Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.

Summary:Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma

Words: 4.760 palabras sin contar notas de autor.

PP:Chichi/Goku.

UNIVERSO ALTERNO.

Capítulo 13: "Bajo la lluvia"

El sol le iluminó el rostro y le molestó en los ojos. Se preguntó internamente cuántos días había dormido esta vez. Suspiró.

Vio la espalda del muchacho y divisó aquel báculo rojizo que usaba el muchacho en las prácticas individuales, se preguntó internamente cómo era que él hubiese obtenido aquella arma, también divisó un cuchillo a su lado y sintió una ligera descarga eléctrica recorrerle la columna vertebral. Estuvo a la merced del muchacho por quizá cuánto tiempo, sin embargo, se dijo internamente en lo estúpida que estaba siendo, ¡era Goku!, él no dañaría ni a una mosca…La voz del grupo de profesionales perforó sus oídos al recordar cuando estos hablaron bajo el árbol en donde ella se escondía sin que ellos supieran, dejando en claro que su compañero de Región había acabado con el tal Steve.

Vaciló en acercarse, sin embargo, luego irguió la espalda y se acercó con tranquilidad, casi como si estuviese de paseo por el patio del muchacho. Se colocó a su lado y este elevó la mirada para observar a la chica, se removió incomodo en el tronco que ocupaba como asiento y la miró esperando qué cosa. Chichi sabía que Goku debía tener miedo a alguna reacción por parte de ella, mucho más ahora que ella estaba cargada con su arco y las flechas y que su brazo ya estaba casi completamente sano.

—Goku —susurró y sonrió ligeramente mientras sus mejillas se tornaban de un brillante color carmesí—, lamento lo de hace un rato, no debí gritarte así —se movió incomoda en su puesto y suspiró levemente mientras miraba sus zapatos, avergonzada—, había despertado recién y…En verdad lo siento.

El muchacho pareció relajar su cuerpo. Sonrió ligeramente, aquella sonrisa tan amistosa que traía casi todo el tiempo y que en algunos momentos le llegaba realmente a exasperar.

—No hay problema —respondió el chico, sin borrar la amable sonrisa—, siéntate aquí, hay pescado suficiente para los dos…Creo.

La pelinegra nerviosa se sentó a un lado del muchacho y miró el pescado, cualquier cosa era mejor que mirarlo a la cara. Le ponía nerviosa…Bueno, al menos estaría bien estar sonrojada todo el tiempo, la gente creería que ella se sonrojaba por la presencia del muchacho a su lado y aquello podía tomarse como algún tipo de "atracción". Al menos eso creía.

—Oh, casi lo olvidaba —volvió a hablar la chica, al notar el líquido en su brazo—, gracias por curarme el brazo…Y, por no matarme.

El rostro del muchacho se contrajo en una mueca que Chichi no pudo notar.

—Bueno, lo de tu brazo es totalmente merito tuyo, yo solo te limpié la herida y te coloqué el remedio. Los padrinos te lo enviaron —explicó, ella asintió ligeramente—. Y sabes que no te hubiese matado.

La pelinegra asintió al tiempo que jugueteaba nerviosa con los dedos de su mano.

—Gracias por eso.

—No hay de qué.

Se envolvieron en un silencio que realmente era tenso, sabía que si en algún momento las cámaras los enfocaron, en ese mismo instante estas no estarían haciéndolo. Es que, ¿acaso así sería como dos enamorados se reencuentran luego de tanto tiempo?, y no solo por el tiempo, si no sabiendo en donde ambos se encontraran. Pero ella no tenía idea de cómo era que actuaban los enamorados, nunca lo había estado y no recordaba haber observado detenidamente el comportamiento de sus compañeras de clases que tenían novia, ella no acostumbraba mucho a charlar con la gente y tampoco a observarla detenidamente, ni menos en algo tan personal como lo era en el ámbito amoroso.

Bufó ligeramente y apuntó al fuego, bueno, tenía una pregunta y aunque esta no sirviera para su plan, al menos rompería el tenso silencio en el cual se habían envuelto.

— ¿No llamarías la atención de algún Hado con esa fogata? —Preguntó.

El muchacho se encogió de un hombro y miró el perfil de la chica.

—Yo creo que sí, de igual manera los Hados no se han acercado a estos terrenos, ni los profesionales —contestó—, debe ser porque no hay una fuente de agua segura por aquí.

Chichi frunció el cejo.

—Pero está el río, ¿no?

Él torció los labios y Chichi sintió algo que se le sacudió por un breve instante en el interior, le gustó cómo se vio aquel gesto en el rostro del muchacho, le hizo parecer realmente adorable.

—El río aquí no es muy seguro y las orillas quedan muy arriba por sobre el río así que es imposible que alguien con tan solo agacharse lograse sacar agua —respondió él. La muchacha enarcó una ceja.

— ¿Y cómo lo haces tú? —Preguntó.

El sonrió ligeramente y Chichi casi esperó ver que en él se había formado una expresión de arrogancia, pero no fue así, en el rostro del muchacho solo había inocencia pura y quizá algo temerario.

—Me gustan las aguas turbulentas —respondió como quien no quiere la cosa—, no se me hace difícil manejarme en ellas, quizá porque estoy acostumbradas a ellas.

Ella asintió sin querer preguntar el porqué estaba acostumbrado a las aguas turbulentas si en su región no había muchos ríos y los que habían no se les permitía nadar.

El pescado pronto estuvo listo, ambos comieron sus pedazos. Chichi no había notado que moría de hambre hasta que le dio la primera mascada a su comida, comió tan rápido que casi termina al mismo tiempo que su compañero. Luego ambos tomaron agua de uno de los bidones que tenía Goku a su lado.

Chichi se crispó entera cuando notó que había olvidado algo, del lado en donde había dejado descansando el arco sacó la camiseta azul del muchacho, se la tendió.

—Gracias —dijo la chica mientras este lo tomaba con una sonrisa.

El pelinegro de cabellos alborotados no tuvo pudor alguno para sacarse la parte de su traje de color naranjo para colocarse la camiseta bajo este, en aquel momento Chichi pudo notar que en el hombro del muchacho se encontraba un feo corte que se veía un tanto infectado, frunció el cejo.

—Eh… ¿Qué te sucedió ahí? —Preguntó, ignorando el enrojecimiento de sus mejillas debido al desnudo anterior del muchacho.

Goku miró en donde se refería la chica, corrió un tanto la camiseta azul y observó la herida, pestañeó un par de veces y volvió su vista hacia la chica.

—Esta herida me la hizo el tipo ese, el Hado que te atacó en el buzón —respondió. La chica abrió sus ojos sorprendida y se acercó a él con los ojos bien abiertos, corrió un poco más la camiseta azul y observó como la herida estaba del rojo en que su propia herida se le había puesto.

—Pero… ¿Cómo es que te encuentras tan bien con una herida infectada? —Preguntó, no sabía si era a él o era a si misma a quien hacía la pregunta, sin embargo, se vio con la urgencia de que esta fuera contestada. Ella apenas y duró dos días con la herida infectada y con suerte y podía mover el brazo sin gritar del dolor.

El muchacho encogió el hombro que no tenía la herida, como si no entendiese lo que la pelinegra le decía.

Ella se levantó del tronco que estaba utilizando como asiento y se acercó hacia el muchacho con rapidez. Goku pudo darse cuenta de la mirada preocupada de la chica.

— ¿Queda algo de la medicina que los padrinos me enviaron? —Preguntó la chica, Goku asintió, sin entender lo que ella estaba diciendo.

Chichi sonrió y asintió. Tomó el bidón con agua que tenía Goku y apagó rápidamente el fuego, tomó el arco con la flecha y con un movimiento de su cabeza le indicó al muchacho que la siguiera.

El pelinegro de cabellos alborotados frunció el cejo ligeramente al ver cada una de las acciones de la chica, sin embargo, no opuso resistencia y la siguió de vuelta a la cueva.

La hija de Ox Satán podía notar (con una sensación de seguridad) que la cueva no estaba a la vista, si uno quería encontrar la entrada debía de tener un muy buen ojo, ya que esta estaba escondida tras algunas ramas de árboles.

No sabía si Goku había forzado el árbol a esconder la entrada de la cueva o esta estaba así naturalmente, sin embargo, ella lo tomó como algo completamente inteligente…Y temerario, porque, ¿cómo supo Goku que dentro de aquella cueva no habría animales o alguna cosa mortífera?

Cuando sus ojos oscuros se acostumbraron a la oscura cueva ella pudo dar al fin con el remedio que los padrinos habían enviado para ella. La tomó entre sus manos y una sonrisa se extendió por su rostro. Dejó el arco a un lado mientras aun cargaba con el carcaj y se sintió ligeramente estúpida al no sentirse en peligro cerca de él.

—Siéntate ahí —ordenó. Goku frunció el cejo pero se sentó en donde la chica le había indicado.

Abrió la medicina y se alegró de que le quedara poco menos de la mitad.

Suponía que con eso sería suficiente para curar la herida de su compañero.

— ¿Qué haces? —Preguntó Goku al ver como Chichi se acercaba a él escudriñando la medicina.

Ella elevó su vista y la pegó en el rostro pálido del muchacho, rompió con los pasos que los separaban y se puso cerca de él, tan cerca que cuando se arrodilló frente a él pudo sentir el pesado aliento del chico golpeando la parte superior de su nuca.

—Curo tu herida —respondió ella intentando no sonar incomoda.

La chica volvió a poner su mirada en los ojos del pelinegro, este corrió su hombro hacia atrás.

—Pero es medicina —dijo él—, te la dieron a ti, no a mí —aseguró.

Chichi rodó los ojos.

—Bueno, tal y como tú compartiste tu pescado, yo comparto mi regalo —contestó ella, Goku frunció la boca ligeramente, demostrando no estar del todo de acuerdo con lo que ella decía.

La pelinegra chasqueó la lengua y luego ordenó, intentando que su voz no sonase sofocada al decirlo en voz alta.

—Quítate la camisa —mandó.

Goku bufó y con tranquilidad comenzó a hacer lo que la morena le ordenaba.

—Eres algo mandona, ¿verdad? —Espetó, ganándose una mirada gélida por parte de Chichi.

¿Cómo diablos querían que parecieran enamorados si realmente siquiera parecía que ambos se agradasen?

Al final Goku terminó nuevamente con el torso desnudo. Casi podía oír el suspiro de alguna que otra televidente al ver el cuerpo realmente marcado del muchacho, como si trabajase duro en endurecer sus músculos.

Con el dedo índice y el del medio sacó un poco de la pomada, se lo echo directo en la herida y pudo notar como el muchacho tensó sus músculos.

—No seas un bebé —susurró ella, echando con suavidad pomada en la herida—, no te has quejado de la herida nunca y ahora te quejas porque estoy curándotela, ¿es enserio? —Preguntó con un leve deje de diversión.

—Es solo que no estoy acostumbrado a la medicina —aseguró—, suelo dejar mis heridas así tal cual cuando sucede.

Chichi torció ligeramente el gesto, estaba cerca del cuerpo de Goku, tan cerca que incluso podía notar el calor de su cuerpo, sin embargo, no podía darse cuenta de alguna cicatriz en su piel. No había nada.

—Bien, terminé —dijo de pronto, cerrando el remedio—, queda un poco, por si alguno de los dos se le vuelve a abrir la herida, aunque lo dudo, esta cosa es efectiva.

El pelinegro sacudió su cabeza y pudo sentirlo tragar saliva en seco, se preguntó internamente el porqué de pronto se había puesto completamente tenso y se puso dar cuenta que aquello había sido gracias a la cercanía que ambos tenían.

Unos pocos centímetros, sus rostros estaban separados por unos pocos centímetros. El primer impulso que tuvo fue dar un salto hacia atrás, alejarse, sin embargo, su conciencia fue más rápida y le recordó que realmente debía parecer "enamorada" del muchacho. Cerró sus ojos y sin planeárselo mucho acercó sus labios a la piel de él, besó su mejilla con suavidad y luego se alejó, sintiendo su rostro arder.

El rostro de Goku estaba tan rojo como el de un tomate y se preguntó si realmente no le había gustado el contacto. Ella no sintió nada, pero quizá él había sentido alguna clase de repugnancia hacia ella, después de todo, Chichi no creía en lo que Goku había dicho en la entrevista.

—Bueno —dijo Chichi, rompiendo el silencio que se había instalado entre ambos jóvenes—, creo que debería irme…

Goku la miró en silencio, casi como si de pronto al muchacho le hubiesen cortado la lengua y no pudiese hablar. Tragó saliva y se giró para ir a tomar su arco, sin embargo, algo la retuvo y no fue precisamente la voz de Goku (como ella había esperado), si no que un fuerte trueno que hizo temblar ligeramente la cueva.

Goku pareció despertar del retardo y se levantó de la piedra en donde estaba, se acercó a la salida de la cueva y luego de unos segundos volvió, con una sonrisa en su rostro amigable, tan normal como siempre, como si nada hubiese ocurrido o como si no supiese en donde se encontraba realmente.

—Se ha largado a llover —comentó.

—Debe de haber sido producto de los organizadores —comentó ella.

Sabía que estando dentro de la Arena estaría cien por ciento a merced de los tipos que se preocupaban de los juegos, ellos eran capaces de crear fieras y meterlas dentro de la Arena e incluso de manejar el clima, tal y como lo estaban haciendo ahora.

Chichi pensó, por un leve momento, que quizá los organizadores hacían aquello por el simple hecho de no querer que ella y Goku se separaran.

—Bueno —susurró ella—, s…supongo que no podré irme.

Goku soltó una ligera risilla y asintió.

—Eso creo.

Cinco segundos después el sonido de un paracaídas llenó la cueva en donde ambos se encontraban, había una capsula amarrada a él. Cuando Goku la tomó entre sus manos el paracaídas desapareció con un suave puf quedando solo la capsula en las manos del muchacho.

— ¿Qué crees que sea? —Preguntó el muchacho.

La pelinegra se encogió de hombros.

—Habrá que averiguarlo —comentó.

El gesto de Chichi se transformó en una mueca de sorpresa cuando Goku apretó la capsula y está se transformó en dos platos, dos cucharas, dos pequeños trozos de pan y una pequeña olla con sopa dentro.

Otro trueno iluminó la cueva y la chica pudo darse cuenta de la expresión hambrienta de su rostro. Torció el gesto ligeramente.

—Ey —dice—, ¿tienes hambre?

Goku asintió ligeramente con las mejillas encendida. Jamás se había sonrojado tantas veces seguidas, sin embargo, desde que Chichi "entró" en su vida, no podía detener su propia sangre, la cual viajaba siempre hacía sus mejillas.

—Pero si hemos comido hace menos de dos horas —aseguró la morena, miró el plato de sopa y sintió como su estómago emitía un ligero ruido, se ruborizó sin poder evitarlo—. Bueno, no creo que la sopa fría tenga tan buen gusto como una sopa caliente, además, el pescado que comimos fue un pequeño trozo.

Chichi pudo notar como los ojos de Goku brillaba, ebrio de felicidad. Se encontró soltando una ligera risilla y luego se sentó justo enfrente en donde su "pequeño picnic" estaba listo para ser ingerido. El pelinegro de cabellos alborotados se sentó frente a la chica y cogió rápidamente un trozo de pan, mientras Chichi repartía la sopa entre los dos platos.

Comieron en silencio, sintiendo como el líquido era muy bien recibido por sus estómagos que ya estaban quejándose por la poca comida, masticó el pan y volvió a beber de la sopa, luego sus ojos se posaron en Goku, quien ya había terminado de comer y se sobaba el estómago con evidente alivio.

Chichi continuó comiendo lentamente, hasta que sintió que estaba completamente satisfecha y eso solo ocurrió cuando el plato estuvo realmente vacío.

Fue en el momento en que la pelinegra pasó sus ojos del rostro de su compañero a la olla vacía de sopa en que su cabeza hiso "clic". ¿Cómo no lo había visto antes? Justo en el momento en que ella curó a Goku y besó su mejilla inocentemente, la olla con sopa, casi como si de un romántico picnic se tratara apareció frente a sus ojos.

Estaban instándolos a estar juntos.

Se sacudió la cabeza. Bueno, había conseguido comida, pero no podía comenzar un estúpido juego para conseguir más cosas, tampoco podía acercarse al chico, porque este se volvía tenso en su cercanía y no era gran ayuda… Podía conseguir más cosas, pero ¿cómo?

Suspiró, ya había besado su mejilla, ¿por qué entonces no hablar un tema más "romántico"?

—Goku —susurró ella, intentando que la voz le sonase en cierto grado "coqueta", aunque no sabía si realmente le salía tal y como ella quisiese—, me gustaría saber…Sobre lo que dijiste en la entrevista, ¿lo recuerdas?

El muchacho se volvió visiblemente incomodo y se removió en su asiento, Chichi esperaba que Goku se diera cuenta de cuál era su plan, porque estaba claro que ella no podía hacérselo saber bajo ningún concepto.

Bajó su cabeza hacia sus manos, intentando controlar su repentino nerviosismo y luego suspiró.

—Quiero decir…Tú sabes —susurró—, sobre mí.

Él la miró con el entrecejo fruncido por variados segundos, quizá pensando en qué. Habían hablado de aquello esa misma noche, sin embargo, Chichi recordaba que él jamás fue claro y esperaba que en ese momento lo fuese pero que exagerará la realidad. Esperaba que él dijese que estaba enamorado de ella y así poder obtener otro beneficio, como algo cómodo para dormir en esa cueva.

El chico la observó fijamente y Chichi pudo notar como sus mejillas estaban altamente sonrojadas.

—Bueno… —susurró y luego bajó la vista, la pelinegra se preguntó qué era lo que él pensaba y cómo era que pudiese atragantarse con palabras que siquiera aun había soltado.

Suspiró e intentó ayudarlo.

— ¿Recuerdas cuando éramos niños? —Preguntó con suavidad, bajando ligeramente sus ojos al suelo.

El muchacho pareció contento con la interrupción y asintió.

—Sí, lo recuerdo —aseguró y sonrió—, eras un poco fastidiosa —agregó luego y Chichi sintió su rostro arder, empuñó sus manos—, pero eras agradable, me agradabas tanto como para poder compartir mis manzanas.

Chichi asintió y luego lo miró fijamente.

—Bueno, tú me gustabas —soltó, no sabía si lo decía por los patrocinadores o porque era cierto, tragó aire—, pero luego mi papá murió y bueno…Nunca más me preocupé de jugar.

Goku sacudió su cabeza.

—Lo sé —respondió—, luego de que tu padre muriera, fui a visitarte pero ya no estabas ahí, me sentí triste pero me mantuve ocupado, si que luego lo olvidé. Al menos hasta que volví a verte en la escuela —puntualizó.

— ¿En la escuela? —Preguntó Chichi. No recordaba haber visto mucho a Goku en ese lugar, quizá eran compañeros, quizá no, tampoco lo sabía con certeza porque el muchacho era uno de los tantos jóvenes que se escapaban de la escuela y hacían otras cosas cuando aprendían las cosas básicas como lo era leer y escribir. Se sorprendió saber que Goku la había visto en aquel lugar.

—Ajá —respondió—. Ya no llevabas tu cabello suelto, lo traías recogido en una coleta y me gustaba, porque así era como si tu pelo enmarcara tu rostro y por eso no te reconocí al instante —reconoció—, Krillin fue el que me dijo quién eras y bueno, no me sentí muy cómodo acercándome a ti, me ponías nervioso.

Chichi asintió y algo de pronto hiso clic dentro de su cabeza. No sabía con certeza si decirlo así sin más sería lo más correcto, sin embargo, la curiosidad de saber si él recordaba ese momento pudo más con su racionalidad.

—Goku —le llamó—, ¿recuerdas una promesa que me hiciste cuando éramos pequeños?

El muchacho contrajo su rostro en una mueca de curiosidad. Algo dentro de la muchacha dolió como si fuese pinchado levemente por alguna aguja, sacudió su cabeza, confundida por aquel sentimiento.

—Prometiste casarte conmigo —soltó así sin más.

Sabía que en aquel momento la gente estaría abriría sus ojos completamente impresionada, incluso algunos, los más fanáticos estarían chillando de la emoción. Qué tragedia, ambos enamorados dentro de un campo de batalla en donde uno solo saldría como ganador.

El muchacho soltó una risilla nerviosa, se llevó una mano detrás de su nuca y cerró sus ojos por un milisegundo.

—Lo recuerdo —aseguró, sonriente—, pero debo ser sincero contigo. En ese momento no sabía lo que era casarse, creía que era comida.

Chichi nunca creyó que aquello le dolería tanto como en aquel momento le estaba doliendo. Si alguien le hubiese dicho —hace meses atrás— que tendría la oportunidad de hablar con Goku sobre ese tema no le hubiese importado y se hubiese reído de sobremanera si alguien le hubiese dicho que le dolería tanto que el muchacho haya hecho aquella promesa creyendo que casarse era comida.

No se preocupó en esconder su decepción al oírle decir aquello, después de todo, entre más se viese enamorada del muchacho, más beneficios habrían. Sin embargo, en aquel momento realmente se sentía incomoda.

—Oh —susurró y se sintió molesta.

El muchacho soltó una risilla leve y la chica pegó nuevamente sus oscuros ojos en el rostro infantil de él. Estaba sonrojado ligeramente y tenía una sonrisa nerviosa.

—Aun así —siguió—, juro que no tendría ningún problema con cumplir aquella promesa —confesó.

Algo revoloteó en el estómago de la muchacha, algo que no sabía qué significaba. Apartó esos sentimientos y sonrió ligeramente.

—Bueno —contestó—, no creo que aquella promesa tenga mucho peso en estos instantes, Goku —aseguró.

El moreno la miró y asintió. Había olvidado donde estaban, Chichi tenía razón, aquella promesa jamás podría ser cumplida, porque de aquel lugar solo saldría uno.

Los truenos y los relámpagos hacían retumbar la cueva, sin embargo, ambos notaron que el escondite en donde estaban era un lugar completamente seguro y que no se derrumbaría por la lluvia.

Luego de unos minutos en los que ambos guardaron silencio decidieron que estaban muy cansados como para hacer algo en ese momento, la lluvia no los dejaría salir de cualquier manera y con el banquete que comieron gracias a los padrinos tenían sus estómagos llenos.

—Puedes dormir —susurró Chichi—, yo haré guardia, claro, si confías en mí.

Se encogió ligeramente de hombros y pudo notar por la expresión de Goku que no había tomado las palabras exactas.

—Confío en ti —aseguró—, y supongo que tu lo haces en mí.

Chichi asintió.

—Entonces eso nos transformaría en aliados —continuó el pelinegro.

La nariz de la pelinegra escoció y sintió como su corazón se estrujaba de una manera dolorosa. La última vez que decidió formar una alianza no había terminado muy bien. Recordar a Wallece no era algo que le hiciera sentirse bien para nada.

Suspiró.

—Supongo que por ahora podemos serlo —puntualizó, Goku sonrió en respuesta—. Como sea, puedes dormir ahora, yo estaré haciendo guardia.

El muchacho sacudió la cabeza en manera de negación, la chica frunció el cejo, extrañada.

—No hay necesidad de montar guardia —respondió—, estoy seguro que ni incluso los profesionales podrían pillarnos aquí con esta tormenta.

Chichi se la pensó por varios minutos y estuvo a punto de negarse cuando sintió el peso del día. No había hecho nada productivo, sin embargo, sabía que el peso de estar a punto de morir la tenía agotada.

Al final aceptó.

Goku no esperó nada más, se acostó bajo el suelo de tierra y recostó su cabeza sobre una mochila que había alcanzado a rescatar del buzón, se abrazó a sí mismo y cerró los ojos.

Chichi se guardó un suspiro y decidió no decir nada más durante la noche, sacó el saco que tenía en su mochila y se recostó en el suelo, cubriéndose hasta la cabeza. Luego de unos segundos los ojos se le cerraron por sí solo.

En el sueño ella podía sentir como su corazón bombeaba sangre frenéticamente, podía notar los ojos inyectados en sangre de la profesional que asesinó a Wallece y veía morir una y otra vez al pequeño niño, sintiéndose completamente impotente al no poder hacer nada, sin moverse. Luego, sentía unas manos frías colocarse sobre su cuello y de pronto los pulmones le ardían al no poder respirar. Intentó gritar, pero sabía que nadie la escucharía. Los ojos azules del Hado de la Décima, quien la estaba ahorcando, se pegaron en los suyos. Le sonrió de una forma espeluznante y de pronto se vio muerta. Sonó el cañonazo.

Se sentó de un brinco en el frío suelo de tierra y gritó con todas sus fuerzas, un trueno retumbó en aquel instante.

— ¡Chichi! —Escuchó no muy lejos de ella. La pelinegra intentó salirse del saco lo más rápido posible, intentando alejarse de la voz que estaba gritando su nombre.

Un relámpago iluminó la oscura cueva y entonces Chichi pudo quedarse tranquila al toparse con los ojos preocupados de su compañero, su ahora aliado.

Un impulso le hiso abrazarse a él, apretó la cintura del muchacho con sus brazos con fuerzas y enterró su rostro en el pecho frío de él. Sollozó.

—Wallece —hipó—, él murió por mi culpa.

Las cálidas lágrimas caían por sus ojos sin descanso y ella no podía sentirse peor. Cuando el muchacho se recuperó del shock, pasó sus manos, vacilante, por la espalda de la muchacha, acarició torpemente su cabello.

—No, no lo es —susurró con voz suave, Chichi estuvo a punto de pensar que era más bien una especie de arrullo—, no es tu culpa, Chichi, no puedes culparte.

Ella se quedó en silencio, sollozando.

—Estará todo bien —aseguró.

Chichi negó con la cabeza.

—Lo perdí —susurró—, perdí a Wallece, yo quería salvarlo pero…

—Lo sé, lo sé —aseguró el pelinegro, pero Chichi tenía conocimiento que él en realidad no lo sabía—, pero nada de esto es tú culpa, nada de esto lo es, quisiste salvarlo pero no pudiste, se escapó de tus manos…Ahora mantente viva tú, sé que podrás, saldrás de aquí y volverás con tu familia, ¿bien?

Ella sacudió su cabeza y elevó su vista. Los rostros de ambos jóvenes quedaron a centímetros, eran un escaso espacio que los dividía, tan escaso que ni un alfiler podría entremeterse entre ellos.

— ¿Y tú? —Preguntó entonces la pelinegra.

Goku se quedó en silencio, la cercanía de su cuerpo con el de la pelinegra estaba haciendo estragos dentro de él, sin saber porqué. Se había puesto rígido y le costaba mantener sus pensamientos claros.

—No podría verte morir —aseguró la chica, volvió a sollozar—, no quiero verte morir a ti también, Goku —. Y estaba consciente que aquellas palabras eran sinceras, no mentía, no era una jugarreta para obtener beneficios, era cierto.

Ella no quería perder a Goku en aquel lugar.

Él guardó silencio y Chichi no supo porqué lo hizo, no supo qué le impulsó a borrar los escasos centímetros que separaba los labios del chico con las de ella. Pero lo hiso.

Pegó sus labios en los de él, en un simple roce, un roce que no causó nada dentro de ella pero que sin embargo le transmitió un ligero calor.

Se separó de él lentamente y abrió sus ojos. No se había dado cuenta que ante aquel gesto los había cerrado.

Goku abrió también los suyos y la miró fijamente.

—Si quieres —susurró él con voz ronca e incómoda, Chichi sintió nuevamente un pinchazo en su pecho, como si la incomodidad del moreno le causara molestia—, puedo quedarme a tu lado hasta que te duermas.

Ella sonrió ligeramente y asintió.

—Eso me gustaría.

Él le devolvió la sonrisa, ella se acomodó nuevamente en el saco, separando sus brazos del cuerpo de Goku y luego se movió hacia la orilla de este, dejando un hueco a su lado derecho.

—Hay espacio para los dos —aseguró.

Goku siquiera pareció pensarse la opción, porque tan pronto como lo dijo sonrió y se metió al saco para dormir apegada a Milk. Ella no le importó que más de mil personas estuvieran viéndola, se apegó hacia el muchacho y descansó su cabeza en el pecho duro de él.

Sus ojos comenzaron a cerrarse levemente y de pronto se vio dormida.

No tuvo más pesadillas por esa noche gracias a los cálidos brazos de Goku que rodeaban su cintura con vacilación pero de una manera firme que le hacía sentir completamente segura.


Lamento realmente la tardanza, no daré excusas porque simplemente sé que tienen peso, sin embargo, espero que hayan disfrutado este capítulo.

Me ha costado bastante avanzarlo por mera falta de inspiración, pero sé que volverá si que no se desanimen, no planeo abandonar esta historia y si llegara a ocurrir prometo informarles sobre la decisión. Pero no planeo abandonarla.

¡Gracias a cada uno de sus comentarios en el capítulo anterior! Espero les guste este capítulo que aunque no ha tenido acción ha estado un tanto más romántico, no es mucho, pero recuerden que este fanfic no es principalmente romántico, si que si esperaban algo más lamento no poder dárselo.

Como sea, igualmente espero les guste.

¡Saludo! Qué estén bien.

Nos leemos pronto.

Adiós.