Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.
Summary:Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma
Words: 5.520 palabras sin contar notas de autor.
Rated: T.
PP:Chichi/Goku.
UNIVERSO ALTERNO.
Capítulo 11: "Una nueva promesa"
Fueron caminando en subida, buscando quizá que cosa, solo alejándose de los profesionales, que luego de que descubrieran a Chichi se volvieron más precavidos.
La pelinegra lamentó aquello de manera que tuvo que disculparse más de tres veces con Wallece, a lo que él alegaba que no era su culpa y que, de todos modos, debían de moverse. Quedarse en un lugar estancados por mucho tiempo podía ser peligroso.
Más arriba en la montaña lograron encontrar una pequeña fuente de agua.
Sonrieron aliviados.
— Bien, Wallece —habló Chichi mirando al chico con ambas manos en las caderas. El cuchillo que robó la otra noche se escondía entre los pliegues de su cinturón rojo, su mochila en su espalda—. Sacaré agua de esta fuente y luego, mientras voy por algo para comer tú te darás un baño y luego lo haré yo, ¿de acuerdo?
El niño bufó mientras la chica sacaba su bidón de agua y el de Wallece para poder sacar una cantidad considerable de agua.
Llenó ambos bidones y pegó sus ojos en el rostro redondo y blanco del castaño. Enarcó una ceja a modo de pregunta.
— A veces creo que me tratas como si fuese tu hijo —respondió él, intentando colocar una voz más ronca de la que tenía en realidad.
Aquello fue como si el niño hubiese tomado un cuchillo caliente y se lo hubiese clavado justo en medio de su pecho. Torció el gesto en una clara mueca de dolor, el Hado de la Segunda región logró registrar eso y enarcó ambas cejas, sintiéndose de pronto culpable ante la expresión de dolor de la chica.
Davie le había dicho aquello una vez, cuando ella lo regañó porque había ido a negociar con los Androides para obtener un poco de pan. Él se había molestado y le había dicho aquello mismo, con las mismas palabras y con la misma expresión de fastidio, 'a veces creo que me tratas como si fuese tu hijo', pero Davie había agregado además un, 'noticia de último momento, no lo soy'. Con ello le había hecho sentir realmente adolorida, como si fuese pequeñita y cualquiera, con cualquier cosa pudiera dañarla.
¿No era –por el mismo contexto en el cual estaba en aquel lugar- que no quería tener hijos?
Suspiró.
— Chichi… Yo, lo siento —aseguró el castaño, mirando a la muchacha con culpabilidad en sus redondos ojos.
Ella negó.
— No te preocupes —aseguró y le regaló una sonrisa que intentó no demostrar falsa.
Wallece apretó sus labios.
— No, es que… En serio no quería decir eso, lo lamento mucho —aseguró y bajó su mirada—. No quería hacerte sentir mal, lo juro, yo solo… Es que, odio que me veas cómo solo un niño —sinceró.
Pronto aquel dolor que había arremetido contra su pecho cesó y sintió como algo cálido le llenaba profundamente. Sonrió y se acercó a él.
— Es imposible verte como solo un niño, Wallece —aseveró Chichi, mirándolo seriamente, él pegó sus ojos en el rostro de su aliada y ladeó ligeramente su cabeza hacia un lado—. Solo un niño no podría haber llegado hasta aquí por su cuenta —atestiguó—, solo un niño jamás hubiese sido capaz de salvarme, dos veces. Eres más que solo un niño, Wallece, incluso, mucho más que solo un hombre. Y nadie puede negar aquello.
Los ojos del pequeño se nublaron por densas lágrimas que aparecieron en sus redondos ojos, una punzada cruzó por el pecho de la chica, sin embargo, todo fue más cálido, mejor, cuando los brazos regordetes de Wallece se envolvieron en su cintura, apretándola firmemente. Ella, sorprendida en un principio, abrió sus ojos, luego, no pudo evitar sonreír y responderle el afecto con la misma intensidad.
— Bueno, ahora, iré por algunas frutas y si tengo buena suerte, quizá me encuentre con algún animal que pueda cazar con el cuchillo —le dijo mientras se separaba del chico—, tú, mientras tanto, aséate en el agua, ¿bien?
Él asintió sin poner objeciones.
— Y cuídate, ¿eh? Si sientes ruido no dudes en salir del agua y subirte a un árbol, aunque tengas que hacerlo desnudo.
El chico se sonrojó violentamente y corrió su vista, avergonzado. Ella no pudo evitar soltar una risilla ante aquello. Negó ligeramente con la cabeza y se giró.
— Anda, ve, yo iré a por lo mío.
— Cuídate —logró oír al chico, mientras caminaba con precaución por entre los árboles, asintió, aunque no estaba muy segura de si el chico en verdad haya logrado verla o no.
*.*.*.*
Entró a la habitación a pasos silenciosos. Sin siquiera poder evitarlo sus ojos volaron hacía la mesa que estaba en una esquina de aquel lugar, en donde se lograba divisar la silueta de una mujer descansando su cabeza en su propio brazo estirado en la mesa de roble.
Torció el gesto, evidentemente fastidiado y se giró para poder salir de la habitación. Volvería más tarde, cuando la mujer hubiese dejado de descansar.
Sin embargo, un leve pinchazo de culpabilidad le impidió realizar aquel acto, dejándolo con los pies clavados en el suelo, mirando a la mujer de suaves cabellos celestes que respiraba pausadamente.
Soltó un suave gruñido y sintiendo como algo realmente molesto se le implantaba en el pecho se acercó hacía la chica, con pasos seguros y firmes, obligándose a no retroceder.
Tomó el cuerpo de ella con facilidad entre sus fuertes brazos y la alzó.
No la cargaba como en verdad un príncipe cargaría a una dama, más bien la mitad del cuerpo de la muchacha colgaba en la espalda del chico de cabellos en puntas.
Ante el movimiento brusco, Bulma no pudo evitar despertar. Y se sobresaltó ante lo primero que logró divisar, el suelo.
— ¡Aah! —Gritó la peliceleste sin siquiera poder evitarlo, logrando que Vegeta se sobresaltara.
Sin siquiera un ápice de delicadeza la dejó en el suelo, haciendo que esta trastabillara y cayese de bruces al suelo.
— ¡Qué te pasa, imbécil! —Chilló entonces Bulma, sonrojándose con violencia.
Vegeta pestañeó un par de veces y giró su rostro, haciéndole un desprecio a la chica de ojos celestes.
Torció el gesto, molesto.
Bulma se levantó lo más rápido posible, sacudió su ropa, quitando el falso polvo y lo miró a la cara, roja de furia, sin embargo, Vegeta seguía de brazos cruzados, mirando hacia otro lado, ignorándola olímpicamente.
— ¡Vegeta! —Rugió la peliceleste y soltó un gruñido lleno de molestia, golpeó con el pie el suelo y apretó ambas manos, volviéndolas en puños—. ¡Ni sé porqué me molesto contigo, eres insoportable!
El muchacho cerró sus ojos y elevando el mentón volvió su rostro hacía el frente.
— Solo estaba cargándote para que puedas dormir más cómoda, pero, contigo las cosas nunca pueden funcionar porque eres peor que un molestoso insecto —dijo el pelinegro de cabellos en punta, Bulma frunció el cejo y cruzó sus brazos a la altura de su pecho, vaciló en su puesto, sin creer en las palabras de él.
— ¿Estabas…? ¿Enserio? —Preguntó, anonadada. Vegeta abrió sus ojos y frunció el cejo, completamente molesto ante la impresión de la chica.
— Solo olvídalo, mujer —farfulló el chico—. De todos modos, tenía que hablar contigo sobre algo importante.
Ella relajó por completo su cuerpo, sus brazos cayeron a ambos lados de su cuerpo y una mueca de preocupación cruzó por sus rasgos.
— ¿Q…Qué? —Preguntó sintiendo como su corazón comenzaba a palpitar desenfrenado en su pecho—, ¿le…Le pasó algo a Chichi? —Cuestionó atolondradamente.
Vegeta torció el gesto y negó ligeramente con la cabeza, aunque parecía hacerlo de manera cautelosa. Bulma sintió como un agujero se colocaba justo en medio de su estómago.
— Le pasó algo, verdad —no era una pregunta, más bien era una afirmación. Sus ojos celestes se llenaron de lágrimas.
El chico volvió a correr su vista hacía otro lado, cómo odiaba cuando esa tonta mujer hacía aquello y aún más, odiaba cuando comenzaba a hacer esos extraños ruidos ahogados que le producían cierto nudo en el estómago.
— No está muerta, mujer, cálmate —intentó tranquilizarla de la mejor manera que él pudiese hacerlo. La peliceleste ahogó un sollozo con su mano y lo miró fijamente a través de las lágrimas—. No he querido decírselo a Roshi, es solo una suposición que he tenido yo, observando los juegos.
Bulma se secó la caprichosa lágrima que había caído por su mejillas con la palma de su mano, lo miró fijamente, él le devolvió la mirada por apenas unos segundos, luego la corrió, mirarla por mucho tiempo era incomodo.
— la chiquilla —comenzó con voz pausada, esperando que lo que diría no quebrase a Bulma, sabía el lazo que la peliceleste creó con el Hado en apenas unos cuantos días, sin embargo, parecía ser que haya sido una estrecha amistad de hace mucho tiempo, porque Bulma pasaba pegada en la pantalla mordiendo un pañuelo mientras veía el programa, y cada que salía la pelinegra, la chica chillaba—, tengo la impresión —volvió a decir y suspiró, ¡vamos, qué tan difícil podría ser decirle aquello! —, tengo la ligera impresión que la chiquilla está más que dispuesta a dar la vida por el otro niñito, el de la Segunda.
La peliceleste tragó pesadamente saliva al sentir como la bilis se le subía por la garganta. Sus ojos volvieron a aguarse, sin embargo, pestañeó varias veces seguidas, intentando espantar las lágrimas.
— Lo sé —susurró Bulma—, era algo que yo también estaba previendo —aseguró la chica, bajó su vista.
— En ese caso —habló Vegeta—, tendrá que ser Goku.
La chica elevó su mirada y la pegó nuevamente en el rostro serio del muchacho, ¿cómo era posible que Vegeta no tuviese ni un ápice de tristeza?, quizá era porque él ya llevaba dos años viendo como sus Hados van muriendo en la Arena. Sin embargo, ella dudaba, incluso poder aguantar ver como Chichi… Siquiera podía pensarlo.
Sacudió la cabeza para espantar la imagen.
Vegeta frunció el cejo.
— Mira, lamento que tengas que ser parte de esto, en verdad lo lamento, eres algo… Susceptible y supongo que a ti te duele más ver como las personas ahí se… Bueno tú sabes, pero eres necesaria y ten por seguro que jamás en la vida voy a volver a decirte aquello.
Bulma lo miró completamente sorprendido, ¿acaso Vegeta estaba adulándola de alguna manera? Sus mejillas se sonrojaron suavemente y apretó sus labios, aguantando una sonrisita. El moreno se dio cuenta de aquello y apretó sus brazos cruzados en su pecho, volvió a correr su vista hacía otro lado, para no mirarla.
La peliceleste suspiró ligeramente.
— Tampoco hubiese sido agradable ver morir a Goku —aseguró la chica—, es solo que él se veía tan dispuesto a protegerla que… —Suspiró—, seguiré en esto, lo prometo, pase lo que pase… Incluso si Chichi llega a... Bueno, tú sabes.
Vegeta asintió sin decir nada, aun seguía avergonzado por lo que dijo minutos atrás. ¿Por qué lo había dicho? Ni el mismo lo sabía y no sabía si realmente quería saberlo. Apretó los labios.
Bulma suspiró levemente como por quinta vez en la noche. Luego, pasó por un lado de Vegeta, dispuesta a volver a aquella habitación en donde minutos antes se hallaba durmiendo, debía seguir trabajando.
Abrió la puerta y antes de entrar se giró para mirar la figura de Vegeta dándole la espalda, sonrió levemente y se tuvo que morder el labio para no soltar alguna risita, sin siquiera saber porqué quería reír.
— Gracias, Vegeta —susurró la chica—, por tu intención al querer acostarme en un lugar más cómodo para dejarme dormir.
Y entró a la habitación sin esperar respuesta.
El rostro del muchacho ardió y maldijo a nadie en especial, aunque quizá sí, estaba maldiciendo a la chica por hacerlo comportar a veces como un idiota.
Gruñó y con molestia se alejó de la habitación, lo mejor sería no estar cerca de ella y evitarla hasta que los juegos hayan terminado.
*.*.*.*
Wallece ya se encontraba completamente vestido y seco para cuando ella llegó con una animal que parecía ser un ganso, al menos, tenía forma de ganso.
— Eh, Chichi, al fin has llegado —sonrió el chico mostrando una hilera de dientes blancos—. ¡Mira lo que nos han traído! —Mostró una pequeña cajita que había entre sus manos, ella lo miró curiosa—, los han enviado los padrinos, ¡al parecer nos han apadrinado!
La cara de la chica se iluminó por unos momentos, sonrió contenta y luego abrió la cajita, dentro había una pequeña botellita, frunció el cejo.
— ¿Y…Esto qué es? —Preguntó extrañada.
Wallece soltó una risita, a la chica aquello le hizo sonreír, el muchacho se veía realmente contento, de seguro porque creía que nadie lo iba a apadrinar, sin embargo, aquel regalo le ha traído nuevamente las esperanzas.
— Es "anti-cloro", unas gotitas de esto a nuestra agua y quedará completamente limpia. ¿Sabías que el agua que estamos bebiendo no es, digamos, muy higiénica? Una vez, hace como dos años atrás un Hado murió por una infección a causa del agua —abrió sus ojos redondos y ella lo miró completamente concentrada en lo que él decía—, con esto no nos arriesgaremos a ninguna clase de infección, es más, transforma el agua a más dulce y así es más deliciosa, ¿quieres probarla?
Ella asintió, más por darle en el gusto que por otra cosa. El castaño tomó uno de los bidones y lo abrió echó dos gotitas en él y luego batió con suavidad el bidón, sin botar ninguna gota de agua. Sonriente le pasó el bidón a la pelinegra y con una sonrisa aun más amplia le instó para que bebiera del agua.
Así lo hizo y pudo verificar que lo que Wallece decía era cierto. El agua no cambiaba en un cien por cien su sabor, sin embargo, era un tanto más dulce y por consecuencia más rica.
— Tienes mucha razón, Wallece —respondió ella—, si que eres listo —aseguró.
El chico se encogió ligeramente de hombros, mientras un pequeño rubor cubría sus mejillas.
— ¡Bien!, ahora vamos a comer, ¿vale? —Dijo la chica.
Wallece asintió con una sonrisa que se extendía de mejilla a mejilla.
Hicieron una pequeña fogata que no sacaba mucho humo para poder cocinar la carne de aquel animal que ambos despellejaron con rapidez. Cuando este ya estuvo cocido perfectamente, Chichi apagó inmediatamente el fuego y se dispusieron a comer.
Al cabo de un rato, cuando el chico terminó de comer su último trozo, bebió del bidón un largo sorbo de agua. Ahora que tenían una fuente de agua cercana, debían aprovecharla y más si tenían el "anti-cloro".
Chichi aún no terminaba de comer su último trozo de carne cuando Wallece volvió a tararear la canción "ángeles fuimos".
La chica tragó el pedazo de carne que se había metido a la boca con pesadez.
— Te gusta esa canción, ¿a que sí?
El castaño se sonrojó ligeramente y asintió.
— De todas las canciones que papá me cantaba, esta es la que más me gustaba. Me hacía sentir feliz —respondió el chico y respiró con suavidad mientras jugaba con una ramita enterrándola en la tierra—, era como si al escucharla, todos los problemas que podría tener mi familia, desde la falta de comida, hasta la opresión de mi región, desaparecieran, y me hiciera creer, al menos por unos minutos, que pronto todo aquello acabaría y que luego seríamos muy felices, sin ninguna preocupación.
— ¿Cómo son en tu región, Wallece? —Preguntó la chica, curiosa.
Él sonrió tristemente, como si hablar de su región le trajera sentimientos muy contrarios a la melancolía, como lo esperaría Chichi.
— Todos creerían que somos muy prósperos, claro, por ser la región encargada de la salud, sin embargo, los buenos médicos que salen de nuestra región todos son enviados a la Central, mientras que los que tienen más bajas calificaciones son dejados en nuestra región —respondió el chico—, en el salón de clase nos enseñan diferentes técnicas de curación y si uno no se las aprende, pues, el maestro te reprende a varazos.
— Eso es terrible —susurró la chica, extrañada al darse cuenta cómo se comportan los Androides en las otras regiones, mientras que en la suya, con suerte y se logran ver dos o menos merodeando por las calles. Y los maestros, todos son bastantes dejado en su trabajo.
— Lo es —afirmó el chico—. Como los médicos que se quedan en nuestra región son escasos y no muy buenos en su trabajo, pues, la mayoría de los enfermos mueren —contó. Luego el niño pegó sus ojos grandes en el rostro de su aliada y la miró con una seriedad que no había visto antes en él—. Es por eso, que si salgo de aquí me transformaré en el mejor médico, pero haré lo imposible para quedarme en mi región e intentar salvar a mi gente.
Chichi sonrió un tanto emocionada.
— Y lo harás, Wallece, saldrás de aquí y serás el mejor —respondió—, eres muy listo y lo lograrás, apuesto por ello.
Él sonrió ligeramente.
— Gracias Chichi.
Y el chico pareció no tomarle el real peso a las palabras que le había dicho la muchacha, porque si hubiese puesto mayor atención, hubiese notado que la chica le estaba diciendo que él saldría de los juegos con vida y no ella.
Pronto, al terminar la comida, ambos se levantaron.
Era el turno de la pelinegra para darse un "baño" en la fuente de agua, Wallece por su parte iría en busca de algunas frutas del lugar, acababan de comer y no era como si lo necesitasen, sin embargo, el muchacho era inquieto y obviamente no podría quedarse sentado en una roca mirando hacia otro punto mientras Chichi se aseaba.
La pelinegra se lavó el cabello en la fuente e intentó quitarse la suciedad que se le había metido entre las uñas. Al bañarse notó que no le había crecido ni un centímetro de bello en las piernas y se extrañó ante ello y pensó seriamente que los tipos de la Central debieron haberle rasurado las piernas con algo especial para evitar que el bello creciera.
También podía notar que sus dientes tampoco parecían estar sucios y eso le hacía sentir en cierta parte alivio, odiaba tener los dientes sucios.
Se salió de la fuente de agua y se vistió, no se había desnudado por completo por vergüenza a que los de la Central estuvieran grabando ese instante. Se vistió con rapidez y luego, con sus dedos peinó sus largos y oscuros cabellos, los amarró en una coleta baja, dejando libre dos mechones negros a cada lado de su rostro y su flequillo.
Se estiró con suavidad y se levantó del lugar, bebió un poco del agua que Wallece había limpiado con algunas gotas de aquel suero "anti-cloro", hizo gárgaras y escupió.
Y fue cuando lo escuchó.
Le zumbó en los oídos y le produjo un pito interno, su corazón se detuvo en su pecho y una fuerte corriente de adrenalina le recorrió todas las arterias. Sin siquiera darse cuenta que estaba completamente desarmada corrió con toda la velocidad que sus piernas le dieron y llegó al lugar en donde había escuchado el grito.
Había sido su grito.
Wallece estaba en peligro.
El pequeño estaba acorralado contra un árbol, no muy lejos de donde se encontraban, mientras una tipa, una de las profesionales, le apuntaba con un arco y una flecha.
— ¡Nooooooooo! —Gritó la pelinegra, sin siquiera pensar.
La muchacha lanzó la flecha mientras veía como Chichi corría hacia ella con velocidad, colocó una flecha en el arco, lo tensó y tiró, sin embargo, la muchacha logró correrse por un poco, haciendo que la flecha que iba en dirección a su corazón, se clavase en la piel de su antebrazo
Pero no le importó, nada le importó. Sin siquiera darse cuenta ya se encontraba frente a frente a la profesional, se le lanzó encima y ambas cayeron al suelo, provocando que la profesional suelte el arco.
Los golpes comenzaron.
Chichi empuñó su mano derecha y la clavó con fuerzas en el rostro de la otra Hado, debía de mantener a Wallece a salvo y no importaba si era costa de su propia vida.
La otra chica chilló, pero no se dio por vencida, empuñó también su mano y le golpeó directamente en la mandíbula, los ojos de la pelinegra se empañaron y cayó hacia atrás producto del golpe. Comenzó a removerse, ya que la profesional se colocó a horcadas encima de ella, aplastando con sus pies las manos de ella, inmovilizándola.
Rápidamente, del dobladillo de su cinturón sacó un cuchillo, este se veía pequeño, sin embargo, la pluma de este brillaba ante el sol escondiéndose tras las montañas. Era filoso, sin dudarlo.
— ¿Dónde está tu enamorado? —Preguntó la chica, con una sonrisa de satisfacción cubriendo su rostro—, ¿eh?, no podrá venir a salvarte ahora, quizá porque debe estar muy ocupado con todos los demás profesionales buscándolo por matar a Steve. ¿Lo sabías?
Chichi guardó silencio, mirándola con odio, rápidamente, sin pensarlo se volvió a remover con fuerzas debajo de la chica, sus rodillas se clavaron en la espalda de la profesional con poderío, ella se tambaleó encima de Chichi y se fue hacia adelante. Alcanzó a afirmarse de la tierra y se impulsó hacia atrás para volver a la misma posición, sin embargo, una de las manos de Chichi ya se vio liberada. Y actuó.
Palmeó con su mano libre hacía su lado y se encontró con una gran roca, la tomó y con fuerzas la llevó hasta un costado de la cabeza de la chica. La golpeó con la roca y la profesional cayó hacía el lado.
Chichi se la quitó de encima y se giró sobre su cuerpo, abrió su boca y soltó una exclamación de dolor, miró su brazo y encontró la flecha que se había clavado en su antebrazo, con fuerzas se la quito, dejando que la sangre se le derramase por la piel.
El cañonazo sonó, dando a conocer la muerte de la profesional.
Se levantó, a duras penas.
— ¿Wallece? —Preguntó con suavidad, mientras que con una mano afirmaba su herida abierta.
El niño tenía la mandíbula tensa, se encontraba tirado en el suelo, con una flecha clavada en su estómago, justo en medio.
— ¡Wallece! —Gritó y se acercó corriendo a él, ignorando su propio dolor en el brazo.
Se arrodilló frente él y con la mayor suavidad que encontró le sacó la flecha, su rostro perdió cualquier color al ver aquella herida profunda. Era irreparable, aquella flecha se había clavado con fuerzas en el cuerpo del niño, no con la misma fuerza que se le había clavado a ella en el antebrazo.
— Y…yo…Duele —susurró con voz baja, casi tan baja que si no fuera porque Chichi acercó su oído a los labios del pequeño castaño no hubiese logrado oír.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, intentó espantarlas pestañeando, pero fue imposible, acarició el rostro redondo del muchacho con suavidad.
— Pasará —dijo y sorbió su nariz mientras el labio comenzaba a temblarle—. Iré por… Algo…Debe haber algo que pueda…
Pero calló, porque era irreparable y tanto ella como él lo sabían.
El niño pegó sus ojos redondos y grandes en el rostro de ella, una pequeña sonrisa apareció de la boca del chico.
— Oh, Wallece…Lo…Lo siento tanto —un gemido lastimero se escapó por su garganta.
— No…N…No te preocupes —dijo el muchacho, parecía sacar fuerzas desde lo más interior de su pequeño cuerpo para poder hablar—, no fue…tu culpa, yo…Me alegro mucho de que…De haber podido…Conocerte.
Chichi soltó otro sollozo que le desgarró la garganta, se llevó una mano a su boca, mientras el otro brazo caía casi inerte a un costado de su cuerpo.
— Ganarás… —Susurró, sin perder la sonrisa de sus labios, mientras una pequeña lágrima bajaba por su mejilla que rápidamente perdía el color.
La pelinegra asintió y volvió a acariciar la frente perlada en sudor del muchacho.
— Ganaré —sollozó—, lo haré por los dos. Lo prometo.
— Eres…Fuerte…Más fuerte que todos…que todos ellos…Les ganarás… —Respondió y volvió a caer otra lágrima por su mejilla, Chichi temblorosa se la limpió.
La pelinegra hipó y besó con suavidad la frente del muchacho.
— No…No me dejes…
— No lo haré —susurró con suavidad, volvió a sorber por la nariz—, puedo… Cantarte.
Wallece la miró por unos segundos y luego cerró sus ojos con suavidad para luego volver a abrirlos, aunque se notaba que los abría con dificultad.
— Bueno… —Respondió—, has…Hasta que me duerma.
Sorbió por la nariz nuevamente y tomó aire.
— En tu pupila… —Comenzó con voz ronca— el arcoíris se reflejó y el amor florece en tu corazón —hipó— sigue teniendo fe y esperanza en que mañana va a cambiar…
Los ojitos del niño se fueron cerrando de apoco, pero Chichi no dejó de cantar, con lentitud, casi como si la canción fuera guiada por unos lentos sonidos de música.
— Este desierto… Se transformará paraíso es lo que pronto será —un último suspiro y Wallece dejó de respirar, mientras escuchaba aquella estrofa de su canción favorita, ángeles fuimos—… Abre… tu corazón la magia y el amor… Son verdad.
Soltó un sollozo ahogado y apretó sus labios con fuerzas, el niño ya no se movía. Sonó el segundo cañón.
— Wallece —le llamó, mientras gruesas lágrimas caían por sus ojos—, Wallece… —Era inútil, ella podría llamarlo miles de veces, pero el niño no abrirá sus ojos, nunca más.
Observó su rostro, con los ojos cerrados parecía que dormía y aquella sonrisa que adornaba su infantil rostro le hacía verse en paz, casi feliz. Volvió a acariciarlo y besó su frente por última vez.
Se levantó del suelo y lo volvió a mirar. Su ki naranja estaba manchado con sangre.
Sorbió y se limpió una de las lágrimas de su mejilla, se giró y se acercó arrastrando los pies hacía el arco que estaba tirado olvidado en el suelo. Lo tomó con su brazo bueno, luego, se acercó a la chica que yacía muerta en el piso. Apretó sus labios y miró la piedra que estaba a un lado de la mujer, quien tenía los ojos abiertos, viendo sin realmente ver.
La giró con suavidad y le quitó con dificultad el carcaj con flechas que estaba en su espalda, se la colgó con en su hombro del brazo bueno, sintió como la herida en su antebrazo palpitaba, pero no le importó.
Con el carcaj ya con ella y el arco en su mano, caminó hasta dar con unas flores, encontrando la flor perfecta, la cortó y volvió hacía donde Wallece todavía yacía en el piso. Muerto.
Se acercó y se agachó.
Le colocó la flor azul en su pecho y luego puso ambas manos justo encima del tallo de esta, con su dedo, suavemente acaricio los lisos cabellos de su cabeza y se levantó. Su mano derecha se volvió un puño y luego, se golpeó dos veces su costado izquierdo, justo encima de su corazón.
— Adiós, Wallece —susurró mientras una lágrima se derramaba por su mejilla.
La tierra comenzó a tragarse al chico, pero ella sabía el porqué de aquello, los de la Central se llevaban los cuerpos. Observó como la tierra también se tragaba a la otra chica.
'
Se hundió en el río e hizo una mueca de dolor cuando el agua tocó la profunda herida en su brazo. Se limpió con el agua con suavidad, mordiéndose el labio inferior para no soltar algún grito.
Al llegar de vuelta al lugar en donde con Wallece habían decidido acampar encontró todas sus cosas intactas, entonces pudo verificar que al menos, en las cercanía no había ningún otro Hado.
Cuando la herida fue limpiada con el agua, tomó las cosas que descansaban junto a una roca. Abrió la mochila de Wallece y sacó todas las cosas que había dentro para meterla en su propia mochila con rapidez. Tomó el arco con fuerzas, casi intentando mezclar su piel con él para no perderlo y subió a un árbol.
La adrenalina aún seguía corriendo por sus venas, sin embargo, cuando todo se oscureció y ella terminó de amarrarse al árbol, el dolor punzante en su brazo se hizo casi insoportable.
Sacó uno de los bidones con agua de la mochila y lo abrió, luego, sacó el pequeño contenedor de aquel "anti-cloro". La expresión de su rostro rápidamente decayó y sus ojos se llenaron de espesas lágrimas que le impidieron ver, apretó sus ojos junto con sus labios y las lágrimas descendieron por sus mejillas mientras un sollozo ahogado escapaba por su garganta.
¿Cómo estaría la madre de Wallece, su padre, su hermano? ¿La odiarían? Después de todo, ella no fue capaz de salvarlo. Comprendería si la odiasen, porque ella misma en aquellos momentos lo hacía.
Se oyó el claro sonido de una campanilla acercarse a ella. Se secó con su brazo las lágrimas de sus ojos y pudo divisar un paracaídas con un pequeño objeto colgando de él, esté cayó justamente en sus manos, el paracaídas desapareció con un suave pop, dejando en sus manos solo la cajita.
La abrió.
Había una nota en él.
"De la Segunda región".
Su ceño se frunció. Observó el contenido de la cajita y de ella sacó un pequeño frasco con un liquido verde dentro de él.
Era medicina, algún ungüento para que ella aplicase en la herida de su antebrazo. Sacó arto de la crema que había dentro del frasco y se echó en la herida. Pronto sintió el alivio en la herida, el ungüento le estaba quitando el fuerte ardor y las punzadas rápidamente comenzaron a decaer.
Suspiró y miró el cielo.
— Gracias —susurró, sabía que en aquellos momentos la cámara debía estar enfocada en ella, después de todo, acababan de matarle a su único aliado.
El himno de la Centras comenzó a sonar y ella pegó su vista en donde saldrían los rostros de los niños caídos en aquel día.
El primero en salir fue la chica que ella mató. Una punzada cruzó por su pecho, 'tenía que hacerlo, tenía que hacerlo', se repitió en la mente, sintiendo como el peso de la culpa de pronto la atacaba, ella mató a Wallece, y la culpa se disipó, un poco.
Luego salió el rostro blanco y redondeado de Wallece, en la imagen sus ojos grandes y redondos miraban fijamente al frente y sus labios delicadamente delgados estaban muy juntos, se le notaba nervioso. Tragó saliva, intentando disipar aquel espantoso agujero que seguía implantado en su pecho.
Salió otro chico más de la Novena, pero ella no le importó y se acurrucó en su saco, que de pronto y le parecía demasiado grande para su menudo cuerpo. Suspiró, ¿cuántas noches habrá dormido ahí con Wallece? Apretó sus ojos y se obligó a no llorar más, con fuerzas apretó en su mano el remedio que le había llegado de la Segunda y recordó las palabras que Wallece le había dicho.
"Ganarás", a lo que ella había respondido, "lo haré, por los dos. Lo prometo".
Y esa era una promesa que no iba a romper, ganaría, costase lo que le costase. Y ahora que el arco y las flechas estaban con ella, se sentía poderosa, tan poderosa que incluso ella misma sería capaz de ir a por los profesionales. Y matarlos, uno por uno.
*.*.*.*
— ¡No puedes matarla! —Rugió Muten Roshi. Sus ojos estaban bien abiertos, pero estos no lograban verse gracias a las gafas oscuras que tanto lo caracterizaba.
— Oh, claro que puedo —dijo el viejo hombre de cabellos plateados, era el organizador de los juegos, aquel que tenía, claramente después del presidente, el cargo más alto de los juegos.
Roshi negó con la cabeza tajantemente.
— Por supuesto que puedes —aclaró—, no digo que te veas inhabilitado como para hacer aquello, sé que puedes matarla cuando a ti te plazca —lo miró fijamente y detrás de sus gafas sus ojos adquirieron un brillo que a cualquiera hubiera aterrorizado, claro, si alguien pudiese verlo detrás de las gafas—. Pero ahora, si lo haces, crearías un mártir. Ella solo actuó estúpidamente, ya vez lo que hizo a la otra chica, no dudó ni medio minuto en matarla, solo deja que pase un poco de tiempo y luego, ella seguirá con el juego, ¿no es eso lo que ustedes quieren? Que los Hados sigan el juego y se maten los unos con los otros, ¿no es así?
— ¿Y si no funciona?
— Pues, si no funciona y no te tengo ningún otro plan. La matas.
El organizador entrecerró los ojos y estiró su mano, Roshi la aceptó y la apretó. Había ganado esta vez. Al menos, por esta vez, pero sabía que debía buscar un plan pronto, porque dudaba a que Chichi se adaptara a lo que los juegos pedían.
¡Hola! La verdad debo admitir que estoy muy triste por los pocos review's que he recibido, sin embargo, no he dejado de escribir meramente por respeto a quienes siempre me comentan y me dejan review's, y ¿por qué no? porque además también me gusta mucho como está tomando forma este fanfic.
Debo admitir que mientras escribía este capítulo las lágrimas aparecieron por mis ojos, tuve que tomar un descanso porque me entró una tristeza enorme al escribirlo, lloré mientras lo hacía y sentía pena al redactarlo, como dos veces me arrepentí en el momento mientras escribía el desenlace de Wallece, le tomé cariño a aquel personaje y en verdad, matarlo no fue algo que me gustase. Pero tenía que hacerlo.
Agradezco infinitamente a quienes leen mi escrito, espero no defraudaros, pongo todo el empeño posible en él.
Espero os haya gustado este capítulo y hayan sentido las emociones que sentí yo al escribirlo y obviamente, no olviden comentar y hacerme saber qué os pareció, incluso si creéis que es una basura, me gustaría saberlo.
El próximo capítulo ya aparecerá nuestro Goku y creo que lo tendré pronto, claro, dependiendo de cuanto me inspire en él.
¡Espero vuestros Review's!
Recuerden que dejar su huella no cuesta nada y comentar un escrito que te agrade es una bendición que esta página nos da.
¡Hasta pronto!
Emilia.
