^^ No pude dar respuesta a algunos comentarios que llegaron a mi anterior capítulo, y no quise que quedasen en el olvido. Me pareció muy interesante que se dijera "no entiendo por qué no denuncian". Y me parece que en este capítulo se explicaba un poco ^^. Es difícil actuar sabiendo que vas a hacer más daño a alguien del que ya está sintiendo. Aunque tomárselo con taaanta calma dado que es peligroso puede resultar imprudente. De todas formas no creo que su padre se quede de brazos cruzados, pero de alguna tenían que calmar a Touya para que no acabara de reventar a ese hombre xD


CAPÍTULO 5

"Sabes que decidas lo que decidas hacer yo estaré ahí, ¿verdad?"

"Lo... Sé"

"No deberías pensar en mí ahora, monstruo. Estaré bien"

"Monstruo". Sonrió. Echaba de menos que la llamase así, irónicamente.

"Tú te seguirías preocupando por mí aunque dijese algo como eso" murmuró, y él no lo negó. La acompañó en absoluto silencio a la puerta de su habitación. Lucía como si le hubiese pasado un camión por encima "Touya..."

"¿Si?"

En realidad Seiya podría haberle quitado muchas cosas, pero sus sentimientos no habían cambiado. Sonrió tenuemente.

"Te quiero mucho, hermanito"


(Syaoran)

— Vamos, Syaoran. Sakura cambia de tema siempre que algo la incómoda. —Eriol sonrió, notando cómo Tomoyo apartaba unos mechones del flequillo que caían sobre sus ojos. Puse los ojos en blanco. Cuando querían eran realmente irritantes—. Y estaba claro que a ella le incomodaría una conversación así.

— Prácticamente le insinuaste que ella podría haber tenido sexo sin compromiso con Yukito esa misma noche y que por eso mismo no nos llamó —quiso hacerme ver, pero no obtuvo muy buen resultado—. Mira, por ahí viene.

Sakura miró a ambos lados antes de empujar la puerta de cristal y caminar hacia nosotros con cierto temor en los ojos. Un extraño aroma impregnó el café, cuando por la segunda puerta entró uno de los trabajadores de Yukito con medio rostro tapado por una mascarilla: Seiya. Lo había visto mucho por allí, aunque para mí era completamente irrelevante. Si sabía su nombre era porque Touya lo había mencionado alguna que otra vez. Ella se lo pensó una vez más. Pero después tomó una gran bocanada de aire y acabó sentándose lejos de los tres. Tomoyo agarró su mano con suavidad.

— Te echamos de menos ayer, Sakurita.

Pero ella no contestó. Le dedicó una tímida mirada al tal Seiya mientras recogía un café y charlaba con el camarero, a juzgar por su expresión, animadamente. Se apartó de las manos de Tomoyo y metió uno de sus mechones de pelo detrás de la oreja. Él se dio la vuelta en ese momento. Un brillo extraño cruzó aquellos ojos azules.

Satisfacción.

— ¿Sakura? —me estaba empezando a crispar, no era normal en ella mirar así a la gente—, ¿Pasó algo con ese hombre?

— ¿Qué? —La voz le tembló un poco—. No, no. Es solo que no me imaginaba que la pelea hubiese sido para tanto.

— Oh, ya veo. ¿Qué pasó para que le dejasen la cara así?

Sakura alzó una ceja, ausente.

— No… nada. Simplemente es algo… impulsivo.

El camarero se disculpó un momento, recogió una PDA de su bolsillo y le mostró una amigable sonrisa a Sakura, que ni siquiera lo había visto, y un pequeño gesto que venía a decir "estoy contigo en un par de segundos. Aunque a ella no le importó demasiado. Pidió de mala gana un té rojo y un bollo de crema, que en cuanto tocó la mesa arrastró junto a la mano de Eriol, sin mirar. Pellizcó una de las esquinas y saboreó el pequeño trozo de hojaldre entre sus dientes. Seguía mirando a Seiya como si intentara leer sus pensamientos. O perforarle con los suyos propios.

Quién sabe.

— Mi hermano me contó que nunca ha sido muy… amigable que digamos. Aunque en el trabajo siempre era muy callado.

— ¿Era? — se interesó Eriol.

— Yukito le despidió. —explicó ella—. Llamó a Touya anoche para contárselo. Al parecer no quiere esa clase de personal en el local en el que trabaja como encargado.

— Irónico —se me escapó, y ella asintió con los ojos en aquella espalda cubierta por una enorme capucha llena de pelaje sintético —. Porque Yukito no es que sea el más pacífico que digamos.

— ¿En qué estará pensando? — dijo de repente, dándole otro pellizco al dulce; esta vez jugó con él entre los dedos—. Nunca le he visto por aquí, pero parece que conoce muy bien a Ryu.

— Sí, oye, estás muy rara, ¿Por qué tanto interés en él tan de repente?

Sakura reaccionó, y se dedicó a mirar a su amiga, que la había sacado del trance, de la misma forma que había estado observando a Seiya. Era como si físicamente se encontrase aquí pero su mente se hubiese ido de viaje a la Luna. Hice un pequeño gesto a Eriol para que interviniese, pero él solo articuló "no pasa nada", y agarró más fuerte los hombros de su novia.

Parecía increíble cómo podía no tomarse en serio una actitud tan poco natural en ella.

— Esa clase de mente es más compleja de lo que parece,y debe ser difícil para un psicólogo darle respuesta a ciertos… comportamientos. Me gustaría saber qué es lo que pasa por su cabeza, nada más.

Lo decía tan tranquila que daba miedo. Pero una tranquilidad pintada de cierto resentimiento. No saber en qué pensaba la frustraba realmente, y no sabía si yo debía tomarme eso como algo típico que piensa un estudiante de psicología cuando se encontraba con alguien de personalidad un poco… destacada frente al resto (llamemos así a la agresividad), o si de verdad debía darle importancia. Lo que sí que estaba totalmente claro es que lo conocía demasiado para haber sido tan callado en su trabajo. Tal vez…

— ¿Nunca has llegado a hablar con él? —me aventuré, pero ella ni siquiera me escuchó—… ¿Sakura?

(Sakura)

Lo admiraba. Tenía una capacidad para olvidar realmente impresionante. Aunque claro. Él no tenía motivos para perder la sonrisa, si omitíamos el pequeño detalle de los puntos que Touya le había abierto en la cara a golpes. Quizás le había sentado bien romper a alguien por dentro. Tal vez se sintiese mejor como persona, o incluso se dedicara profesionalmente a ello. Siempre miraba a las otras dos camareras con cierto aire de superioridad cuando se las cruzaba de camino al baño para recoger algún vómito, o hacer la limpieza del día, antes de cerrar. Tal vez le había hecho lo mismo a una de ellas. Tal vez no… habían tenido un Touya que tirara la puerta abajo y las salvase a la mitad. Algo se encogió dentro de mí. Solo de pensar que alguien más pudiese sentirse justo como estaba sintiéndome en ese momento…

Aunque no sé si yo serviría para hacer una denuncia formal y culparle a él mismo de sus heridas.

¿Y si nadie me creía y acababan exculpándole de todo?

¿Y si él me encontraba por haberle delatado?

No quería ni pensarlo. Notar su perfume aun de lejos ya había sido una tortura para mí. Se había clavado en mis pulmones y me había impedido respirar por unos segundos. Si él se enteraba de que había intentado atacarle, y conseguía salir sin ninguna culpa de todo, sería mucho peor lo que haría que lo que ya había hecho. No me sentía demasiado segura sabiendo que debían o no creerme, y que de eso dependería el futuro de un hombre así. Me sentía demasiado egoísta por no ser capaz de abrir la boca y que todos pudieran verle venir. Aunque la realidad no era así, y debía aceptarlo pronto.

A la única a la que señalarían sería a mí. Por puta.

— ¡Sakura! —la voz de Syaoran me sacó de mis pensamientos. Estaba agitando la mano frente a mis ojos—. Me estás empezando a asustar, ¿seguro que no pasa nada?

Era demasiado mala mintiendo como para negárselo, pero si de verdad lo que quería era callarlo, debía actuar normal. No debería odiarle, o inclusive parecerme interesante. Supuestamente no le conocía. Sonreí como pude y comprobé que Eriol ya había acabado con más de la mitad de mi bollo. Ahora ellos también observaban detenidamente a Seiya.

— ¿Qué tal tu examen? —intenté actuar normal, y él se encogió de hombros. Eriol abrió mucho los ojos en mi dirección—. ¿Qué?

— ¿Qué examen?

— Oh, por Dios, Eriol. El señor Kinomoto lleva hablando del examen un mes —se quejó Syaoran, tirándole una miga de hojaldre, que se enganchó en su pelo—. Espero que te hayas estudiado los últimos cinco temas para dentro de dos horas…

Seiya se giró un segundo y me vio, allí, sentada entre dos amigos que habían empezado a sacar libros como locos encima de la mesa y se habían puesto a discutir ideas. Sentí que me petrificaba con la mirada, azul eléctrica. Tenía gracia hablar de electricidad precisamente ahora, cuando sentía de todo menos calor. Como si me helara la sangre. La magia que nunca jamás entendería y que solo provocaría él.

Se sacó del bolsillo una pequeña nota de color amarillo. Y la incrustó en la base del café frente a él.

Un café que agarró y trajo a nuestra mesa.

Un café que yo no había pedido.

— Buenos días —habló Syaoran, completamente tenso—es de mera cortesía saludar a los presentes, ¿no cree?

— ¿Quién eres tú, el mayordomo de la reina de Inglaterra? —se rió, sin siquiera mirarle; tenía los ojos fijos en mí—. Cállate y come, y deja a la gente vivir.

— N-no le… le…

Él solo sonrió. Pensaba decir "No le hables así a Syaoran", pero la voz ni siquiera me salía.

Y a él le parecía graciosísimo.

— ¿Podrías hablar un poco más alto? — se inclinó, metiendo el café entre mis manos frías y un poco separadas—. Es que no se te oye.

— Me parece que no quiere tu café —dijo ahora Eriol, un poco crispado—. Así que será mejor que te lo lleves.

— A mí me parece que sí que lo quiere. Ese té ya debe estar frío —y mientras decía eso, miró el líquido rojo en mi taza, solo unos segundos—. Ryu dijo que a la señorita le gusta el café con caramelo. Ten cuidado. Quema.

Y dicho esto se metió las manos en los bolsillos y se giró para irse. Habiendo asustado a la chica del día, seguro que se iba más a gusto a su colegio entre niños que le debían llegar por la rodilla. Eriol dio un golpe seco en la mesa, y el café goteó un poco sobre la notita. Seiya se paró de repente, como si aquello lo hubiese provocado.

— Te he dicho… que te lleves el puto café.

— Eriol… —tiró de él Tomoyo, asustada—. Déjalo, anda…

— ¿Y si no, qué?

Pero él se la quitó de encima, por si tenía que levantarse o esquivar algún golpe. Todo el café estaba ahora mirándonos en absoluto silencio.

— Oh. No quieras ni saberlo.

Aquel armario de dos puertas se giró, con el pecho hinchado y los brazos sin llegarle del todo al cuerpo, y lo miró muy por encima de su flequillo, como si pudiera estropearle la cara de un solo golpecito. Pero Eriol no se amedrentó. Tiré de la notita antes de que él agarrara el plato del café y lo arrastrara al borde de la mesa. Se derramó algo más en sus apuntes, pero le dio completamente igual.

— Llévate tu café— volvió a decir—. Y te lo bebes tranquilito en la barra. Si ella quiere algo ya irá a por él, que para eso tiene piernas.

Piernas. Eso hizo sonreír a Seiya, y dedicarme una mirada demasiado aterradora, de auténtico obseso sexual. Tuve la sensación de que si no nos separase una mesa, volvería a aprisionarme otra vez contra la pared. Temblé.

Él estaba libre, suelto por ahí.

Y sabía que venía a desayunar a este mismo café todos los días.

Él conocía al mismo Ryu que yo. Definitivamente podría ir a por mí si le delatase. Y estoy segura de que ese mismo pensamiento había querido hacer crecer en mí con aquella invitación en apariencia amistosa. Él quería dar miedo.

Recogió el café con asco, sin quitarle la mirada del pelo (ni siquiera lo miraba a los ojos) y lo colocó al borde de la barra, cuidando que no se cayera. Después, hizo un gesto extraño señalando con dos dedos sus ojos y acto seguido los de Eriol. Todo volvió a la normalidad cuando tiró de una de las sillas altas y se sentó, revolviendo el líquido ya medio frío con una pequeña cucharilla. El murmullo habitual del local empezó a emerger de las mesas de nuevo.

— Vaya. Nunca había visto esa parte de ti, Eriol —sonrió Syaoran, arrastrando un dedo dentro de mi taza de té. Como bien había dicho Seiya, debía estar helado, porque incluso él hizo una mueca de desagrado—. No hubiese apostado nada por ti si llegarais a pelear.

— Él no quería pelear, solo estaba provocando —se cruzó de brazos—. Seguramente se dio cuenta de que le estábamos mirando todos y quiso decir "Aquí estoy yo". Como comprenderás, no podía dejar que creyera que íbamos a temerle. A esa clase de hombres se le desinflan los músculos esos en cuanto alguien les planta cara.

Que se lo digan a Touya. Se dejó apalear sin defenderse ni una sola vez.

— Creo que se está haciendo tarde. Deberíamos irnos —sugerí—. Es mejor no forzar más las cosas.

— ¿Y la nota?

— ¿Eh? —Syaoran me frenó cuando ya estaba con la mochila sobre los hombros, intentando salir de allí; Sacó el papelito de mi bolsillo con solo dos dedos y lo enseñó como si él fuese el maestro de las cartas Clow—. Ah. Esa nota.

— Será interesante leerla.

— Si, Touya lo hará cuando llegue a casa —murmuré, quitándosela al vuelo—. Él sabrá que hacer. Es él quien le conoce, ¿no?


(Syaoran)

Cuando empezaba a hacer calor, a media jornada más o menos, Eriol siempre salía diez minutos antes de que la campana tocase, para ir con Tomoyo a tomar algún zumo por ahí. Pero hoy, para no variar, se había quedado sentado en el césped de la facultad con el libro entre las manos, y su novia entre las piernas, viéndola trabajar ,seguramente, en algún guion pendiente. Era en esta clase de momentos en que nacía en mí cierta envidia sana y se instalaba en el fondo de mi pecho durante el resto del día.

Y no por ver cómo se saltaba la clase en sí, no me importaba que tomase mis apuntes y les diese un toque personal. Pero sí que sentía que él había tenido demasiada suerte. Encontrar el amor en alguien que llevaba a su lado tanto tiempo debía ser…

Bueno, qué me iban a contar a mí, ¿no?

Nadie diría que aquel Syaoran de apenas doce años estaría hoy pensando en ella de forma tan diferente a la de entonces.

Akame sonrió y se sentó en el sitio que debía ocupar Eriol, en absoluto silencio. Había empezado la carrera sin tragarme del todo, pero de un día para otro, y después de vernos merendar en el césped de la universidad (Sakura se había empeñado en que debíamos conocer al "magnífico" Tatsumi), decidió que le parecía un joven de lo más interesante, y que quería conocerme mejor. Aunque no es que yo quisiera conocerla a ese nivel.

Demasiado impulsiva para mí.

— Qué suerte tienen, ¿No crees? —Dijo cerca de mi oído—… encontrar a alguien tan… parecido a ti…

Quizás lo estaba diciendo por lo que aparente sentía por mí, y eso era algo que no iba a alargar más del necesario solo porque a Eriol le encantaran esta clase de líos. Vería más factible declararme a Sakura de una buena vez a quedar un solo día más con Akame. Me exasperaba.

— Akame, yo…

Pero no me dejó acabar, agarró mis apuntes y se dedicó a ojearlos distraidamente, notando que el profesor empezaba a poner sus libros sobre la mesa:

— Te vi intentando entrar en el restaurante mientras nos desalojaban, no tienes de qué preocuparte—dijo, mientras dibujaba mi figura en forma de manga en uno de los márgenes del folio—. Quería pedirte disculpas.

— ¿Eh?

Eriol clavó los dedos en la cintura de su novia y besó su frente con los ojos cerrados. Seguramente había decidido que ya había estudiado demasiado u que merecía un descanso. O simplemente pensó lo mismo que pensaría yo de estar en su lugar: "De nada sirve ya perder el tiempo en hacer otra cosa que no sea disfrutar de su compañía". Sakura había estado muy rara hoy, así que para mí fue prácticamente imposible. Y ese Seiya también. Nadie le deja una nota a alguien que no conoce de nada. Al menos que te haya parecido tremendamente interesante y quieras conocerla más intensamente.

Y la mirada que le dedicó esta mañana era muy intensa. ¿Sería él la persona de la que se había enamorado ella tan efusivamente?

Tampoco sé si querría saberlo, la verdad.

— Mine redactó por mí ese mensaje en el sobrecito rosa —confesó. Mine era su compañera de mesa en el resto de las clases. Apenas la había oído hablar en alguna que otra ponencia—. Aunque me sorprendió mucho que respondieras de esa… forma —en seguida captó mi cambio de expresión, y esbozó una enorme sonrisa—. No respondiste tú, ¿Verdad?—negué. Ella parecía aliviada de repente—. Si fui al Hard Rock Café fue para explicártelo todo. No quería que tuvieses una imagen equivocada de mí.

Podría haberme reído en su cara, pero no me parecía ético. Así que solo me encogí de hombros y me dediqué a observar a mi amigo en silencio. Me pregunto si Eriol se habría dado cuenta de que realmente Sakura estaba rara. No hay otra forma de explicar que de repente se pusiese en modo agresivo (y modo que no había visto nunca, por cierto), y se enfrentara a alguien que le sacaba dos cabezas de alto y de ancho. Siempre había sido alguien que escapaba de los conflictos, y este lo había buscado él mismo. Tal vez había descubierto algo en ella que a mí se me pasaba. Él siempre había sido el más observador de los cuatro.

— ¿Qué pasó para que os desalojaran? —Pregunté, despreocupadamente, cuando la imagen de Seiya con la cara morada llena de puntos volvió a mi mente—. Tengo entendido que se montó un buen revuelo.

— Puede ser, aunque nadie lo vio. Se dieron una buena paliza en el baño…

En el baño… interesante.

— Entre un trabajador y un chico muy raro que llevaba toda la noche vigilando a Sakura y al local en sí.

Espera, ¿qué?

— ¿A Sakura?

— Sí, aunque lo raro es que su mirada no era de obseso sexual precisamente. —recordó—. Era más como una especie de guardaespaldas. Quizás se conozcan, no lo sé.

— Sí, sé a quién te refieres — Touya, dijo mi mente—. Aunque no es nada agresivo en ese sentido, no es normal en él esa clase de… impulsos.

— Ni idea —agitó su mano en el aire—. Solo sé que ellos estaban charlando en la barra, y luego cuando miré de nuevo ella ya no estaba, y él sujetaba las ruedas que llevan las camareras en los zapatos, y un pañuelo.

—… ajá. ¿Y luego?

— Luego él se cerró la cremallera de la chaqueta hasta arriba y bajó a los baños un poco serio. Quizás ella tardaba demasiado para su gusto, y eso lo puso nervioso. ¿Es su novio o algo así?

¿Tardaba… demasiado?

Ahora empiezo a entender su nerviosismo al hablarle de aquella pelea.

Él era parte de la pelea.

— Su hermano —murmuré—. No le gustaba que trabajase con miedo.

Aunque lo que no terminaba de quedarme claro era el hecho de que Seiya estuviese en medio de todo esto. Tal vez Touya los encontrase en alguna situación incómoda, y sus celos le cegaron. Quién sabe. Sería capaz de matar a cualquiera que quisiera acercarse a su hermana con según qué intenciones. Igual estaba en lo cierto y Sakura y él se habían atraído mutuamente. Pero no tenía motivos para mentirme diciendo que no le conocía, ¿verdad?

Se suponía que los amigos se contaban esta clase de cosas. A no ser, claro, que esa no fuese la verdadera razón. No me imaginaba a Sakura enamorada de un chico así. Parecía asustada cuando él se acercó.

Definitivamente, Touya tenía demasiado que explicarme.