Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.
Sin Caer en el Amor
"Nunca renuncies a las cosas que realmente te hacen sonreír."
DIEZ
Rodar en la cama se había vuelto un pasatiempo bastante desagradable, claramente las ojeras no me favorecían, ¿acaso podía aparentar estar más arruinado? Suspiré. Después de ver recientemente a Juvia, de tenerla tan solo a un paso de distancia mi cuerpo entero se había revolucionado, se había alterado de manera inexplicable. ¿Alguien podía llegar a explicar eso? Y ahora, siendo cerca de la dos de la tarde del domingo no había podido pegar un ojo. Me sentía cansado, mi cuerpo se sentía pesado y deseaba dormir pero mi cabeza insistía en abrumarme con pensamientos. Tal vez la mejor decisión que podía tomar por el momento era ir a dar una vuelta, agotar mi energía y poder descansar para la semana a la que debía enfrentarme, los exámenes de la Universidad se acercaban y no podía estar pensando en Juvia Loxar durante todo este tiempo.
Recién íbamos un poco más de la mitad del invierno, así que con la misma ropa del día anterior y un abrigo con capucha me dirigí al parque más cercano, el frío hacia pensará las cosas con bastante calma. Ur siempre me decía que despejar la mente ayudaba a tomar mejores decisiones, a ver las mismas cosas desde diferentes perspectivas y a afrontar los problemas de otra manera.
—Gray-san…
Volteé inmediatamente encontrándome con un par de ojos marrones, la muchachita vestía un vestido verde y unas medias blancas, se veía adorable. Definitivamente Wendy cuando creciera sería una joven muy hermosa.
—Hola Wendy. Que sorpresa encontrarte aquí…
—Lo mismo digo, Gray-san. —Sonrió, al parecer íbamos en la misma dirección así que caminamos juntos. Faltaban algunas calles para llegar al parque. — ¿Le ha pasado algo? —La miré y ella desvió sus orbes marrones hacia otro lado. —Es que lo notó preocupado.
—Algo así… —Me encogí de hombros. No quedaba para nada bien que hablará de mis problemas con una niña de quince años. Además de que no me olvidaba de que las hormonas de Wendy andaban alteradas por mi culpa.
— ¿Es por una mujer qué le guste, Gray-san?
¿Cómo es qué siempre las mujeres tenían un sexto sentido para estas cosas?! Las mejillas de Wendy estaban rojas, se sentía apenada seguramente de preguntarme sobre algo tan personal. ¿Tal vez sabría que esa mujer de la que hablaba se trataba de Juvia?
— ¿Wendy tú qué esperarías de un niño qué te gusta?
Ella empezó a trabarse con sus propias palabras y alzaba la mirada al cielo como tratando de calmarse, sonreí, tal vez le había hecho una pregunta demasiado personal. O tal vez actualmente si había un niño el cuál le gustaba.
—Lo siento, pregunte algo que no debía. —Me corregí de inmediato. Ella asintió con la cabeza y no respondió a mi pregunta de inmediato.
—Tal vez, ¿una cita?
¿Una cita? ¿Por qué no había pensado en eso antes? Algo tan básico y "romántico" como una cita. ¿Juvia aceptaría una cita conmigo?! No me quedaría otra forma de enterarme que intentado, quería intentar. Agradecí a Wendy por su brillante idea, tal vez lograría algo con ella, me olvidé preguntarle en ese momento si es que había algún chico que le interesaba aunque tal vez era mejor dejar las cosas así. No quería terminar torturado por Natsu por meterme con su primita adorable. Ni darle más problemas al pobre hombre.
Volví corriendo a mi departamento, el portero me abrió la puerta cuando me vio en la calle de enfrente tan apresurado, ¡y es que no podía dejar pasar más tiempo!
Sentir el agua de la ducha renovó mis esperanzas, y aunque mi mejor ropa estaba sucia, la que encontré no estaba mal. Me afeite, sin lugar a duda parecía otra persona. Algún día intentaría con dejarme un poco más la barba. Subí a mi deportivo gris, y encendí el último mentolado que tenía en la caja, aquel que volteaba para que me diera suerte. ¿Suerte? Eso era lo que necesitaba. Con mi buena memoria me dirigí al departamento de Juvia, solo había estado una vez ahí y ahora, ese momento, parecía tan lejano. No había pasado tanto tiempo en realidad, ¿Verdad? Lo estaba sufriendo.
Sentí mi mano sudada al encontrarme frente a la portería del edificio elegante donde vivía Juvia, ¿dónde demonios había quedado mi orgullo?! ¿Dónde demonios había quedado mi seguridad? Debía recalcarme los acontecimientos y darme cuenta que estaba haciendo todo esto, por una mujer. UNA MUJER. ¿Dónde había quedado Gray Fullbuster? Mi orgullo masculino me gritaba que me largará de esa puerta antes de hacer alguna estupidez, pero mi mano fue mucho más rápida y el timbre sonó sin darme tiempo de pensar demasiado las cosas.
—Hola…—Era una voz de hombre. Definitivamente no era la de Juvia. — ¿Hola? —Volvió a repetir ya que yo no respondía. Me había dado un sabor amargo encontrarme con algo así, pues mi orgullo de macho se vio pisoteado de la peor forma, mi puño se cerró con fuerza y me arme de un valor impresionante.
— ¿Se encontraría Juvia? —Pregunté.
Silencio.
—Aquí no hay ninguna Juvia, te habrás confundido de piso.
— ¿No está la señorita Juvia Loxar?
— ¡Ah! ¿Buscas a la señorita Loxar? Ella está en la torre dos, a veces el correo confunde nuestras cartas. Enfrente, muchacho.
—Gracias, ¡disculpe las molestias! —Reí nervioso. Me sentía torpe en ese momento. Bueno, las torres eran igual, ¿cualquiera podría haberse confundido, no? Y por un momento la sangre me hirvió en pensar que ella podría estar con otro hombre en su departamento. Que tonto soy. Ella tiene derecho a hacer de su vida lo que quiera. Como yo he hecho la mía en todas estas semanas, en toda mi vida. ¿Por qué mi propio estilo de vida ahora me está molestando? ¿Por qué ella me obligó a abrirle las puertas de mi vida, de mi rutina? Fui demasiado egoísta y pensé que nunca se iría.
Toqué el timbre esta vez de la torre correcta, esperé unos segundos y volví a tocar.
— ¿Quién es? —Esa era su voz, era Juvia.
—Gray…
— ¿Qué quiere, Gray-sama? ¿Qué hace aquí? —Su voz transmitía sorpresa y confusión. —Juvia pensó que las cosas habían quedado claras.
—Déjame hablar a mí, aún no me has escuchado… Tengo cosas que decirte.
Hubo un silencio, bastante largo. Pensé que ella se había ido pero podía escuchar su respiración.
—Suba.
Me permitió subir. ¡Me había permitido subir! Eso era un golazo de media cancha, es decir, me iba a dejar que le hablará, me iba a escuchar. Podía tener alguna posibilidad en aceptará mi cita. En el ascensor acomodé mi cabello y el cuello de mi camisa, quería verme… ¿Lindo? ¿Presentable? Quería que su corazón se acelerara al verme, como antes. Jamás me habían importado esos detalles con una mujer, jamás. A las mujeres simplemente les atraía, no sabía por qué, nunca había hecho algo más, no me arreglaba por una mujer o para verme bien para una mujer, lo hacía por mí, y si a alguien más le gustaba, genial pero ahora, en ese momento, mi cabeza pensó que me quería ver lindo para Juvia.
Ella estaba parada en la puerta, nuestras miradas se cruzaron apenas las puertas del ascensor se abrieron. Que calor. Ella vestía un corto vestido floreado junto con unas sandalias que la hacían un poco más alta. Su cabello estaba suelto y natural, precioso. Y su rostro estaba serio, como si quisiera poner un muro entre nosotros, ella no quería que me acerque más.
— ¿A qué ha venido? Juvia ya no quiere verlo. —Bajo su mirada, deseaba que me mirará a los ojos.
—Nunca me escuchaste, yo también tengo cosas que decir.
—Hazlo. Hable. Rápido y por favor, váyase.
En ese instante, sentí algo en mi pecho que hace tiempo no sentía, mi corazón se aceleró. Podía sentir como bombeaba sangre exageradamente y como la boca de mi estómago se oprimía haciendo que me sienta terrible.
—Ten una cita conmigo. —Pedí. —Tengamos una cita…
Ella alzó su mirada sorprendida. Había logrado sorprenderla, una vez más. Claro que no se esperaba eso. Ahora temía su respuesta. Más calor. La calefacción del lugar estaba demasiada alta, ¿o qué?
— ¿Y qué gana Juvia en esa cita? —Cuestionó con despreció. — ¿Qué me vuelva a romper el corazón?
—Quiero conocerte Juvia, quiero saber porque no logró sacarte de mi cabeza.
Ella se cruzó de brazos y pude ver como apretaba su brazo con sus dedos. Estaba dudando. Mordió su labio, se estaba exasperando. Mi cuerpo tembló, solo pedía una oportunidad más. Una más.
—Por favor, Juvia. Ten una cita conmigo, solo una cita.
— ¿Ahora?
— ¿Ahora? ¿Quieres una ahora? ¿Ya?
—Juvia no piensa perder más de su tiempo con usted, es ahora o nunca.
Estaba básicamente contra la espada y la pared. MUJERES. Siempre complicando las cosas, ni siquiera había pensado en la cita que podríamos tener, ¿dónde debería llevarla? ¿Cine, almuerzo? Era muy tarde para un almuerzo. ¡Cena! Era muy temprano para una cena… ¿Merienda? ¿Un café? ¿Debería llevarla a tomar un café? Tal vez piense que no quiero gastar demasiado dinero, el café queda descartado por el momento. ¿Cine? ¿Debería llevarla al cine? Pero no podríamos hablar, al menos no podría decirle lo que quiero decirle.
— ¿Gray-sama?
Juvia me observaba con una leve sonrisa. No veía rastro de enfado o enojo en su rostro. ¿Estaba contenta? Quería saberlo.
— ¿Quieres ir a… pasear?
— ¿Pasear?
¿Mala propuesta? Carraspeé.
—No sé, Juvia, yo nunca he tenido una cita. No sé cómo se hacen esas cosas.
Ella se rió, su risa era contagiosa. Sonreí, no porque quisiera hacerlo es que ella ahora se veía diferente.
— ¿La primera cita de Gray-sama será con Juvia? —Asentí. Y luego mencionó que iría a buscar su bolso. Volví a sonreír. Mujeres pensé mientras me encogía de hombros.
Juvia halago amablemente mi nuevo coche, ella no había podido disfrutarlo conmigo. Mi pecho se infló, me sentía importante al tener semejante coche y es que si bien nunca fui de atarme demasiado a lo material, ni darle demasiada importancia, impresionar a los demás era algo que le hacía muy bien a mi ego personal.
Le comenté como es que había conseguido el auto y ambos estuvimos de acuerdo en que Zero era una persona muy amable, demasiado, al menos conmigo. La peliazul había elegido el lugar de la cita, una pequeña heladería que vendía su producto artesanal, y es que si bien hacía frío, a ninguno de los dos nos molestaba comer un poco de helado. Pedí el mío de frutilla y crema mientras Juvia se deleitaba por los sabores más dulces, termino eligiendo de chocolate y menta, me lo tendría que haber imaginado, ¿no? Nos sentamos en unos sillones al final del local, me daba cierta gracia la distancia que ponía Juvia entre nosotros. Si bien hace momento atrás me afectaba me daba cuenta que ella se sentía igual que yo, débil, uno ante la presencia del otro, y así.
Así que estas cosas se hacían en una cita, ¿no era muy diferente a salir con amigos, verdad? Juvia comía su helado paseando la cuchará dentro de su boca, me hacía tragar duro. Como envidiaba a esa cuchara. Dejé escapar un sonoro suspiro y me arme de valor para comenzar la charla que tanto esfuerzo me había costado. Tantos pensamientos al respecto y ahora no tenía idea de que decir.
—Quiero pedirte disculpas. Mi intención jamás fue que nuestro juego te hiciera sufrir, no medí las consecuencias, ni tampoco te respete. —Ella me miraba y movió la cabeza como entendiendo mis palabras, me sentí aliviado y más relajado para poder seguir. — Hace años que no tengo una relación formal y no me interesaba tenerla, no quería saber nada que me atará a una mujer porque con varias podía disfrutar y ninguno de los dos salía perdiendo nada. Cuando acepté que tu y yo repitiéramos en primer lugar fue por tu insistencia, fuiste tú la que me buscó, lo sé… No te estoy echando toda la culpa pero yo en ese momento te advertí que no me enamoraría de ti. —Mal cálculo, debía admitir. — Pero te metiste de alguna forma en mi vida que no logró entender, después de tenerte a ti te buscaba en todas y cada una de las mujeres con las que estaba, y no Juvia, no estoy enamorado de ti pero… Te necesito. Me haces bien. Quiero volver a jugar contigo.
—Juvia no va a soportar verlo con otras mujeres, no está dispuesta a eso.
—Seremos solo tu y yo… No habrá otras mujeres.
— ¿Me lo dice en serio, Gray-sama?
— ¿Por qué estaría con otras mujeres si en ellas te busco a ti? No tiene sentido.
—Eso… Juvia...Ella, no sé esperaba que usted dijera esto.
— ¿Y qué hay de ti?
— ¿De mi?
— ¿Cómo es tu relación con Gajeel? ¿Y Rogue?
— ¡Ah! Ellos, ellos son buenos amigos. —Juvia me sonrió. —Con Rogue paso algo pero no es de importancia.
—Entiendo. — ¿Me sentía aliviado? Mi orgullo de macho volvía a pisar fuerte.
—Entonces, solo seremos Gray-sama y Juvia, ¿verdad? —Moví mi cabeza afirmativamente. — Solo Gray-sama y Juvia…
—Jamás pensé que una mujer lograría esto en mí, demonios, Juvia, me has hecho caer tan bajo… Me estabas volviendo loco.
— ¿Y eso es malo? ¿Gray-sama no quiere volverse loco por Juvia? —Ella cruzó sus piernas dejando ver un poco más allá de sus muslos, me sentí caliente al instante. La piel de Juvia, sus piernas, como las extrañaba. Lo entendí como una clara invitación a que me acercará pero ella me detuvo con una mano sobre mi pecho y me miró fijamente a los ojos. —Gray-sama, quiere probar el helado de frutilla…
Aceptó que le convidará de mi cuchara, relamió sus labios, ¡demonios como me encendía que lamiera sus labios! Tomé su rostro entre mis manos y metí mi lengua en su boca, escuché un quejido por parte de ella y de inmediato correspondió a mi territorial beso que nos dejó sin aire a ambos. Al abrir y chocar mis grises con sus azules podía ver lo agitada que estaba, lo mucho que nuestros cuerpos se habían extrañado, como todo en ella me pedía más, yo quería mucho más.
—Siempre me encanto la frutilla. —Comenté. Y ella rió suavemente mientras el tono rojizo no quería desaparecer de sus mejillas.
La lleve de nuevo a su departamento, en el ascensor fueron y vinieron caricias, besos, mordidas, jadeos, el vestido de Juvia se me hacían tan conveniente ahora, como extrañaba que rodeará con sus piernas mi cintura y poder sentir su intimidad junto a la mía, ¡demonios! Quería follarla ahí mismo, follarla duro.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron y la arrinconé contra la pared de su apartamento, ella me miró con brillo en sus ojos, llenos de lujuria y pasión, me robó un beso y yo sonreí, fue el beso más puro que nos habíamos dado esa tarde, imité su gesto y solamente choqué nuestros labios en repetidas ocasiones. ¿Qué demonios me estabas haciendo, Juvia?!
—Será mejor que se vaya retirando, Gray-sama… —Dijo ella.
— ¿Eh? ¿Por qué? ¿No me harás pasar? —Ella se abrió paso corriéndose de entre mis brazos y caminando hacia su puerta mientras buscaba las llaves en su bolso. Una vez las encontró se acercó nuevamente a mí dándome otro beso y guiñándome un ojo, murmuró: —Guapo, Juvia no tiene sexo en la primer cita.
Me quedé duro, literalmente. Y ella muy sonriente me dejó en el pasillo. ¡Entiendo, no es como si tuviera que ser fácil!
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Continuará.
Buenas! Uf, pensé que no llegaba. ¿Cómo han estado? Yo disfrutando del finde largo. ¡Viva el carnaval! (?)
¡Le mando un saludo y un beso enorme a elMoou! Que ha terminado su hermoso fic. (Al menos por ahora, espero que te decidas por continuarlo.) Y me he enterado que si es un lector de este fic.
Como siempre muchas gracias a todos los que leen, le dan favs, follows y mis lectoras preferidas que siempre dejan un hermoso reviews alegrándome la semana c:
¡Muy buena semana! Nos leemos pronto. (Prometo que el próximo capítulo será más largo.)
Sugar.
