Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.

Summary:Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma

Words: 3,600 palabras sin contar notas de autor.

Rated: T.

PP:Chichi/Goku.

UNIVERSO ALTERNO.


Capítulo 12: "De salto a la muerte".

Su mirada estaba perdida en un punto inerte en la nada, el brazo le palpitaba con un dolor sordo que ella estaba ignorando. La herida volvió a abrírsele cuando se le ocurrió la brillante idea de cazar con el arco y la flecha, cosa que siquiera le había servido de algo, ya que, por el dolor del brazo no logró siquiera a atinarle al conejo que no perdió oportunidad y se alejó rápidamente de ella. Se echó ungüento el cual se agotó a la segunda repasada para que la herida dejase de arderle.

Como ya estaba acostumbrada a dormir en lo más alto de los árboles, haciendo caso omiso al dolor que le estaba produciendo el brazo dañado, comenzó a escalar. Tal y como ocurrió cuando escapó de la "jaula de las bestias" resbaló y cayó al suelo de espalda mientras la herida producida por la flecha volvía a abrírsele.

Se levantó sintiéndose mareada y se apoyó en la corteza de un árbol. Desde entonces habían pasado varios minutos, quizás horas y ella no se lograba mover de aquel lugar. El arco y la flecha se encontraban junto a ella.

Si Wallece estuviese ahí, él no la dejaría moverse, si él estuviese ahí, le hubiese encontrado algunas plantas medicinales a falta de la loción que ya se encontraba vacía a su lado. Pero no estaba y se debía recordar que no iba a regresar, que ya no había vuelta atrás y que se lo había arrebatado de la peor forma posible, de la forma más ruin y fría del mundo.

Se pasó la muñeca del brazo bueno por la nariz y sorbió. No había lágrimas en sus ojos, estaban secos, Chichi se preguntó internamente si aquello era porque ya las había derramado todas.

Al fin despegó su vista del frente y ladeó su cabeza para mirar la herida en su brazo, tenía un color rojo brillante anti natural y pudo darse cuenta, sin ser médico, que la herida se le había infectado.

Si bien podría morir por una infección y así acabar con aquel horrible agujero en su pecho de la forma más fácil, no podía hacerlo, había hecho una promesa que no iba a fallar.

Entonces se levantó del suelo y con su brazo bueno se colocó el carcaj con las flechas y tomó el arco.

Como no conocía de plantas medicinales sabía que la única solución era que los padrinos de la Central le enviasen un antídoto, ya que, el ungüento que le habían enviado los de la Segunda era bueno, no era lo bastante potente como para curar su herida, además, sabía que no podía culparlos, después de todo, ¿con qué dinero podrían enviar algún remedio mejor? Estaba claro que les era prácticamente imposible.

Bufó y mordiéndose el labio inferior para menguar el dolor del brazo comenzó a caminar hacía la fuente de agua. Hundió uno de los bidones con agua y luego se sentó justo a un lado del río. Se echó un poco de agua en la herida no sin antes colocarle dos gotitas de aquel "anti-cloro" que había recibido de regalo cuando estaba aliado con Wallece y luego, con la mayoría de la fuerza concentrándola en una mano rompió la tela del borde de su traje azul, se cubrió la herida con ella y se la amarró lo mejor que pudo.

Luego se acercó hacía un espeso árbol que daba una oscura sombra. Se recostó ahí y esperó que los demás Hados fueran lo bastante estúpidos como para reparar en su presencia en las sombras. En aquel momento le vendría bien una clase de camuflaje, pero carecía de aquella especialidad.

Los ojos le pesaban, pero tenía miedo de dormir, ahí en el suelo sentía una inseguridad que no había sentido desde que había pisado la Arena y aquello no la dejaría dormir, sin embargo, si no aprovechaba ese momento no podría dormir luego, debía descansar en las penumbras si no quería despertar con unos cuantos Hados intentando darle caza.

Cerró los ojos con lentitud y tan pronto como aquello pasó cayó en la inconsciencia.

Se despertó de un sobresalto, sin querer apoyó la mano sobre el suelo y sintió un agudo dolor, se mordisqueo la mejilla interna para evitar soltar un grito de dolor. Los rayos del sol se filtraron por entre las hojas y se levantó de un salto, ¿cuánto había dormido? ¿Habrá dormido toda la noche?

El sol estaba ya en lo alto y aquello le hizo darse cuenta que ya hace un tiempo había amanecido, ¿cómo había logrado dormirse durante tanto tiempo en un lugar así?, ¿cómo su subconsciencia no le avisó que estaba en peligro?

Suspiró.

De igual manera, eso ya no importaba, despertó y al observar a su alrededor no había nadie que pudiera dañarla. Claramente había sido una irresponsabilidad de su parte, aun así, se alegraba de poder haber dormido, porque en aquel momento se sentía mucho más repuesta.

Sacó unas vallas que había guardado en la mochila y que ella reconocía como "no-venenosas" de color del rojo carmesí. Se las metió a la boca y las masticó, cayeron a su estómago y Chichi estuvo casi segura que se oyó el eco por lo tan vacío que estaba. Bebió un poco de agua y comenzó a caminar.

Debía alejarse del río, temía que los profesionales que quedasen se dirigieran a aquella fuente de agua y la encontrasen, y no sabía cómo defenderse con un brazo defectuoso.

De pronto se detuvo en seco, un escalofrío le recorrió la columna vertebral y se giró violentamente, detrás de ella de pie con los brazos cruzados firmemente a la altura de su pecho se encontraba el Hado de la Décima, aquel que tenía una cinta roja puesta en su cabeza, con el otro muchacho, el que se suponía era de la Cuarta y una pequeña chica de tez morena. Los tres sonriendo con malicia.

Abrió sus ojos y dio un paso hacia atrás.

Uno de los chicos sostenía una filosa espada mientras el otro tenía una especia de carcaj en su espalda repleta de largas y filosas lanzas. La chica en sus manos tenía una largo tuvo, Chichi pudo notar que su cinturón estaba lleno de dardos. A los tres los vio actuar en el salón de entrenamiento cuando aun estaban en la Central y los tres eran expertos en aquellas armas que cargaban.

Dio otro paso hacia atrás.

— Mirad chicos, creo que hemos encontrado un pequeño ratoncito asustado —se burló el de la cinta roja.

Los otros dos corearon la risa.

— No intentéis correr, Ox —la llamó por su apellido y ella no pudo evitar estremecerse—, estás muerta.

La pelinegra negó con la cabeza y para sorpresa de los tres Hados sonrió.

— ¿Por qué intentaría correr? —Preguntó la muchacha, intentando controlar el temblor en la mano en donde mantenía firmemente agarrado el arco—, oh, claro… Ya lo veo, se supone que debería temerles.

La única chica del trío dio un paso hacia adelante, apretando los dientes.

— Pues sí deberíais —rugió con una especie de mueca que si hubiese sido en otras circunstancias a Chichi le hubiese parecido ridícula y graciosa.

— Claro que les temo —respondió la pelinegra, sintiéndose de pronto o muy estúpida o muy temeraria—, pero no por las razones que ustedes creéis —aseguró.

Al ver el rostro de confusión de los tres Hados, la pelinegra sonrió de una manera altanera mientras disimuladamente daba otro paso hacia atrás.

— ¿Es que…Acaso no han visto vuestros rostros últimamente? —Preguntó—, estáis de lo más horrendo, me llegáis a causar escalofríos.

Chichi casi escuchó internamente la risa de los televidentes, además de la lista de maldiciones que en ese momento tanto Vegeta como Roshi deberían estar dedicándoles.

— Pues, veamos si tu rostro es muy bonito luego de que te atraviese con mi espada —rugió el de la Décima.

Pero nadie esperó lo que Chichi realizó, mordiéndose el labio inferior con fuerzas e ignorando el dolor en su brazo sacó una flecha del carcaj con una velocidad sorprendente y la lanzó. Sabía que era muy poco probable que le hubiese podido dar en un punto vital por la sencilla razón de que el brazo con el cual había direccionado la flecha no estaba en su cien, sin embargo, estaba claro que le había dado en algún miembro al chico de las lanzas, quien era que más le preocupaba por el simple motivo que él podía lanzarla a una larga distancia y que una de aquellas le cayera en algún miembro de su cuerpo la mataría enseguida por la cantidad de sangre que causaría el hoyo que aquella arma le provocaría. No tanto así como los dardos que eran mucho más pequeños. Y a la espalda, era lo que menos le preocupaba, él podía clavársela solo si es que la alcanzaba.

No se paró a ver cómo lo había dañado, se contentó con el rugido desgarrado que salió por su garganta. Se largó a correr a una velocidad casi vertiginosa, sin saber exactamente a donde iba realmente, solo sabía que iba en subida.

— ¡Ya verás cuando te pillemos, niñata! —Rugió el de la Décima no muy detrás de ella.

Se dio más vuelo y continuó en subida. Había sido estúpido de su parte, ¿por qué seguía subiendo? Pero no podía dar vuelta atrás.

Escuchó el sonido sordo de algo siendo lanzado, elevó la mochila hacía su cabeza, cubriéndola, haciendo que el dardo lanzado con anterioridad se clavara en él.

Zigzagueó por los árboles, esperando poder perderlos, pero era casi inútil. Ellos eran rápidos y parecían tenerle especial odio, quizá era porque por culpa de ella Goku había matado el primer día a uno de sus compañeros y porque bueno, ella mató a otra de los suyos hace dos días atrás.

El brazo le pulsaba dolorosamente y estaba segura que la herida había vuelto a sangrar. Tragó en seco mientras intentaba avanzar con más rapidez, pero sus energías se estaban agotando y la falta de alimento, al no haber comido durante el día de ayer y la mitad de hoy le estaba pasando la cuenta.

Divisó una luz y volvió a zigzaguear al sentir como otro dardo era lanzado, dio en el árbol que justo en aquel momento había pasado y se estremeció, aquellos dardos debía de tener algún veneno mortífero o algo así.

Y llegó al claro.

Era un barranco, había llegado al límite de la Arena, al parecer.

— Estúpida —dijo el de la cinta roja al detener la corrida, a unos cuantos pasos lejos de ella—, te has dado una encerrona tú sola.

Miró a la chica de los dardos que llegó tras él, agotada. Recordó su nombre, Akane, es a la chica a la cual había lanzado la navaja de Wallece. Apretó los labios.

— Y ahora te mataré —habló nuevamente el de la Décima como quien no quiere la cosa, Chichi dio un paso atrás y sintió como la mitad de su pie quedaba en al aire. Estaba en la orilla del barranco.

Sonrió torcidamente, viendo como se acercaba a ella con una mirada asesina, fría, como si no le importase de nada ser el cargador de un asesinato.

— No —susurró Chichi, sin borrar la sonrisa en su cansado rostro, apretó el mango del arco con fuerzas, tanta fuerza que este tembló en su mano—, no me matarás —declaró.

El muchacho enarcó una negra ceja sin dejar de avanzar amenazante hacia ella.

— ¿A no? —Preguntó.

— ¡Solo mátala, Giro! —Chilló Akane desde atrás, casi exasperada.

— No —respondió Chichi, haciendo oídos sordos como Giro a la otra Hado—, no hará falta —susurró ella.

Y sin decir una palabra más saltó hacía atrás, cayendo hacia el vacío.

[*]

— ¡Chichiiiiiiiiii! —Gritó Bulma mientras sus ojos celestes se llenaban de lágrimas con rapidez.

Cayó de rodillas al suelo, rendida mientras pequeños espasmos surgían de su cuerpo.

Roshi se levantó del sofá y se giró casi incapaz de seguir viendo la tele, mientras Vegeta, con un molesto sentimiento dentro de su estómago se acercó a Bulma.

Colocó su mano en el hombro de ella y la miró. La peliceleste negó con la cabeza, él mantuvo su mirada seria, sin embargo, cuando los brazos delgados de Bulma rodearon su cuerpo, su expresión cambió a uno lleno de sorpresa.

Bulma gimió contra el hombro del muchacho.

— Ella… —Susurró.

— ¡Mirad! —Gritó Roshi, apuntando la pantalla.

Chichi seguía cayendo en el aire, ambos jóvenes se giraron para mirar nuevamente al maestro, confundidos. El bufó.

— Sigue cayendo, ese no es el fin de la Arena, si fuese así ya se hubiese topado con el campo de fuerza y ya hubiese explotado. Se lanzó por el precipicio que da al río principal —miró a ambos jóvenes, que seguían confundido—, ¡se ha lanzado a un río, en medio de la Arena, posiblemente pueda vivir! —Explicó.

Ambos jóvenes se observaron, Vegeta se sonrojó y empujó a la chica con suavidad, sin embargo, se le notaba tenso, Bulma se sonrojó y sin decir ni una sola palabra volvió a mirar hacia la pantalla en donde se veía como la pelinegra seguía cayendo. La peliceleste pudo notar como de los ojos cerrados de la muchacha se escapaban dos lágrimas que fueron secadas de inmediato por el golpeteo constante del viento.

[*]

'Disculpadme Wallece, Davie, Phea, Nana, Bulma, Maestro Roshi, Vegeta…Goku', pensaba la chica mientras caía.

El sentimiento de vértigo que le provocaba la caída no era un sentimiento agradable, para nada, le producía nauseas y parecía que su corazón en cualquier momento dejaría de latir. Por primera vez en el día se sintió feliz de no haber comido, porque estaba segura que de no ser así en ese instante hubiera de vuelto todo.

¿Cuánto faltaba?, no lo sabía y quizá no quería saberlo, ¿estaría en verdad ya muerta? Tampoco lo sabía y tampoco sabía si quería saberlo.

Apretó sus labios e intentó no gritar.

Creyó no aguantar más la presión de la caída cuando su cuerpo de pronto cayó con un "splash" a una superficie que no le pareció dura, más bien absorbente.

Había caído en agua y la presión de la caída le estaba haciendo ir hacía el fondo. Sintió como su cuerpo era llevado por la corriente de aquella agua.

'¿Qué era esto?', acaso eso era lo que llamaban "limbo" en donde iban las personas que se auto destruían, ¿estaba en su limbo?

Abrió los ojos, impresionada. No podía estar muerta, no podía estarlo, el dolor en su brazo le decía que no lo estaba.

Observó el azul, azul por todos lados, por donde mirase. Aun tenía aferrado fuertemente en su mano el arco y no planeaba soltarlo. Estaba viva, ¡estaba viva!

Pero el aire se le estaba agotando y si no salía a la superficie pronto el agua por fin lograría entrar a sus pulmones. Intentó nadar, sin embargo, su cuerpo casi no le respondía y parecía que la corriente quería cada vez más llevársela hacia el fondo. Bien, después de todo, logró lo que en un principio creyó que lograría, morir por el choque de su cuerpo en el campo de fuerza que rodeaba el límite de la Arena.

Sus ojos se fueron cerrando con pesadez, pero luchó por mantenerlos abiertos, lucho además con la presión del agua, no queriendo soltar el arco por nada del mundo, aunque suponía que las flechas podían estar dispersas ya por el agua.

Supo que ya se estaba muriendo, que estaba su cuerpo sucumbiendo a la presión cuando divisó un cuerpo sobre el de ella. 'Un ángel', pensó y bajo el agua sonrió, sucumbiendo al cansancio.

'

Sentía todo el cuerpo pesado, su cabeza le daba vueltas y creía que en cualquier minuto iba a colocarse a vomitar debido al excesivo mareo que sentía en aquel instante. ¿Qué estaba pasando? Estaba confundida, pero sabía que era imposible que estuviese muerta, por el simple motivo de que aquel dolor tan insoportable que sentía en su brazo era solo capaz de sentir alguien que estuviese con vida.

Apretó los ojos e intentó abrirlos, no le funcionó, volvió a apretarlos e intentó nuevamente, esta vez, si se lograron despegar.

Primero vio todo borroso y luego de un par de pestañeos logró enfocar el lugar, estaba dentro de una cueva. Se sentó rápidamente y al instante de realizar el acto se arrepintió. Todo le dio vuelta y tuvo que volver a recostarse en el suelo, pronto sus ojos volvieron a cerrarse.

'

Nuevamente lo mismo, sus ojos pesaban, pero menos que antes, volvía a despertar y sentía un horrible vacío en su estómago. Logró abrir sus ojos en el primer intento. Ya no estaba tan mareada, sin embargo, temía volver a sentarse. Se encontró con el mismo techo de rocas que se había encontrado antes, ¿estaría alucinando?

Frunció el cejo al sentir como el dolor en su brazo no se hacía tan agudo como en la primera vez que había despertado, giró su rostro y se encontró con algo pegajoso y verde puesto encima de la herida. Abrió los ojos aun más y esta vez no pudo evitar sentarse con brusquedad.

— ¿Wallece? —Llamó, era lo único que se le ocurría, quizá…Quizá…Su corazón latió con fuerzas dentro de su pecho.

Era imposible y lo sabía.

Tragó saliva e iba a levantarse del suelo en donde estaba recortada cuando de pronto se dio cuenta que se encontraba semi desnuda. Abrió sus ojos violentamente y un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Se encontraba solo con bragas y el sujetador. Sintió como su rostro repentinamente hervía y violentamente comenzó a observar su alrededor. Su ropa estaba secándose en una roca justo a un lado, estaba todo ahí, a un lado de esta se encontraba su arco con el carcaj, se sorprendió al notar como este estaba con muchas flechas dentro, ¿qué…?

Y pronto encontró la respuesta a la muda interrogante.

Entrando a la cueva se vio la sombra de un sujeto alto y fortachón, se hubiese asustado de no ser porque enseguida reconoció aquellos alborotados cabellos negros que parecían incluso desafiar las leyes de la gravedad.

— ¡G…Goku! —Habló Chichi con fuerzas.

El muchacho sonrió mientras avanzaba hacia ella con algo entre sus brazos.

— ¡Qué alivio! —Fue lo primero que dijo el chico mientras tiraba dejaba caer un enorme pescado en el suelo—, hasta que al fin despiertas.

Chichi se tapó como pudo con…Observó qué era lo que le tapaba y se encontró con una camiseta azul, parte del traje de Goku, además de su saco que también la cubría, se sintió enrojecer hasta la raíz del cuello.

— ¡Aah! —Gritó, cerrando sus ojos con fuerzas—, ¡sal de la cueva! —Chilló, el pelinegro abrió sus ojos sorprendido.

— ¿Ah?, pe…pero, ¿por qué?

— ¡Que te largues de una vez, que no ves que estoy desnuda! —Explicó la chica, bajando un tanto más su voz para no llamar la atención de algún otro Hado que estuviese cerca.

— Lo sé, si yo te desnudé —aclaró el muchacho confundido, ¿qué tenía de malo?

Chichi sentía que no podía estar más roja y sentir más vergüenza en su vida, si que apretando los labios, intentando no chillar y no tomar su arco con la flecha para lanzárselo al muchacho, dijo.

— Sal de aquí —su voz era dura y Goku no tuvo otra opción que hacerle caso.

— Está bien, está bien —susurró—, qué carácter.

Él tomo el gran pescado que había cazado y salió de la cueva murmurando quizá qué cosas entre dientes. Apenas el pelinegro salió del lugar la chica se levantó rápidamente y comenzó a vestirse apresurada, qué vergonzoso fue todo aquello y sobre todo porque sabía que aquello no quedaría entre ella y Goku, si no que todo el país debe de haberlo visto. Después de todo, que él y ella estuviesen al fin en la Arena juntos era interesante para los amantes de los juegos, porque se suponía que había algo de "amor" entre ellos. La sola idea molestó a la chica y bufando exasperada se vistió.

Al terminar se acercó al arco y al carcaj con flechas, tomó el carcaj con sus manos y comenzó a contar las flechas, trece en total, le quedaban varias, pero no encontraba ninguna razón lógica a aquello. A no ser qué…Miró hacia afuera, de donde había un exquisito aroma.

Suspiró.

Le debía una disculpa al muchacho, porque solo había una forma de que ella siguiese con vida y era que Goku la había vuelto a salvar, ¿cuántos favores ya le debía al muchacho? Muchos, quizá nunca terminaría de pagarle cada uno de ellos.

Se levantó de aquel lugar y se calzó el carcaj en la espalda mientras que con la otra mano tomaba el arco, el dolor en su brazo había disminuido considerablemente y estaba segura que era por aquella loción verde que aún estaba adherida a la herida, sin embargo, intentó no forzar demasiado ese brazo mientras se había vestido.

Debía salir de la cueva y mejorar el error que cometió minutos antes. Se supone que con Goku estaban enamorados, una chica enamorada no hubiese reaccionado así luego de ver por primera vez en muchos días a su trágico amante. Fingió una sonrisa y se dispuso a salir, le haría creer a toda la Central que se encontraba enamoradísima del chico, sabía que si mostraba aquello le llegarían grandes beneficios.

Lo presentía y siempre hacía caso a sus presentimientos.


¡Hola!, sí he vuelto mucho más temprano de lo que había planeado, pero eso pasa un día en el cual lo único que habéis echo es dormir, como consecuencia me he quedado sin sueño para la noche y con mi cabeza llena de ideas, tenía la inspiración y pues, qué creéis, sí, me he puesto a escribir.

Es una de las cosas que me alegra de este país, si estuviese en España ahora de seguro estaría de vuelta a clases, pero como no lo estoy, pues sigo en vacaciones.

¡Al fin se han reencontrado! Y no solo eso, Chichi ha decidido que actuaría "enamorada" para obtener beneficios, eso es feo, pero...¿En realidad estará actuando? Pues, descubrirlo vosotras en el próximo capítulo, que quizá se demoré un poco más de lo esperado ya que este sábado quizás me vaya al campo de visita a unos familiares y me ausentaré creo que por una semana, no creo que haya internet en donde me encuentre si que no creo que pueda subir, pero sí que podré avanzar mientras tanto.

Muchas gracias por cada uno de sus review's, me alegré bastante al darme cuenta de todos los comentarios recibidos, ¡muchas gracias! Espero les haya gustado este capítulo y comentéis para ver qué tal les pareció.

¡Dejadme reviews, no seáis cruel que son gratis!

Saludos.

Emilia.