Disclaimer: No soy Jotaká, no soy Warner. Inherentemente Harry Potter no me pertenece. Lástima
2 de septiembre de 1996.
Harry estaba sirviéndose el desayuno, mientras escuchaba la pelea de Ron y Hermione sobre la primera clase del día, Historia de la Magia, cuando entró Albus Dumbledore al comedor. Era raro ver al profesor Dumbledore en el desayuno, así que ningún alumno despego la vista del director mientras caminaba hacia la mesa de los profesores.
— ¡Buenos días! —Saluda el profesor Dumbledore cuando se para frente a la mesa—. Esta mañana llegaron unos visitantes de lo más inesperados. Jóvenes del futuro, según dicen—murmullos recorrieron el comedor y Harry compartió una mirada con Ron y Hermione—. ¡Silencio! —Ordena el profesor—. Como decía, visitantes futuristas han llegado reclamando presentarse frente a ustedes...
— ¿Visitantes del futuro, señor? —Cuestiona Hermione escéptica.
—Efectivamente, señorita Granger—Dumbledore sonríe bondadosamente—. Como decía, nuestros visitantes quieren presentarse ante ustedes por un motivo. Evitar el derramamiento innecesario de sangre. Porque, mis queridos jóvenes, Voldemort ha regresado.
Murmullos comienzan a surcar el Gran Comedor. El trío dorado comparte una mirada.
— ¡Inaceptable! —Grita Umbridge levantándose de su asiento—. ¿Personas del futuro? ¡Un escándalo! Y, como el Ministro se ha encargado de aclarar, Quien-vosotros-sabéis no ha vuelto. El que diga lo contrario está contra el Ministerio, contra el mismisimo Ministro.
—Dolores, querida—habla Dumbledore y, pese a su tono conciliador, tiene una mirada tensa—, te aseguro que yo, y ninguno de los presentes, está contra el Ministerio, menos contra el señor Fudge. Y lo que nuestros visitantes dicen no es mentira, es la más pura verdad.
— ¿Y quién lo dice? ¿Quién puede probar que lo que dicen esos—Umbridge se permite una sonrisa asqueada—, visitantes es cierto?
—Yo lo digo—responde con calma Dumbledore—. ¿Acaso, y quiero aclarar que no pienso eso, esta cuestionando mi juicio, Dolores?
La profesora tiene la decencia de ruborisarse y, después de mirar al rededor, se sienta cruzándose de piernas.
Ya tendría motivos suficientes para que ese Dumbledore se fuese. Definitivamente.
» —Muy bien—el profesor Dumbledore da una palmada caminando hasta su silla—. Ya que todos estamos al tanto de la situación, comencemos con las presentaciones.
—Profesor—un joven de cabellos azules sale detrás de las puertas del Gran Comedor caminando directamente hacia Dumbledore—. Antes de comenzar, debemos llamar a otras personas.
El profesor asiente y el muchacho se adelanta pasándole un pergamino a Dumbledore. El director lo abre dándole un vistazo, conjura un patronus que sale por una ventana.
—Ahora resta esperar a nuestros invitados para comenzar.
— ¿Quiénes crees que sean? —La pregunta de Hermione saca a Harry de sus pensamientos.
—No lo sé—confiesa el azabache—. Pero, ¿qué tan mal están las cosas que personas del futuro tienen que venir?
—No lo sé, Harry—dice la castaña sintiendo un regusto amargo en su paladar—. Solo espero que hayamos podido vencerlo.
—Yo también, Herms—murmura el Potter sin dejar de observar al muchacho peliazul.
El murmullo de conversaciones detrás de las puertas del Gran Comedor hace que todos dirijan sus miradas ahí.
—Por petición de nuestros visitantes, ellos se mantendrán fuera del Gran Comedor hasta que les toque pasar a presentarse—informa Dumbledore desde su asiento.
Segundos después, en donde las teorías conspirativas eran cada vez más fantásticas (Seguramente son enviados del que no debe ser nombrado para acabar con nosotros, aseguraba Michael Corner), las puertas del Gran Comedor fueron nuevamente abiertas dándole paso a todos los integrantes de la Orden del Fénix y otros adultos. Los Weasley fueron inmediatamente donde sus hijos haciendo que las orejas de Ron se volvieran rojas por los abrazos de su madre.
Mientras tanto un grupo de semidioses estaba teniendo un momento difícil. ¿Magos? ¿Ahora también había magos? ¿Qué pasaba con sólo ser hijo de Hecate? ¿Había dejado de ser cool? Pero la cara seria de Quiron mientras les explicaba este otro mundo no dejaba lugar a dudas, había un partenon donde gobernaban los magos. Y ahora ellos eran parte de ese partenon. Genial.
—Cuando piensas que has visto todas las cosas raras por haber, te salen los magos—masculla Percy.
—Controlate, cerebro de algas—lo regaña Annabeth.
Piper, Jason y Leo le dan una mirada burlona a Percy que murmura un: Ya no existe la libertad de expresión.
— ¿Sometido, Prissy? —Se burla Clarisse y Percy le manda una mirada de muerte.
El grupo de semidioses se acerca al señor barbudo que luce como el líder del grupo y Annabeth se adelanta a hablar con él.
Rápidamente le explica su condición y el anciano luce divertido.
—Conque semidioses, ¿eh? Las maravillas son cada vez más infinitas—el grupo semidiós se observa escéptico—. Muy bien. Este es un colegio de magia llamado Hogwarts, donde existen cuatro casas. Gryffindor, la de los valientes, Hufflepuff, la de los justos y leales, Slytherin, la de los astutos, y Ravenclaw, la de los inteligentes. Cada estudiante es mandado a una de las cuatro casas según sus aptitudes—los semidioses asienten captando la idea, no era muy diferente a las cabañas—. Las visitas pueden sentarse en la mesa que quieran—concede Dumbledore y casi todos optan por la mesa de los leones—. Bien. Que comiencen las presentaciones.
¡Hola, hola!
Bien, aquí no solo corregí, sino que hice un GRAN cambio.
Cuando comencé con el fic me enredé con las fechas y puse que estaban en sexto, en vez de quinto. Lo que quiere decir que, lamentablemente, Umbridge está aquí.
Lo sé, no es la mejor noticia.
Pero ¡hey! Tal vez uno de nuestros visitantes pueda... hacer algo con la profesora *sonrisa malevola*.
Amaly B.
