeles fuimos de manera baja, el sonido de su voz en la canción ya no le producía tanto dolor a la chica, era más manejable y soportable.
El sonido del cañón detuvo sus pasos.
Se miraron ambos a los ojos y Chichi volvió a sentir una piedra implantándose justo en medio de su pecho. '¿Y si aquel fue el cañonazo de Goku?', pensó y sonrió levemente, no podía ser tan idiota, Goku era demasiado fuerte, él debía estar vivo.
Siguieron caminando sin decir ninguna palabra. ¿Quién habrá sido aquel Hado caído?
— Oye, Wallece —habló entonces Chichi cuando el sol comenzó a esconderse por el horizonte—, ¿de dónde has sacado el agua? —Preguntó al notar que no se habían topado con ningún río.
El pequeño se encogió de un hombro.
— Oh… —Se mantuvo en silencio por un tiempo, con su dedo índice puesto en su barbilla, luego se giró y apuntó hacia abajo a la izquierda—, he estado sacándola del río, del único que hay además del que estaba en el barranco.
Chichi frunció ligeramente el cejo.
— Pero —frunció el cejo ligeramente—, tú has dicho anteriormente que los profesionales están junto al río.
Wallece mostró una sonrisa de autosuficiencia y asintió.
— Los he burlado fácilmente —respondió—, he podido incluso robarles frutas y otra clase de alimentos enlatados que le han enviado los padrinos.
Quizá Wallece quería parecer valiente frente a Chichi, pero a ella simplemente le pareció arriesgado y estúpido de su parte. Bufó, molesta.
— Eso es muy peligroso, Wallece —le sermoneó, el muchacho abrió mucho los ojos, sorprendido por la reprimenda—, ha sido temerario y estúpido —continuó—, ¿sabes que si ellos te encontrasen no durarían ni medio segundo en matarte? —Preguntó y algo pesado se le instaló en la garganta.
El castaño retrocedió un paso hacia atrás involuntariamente.
— Pe…Pero. Tenía que hacerlo —susurró, confundido.
Chichi apretó los labios, quería regañarlo, decirle que había sido completamente irresponsable de su parte, sin embargo, él tenía razón. Resopló con frustración mientras empuñaba sus manos con fuerzas.
— Sí, tienes razón… —Suspiró y bajó la mirada—, pero ahora, como somos aliados tendremos que repartir estas cosas, ¿vale?
— Vale —respondió, aunque por su mirada se notaba que no le había quedado claro lo que la pelinegra decía, sin embargo, asintió de igual manera.
La pelinegra soltó un suspiró y observó con ojo crítico el lugar, puso ambas manos en sus caderas mientras sus ojos oscuros como el azabache se pegaban en un grueso y espeso árbol.
— Por ahora, podríamos descansar aquí —sugirió la chica, miró a Wallece y sonrió—. Ese árbol frondoso de ahí podrá ocultar nuestra presencia, pondré algunas trampas, no atraparían a alguna persona pero nos daría tiempo, además de algún animal para comer.
— Pero aquí no podríamos hacer fogata ni nada, ¿cómo lo cocinaríamos? —Preguntó el chico, con el cejo ligeramente fruncido al pensar en que quizá tendrían que comerse la carne cruda.
Chichi se relamió los labios.
— Bueno…
— Oh, ¡tengo una idea! —El rostro del niño se iluminó, sonrió ampliamente y miró a la chica—, podríamos distraer a los profesionales, estoy seguro que ellos prenderán una fogata y así podríamos ocupar su fuego y cocinar la carne…
— No estoy segura de eso, Wallece. Podría ser demasiado peligroso —susurró, él ladeó su cabeza y la miró con el cejo un tanto fruncido, ella le devolvió la mirada—. Ya te has expuesto mucho, por hoy nos calmaremos, yo iré a por agua mientras tú, que eres más ágil que yo trepando los árboles, podrás recolectar un poco de fruta, ¿verdad?
El niño parecía no estar muy seguro de aquello, cruzó sus brazos a la altura de su pecho. La pelinegra sonrió.
— Vamos, Wallece, no creo que se te haga muy difícil ir por fruta —animó la chica.
— Es que… No creo que deba ser así, tú también escalas bien, eres ágil, pude notarlo cuando saliste por las ramas de la jaula —dijo el chico, ella lo miró sin entender—, como el hombre en esta Alianza me ofrezco para ir por el agua.
Negó tajantemente con su cabeza.
— No te dejaré ir —soltó, firmemente—, iré yo, es lo más justo, tú ya has ido en otras ocasiones y estoy segura que parte de esa agua me diste a mí mientras estaba inconsciente.
— Pero… —comenzó a titubear, ella sonrió segura.
— ¿Es que acaso no confías en mi capacidad? —Preguntó la chica, torciendo el gesto en una mueca que parecía ser dolida.
El castaño se apresuró en negar con su cabeza.
— Por supuesto que no, confió en que lo harás es solo que…
La chica sonrió con suavidad y despeinó –sin siquiera poder evitarlo- el cabello castaño del muchacho, él no dijo nada, sin embargo, se corrió un poco hacía atrás y peinó con sus dedos su cabello. La chica se mordió un poco el labio para no dejar escapar una risa.
—Tranquilo, podré con eso, lo has dicho antes, soy ágil, no notarán mi presencia —aseguró. Entonces se giró—, bien, por mientras ayúdame a poner algunas trampas, ¿bueno?
Él sabía que ella ya no lo estaba viendo, aun así, asintió y fue con la chica para ayudarlo.
*.*.*
Se arrodillo y dejó que su espalda tocase la corteza del árbol.
Debía admitirlo, no era muy hábil escondiéndose, daba pasos torpes y hacía mucho ruido, pero era rápido.
El conejo saltó, dispuesto a arrancar, sin embargo, no logró su cometido porque Goku alcanzó a lanzarse directamente hacía él, agarrándolo con sus fuertes brazos.
— ¡Ajá!, ¡te tengo! —Medio gritó y supo que había sido un error cuando unos pasos pesados se dejaron oír y una voz cortó el aire del lugar.
— Y yo te tengo a ti, idiota.
Y lanzó un cuchillo.
El pelinegro de cabellos alborotados, aún con el conejo entre las manos giró en el suelo, esquivando con facilidad el cuchillo.
— Eres algo lenta —soltó el moreno, levantándose del suelo, mirando a los ojos a la chica. Esa era la compañera Hado del otro tipo, si no se equivocaba, al tipo que había dejado en la inconsciencia en el buzón… El que murió luego de eso.
— Y tú estarás muerto —aseguró ella, de la cinta que amarraba su traje chino en la cintura sacó otro cuchillo y lo lanzó con rapidez, Goku volvió a esquivarlo, sin embargo, este alcanzó a cortarle levemente la mejilla.
El muchacho soltó el conejo que siquiera perdió oportunidad de saltar por su vida.
Igual como debía hacerlo él, porque temía matar a la chica, temía querer dejar a la chica solo en la inconsciencia y terminar matándola como pasó con el otro tipo.
— ¿Por qué no solo te vas y todo lo dejas en paz? —Preguntó Goku, elevando las manos—, yo no moriré a manos tuyas y tú sabes que tengo mucha ventaja frente a ti.
Ella soltó una risa, una risa que retumbó entre los árboles, parecía una risa distorsionada.
— ¿Más ventaja?, ¿crees ser mejor que yo? —Preguntó—, ¿sabes de dónde vengo?, estoy preparada para matarte, tal y como tú mataste a Steve —escupió.
Goku frunció el cejo.
— Yo no lo maté… Yo no quise.
— Estás en la Arena, en los Juegos del Poder —dijo ella—, o matas o te matan… Y yo te mataré a ti para vengar la muerte de él.
— ¡Yo no quise! —Gritó Goku, se veía acongojado. Sabía que esto estaría mostrando en la televisión, ella y él, era ella o él y sabía que los organizadores tendrían listo el cañón. El Maestro Roshi, lo estaría entonces dando por muerto.
— ¡Cállate! —Chilló ella y unas lágrimas escaparon de sus ojos—, ¡lo mataste y yo te mataré a ti!
Volvió a lanzar otro cuchillo. Pero él volvió a esquivarlo, sin embargo, esta vez, dio un salto con todas sus fuerzas y con una de sus manos se agarró de una rama de un árbol. Dio un giro y en pocos segundos ya se encontraba de pie en la rama, la chica apretó sus dientes y lanzó otro cuchillo.
Goku saltó a otro árbol, con ella persiguiéndolo desde abajo, observándola hacia arriba, sin perderlo de vista. Lanzaba más y más cuchillos, él no sabía de dónde los sacaba todos. De su traje, de seguro los guardaba ahí, en el cinturón rojo.
Siguió saltando y la chica corriendo tras de él, sin despegar sus ojos de la figura de él. Y ese había sido su error.
El pelinegro de cabellos alborotados frenó y abrió sus ojos.
La chica había caído en las aguas turbulentas de aquel río, gritando.
Él bajó del árbol de un salto y corrió hacía las orillas, en donde ella se afirmaba de una roca con fuerzas, mientras las aguas golpeaban con fuerzas sus cuerpo. Goku la observó y observó la cascada, que impulsaba a las aguas a moverse con fiereza.
— ¡Ayuda! —Gritó la chica, sin embargo, se escuchó un leve grito, porque las aguas cayendo desde la cascada aislaban el ruido.
El muchacho, entonces, sin siquiera pensar, saltó hacía una roca, cerca de la chica que intentaba no soltarse, aunque ya solo lograba afirmarse de una mano. Goku se estiró en la roca, alzando su mano, ofreciendo ayuda a la muchacha.
— ¡Vamos! —Gritó él—, ¡estírate un poco más y agarra mi mano!
La chica se estiró, sin embargo, cuando los dedos de ella hicieron contacto con los de Goku, la corriente la impulsó con fuerza y le hizo soltarse de la roca, golpeándose con fuerzas en otra. El muchacho gritó y sin pensárselo dos veces saltó hacía tierra firme nuevamente y corrió por el lado del río, viendo como la chica salía nuevamente a la superficie. No lo pensó otra vez y se lanzó al agua.
Nadó con fuerzas, evadiendo la corriente y agarró el cuerpo de la muchacha, sintiendo como el agua lo seguía empujando hacía el centro del río, se impulsó y logró salir por la misma orilla, ya que en la otra solo había una firme pared de tierra que se alargaba hacía arriba. Era un acantilado.
La sacó a ella primero y luego salió él. Sonrió ligeramente y elevó la vista, el pasto se manchó con sangre roja y espesa. Observó a la Hado y la sonrisa se borró.
Sonó el cañonazo unos minutos después, cuando el sol terminó por esconderse, dando paso a la oscuridad.
*.*.*
La bilis subió por su garganta cuando se oyó por toda la Arena el cañonazo.
'No es él, no es él, no es él. Wallece está a salvo en lo más espeso de los árboles', se auto convencía mientras, escondida detrás de un frondoso arbusto observaba a los profesionales comer justo a un lado del río. Observó más allá, en donde el río se volvía un poco más ancho, con aguas más turbulentas, mientras las orillas se hacían más pronunciadas, haciendo casi imposible que uno pudiese sacar agua de ahí sin terminar cayendo al río. Ahora entendía bien porqué Wallece debía ir cerca de los profesionales para poder sacar agua. Claro, además de que le niño le robase parte de la mercancía.
Eran cuatro Hados profesionales, sabía que uno estaba muerto, ¿dónde estaría la chica?
Se relamió los labios, mientras en su mano apretaba la navaja del chico y en la otra, una pequeña piedrecita. Esperaba que aquella sonase tanto como para poder distraer a los profesionales.
Tomó aire y lo retuvo en sus pulmones, se obligó a no respirar, temía poder hacer cualquier otra clase de ruido que pudiesen oír los profesionales.
Lanzó la piedra.
Golpeo fuertemente en una roca que estaba al otro lado de donde estaba ella, haciendo un ruido sordo. Los profesionales elevaron sus rostros.
Ella en tanto, agudizó la audición.
— ¿Oyeron eso? —Preguntó uno.
— Fue como…
— Unas pisadas, ¿no? —Complementó una chica de larga cabellera pelirroja, amarrada en dos trenzas—, debe ser un animal.
Chichi se abstuvo de bufar, tomó otra piedrecita y volvió a lanzar con fuerzas, aguantando la respiración.
— No sonó como un animal —dijo el Hado de la Decima, aquel que tenía una banda roja amarrada en la frente—, hay que ir a ver.
'Eso… Vayan, estúpidos brutos', pensó Chichi mordiéndose el labio inferior.
— Akane, tú quédate aquí, vigilando —ordenó el profesional de la cinta en la cabeza.
— ¿Qué? —Preguntó la chica, compañera de la misma región.
— Anda, quédate aquí, cuidando las pertenencias, no querrás que un animal venga y nos las robe.
'O una chica'.
La muchacha guardó silencio mientras los demás Hados se levantaban y partían hacía donde escucharon el ruido. No tendría tiempo, si que, se levantó rápidamente, lista con el bidón para el agua en mano y directamente fue a por el agua.
Llegó al río y hundió el bidón en el río. Miró a la chica, quien, parecía perdida en las llamas del fuego mientras comía un pedazo de carne.
Tapó el bidón y lo metió a la mochila mientras se levantaba del suelo.
Fue solo el rugido de su estómago, solo eso lo que rompió con el silencio.
La Hado de la Decima se levantó y lanzó un cuchillo que tenía justo a un lado de ella. '¡Maldición!'.
Corrió rápidamente, sin saber porqué, hacía ella, lanzó la navaja, que se le clavó en la pierna y tomó con rapidez carne cocida que habían dejado los demás Hados a medio comer. La chica de la Decima chilló y ella supo entonces que debía arrancar, tomó uno de los cuchillos y se internó en el bosque al tiempo que los demás profesionales salían en el encuentro de su aliada que chillaba.
— ¡Esa estúpida!, ¡la chica de la Octava!, ¡se fue por ahí, por ahí! —Fueron los gritos que alcanzó a oír mientras corría con rapidez por el bosque, con una mano apretando fuertemente uno de los cuchillos y con la otra tomando el pedazo de carne que había alcanzado a tomar.
Oyó las fuertes pisadas de los demás Hados y se apretó los labios para no gritar. Hizo un zigzag y pensó seriamente en si ir o no ir hacía donde estaba Wallece, si era así, estaría llevando a los profesionales hacía donde estaba su escondite, pero si no era así, el niño podría ser capaz de ir a buscarla si no llegaba a la hora acordada. Además, con el cañonazo, de seguro y estaría asustado. Con agilidad tomó otra piedrecita del camino sin dejar de correr y la lanzó con fuerzas hacía atrás, al lado izquierdo, esperaba que aquel ruido volviese a distraerlos, aunque lo dudaba.
Metió el pedazo de carne entre medio de su cinturón rojo, junto el cuchillo, y entonces, se aferró a un árbol. Comenzó a subirlo con rapidez.
Wallece lo esperaba en una rama alta, en donde se le veía solo sus curiosos ojos, escondido entre las hojas.
Subió rápidamente y se instaló junto al chico, entre las hojas. Llevó su dedo índice a sus labios, haciendo opio de que guardara silencio. Ambos dejaron de respirar.
—…por aquí, estoy seguro —dijo la voz de un chico, justo debajo del árbol.
— Pero no está —dijo la voz de otro, Chichi pudo notar la cinta roja en su frente—, te dije que lo que oí fueron sus pisadas más allá, debió haber querido rodear el río, debió haberse ido hacía el acantilado.
— Pero no tendrá forma de pasar —dijo el primer chico, escuchó como recibía un golpe en su nuca.
— Serás idiota —masculló el segundo—, el río termina a unos cuantos pasos de donde nosotros nos encontramos, debió haberse ido en esa dirección para esconderse por ahí.
El otro chico respondió, sin embargo, sus voces fueron perdiéndose, se estaban alejando. Por fin, ambos muchachos pudieron soltar el aire.
Wallece la escañó con la mirada, esperando encontrar alguna herida, sin embargo, la vio en perfectas condiciones. Chichi sonrió y de su cinturón sacó el cuchillo y lo carne.
El niño miró la carne con fascinación.
— ¿Cómo conseguiste eso? —Preguntó.
Chichi se quitó la mochila de la espalda y la abrió para sacar el bidón con el agua. Lo abrió y bebió un poco, se secó la boca con el brazo.
— Bueno, digamos que la adrenalina me hizo ser imprudente —sonrió ligeramente y luego le entregó la botella con agua a su aliado, quien la miraba sin entender—, estaban despierto y bueno, lancé una piedra al sentido contrario, pero dejaron a una cuidando las cosas, me acerqué al río y mi estómago sonó, me vio y bueno, me lancé hacía ella.
Parecía como si al niño se le hubiese revuelto el estómago.
— Si que fue imprudente —sostuvo y le tendió un pedazo de la carne que ya se encontraba fría—, temía que hubieses sido tú la del cañón, pero sabía que eras más lista que eso.
Chichi lo miró con ternura infinita mientras masticaba el pedazo de carne frío.
*.*.*.*
El niño pegó su cabeza en el hombro sano de la chica, ella no pudo evitar sonreír.
Era un niño, nadie podía quitar eso.
¿Cómo había sido él capaz de confiar en ella tan plenamente como para dormirse de inmediato justamente a su lado? Después de todo, supuestamente, en algún momento ambos debían de separarse, porque, si mal no contaba quedaban unos pocos Hados en la Arena. Y solo salía uno.
Y él, lo que no sabía, era que ella se había ofrecido a entregarle su vida, a salvarlo. Acarició el cabello castaño del niño, quien dormía plácidamente, ambos amarrados en la rama del árbol, abrazados dentro del saco de dormir que había en el bolso de ella.
Se permitió cerrar los ojos, porque, sabía que él no le haría daño. Ya había tenido la oportunidad y no lo había hecho. Tampoco lo haría, porque él era puro y una buena persona.
No como ella que había lanzado aquella navaja para matar y que, lastimosamente, solo le había herido la pierna. Y se arrepentía, profundamente, de no haberle dado en algún lugar vital.
¿Acaso eso le hacía mala persona?
Quizá sí. Pero no le importaba. A esa altura, casi nada le importaba.
¡Hola!, como ven no me he demorado nada en actualizar. ¡Benditas vacaciones!
Espero les haya gustado este capítulo, gracias a MilkGame por su Review, ¡espero comenten este capítulo para ver qué les parece el rumbo que va tomando el fanfic!, falta poco paraque chichi y Goku se reencuentre.
Como sea. ¡Gracias por leer!
Dejadme Review's, no cuesta nada.
Emilia.
