Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.

Summary:Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma

Words: 5,344 palabras sin contar notas de autor.

PP:Chichi/Goku.

UNIVERSO ALTERNO.


Capítulo 14: "Que comience el juego".


En el momento en que el sol se coló por la entrada de la cueva y sus rayos cayeron en el rostro de ambos jóvenes; quienes dormían apretujados en el suelo de la cueva metidos en la bolsa de dormir de Chichi, se removieron incomodos en sus puestos.

La primera en abrir los ojos fue ella, quien, sin siquiera recordar muy bien en dónde se encontraba se apretujó aún más al cuerpo del chico a su lado. Hasta que unos segundos después recordó todo.

Rápidamente sacó su mano de encima del estómago del muchacho y se sentó con demasiada rapidez.

Goku se encontraba durmiendo con ambos brazos estirados y Chichi se dio cuenta que había utilizado uno de sus brazos como almohada. Miró la entrada de la cueva y sintió un vértigo recorrerle todo su sistema nervioso. Se levantó y rápidamente agarró su arco y su flecha.

¿Cómo había podido ser tan irresponsable?, se reprendió mentalmente. La lluvia espesa se había detenido y en cualquier momento pudo haber entrado otro Hado y haberlos matado al ver que habían bajado su guardia.

Habían tenido suerte, demasiada y sabía que no lo contaba dos veces.

Salió de la cueva a pasos lentos y cautelosos apretando firmemente el arco con una flecha ya tensada en él. En lo alto el sol brillaba más potente que nunca y Chichi supo que aquello era algo que detrás de eso estaban los científicos de la Central.

Mirando fijamente al sol se preguntó porqué los de la Central estaba jugando tanto con el clima, estaba segura que lo de la lluvia se trataba de alguna táctica para que ella no se fuese de la cueva y pasase la noche con Goku, pero ahora, ¿por qué hacían al sol brillar con tanta fiereza?

De pronto se dio cuenta que estaba sedienta y suspiró. Dio la espalda a la entrada de la cueva y se dirigió en donde debían estar sus provisiones.

Ahí se encontraba su botella con agua, en esta quedaba poco y bebió. El sabor dulce inundó su paladar y sintió de pronto como una pesada roca se instalaba justo en medio de su pecho. Anti-cloro, pensó. Por un momento lo había olvidado.

Se volteó para ver al chico de cabellos alborotados durmiendo, roncando suavemente en el suelo de la cueva, con ambos brazos estirados completamente y con la boca ligeramente abierta, ¿cómo era posible que durmiese tan cómodo?, ¿cómo era posible que se olvidase incluso en los sueños de en donde se encontraba? Se sentía un tanto indignada, sin embargo, no pudo evitar darse cuenta que al mirar a Goku la pena por Wallece había de pronto desaparecido.

Se sonrió sin poder evitarlo. Los mechones de cabello oscuro de Goku se removían con suavidad debido al viento, sus ojos cerrados y sus labios entre abiertos le daban un aire que podía ser de todo a excepción de aterrador. Toda persona que lo viera así se le olvidaría lo poderoso que él era.

Suspiró.

No debía seguir viéndolo así, ¿acaso quería encariñarse también con él? Y después que se lo arrebataran tal y como iba a pasar con Phea y Davie, tal y como pasó con Wallece.

Se giró y buscó con la mirada la mochila que había estado cargando durante los juegos, la encontró tirada justo a un lado de una roca, la tomó y revisó los víveres que había dentro. Estaba el anti-cloro, la navaja suiza que había pertenecido a Wallece y la segunda botella. La revisó, estaba vacía.

Tomó su propia botella y la metió, luego se colgó la mochila al hombro, la cual chocó con la carcaj que estaba en su espalda, apretó el mango del arco y le echó una última mirada a la cueva, una última mirada a Goku.

Salió.

Comenzó a caminar despacio, cada paso, sin hacer mucho ruido, con miedo de encontrarse con algún Hado sediento de sangre o con alguna bestia, o con cualquier cosa.

¿Cuál sería el plan ahora?

Sabía que debía alejarse de Goku, por cualquier eventualidad, no le gustaría para nada verlo siendo atacado por algún desquiciado Hado, o por alguna bestia, menos le gustaría que ambos fuesen los últimos en quedar. Él no levantaría primero su arma, ella quizás sí.

Llegó a orillas del río y ahí fue como si una ampolleta se hubiese encendido en su cabeza.

Claro, los de la Central no solo querían que ella se quedase junto a Goku en la cueva, ellos también querían que ambos salieran de ahí para encontrarse con los demás Hados, por eso habían hecho llover tan torrencialmente.

Ahora era imposible siquiera acercarse a las orillas, había crecido tanto y se había vuelto tan furioso que cualquiera que intentase sacar agua de ahí sería hundido de inmediato.

Se relamió los labios y se alejó, se acercó a un árbol y comenzó a pensar en una estrategia.

Sabía que habían muerto 17 Hados en total, al menos, de los que había oído, porque quizás mientras dormía habían muerto más, aunque dudaba que no se hubiese despertado producto al cañonazo.

Y fue como si lo hubiese invocado, porque inmediatamente después de pensar en aquello se oyó un fuerte cañonazo retumbar en el aire, dio un brinco en su puesto y sintió como su corazón palpitaba fuertemente. ¿Sería Goku?, ¿alguien habrá encontrado la cueva y lo haya visto durmiendo?, ¿sería…?

Sabía que si era él no se lo perdonaría jamás, ¡por qué no se le ocurrió despertarlo!

Fue una estupidez salir de ahí no sin antes advertirle. Sintió sus ojos humedecer y un nudo implantarse fuertemente en su garganta.

Sin pensárselo dos veces corrió en dirección a la cueva, si alguien lo había matado, si alguien le había hecho daño ella se aseguraría de matarlo.

Sin embargo, no alcanzó a llegar a la cueva porque de pronto oyó la voz de Goku gritar con fuerza desde otra dirección, gritaba su nombre.

—¡Chichi!

Ella sintió el alma volver a su cuerpo, aunque sentía aún los latidos de su corazón zumbarle los oídos.

Corrió hacia donde oyó la voz del pelinegro y abrió su boca para gritarle de vuelta, sin embargo, se vio obligada a guardar silencio y ahogar un grito al ver como un sujeto lanzaba con fuerzas una lanza, era el tipo al que le había dado en el brazo, el Aliado Giro, el sujeto de la cinta.

—¡GOKU! —gritó con fuerzas al ver con la lanza caía directamente en el brazo izquierdo del pelinegro, gracias a su grito el arma no le cayó directo en el corazón.

Sin pensárselo dos veces sacó una flecha del carcaj y la tensó en el arco, la lanzó directamente al estómago del profesional, logrando su objetivo.

El joven cayó al suelo al mismo tiempo en que Goku se sacaba con un grito desgarrador de su garganta la lanza que se le había incrustado en el brazo. El cañonazo sonó.

Ella no dudo ni dos segundos en acercársele con rapidez y con manos y piernas tiritonas.

—¿Goku?, ¿Goku? —preguntó en un susurro ahogado.

El muchacho la miró fijamente, con los ojos nublados por el dolor, la sangre escurría por su brazo y ella estaba más pálida que nunca.

—¿Por qué te fuiste? —preguntó con voz adolorida.

Chichi sonrió con suavidad.

—Ven, vamos, hay que ir a la cueva, allá debe quedar del remedio que me dieron los padrinos, rápido —habló atropelladamente mientras con suavidad empujaba al muchacho que no dejaba de sangrar.

Quería llorar, quería llorar, pero no podía permitírselo. La cueva no quedaba tan lejos y al momento en que entraron se sintió más segura de lo que estaba haciendo, se alegraba de no haberse bebido todo lo que le quedaba en la botella de agua con anti-cloro, así que apenas entró recostó a Goku en el piso y le echó en la herida agua, rompió un pedazo de su vestido y comenzó a limpiar la herida, rogando porque esta no se le infectase. Goku apretaba los dientes con fuerzas y empuñaba las manos.

—Lo siento —susurró la pelinegra mientras buscaba con urgencia el remedio que los padrinos le habían enviado—, lo siento —volvió a susurrar.

Goku no le decía nada y ella no sabía si era porque se encontraba débil por la cantidad de sangre que había perdido o porque simplemente se encontraba molesto con ella.

Suspiró al encontrar la medicina y abrirla, no quedaba mucho.

—Con esto debe funcionar —susurró más para ella misma.

Se hincó para quedar a la altura de la herida y comenzó a untarle el remedio en el brazo, pero el hoyo que había dejado la lanza era muy grande para que lo poco que quedaba de medicina se lo curase, Chichi sintió las lágrimas aparecer en sus ojos y se maldijo internamente al ser tan débil.

—Lo siento —susurró una vez más con voz quebrada.

Goku la miró fijamente, no parecía estar debilitado por la sangre perdida, sin embargo, se veía un poco más pálido.

—Está bien —susurró nuevamente—, solo no te vayas otra vez.

Ella no pudo evitar pasar sus brazos por debajo de los de Goku y abrazarlo con fuerza, dejando que su cabeza reposase en el pecho del muchacho.

Él sorprendido por el gesto tuvo la primera necesidad de alejarla de su cuerpo, sin embargo, el olor embriagador a hierbas que salía del cabello de Chichi le hicieron quedarse quieto, embobado ante la calidez de aquel gesto.

*.*.*.*

Vegeta frunció el cejo al darse cuenta de como Goku, medio tiritón, sin energías, sonrojado y vacilante le devolvía el abrazo a la chica y le susurraba palabras de consuelo cerca del oído, palabras por supuesto, que él y todos los televidentes podían escuchar.

Sabía que lo que estaba pasando en aquel momento todo el mundo debía estar viéndolo, emocionados por el "romance" dentro de la arena, una cosa nunca antes vista. Él sinceramente no sabía si la chica y Kakaroto estaban actuando en realidad se estaban abrazando porque lo necesitaban, sinceramente, no le importaba.

Pero estaba asombrado.

La lanza debía estar matándolo en aquel momento, no tanto por la cantidad de sangre perdida, más bien, porque sabía mejor que nadie que la mayoría de las armas tenían un toque de veneno para acabar rápidamente con la víctima y así hacer que los juegos no duraran una eternidad, entonces, ¿cómo era que a Goku no le estaba afectando tanto como debía hacerlo en realidad?

—¿Algo está mal?

La voz suave y preocupada de Bulma le hizo recordar que no se encontraba solo en la habitación viendo los juegos, elevó su vista oscura y la pegó en el rostro compungido de la peliceleste, ¿debía de decirle lo que estaba pensando? Se regañó automáticamente de manera mental, ¿cómo le diría a esa mujer sus sospechas?

—Nada —respondió.

La mujer arrugó el cejo y frunció los labios, cruzó ambos brazos justo a la altura de su pecho.

—Somos un equipo, Vegeta —se quejó— y hay algo que te preocupa, como equipo debemos…

—No —le soltó con brusquedad—, no somos un equipo.

La chica lo miró ofendida y suspiró ruidosamente.

—Como quieras Vegeta, pero si hay algo mal deberías decirlo, no querrás poner en riesgo la vida de nuestros Hados —masculló molesta.

—La vida de nuestros Hados ya está en peligro, mujer —farfulló el pelinegro de cabello puntiagudo.

Bulma rodó sus ojos y prefirió guardar silencio, con él no se podía discutir y ella en ese momento no quería hacerlo, estaba completamente atenta a cada cosa que pasase en los juegos, temía por Chichi y también por Goku, porque, sin querer expresarlo en voz alta, tenía un mal presentimiento de todo eso que ocurría en la Arena.

Vegeta por su parte volvió a pegar su vista en el televisor y no pudo evitar que una ligera sonrisa torcida se apoderara de sus labios.

No se había equivocado, para nada.

Goku realmente era Kakaroto.

*.*.*.*

Las cosas para Chichi estaban empeorando. Se sentía, por primera vez en la Arena, realmente indefensa, como si no supiera qué rayos haría.

Goku tenía fiebre y parecía que empeoraba con cada minuto que pasase.

Quedaban aún seis Hados en batalla y ella se encontraba en una cueva con un chico que apenas y podía abrir los ojos. No abandonaría a Goku, lo sabía y realmente quería mejorarlo.

Una pequeña, bastante pequeña, parte de ella le decía que lo mejor sería dejarlo ahí para morir, así ella podría obtener la ventaja, sin embargo, se dijo que no podía hacerlo y la gran parte razonable de ella acalló de inmediato aquella ligera posibilidad.

—No te vayas —susurró Goku desde su puesto, acurrucado y envuelto en el saco que había rescatado ella del Buzón.

—No lo haré —murmuró ella dando vueltas en la cueva tomando con firmeza el arco de su arma—, pero tengo que ir a por agua —aseguró—, tienes fiebre y nos hemos quedado sin ella…

—Se me pasará —dijo él y Chichi lo miró poco convencida.

—De igual manera la necesitamos —aseguró ella—, no tardaré mucho, lo prometo, tú quédate aquí y no te vayas a dormir, debes estar alerta por cualquier cosa.

—¡No puedes ir sola! —le regañó Goku intentando incorporarse, aunque le parecía inútil, la fiebre estaba atacándolo casi como si la gravedad aumentara casi un 1000% su intensidad.

—Soy fuerte —susurró Chichi y sintió una ligera pizca de recelo ante las palabras del muchacho, parecía como si su esfuerzo por cuidarla incrementara con la fiebre siendo que él era el que se encontraba peor en aquel lugar—. Llevo mi arma e iré sigilosa, lo prometo.

—Pero…Pero el río…

—Si tú puedes hacerlo, ¿por qué yo no? —preguntó con suavidad.

—Chichi, por favor… —medio rogó el pelinegro.

Ella lo miró con una pizca de ternura en sus ojos, no podía creer que un hombre tan fuerte lograse verse tan indefenso. Ambos ojos oscuros se encontraron y ella pudo notar como los de él brillaban con una intensidad que no había sido capaz de notar antes, era como si estuviese mirando a un inocente niño, ingenuo, a alguien que no sería capaz de dañar a nadie ni aunque pudiese. ¿Cómo podía ser que alguien como él llegase a un lugar como este? Luego lo recordó.

Claro, se dijo internamente, se ofreció como voluntario por Davie… Él lo salvó.

Se acercó cautelosamente hacia él y se arrodilló a su lado, acarició con suavidad sus alborotados cabellos y le pareció suave al tacto, se sonrojó ligeramente.

—Me salvaste la vida un montón de veces —dijo—, y más importante, salvaste la vida de Davie… Deja devolverte al menos uno de los tantos favores que te debo.

El chico negó con su cabeza con suavidad, como si en verdad quisiese hacerlo bruscamente pero no pudiese.

—No es necesario —aseguró—, no lo hice para obtener algo a cambio.

Chichi se encogió de hombros.

—Necesito hacerlo —le rebatió.

—Es peligroso.

—Aquí todo es peligroso —susurró ella con suavidad—, por favor, no me puedo quedar aquí contigo así…Yo… No puedo dejarte morir —soltó.

Y pareció como si decirlo en voz alta le hubiese quitado un inmenso peso de encima, él la miró con una profundidad que pareció como si la desnudara sin querer, se sintió cohibida pero no pudo correr su vista de sus ojos.

—Reteniéndome aquí solo me harás perder tiempo, porque en algún descuido iré.

—Chichi —rogó Goku.

—Volveré, lo prometo —lo miró con determinación y él poco a poco volvió a recostarse.

—Bien —susurró él—, pero te juro que si no llegas en unos minutos iré por ti.

Ella, sin poder evitarlo besó con suavidad la frente del muchacho, cerró sus ojos y dejó sus labios pegados a la piel sudorosa del pelinegro.

Unos segundos después ella se levantó, cargó el carcaj en su espalda y ambas botellas las guardó en su cinturón, miró a Goku y le regaló una sincera sonrisa.

—Llegaré pronto.

Y sin esperar algo más de él salió de la cueva.

Los rayos del sol la cegaron por algunos segundos, luego se giró para mirar la entrada de la cueva e intentó remover unas ramas para tapar su entrada, esperando que ningún Hado lo encuentre, suspiró y comenzó a caminar hacia el río. Estará bien, intentó auto convencerse, nada malo le pasará.

Comenzó a caminar a pasos cautelosos pero rápidos, la aparición del otro Hado le causo recelos ya con esa parte del bosque y sabía que a los profesionales ya no les importaba no venir a esta parte del bosque, a estas alturas querían que los juegos pronto terminasen.

Se acercó al río y tragó saliva con pesadez, las aguas turbulentas parecían querer burlarse de ella. Se quitó el carcaj y lo dejó a un lado del arco, un poco camuflados entre el pastizal para que nadie pudiese encontrarlos a simple vista y luego se inclinó hacia el río para coger agua.

Llenó una botella con dificultad y la dejó descansar a un lado de ella, el agua había rebotado en su rostro y le había dificultado su tarea, casi había resbalado pero lo había conseguido.

Cogió aire y se inclinó para sacar otro poco más de agua.

Esta vez, más agua le rozó el rostro y no pudo afirmarse bien de la orilla. Resbaló y cayó directo al río.

Las aguas le hicieron dar dos giros en lo profundo, sintió como algo filudo le cortó la mejilla y después comenzó a sentir como los pulmones le ardían por falta de oxígeno. No podía darse por vencida, le había hecho una promesa a Goku que no iba a romper, se impulsó hacia donde lograba divisar los rayos del sol y logó salir mientras era arrastrada por el agua, chocó con una roca y aturdida se aferró a ella. Respiró todo el aire que pudo, inhaló y exhaló como si fuese el último aire que cogería en su vida y luego se dio impulso para subirse a la roca, tambaleante se subió a ella y se mantuvo en pie. Tocó su cinturón y palmeó la segunda botella, la abrió, con un miedo palpitante se arrodilló con suavidad en la pequeña roca y llenó la botella. Volvió a poner la botella en su cinturón y luego miró hacia la orilla en donde unos metros más lejos de ella se encontraban sus pertenencias. Era un salto largo y no sabía si podría llevarlo a cabo, meterse al río y nadar a la otra orilla era algo que estaba fuera de discusión.

Solo quedaba saltar.

Sus piernas tiritaban y sentía como su corazón palpitaba en sus oídos. Tenía miedo, un real miedo que solo se intensificó cuando oyó el sonido del cañón retumbar en el aire. Su respiración se cortó y comenzó a sudar frío.

¿El corazón de Goku se habría detenido?

No, no podía darse el lujo de ser pesimista en esos momentos.

Él está bien.

Tragó aire y dándose impulso saltó hacia la otra orilla.

No iba a alcanzar a llegar, sin embargo, estiró sus brazos y estos alcanzaron a agarrarse a la orilla, el río empujaba con fuerzas la mitad de su cuerpo, como si este no quisiese soltarla y ya la reclamara como una presa, pero se habían equivocado de presa. Con una fuerza que no creía tener en sus brazos se impulsó hacia afuera y al fin se vio liberada cuando más de la mitad de su cuerpo tocó tierra firme. Respiró agotada.

Tiritona y con los ojos llorosos se paró y corriendo se acercó hacia el arco y el carcaj y la botella, se cargó con todo y comenzó a correr con rapidez hacia la cueva, con una flecha tensada en el arco. Un segundo cañonazo se oyó, al parecer, los profesionales e incluso los mismos de la Región Central se habían aburrido del jueguito y ahora jugarían el juego real.

Sentía real pánico.

Ninguno de los dos podía ser Goku, no.

Llegó a la cueva y corrió la maleza para entrar con el corazón en la boca.

Lo encontró medio sentado, con un ojo entre abierto y el otro cerrado, se afirmaba con un brazo tiritón y parecía que sudaba aún más que antes. Pero nada le importó.

Soltó tanto el arco con el carcaj y con rapidez se acercó a él, se arrodillo cuando se encontró frente a él y le colgó ambos brazos al cuello. Escondió su rostro entre su hombro y cuello y sintió como pudo respirar tranquila al sentir su cuerpo caluroso contra el suyo.

—Estás viva —murmuró él— y mojada…

Chichi rió con suavidad.

—Tú también lo estás —susurró ella aún en contra de su cuello, sin querer separarse aún del cuerpo fornido del muchacho.

Se mantuvieron así, abrazados sin decir ninguna palabra más, como si cualquier cosa que se dijese sobrara y rompiese el íntimo momento. Chichi olvidó por un pequeño rato el lugar en donde se encontraban y Goku se olvidó del mareo y el dolor muscular que sentía en ese momento.

Segundos después Chichi notó el calor que emanaba el cuerpo del pelinegro, era un calor poco natural. Estaba hirviendo.

A regañadientes quitó los brazos del cuello del muchacho y sacó una de las botellas de agua de su cinturón, remojó el género que había roto de su vestido y se lo colocó en la frente en el momento en que él se recostó, luego le echó al agua unas gotitas de anti-cloro y le dio de beber con cuidado. Él sonrió de agradecimiento mientras jadeaba lentamente, como si le costase respirar. Creía que después de haber buscado el agua y darse cuenta de que él seguía vivo se sentiría más tranquila, sin embargo, estaba lejos de sentirse tranquila, más bien, se sentía desesperada porque Goku se mejorara.

Se sentó un tanto alejado de él en el momento en que se quedó dormido, respiraba jadeante y se quejaba entre sueños, cada cierto tiempo ella volvía a remojar el género y se lo colocaba en la frente, le daba de beber y acariciaba sus cabellos, pero Goku no parecía mejorar.

Y sentía un pánico que le recorría de pies a cabeza, el juego real había comenzado. Solo quedaban 4 Hados, dos profesionales, que si no se equivocaba eran de la décima y Goku y ella… los otros dos profesionales debían de estar buscándolos.

Chichi sabía que ellos sabían que ambos vivían, no habían visto sus rostros en el suelo y… Se mordió el labio inferior al darle una hojeada al pelinegro.

Se removía en su lugar como pez fuera del agua… Suspiró.

«Atención Hados, atención. Como han sido los cuatros últimos participantes se les premiará con una cosa nunca antes vista. Por primera vez desde la iniciación de los Juegos del Poder se permitirá que dos Hados (de la misma Región) puedan ser los ganadores de los Juegos del Poder número 99. ¡Felicidades y que la suerte esté siempre de su lado! ».

Los ojos de Chichi se abrieron grandes y expectantes, sintió deseos de gritar y despertar a Goku quien no se había inmutado por la voz que había salido de las paredes. ¡Tenían oportunidad de vivir ambos! ¡Ambos podían salir de la Arena!

Se acercó al chico y acarició su frente, sin embargo, tan rápido como la felicidad llegó se marchó, la fiebre de Goku no bajaba, solo parecía empeorar. Y sintió ganas de llorar, y lloró. Porque no era justo, porque no se había dado cuenta que aquello había sido para hacerle una fea jugarreta a ella. Goku estaba muriendo y sabía que para los de la Región Central él iba a morir. Querían hacerlos parecer realmente los trágicos amantes.

Se sentó a un lado de él y se puso las manos en el rostro, ocultando sus lágrimas, no les daría en el gusto de mostrarse llorosa frente a ellos.

Sollozó.

¿Qué podía hacer?, ¿qué podría hacer para que él no muriese? Le hubiese gustado tanto en esos momentos que Wallece estuviese ahí y le dijese qué planta le serviría para bajarle la fiebre al chico, le hubiese gustado tanto que esa maldita Hado la hubiese matado a ella en vez de a él.

Debía pensar con la mente fría, ella debía hacerlo.

Se quitó las manos de la cara y miró el rostro fruncido de Goku, quien parecía sufrir en sus sueños. Sabía que no sabría encontrar alguna hierba medicinal en aquel bosque, ¡apenas y conocía las plantas comestibles y las venenosas! Esa idea estaba descartada…

Aunque…

¿Por qué los patrocinadores no les mandaban nada?, ¿por qué maldita sea Roshi no se movía para salvar a Goku? ¿Acaso él no quería salvarlo? ¿Acaso se encontraría muy ebrio para notar lo que estaba pasando? ¿Acaso él no había sido informado en este cambio de planes? ¿No quería que saliesen ambos de la Arena?

¿O quizás…?

Quizás Roshi se estaba moviendo, pero necesitaba de más de ellos para llegar al bolsillo de los patrocinadores…Unos patrocinadores fans de los juegos y que estén pudriéndose de dinero… ¿Y qué necesitaba hacer para lograr que los de la Central se apiadaran de ellos? Quizás… Ellos ya lograron mucho, tanto como para dar vuelta las reglas y permitir que ambos salieran de la Arena.

Los trágicos amantes de los Juegos del Poder.

Realmente los de la Central se habían creído ese cuento.

Y ella debía de mantener en pie aquello y hacerlos sufrir más con esa historia, ¿los patrocinadores soportarían verla sufrir demasiado por ella?

—Chi…Chi…

De los labios del muchacho salió su nombre en apenas un susurro, ¿habrán sido capaz de oírlo todo?

Ella se arrodilló y se inclinó hacia él.

—Aquí estoy, Goku —susurró y no tenía idea de si él la oía realmente, pero sabía que los patrocinadores y todos los demás lo hacían—, aquí estoy…No iré a ningún lado —aseguró.

Goku se quejó en el sueño, ella acarició su mejilla.

—Por favor, Goku —sollozó—, debes resistir, debes ser fuerte, por favor…No me abandones —una lágrima rodó por su mejilla y ella no sabría decir si aquella lágrima se vio real para todos los televidentes o no—. Si tu… Si tu mueres yo, realmente no querré ganar…No me veo capaz de salir de este lugar sin ti —y aquello era cierto y notó que eso lo había decidido en el momento en que él le salvó la vida en el Buzón, solo que no se había dado cuenta—. ¡Goku! —gruñó—, eres jodidamente fuerte, el hombre más fuerte que jamás he conocido en la vida, no te puedes morir, no me puedes dejar aquí sola… Por… Favor… Te necesito —y ya no estaba actuando. Lo necesitaba, realmente lo hacía.

Sin poder evitarlo y a sabiendas que todo el mundo estaba pendiente de aquella escena se acercó a sus labios y depositó los suyos sobre los de él. La calidez de los labios de Goku era espelúznate era diferente a cualquier calidez que haya sentido antes, diferente a lo que sentía cuando abrazaba a Davie o a Phea, o cuando recibía alguna mima de Miriam, o cuando su padre la sentaba en sus piernas y la regaloneaba…Ese beso, ese beso que quizás Goku siquiera recuerde, ese beso era diferente a todo lo que antes había sentido.

La calidez la embriagó por unos segundos, como si olvidase que él dormía y que miles de personas estaban viéndola, solo era ella besando a un chico agónico.

Se separó de sus labios por unos centímetros y aún con los ojos cerrados susurró, muy cerca de él.

—Si tú te quedas aquí, yo me quedaré contigo.

Y era cierto, lo lamentaba por todos y por cada una de las personas a quienes prometió ganar. Lo sentía por Wallece, por Phea, por su Nana, por Davie, por el mismo Goku…Pero no podría, no podría seguir viviendo sabiendo que él había muerto, no podría mirar la cara de Krillin o de cualquier poblador de su Región, no podría soportar nada del exterior sin él.

Entonces, se recostó a su lado, apoyando su cabeza en el hombro de él, pasó un brazo por encima del estómago del pelinegro y se apegó junto a él. Ahí morirían los dos.

Cerró sus ojos.

Fue en ese momento en donde la campanilla sonó.

Abrió sus ojos de golpe y se sentó.

Se levantó y caminó hacia la entrada de la cueva, ahí había una capsula, la levantó y apretó el botón.

Un pequeño frasquito apareció en sus manos y sabía que lo había salvado. Había salvado a Goku.

Sonrió.

Gracias Roshi.

Corriendo entró y leyó las instrucciones, dos gotitas cada cierto tiempo, abrió la boca del muchacho y le echó dos gotitas, luego le dio de beber un poco de agua, humedeció nuevamente el paño y se lo colocó en la frente, acercó su arma hacia ella y se recostó a un lado del muchacho.

Lo abrazó con fuerzas.

Lo había salvado, lo había logrado, tenía todas las esperanzas en que se mejoraría y podrían salir de aquel lugar.

Solo les quedaba enfrentar a los dos asesinos en serie que quedaban y podrían salir.

Podrían ser libres otra vez…Medianamente, pero por ahora, Chichi se conformaba con eso.

*.*.*.*

Roshi entró cansado a la habitación. Los ojos de Vegeta y de Bulma se pegaron en él.

—La chica es buena —susurró con suavidad pasándose las manos por la sudorosa frente—, no hubo necesidad siquiera de rogar, pronto me vi envuelto en dos peticiones, le mandé el mejor de los remedios.

—Sabes que el director está jugando con ellos, ¿verdad?

Bulma y Roshi pegaron sus ojos en el hombre de baja estatura, por su parte el viejo asintió con suavidad y Bulma frunció el ceño.

—¿A qué te refieres Vegeta? —demandó la peliceleste sin cambiar su postura.

—No dejarán que ambos salgan con vida —explicó el pelinegro con brusquedad.

La chica abrió sus ojos y miró a ambos hombres con una mirada rencorosa.

—¿Por qué creen eso? —cuestionó cruzando sus brazos a la altura de su pecho—, es por eso que le ha llegado el remedio a Goku, porque Chichi ha dicho que no planea abandonarlo, han cambiado las reglas y…

—Las reglas nunca cambian —aseguró Roshi—, supongo que a Goku le permitieron vivir porque les parecerá más divertido que ambos se enfrenten a la final, creo que quieren que uno de los dos se maten, sería más emocionante.

—Pero que… Qué crueldad… —masculló ella.

—¿Te sorprende? —le preguntó Vegeta mirándola con una expresión que Bulma no alcanzó a leer, luego él torció una sonrisa y volvió su mirada al televisor en donde se veía a los Hados de la Décima caminando a pasos cautelosos por el bosque, al otro lado en donde Chichi y Goku se encontraban descansando.

La peliceleste apretó sus labios intentando no llorar. Sabía que la crueldad de los Centralinos había traspasado su límite hace mucho tiempo, pero no sabía que a Vegeta aquello le afectara un poco, si se veía un chico tan frío… Entonces supo que había mucho que desconocía de él, ¿de dónde provenía? ¿Él era un Centralino?, ¿por qué había entonces aceptado ocupar ese puesto? ¿Él estaría tanto como ella en contra de los juegos?

Suspiró.

—Sea lo que sea que pase después —miró a ambos sujetos—, uno de ellos será el vencedor de los juegos.

Ambos estuvieron de acuerdo, sin decírselo, que jamás habían notado una mirada tan decida en el rostro de Bulma.

Los juegos estaban por acabar y de seguro todos tenían la impresión de que este año sería todo diferente.


Hola! Espero que no me odien por el increíble tiempo que tardé en escribir este capítulo, sin embargo, ya les dije en la nota de autor que subí hace un par de días atrás, no lo hice con la intención de abandonarlo. No abandonaré el fanfic ni aunque me demore cien años en escribirlo.

Bueno, de lleno al capítulo, me he divertido mucho escribiéndolo y debo de decirles que queda muy poco para el final (unos dos capítulos más), pero tal y como lo hizo la brillante Suzanne Collins, este no será el final final, solo el final de la primera parte. Al igual que Los juegos del hambre, este fanfic será dividido en tres partes, espero lo sigan y les guste tanto como me ha gustado a mí escribirlo.

Quizás muchas ya hayan abandonado el fanfic, además de que hayan olvidado varias cosas de él (incluso a mi me pasó, pero lo releí para recordar todo), espero no haya pasado pero si les pasó pueden hacerlo como yo o al menos leer los puntos importantes de algunos capítulos. Espero no lo abandonen tampoco (aunque no tenga moral para decirlo) y me sigan leyendo.

Como sea, esperaré sus Review's aunque tenga que hacerme anciana para que lleguen o quizás muera esperándolos, pero lo haré, espero sus comentarios sobre el capítulo y ver qué les pareció, al menos a mí me pareció una ternura, aunque no sea muy objetiva.

¡Perdonen el retraso! !Prometo que si vuelve a pasar demoraré mucho menos en actualizar!

Espero les guste el capítulo y me digan qué tal, un Review diciendo qué les pareció no cuesta nada, si ya lo leyeron, digo. Como sea muchas gracias por llegar hasta acá, nos leeremos en una nueva ocasión.

Saludos, Emilia.