CAPÍTULO 15

(Sakura)

No entiendo demasiado a mi hermano. Cuando pensaba que era él quien iba a poner el grito en el cielo por llevar un vestido de los cincuenta a la fiesta, tiró de mi chaqueta, dijo que aún tenía la etiqueta puesta (una chaqueta que Tomoyo ya ha usado mil veces) y que me adelantara, que Tatsumi debía estar esperándome en el portal. Y así fue. Se quedó tan de piedra como yo al ver cómo el vestido había cambiado de forma conmigo dentro.

(Un vestido que, si bien me pareció precioso puesto en la soledad del vestidor de Tomoyo, una vez entró ella, me sentí como en un escaparate de un restaurante de Ramen)

Aunque después de todo, su gesto sirvió para algo. Y seguramente él lo supiera, o lo hiciera a conciencia, en un estúpido intento por hacer que me sintiera guapa delante de alguien, o quizás algo mucho más sutil que yo no alcanzaba a entender. Pero saliendo del recibidor, me imaginé a un Tatsumi, con lo payaso que era a veces, riéndose de mi inexistente pecho y diciendo que estaba preciosa solo por cumplir como amigo. Pero nada más lejos de la realidad.

Touya se quedó en la puerta, sonriente. Al chico le habían brillado los ojos de una forma muy rara, y lo único que miraba eran los míos. Debía ser el maquillaje tan llamativo que usaban las mujeres en los años cincuenta. Tomoyo me había pintado una enorme raya del ojo negra y unos labios del color más rojo que había podido encontrar. Y bueno, con mi hermano a metros de mí, a Tatsumi solo se le ocurrió ser natural y agarrar mi mano con mucho cuidado para, ahora sí, mirar el resto del vestido.

— ¡Oh! Me voy a arrepentir de pedirle a Akame que salga conmigo si vistes así más a menudo— dijo, y yo me encendí como un árbol de navidad bajo mis coloretes de maquillaje. Sabía que no lo había dicho en serio, pero una sensación de agobio se agarró a mi estómago en ese momento— Deja que te vea mejor, anda.

Y creí ver a Syaoran a lo lejos en la única ventana con luz del edificio frente a nosotros mientras mi vestido se movía al viento con la vuelta que me había dado. Aunque ya no tenía ganas de moverme más de lo necesario y fijarme mejor. Touya había llegado para meterse entre nosotros y pasarme el brazo por encima del hombro. Como intentando salvarme de no sé qué.

— ¿Nos vamos ya, o qué?— preguntó, divertido, y luego miró atrás un segundo— No sé cómo te las arreglas para que siempre haya un mocoso revoloteando a tu alrededor, Sakura —chilló.

Y su voz rebotó por toda la calle, completamente desierta, mientras empezábamos a caminar. Me había sentido muy triste de repente, y ni siquiera sabía por qué. Me sentía en un cuerpo que no era mío, observada aunque no hubiera nadie, como una hamburguesa de algún restaurante de comida rápida a la hora de comer. Seguía sin entender a Touya. Tal vez habría menos mocosos a mi alrededor si a él se le hubiera ocurrido darme la dichosa chaqueta antes de salir. Ahora todo era demasiado raro como para que soltara una palabra.

— Me he encargado personalmente de que haya demasiado espacio, y poca gente alrededor — sonrió Tatsumi, unos minutos después, saliendo descaradamente del agarre de Touya para ponerse a mi derecha—. Te he visto algo asustada últimamente, y no quería hacértelo todavía más difícil.

—…. Gracias.

— Aunque ayudaría que me contarás cómo…

— ¿Y si me das mi chaqueta ya, Touya? Tengo frió —mentí, nerviosa. En realidad tenía demasiado calor de repente. Aunque me alivió sentir que todo era cerrado de cintura para arriba—. Espero que no te moleste si bailo así.

— Para nada —murmuró él, con un hilito de voz—. Yo tampoco voy a quitarme mi chaqueta para bailar…

Y luego, silencio. Como si aquella nube de tristeza no me hubiese hundido solo a mí. Quizás fuese la idea de pisar de nuevo ese bar, con el mismo tipo de vestido que había llevado en aquella ocasión, y bajar a la misma planta en la que estaba justo ese día. Pude notar la tensión en el brazo de mi hermano, aunque no dije nada. Era algo curioso cómo cuanto más ropa había sobre mí, más segura me sentía cuando me tocaban. Quizás él lo sabía.

Quién sabe.

— Yukito me pidió expresamente que cuidara de su bar, no se fía de ti —se rió él, por encima de mi cabeza, y otra risita algo más forzada se quedó en el fondo de la garganta de Tatsumi. Yo simplemente me estaba dedicando a mirar mis zapatos moverse sobre la calle. Tenían más tacón del que yo solía usar—. Aunque ya le dije que no tenía de qué preocuparse, tampoco es como si tus invitados fuesen animales, ¿no?

— Algunos más que otros —admitió, tan tranquilo—. Aunque no hay de qué preocuparse, siempre y cuando el vigilante de seguridad haga su trabajo…

— Anda, ¿Tenemos vigilante de seguridad?

— ¿Por quién me tomas, Kinomoto? —Alcé la vista entonces, sorprendida. Ambos se estaban hablando con total naturalidad, como si se conocieran de toda la vida. Incluso Touya estaba sonriendo—. Cuando dije que cuidaría de Sakura iba muy en serio… ¡Me ofendes!

— ¿Desde cuándo os lleváis tan bien vosotros dos?

Ambos volvieron a sonreír cruzando miradas, pero no dijeron nada. Touya, por su parte, se llevó las manos a la nuca y se adelantó un poco, girándose un segundo para observarnos, y después seguir andando. Y aunque tuve la sensación de que no se fijaba realmente en nosotros, sino en el fondo de la calle, no quise preguntar nada. Tatsumi también parecía bastante distraído pensando en sus cosas, y seguramente ninguno de los dos iba a escucharme. Como si hubiesen trazado alguna especie de plan de la que yo saldría muy mal parada.

Y eso de que fuésemos por una calle estrecha y oscura no ayudaba demasiado tampoco.

— ¿Me he perdido algo? —le pregunté, y él negó con la cabeza, guardando sus manos en los bolsillos de su chaqueta—. Touya no suele ser tan sociable con alguien al que llama "mocoso".

— Él nunca me había llamado mocoso antes —explicó él, encogiéndose de hombros. ¿Entonces por qué ahora… sí?—. Y tampoco creo que sea de los que chillan en mitad de la calle porque sí, sin motivo alguno.

— ¿Eh?

¿No vivía Syaoran al otro lado de la calle?

— ¿Q-qué… ?

Tatsumi se adelantó, sacando una de sus manos de su escondite para hacerme un saludo militar en señal de "no hay de qué, ya he descubierto yo el misterio por ti" y siguió caminando a unos tres pasos de mí.

— Syaoran… ¿Cómo no? —Murmuré, parando un momento y mirando a mi alrededor.

Una de las luces de la calle parpadeó a lo lejos, y se escuchó un golpe seco lleno de hojas secas pisadas y ramas rotas, que hizo que ambos se pararan también y miraran en mi dirección. Pero detrás de nosotros, no había nadie.

— ¿Todo bien, Sakura? — habló mi hermano entonces, alzando un poco la voz.

¿Habría nombrado a Syaoran solo para no dejarme olvidarle ni siquiera hoy?

— N-no… Nada. Solo… me pareció sentir que alguien nos seguía.


(Syaoran)

Oh. Debería ser ilegal jugar así con las emociones de un hombre (O de cualquier persona en general). Aún me costaba trabajo llamarme a mí mismo hombre. Sonaba lo suficientemente importante como para que dejaran de llamarte "mocoso", y ese, no era mi caso. Alcé la mirada, y mi visión se hizo borrosa un segundo, torcida ya de por si por la forma en la que había caído. Por suerte, aquella casa debía ser la única abandonada de toda la calle, porque ni siquiera se molestaron en saber quién se había cargado sus bonsáis de un salto.

Ahora entendía por qué su vestido tenía escote por primera vez, y por qué había salido así a la calle con el frío que estaba haciendo. Seguramente esto no era más que un complot para que me animara a romper mi propia promesa y corriera detrás de Sakura con el pelo engominado y algunas cadenas de un lado a otro de los pantalones. Y bueno. Tengo que decir, con la mirada perdida en el césped más o menos largo de aquel jardín, y con las solapas de la chaqueta encima de la oreja, que lo habían conseguido.

Aunque no pasaba nada si nadie me veía, ¿Verdad?

O eso pensaba yo. Lo cierto es que Syaoran Li con el pelo ordenado era una novedad. Incluso para alguien que ni siquiera me conocía. Recordaba ver a Kagome en la facultad, esperando a su hermana para ir a comer juntas. Pero en aquellas pocas veces, ella había estado sonriendo y dando pequeños saltitos como una niña pequeña esperando su aguinaldo de año nuevo. Ahora estaba sentada en el borde de la puerta con una cuchilla de plástico en las manos, rozando esta con sus yemas, comprobando que estuviese perfectamente afilada. Ya la música podía oírse en el interior empezando a sonar.

— H-hola… — sonreí, y ella se sobresaltó; estaba mucho más pálida de lo que la recordaba, aunque quise pensar que era efecto de los focos de la calle—. Eres Kagome, ¿Verdad?

Sus pupilas se dilataron, y se agitaron nerviosamente, a punto de llorar. La vi levantarse con energía y agarrarme de las solapas de la chaqueta, y, de un segundo a otro, pegarme contra la puerta (ahora cerrada) del bar. Una cristalina (y enorme) lágrima corrió por su mejilla empezando a escrutarme con cuidado. Como si hubiese perdido algún ojo o algo así y ella tratara de buscarlo.

— Tú eres Syaoran, ¿Verdad? —oí que decía, muy bajito, cerrando más los puños con el cuero entre ellas—. El novio de esa chica… Sakura, Sakura es su nombre…

¿Novio?

— Y-yo no sé si… se me podría considerar su… novio.

— Da lo mismo. Seiya cree que lo eres —Seiya… repitió mi mente, y estoy seguro de que empecé a ponerme rojo por la rabia, porque ella tembló más aún—. Él no es… malo, Syaoran.

— Permíteme… que lo dude — ¿En qué trabajaba esta mujer? ¡Me estaba levantando del suelo!—. Perdona mi atrevimiento —creí que podría permitirme uno, dado que tú me estás levantando del suelo así por las buenas— pero… ¿de qué conoces tú a ese hombre?

— ¿Importa mucho la respuesta? —Dudó.

— Uhm… ¿No?

— Bien —me dejó en el suelo—. Creo que tengo que irme, ya no hago… nada aquí.

Y miró a ambos lados de la calle, antes de empujar con fuerza la puerta y perderse en la oscuridad del local. Me gustaría haberla seguido, pero alguien me agarró el hombro con delicadeza y lo pellizcó un poco con unos dedos largos y finos. Sentí algo parecido a lo que debe sentir cualquiera que se encuentra con La Parca a su lado, murmurando "ya está, ya se acabó todo". Aunque para mi suerte, era solo Yukito negando con la cabeza y pidiéndome que la dejara ir tranquila, que solo era una víctima más en toda aquella locura. Debía haberse enterado de todo lo referente a Sakura y Seiya mucho antes que yo, por cómo me miraba. Odiaba que me tuvieran esa clase de lástima, como si fuese el típico idiota que siempre se enteraba el último de todo. Lo que yo pudiera estar sintiendo o no daba igual, siempre que no ella sufriera.

— No hace falta que la persigas, ella no te va a decir nada —explicó, tan tranquilo, con un mondadientes entre sus dedos, girando—. Ni siquiera a mí ha querido decirme qué pretendía hacer, y soy el único al que le ha contado todo lo que siente respecto a… él.

— ¿A él?

— Me extraña que no lo sepas, siendo tan amigo de la cumpleañera —se rió, y me ofreció un sitio junto a él en el borde de la puerta después de tomar asiento. Yo acepté sin pensármelo demasiado—. Seiya salía con Kagome hasta hace unas horas. Hasta que se lo contó todo y ella quiso matarlo, claro. Reacción natural, por otro lado.

— ¿Y por qué Akame no me dijo que lo conocía? Ella me habló del "chico de la limpieza" como si fuese la primera vez en su vida que lo veía.

— Digamos… —alzó la vista, intentando buscar las palabras justas. Yukito transmitía sensaciones muy extrañas. Como de terror y tranquilidad a la vez—… que nadie quiere tener nada que ver con alguien potencialmente problemático.

— Entiendo —lo miré, de reojo—. Ya veo… que tú no tienes ese problema.

Aquello le hizo reír otra vez. Podía notarse en mi voz la rabia que sentía también hacia él, y podría decir incluso que él sabía que no lo soportaba. Quizás por eso se había acercado a mí, para hablarme de lo bien que se le daba lidiar con problemas como Seiya sin despeinarse. Aunque no estaba muy seguro. Me estaba hablando como al inocente de la historia, al que le divertía marear con mensajes en clave que solo entendía él. Mi cara de desesperación debía ser muy divertida para muchas personas.

— Yo no sabía nada de lo que Seiya era antes de que empezara a trabajar aquí. Touya piensa demasiado mal de mí respecto a eso.

— No solo Touya— gruñí. Él negó con la cabeza, con una pequeña sonrisilla.

— Y tampoco lo hubiera querido saber, lo conocía desde hacía muchos años. Pero un día… Lo vi guardar una caja de psicotrópicos en su mochila y tuve la curiosidad de preguntarle.

— ¿Psicotrópicos?

— Ya sabes, las drogas esas "legales" que te dejan tonto por unas horas. —Oh, ya. Por eso aparecí con una carta del tarot pegada a la cara y medio desnudo en mi propia casa, con Touya mirándome como si de verdad él me quisiera. Eso explicaba muchas cosas—. Me contó una historia algo escamosa como para repetirla ahora, pero que no justifica…

— Ya, ya. No quiero que vayas de moralista de la vida conmigo, tú lo sabías —lo interrumpí y fue la primera vez en toda mi vida que vi a Yukito sorprenderse—. Sabías que era un loco y que seguramente le había echado el ojo a Sakura. Todos aquí la miraban igual. Incluido tú.

— Oh, Syaoran, no me trates así —entrecerró los ojos—. Me cortaría las manos antes de tocarla de alguna forma… impropia.

Ya, claro.

— Me da igual lo que pensaras cortarte. El caso es que sabías que algo así podía pasar, si es que tanto sabías de su vida, y no moviste ni un solo dedo para ayudarla.

— Ni uno —volvió a sonreír—. No hubiese servido de nada.

Oh. Podía verlo en mi mente con mis manos alrededor de su cuello con violencia y tratando de retorcerlo para que se le cayera esa estúpida sonrisa que me estaba poniendo. Tenía las mejillas tan rojas que ya no pensaba lo que decía. Es más: podríamos decir que ni siquiera pensaba lo que pensaba. Su tranquilidad me estaba poniendo enfermo. Era como sentir que había dejado lo más preciado para mí en manos de la peor escoria de todo Japón. Y ni siquiera había podido sacarla de aquí.

— Estás… enfermo.

— Oh, no, Syaoran, solo soy realista — ¿Realista? ¿Cómo podía haber alguien que estuviese tan tranquilo después de saber lo que había pasado en los baños de su propio bar? Quién sabe si él no se hubiese unido también de tener… oportunidad—. Que dejara de trabajar aquí no iba a detenerle ni muchísimo menos. Al menos así podía tenerlo controlado toda la noche, ¿no crees?

— Oh, pues eres el mejor controlador que he visto en mi vida —ironicé—. Seguro que no oíste los gritos por la música tan alta, ¿Verdad?

Qué asco. Qué asco daba todo.

Ahora entendía tanto a Touya…

— En realidad no — ¿Qué? Oh, no podía estar sugiriendo que él había estado… —. Ella ni siquiera gritó—… escuchando—. No sé si has entrado alguna vez, pero el mostrador de la parte de abajo y el pasillo que da a los baños están muy cerca. Si hubiese chillado, medio bar hubiese entrado allí para ver qué era lo que pasaba. Y por si te lo estabas preguntando… no. Ni siquiera vi entrar a Seiya allí.


(Seiya)

Elvis. Qué bien sonaba su canción de fondo mientras Sakura brillaba bajo los focos de aquella pista de baile con aroma a melocotón y jazmín. Vi a su acompañante repeinar su flequillo con los dedos, acercándose a ella y tomándola por sorpresa cuando agarró su cintura y la hizo volar por los aires. Toda aquella maraña de tules y telas de lunares blancos que ella llevaba se agitó por encima de su cabeza. Debía sentirse acalorada después de eso, a juzgar por el color de sus mejillas. Pero él no la dejó escapar. Agarró sus dedos con cuidado y la hizo girar un par de veces con una sonrisa que yo describiría como "No estás nada mal para haberte tapado con esa chaqueta".

Kagome apareció entonces tras Touya, primero arrastrando ambas manos sobre su torso y después susurrando algo en su oído, haciéndolo saltar. Aunque también pudo haberse asustado por la pequeña mordida que le dio en la oreja, no sabría decir cuál me enfadaba más de las dos. Él, por su parte, no parecía demasiado escandalizado ante aquella "falta de espacio personal". Me buscó con la mirada, hizo como si fuese el novio perfecto, y tiró de sus manos para llevársela a la pista y unirse rápidamente a Tatsumi al lado de su hermana, que para ese entonces ya había perdido toda la vergüenza y se había bajado la cremallera de su chaqueta para que entrara el aire. Mientras, Akame aparecía entre la multitud quedándose de piedra con lo que estaba viendo a su alrededor. Ésta era la mía.

— Quieto ahí, Elvis —Dijo alguien tirando de mi chaqueta, con unas manos algo más pequeñas de lo que yo esperaba que pudieran detenerme. Era el mismo castaño que acompañaba a la pequeña Sakura la última vez que la vi. Syaoran—. Ella me espera a mí.

Estaba mucho más engominado que la última vez que lo vi, y desconocía que tuviera tanta fuerza dentro de ese pequeño cuerpo de espagueti, pero eso no me asustó. Lo observé quitarse a la gente de en medio a su paso y arrastrarse entre las piernas de Tatsumi, cuando éste se había parado, para llegar antes a su destino. Akame lo miró con cara de "¿Qué cojones está pasando aquí?", y solo él le dio un par de vueltas y la llevó al centro de la pista de un solo tirón. Comprobé saboreando un poco de mi Gin Tonic con Puerto de Indias que no haría falta ni siquiera salir ahí para complicar las cosas. Ellas ya se estaban enredando ellas solas.