Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.


Sin Caer en el Amor


"Estamos tan acostumbrados a sufrir que cuando llega una persona y nos trata bien, nos da miedo..."


ONCE

Desde mi ventana podía ver como el sol se escondía en la ciudad de Tokyo, era bastante agradable saber que el día por fin estaba terminando mientras en mi departamento sonaba la melodiosa voz de la cantante The Cramberries en el tema Promises, ¿qué más podía pedir en ese momento? Ah sí, mi adorado café. Me acerqué a la mesada y tomé la taza que hace poco había preparado, todavía había quedado el aroma en la cocina y eso era algo que disfrutaba, el café recién hecho. Vaya manías las mías. Mi timbre sonó, sabía de quién se trataba así que rápidamente me dirigí a abrir la puerta. Mi sonrisa se dibujó al instante al ver la cabellera celeste que cada día a la misma hora desde hace una semana venía sin falta a visitarme pero claro que la señorita Loxar solo venía a pasar el tiempo de manera inocente, aún no me dejaba tocarla íntimamente y eso era algo, que demonios, estaba resultando bastante molesto. No porque me molestará o porque fuera lo único que me importará pero, ¿cómo lo explicaba? Era actualmente un gran problema, ya que, no había otra cosa que deseará más que su cuerpo. El cuerpo de Juvia, sus curvas, su cabello, su aliento a menta y su nuevo aroma a frutilla, la forma en que se cruzaba de piernas, y la forma en que curvaba sus labios cuando sonreía, el momento exacto cuando el calor subía a sus mejillas y las teñía de rojo, era todo lo que ella utilizaba para tentarme, para arrinconarme, ella sin duda buscaba que explotará, que me arrodillará y le pidiera por favor que me dejará tocarla. Pero para mala suerte de la señorita, ¿o mía? A mi también me gustaba jugar, llegar al límite, saber hasta cuando podíamos aguantar, cuál de los dos iba a caer primero, quién sucumbiría primero ante el deseo que claramente se reflejaba en nuestras miradas tan solo al vernos.

Se sentó en el sillón con una taza de café en sus manos, cruzó sus piernas y dejó escapar de sus labios un suspiro de cansancio. Se veía cansada, seguramente culpa de la Universidad y los exámenes de aquella semana, y la que faltaba, el estrés acumulado junto al trabajo en aquella nueva escuela que me había comentado hace unos días, una experiencia diferente que me la robaba durante un par de horas cada día.

—Pareces cansada. —Comenté finalmente mientras me sentaba a su lado, ella se inclinó hacia adelante dejando la taza sobre la mesa y se acercó pasando sus brazos por mi cintura y apoyando su cabeza en mi pecho volvió a suspirar. — ¿Quieres dormir? Podemos acostarnos y…

—Pensé que no dormía con otras personas, Gray-sama. —Me interrumpió. Tosí nervioso y ella rió. — O eso había dicho, ¿no?

—Te habrás dado cuenta que eres la excepción a muchas cosas, Juvia…—Dije finalmente, tratando que no notará que me sentía nervioso de tocar un tema que abarcaba mis sentimientos. No había vuelto a hablar de mis sentimientos y como ella me hacía sentir, ni Juvia había preguntado.

—A Juvia le encantaría dormir a su lado pero no está tan cansada, además… —Canturreó mientras elevaba su rostro de manera que pudiera ver directamente sus ojos azules. —Me prometiste una cena el día de hoy, ¿iremos a comer a algún lado? Juvia quiere una segunda cita.

Una segunda cita. Vaya señorita exigente, mi sonrisa se agrando. Mi mano se alzó lentamente, con cuidado se apoyó sobre la delicada mejilla de Juvia, ella cerró los ojos y dejó que mi pulgar delineará sus sabrosos y rosados labios, con delicadeza acerqué nuestros rostros, tan así que nuestros alientos podían llegar a mezclarse. Deposité un suave beso en su frente y ella en ese momento beso mi barbilla, sorprendiéndome en su repentina acción, que sin razón alguna, hizo que mi corazón, de alguna manera, se acelerará.

¿Qué había sido eso?

No, no lo sabía. Pero me había encantado.

Nos dirigimos a un restaurante que Natsu me había recomendado en la clase de Inglés, mientras le comentaba que tenía una cita importante, claramente mi mejor amigo no se había quedado del todo contento con la poca información que le había brindado, me había insistido y torturado durante más de tres horas tratando de robarme algo pero callé, todavía no estaba preparado para hablar de mi relación con Juvia con alguien, y al parecer ella tampoco, porque si Juvia se lo hubiera contado a Lucy, Lucy se lo hubiera dicho a Natsu y Natsu, sin duda, a Erza y ese par, seguramente hubiera venido al instante a buscarme para gritarme por seguir guardando secretos.

Un joven camarero se nos acercó apenas atravesamos la puerta, el lugar era elegante, no elegante de aquellos lugares donde comer te salía un ojo de la cara sino que era elegante cálido, agradable, donde dos jóvenes sencillos como lo éramos nosotros podían sentarse a disfrutar tranquilamente una cena y charlar acompañados de un delicioso vino. ¿A Juvia le gustará el vino? Debía preguntarle. En realidad, tenía muchas cosas que preguntarle, porque hubo un momento en todo ese tiempo donde Juvia estuvo en mi mente, tanto como lo está ahora, que deseaba conocer cada uno y todos sus secretos, cualidades, virtudes y defectos, quería comprender sus actitudes y sus gestos, pero sabía que aquello tan solo sería posible con el tiempo y si Juvia, eran tan amable, como para permitirme darme el lujo de conocer todos esos detalles.

Juvia había cruzado las piernas bajo la mesa para dos personas donde nos habíamos sentado y sin querer, quiero suponer, había pateado mi pierna con sus tacones de color negro. La miré divertido, esperando unas disculpas pero me encontré con sus dientes apretando suavemente su labio inferior y sus ojos azules brillosos, se veía encantadora bajo la luz anaranjada del restaurante. Sentí como el calor se concentraba en mi entrepierna y mi cuerpo se tensaba de tanto desearla.

— ¿Te gusta el vino? —Pregunté. Quería compartir con ella uno de mis gustos más secretos.

— ¿Vas a emborracharme?

Reí.

— ¿Crees qué sería capaz de algo cómo eso? No sería tan vulgar, Juvia.

—Déjeme el derecho a dudar de su palabra, Gray-sama… —Ella sonrió, estaba bromeando. Su sonrisa era encantadora. Me gustaba verla sonreír.

—Juvia…—Iba a pedirle algo realmente importante pero el camarero, que se llamaba John, ¿un inglés en Japón? Era raro de ver, nos interrumpió trayendo la carta para que podamos pedir nuestros platos. Una vez que se retiró ella me miró, tímidamente, esperando a que continuará hablando pero el ambiente había sido arruinado, así que preferí hacer esa tonta petición un poco más tarde, tal vez cuando comiéramos el postre. — ¿Te gusta el vino? —Insistí, y ella afirmo positivamente con un movimiento de cabeza mientras nuevamente me regalaba una hermosa sonrisa.

Pedimos vino, y dos deliciosos platos de pasta italiana, con una salsa tradicional de aquel país, exquisita para el paladar, a mí me había gustado bastante pero a Juvia le había fascinado, sus gestos a la hora de ingerir el plato era sumamente de placer, disfrutaba y hasta podía escuchar suspirar placenteramente cada vez que tragaba y acompañaba la comida con un trago de vino dulce. No dejaba de sorprenderme lo expresivo que podía a llegar a ser su cuerpo. ¿Eran todas las mujeres así y no me había dado cuenta? ¿O era Juvia la mujer más fascinante que había conocido en toda mi vida? Me removí en la silla y recé porque nadie se diera cuenta de mi reciente erección, además de las ganas de llegar a casa que tenía, necesitaba una ducha fría.

A la hora del postre Juvia pidió helado, no me sorprendió su elección, después de todo me había confesado que era su dulce favorito, mientras saboreaba el sabor del chocolate amargo helado me decidí por hablar con ella de un tema en particular.

—Juvia…

Ella alzó su vista, su mirada cielo me hizo recordar porque estaba ahí con ella, Juvia era una mujer que me volvía loco.

—Hay algo que quiero pedirte.

— ¿Qué sucede, Gray-sama?

—Realmente deseo, de verdad, que me digas solo "Gray" —Ella se puso seria. — ¿Podrías hacerlo? Por favor, Juvia…

—Gray…

Dijo finalmente y mi corazón dio un vuelco en ese momento, su voz, mi nombre en sus labios saliendo de tan dulce voz.

—Juvia… —Cerré los ojos, agradeciendo en silencio, tomé su mano arriba de la mesa y entrelacé nuestros dedos.

¿En qué momento me una persona se había acercado tanto como para lograr hacerme tan débil? Juvia me hacía caer cada vez más bajo, y más. ¿Me estaba enamorando de ella? De repente sentí terror, no quería volver a enamorarme de nadie.

—Gray…—Volvió a decir ella, y tuvo toda mi atención, su expresión preocupada hizo darme cuenta que estaba pensando cosas innecesarias. — ¿Qué sucede?

—Nada. —Mentí, y me sentí mal a mentirle pero ¿qué iba a decirle en realidad? ¿Tengo miedo de estar enamorándome de ti? Esas palabras no podían traer nada bueno. — ¿Has pensando en volver al instituto? Los chicos te extrañan, siempre me preguntan por ti…

—Juvia no piensa volver. Sabe que Gray será un excelente profesor, además no es divertido si no vemos tanto tiempo, Juvia quiere extrañarlo al menos un poco.

—Lo siento, no soy tan masoquista como tú, si me dieran a elegir te tendría en mi cama las veinticuatro horas del día. —Sus mejillas estallaron de vergüenza y sonreí al ver cumplido mi objetivo. — Mi cama te extraña tanto…—Murmuré.

—Apenas ha pasado una semana, deberíamos ir con más calma…

—Te esperaré toda lo que quieras, aunque todavía no comprendo cómo es que deseo esperarte, tengo ojos solo para ti…

—Juvia piensa que Gray es un mentiroso.

— ¿Por qué te mentiría?

—Todos los hombres mienten, todos…

— ¿Nunca has mentido, Juvia?

Ella guardo silencio y apartó su mirada.

—Algunas veces, pero jamás le mentiría a usted, Gray-sama…

—Solo Gray, recuerda…—Mencioné mientras llevaba la copa de vino a mi boca, después de un trago la volví a dejar en la mesa. —Me alegra saber que jamás me mentirías, no lo hagas, por favor… No me gustan las mentiras, siempre te diré la verdad.

Ella pareció que diría algo, dudo, abrió su boca y la volvió a cerrar, como arrepintiéndose, finalmente lo dijo:

— ¿Me ama, Gray?

Sorprendido, parpadeé, ella había hecho una mueca con los labios, esperaba mi respuesta pero yo jamás había esperado esa pregunta.

—No te amo, Juvia. Todavía no te amo.

—Juvia si lo ama, mucho. Por eso está a su lado.

— ¿Cómo puedes amarme? Soy una persona horrible, Juvia. ¿Cómo es qué no lo ves?

El helado se derretía sobre el pequeño plato de cristal y la peliceleste jugaba con la cuchara pero sin comer nada.

—Juvia piensa que Gray es una buena persona que ha sufrido demasiado, solo necesita tiempo y amor.

—Sabías como era y aun así decidiste estar conmigo, enamorarte de mí, eso es algo que me sorprendió… Si sabía que iba a ensuciarte de esta manera jamás me habría acercado a ti ese sábado a la noche, jamás te habría tocado, eres… eres una de las personas más maravillosas que conocí en mi vida.

—Usted es una persona maravillosa, Gray… —Ella apretó mi mano con mayor fuerza. Y una leve tímida sonrisa se dibujó en nuestros rostros.

. . . . . .

Llegamos al departamento y Juvia se sacó sus tacones dejándolos en la entrada, ahora quedaba mucho más baja que yo. Saqué mi camisa afuera de mis pantalones y ella se acercó dejando que rodeará con mis brazos su cintura, la acune en mi pecho y le di un beso en la mejilla, para después dirigirme a sus labios.

—No quiero que te vayas hoy, no te llevaré a tu casa… —Amenacé.

—Juvia no pensaba irse…

—Mejor así… —Mis labios volvieron a buscar sus labios, ella entreabrió su boca y la punta de nuestras lenguas se buscaron en un principio tímidas, tomando más confianza, nos devoramos en un simple beso, cargado de toda la tensión sexual que acumulábamos durante esa semana, mi mano bajo a su trasero y lo apretó, logrando que Juvia gimiera, aunque ella no se quedó atrás cuando sentí su mano sobre mi entrepierna ahogué un jadeo dentro de su boca. Llevaba tanto tiempo queriendo tocar su piel, rozar cada parte de su cuerpo, recordar el sabor de Juvia. Temía, temía que todo eso fuera un sueño, que despertará en cualquier momento y ella no se encontrará a mi lado, seguir siendo la misma basura que buscaba sentir un orgasmo con el primer par de piernas que se cruzará por delante. ¿En qué momento me había empezado a dar tanto asco?

Esa noche no deje de acariciar a Juvia, de besarla, de buscar que su piel tocará la mía, sentir como se estremecía bajo mi tacto y anhelaba más, ¿los dos queríamos más, no? Pero no, no sería esa noche, esa noche no la volvería a ensuciar, esta vez sería diferente, la próxima vez definitivamente sería diferente a cualquiera, me conforme con abrazarla durante toda la noche, ver su respiración tranquila mientras dormía y soñaba al parecer con algo bastante bonito, pues no dejaba de sonreír. Aparte el pelo de su rostro y beso sus labios entreabiertos mientras ella aún estaba profundamente dormida.

— ¿Qué me has hecho, Juvia?

.

.

.

Continuará.


Buenas! No, no me ha quedado más largo este capítulo, lo siento.

Al que le interesa, estoy haciendo una adaptación, puede encontrarla en mi perfil. "Manzana Prohibida".

Guest: Sí, habrá drama! Esto todavía no acaba. En tres capítulos aproximadamente las cosas se volveran a poner tensas, disfruta de estos momentos de gloria (?)

viry3fick: Gray sabe lo que es que una mujer le diga que no, pero bueno, es algo que se contará más adelante jaja Me alegro que te haya gustado el capítulo (: un beso!

lebyrintasdfghjk: Tanto tiempo! Me alegra leerte nuevamente, ya vendrá la acción, paciencia xD Pronto, no desean desesperados como Gray (?) También te extrañe :c akskals Jamás nadie me dijo "Sugar-chan" suena tan adorable, gracias (? jaja Espero disfrutes el nuevo cap! Un beso enorme!

Este capítulo fue escrito pensando en una persona en particular, realmente no quiero entrar en detalles ni decir nombres, pero una persona en particular fue fuente de mi inspiración.

¡Gracias por leer!

Sugar.