¡Hola! Quisiera agradecer a todos los que habéis pasado a leer y me habéis dejado comentarios la mar de positivos, me alegra que este tema sea leído, porque es algo que pasa más de lo que parece y para lo que muy pocos están realmente preparados ^^ por suerte mis amigos son lo mejor que hay en este mundo y ellos han sabido estar ahí aunque no supieran qué hacer realmente. Así que les dedico este capítulo a ellos ^^
CAPÍTULO 6
(Touya)
— Tengo que reconocer que de todas las personas con las que me he cruzado a lo largo del día, tú eres la que más rabia me da —murmuré, invitándole a sentarse frente a mí—. Así que siéntate antes de que me arrepienta de gastar mi tiempo en alguien como tú.
— Te puedes ahorrar lo de ser borde, hoy no estás en condiciones de hacerte el héroe. Me has mentido.
Realmente me había encontrado con personas mucho peores que él, pero tenerle cerca era como llamar a las puertas del infierno. Y era casi enfermizo, pero ese mocoso hacía que tuviese miedo de todo lo que hasta ahora había sido seguro para mí. Que mi hermana fuese la persona que yo debía proteger, y que yo fuese el único en su vida. Sí, bueno, suena egoísta. Pero así al menos ella sabría que había alguien ahí que no iba a fallarle.
Pero dejar esa responsabilidad en él era como arriesgarse a que eso pudiese pasar. A que alguien pudiese fallarle, y hacerle daño, y apagar sus ojos color esmeralda. Todo lo que había estado haciendo desde que nació habría sido en vano entonces. Ella acabaría sufriendo igualmente.
— No sé de qué me hablas.
— Oh, pues yo sí. ¿Por qué dijiste que no había sido gran cosa, cuando tú mismo le rompiste la cara a ese hombre?
Reconozco que aquello no me lo esperaba para nada; abrió los ojos como platos: — ¿Qué?
— Sí, señor "yo puedo con todo", tenía mis contactos allí dentro, y sé que peleasteis en el baño, y que Sakura estaba allí — bebió un poco de su refresco—. Así que no me lo pongas más difícil y cuéntame de una vez qué es lo que está pasando y por qué todo el mundo se empeña en ocultármelo.
— Vamos, mocoso, no soy un… —pero después paré, porque sus ojos decían "no voy a creerme nada de lo que digas después de esa frase". Realmente le había mentido de una forma muy burda—. No voy a contarte algo como eso a ti.
— ¿Y eso por qué?
— Pues porque eres tú, ¿no te parece una buena respuesta?
Pestañeó varias veces seguidas, perplejo. No, no lo era. Pero no tenía respuestas para él si ella no había querido dárselas, y no iba a ser yo quien lo metiese en esto por cuenta propia. Quería quitármela.
— ¿se puede saber… —cerró los puños, y los ojos, intentando serenarse. Su pelo se movió un poco con el aire, a pesar de estar en el interior—… cuál es tu problema conmigo?
— ¡Oh! No hagas como si no lo supieras.
— Si lo supiera no tendrías que estar gastando tu valioso tiempo conmigo —enfatizó, y clavó sus dedos en mis brazos, nervioso. El resto de las mesas empezaron a guardar silencio a la vez—. Está bien que me odiaras un poco por "acosar" a tu hermana en la Primaria, pero de eso ya hace mucho tiempo, ¿no crees?
— No te odio por eso, solo pensé que eras un poquito idiota — sonreí, y él frunció el ceño—. No es por eso por lo que me caes mal.
— ¿Y entonces?
Aunque me doliese, él era el único que realmente podía ayudarla ahora. Ya era demasiado tarde para reclamar un lugar que él me había quitado casi sin darme cuenta.
Había sido suyo desde el principio.
— Siempre he sido su… protector —confesé, serio—. Su… favorito en el mundo.
— Ya me imagino por qué —y me miró del pelo al borde de la mesa—. Estaba claro que no tenía referencias mejores.
— Mocoso… — gruñí —cállate por una vez, ¿Quieres?
» Has sido tú quien me ha preguntado.
— Solo estaba bromeando —se encogió de hombro—. Parece que esto te pone realmente nervioso.
— Pues sí, no voy a negarlo. Me prometí a mí mismo que jamás le fallaría, y está claro que lo estoy haciendo ahora, si ha preferido enamorarse de… ti —ahora el sorprendido fue él—. Sí, no me mires con esa cara. Sakura es demasiado transparente para cualquiera que la conozca un poco.
— Era — puntualizó—. Desde esa… pelea.
— No puedo hablarte de ella, Sakura me mataría —Bueno. Me mataría de todas formas cuando se enterase de la dichosa denuncia, pero eso él no tenía por qué saberlo—. Pero necesito que la convenzas de que nos haga caso.
— Caso… ¿En qué?
— No puedo…
— ¡Oh, venga ya! —Gopeó la mesa y se alzó, tirando la silla al suelo. Todo el café al mismo tiempo guardó silencio, sorprendido. Syaoran estaba a dos centímetros de mi cara—. Deja de tratarme como a un niño, ¿Quieres? No es momento para tus celos absurdos…
— ¡No son absurdos! — ¿Qué podía ser lo peor que podría pasar, que nos echaran y no tuviese que pagar su café? Mírame, estoy temblando justo ahora—. ¡Siempre has estado por medio!
— ¡Tú has estado siempre por medio! — se quejó—. No nos has dejado realmente solos ni una vez… ¡Claro que me odias!
— ¡Quieres quitármela!
— ¡Quiero que sea feliz! —Chilló, y empezó a separarse de mí progresivamente; alguien tiraba del cuello de su uniforme—. Suélteme, ya acabo —pidió, y el camarero dejó de hacer presión sobre él—. Si no es lo que he estado haciendo podrías haberme dicho que desapareciera, en lugar de preocuparte por esta clase de estupideces. Siempre vas a ser lo más importante para ella, porque eres su hermano. Deja de querer ocupar todos los lugares en su vida, vas a terminar haciendo que te odie.
Y después, silencio. Sakura jamás iba a odiarme. Sakura había dicho que me quería. Me había dado las gracias. Yo no la… agobiaba.
¿O sí?
— Creo que será mejor que me acompañen a la salida —murmuró el chico—. Así podrán hablar tranquilos.
— Yo no tengo nada más que hablar con él —escupió él, agarrando su mochila por una de las asas y deshaciéndose del agarre del camarero. Después me miró, con lástima—. Ojalá nunca te enamores. Porque es una auténtica mierda.
Enamorarse. Tenía gracia que dijera algo como eso. La única persona de la que me había enamorado de verdad me había cambiado por un mocoso de pelo enredado y ojos ámbar. Prepotente a veces, comprensivo otras, y misterioso para mí la mayoría del tiempo. Tal vez por eso me fiase tan poco de él. Tal vez solo me asustaba lo que no conocía. Obviamente no era un enamoramiento habitual, simplemente ella siempre había sido la persona más importante para mí. Y la verdad es que no sabría qué hacer si me odiase. Supongo que simplemente todo dejaría de tener sentido. Todo.
El chico salió sin mirar atrás, y cerró la puerta de cristales con cuidado. Era yo el único que había faltado a mi promesa (aunque no la hiciese yo, sino mi padre, pero bueno). Supongo que tarde o temprano algo malo llegaría para mí. Seguiría estando dispuesto a recibirlo. No era yo quien debía contarle todo lo que quería saber.
(Sakura)
— Esta parte de aquí no me convence, repites demasiado la misma palabra—se escuchaba desde el salón —. Tal vez si usas algún sinónimo… mira.
Tomoyo pedía que leyéramos sus guiones hasta que los gastásemos, y le diésemos la más sincera de nuestras opiniones. Le encantaba grabar, pero hasta entrar en la universidad, pocas veces lo había hecho con previo guion escrito por ella. Eriol siempre estaba dispuesto a ser su modelo, le encantaba poner poses serias y que el viento meciera su pelo como si fuese un protagonista de película de aventuras. Eso había sido un alivio para mí, porque ahora pocas veces me tocaba a mí ocupar su lugar. Yo no quería ser modelo. No era tan… especial.
Solo era yo, y ya.
Eriol estaba sentado sobre el sofá (teníamos suerte de tener sofá) con su novia sobre él, subrayando y corrigiendo una de las hojas de su story board. Podía verse desde lejos unos pequeños garabatos al lado de las letras, y la caligrafía del chico en rojo en mucha más cantidad que la negra de ella. Ambos dieron un salto cuando cerré de un pequeño portazo, y forzaron una angustiada sonrisa casi con la misma cara. Syaoran no estaba por ningún lado.
— Syaoran dijo que había quedado con alguien —se aventuró a decir ella, levantándose para recoger mi mochila de mis brazos—. Yo llevaré esto a tu habitación, siéntate. Necesitamos hablar contigo de una cosa.
— Eh… pero…
— Por favor —sonrió Eriol—. Es importante.
Eriol decía pocas veces "por favor", porque pocas veces necesitaba algo de otros, así que supuse que realmente les estaba costando empezar aquella conversación. No opuse demasiada resistencia y me senté frente a ellos en una de las sillas del salón y lo miré con las cejas alzadas, esperando a que Tomoyo se sentara junto a él. Alargó una de sus manos y agarró la mía, con una sonrisa pero triste, como si se me notase a kilómetros que algo no estaba bien. Sabía que ellos harían cualquier cosa por mí. Pero no podía permitirme meterles en esto.
No después de leer la nota que él dejó en mi café.
Dudé un poco de si mi hermano debía saberlo o no, pero dado que él lo había visto todo, no creo que se asustase de leer nada que viniera de Seiya. Fue una interesante conversación de mensajería de camino aquí.
"¿Estás muy ocupado, hermanito? Necesito hablarte de algo" Escribi, y él no tardó en responder. Como siempre.
"Había quedado con alguien para comer, pero aún no ha llegado.
Dime"
"¿Alguien?
Ya te preguntaré después acerca de eso."
*imagen*
"¿Sabías que hoy fue a desayunar al mismo café que nosotros?"
Escribió, borró, y volvió a escribir. Seguramente se hubiese acordado de toda su ascendencia junta al leer "no juegues tanto con fuego, "niña" "
"Ya hablaré seriamente con él. Se está pasando"
"No, tú vas a leerlo y a callarte. Aunque quiero que me expliques con detenimiento porqué parece que le he delatado de la peor forma.
Suena como si hubiese hecho ALGO de lo que en realidad no tengo ni idea"
"Ya está aquí, te veré luego"
"¿Qué? ¿Te vas a ir justo ahora?"
"¡Estamos hablando de algo serio!"
"Estoy un poco cansada de que hagáis todo por mí sin consultarme, Touya…"
"Ven a cenar si quieres, le mandaré un mensaje a papá"
— ¿Sakura? ¿Me estás escuchando?
— La verdad es que no, ¿Podrías repetirlo? — ¿para qué iba a mentir, verdad?—. Estaba algo distraída.
— Está bien — Eriol volvió a hinchar sus pulmones, y a mirar a su novia buscando la confianza que necesitaba para soltarlo—. Sabes que si ese hombre se hubiese acercado con otras intenciones yo no hubiese tenido problemas en romperle la nariz, aunque llevase el pómulo morado aún, ¿verdad? —asentí, despacio. Él soltó el aire poco a poco—. Así que… necesito que me digas de qué te estamos protegiendo exactamente, Sakura.
Protegiendo. Él sabía (pensaba) que necesitaba protegerme. Lo había visto en mi cara, y seguramente Syaoran también. Por eso preguntaban demasiado. Sabían que me había vuelto débil, y que necesitaba que alguien me cuidara. Que temblaba cuando le veía, y que no podía soportar respirar el mismo aire que él. Seguramente papá o Touya hubiesen denunciado por su cuenta, sin preguntarme, y Seiya se hubiese enterado por alguna extraña razón. Y seguramente por eso, también, Syaoran había estado preguntando tanto, intentando que le contase lo que ya sabía. Yo no sabía ir tan rápido como ellos. Y nadie parecía entenderlo.
Eriol esperó impaciente a que respondiera, pero yo solo lo perforé con la mirada. Él era como todos.
— No necesito que nadie me proteja de nada. Estoy… bien.
— Oh, ¡Venga ya! —ahora parecía indignado—. Ni siquiera podías hablar cuando él se te acercó. Algo pasó con ese hombre y ni siquiera confías en nosotros para contárnoslo.
— ¡Claro que confío en vosotros!
— ¿Y entonces?
— No es tan… fácil…
— Claro que es fácil, déjame ver esa nota —murmuró, agitando los dedos en su dirección, con la mano extendida—. Ya juzgaré yo mismo si estás bien.
— Eriol, cielo…
— Vamos, estoy esperando —la ignoró—. A Syaoran puedes tenerle en ascuas y sin dormir todos los días que quieras, pero a mí no.
» Yo vine aquí por ti.
Parecía resentido, decepcionado. Ciertamente nunca hubiese llegado aquí si no hubiese sido por mí, pero me sorprendió que lo dijera con tanta seguridad. Ahora él estaba estudiando algo que le apasionaba, y estaba felizmente enamorado y casi comprometido con alguien que lo cuidaba de verdad. Sería un poco injusto decir que le debía cierta sinceridad, aunque no se lo tomé en cuenta. Estaba realmente asustado. Como todos. Y yo ni siquiera sabía por dónde empezar.
— Es complicado.
— Lo sé, y yo demasiado impaciente — sonrió, relajando un poco su mano—. Pero es que no es difícil ponerse en lo peor y… ni siquiera a Syaoran le dejaste ayudarte.
La nota cayó, en sus manos, como los pétalos de una flor de cerezo. Fría, delicada. Sabía que me arrepentiría cuando cerrase su mano, pero también que estaba pidiendo su ayuda a gritos, aunque no lo admitiera en alto. Sus ojos se abrieron como platos cuando llegó al punto y final (aunque parezca sorprendente, sí, escribía a la perfección). Y después se fijó en mí, y en mi forma de jugar con mis propios dedos. La mesa estaba temblando con el tic nervioso de mi pierna.
— ¿No juegues con fuego?
— Así es —susurré. Un gruñido chocó contra su garganta—. Aunque no sé a qué se refiere, me lo imagino.
Alzó los ojos por encima de la nota, y de sus gafas.
— ¿Debería imaginarme algo yo también?
¿Qué más daba ya todo? Seguro que ya pensaba lo peor de mí.
Definitivamente era una verdadera idiota.
—… Sí. Lo peor.
