Capítulo 1

Lunes.

«Voy a morir. Definitivamente tengo que idear un plan. Puedo irme a México y vender tacos para sobrevivir… o tamales, muchos tamales… o hamburguesas. Probablemente hamburguesas sería lo mejor, pero estaría matando a mis consumidores con cada una de ellas, así que venderé comida sana para evitar infartos por colesterol elevado… aunque si mi padre no quiere comer ensaladas, seguramente moriré de hambre… Oh demonios»

Martes

« ¿Por qué es necesario hacerlo en frente de tantas personas? Prefiero que mi humillación sea privada, solo conmigo. Solo yo, sin nadie más, yo y mi soledad. Esperen, ¿Mi soledad cuenta como una persona más? Debo investigar eso…»

Miércoles

«Scott es un idiota»

Jueves

«Ya es mañana, ¿Qué voy a hacer?... ¿y si me consigo un pasaporte falso, me mudo a Canadá y digo que me llamo Thomas? Thomas el taquero de México que no habla español… los canadienses se lo creerían…»

Viernes

«Mierda…»

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Derek no se sorprende en lo absoluto al ver el despertador tirado al lado de la cama a la mañana siguiente. No lo hace, porque sabe que tuvo una noche por más ajetreada. Se levanta de su cama, llevando una mano a su nuca y acariciándola levemente antes de ver su habitación prácticamente destrozada. Al parecer la chica de anoche fue demasiado entusiasta.

Por experiencia, no se sorprende en lo absoluto al no encontrarla en ningún lado, pero si lo hace al ver una nota en el escritorio al lado de su computadora, escrita con una excelente y femenina caligrafía.

"Fue divertido. Sara"

No reprime la sonrisa de satisfacción, y solo puede proseguir a levantar su ropa interior y ponérsela, antes de salir de su habitación y caminar por el pasillo. Josh, como de costumbre, le saluda tan solo verlo entrar al baño.

—Ea—dice con su acento extraño que Derek por más que trate aun no ha podido identificar de ningún lado, y no es como si Josh fuera a decírselo tampoco. Probablemente sea australiano, y aunque el rubio haya negado esa teoría, no es tan fácil dejar de pensar que es cierta—, que hay viene nuestro chico grande.

Josh está dentro de la ducha, bajo el chorro de agua y con el rubio cabello lleno de jabón, a su lado, Boyd solo le mira con curiosidad antes de volver a lo suyo, que en este caso sería doblar las toallas.

Derek considera que, si le dieran a elegir cualquier cosa para desaparecer del nuevo hogar, sin duda, probablemente serían las duchas lo primero en irse. Lo que más extraña de la antigua casa, como generalmente le llaman Cora y Laura, son las duchas. Había seis duchas en casa, y todas ellas eran privadas para los chicos, cada uno con una de ellas en su habitación. Pero ahora, gracias a la expansión de los integrantes de su familia, no podían darse esos lujos.

Con una mueca, sin pensar demasiado, ingresa en la primera ducha desocupada. No abre la llave hasta que se deshace de su ropa interior, y cuando su cabeza está en contacto con el agua fría, cierra los ojos.

Hoy es el día.

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Stiles tiene dieciséis años, un grave problema de hiperactividad con déficit de atención, y dos días sin dormir.

Probablemente sea mejor que se vaya del país y cambie su identidad, o se encierre en su habitación por dos semanas esperando que los demás se olviden de él como siempre, aunque bien, Scott siempre puede aparecer preguntando ¿Dónde está Stiles? Y todo mundo le recuerde repentinamente, le busquen y le obliguen a pasar una vergüenza mayor a la que pasara hoy por la tarde.

Pero no es su culpa estar tan nervioso, definitivamente no. Es culpa del gobierno, porque siempre tienes que culpar al gobierno por excelencia; de los oficiales, de las escuelas y de todas las personas de la tierra. Porque sí, si ninguno de ellos hubiera tenido "esa costumbre", no iría al centro del pueblo a descubrir su verdadero yo.

Maldita ley, maldito desarrollo, maldito todo.

Teclea rápidamente en su ordenador de manera distraída, esperando a que el tiempo pase y sea hora, por fin, de salir de su casa, ir a donde pertenece y enfrentar la realidad como si esta fuera un gigante y el un héroe. No quiere moverse, o no al menos ahora, pero sabe que no hay de otra, que tarde o temprano tenía que pasar.

Sin embargo, nunca está de más buscar salidas alternativas, ¿cierto?

— ¡Stiles!—la voz de su padre llamándolo desde la planta de abajo es lo que detiene su frenético movimiento de dedos. Se separa de la computadora en un movimiento involuntario, y se gira listo para verle abrir la puerta. No obstante, no fue lo suficientemente listo para cerrar la página de falsificación de pasaportes antes de que su padre irrumpa en la habitación. John Stillinski queda mirando fijamente el ordenador, y Stiles solo aprieta sus labios de manera nerviosa—. No pienso preguntar—dice por fin—. Scott viene en diez minutos.

—De acuerdo—sus ojos revolotean por el rostro de John antes de reparar en que trae puesto su uniforme de Sheriff. No detiene que la sorpresa inunde su rostro, y tampoco es como si pudiera hacerlo—. ¿Por qué estás vestido así?

Su padre suelta un suspiro, y de cierta forma ya conoce la respuesta.

—No iras—dice en voz alta, y su padre lo repite como si fuera necesario hacerlo.

—No podré ir hoy, hijo. Lo lamento—y en serio parece que lo hace, por lo que Stiles solo sonríe lo más creíble posible, tratando de restarle importancia a algo que, sin embargo, tiene mucha—. Me llamaron hace unos minutos reportando un ataque de jaguar a las afueras del pueblo. Debo ir.

«Así que es por otro jaguar» Stiles no lo dice, pero de inmediato está viendo todos y cada uno de los reportes del ataque del felino en su mente, incluso los reportes que ha robado de la comisaria y que ha memorizado apenas hace dos días se despliegan como un ordenador dentro de su cabeza.

El jaguar ha estado atacando personas, principalmente roedores, en el área este del pueblo, y aunque la policía no tiene ninguna idea de quién puede ser, los sospechosos nunca están demás. Stiles sabe que el sospechoso con más probabilidades de hacerlo es sin duda James Jean, el arquitecto que vive a dos calles del área residencial, aunque tampoco descarta a Frederick Jones, el león que atiende la librería privada dentro de ella. Puede que Jones sea un león, pero es un felino al fin y al cabo…

—Claro, claro—Stiles dice con rapidez cuando se da cuenta que lleva segundos en silencio, y un ademan con su mano a juego para restarle importancia—. Lo entiendo, digo, hay que hacer lo que uno tiene que hacer, responsabilidad, y eso. Además eres el Sheriff, es lógico que, bueno, te llamen cuando se salgan de control ciertas… personas.

—¿Seguro que está bien?—su padre se ve tan apenado que Stiles tiene que reunir todo el autocontrol que tiene para no hacer una mueca. Porque no, no está bien en lo absoluto—. Puedo cancelar… se las apañaran sin mí.

—No papá—niega con la cabeza con una sonrisa. Por más que quiera decir que sí, que fuera con él y dejara que Parrish se encargara de todo, no podía—. Está bien, en serio. No te perderás de nada.

—Me perderé de la conversión de mi hijo—John frunce el ceño, y él disimula como el sudor comienza a bajar por su espalda debido al nerviosismo—. Eso es bastante para mí.

—Por favor— resopla aparentando seguridad, descansando su espalda en el respaldo de la silla para retirar el líquido. Oh, mala idea—, no será nada grandioso. Seguramente seré un felino, como tú o mamá…

—Sabes que eso no tiene nada que ver—sí que lo sabe—. Te lo compensare. —su padre solo sonríe levemente

—Con tal de que comas mis ensaladas.

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Cuando Derek sale de la camioneta todo terreno que han usado para transportarse por el bosque, solo puede fruncir el ceño mientras ve hacia el frente, siendo completamente consiente de como los nuevos adolescentes huelen a nerviosismo y sudor. No recuerda haber sido así cuando fue su primera conversión, pero no puede culparlos. Es normal.

Tan solo descargar las cajas que la Alcalde ha pedido, Josh y Boyd le han dejado por completo solo. La tarea de Derek es hasta cierto punto sencilla, solo ajustar la transmisión del micrófono y conectarlo al ordenador de Erika, para que la señal pase a través de ella y se amplifique antes de mandarla a las televisiones de los habitantes del pueblo. Sencillo y rápido.

Siente como una persona se acerca cuando termina de ajustar el último cable a la bocina, y no levanta la vista, porque sabe perfectamente quien es.

—Hay demasiadas hormonas aquí—dice Peter a su lado, sonriéndole maliciosamente, y Derek se sigue preguntando mentalmente porque demonios sigue en esto si tanto le molesta.

Su madre no tiene a Peter aquí, y este bien podría haberse dio desde hace tiempo.

—Qué esperabas—gruñe, cruzándose de brazos, y no es una pregunta en lo absoluto, es un comentario lleno de sarcasmo y toda la molestia que puede reunir, porque definitivamente odia esta época del año con todo su ser.

Los chicos… los novatos, se reúnen unos con los otros, charlando debajo del pequeño escenario que han montado los decanos. Han estado llegando poco a poco, y paulatinamente el grupo inofensivo del inicio se transforma en un mundo de gente. Si pensaba que antes olía mal, ahora realmente apesta, una cortina de olores nerviosos y llenos de ansiedad que le hacen fruncir su afinada nariz y fruncir el ceño.

—Uff—Peter comenta con una sonrisa torcida, haciendo un ademan con su mano—. Esto apesta.

—Deja de quejarte—Derek dice, rodando los ojos, antes de acercarse a una chica rubia exuberante—. Erika, ¿Dónde está Laura?

Erika termina de conectar el ordenador a su cargador y colocarlo en una mesa, y le dirige una mirada burlona antes de, agitando su rubia cabellera, se suba el corsé del pecho. Si Reyes hubiera hecho ese movimiento un año antes, probablemente hubiera pensado que era un nuevo intento de seducirle, pero ahora lo único que puede pensar al respecto es que la chica ya le tiene la bastante confianza para hacerlo sin importarle realmente.

—¿Tu hermana? —Erika pregunta de manera socarrona, alzando una perfecta ceja castaña—. ¿Para que necesitas a la pequeña Laura? ¿Problemas emocionales, jefe?

—Erika—gruñe en advertencia.

—Que humorcito te cargas, ¿eh? Al parecer los novatos te molestan tanto como a mí—dice de nuevo, con mofa. Alza la mano apuntando a lo lejos con un ademan de mano tan elegante que es imposible que no lo hubiera calculado antes—. Fue con tía Thalia al bosque.

Derek asiente con la cabeza, girándose para internarse al bosque, escuchando como Erika se queja en voz alta detrás de él.

—Ni siquiera dio las gracias…

Sonríe ladinamente sin poder evitarlo, sabiendo de antemano que haría rabiar mucho más a su querida amiga. Reyes no es precisamente una persona que tenga "paciencia", mucho menos con personas como él, que no están ni de manera remota cerca de ser amigables.

Los arboles son altos después de caminar un par de metros, y el barro debajo de él le recuerda que definitivamente estuvo en lo correcto en llevar botas ese día, perfectas para el camino a traviesa.

El sonido a su izquierda le alerta de inmediato, y antes de poder hacer algo, un cuerpo cae desde la copa más cercana, rodeando con sus piernas su torso. Derek está a punto de golpear a quien sea que lo haya hecho, hasta que recibe un característico beso en la mejilla.

—¿Es que acaso no puedes ser normal y no subir a los arboles?—pregunta, el tono de fastidio impreso en su voz como una constante. Laura suelta una cantarina risa, sin bajarse de su espalda en lo absoluto.

—Eso sería demasiado aburrido, Der—dice, usando su apodo, y con un ligero golpe de su bota en sus costillas, él entiende de inmediato que no se bajara. Comienza a caminar de regreso al prado en donde se supone que se reunirán los novatos—. Además, mamá siempre dice que tengo complejos de mono.

—Adorables complejos de mono—escucha que dice una voz a sus espaldas, y Derek no se sorprende en lo absoluto al ver que Josh le alcanza, colocándose a su lado—. ¿Ya han llegado los novatos, Derek?

—No—gruñe cortamente, sin querer seguir con una conversación que solo le hará estar más irritado. O hacer cosas como el preguntar porque carajos Josh estaba con su hermana solos en el bosque.

Cuando llegan al prado, Laura de inmediato salta de su espalda hacia el frente, cayendo con gracia y saliendo disparada hasta donde Erika y Boyd discuten acaloradamente sobre algo—o más bien la rubia habla con pasión y el otro solamente escucha—.

Derek abre la boca para preguntarle a Peter cuando este se acerca, pero de inmediato la voz de su madre le interrumpe.

—Familia, todo el mundo aquí—si le preguntaran y él contestara con la verdad, dijera que su madre parece una entrenadora de algún deporte antes de comenzar un partido importante, siempre con una sonrisa y diciéndoles lo que deben hacer para ganar. Como es de esperarse, los demás miembros de su nada pequeña familia se reúnen, observándola con atención—. Nuestro trabajo, como siempre, es servir de instructores. Eso significa que ayudaremos a los jóvenes a des transformarse si es necesario, controlar a los que se salgan de control y ayudar a los que necesiten de nuestra ayuda.

Derek sabe que jamás de los jamases su madre dirá que están también ahí para tener nuevos miembros, y aunque todos lo saben, nadie dice nada al respecto. Los nuevos miembros de la familia siempre son dos o tres, y son principalmente lo que su madre llama diferentes, y no de mala forma.

Sabe que su madre es capaz de hacer un lazo con otros en cuestión de segundos, y en casos sumamente excepcionales ella decide ofrecer asilo en su casa, como los demás instructores del pueblo.

—Bien—Thalia dice después de unos minutos de ver el reloj de su muñeca—. Esto comenzara pronto, así que todos a sus lugares, muchachos.

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Stiles tiene que ser literalmente sacado del jeep por la fuerza bruta, y Louis y Scott solamente pueden escuchar como comienza a quejarse en voz alta, de nuevo.

—Chicos, déjenme ir—lloriquea en los brazos de Scott, sintiendo como Louis es quien detiene sus piernas—. Iré a México y ya no les molestare, incluso conseguiré un empleo y les pagare el dinero que les debo.

—No nos debes nada—dice Scott de inmediato, queriendo cortar con su verborrea.

—Lo que les deberé, ¿saben que los boletos de avión no son gratis?

—Yo no te prestare nada, Stillinski—Louis se queja de inmediato.

Stiles sabe que debe conseguirse nuevos amigos, principalmente porque Louis la mayor parte del tiempo es un idiota, y Scott, bueno, es el amable del grupo, pero tampoco es lo que se le llama inteligente. Sabe que, si quiere que su plan de huir a México funcione, lo mejor es que consiga nuevos cómplices.

Principalmente que sean súper criminales y que puedan aconsejarle sobre qué hacer para no ser encontrado nunca.

Pero ya no puede, porque justo cuando Scott llego, su padre, el muy traidor, le dio las llaves del Jeep a él, diciéndole que por favor no le dejara escapar. Su amigo, como no, le dijo que no había problema, y que de hecho lo mejor era llamar a Louis—el idiota que conoció hace dos meses en los castigos de Harris y que casualmente había fingido ser inteligente y agradable en ese entonces para ser su amigo—, para que este, como no, le ayudara a mantenerle quieto durante la ceremonia.

Oh sí, la gran CEREMONIA, en letras mayúsculas, cursivas, negritas y subrayado incluso, lo mejor de lo mejor, la cosa más grande en el pueblo y que cada año se hacía sin falta.

Bien, uno pensaría que, al crecer, las cosas se vuelven más fáciles, pero no, porque de hecho no lo son en lo absoluto, y el único que parece verlo es Stiles. Cuando eres pequeño, y te das cuenta que tus padres se convierten en animalitos a voluntad, estos te cuentan cosas sobre tu mundo, te explican que cuando seas mayor tu podrás ser genial como ellos lo son; en la escuela te explican mejor todo, y es entonces cuando tu entiendes que todo mundo tiene un espíritu interior que le une con la naturaleza y todas esas chorradas sin sentido que no escuchas, porque lo único importante de todo ello es que, adivinen, serás un animal.

Yeeeei

Y eso es genial, porque, ¿Qué niño no desea ser especial? Bueno, eres especial desde que naciste, y eso es hermoso.

Pero no, Stiles sabe que no lo es, porque cuando llegas a la edad de descubrirlo, los profesores, esas cosas malditas del diablo que lo único que hacen es llenarte la cabeza de posibilidades cada una peor que la anterior para hacerte la vida imposible, te dicen:

—"No es tu decisión, te convertirás en cualquier animal, desde un insecto hasta una ballena. Tu espíritu decidirá por ti."

Y sí, ahí entra el conflicto, porque después de eso te dicen que no será privado, sino que será en una ceremonia frente a todo el pueblo, con cámaras que filmen cada momento de tu transformación transmitiendo la señal a 200 kilómetros a la redonda.

Una completa maldición, ¿cierto?

—Déjenme ir—Stiles vuelve a pedir, pero como es de esperarse, sus amigos niegan con la cabeza.

—Nop—dice Scott, e incluso pronuncia una fuerte P al final—. Le dije a tu padre que asistirías a tu conversión.

—Pero, ¿Qué sucede si soy una raña, o una mosca, o una cosa completamente inútil como una lagartija o una cucaracha? ¡Una cucaracha, Scotty! Y todos verán que soy una cucaracha, buscare en la basura para sobrevivir y seré de un color café horrible, una escoria de la humanidad literalmente. Viviré en la alcantarilla y eso me hará apestar feo, muy feo, y papá ya no me dejara asistir a las noches de cine familiar, tu madre dejara de hacerme brownies e incluso tu Louis—apunta al castaño, quien solo alza una ceja con burla—, me dejaras de hablar. Pero espera, que todo empeora, porque Jackson ahora si tendrá motivos para aplastarme, y si Lydia no me quería antes ahora definitivamente no lo hará, y nadie probablemente, porque, adivina, ¡Soy una jodida cucaracha!

—No serás una cucaracha—dice Scott, sonriéndole tiernamente, y hay algo en esa sonrisa que le hace preguntarse si realmente tiene que cambiar de amigos. Porque, vamos, Scotty es adorable.

—Claro que no serás una cucaracha—secunda Louis de inmediato, y Stiles sabe que lo de antes no era cierto. Tiene los mejores amigos de la historia—. No serás una cucaracha porque obviamente serás un feo y apestoso mono aullador que jamás cerrara su fea y apestosa boca.

Decidido.

No se deshará de Scott, es demasiado adorable para ello.

Pero Louis no tiene la misma suerte.

.

Stiles por fin ha dejado de pelear para cuando las personas importantes suben al escenario, sin embargo, no puede evitar seguir pensando en la posibilidad de ser un animal por demás horrible, o inútil, y que no hará sentir a su padre orgulloso; en que no tendrá empleo por ser ese animal en particular, que no tendrá novia o novio, sus hijos nunca existirán, y definitivamente nadie querrá estar cerca de él y tendrá que irse lejos a las montañas al otro lado del bosque para dejar a los demás vivir tranquilos sin la presencia del indeseable Stillinski.

—Muy bien—la voz de la alcaldesa le saca de sus pensamientos, pesimistas. Su cara estaba alta, su porte era elegante. Está orgullosa de lo que es y sus extremidades lo demuestran, recta para estar visible ante todos y todas—. Alumnos de Beacon Hills, hemos venido a esta ceremonia tan gloriosa, en la cual al fin, después de 16 años de espera, sabremos, todos nosotros, el verdadero ser correspondiente de todos sus hijos, de nuestros niños. Su verdadero yo.

Hay un gran aplauso en cuanto hace una pausa, y la alcaldesa sonríe complacida, mostrando sus colmillos. Un estremecimiento le recorre la columna vertebral. Esa mujer, lejos de ser una persona en la cual confiar, no le da buena espina en lo absoluto.

Sin esperar un nuevo aplauso o algo parecido, la mujer comienza a hablar de nuevo.

—Nombraremos a todos y cada uno de ustedes, pasarán al frente y presenciaremos por primera vez su transformación—dice con una sonrisa que a Stiles se le antoja más falsa que nunca—. Esta es una ceremonia tan feliz e importante, que me sorprende no verles más emocionados, ¡es que acaso no lo están?—como si hubiera sido ensayado, los alumnos de inmediato gritan, lanzando exclamaciones fuertes y algunos silbidos. Stiles lo único que puede hacer es pegarse aun más a Scott mientras él también grita sin saber que hacer exactamente. Cuando el barullo se calla, la alcaldesa retoma la palabra—. La conversión es un honor, y todos deben de saber que estamos orgullosos de su resultado—su sonrisa se agranda, y de nuevo, hace un ademan elegante pavoneando algo que Stiles conoce perfectamente.

La alcaldesa es una de las criaturas más mortales del mundo, después de todo. No es sencillo no estar completamente orgulloso de ser una tigresa.

Es entonces cuando llaman al primero y al segundo por apellidos, ambos completamente nerviosos suben al estrado, y ante los ojos atónitos de Stiles, que solo ha visto dos veces como es que cambian, como es que se transforman, la ondulaciones comienzan a recorrer el cuerpo entero de ambos chicos. +

Ahora entiende porque en ningún libro habían descrito la transformación.

No pueden hacerlo.

Es como si un parpadeo el cuerpo entero se llenara de una bruma que le impide ver detrás de él, y al siguiente el animal ha aparecido, tan rápido y momentáneo que es sorprendente.

El primero, Arnold cree que se llama, ha desaparecido una vez que las ondulaciones terminan, y ante los ojos impactados de Stiles, toda la multitud aplaude cuando solo queda un pequeño conejo de color blanco en su lugar. Bien, que Arnold no se transformo en nada grandioso, o memorable, pero en si lo único que importa es que lo ha hecho.

Se ha transformado.

El segundo sin embargo, sí que es sorprendente, y cuando termina de transformarse el rugido que suelta el gran lagarto en el que se ha convertido es suficiente para hacerle retroceder un par de pasos.

Un cocodrilo.

La multitud estalla enardecida, feliz, contenta y orgullosa, e incluso cree escuchar como los padres de ambos chicos exclaman con voces poderosas lo orgullosos que están de ambos.

La alcaldesa sonríe, viendo a ambos animales con un brillo de orgullo que Stiles no había visto nunca en nadie.

—Bien, Arnold y Kevin se han convertido—la multitud vuelve estallar en felicitaciones—. Ahora, el siguiente paso para ellos es ir con sus semejantes y aprender a usar sus nuevas habilidades. Por favor, chicos—dice la alcaldesa, y los animales de inmediato le miran con atención—, pasen atrás del escenario. Ahí se les ayudara a recuperar su forma.

Stiles conoce las habilidades de ambos mucho antes de darse cuenta. El conejo es rápido, sin duda, y el cocodrilo es fuerte y se sabe camuflar, un excelente nadador y un cazador paciente que asecha a su presa sin ser detectado en el agua. Sin duda, ambos serán útiles cuando el proceso de aprendizaje termine.

Sin quererlo, comienza a preguntarse de nuevo en que animal se transformara, que será y como reaccionara su padre ante eso. Stiles sabe que tiene un par de horas para empacar sus pertenecías antes de separarse por los próximos meses de su padre e irse con sus entrenadores, pero aun así, no puede evitar entristecerse ante la idea de ya no ver a su padre en el desayuno.

—¿Estas pensando de nuevo, Stiles? —escucha que Louis pregunta en voz alta llamando su atención. Enfoca su vista en los ojos azules de su amigo, y puede ver que Scott también le está observando con preocupación.

—¿Aun quieres escaparte? —escucha que Scott pregunta, y aunque la respuesta sigue siendo sí, sabe que no puede hacerlo.

No ahora.

—No—niega con la cabeza—. Solo me estaba preguntando qué clase de gatito domestico serán ambos—repone con sarcasmo, y Louis sonríe irónicamente antes de que Scott ría con fuerza.

—Muy gracioso, Stillinski.

El tercer alumno fue llamado, y Stiles de nuevo se sorprende al verlo cambiar en un precioso cisne de color negro, que de inmediato agita sus alas confundido.

Pasan uno por uno, mientras que el agujero en su estómago crece con cada paso que daban hacia el frente, y se mueve furiosamente cada vez que las transformaciones salen a relucir. Traga saliva fuertemente cuando llegan a Allison Argent, la ex novia de Scott, y siente de inmediato como su mejor amigo se aferra a su mano.

Al lado de Allison, hay un chico que recuerda vagamente que se llama Sam. Ambos se sonríen para darse ánimos, y comienzan a salir las ondulaciones de su cuerpo. Stiles no está consciente del todo, pero cuando estas terminan, Allison se ha convertido en una hermosa águila de color plateado, que lanza un chillido al aire. Scott no puede más que seguir apretando el brazo de Stiles.

—Lo hizo—murmura McCall, sonriendo aliviado.

—¿Qué esperabas? —Louis sonríe, mirándoles con una ceja alzada—. Es Allison de quien hablamos.

—Que confianza muestras en ella—Stiles comenta sarcásticamente, y el chico solo se encoge de hombros.

—Recuerda que ella me ayudaba con mi tarea de matemáticas.

Los chicos siguen subiendo por apellidos, pero Stiles realmente no presta mucha atención, o no al menos hasta que llegan Isaac Lahey, un chico que si bien no ha charlado en demasía con él, es un gran compañero de Lacrosse con el que ha intercambiado una que otra palabra—generalmente Isaac le preguntaba si podía pasarle los apuntes de Harris—.

No le sorprende cuando el rubio comienza a ser llenado de nuevo por las ondas. Al segundo siguiente, un perro enorme con el cabello dorado y rizado observa a la multitud con unos impresionantes ojos azules, que poco a poco se tornan en dorados. Un lobo, ni más ni menos.

Scott a su lado estalla en aplausos, al igual que Louis, quien desde hace momentos a comenzado a gritar obscenidades con la excusa de que nadie puede oírlos realmente.

No pasa más de un segundo para que la alcaldesa pronuncie uno de los nombres que Stiles ha estado esperando.

—Lydia Martin.

Lydia como siempre, se yergue orgullosa, subiendo las escaleras con una gracia impresionante. Todos los chicos del equipo de Lacrosse vitorean, y Stiles observa como Jackson frunce levemente el ceño en expectación.

El cuerpo de Lydia enfundado con un hermoso vestido azul marino comienza a cambiar, borrándose levemente hasta por fin aparecer con el animal que le representa mejor que ninguno otro.

Los aplausos estallan de nuevo.

Y Stiles tiene que darle un apretón al brazo de Scott porque siente que definitivamente se va a desplomar. La alcaldesa también parece estar en el mismo estado, y abre los ojos impactada cuando Lydia suelta un sonido hermoso con su nuevo cuerpo.

—Es un delfín—pronuncia Stiles con la poca cordura que le queda.

En efecto, Lydia es un hermoso delfín cuya tersa piel brilla en el sol, grande y de un color azulado metálico que raya al plateado, comienza a removerse en el escenario, y Stiles recuerda que no es común que alguien sea un animal nadador en este pueblo. De inmediato, observa como dos hombres corren del escenario para tomar a Lydia, quien se sigue removiendo con incomodidad, y la llevan hasta el otro extremo del predio, donde un tanque de con agua cristalina les espera.

Al parecer los hombres tienen demasiada fuerza, puesto que como si no pesara colocan a Lydia con cuidado dentro, y llevan el tanque lejos de la visión de todos.

—No puedo creerlo—dice Louis, sorprendido—. Es un jodido delfín,

—No se sorprendas tanto—Stiles comenta cuando ha recuperado la habilidad del habla—. Después de todo es la más lista del pueblo.

No pueden seguir hablando, porque el nombre de Scott es de inmediato mencionado.

—Scott McCall.

Su mejor amigo le manda una mirada de nervios, antes de comenzar a caminar. Louis de inmediato le sonríe, alzando el pulgar.

—¡Ve a por todo, Scott! —grita, y Stiles se encuentra gritando él también.

—¡Muéstrales lo genial que eres, Scotty! ¡Hazme sentir orgulloso!

Scott solo les dedica una mirada cuando sube las escaleras, posicionándose en el escenario junto a otra chica, y cuando la alcaldesa asiente, su mejor amigo respira.

«Tu puedes Scott» piensa, con una sonrisa, y es cuestión de segundos para que las ondulaciones comiencen de nuevo a cubrir su cuerpo. En un segundo, su mejor amigo es rodeado por esa capa brumosa que no le deja ver para nada, y en otro un enorme lobo de color chocolate abre sus ojos dorados, parándose en cuatro patas y mirando al público con pánico en su mirada.

Stiles explota en un coro de ovaciones junto a Louis y los demás alumnos restantes.

—¡Ese es mi Scotty! —grita con fuerza, su voz sobresaliendo de las demás al quedar solo la mitad de la generación.

—¡Lo has hecho campeón! —Tomlinson alza la mano, y sin dudarlo Stiles choca la suya, ambos felices.

Scott, quien al parecer está feliz tanto como ellos, suelta un aullido que atraviesa el cielo, haciéndoles reír con euforia, olvidándose de los nervios y que en cuestión de minutos ellos también subirán, solo sintiendo la felicidad por su amigo vibrar en sus venas como si fuera propia.

Lo que sucede después es algo que ni siquiera a Stiles le importa, y cuando por fin llegan a las S, siente que su corazón se transporta a su garganta, alojándose ahí y cerrándole cualquier posibilidad de respirar por él mismo.

—Voy a vomitar—dice, y Louis de inmediato le observa, abriendo sus ojos impactado.

Oh no, que Louis le mire de esa manera nunca es nada bueno.

—Stiles, no… mírame—le toma por los hombros cuando comienza a respirar pesadamente y con jadeos—. Mierda, ahora no, por favor. Stiles, no entres en pánico, todo saldrá bien…

—No puedo…

La palma de Louis se estrella contra su mejilla volteando su cara, y Stiles de inmediato le está mirando impactado.

—¡¿Por qué demonios hiciste eso?! —chilla de manera indignada, y Louis sonríe encogiéndose de hombros.

—Ya no estás en pánico, ¿o sí?

—Pero eso ha dolido, bastardo hijo de…

—… ¿Cómo se pronuncia esto? —La voz de la alcaldesa interrumpe su insulto, y de inmediato Stiles se tensa, sabiendo que es él el próximo—. No puedo… ¡esto siquiera es un nombre? —Él definitivamente no frunce el ceño cuando los chicos comienzan a reír, sabiendo perfectamente quien es—. Bien, puesto que su nombre es impronunciable, por favor que Stillinski suba.

Suelta un suspiro, y de repente los nervios comienzan a llenarle la boca por completo. Siente el color de su cara irse, mientras se tensa y levanta de manera autónoma. Sus ojos están abiertos, viendo cualquier amenaza posible, y siente una sensación revolverle el estómago. Una fuerza descomunal se instala en su pecho, y dicha fuerza agitada se remueve dentro de él queriendo salir al exterior. Ha llegado la hora, se dice cuando se posiciona frente a la mujer de sonrisa publicitaria.

—¡Vamos Stiles!—escucha como Louis grita, pero no es momento de buscarlo en la multitud, simplemente no lo es.

La alcaldesa le sonríe ampliamente, y cree ver un brillo de malicia en sus ojos, aunque probablemente es su imaginación paranoica al pensar que será un sapo o algo peor. Un gruñido nada propio de él se instala en su garganta, queriendo salir y rasgar sus cuerdas vocales con tal magnitud. Afortunadamente lo ahoga en su garganta, sorprendiéndose.

Recuerda cómo es que su profesor dijo que debían hacer llegado el momento. Pensar en cómo son, en su alma como un ave apresada en lo más profundo de su cuerpo e imaginar un sentimiento potente para el cambio sobrevolando al pequeño pajarito como llamas enojadas capaces de romper los barrotes de su prisión interior.

«Rompe las cadenas, Stiles»

Cuando estás en la cima de una montaña, generalmente piensas que sería genial el observar a todo mundo desde arriba, imaginarlos como hormiguitas, embelesarte con los paisajes sorprendentes que seguramente veras y sonreír, porque estás vivo. La euforia por haberlo conseguido, posiblemente de manera parecida a la que sucede cuando logras hacer una meta.

Pero no, él sabe que no es para nada parecido a eso.

Es lo contrario. Es horrible, hasta cierto punto lo peor que le puedes desear a una persona. Comenzando con que en la cima de la montaña, la presión de oxigeno es muy baja. No puedes respirar, porque cualquier inhalación se transforma en dióxido de carbono, consumiendo el poco oxigeno que queda en el ambiente. Eso hace que se te engarroten los músculos, que tus ojos se agranden y comiencen a chillar, un nudo instalándose en tu garganta del tamaño de tu puño, impidiéndote incluso el jadear de esfuerzo.

Y nadie te ayuda, porque sabes que el único que subirá alguna vez está lejos de ti, probablemente cazando a un jaguar asesino a cientos de kilómetros. No hay ayuda, no hay salvación, solo tu sufriendo el no poder respirar por un mero capricho.

Bueno, transformarte por primera vez es bastante parecido.

Tu cuerpo humano nunca ha sufrido nada igual, un cambio tan extremo que nadie puede imaginarlo. Uno no puede siquiera imaginar el dolor si nunca ha sentido nada parecido.

Porque eres consciente de como tus huesos se rompen, y cambian de lugar con un chasquido, tomando una forma para nada natural antes de reajustarse de manera definitiva; de como tu piel se ensancha y rompe en ciertos lugares, de cómo la sangre corre libremente por aberturas que tus talones han provocado. Como tus encías sangran por el crecimiento excesivo de los incisivos, como tu cartílago se moldea con la facilidad de una arcilla y toma forma. Literalmente estas deformando todo lo que eres.

Sus ojos comienzan a captar más color del que nunca había sido consiente, y no, no ve en blanco y negro así que no es un perro, pero siente como tiene cuatro patas aunque su abdomen este en el suelo frio del escenario. Las exclamaciones sorprendidas de la multitud frente a él es más que suficiente para que pare sus nuevas orejas.

Los colmillos le crecieron, mientras se clavan en su grueso labio inferior al apretar los dientes. Su nariz se agita de manera perruna, buscando olores nuevos e impresionantes que captar, pero no encuentra más que una fuerte fragancia floral que flota en el aire. La necesidad imperiosa por levantarse le hace hacerlo, y aunque casi se cae al alzarse en sus nuevas cuatro patas, se mantiene en pie lo suficiente para ver hacia arriba a la alcaldesa.

Así que concluye que no es un lobo.

Siente entonces como los demás aplauden, y puede suspirar aliviado al saber que no, efectivamente no es una mosca o un sapo. Y concluye que no lo es cuando siente la mano de la alcaldesa sobre su cabeza.

Un gruñido nace en lo más profundo de su garganta, y no puede ahogarlo por más que trate de hacerlo. Es un sonido gutural, extraño. Pero no parece perturbador como salido de una pesadilla, sino más bien a como gruñiría la combinación extraña entre un gato y un perro. Todos se le quedan viendo, pensando que han escuchado mal, o probablemente que había una bestia detrás de la alcaldesa, pero no.

Stiles le está gruñendo a ella. .

Es entonces cuando siente como la piel de su cabeza es golpeada fuertemente, mientras su espalda baja tenía un estremecimiento. El dolor le azota la coronilla, probablemente porque alguien le ha golpeado, y cuando gira para ver quien ha sido, un pañuelo cae sobre su cabeza tan rápido que lo único que ve son dos manos aproximarse a él.

Stiles agita la cabeza desesperado por hacer desaparecer eso que le mantiene cegado por completo, pero no puede, porque de inmediato dos fieros agarres fuertes le sostienen el cuerpo, dejándolo inmóvil.

Lo único que siente es como es llevado fuera del escenario y dejado en el suelo.

Es entonces cuando la venda cae de sus ojos y se topa con dos miradas verdes fijas en él.