CAPÍTULO 13
Me gustaría aclarar una cosa antes de que quieras leer esto ^^. No quise dar la sensación de que todo el que agrede sexualmente necesariamente lo hace con un motivo. Simplemente tuve la suerte o la desgracia (no sé cómo llamarlo) de conocer a un Seiya y me pareció una forma de actuar tan fascinante y retorcida que necesitaba escribirlo. Aunque claro, él no busca el "odio" de Dios violando por ahí a todo lo que se mueve xD (Por suerte para mí)
(Seiya)
Qué irónica es la vida, ¿no crees? Solo empiezas a valorar algo cuando sabes que realmente lo has perdido. Y no por haberle mentido de alguna forma y me viera como un enfermo mental (Que también). Era una sensación extraña. Después de decirle con toda la frialdad del mundo que aquella chica había sido brutalmente acorralada en un baño de bar nocturno y que me había dado completamente igual ("Completamente igual" entre comillas), ella no se había puesto a gritarme como esperaba que hiciera. Dejó de tocarme, con la misma o incluso más frialdad que yo, y me pidió con un hilillo de voz que pidiera algo para cenar hoy, porque ella ni siquiera tenía hambre. Y aquello me desconcertó. Necesitaba que me gritara. Que me dijera lo cruel y retorcido que era, y lo que se había arrepentido de haberse enamorado de algo como yo. Como si me hiciera falta escuchar de alguien más que todo estaba saliendo como esperaba que saliera.
Desde luego, si ese peso era lo que la gente llamaba conciencia,querría extirparme la mía cuanto antes.
— Tsukishiro dijo que ya no había nada que hacer —murmuró, en mitad de la noche, cuando creía que dormía. Al parecer solo estaba llorando en silencio—. Me contó todo lo que pudo contar y me explicó que tú no eras mala persona, que simplemente habías estado en el lugar y momento equivocados. Yo nunca he sentido lástima por ti, a diferencia de lo que tú pienses.
— No lo pensaba —admití, aunque no me lo creía. La había estado escuchando de espaldas a ella, con un brazo bajo la almohada, y cegado por la luz de la ventana. Cada vez me convencía menos la idea de ser un mal hijo de Dios—. Pero me alegra que lo aclares. Así podré irme tranquilo mañana.
— Por eso… dijiste que sí a lo del baile ese, ¿verdad? —La sentí girarse, detrás de mí, y un brazo se colgó como pudo de mi cintura; se notaba a la perfección la diferencia de tamaños, era muy agradable—. Te querías despedir… de mí.
— Espero que no me guardes rencor por eso.
— Oh, por supuesto que no —beso en la nuca—. ¿De qué serviría?
»Bastante te odias tú ya.
Bastante te odias tú ya repitió mi mente, mientras ella seguía dejando besos en el mismo lugar. Bastante. Como si no hiciera falta odiarse tanto. Y lo peor es que odiarse a uno mismo no servía para nada si a caer de cabeza en el infierno se refería. No creo que yo contase como mi propio prójimo para que desearme el mal a tan alto nivel fuese un delito. Aunque tampoco hacía falta. Le había hecho tanto daño a ella que ni siquiera se había molestado en replicar o echar nada en cara.
Y eso, por muy frágil que pudiera parecer, me partía el corazón en dos.
(Sakura)
La música era tan alta que parecía sonar solo en mi cabeza. Incluso era capaz de saber lo que iba a cantar Elvis segundos antes de que lo hiciera, como si de verdad me supiera la letra. Todo en blanco y negro. Rápidos, como rayos en lugar de personas danzantes. Sabía que era solo un sueño, así que no me preocupé. Aunque todo se paró cuando él se hizo paso entre la multitud. Sombrío, arrogante, y con una sonrisa que se hizo de lo más picarona cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Y luego peinó su flequillo con los dedos, antes de tirar de las solapas de su chaqueta de cuero y crujir todos los huesos de sus dedos a la vez.
Lo vi saltar por encima de Tatsumi apoyando una sola mano en su hombro derecho y caer en perfecto equilibrio en el centro de la pista. Y después tiró de Akame, sosteniéndola casi de sus uñas, con delicadeza, y dándole varias vueltas bajo su brazo. Syaoran parecía ahora otra persona. Alzando a aquella chica como si fuese de papel, tan tranquilo, haciéndola brillar bajo los focos que los iluminaban. Eran la pareja perfecta. Y yo estaba sola ahora. Rodeada de nada en realidad, pero una nada que me asfixiaba. Como si quisiera matarme, de alguna forma.
—Sakura…
Una ráfaga de luz golpeó mis párpados, haciendo desaparecer todas aquellas imágenes de repente. Aunque la sensación permaneció unos segundos más. Estaba cubierta de sábanas muy arrugadas, con una pierna fuera, y algunos mechones cortos sobre mis ojos, molestándome.
Tomoyo tenía la irritante costumbre de despertarme cuando ni siquiera tenía clases tan temprano, pero esta vez se lo agradecí. No podía evitar entristecerme pensando que ese sueño no podría cumplirse, y no solo porque Tatsumi impediría que se la quitaran de los brazos después de una oportunidad de oro para tenerla cerca, sino porque Syaoran me había dicho que no. Tan sereno, como si no importara demasiado. El resto de la tarde simplemente fue irrelevante para mí. Solo llegué, le expliqué a Tomoyo que mañana necesitaría ayuda con un rizador de pelo, y cerré la puerta de mi habitación conmigo dentro. Y luego, nada. Simplemente quería desaparecer, aunque solo fuesen un par de horas.
En el fondo sabía que de alguna forma macabra yo me lo merecía, y que debía esperármelo de él. Yo ya nunca sería para él. No tenía nada nuevo que ofrecerle.
— Espero que no te enfades conmigo, pero…
— Te has pasado la noche cosiendo, ¿verdad? —adiviné, dejando caer mi muñeca contra el puente de mi nariz, solo un segundo. Estaba claro que ella seguía siendo la misma Tomoyo de siempre—. Sabía que lo harías, y de algún modo me prometí evitarlo mientras volvía a casa, pero… ayer todo daba igual.
— Syaoran llegó un rato después de que te encerraras en tu habitación—confesó, sacando de un enorme bolso con purpurina un montón de rulos con pinzas incluidas— Y no me dijo nada de ninguna fiesta. ¿No estaba invitado?
La verdad, no me importaba si lo estaba o no. Cuanto menos quería saber de él, más cerca estaba. Seguramente, con la mala suerte que tenía, ahora estaría desayunando junto a Eriol tan tranquilo en la cocina y yo tendría que mirarle a los ojos y fingir que no me había dolido. Estaba actuando como una niña pequeña, y era consciente de eso, pero no sabía llevarlo de otra forma. Él había sido mi primer amor, al fin y al cabo.
— Tatsumi quería hacer algo especial por la chica esa que estudia con Syaoran, Akame, y me pidió ayuda con eso. Se pondría mucho menos nervioso si tenía pareja de baile que si simplemente salía en mitad de la pista y trataba de moverse.
— Sí, Tatsumi a veces es algo torpe —se rió—. Como quien yo me sé…
— Syaoran me dijo lo mismo… ¡No soy tan torpe! —Me quejé, frunciendo el ceño. En realidad puede que sí, pero yo no iba a admitirlo—. Solo quería ayudarle. Debe ser difícil tener que arriesgarte a que te digan que no.
Era completamente horrible, que me lo dijeran a mí. Obviamente no era lo mismo pedir solo una cita a tu amigo de toda la vida que declararse a la persona de la que de verdad estás enamorado. No quería ver a un Tatsumi destrozado y al borde del coma etílico solo porque Akame no supiera ver lo especial que él era. En parte, había querido ir también para estar allí si algo así pasaba. Sabía lo importante que era tener a alguien que te transmitiese un poco de paz cuando peor lo estabas pasando. Aunque bueno, eso a Tatsumi no iba a pasarle, porque era simplemente el chico con el que cualquier chica (con un poco de sentido común) saldría.
Todas menos yo, claro, que prefería los increíbles ojos café del loco de Syaoran.
Tomoyo se dio cuenta rápido de por dónde iba la historia. Si él también me había dicho que era algo torpe es que irremediablemente yo le había contado sobre la fiesta, y él sabía de ella cuando llegó. Si no había soltado palabra alguna del tema era porque era escamoso para él. Claro que los temas escamosos eran la especialidad de Tomoyo, así que no tardó en preguntar:
— Lo invitaste, ¿verdad? —Asintió y, tan tranquila, sacó de su bolso, antes de cerrar la cremallera, una tira de lazo rojo con lunares blanco, que al depositar sobre la mesa noté que se mantenía de pie, como si llevase alambre dentro—. Y él como terco que es, te dijo que no.
— ¿Terco? No creo que fuese eso —él no podía resistirse a que le sonriera y pestañeara con rapidez, y aquella vez no había funcionado. No podía ser solo terquedad—. Dijo que tenía trabajo pendiente de la universidad, y que mi padre iba a matarle si no empezaba ya.
— Eriol no me ha dicho nada de eso —dijo, con una sonrisa cómplice pegada a la cara—. Y sin embargo sí que me contó la rabieta tan tonta que tuvieron tu hermano y él en el hospital.
¿En el hospital? Iba a abrir la boca para responder, pero pronto recordé por qué. Había llegado a pensar que se había negado a ir porque aún se encontraba algo inquieto después de aquella visita tan inesperada, y necesitaba descansar un poco. Aún tenía la esperanza de que no me hubiera rechazado solo por ser yo quien le había propuesto una cita.
— No me extraña que pelearan…. Siempre lo hacen.
— A Eriol no le sorprendió el hecho de que pelearan, sino el por qué.
— ¿El por qué?—ahora sí que estaba realmente perdida—, ¿Pelearon frente a él, sin más?
— Eriol los llevó al hospital, así que estaba con ellos esperando sus resultados—se encogió de hombros—. Y al parecer tu hermano sigue siendo un celoso.
Puse los ojos en blanco.
Eso era lo único de lo que aún podía estar segura.
— Se llevan como el perro y el gato, Tomoyo. No sé de qué te sorprendes.
— Tu hermano estaba realmente molesto con él por no haber ido en persona a contarle cuales eran sus intenciones contigo, y al parecer había perdido su confianza en él antes de dársela —explicó, sacando, también, un par de cepillos. Tal vez aquel bolso no tenía fondo en realidad, a juzgar por lo que había salido de él—. Y Syaoran trató de arreglarlo, pero…
— ¿Arreglarlo? — ¿Es que Syaoran no había peleado lo suficiente con Touya como para conocerle? Su inocencia me hacía reír—. Touya es incluso más terco que él.
— Ya. Le dijo que ya no quería escucharle, porque obviamente no confiaba en él, así que Syaoran le prometió que ya no se acercaría más a ti, para que estuviera más tranquilo.
Espera, espera, espera. ¿Nunca más? ¿Y solo porque Touya se había enfadado?
Tanta información me golpeó las sienes con fuerza. Creí que Syaoran no hacía caso a nadie a su alrededor cuando había algo que quería conseguir. Y sí, puede que hubiese sido demasiado tonta pensando que él realmente podía sentir algo por mí y podía ser capaz de ignorar a mi hermano por muy celoso que se pusiera. Pero había depositado una confianza en Syaoran que tal vez él no hubiese sabido cuidar. Y me sentía algo estúpida pensando en ello.
— Hasta que él quisiera escucharle, claro — aclaró, algo alterada, y mi corazón se relajó un poco—. A él le destroza estar lejos de ti, Sakura, o no saber ayudarte —sonrió, tirando de la silla frente al tocador—. Él está realmente enamorado de ti.
(Touya)
— ¿Una… fiesta temática?
Yukito miró a ambos lados antes de separar sus palillos y asentir furtivamente. A veces, cuando solo tenía que dedicarme a redactar informes, solía quedar con él para comer y hablar de algo que a ninguno de los dos le interesara demasiado. Sentía que había un abismo entre nosotros separándonos, pero no era algo que yo hubiera decidido. Además, y aunque no me gustara admitirlo, sabía que necesitaba estar cerca de él después de haberme confesado que tenía la solución a todos mis problemas. Y no es que Sakura fuese un problema como tal, pero dormiría algo más tranquilo sabiendo que solo tenía que preocuparme de mantener a aquel buitre de niño lejos de ella.
Comía como si llevara sin hacerlo un mes. Lo hacía cuando algo lo ponía realmente al borde de su paciencia, así que supuse que la fiesta no le hacía mucha gracia. Aunque tratándose de ese Tatsumi no veía cual era el problema; parecía bastante respetuoso con los demás.
— Sí, una fiesta temática. Estaba inspirada en el Rock así que mi Hard Rock Café era perfecto —y, contra todo pronóstico, pinchó los palillos justo en el centro del arroz, histérico. Noté como algunas miradas se clavaban en mi coronilla con horror—. Si se le ocurre siquiera oler mi traje de Elvis…
— No creo que Tatsumi hiciera eso…
— Yo tampoco, pero tratándose de Seiya cualquier cosa… es posible. Se pone un poco violento cuando bebe demasiado —notó que mi cara había cambiado de la indiferencia a la rabia de repente, y alzó las cejas—. ¿No lo sabías?
— ¿Saber… el qué? — ¿Qué es un maldito violador? ¡No…! ¿En serio?
— Que la novia del chico y la de Seiya… son hermanas —alzó sus palillos, de nuevo, como si tal cosa, y los abrió y cerró unas cuantas veces antes de pillar de nuevo algunos granos de arroz—. Bueno, no es que sepa mucho de eso tampoco, pero pensé que debías saberlo.
— ¿Tú crees… que Sakura sepa eso?
— Posiblemente no —admitió—. Y es por eso que yo te lo cuento a ti.
Sonrió, cómplice, y después siguió comiendo como si tal cosa. Estaba claro que aquel chico la había invitado a aquella especie de fiesta y que no se había negado a ir (estábamos hablando de Sakura "si-sonríes-yo-soy-feliz-también"), y que iba a tocarme a mí ir de incógnito. No tenía sentido que Yukito me contase algo así sin esperar nada a cambio. Él siempre hacía todo por alguna razón.
— Quieres que te cuide ese bar de él, ¿verdad? — puse los ojos en blanco, viendo como asentía—. Esto se llama chantaje emocional, Yuki.
— Puede ser, pero… ¿acaso preferías que ellos estuviesen en el mismo espacio toda una noche, con alcohol de por medio?
¿Otra vez?
— ¿Debería agradecértelo encima?
— No. No es necesario —se encogió de hombros—. Solo que vayas.
