Jejeje. Queria celebrar la llegada de este puente (y que acabé mis exámenes esta semana) subiendo un nuevo capítulo ^^ Suena un poco raro imaginarse a Akame tal y como la conocemos (Por si no se notó, también hice un pequeño crossover con Akame ga kill, aunque algo sutil ^^) escuchando rock and roll es un tanto raro xD pero de alguna forma tenía que unir a esos dos. Además... ¿De qué está huyendo tanto Seiya, si supuestamente le da igual todo? Quería hacerle una pequeña encerrona como su escritora que soy, je,je,je.

Puede parecer que el contador de visitantes es solo un número más, pero para mí es mucho más que eso ^^ es alguien a quien le llamó la atención mi historia por algo en especial, y decidió entrar en ella. Gracias :D


CAPÍTULO 11

(Seiya)

"En realidad no fue para tanto. Su hermano llegó en lo mejor"

"¿Sabías que esto pasaría, verdad?"

"¿Que podrías escucharme perfectamente? Por supuesto"

— Pensé que tal vez podías venir conmigo a una fiesta temática mañana por la noche. Es mi día libre—dijo, sentándose encima de mis exámenes por corregir, y dejándome un pequeño beso en la frente. Ella era así —. Estoy segura de que te quedaría genial el look rockero estadounidense de los años cincuenta.

"Eres un hijo de puta"

"Vaya, Syaoran. El sake te suelta la lengua, ¿Eh?"

"Acaba con lo que tengas que contar, no tengo ganas de verte tanto tiempo la cara"

"¿El qué? Tenía las bragas por los tobillos y era completamente virgen, ¿De verdad quieres detalles?"

¿Seiya? ¿Me estás escuchando?

— ¿Eh?— ¿Para qué mentir, no?—. Ni un poquito.

"Vas a arrepentirte de haberte fijado en ella, idiota"

— ¡Seiya! Estoy tratando de pasar algo de tiempo con mi desastre de novio, ¿no podías 4colaborar un poco? —sonrió, a centímetros de mi cara. Ni siquiera sus labios pintados con efecto degradado consiguieron tentarme—. Es el cumpleaños de Akame, y ese chico de los ojos verdes quería darle una sorpresa, así que…

Pero yo ya no la oía. No me esperaba encontrarme con un mocoso con los huevos tan bien puestos como los suyos.

"No me amenaces, Syaoran, no me conoces".

"Me da igual quien seas, o lo que hayas hecho para llegar hasta aquí. Te has metido con la persona que más quiero"

"Oh, qué… tierno. En serio"

Asqueroso.

"Mira, Seiya, Hugo, o quien seas" habló, sobre mi voz, alzándose del respaldo del sofá, primero el resto de su cuerpo, y después la cabeza. Luchaba contra él mismo, podía verlo. "No estoy bromeando. Touya te va a encontrar, y te va a dar una paliza, donde sea que te escondas"

"Créeme. No tendrás que preocuparte por mí nunca más"

"¿Qué?"

"Que esta era mi última parada, Syaoran. Necesitaba asegurarme de que había hecho el suficiente daño antes de irme"

Mi última parada. Que difícil era decir eso cuando se tenía la imagen de una pequeña diosa como era Kagome sonriendo sin flaquear, y rogando por un simple momento de atención. Nunca se enfadaba, ni se alteraba, ni trataba de saber qué era lo que pasaba por mi mente. Ella solo decía que mientras pudiera verme sería feliz. Ni siquiera tenía idea de lo que yo sentía en realidad por Syaoran. Era demasiado buena para alguien como yo.

— ¿Qué me dices? ¿Irás?

¿Ir… a dónde?

— Por supuesto —y sellé mi promesa con un pequeño beso en sus labios—. A donde quieras.

— ¿En serio? Tenía entendido que tú… odiabas los disfraces… ¿no?

Después de esa noche ya todo dará igual, pensé. Considerémoslo una despedida formal.

— No importa —Sonreí, y ella me imitó. Sus ojos brillaban demasiado—. Creo que mereces que tu desastre de novio sea un poco más considerado contigo. Siempre lo estás protegiendo de todo.

— ¡Anda ya! —saltó de la mesa, tirando toda las hojas al suelo. Era propio de ella ser tan sumamente torpe. Seguramente se arrepentiría a los dos segundos y volvería para recogerlo todo—. Estuve a esto —unió sus dedos pulgar e índice, y me los enseñó— de llamar a ese chico y decirle que no contara con nosotros. Nunca te he visto bailar, pero seguro que estás tan guapo como en las fotos que trajiste de España.

Espera. Espera, Espera. ¿Bailar?

Ella no había dicho nada de bailar, ¿O sí?

— Quieta ahí, yo no…

— ¡Ah, no! — se rió, tirando de mis manos. La silla en la que estaba se fue a tomar viento también—. Ya no vale echarse atrás. Me has dado tu palabra.

Ja. Mi palabra, decía. Como si valiera para algo "mi palabra".

— Pero… ¿Bailar qué?—. Estaba seguro de que si la cumpleañera era Akame, nada bueno podría salir de ahí.

Estaba demasiado loca.

— Jailhouse Rock, de Elvis presley, claro—Oh, Bueno. Podría haber sido peor. Seguro que no se sabía ninguna otra canción de esa época que pudiera bailar—. No es muy romántica, pero encaja a la perfección con el Hard Rock Café. Ese chico dijo que Yukito había accedido a alquilarnos el local por una noche, ahora que apenas iba gente a tomar algo.

— … Ya.

Tampoco esperaba menos de él. Después de todo, a él nunca le había gustado trabajar allí, y dejarnos el local por una noche (y cobrar por ello) era como su sueño hecho realidad. En algún momento él me había contado que había estudiado física con la intención de dar clases en algún sitio. Su figura de espaldas a una pizarra era una imagen muy diferente a la de un encargado en un club de noche.

— No pienses en eso, no importa demasiado—dijo, de repente, sacándome de mis pensamientos. Había recogido todos mis exámenes y los había colocado en orden encima de mi escritorio, en un momento de descuido por mi parte—. No fue tu culpa.

"Me pegaron una paliza y después me echaron toda la culpa a mí, en ese restaurante solo hay salvajes" le había dicho en realidad, para que no se preocupara. Aunque me había sentido un poco culpable después, cuando ella, ingenua, sacó su botiquín y empezó a curarme las heridas de la mejilla. No entendía cómo es que podía quererme tanto si solo conocía una pequeña parte de mí. El amor es ciego, eso decían.

— No creo que sea muy buena idea que yo aparezca por allí, Kagome.

— Yukito no está invitado, no habrá problemas—trató de animarme. Aunque no era él quien me preocupaba realmente—. Además. Irás como mi acompañante formal, no van a echarte así como así.

De eso no podía dudar. Kagome parecía una princesita frágil y tranquila, pero si alguien la hacía enfadar se convertía en su peor pesadilla. Ya había dicho antes que conmigo jamás se había enfadado, pero no podía decir lo mismo de su hermana Akame o de cualquiera de su familia cuando trató de decirle que yo no era el mejor hombre con el que vivir. Aunque intentaba no pensar demasiado en el hecho de que ella lo había arriesgado todo por mí, porque entonces nunca podría irme. Y sinceramente no sé qué sería peor.

La otra opción era una de las palizas de Touya, o la cárcel, o vete tú a saber qué. Kagome se moriría de la pena de todas formas.


(Sakura)

—Mira quién está ahí esperándote, Sakura—Sonrió Tatsumi, señalándolo sin que se notase. Syaoran estaba apoyado contra el muro de las verjas de la universidad, con su jersey y su bufanda verde, buscando algo con la mirada—. Está más que claro con quién piensas ir mañana a la fiesta.

— Yo no te he dicho que fuese a ir a esa fiesta—aunque supiese que lo de Syaoran había sido un error, eso no quitaba que ella no buscase algo distinto de él. No quería estar en su fiesta de cumpleaños—. Va detrás de Syaoran, y eso no es que me agrade.

— A ti lo que no te agrada es que él fuese tras ella —se burló y, aunque me costase admitirlo, había dado en el clavo. No sería tan raro que Syaoran fuese detrás de una chica tan… perfecta—. Se nota que te mueres por él.

Mis mejillas se volvieron rojas. Había dicho eso justo cuando él se había dado cuenta de mi presencia. Me sentía la única entre tanta gente, siendo perforada por aquella mirada ámbar que tanto me gustaba. Ni Tatsumi agitando sus manos frente a mí consiguió hacerme salir del trance. Hoy Syaoran estaba especialmente guapo.

— Tal vez no sea tan mala idea lo de esa fiesta—murmuré, sin pensar, y Tatsumi me movió de un empujón en el hombro. Pronto entendí por qué me sentía la única allí: ahora lo era—. ¿¡Qué haces!?

— Ve a por él —dijo, bajito, cerca de mi oído; temblé por un pequeño escalofrío—. Solo imagínatelo con una chaqueta de cuero y el flequillo engominado. Moviéndose con Jailhouse Rock de Elvis, tal vez…

Lo hacía. Eso llevaba haciendo desde que me había hablado de la fiesta temática que quería organizar para declararse por fin a su queridísima Akame. Por fin había admitido que estaba loco por ella, y eso demostraba en parte la confianza que había entre nosotros. Claro que lo había imaginado, sobre la pista del Hard Rock Café, con los ojos brillantes a la luz de los focos, y esa sonrisa que me hacía olvidarme de mi nombre. Lo único que me hacía dar un paso atrás era la idea de que él intentase tocarme otra vez, y fuese todavía peor. No quería acabar por romperle algo solo por quererme. No era justo para él.

— Sin duda sería el más guapo de la fiesta.

— ¿Y? —eso para él debía ser suficiente, por lo que se veía—. ¿A qué estás esperando?

— No… no lo sé.

A que se moviera, tal vez. Dudó un poco, pero después de comprender que no podía moverme de donde estaba, guardó su nariz debajo de la bufanda y las manos en los bolsillos, y empezó a caminar en nuestra dirección. Hasta ese momento, Tatsumi había estado agarrando mis hombros, pero ahora el traidor me había dejado sola ante el peligro, no sin antes susurrarme, muy bajito, un "Será a las ocho y media, no llegues tarde". Cuando quise darme cuenta, la distancia entre nosotros eran escasos centímetros que fácilmente podría haberse comido con un paso más. Aunque agradecí que no lo hiciera.

— Hola. Vine para invitarte a comer algo —dijo, después de mirarme a los ojos un rato. Ahora que podía verle más de cerca, noté sus ojos algo morados de no haber dormido, tal vez—. Hoy estás muy guapa.

— Tú… también.

Él alzó las cejas, sorprendido.

¿Pero qué tonterías estás… diciendo, Sakura?

— Gracias, supongo —sonrió, sacando una mano de su bolsillo para enseñarme su palma, como si quisiera que la agarrara—. No tengo mucho tiempo, quedé con Eriol después, así que será mejor que nos vayamos ya, ¿no crees?

— Claro —asentí, cogiendo a duras penas su mano. Noté que estaban templadas esta vez, pero tan suaves como siempre. Apretó con fuera mis dedos y guardó ambas manos en su bolsillo de nuevo. Ni siquiera me molesté en soltarle. Era agradable—. ¿No estás… enfadado conmigo?

— Eso ya no importa —se encogió de hombros, tan tranquilo—. Lo único que quiero es que sonrías. Si él es tu felicidad yo no puedo hacer nada.

— ¿… Él?

— Tatsumi, ¿no?

»He visto cómo te mira, Sakura.

Oh. Ese era el brillo que había visto en sus ojos de lejos. Tristeza.

Genial. Ahora él pensaba que le había rechazado por que en realidad estaba enamorada de Tatsumi, como si su beso hubiese sido un gesto muy fuera de lugar. Eso era peor que enfadarse conmigo por haberle hecho caer al suelo con tanta fuerza, imagino. No sabía cómo iba a decirle que habría sido en mejor primer beso de la historia de no ser por…eso.

Pero no podía contarle algo así. No aún. Sin saber cómo reaccionaría él ante algo así, o cómo me miraría después. En el fondo lo sabía. Pero era esa estúpida inseguridad la que me mordía la lengua por mí. Querría haberme lanzado a su cuello y demostrarle lo mucho que me habían gustado sus labios suaves y lentos.

Pero claro. Ese estúpido miedo.

— Él me confesó hoy que llevaba enamorado de Akame desde el día en que se conocieron cuando los presentaste—expliqué, deseando con todas mis fuerzas que me creyera. Él paró en seco, sin mirarme—. Me miraba así porque accedí a hacerle un favor. Es un chico al que le cuesta mucho pedir ayuda cuando lo necesita.

— ¿Y ese favor es…?

— Quería que bailara con él. Dijo algo así como que dos torpes hacían el ridículo mejor que uno —sonreí. Aunque al principio no le había parecido muy convincente, pronto puso los ojos en blanco, y siguió caminando, igual de serio—. Mañana Akame cumple 22 años y él quería organizar una fiesta temática para ella.

— ¿Temática? —asentí, aunque él no me vio— ¿Vais a vestiros todos de rockeros y chicas pop art de los años cincuenta y bailar Jailhouse Rock debajo de un enorme foco de luz? —¿Tan predecible era? No se notaba nada que Akame adorara esa época en especial—. Tatsumi debe estar muy enamorado para hacer algo así. Sobre todo si es tan torpe como tú.

— Pues a mí me parece muy romántico, y pienso ayudarle —él me miró de reojo, solo un segundo. El suficiente como para saber que eso le había dolido un poco—. Aunque sea tan torpe. Nunca ante me había pedido ayuda para algo y no quiero fallarle.

Soltó una pequeña sonrisa, y no dijo nada hasta llegar a la puerta del restaurante italiano donde había querido entrar esta vez. Se dedicó a observarme lo que para mí fueron horas, tranquilo, antes de empujar la puerta.

— Siempre tan… tú.

Y buscó con la mirada un sitio libre en el que sentarnos. Yo y mis ganas de dar lo mejor de mí por las personas realmente importantes para mí. Debía referirse a eso. No sabía si ahora él seguía pensando que Tatsumi y yo estábamos enamorados, pero no quise preguntárselo. Me parecía una forma muy tonta de estropear el momento, después de haber encontrado un ambiente tan romántico tras la puerta de cristales coloreados de azul cielo.

Esperó a que me sentara, y luego él tiró de la silla que había justo en frente y se dejó caer en ella despreocupadamente. Había dos cartas en la mesa, así que no nos miramos por un rato. Había sido una respuesta tan rara que no sabía qué decir a eso. Simplemente seguía viéndome como la misma yo de siempre. Aunque la yo de siempre nunca lo hubiese hecho sufrir de aquella forma. Él debía saber el verdadero porqué, aunque no supiese exactamente cómo empezar una conversación como esa. No era tan fácil como lo hacían ver todos.

—Si sigues mirándome de esa forma me vas a desgastar la cara, Sakura—dijo al mucho rato, alzando sus ojos por encima de la carta un segundo; los colores se subieron a mis mejillas de repente, y él esbozó una bonita sonrisa.

¿Cómo iba a arriesgarme a perder alguien tan maravilloso como él? No podía hablarle del tema todavía

— ¿En qué piensas?

— En lo que dijiste antes. No pensé que Tatsumi me mirase de alguna forma en especial —de hecho, no es que hubiese mirado sus ojos con tanto detalle como los del castaño que tenía frente a mí, así que nunca podría estar segura de algo así—. Supongo que aún tengo que seguir practicando lo de leer pupilas, si quiero ser una buena psicóloga clínica.

— En realidad… no es para tanto —intentó excusarse, acariciando el pelo de su nuca. Se había puesto nervioso de repente—.Supongo que para mí todos te miran de alguna forma a la que no termino de acostumbrarme.

Y luego se encogió de hombros, como si hubiese dicho lo más evidente del mundo. ¿Por qué tanta sinceridad de repente? ¿Dónde estaba el chico de mejillas rojas y medio tartamudo que podía quedarse horas mirando cómo leía mis apuntes a la hora de comer?

— ¿Te gustaría… ir conmigo?

— ¿Eh?

¿Quién dijo miedo, verdad?

Total, que me dijese que no, no iba a sorprenderme del todo.

— Como mi pareja, quiero decir. Sin ti no tendría mucho sentido ir.

Él parpadeó, un par de veces, intentando asimilar la información. Aquella tarde ninguno de los dos pensaba ser tímido con el otro, era una especie de pacto no declarado.

— N-no creo que sea… buena idea —murmuró, empezando a ponerse rojo de repente. Ahí estaba mi Syaoran—. Al fin y al cabo es Tatsumi quien te lo ha pedido, sería un poco raro que fuésemos los tres juntos.

— ¿Por qué?

¿Me estaba… rechazando?

— Además, tengo trabajo pendiente de la universidad, y tu padre empieza a sospechar de mi dedicación a la arqueología. ¿No te molesta, verdad?

—N-no, claro que no—tartamudeé, intentando que no se notase mi decepción. Al fin y al cabo, puede que no tuviese el no tan asimilado como yo pensaba—. Ánimo entonces con tu… trabajo pendiente.

Él asintió, con una sonrisa y los ojos entrecerrados.

— Gracias.

Y volvió a mirar su carta, en absoluto silencio.

Nadie volvió a abrir la boca el resto de la noche.


N/A: :O Syaoran le dijo que nooo XD. Ni siquiera yo me lo esperaba, fue lo que me marcaba el ritmo del diálogo xD ¿Qué habrá cambiado? :)