N/A: Es un poco difícil escribir sobre algo que sientes en cierto modo como tuyo, no sé, así que espero que me perdonéis por la espera ^^ La finalidad de esta historia era principalmente la visibilidad de esta clase de historias ^^ Espero que te guste y que le des mucho amor a Sakurita :DD
CAPÍTULO 16
(Sakura)
Uno.
Dos, tres…
Tres… tres… tres…
— Sácame de aquí, por favor —Pedí, aprovechando el final de aquella última vuelta sobre mí misma para agarrarme al cuerpo de Tatsumi y hundir la nariz en su cuello—. Me… me cuesta un poco… respirar.
No me costaba respirar. O al menos no de la forma que él creía. Syaoran estaba muy guapo. Extremadamente guapo. Tan guapo que dolía. Tan guapo, que si tuviese que mirarle fijamente tres segundos, al segundo ya estaría desmayada. Y no era agradable ver que el sueño que había tenido esa misma noche se estaba haciendo realidad. Tatsumi tenía que saberlo, no era tonto. Syaoran nunca había bailado con nadie delante de nadie.
Si es que a eso se le puede llamar bailar, claro.
— Solo le ha dado un par de vueltas, no saques las cosas…
— No es por eso, lo juro—dije, atropelladamente, y él paró en seco. El DJ había puesto ahora una canción lenta que tenía guardada por ahí, por si todo salía mal. Empezó a balancearse para disimular un poco (cosa que no consiguió)—. Solo necesito salir de aquí.
Seiya estaba allí. Saboreando los restos de su Gin tonic rosa en sus labios y, hasta hace segundo, observando cómo saltaba como una duendecilla de los bosques. Me había sentido desfallecer de repente. Una porquería, inservible. De repente, sentía que nunca sería suficiente la ropa que pusiera sobre mí para taparme. Era como si todos me miraran, y trataran de descubrir qué había debajo de cada pliegue de aquel vestido de lunares blancos. Como si todo lo que mi profesor me había dicho no hubiese servido para nada. Tenía tanto frío…
— Está bien, está bien —murmuró, para mi sorpresa, y buscó entre nosotros la cremallera de mi chaqueta. Mis dedos estaban temblando, y él lo había visto; todo en mí temblaba, en realidad—. Detrás de ti.
— Delante —me negué, y él me observó unos segundos antes de encogerse de hombros—. Por… por favor.
— Syaoran va a matarme por esto, pero… —se giró, agarrando mis manos con fuerza y enredándolas alrededor de su estómago. Difícilmente podría encontrarme en una situación tan incómoda.
O... espera, en realidad sí.
Aquel beso con Syaoran.
— Akame también va a matarme a mí —dije cuando ya estábamos subiendo las escaleras.
Me sentía rara tratando de pegarme a él todo lo posible y subir las escaleras al mismo tiempo. Ni las escaleras eran tan anchas ni yo tenía tanto equilibrio justo en ese momento como para hacerlo. El resultado fue de esperarse; mi cara resbalando contra el cuero de su chaqueta, él tratando de ir más despacio, y el ruido de la música sin dejar de abandonarnos del todo. Por suerte, no tardamos demasiado en llegar a la puerta. Yukito era el único que podía distinguirse entre la oscuridad, con un cigarrillo entre los dedos, sentado contra las vallas metálicas que acordonaban la entrada. Al vernos, puso los ojos en blanco y desapareció de allí pisando su cigarrillo antes, como si tratase de dejar su huella. Escuchamos un tímido "sabía que algo así pasaría" cuando ya apenas se le veía. Quería salir corriendo de allí.
— Ahora sí, Sakura—se dio la vuelta—. Necesito que me lo cuentes.
— ¿Contarte… qué?
— ¿Crees que no te he notado rara todo este tiempo? ¿Intentas decirme que me ves como si fuese estúpido o algo así? —pregunta. Muy rápido, y no sé si de verdad está enfadado o es solo que todo lo ha tomado por sorpresa. Yo no puedo dejar de temblar y él se ha dado cuenta, porque trata de parar mis manos escondiéndolas entre las suyas. Él también parece un niño pequeño y asustado justo ahora—. Si confiases un poco en mí…
— ¡Lo hago, de verdad! — ¿Por qué todos decían lo mismo? ¿Tan difícil era entender que solo no quería tener que contar una y otra vez el asco que daba todo a mi alrededor?—, Lo hago…
Él me miró un largo rato a los ojos y después dudó antes de abrir sus brazos en mi dirección. Iba a negarme, pero para cuando quise darme cuenta, ya me estaba quedando sin aire otra vez, con sus dedos intentando abarca toda mi espalda. El frío se había apoderado de mí. Ver a aquel hombre a metros de distancia con su copa de alcohol tan libre de culpas me había congelado la sangre. Y no es que no me doliera el contacto de Tatsumi, o cualquier otro, pero no sabía qué podía hacer para dejar de temblar. Quería salir de mi piel y ser otra persona. Dejar de asustarme por él, no lo sé. Ser normal.
Ser solo la típica amiga que ayuda a conquistar a la chica de sus sueños a su mejor amigo.
— Sabes que puedes… —empezó a decir, pero no lo dejé ni acabar.
— Lo sé.
No quería que hablara, no hacía falta. Le había arruinado la noche y no quería tener que mirarle a la cara y enfrentarme a sus ojos tristes. Tenía la sensación de que si dejaba de inhalar y exhalar por mi cuenta, me olvidaría de respirar y mis pulmones se arrugarían. Y lo peor es que ni siquiera sabía por qué. Mi profesor había dicho que los demás nos hacían el daño que nosotros les permitiéramos y, aunque sabía que tenía razón, no podía hacer nada por evitarlo. Seguí temblando unos segundos más en aquel cuello hasta que una voz fría y algo grave nos sorprendió.
— Pidieron un cambio de parejas, "mocoso". Tal vez deberías entrar a por la tuya—. Tatsumi se separó de mí, observándome con recelo. Aquella voz no era otra que la de Syaoran—. Y tranquilo; se muere por ti.
— Pero…
— No era una sugerencia como tal, solo lo decía por cortesía —se quejó, tirando ahora de su hombro. Sus ojos eran completamente negros—. Vas a ir.
— C-claro.
(Syaoran)
Tatsumi no parecía mala persona. De hecho, siempre que había coincidido con él, me había parecido bastante simpático, y afín a mi en algunos aspectos. Pero hoy me apetecía odiarle un poquito. O echarle la culpa de mi rabia, o tal vez envidiarle solamente. Y no sabía si Sakura quería hacer exactamente lo mismo conmigo, por cómo me miraba.
No querría haber sonado tan enfadado como lo hice, pero verle me había hecho recordar la estratagema tan absurda que él y Touya había montado para arrastrarme a hacer algo tan vergonzoso como bailar delante de alguien. Yo no sabía bailar como él lo hacía. Ni siquiera sé cómo llegué aquí exactamente. Pero ahora todo eso daba igual. Ella estaba buscando algún tipo de reacción en mí. Algo que le dijera, tal vez "acércate, no muerdo" o simplemente "todo va a estar bien". No quería que pensara que yo ahora la veía diferente. No era así. Nunca sería así. Dejaría de ser Syaoran Li si eso pasase.
— ¿Por qué has salido corriendo? —se me ocurrió preguntar, y ella bajó la mirada y entrelazó sus dedos con nerviosismo—. Parecías feliz bailando con... él.
— En realidad no me gusta bailar.
— Ya —le sonreí, y ella pestañeó en mi dirección. Inocente, pequeña, no sé. Como Sakura solía hacerlo—. Tampoco tienes que contármelo si no quieres.
"Aunque me encantaría que lo hicieras" quise añadir, pero no pude. En realidad no sabía si me gustaría saber o no qué pasó, o cuanto dolor estaba sintiendo justo en ese momento. Ni siquiera si quería abrazarla y sentir cómo temblaba contra mis propio pecho. Sería aún peor que saber que él le había hecho daño. Lo tenía justo debajo de nosotros, sorbiendo de su Gin tonic rosa y mirando a todos los invitados como si fuese a comérselos con los ojos. No bajar ahí y matarlo, literalmente, me ponía algo nervioso.
Aunque aguanté las ganas de hacerlo y me detuve a esperar, guardando mis manos en los bolsillos, a que ella reaccionara. Parecía estar teniendo un debate mental muy interesante, porque no dejaba de mirar mis ojos como si hubiese algo especial en ellos. Eriol me había hablado de lo importante que era dejar que fuese ella quien hablara. De lo difícil que tenía que ser decirle a la persona que más querías todo. Porque también se había empeñado en hacerme ver que yo era esa persona, y que no necesitaba más que tiempo. Que ese pequeño corte que brillaba ya casi imperceptible sobre mi frente no me lo había hecho ella, sino él. Seiya.
Definitivamente, si lo que quería es que su nombre fuese repetido una y otra vez, lo había conseguido.
— Necesito hacerlo —dijo al final, sorprendiéndome. Y no supe bien qué responder a eso—. Pero antes llévame lejos de aquí, por favor…
(Touya)
— Míralo, Seiya nos está mirando —susurró alguien en mi oído, pegándose a mí y clavándome las uñas en el estómago. Intenté no parecer demasiado asustado, aunque lo estuviese—. Si me invita a bailar le cuento qué pasa por su cabeza.
Sonreí, forzadamente. Él había dejado su Gin Tonic rosa en el mostrador, y había arrugado la frente; ahora sus heridas en la mejilla eran una línea completamente recta: — Me lo pienso si me dice quién es, señorita.
— Su… novia —siseó, tirando del lóbulo de mi oreja con los dientes.
— ¿Y bien? No tengo toda la noche.
En realidad me daba igual. Sabía que con ese Tatsumi cerca de ella podía estar medianamente tranquilo por un rato. Me había encargado de saber todo lo posible sobre él en la pequeña llamada de teléfono que le hice antes de sumarme a esta especie de… fiesta. Supe que le había costado mucho empezar a estudiar psicología por su cuenta con todos los gastos que eso suponía, y que había sido independiente prácticamente desde los diecisiete, cuando sus padres murieron. Que le gustan los animales, que es un poco seco con la gente (como yo) cuando no le caen bien, y que Sakura era uno de sus talones de Aquiles. Sinceramente, y porque no era habitual hacerlo, me había gustado oír lo mucho que le preocupaba la mirada perdida de mi hermana en clases, y que lo que al principio no iba a ser más que una cita normal y corriente con esa Akame, se le había ido de las manos. Había terminado con un "Solo Syaoran es capaz de devolverle la luz, no lo olvides" que a mí me había sentado como una patada en el estómago. Y por primera vez esto de ser sincero conmigo empezaba a no gustarme demasiado.
Pero bueno, qué más da, ¿no? Igualmente no puedes separar lo que ya está destinado a ser una sola cosa.
— Antes quiero que sepa algo —alzó la mirada, mordiendo su labio inferior—. Seiya no es una mala persona. Él no lo ha pasado especialmente bien y…
— Yo tampoco —la interrumpí. Claro que no lo había pasado bien, nadie que viva rodeado de más gente lo hace. Y no por eso…—. Y no por eso voy violando gente por ahí.
— Él se arrepiente, de verdad. Tiene que creerme.
Alcé una ceja, incrédulo.
¿Qué es eso que asoma en sus pupilas? ¿Miedo, tal vez? ¿Impaciencia?
Ah, no, espera; amor…
— Más me arrepiento yo de no haberlo matado allí mismo, señorita. Le aviso —porque parece que no entiende, y hay que explicárselo todo— de que no tengo toda la noche para hablar de lo que pueda o no querer a ese… sujeto. Su novio sigue ahí dentro bebiendo de su Gin tonic tan tranquilo y… —estiró, con rapidez, un sobre con el precinto despegado— ¿Q-qué…?
— Prométame que no va a hacerle daño.
— ¿Qué?
— Hágalo —siguió diciendo, cada vez más cerca de mí. Tanto, que tuve que retroceder para seguir mirándola a la cara—. Hágalo o no pienso ayudarle.
— ¿Va a… ayudarme? ¿Su novia? — ¿Qué clase de broma era esta?—. ¿Por qué debería fiarme de ti, si puede saberse?
— Si va a la cárcel no podrá quitarse la vida tan fácilmente, y yo dormiré un poco más… tranquila —dijo, evitando que la viera llorar. Pero al parecer ya era tarde, porque un par de gruesas lágrimas habían caído sobre sus zapatos—. No hay otra razón que me lleve a ayudarle, puede estar seguro.
— ¿Y qué… contiene ese sobre?
— Es una carta de despedida que encontré entre sus cosas. Supe después que Yukito tenía una igual por si esta desaparecía, y que… —Suspiró, cansada. Seguramente tanto como yo. ¿Era tan difícil enterrar esto para siempre y que nadie volviera a hablar del tema? Pensar en todo esto me hacía sentir mucho más viejo y agarrotado—… que trataba de usarla como una especie de… declaración. Yukito dijo… dijo…
— Tranqu…
— Dijo que era bastante simple lo que quería hacer, pero a mí me parecía tan horrible… —trató de respirar, sin mucho éxito. Se estaba ahogando con todo lo que quería decir y no podía. Y yo la entendía tan bien…—… ¡Quería irse sin decir nada y que esto le sirviera de justificación! ¡Como si el dolor se curara con unas pocas palabras en un papel! —cayó, de rodillas, haciéndose una bola. Y yo no supe que hacer además de mirarla desde arriba como si me diera absolutamente igual. Se aferraba a esa carta como si fuese lo último que le quedaba— ¿Puede… imaginarse algo más cruel?
Podría, sí. Pero tendría que hacerle daño si lo dijera. Supe por la forma en la que se había puesto a llorar que podía creerla. O, al menos, dejarme engañar de una forma convincente. Yukito ya me había hablado de esa chica ante. Y sí, es cierto. El nivel de veracidad que podía darte alguien como Yukito no era muy alto, pero en su defensa tenía que decir que lo conocía desde hacía más tiempo. Lo único que sabía de ella era que trabajaba como fisioterapeuta fuera de la ciudad y que confiaba ciegamente en Seiya (al menos hasta donde Yuki había podido averiguar). Era algo extraño tenerla ahora frente a mí llorando para que lo metiera en la cárcel.
— A veces tenemos que hacer grandes sacrificios para ayudar a quienes queremos, ¿sabes? —me acuclillé, frente a ella, ofreciéndole mi pañuelo azul—. Incluso si eso llega a doler demasiado. Estoy seguro de que ahora estás pensando en lo egoísta que eres por actuar según lo que sientes en lugar de lo que siente él—y no porque yo hubiese sentido lo mismo con respecto a mi hermana, para nada—. Pero… piensa que lo que sientes no es más que ganas de protegerle. De hacerle feliz de alguna forma.
