Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.
Sin Caer en el Amor
"Yo también lloré sin saber que la vida me estaba haciendo un favor."
CUATRO
Silencio, el aula estaba en silencio. Miércoles por la mañana, el día anterior me había quedado hasta tarde tratando de terminar mi monografía, había avanzado pero aún no terminaba, tenía una notorias ojeras debajo de mis ojos y andaba de un humor de perros, la paciencia se me estaba acabando y es que había soltado una pregunta tan sencilla al curso que me costaba creer que ninguno de mis alumnos pudiera responderme.
— ¿Nadie me puede responder qué es la literatura?
Se miraban entre sí, algunos reían por lo bajo, otros rodaban los ojos, Wendy me dedico una sonrisa y yo desvíe mi mirada hacia Juvia que estaba revisando unas hojas.
—Juvia, tú… ¿Tú puedes responder mi sencilla pregunta? —Ella alzó sus orbes azules hacia mí y asintió con la cabeza afirmativamente. —Gracias.
—La literatura es algo complejo para definir, de hecho, no hay una definición cerrada y estable sobre qué es la literatura, pero si podemos acercarnos a un concepto de literatura según algunas nociones.
—Tomen nota. —Interrumpí a mi compañera y luego le hice una seña para que siguiera.
—Representaciones sociales de la literatura. —Me dirigí hacia el fondo del salón y desde allí miré a Juvia que estaba apoyada sobre el escritorio, cruzada de brazos haciendo que sus pechos resaltaran. Le sonreí pero ella estaba demasiado concentrada. —Son las ideas que todos tenemos sobre qué es la literatura.
—Hay diferentes representaciones, tantas como personas existen. —Agregué y Loxar asintió dándome la razón. —Ellas nos ayudan a tener en cuenta rasgos generales que podrían definirla, pero no nos dan una definición completa y cerrada.
—El concepto de ficción. —Siguió y yo me dediqué a escucharla. —Es decir, podríamos considerar que es un texto literario cuando percibimos que es una ficción, ¿no? Una recreación o representación de la realidad.
—Pero no es posible definirla según este criterio. —Mi compañera me miró y relamió sus labios, en aquel momento guarde silencio, ¡sus labios eran tan tentadores! —Lo que se considera "ficción" varia según las épocas y sociedades.
—No entiendo, profesor. —Alzó la voz Wendy, parecía enojada, tenía el entrecejo fruncido y no estaba tomando notas. Me mira desafiante. Esta niña era todo un caso.
—Un ejemplo son los mitos griegos. —Aclaró Juvia para toda la clase. —Eran considerados reales, como explicaciones a fenómenos naturales en la cultura griega, mientras que nosotros los leemos actualmente como literatura.
—Exacto. —Concuerdo con el ejemplo de Juvia, era excelente. Tenerla como compañera me había facilitado muchas cosas y además era igual de apasionada que yo. —Otra cosa a tener en cuenta es la literatura como hecho social.
— ¿Hecho social? —Preguntó Romeo, uno de los alumnos complicados, ¡cómo le costaba leer a este chico! Aunque parecía tener algo en contra mío.
—Claro. —Dice Juvia, se acerca a la pizarra y comienza a hacer una red conceptual de sus palabras. —Podríamos decir, entonces, que es literatura lo que una sociedad en una época determinada considere como tal. —Los alumnos asintieron. —Pero definiéndola así nos centraríamos en sus características sociales de recepción y producción y olvidaríamos sus características particulares de género que la distinguen de otros.
—Como la Historia, el periodismo… —Dije al aire. —Entonces profesora Juvia, ¿cómo definiría a la literatura?
Ella pestaño varias veces, mordió suavemente su labio inferior seguramente pensando una respuesta adecuada. Me cruce de brazos, tenía varios ojos sobre ella esperando que hablará.
—Todo lo que se lee como literatura es literatura, pero hay que tener en cuenta que la percepción estará condicionada por el contexto sociocultural e histórico en el que el lector se encuentre.
—Excelente. ¿Dudas?
Nadie alzó la mano y el timbre de fin de clase resonó en toda la institución. Ante de que mis alumnos salieran corriendo tenía que avisar algo pero Juvia se me adelantó.
—Acuérdense que la próxima clase empezaremos con realismo en el teatro.
Y después de aquellas palabras todos tomaron sus cosas y salieron de aula. Juvia se acercó a mí y me sonrió, acarició mi mejilla y con su pulgar delineo mis ojeras.
—Gray-sama parece cansado…
—Lo estoy… —Afirme ladeando la cabeza. —Tal vez tú puedes hacerme sentirme mejor…
—Tal vez, Juvia pueda. —Acercó su cuerpo el mío, pegándolo sensualmente, me tomó de la camisa y me sonrió. —A Juvia le encantaría hacerlo sentir mejor…
Mi mano se ubicó en su cintura y a medida se iba a acercando la iba bajando hacia su trasero, tan perfecto, me encantaba. — ¿Qué te parece si hoy a la noche vienes a casa a arreglar las próximas clases y te quedas? —Me sonríe, ya sé su respuesta, me gusta seducirla, cae una y otra vez frente a mí. —Te haré gemir tanto… Bonita.
—Juvia ya está mojada de solo pensarlo, Gray-sama.
—No me provoques, Juvia. —La miré fijamente, que las mujeres me dijeran esas cosas tan abiertamente me calentaba tanto, ¡tanto! Que no se daban una idea, es como si ella ya supiera que era lo que me gustaba. Mi móvil sonó y lo maldije mil veces, había cortado un momento tan… tan, bueno… un momento. Iba a dejarlo sonar pero esa melodía en particular estaba puesta solo para dos personas y a ellas no podía ignorarlas. —Debo atender. —Murmuré.
Camine hasta mi mochila y de allí saqué el aparato, Erza me estaba llamando, atendí de inmediato y en ningún momento miré a Juvia pero sabía que ella me estaba mirando a mí. Mi amiga de la infancia había sido invitada a una cita, ¡Erza en una cita! Hasta me daba risa, me llamaba porque estaba nerviosa y no sabía que ponerse, quería impresionar, lo entendía. —Todo te queda de maravilla. —Fui sincero, su cuerpo era perfecto, podía ponerse un trapo sucio y seguiría siendo sexy. —Bonita a mí me encantas sin nada puesto, así que no sé si mi opinión valga mucho. —Reí suavemente mientras Erza tartamudeaba del otro lado de la línea. — ¿Por qué no llamas a Lucy? Te ayudará más que yo, créeme. Está bien, suerte entonces. —Corté y me di vuelta para seguir en lo que me había quedado con Juvia pero para mi sorpresa ella ya no se encontraba allí, ¿habrá ido al baño? Guardé mis cosas y me dirigí a la sala de profesores para firmar unos papeles y poder retirarme, ¿mis planes? Llegar a casa a terminar la monografía. Cuando entré observé a Juvia en su escritorio firmando los papeles y el profesor de gimnasia sentado en mi lugar charlando con ella amigablemente, las intenciones del sujeto se veían claramente a distancia, me preguntó si se habrá dado cuenta que Juvia ya comía de mi mano. Me acerqué y me paré al lado de mi escritorio, alcé una ceja y tosí, ese tipo me caía tan mal. —Rogue, estas en mi lugar…
Se hizo el distraído, el "no me di cuenta" y con una disculpa se levantó no sin antes tirarle alguna que otra indirecta a Juvia, la observé de reojo, ella no parecía interesada pero le sonreía. Mi compañera me paso los papales para después retirarse, sin decirme nada, lo que se me hizo algo extraño, sin darle importancia y terminado lo que debía hacer, me dirigí a la parada del bus.
Cansado de esperar por más de media hora decidí caminar, pase por la Universidad a buscar un libro y de paso paré en el café de Maria, la cual me recibió con una enorme sonrisa. Me hizo sentarme y me preparó mi favorito al instante.
—Ay Gray, estas tan guapo y todavía no me traes ninguna novia.
Las ocurrencias de Maria me hicieron reír, ¡no pensaba reírme! — ¿Para qué quieres qué te traiga una novia? ¡Las mujeres son muy complicadas!
— ¿Eres gay? —Preguntó Maria dejando una taza frente mío.
—Claro que no. —Fruncí los labios ofendidos, ¿cómo iba a pensar qué era gay? —Me ofendes, Maria.
—Era una broma, nene.
—Tú y tus bromas. —Rodé los ojos y reí mientras bebía un poco de café.
— ¿Entonces para cuándo la novia?
—No lo sé, no estoy interesado en eso últimamente, sabes que no me va lo formal.
—Lo sé pero me preocupo por ti, este niño, Natsu… Tu amigo, consiguió una chica tan hermosa y buena.
—Lucy es encantadora. —Le sonreí.
— ¿Y qué estas esperando tú? ¿Volverte un viejo arrugado para encontrar el amor de tu vida?
—Estoy disfrutando la mejor edad.
—A tu edad los hombres se enamoran. No todas las mujeres son como ella, ¿sabes?
—No es por ella, Maria. Lo superé hace tiempo, simplemente no encuentro a la chica que me vuelva loco. —Me encogí de hombros. — Si algún día la encuentro serás la primera a la que se la presentaré, es una promesa.
—Espero no morirme esperando…
—Cállate, tú me serás eterna. ¿No quieres casarte conmigo?
— ¡Ay nene si tuviera unos cincuenta años menos!
Reí a carcajadas, Maria era encantadora, tan buena siempre. Ocupaba ese rol de madre que tanto me hacía falta, realmente me encantaría que me sea eterna pero sabía que las cosas no funcionaban así. Me despedí una vez termine mi café, le comenté que aún no terminaba mi monografía y que debía entregarla al día siguiente. Me dio ánimos. Salgó y me encuentro con que la temperatura había bajado drásticamente, ¡maldito clima el de Japón! Y eso que el otoño me agradaba pero no cargaba con abrigos ese día. Apresuré el paso, llegué a mi depto. Y lo primero que hice fue ponerme ropa cómoda, no soportaba la ropa formal que debía usar para el instituto.
Me senté en la cama con mi notebook dispuesto a terminar las últimas ochos páginas que me faltaban, ¡ochos páginas y mi pesadilla terminaba! Al abrir el archivo parpadeé confundido. Iba a cometer suicidio. Ya veía los encabezados en el noticiero de mañana "Joven universitario se tira de cuarto piso" ¿Qué tan cansado estaba anoche? ¿Qué tan cansado podía estar cómo para no haber guardado el resto del archivo? Me quería golpear a mí mismo. No había guardado las diez páginas que había hecho la noche anterior. ¿Me iban a dar un premio? Suspiré, cansado, la idea del suicidio seguía rodando mi cabeza, ¿por qué no nací cortina?! ¡No debería hacer estúpidas monografías! ¡Ni soportar estúpidos profesores! Nacer cortina.
Tecleé rápidamente, paré solo una vez en toda la tarde para ir al baño, ¡solo una vez! Habían pasado seis horas, seis horas donde había recuperado ocho páginas, es decir, me faltaban diez. Mi timbre sonó, lo ignoré, volvió a sonar. Al abrir la puerta, allí del otro lado, estaba Juvia, con unas bolsas y una sonrisa gentil. Pensé que no vendría después de ni siquiera despedirse de mí.
— ¿Juvia llega en un mal momento?
Negué con la cabeza y la hice pasar. —Lo siento, no creo que hoy podamos hacer nada, mañana tengo que entregar una monografía y el archivo se me borró, no se guardó, no sé qué demonios pasó, lo podemos dejar para mañana.
—Oh, está bien. —Parecía decepcionada. —Juvia lamenta molestar.
—Lo siento. —Me acerqué a ella y pase mi brazo por su cintura. —Realmente me hubiera encantado que te quedarás.
—Juvia había traído para cocinar algo. —Señalo la bolsa que llevaba en la mano. —Seguro Gray-sama no comió.
— ¿Cocinarme? —Mi estómago pareció recordar entonces que tenía hambre. ¿Qué tan malo podría ser que Juvia se quedará a cocinar? — ¿Quieres quedarte? Solo podemos comer, estaré demasiado concentrado con el tema de la monografía, si tú tienes ganas…
—Claro Gray-sama. Juvia cocinará. Seguro no comió nada en todo el día y si está estudiando debe comer adecuadamente.
—Iré entonces a seguir. Cualquier cosa me llamas. —Iba a separarme pero ella rodeo con sus brazos mi cuello y pegó nuestros labios. Correspondí intensamente y es que ¡tenía ganas de esos labios! Me saboreé después de separarnos. — ¿Labial de frutilla?
— ¿Le gusta? —Me preguntó con sus mejillas rojas.
—Me encanta. —Volví a besarla, esta vez, de manera más tranquila, delineé sus labios con mi lengua y la acerqué más a mi cuerpo. —Iré a terminar mi monografía antes de que te desnude aquí mismo.
Desde mi habitación podía escuchar el ruido que hacia Juvia con las ollas, en más de una ocasión tuve la intención de levantarme a ver si estaba bien y es que algunos golpes sonaban bastante feo. Ignoré eso y seguí con mi trabajo, ¡debía terminarlo como sea! Después de un rato Juvia entró a mi habitación una bandeja y un plato de ramen, aparté la notebook y recibí la comida, ella se quedó parada a mi lado. La miré esperando que se siente o que fuera a buscar su plato.
— ¿Y? ¿Tú no comes?
—Juvia está esperando que Gray-sama pruebe para ver que tal está.
Dicho eso llevé un poco a mi boca, acerqué el tazón y el sabor me sorprendió, ¡estaba muy bueno! O yo tenía mucha hambre.
—Está… Delicioso. —Juvia sonrió y fue a buscar su plato para después sentarse en el borde de mi cama y acompañarme en la cena. Cuando terminamos dejamos los tazones sucios a un costado y ella se había acomodado mientras observaba como seguía tecleando. —No sabía que cocinabas tan bien.
—Hay muchas cosas que no sabe de Juvia, Gray-sama.
Dirigí mi mirada hacia ella y le dediqué una risa. —Es verdad. Te llamaría todas las noches para que me cocinaras. —Bromeé.
—Juvia no tendría ningún inconveniente en venir. —Me dijo entusiasmada. No cayó en que estaba bromeando.
—Lo tendré en cuenta. —Comenté. Y seguí tecleando, sería interesante que Juvia viniera a cocinarme por las noches, equivale a que tendría sexo todos los días, la idea era tan buena y tentadora.
Pasaron las horas sin darme cuenta, estaba a dos palabras de colocar el punto final, ya no hablaría más sobre la "Función estética de la Literatura".
Desvíe mi mirada a la mesa de noche, cinco de la mañana, giré mi rostro y vi a la muchacha de cabello azul durmiendo a mi lado, había pasado la noche conmigo, sin decir nada, simplemente viéndome escribir hasta que hace dos horas se había dormido. Esta vez me aseguré de guardar el maldito archivo y poner la copia en un pendrive, me acosté en la cama y cerré los ojos, ¡tenía clase a las seis de la tarde! Podía dormir tranquilamente, no quería despertar a Juvia así que aunque parecía increíble hasta para mí la iba a dejar quedarse, hacía mucho que no me acostaba con una mujer simplemente para dormir, ¡demonios! ¿Cuándo había sido la última vez? Pero no podía echarla, no después de que se tomará el trabajo de cocinarme y hacerme compañía durante toda la noche. Sin embargo era consciente de sus sentimientos por mí y no deseaba confundirla más de lo que seguramente ya estaba. Con pesar me levanté de la cama, tomé mi almohada y camine hasta la sala dónde deje caer mi cuerpo cansado sobre el sillón, ¡nada de monografías! ¡nada de profesores! ¡nada de trabajo! Podría dormir.
. . . . . . . . .
Su cabello negro al viento, sus ojos del mismo color brillantes a causa del sol, mi cabeza sobre sus piernas, sus manos acariciando mis hebras negras-azuladas, su sonrisa, como amaba su sonrisa, su tacto como anhelaba su tacto. Mi nombre en su voz sonaba tan dulce, perfecto, como si aquellos labios estuvieran destinados solamente a nombrarlo, como si en todos los demás estuviera mal, como si en todos los demás perdiera sentido, jamás había vuelto a sonar tan dulce y melodioso.
Abrí los ojos de golpe, dándome cuenta de mi estúpido sueño, llevé una mano a mi frente limpiando el sudor y apartando el flequillo de mi frente. Un estúpido sueño con ella, otra vez. Mi pecho estaba demasiado agitado, ¿cómo es que podía ponerme tan inestable tan solo con un sueño? ¡Que idiota era! ¿Hace cuánto tiempo que no sabía de ella? Se supone, que todo lo de ella, debería estar olvidado. Frustrado pataleé tirando uno de los almohadones del sillón al piso.
Mi timbre sonó repetidamente, una, dos, tres, cuatro veces. Fruncí el entrecejo. ¡Dragneel Natsu! ¿Alguien tenía dudas? Oh diablos. ¿A qué había venido tan temprano?
—Abre ya, maldita sea. —Se escuchó del otro lado de la puerta. Sonreí. —Sé que estás ahí, deja de tocarte y ven a abrirme la puerta. —Mataría a ese idiota. Natsu sonrió al verme y sin pedir permiso se adentró hasta tirarse en el sillón y poner sus pies sobre mi mesa ratona, cerré la puerta y me senté a su lado, ambos estábamos mirando a la nada. —Quiero que me acompañes a un lugar.
— ¿A dónde? —Pregunte desinteresado.
—Al sexshop que hay cerca de la Universidad. —Dijo Natsu.
—Disculpa, te entendí mal. —Llevé mi dedo meñique a mi oído. — ¿Decías?
—Quiero que me acompañes a un sexshop. —Mi amigo rodó los ojos e hizo un gesto con la mano como restándole importancia.
— ¿Para qué demonios quieres ir a un sexshop? —Sabía que esa pregunta me condenaría a una charla innecesaria sobre su vida sexual con Lucy pero es que en ese momento no se me ocurría que otra cosa preguntar.
—Ya te hable sobre el tema de los disfraces, ¿verdad?
— ¿Sigues con esas ideas raras? —Bufó y se cruzó de brazos. —Si te hace feliz que te acompañe a ese lugar lo haré pero… ¿Podrías irte de mi departamento?
Natsu volteó su rostro y me miró fijamente, después movió su cabeza hacia ambos lados como buscando rastros de alguna noche alocada, puse los ojos en blanco y después me reí.
— ¿Tienes compañía? —Alzó ambas cejas y las movió de arriba abajo.
—Algo así… —Respondí tratando de cortarle, no quería que se enterará que me estaba acostando con Juvia, era amiga de Lucy. ¡Lucy me cortaría las pelotas!
— ¿Es guapa? No será tu vecina, ¿verdad?
—Es guapa, y no, no es mi vecina. Ahora vete.
—Si la trajiste a tu casa te debe gustar mucho…
— ¿No te cansas de decir idioteces todo el rato? —Bufé.
Se encogió de hombros y se levantó de mi sillón sacudiendo su ropa. Lo acompañe hasta la salida y antes de irse me dio una palmada en la espalda.
—Te esperaré una hora antes en la Universidad, así que ¿cuatro y media? Nos vemos.
Resignado asentí con la cabeza y le cerré la puerta en la cara. Me dirigí a la cocina con la intención de prepararme un jugo naranja, ¡lo necesitaba! Miré la hora, ¡ya eran dos y media! ¿Juvia no se había levantado? Camine hasta mi habitación y ella ya no estaba allí, había una nota sobre la cama.
"Gray-sama, disculpe las molestias ocasionadas, Juvia se irá sin despertarlo tiene clases esta tarde. Esperaré su llamado para vernos."
¡Esta muchacha! Guarde el papelito en el bolsillo de mi pantalón y volví a la cocina por mi jugo. Tenía un par de horas hasta volver a encontrarme con Natsu. Mientras preparaba unas tostadas que acompañarían mi bebida recordé mi sueño, maldije por lo bajo a mi subconsciente. Tal vez hoy a la noche debería llamar a Juvia y olvidarme de las estupideces como lo eran los sueños.
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Buenas! Como siempre gracias a los reviews, favoritos, follows que le dan a la historia.
He estado pensando en hacer Spin-off de las historias de Erza y Natsu dentro de este mismo fic, para profundizar también en lo que les pasa a ellos. ¿Les gustaría? Si es así no olviden comentarlo.
En fin, no tengo mucho más que decir. Buena semana y nos leemos!
Sugar.
