Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.
Summary:Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma
Words: 5,462 palabras sin contar notas de autor.
PP:Chichi/Goku.
UNIVERSO ALTERNO.
Capítulo 15: "El juego terminó".
Sus ojos pesaban y se sentía más cansada que nunca, pero sabía que no se podía dormir, menos en esos momentos tan trascendentales para ambos.
Cambió el trapo de la frente del chico tres o cuatro veces más y cada cierto tiempo le daba dos gotas en la boca junto a un poco de agua. Funcionó, porque después de horas, quizás cuántas, la fiebre de Goku comenzó a bajar y este dejó de removerse entre sueños.
Escuchó un rayo proveniente de afuera y luego la espesa lluvia cubrió el cielo, apretó sus labios y algo no pareció unir en su cabeza.
¿Por qué los Centralinos había vuelto a hacer llover?, ¿sería para mantener a los otros Hados alejados de ellos?, ¿o para que el ambiente se volviese más frío y así a Goku se le hiciese imposible mejorar? Torció los labios y acercó sus piernas hacia su pecho con sus brazos. Miró hacia afuera de la cueva y pudo darse cuenta por la poca luz que penetraba entre medio de la maleza que tapaba la entrada que Goku se encontraba con la boca entreabierta y con un mejor aspecto.
Suspiró y apoyó la cabeza en sus rodillas, bostezando.
Se encontraba cansadísima, no podía negarlo, no dormía siquiera un poco hace bastantes horas y realmente aquello le estaba pasando la cuenta, sus músculos parecían estar contraídos y los huesos le dolían.
¿Sería prudente recostarse a un lado de Goku y solo dormir?
Volvió a mirar hacia afuera y apretó sus labios.
Con aquella lluvia los Hados de la Décima no podrían encontrarlos, era casi imposible.
Se levantó importándole poco todo y acercando sus armas se recostó a un lado de Goku, apegando su cuerpo al de él tanto como para poder sentir su calor y así poder al menos mantenerse ambos calentitos.
Cerró sus ojos y se dejó llevar sin poder evitarlo por la oscuridad.
*.*.*.*
Wallece…Phea…Davie…
Wallece sonriéndole mientras paseaba por los pastizales y los grandes arbustos, oliendo algunas finas hierbas que mantenía entre sus manos y se las tendía a ella. Phea cantando y saltando junto a Davie quien curioso preguntaba a Wallece que eran esas hojas que tenía en sus manos… Y a lo lejos Goku, sentado bajo un árbol mirándolos sonriente como si estuviese realmente feliz. Ella le sonrió, sin embargo, la tierra tembló en ese momento y a lo lejos pudo divisar un aeroplano perteneciente a la Central, lanzaron bombas…Y destruyeron todo.
Gritó.
Pero ya no era parte del sueño.
Se sentó en la cueva con los labios abiertos y la respiración agitada, sudaba y estaba tiritando quizás porqué. Sus ojos estaban llorosos y sentía ganas de vomitar, las imágenes en su cabeza, las bombas cayendo, la risa de Wallece, las preguntas de Davie, la canción de Phea y la sonrisa de Goku, todo destruido por el fuego.
Se llevó una mano a su pecho y cerró sus ojos.
Solo era un sueño, pensó, solo eso… Aunque sabía que su realidad no estaba tan alejada del sueño.
Respiró profundo intentando calmarse y se giró ligeramente hacia su lado para poder encontrarse con el rostro de Goku y ver cuánto había mejorado. Sin embargo, cuando giró su rostro esperando encontrar al chico durmiendo se encontró con la tierra.
Miró hacia el frente y se dio cuenta que ella estaba con el saco encima y que estaba sola ahí.
Sintió pánico.
¿Dónde habría ido Goku? ¡Él estaba casi muriendo hace pocas horas atrás!
Se levantó casi de un saltó y al hacerlo se mareó instantáneamente, sin embargo, pestañeó varias veces seguidas y luego intentó centrarse en un punto fijo. No podía permitirse que el mareo le ganase, ella debía encontrar a Goku lo más rápido que pudiese, solo encontrándolo lograría opacar aquella fuerte presión en su pecho.
Tomó rápidamente el arco y la flecha y se dispuso a salir corriendo de la cueva cuando una alta figura apareció justo en frente de ella. Chichi ahogó un grito y saltó hacia atrás mientras con agilidad colocaba una flecha y la tensaba en el arco, apuntando al visitante no deseado.
La figura elevó rápidamente ambas manos y Chichi pudo distinguir que en ambas portaba las dos botellas con agua.
—Hey —dijo Goku con una sonrisa nerviosa en su rostro—, soy yo, tranquila.
—¡Maldición, Goku! —gruñó Chichi dejando caer la flecha y acercándose al muchacho rápidamente, tomó su cara entre sus manos y lo examinó con la mirada—, ¿cómo se te ocurre hacer eso? —se quejó—, ayer estabas muriendo, y despierto y simplemente no estabas… ¡¿Sabes todas las cosas que pensé?!
—P-pero… Ya me siento bien —contestó aturdido.
Bajó rápidamente sus brazos y los dejó colgando a ambos lados de su cuerpo mientras estúpidamente sentía su nariz hormiguear y sus ojos volverse agua.
El muchacho tensó el rostro y con torpeza tartamudeó un par de frases incoherentes a la chica sobre el río, el agua y que ella estaba durmiendo completamente placida, pero Chichi lo ignoró olímpicamente, girándose y tomando la flecha que había dejado caer al suelo para volver a meterla al carcaj.
—¿Supiste el nuevo acuerdo? —dijo mordaz sin mirarlo a la cara.
Se sentía algo extraña, ella sin duda no quería demostrar debilidad frente a los centralinos, sin embargo, siempre quedaba expuesta cuando algo se trataba de Goku.
—¿Cómo? —preguntó entonces el chico acercándose lentamente hacia ella, asustado de que en cualquier momento la chica lo abofeteara o peor, se largase a llorar.
—Podremos salir de aquí Goku —soltó sin anestesia y sin mirarlo—. Las reglas han cambiado, solo quedamos nosotros y los de la décima. Tenemos oportunidad de salir ambos de aquí.
Y se giró para ver el rostro del muchacho.
Los ojos oscuros de Goku hicieron contactos con los de ella y luego, poco a poco una sonrisa fue apareciendo en el rostro del muchacho. Soltó ambas botellas de agua y sin siquiera preguntar o algo por el estilo alzó a Chichi de la cintura y comenzó a girarla en el aire junto con él, riendo extasiado.
La chica en un principio pestañeó aturdida y luego cuando se vio girando con el chico comenzó a chillar y a rogarle que le bajara, sin embargo, al ver al muchacho tan feliz no pudo evitar sonreír ligeramente, aún pidiendo que el pelinegro de cabellos alborotados la bajase.
Cuando a Goku se le pasó la primera emoción de tal noticia, bajó a la chica y se quedó frente de ella.
—Podremos volver a casa —susurró con suavidad.
Chichi esta vez pareció olvidarse del enojo que sintió por el chico de un primer momento al no encontrarlo al despertar. Sonrió y con suavidad corrió un mechón de cabello del chico que caía desordenado por su frente.
—Volveremos a casa —aseguró ella asintiendo ligeramente con su cabeza.
Luego de aquello ambos muchachos tomaron las mochilas y las pertenencias que tenían para asegurarse por el tiempo que les quedaba en la Arena.
Ninguno de los dos quiso tocar el tema sobre los dos Hados que aún quedaban deambulando en la Arena y que muy probablemente estuviesen buscándolos en aquel momento para acabar con el juego.
Chichi pensó que no podía aún confiar en que serían los sobrevivientes de los Juegos del Poder número 99, sobre todo porque Goku parecía estar reacio a matar a alguien…Si es que antes no lo había hecho.
Pegó sus ojos oscuros en el rostro infantil del muchacho mientras este buscaba entre el bolso alguna cosa para alimentarse, carraspeó, llamando así la atención de su Aliado.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Él la miró con intensidad, casi como si supiera que la respuesta no sería fácil de contestar, luego de pensarlo por un par de segundos asintió mirándola con curiosidad.
—¿Has caído ya en el juego? —quiso no ser tan "dura" en preguntar, sin embargo, supo que debía ser explicita si quería que él la entendiese. Suspiró—, ¿has matado a alguien, Goku?
El rostro del muchacho —ya de por sí pálido— palideció aún más. Corrió su vista del rostro de la chica y le dio la impresión de que estaba evadiendo el mirarla, quizás porqué. De pronto se sintió ansiosa por la respuesta del chico y el estómago se le revolvió.
—No —fue su respuesta corta, a Chichi le quedó un sabor amargo en la boca. Sin embargo, el pelinegro suspiró y pegó sus ojos en los de ella—. Pero ya he visto gente morir y supongo —se encogió de hombros, aunque pudo notar cierta presión en su cuerpo—, que fue por culpa mía.
—En el buzón —confirmó Chichi, recordando que el chico para sobrevivir debió haber hecho "algo" contra aquel Hado que la atacó.
—Y luego también —susurró y la miró casi con cierto resentimiento, como si aquella pregunta le hubiese traído recuerdos que realmente intentaba olvidar—, ¿por qué lo preguntas?
Chichi negó con la cabeza ligeramente y miró hacia el suelo, como si este fuese lo más interesante del lugar.
—Solo quedamos cuatro, Goku —soltó entonces—. Son ellos… O nosotros.
Goku pudo notar el ligero temblor que recorrió el cuerpo menudo de la muchacha, sintió un ligero pesar, como si no quisiese que ella estuviese asustada. Él prometió sacarla de ahí y lo iba a cumplir, costase lo que costase.
—Estaremos bien, Chichi —sonrió cuando los ojos negros de la muchacha se pegaron nuevamente en su rostro—. Somos fuertes, ganaremos y quizás… Quizás nosotros no tengamos porqué matarlos.
Chichi frunció el ceño y se relamió los labios con suavidad. Quería decirle a Goku que no había oportunidad de aquello. Lo que los Centralinos esperaban era que ellos se despedazaran entre sí, ese era el espectáculo de los Juegos y de seguro que ellos estaban expectantes a que se encontrasen los cuatro cara a cara para saber quién —en este caso— quiénes, podrían ser los ganadores.
Suspiró y fingió una sonrisa.
Lo mejor era no decirle aquello al muchacho.
Él le devolvió la sonrisa y luego pareció recordar algo muy importante, porque dio un ligero brinco en su puesto y comenzó tocar su cinturón.
—¡Casi lo olvidaba! —dijo—, ¡traje algo para que podamos comer mientras!
De su bolsillo saco un saco de color café pequeño, los abrió y volteó en su mano el contenido.
Los ojos de Chichi miraron curioso el "tentempié" que Goku había traído. El orgulloso le mostró el alimento a la chica, sin embargo, al ver la mirada aterrorizada de la muchacha y de lo rápida que fue al arrebatárselo de las manos supo que había estado algo mal.
—¡Goku! —chilló metiendo nuevamente las bayas verdes en el bolsito café—, estás bayas son mortales —anunció y Goku la miró atemorizado, el rostro de la muchacha palideció—, ¡dime que no has comido ninguna en el camino! —pidió.
El chico negó rápidamente con la cabeza.
—N-no —tartamudeó—, no he comido ninguna —aseguró.
La chica tiró su cabeza hacia atrás y suspiró aliviada.
—En segundos estarías muerto —comentó ella un tanto más calmada, luego miró la bolsita y luego a Goku, sonrió ligeramente—. Pero la guardaremos, ¿vale? —dijo colgándosela en su cinturón—, quizás a nuestros amigos de la décima les gusten también las bayas.
Goku pareció querer comentar algo, sin embargo, apenas abrió la boca la cerró. Olió el aire y luego torció el gesto mirando a la muchacha.
—¿Qué? —preguntó Chichi extrañada.
—¿No hueles eso? —preguntó el pelinegro—, es como…
No hizo falta que dijese nada, ya que de pronto una llamarada gigante atravesó los arbustos que tapaban la cueva y colisionó causando una fuerte explosión con las rocas.
Ambos muchachos salieron volando de sus puestos hacia atrás.
—¡Chichi! —chilló Goku apenas chocó contra el suelo.
Se levantó rápidamente y divisó a la muchacha levantándose a duras penas. Divisó la mochila y se la colgó al hombro rápidamente.
—¡Debemos salir de aquí! —gritó con fuerzas.
La muchacha se colgó la otra mochila junto al carcaj y tomó con fuerzas el arco. No iba a perder su única arma.
Sintió una mano tomar su brazo y arrastrarla hacia afuera mientras los pulmones comenzaban a arderle debido al repentino corte de aire. Tosiendo y apenas respirando pudo salir del lugar. Ambos cayeron al suelo cuando pudieron escapar de la cueva y mirarlo con cierta lástima el lugar que había sido su único refugio en los últimos días.
Al menos habían podido salvar todas las pertenencias.
Chichi entonces lo supo. Era hora de enfrentarse a los profesionales de la Décima.
Aquella llama había colisionado con "el refugio" por una sola razón, el juego debía terminar.
Goku miraba la cueva con un gesto que Chichi no reconoció de inmediato, sin embargo, luego se dio cuenta que Goku recientemente había pensado en lo que ella ya creía. Su mirada seria y los labios fruncidos le decían que no se esperaba aquello de ninguna manera.
Chichi suspiró y se acercó hacia el muchacho, tomó su mano entre las suyas y lo jaló con suavidad, los ojos oscuros del chico de cabellos revueltos se giró para verla y ella pudo darse cuenta de cómo su mirada se suavizó en el momento exacto en que sus ojos hicieron contacto.
—Está bien —susurró ella con suavidad, él se extrañó ante sus palabras, no sabiendo muy bien a lo que se refería, sin embargo, no le importó, quizás era porque sus manos aún seguían aferradas a la suya o porque su mirada había hecho desaparecer ese desazón que había sentido en su pecho.
Asintió.
—Creo que ya es hora de acabar con esto.
La chica le sonrió con suavidad y asintió también, dándole a entender que era aquello lo que se debía hacer en aquel momento.
*.*.*.*
Las manos de Bulma temblaban. Roshi se encontraba completamente serio en su lugar, sin mover siquiera un musculo. Vegeta estaba de pie, con los ojos cerrados escuchando atentamente la televisión.
Los juegos estaban llegando a su final, lo sabía.
Pero aquello era lo que menos le importaba.
Kakaroto estaba vivo. Aquel chico de cabellos revoltosos y mirada infantil era nada más y nada menos que el hijo de Bardock, el hijo "muerto" de Bardock.
Pero no lo estaba. Kakaroto estaba con vida y ahora era un Hado, un participante de los juegos del Poder, ¿era posible que alguien más podría reconocerlo?
Pero, ¿dónde?
Ya no existía su raza. Se habían extinguido.
Ya no habían más Sayayin en la tierra.
Y si Goku no ganaba aquellos juegos entonces él sería el último de los sayayin. Y sabía que aquello no era bueno ni malo, sin embargo, él realmente, realmente, necesitaba que Goku saliera con vida de aquella arena.
Aunque sabía que aquello era imposible.
Y todo era culpa de aquella muchacha de cabellos azabaches.
Abrió sus ojos y justo en ese momento la televisión mostraba el rostro de la chica, despertando de un largo sueño.
Estaban dando la repetición de los juegos, ya que, esta noche se terminarían. ¿Qué es lo que iba a ocurrir?
*.*.*.*
La noche había caído.
¿Cuántas horas durmió?
¿Por qué sintió el que día se le había hecho terriblemente corto?
No lo sabía realmente, pero intuía que aquello era alguna estrategia de los comandantes de los juegos.
—Chi… —susurró Goku justo a su lado, la chica se giró con precaución, estando a punto de sacar de su carcaj una flecha, sin embargo, no tuvo tiempo de hacerlo—, tengo hambre.
La chica rodó los ojos.
—Estoy segura que comimos hace menos de una hora —aseguró la pelinegra dejando caer sus brazos a un lado de su cuerpo.
—Pero… —iba a decir el muchacho cuando una voz invisible se oyó retumbar por todo el bosque.
Atentos, Hados, atentos —ambos muchachos se miraron fijamente, ambas miradas reflejaban un cierto tinte de temor—, se les recomienda dirigirse al buzón de inmediato.
Y la voz se cortó.
Chichi miró a Goku y frunció el gesto.
—Quieren que terminemos esto ahí —comentó la pelinegra y Goku asintió dándole la razón.
—¿Crees que deberíamos ir? —preguntó.
Chichi estuvo a punto de contestar, sin embargo, su voz se vio opacada por un ruido agudo que comenzó a resonar por todo el lugar. Ambos chicos se llevaron sus manos a los oídos, sintiendo como el ruido se volvía en cada segundo insoportable.
Y de pronto, sin haberse percatado de ellos, de dónde fue que comenzó, todo el verde de los árboles, del pasto, comenzó a teñirse en rojo. El bosque se estaba incendiando.
Comenzaron a correr, sin decirse nada, hacia la misma dirección. El buzón.
No sabía muy bien hacía dónde era que quedaba el buzón, pero sabía que los Centralinos le estaban dando el camino, aquellos huecos en donde no había fuego era hacia donde debía ir, como un laberinto. Chichi no pudo evitar sentirse como un pequeño ratoncito encerrado en un laberinto, corriendo por su vida.
—Corre más rápido, Chichi —le gritó Goku desde atrás, ella se dio aún más impulso, sin embargo, sentía demasiada calor y creía que el aire se le estaba agotando, apretó con fuerzas sus ojos.
El aire se estaba agotando y sentía que se encontraba dentro de un horno que se encontraba encendido a su máxima temperatura, creía que en cualquier momento se desplomaría, sin embargo, prometió no hacerlo por Goku.
Y abrió sus ojos justo para ver como una rama quemándose se caía frente de ella, o le caía encima o le impedía el paso y morían ambos asfixiados, iba a detener la carrera para cuando Goku la agarró de la cintura y sin saber cómo fue que hizo saltó tan alto que pasó por encima de la rama y cayeron ambos a campo abierto, en el pasto húmedo, tosiendo.
—Lo…Lo logramos —dijo Goku dejando de toser para mirar a su alrededor.
Chichi abrió sus ojos aun tosiendo, vio el fuego que se detenía justo en donde estaban ellos, como si un campo de fuerza impidiera que este se propagara en aquel campo abierto en donde estaba el buzón, se dio cuenta que aquel sonido agudo se había acabado.
Se levantó a duras penas, con el arco aferrado en su mano derecha y el carcaj con la mochila aún a su espalda.
Se volteó a ver a Goku, este estaba mirando hacia otro punto del buzón.
—¡Ayuda! —se oyó una voz de varón, tan fuerte que Chichi estuvo segura que aquel grito había sido cargado de miedo.
Goku sin pensar en nada comenzó a correr hacia donde había oído el grito de auxilio, sin embargo, ella se quedó ahí, congelada.
¿Por qué Goku había ido hacia allá? Sabía que las únicas personas que podían haber gritado en ese lugar eran sus enemigos.
Akane y Giro.
No sabía qué hacer, sin embargo, no habían muchas opciones tampoco y decidió que no podía dejar a Goku ir solo, solo porque aquello podía ser una trampa.
Corrió tras el muchacho del Gi naranjo que estaba completamente arruinado y al momento en que él se detuvo al borde del bosque en donde el fuego arrasaba con todo lo que estaba en su paso, lo puso ver.
Giro se encontraba intentando pasar por una rama en el suelo que le obstruía el paso, pero para volver al bosque, para volver al incendio, ¿por qué quería volver?
Chichi lo entendíó.
—¡Akane! —gritó con fuerzas el Hado profesional, afirmando fuertemente una espada en su mano derecha, sin embargo, parecía que él ni siquiera notaba a su lado la presencia de Goku.
El grito agudo de dolor se escuchó del otro lado.
—Está detrás de ese tronco, está viva —dijo Goku, Giro dio un salto a su lado y empuñó su espada. Chichi rápidamente tensó el arco, apuntando al chico—. ¡Hay que ayudarla! —se quejó Goku, como frustrado.
El de la cinta roja no hizo nada, solo se mantuvo con la espada empuñada, Chichi tampoco bajó su posición y Goku, frustrado, sin saber qué hacer se removió en su puesto y luego, frunciendo el gesto, saltó al otro lado del árbol, casi como si hubiese traspasado el fuego.
—¡GOKU! —Chilló Chichi bajando su arma y corriendo hacia el tronco, pensando en saltar, sin embargo, cuando estuvo a punto de hacerlo el cañonazo sonó.
Su corazón se detuvo y sintió la sangre dentro de su venas congelarse.
Alguien había muerto.
Cuando estuvo a punto de saltar hacia el otro lado, vio una figura maciza volver hacia el lado en donde las flamas no cruzaban. El chico de cabellos en punta cayó al suelo, tosiendo.
—¡GOKU! —gritó Chichi y corrió hacia él.
—Lo siento —dijo con las manos en el suelo—, ella…
—Está bien —susurró la chica.
Y supo que había sido un tremendo error.
Se sintió estúpida al darle la espalda al muchacho de cinta roja, a su enemigo, al único que le quedaba, se sintió ridícula al olvidar, aunque sea por un momento que el muchacho se encontraba justo detrás de ella.
La tomó y el filo de la espada se le clavó en el cuello, la corrió hacia atrás casi arrastrándola y Chichi sintió como le abrió ligeramente la piel, sacándole sangre.
—¡SUELTALA! —gritó Goku levantándose ágilmente del suelo y apretando sus puños—, ¡suéltala de inmediato! —rugió el chico.
Giro soltó una risa que a Chichi no le pareció cuerda.
—¿O sino qué? —preguntó y elevó una ceja amenazante, clavando aún más la espada en el cuello de la muchacha—, ¿vas a matarme? —una sonrisa se dibujó en su rostro paranoico—, ¿qué caso tiene?, de cualquier manera, tú, yo y ella estamos muerto, ¿verdad?
Chichi sintió como el corazón le bombeaba en su pecho tan fuerte que estaba segura que incluso Goku podía oírlo, intentó regular su respiración y cerró sus ojos, intentando concentrarse.
—No porque seas una chica no vas a saber defenderte, ¿verdad? Puedes ser una princesa y también una guerrera, hija, no lo olvides. Sé tú princesa pero al mismo tiempo sé tú príncipe salvador. —Su padre le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, levantándose nuevamente del suelo, sin importarle cuán magullada estaba debido al duro entrenamiento.
Abrió sus ojos y miró a Goku quien la miraba fijamente, con los ojos abiertos de par en par, sabía que estaba ideando una estrategia para intentar salvarla, ella le sonrió y él frunció ligeramente el gesto, sin entender el porqué de su sonrisa.
—Sabes, Giro —habló ella y sintió un ligero temblor en la mano que sostenía la espada del muchacho—, un buen guerrero no solo conoce sus propias habilidades, sino también el de sus enemigos y creo que tú has fallado irreparablemente.
Él quizás iba a preguntar de qué hablaba, quizás solo la iba a matar, no sabe bien qué es lo que el chico profesional iba a realizar, ella con un golpe a las costillas del muchacho y un cabezazo en su nariz pudo librarse de él, la espada dejó de hacer presión en su cuello y cuando se vio liberada se giró con su arco y flecha preparada para atacarlo, sin embargo, cuando estuvo a punto de soltar la flecha para matarlo, la mano de Goku la detuvo.
—¿Qué…? —iba a preguntar.
Los ojos oscuros de Goku se pegaron en los de ella y luego, sin saber el porqué de su acción, destensó la flecha y la dejó caer a un lado del muchacho.
—No es necesario —susurró Goku.
—Es él o nosotros —susurró de vuelta la chica.
Él estuvo a punto de responder, sin embargo, no alcanzó, la risa paranoica de Giro se oyó en el lugar y estuvo a punto de decir algo, quizás qué, cuando una rama con fuego cayó del árbol que estaba justo al frente y lo aplastó.
Chichi dio un salto hacia atrás mientras los brazos de Goku la estrujaban contra su cuerpo, protegiéndola, Chichi se preguntó internamente si aquello había sido parte del destino, una casualidad o fue manejado por el comandante de los Juegos del Poder.
Y lo más probable sería que nunca lo sabría.
Una lluvia espesa comenzó a caer del cielo, mientras ambos aún se encontraban refugiados en los brazos del otro, mirando fijamente en el lugar en donde segundos antes Giro había estado de pie, queriendo decir algo.
—Ven —susurró Goku y a Chichi le pareció, sorpresivamente, una voz tremendamente consoladora.
Suspiró mientras se dejaba arrastrar por el muchacho hacia quizás qué lugar, la lluvia estaba empapándolos de pies a cabezas, pero también estaba apagando el incendio.
Se sentaron justo bajo el buzón, uno al lado del otro, sin mirarse pero sintiendo el cuerpo del otro a su lado, su compañía, esperando que la lluvia pasase, esperando oír las felicitaciones hacia ambos por haber ganado los juegos.
Chichi no podía creer que había terminado, no podía creer que había terminado y había logrado salir con Goku a su lado.
Miró por el rabillo de sus ojos al chico, quien miraba fijamente hacia el frente, quizás en qué pensaba. Miró su perfil y sonrió ligeramente.
—Gracias —dijo con la voz quebrada.
Él la miró fijamente y sonrió también, se encogió de hombros.
—¿Por qué? —preguntó.
—Por estar aquí —respondió ella.
Goku amplió su sonrisa y volvió a mirar hacia el frente. Chichi en su puesto se irguió y pegó sus labios en la mejilla fría del muchacho. Su rostro se sonrojó quizás aún más que el de ella, pero no le importó, sentía cosquillas en aquel lugar de su rostro y le parecía realmente agradable.
Atención, Hados, atención.
Ambos chicos se sonrieron, la lluvia había terminado. Ambos se levantaron y caminaron para mirar el cielo, esperando quizás que una aereonave fuese a buscarlos. Sin embargo, las siguientes palabras del presentador los congelaron.
Las reglas anteriores, en donde se permitían dos ganadores se han eliminado por votación unánime. Solo se permitirá un ganador. Suerte.
Los ojos de Chichi se abrieron de par en par y sintió como la sangre en sus venas se congelaba, sus ojos se pegaron en el rostro de Goku.
Él la miró de vuelta, con una mirada que Chichi no pudo reconocer, pensó seriamente en qué era lo que estaba pensando y se concentró en eso en vez de en sus propios pensamientos, no sabía qué hacer. De pronto se vio con los ojos nublados, a punto de llorar e intentó ser fuerte y no hacerlo, no iba a llorar, no iba a demostrarles a los malditos de la Central que la habían roto. No.
—Mátame —la voz de Goku sonó suave, segura, como si hubiese estado esperando ese momento, como si él lo hubiese sabido todo siempre, que ahí iba a ser su final, que sería ella, Chichi, quien provocaría su muerte, quien acabara con todo eso.
—¿Qué? —preguntó con voz ahogada, frunció el ceño y sus piernas temblaron, pestañeó confundida, no era estúpida, sabía que las palabras de Goku eran cien por ciento sinceras y que él esperaba que ella realmente accediera, lo que no creía era que él creyese que sería capaz de hacerlo.
Entonces su rostro hirvió, enfurecida cuando él dio unos pasos hacia adelante, decidido. Tomó una flecha, la puso entre sus manos y la obligó a acercarla al arco con fuerza. Ella se removió en el puesto violentamente y se alejó de él unos cuantos pasos hacia atrás, completamente asustada.
—¡¿Por qué no lo haces tú, eh?! —chilló con voz quebrada, estaba rompiéndose cada vez más y podía oír un reloj internamente en su cabeza, sabía que si no hacía algo pronto, en cualquier momento, los de la Central harían que algo sucediera… Y tenía miedo.
—¡Porque decidí protegerte! —gritó él como si se hubiese salido de sus casillas, aquello a Chichi le sorprendió y sabía que era porque él también sentía miedo, quizás los de la Central tomarían alguna decisión entre ellos y los dos terminarían muerto—. Y yo prometí que te devolvería a casa sana y salva —la voz fue bajando hasta volverse un susurro.
Negó rápidamente con la cabeza, las lágrimas abandonaron sus ojos sin poder evitarlo más, ya se había quebrado por completo. Los de la Central habían ganado.
—Chichi, por favor —susurró nuevamente, acercándose a ella a pasos cautelosos.
Tiritona colocó la flecha en el arco, sin mirarlo directamente, con los ojos fijos en la flecha que sería la definitiva, elevó el arma y cuando la punta de la flecha apuntó la frente de Goku, sus ojos se pegaron en los ojos profundos y sinceros de Goku, el nudo en su garganta creció.
—Hazlo —soltó con voz dura.
El corazón le latía con fuerzas y se sentía mareada, adolorida y cansada, quería que todo esto terminara, sin embargo, aquella no era la forma que esperaba que todo aquello acabase.
Su labio inferior tiritó, ellos debían tener un ganador y ella les haría el favor de cumplir con todas sus expectativas, les haría el favor de continuar con eso…
Se vendrían otros juegos, se vendrían millones de juegos más, millones de niños muertos, millones de familiar destruidas. Pensó en Wallece y entonces, una nueva lágrima cayó por sus ojos. Suspiró.
Goku cerró sus ojos.
Y ella lo supo.
Él era el hombre más fuerte y valiente de toda la tierra, él podría vencerlos, él era el único capaz de no cumplir con sus peticiones. Goku no mató a nadie, él nunca hirió a nadie, él siempre intentó ir en contra de toda regla. Él. No ella.
Pero ella también podría hacerlo.
Ella ya no iba a darles en el gusto.
No esta vez.
Sobre todo porque sabía que siempre estaría atrapada en aquella maldita arena, que no podría salir nunca de ahí si no era junto con él.
Goku era su única salvación, aunque ganase los juegos, ella moriría ahí junto con él.
Lanzó la flecha.
Y se clavó muy lejos en el pasto.
Goku abrió sus ojos y los pegó fijamente en el rostro decidido de la chica. Ella le devolvió la mirada y tiró el arco y el carcaj en el pasto.
—No voy a hacerlo, Goku —soltó con una voz que dejaba en claro que no aceptaría ningún reclamo por parte de él—. Me cansé de ser una pieza de ajedrez —dijo.
Dio los pasos que necesitaba para quedar a escasos centímetros del cuerpo del muchacho, metió su mano al cinturón y de ahí sacó el pequeño saco en donde dentro se encontraban las bayas venenosas que el chico había pescado aquella mañana. Las volteó en su mano y se las enseñó al chico, quien la miraba con una mueca confundida.
—No puedo hacerlo —susurró—, no sin ti —dijo y sus mejillas se volvieron de un rojo brillante, él la miraba fijo sin decir nada, sin hacer nada, congelado en su sitio—. Sin ti —explicó—, me quedaría atrapada en esta arena de por vida.
Él sonrió ligeramente, con sus mejillas también sonrojadas, con una mano tiritona acarició la mejilla magullada de la chica y luego estiró su mano, ella le tendió tres bayas y luego, cuando ambos tuvieron en sus manos, se miraron fijamente a los ojos.
—¿A la cuenta de tres? —preguntó Chichi, él asintió—. Uno…
—Dos —susurró él acercando las bayas a su boca.
Chichi sonrió suavemente.
—Tres —dijeron al unísono.
Las bayas estuvieron a punto de rozar ambos labios para cuando la voz del presentador de los juegos se oyó, rápidamente Chichi dejó caer las bayas y él las suyas al suelo.
¡Deténganse! —gritó el presentador, su voz retumbaba por toda la arena, luego carraspeó—, ¡pueblo de Dragon City, les presento a los nuevos ganadores de los Juegos del Poder número 99: Ox Chichi y Son Goku!
Ella abrió sus ojos y miró al muchacho, él sonrió enormemente y luego sin decirse nada más, los brazos de Chichi se pasaron por debajo de los brazos del hombre y él la abrazó por la nuca, acercándola a su cuerpo. Cerró sus ojos y dejó embriagarse por el calor del cuerpo de la chica, ella cerró sus ojos, esperando que todo aquello acabase de una vez.
El aeronave no demoró en aparecer por el cielo, pero parecía que aquello a ambos chicos no les pareció importar, se mantuvieron en aquella posición incluso después de que la nave tocara el pasto de la arena.
Sé que me he demorado muchooooo en subir nuevo capítulo a este fanfiction, pero yo he prometido no abandonarlo y no lo haré aunque pasen 30 años y tenga que escribir. De cualquier manera, me queda un último capítulo y termina este fanfiction, aunque, no sé si lo he dicho con anterioridad pero esta historia se dividirá en tres fanfiction, como los libros de los Juegos del Hambre de Suzanne Collins.
Como he dicho antes, este es el penúltimo capítulo y ya estoy avanzando en el último capítulo, espero les haya gustado el final.
Muchas gracias a todaas quienes han dejado reviews! Realmente les debo algo y estoy segura que se los recompensaré.
Esperaré con ansias sus comentarios, claro, si es que alguien aún lee este viejo y a veces abandonado fanfiction.
Dejen sus reviews que todos son muy bienvenidos y me hacen feliz.
Saludos y besos virtuales.
Emilia.
