Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.

Capítulo dedicado a Taty Hyuuga.


Sin Caer en el Amor


"Nunca cometas el mismo error dos veces"


Quince

Jamás tuve algún prejuicio sobre las personas homosexuales. Nunca me intereso que era lo que hacían las personas en sus camas, estando yo bastante seguro de mi sexualidad el resto me daba igual, estábamos en una época donde todos éramos más abiertos de mente, juzgar a una persona por lo que hace en su cama, ¡que bajo! Cada uno tenía derecho a hacer lo que se le cantaba. Aunque la zoofilia o la necrofilia desde mi punto de vista debía tratarse como una enfermedad grave, el resto, aquellas personas que disfrutan del sexo entre personas vivas, me daba igual.

De hecho había tenido conocidos y amigos homosexuales, bisexuales, pansexuales, básicamente era algo que no me molestaba, el respeto era algo que jamás se perdía mientras ellos entiendan mis gustos, yo entendía y respetaba el de ellos, y jamás había tenido problema particular con este asunto hasta que conocí a Sting.

Sting era un chico guapo, fachero, rubio, ojitos claros, buen cuerpo y era gay, para la tragedia de muchas mujeres. A mí no me tomó de sorpresa, algo sospechaba sin embargo si me había tomado por sorpresa su atracción hacia a mí y su acoso, que si bien no era algo de todos los días, estaba y ¡joder que era molesto! Había hablado con él varias veces, nuestras charlas nunca llegaron a nada más, en charlas se quedaron, el problema estaba en que a pesar de las negativas y de los años que pasaban el chico no se rendía. Y esta fiesta de disfraces implicaba darle una nueva oportunidad para sus acosos constantes.

Natsu me decía que exageraba, que en realidad las cosas no eran tan así pero claro ¡no era a él quien a acosaban!

Salí del baño con la toalla envolviendo mi cintura, eran las siete de la tarde y dentro de una hora debía pasar a buscar a los chicos para irnos a la fiesta, aún tenía una hora para prepararme. Miré mi disfraz encima de la cama, el traje de gladiador era genial y estaba seguro que no habría otra persona en la fiesta con el mismo.

Como futuro profesor de Literatura los gladiadores eran personajes que simplemente me encantaban, su nombre en latín gladiator, de gladius que significaba espada, eran combatientes armados que entretenían al público en la Antigua Roma. Y eso no era todo, Juvia me había dicho que tenía cierto fetiche con los gladiadores, así que acá estábamos.

Mi disfraz era blanco, con detalles en dorado y otros detalles de ropa en marrón, también tenía una capa roja que caía enganchada desde mis hombros. Cuando Natsu vio mi disfraz dijo que la capa era lo mejor y es que las capas son geniales. ¿Qué sería Superman sin su capa?

Cambiado y casi listo, termine de arreglarme el pelo y ponerme un abrigo antes de bajar en busca del auto, cuando llegué a casa de Natsu salieron junto con Lucy, Lucy se había comprado al final un disfraz de hada, le quedaba bonito y Natsu había terminado con uno de pirata y un parche en el ojo, cuando pasamos por la casa de Juvia ella demoró un poco en bajar pero cuando la vi salir con su traje de ángel algo bajo mi vientre reaccionó de inmediato. Estaba ligeramente maquillada y se veía adorable. Cuando la salude le corrí el rostro para que nuestros labios se encontraran, creo que se sorprendió pero no me dijo nada.

—¿Habrá mucha gente? —Preguntó Lucy mientras se retocaba el maquillaje en el asiento de atrás.

—Con lo sociable que es Sting… —Natsu se encogió de hombros. —Es lo más probable.

— ¿Erza iba a venir? —La rubia miró a su novio, esperando que respondiera.

—No se encontraba bien. —Respondí por Natsu. Todos dirigieron su mirada a mí. — Aunque como tenía el disfraz dijo que capaz le hacía bien distraerse.

— ¿Le ha pasado algo? —Dijo Natsu preocupado. Lo miré por el espejo y luego desvíe mi mirada a Juvia, no quería comentar delante de ella que Erza había pasado la noche en casa por más que no hubiera pasado absolutamente nada así que negué con la cabeza y seguí prestando atención al camino.

Llegamos a la fiesta y Sting nos recibió, el chico parecía igual de energético que tiempo atrás, salto a mis brazos diciendo lo mucho que me había extrañado y con molestia lo aparte. No me gustaban los abrazos o que la gente me tocará.

Sting parecía un príncipe, esos de cuentos infantiles, el que rescata a la princesa de un temible dragón con su traje y había gente de más en aquel lugar, la fiesta se veía bastante animada, la música alta, el alcohol sobraba, las copas iban y venían. Agarre la mano de Juvia y nos dirigimos a una mesa para buscar algo para tomar. Natsu había salido corriendo al ver a viejos compañeros y Lucy había ido con él, a mi no me interesaba ver a viejos compañeros.

— ¿Cerveza? —Juvia asintió. Y con un vaso en cada mano nos dirigimos a un rincón menos ruidoso.

—Gray-sama lo están mirando demasiado. —Juvia tenía los labios fruncidos en un ligero puchero.

— ¿Eso son celos? Creo que la que esta levantando miradas eres tú.

—Son celos. —Admitió la peliceleste. La acerqué a mi cuerpo y la acorralé contra la pared, sus ojos celestes se clavaron en mí, le dediqué una sonrisa divertida.

—Vine aquí por ti. Estoy así vestido por ti. Me estas volviendo loco, Juvia.

Me incliné levemente hacia ella y me besó. Fue un beso posesivo y una lucha de dominación entre nuestras bocas. Su sabor a menta se había vuelto una adicción. Al separarnos Juvia me arrastro al centro de la improvisa pista de baile que habían armado en el salón de Sting y comenzó a moverse de manera provocativa, la continué el juego, era divertido tentarnos como en la primera noche, esa primera noche, jamás pensé que terminaríamos de esta manera.

Sting paso por un costado y me dio una nalgada en el trasero, me volteé con el entrecejo fruncido y él me dedico una sonrisa tonta mientras levantaba y bajaba sus cejas divertido. Lo insulté por lo bajo.

La peliceleste también lo quedo mirando de mala manera y tomándome de la capa me empujó hacia ella para besarme delante de él, claramente continué su beso mientras pasaba mis brazos por su cintura y la acercaba a mi cuerpo. Estaba tan cerca que podía sentir como su corazón se había acelerado.

—Eres hermosa, Juvia. Me encantas. — Me olvide de Sting, de su nalgada, me centré en Juvia, sus azules brillaban emocionados y su boca se acercó robándome otro beso. Un beso inocente. — ¿Qué? —Le dije con una sonrisa ya que ella no me decía absolutamente nada.

—Te quiero, Gray-sama.

La abrace, escondiendo mi rostro en su cuello, besándolo delicadamente, "también te quiero" tendría que haber respondido pero aún no estaba preparado para decir aquellas palabras así que simplemente le demostraba mi cariño y aprecio como podía.

— ¿Quieres venir a casa después de la fiesta? —Murmuré sobre su oído para que pudiera escucharme.

—A Juvia le encantará.

—A mi mucho más. —Respondí mientras mis manos se paseaba por su espalda baja deseando acariciar mucho más que aquella tela blanca.

Mientras bailaba con Juvia a lo lejos junto a un grupo de personas bastantes raras estaba Rogue, no podía creer que Sting conociera a ese idiota y no soportaba como ese idiota miraba Juvia. Con una mirada fría me hice notar. Deseaba marcar mi terreno, de repente me sentí un animal salvaje tratando de ahuyentar a todos de mi presa. Desconocía lo celoso que podía llegar a ser y a veces me sorprendía al punto donde llegaban esos celos. No quería armar una pelea pero la presencia de ese individuo en particular me hacia hervir la sangre.

En ese momento Juvia volteó y observó a quien estaba mirando de tan mala forma.

—Rogue-san…—Murmuró. Y giró su rostro hacia mí. — ¿Cree qué Juvia debería ir a saludar?

Parpadeé confuso. Después de todas las situaciones que habíamos pasado con ese idiota, después de verla besarse que con sujeto… ella quería ir a saludarlo, ¡no quería que se acerque a él!

— ¿Estás hablando en serio?

—Juvia no quiere verse como una maleducada, ellos fueron compañeros de trabajo y Rogue-san siempre la trato muy bien, como una dama.

—Haz lo que quieras. —Dije apartándome y dando un paso hacia atrás.

—Gray-sama no tiene por qué enojarse, solo iría a saludar.

—No estoy enojado. —Respondí, apartando la mirada, llevé una mano a hacia mi nuca y suspiré. —Haz lo que quieras… Después de todo, tu y yo no somos nada serio. ¿Por qué debería impedirte qué saludes a ese idiota?

—Gray estas diciendo cosas muy dolorosas. —Dijo la muchacha de ojos azules. Antes de que pudiera responder ella había volteado y había ido a saludar a Rogue. Me quedé en medio de la pista de baile mirando su dirección, como ella sostenía un vaso que él le había pasado y como se reía. Una risa forzada, ¡oh dios! ¡Que hasta conocía cuando fingía!

Frustrado, bufé, apretando los puños en una forma de contener mi indignación, ¡que manera de cagarla constantemente que tenía! Al voltear choqué con una muchacha de cabello blanco que llevaba antifaz.

—Lo siento. —Le dije y trate de apartarla para pasar. Necesitaba ir a fumar. Ella agarró mi brazo y pasó su lengua por su labio superior.

— ¿Bailas? —Preguntó. Sonreí y ella me devolvió la sonrisa.

—Iba a fumar. ¿Fumas?

Subimos por una escalera que nos acercó al balcón del segundo piso. Saqué un cigarro y le convide otro a mi nueva compañera. Mantuve el encendedor encendido y ella se acercó. Hubo un silencio incómodo pero ella paso sus manos frías por mi antebrazo y dibujo un corazón sobre mi pecho.

— ¿Cómo te llamas? —Preguntó mientras clavaba sus ojos en mí, divertida. Esta mujer era la clase de mujer con la que yo solía acostarme seguido, podía ver claramente lo que ella quería de mí y ella podía sentir lo necesitado que yo estaba como para saber que caería en la tentación fácilmente.

—Gray.

—Gray. Qué bonito nombre. ¿Te quieres divertir un rato, Gray? Sting tiene una habitación al final del pasillo que podemos usar.

¿Si quería divertirme?! A mí me encantaba divertirme. La peliblanco tomó mis manos y las apoyó en su cintura mientras ella bajo sus manos de mi pecho lentamente por mi abdomen hasta llegar a mi entrepierna. Cerré los ojos por un momento, disfrutando de la sensación de caer nuevamente en mis tentaciones pero sin embargo la primera imagen que vino a mi cabeza fue la de Juvia y su sonrisa forzaba con el idiota de Rogue.

Abrí los ojos y me di cuenta que aquellas manos no eran las de ella, que no iba a estar con ella, que iba a faltar a nuestra palabra, que no quería hacerle esto, que no podía. Con las manos aún en la cintura de aquella mujer la aparte de mí pidiendo disculpas y entre nuevamente por el pasillo para buscar las escaleras y bajar a la planta baja lo más rápido posible.

Al bajar vi a Juvia con Lucy bailando, me dirigí directamente hacia ellas, tomé de la mano a Juvia y la arrastré afuera del edificio. Le dije a Lucy que nos íbamos y la rubia me miró con expresión confusa, al igual que Juvia.

— ¿Gray-sama? ¿Qué pasa? ¿Le duele algo? —Juvia no dejaba de preguntarme cosas ¡Juvia estaba preocupada por mi! Y yo había estado a punto de cometer el peor error. Estuve a punto de lastimarla, otra vez. — ¿Gray-sama? Dígame que pasa.

Me detuve en seco y voltee, tomando entre mis manos sus rostro y reclamando su boca como mía, pude notar la sorpresa en la forma que correspondió a mi beso.

— ¿Qué pasa? —Volvió a preguntar una vez que nos separamos. —Juvia está preocupada.

—Necesito que me beses, necesito que me toques, necesito que seas solo tú Juvia. Por favor. —Pedí mientras la abrazaba como si alguien me la fuera a quitar, quería protegerla de cualquier cosa. —Perdón, tuve celos de Rogue y te dije cosas feas.

—No se preocupe, Gray-sama. —Juvia se aferró con fuerza a mi capa. Su nariz estaba hundida en mi pecho.

—Juvia, yo… yo tengo que decirte. —Era tan complicado el momento de expresar lo que uno sentía, era tan complicado que simplemente no me salía, no podía, me trababa y sentía que el aire me faltaba. ¿Qué tan mal la había pasado para no ser capaz de decir dos simples palabras? Bueno, no tan simples. Me sentí un idiota al no poder superar cosas que no deberían afectar mi presente.

—Gray-sama…—La miré fijamente, sus azules chocaron directamente con mis grises. —Juvia lo sabe. —Y se inclinó hacia adelante para llegar a mis labios y nuevamente besarlos.

Al llegar al departamento Juvia había saltado a mí, enredando sus piernas en mi cintura, la sostenía firmemente de los muslos mientras nuestras bocas se devoraban como si fuera el último beso que nos daríamos, como si el mundo terminará después de él. Con la respiración agitada la deje caer en la cama e impacientemente comencé a deshacerme de mi disfraz.

La presioné entre el colchón y mi cuerpo y la escuche gemir, todo estaba bien, todo estaba bien porque era Juvia, era Juvia a quién tocaba. Con lentitud fui sacándole el traje de ángel mientras me encargaba de que mis labios rozaran cada parte de su cuerpo. Ella suspiraba, se retorcía, se aferraba a las sabanas y me pedía más, sus manos se deslizaron por mi espalda hasta mi trasero y volvieron a subir hasta mi nuca, enredo sus finos dedos en mi cabello y curvo su espalda cuando hice fricción entre nuestras intimidades. Esa noche en particular Juvia estaba más sensible de lo normal y podía percibirlo.

Cuando cambiamos posiciones y ella tomó mi miembro entre sus manos, espere de todo menos que ella se lo llevará a la boca de la forma en que lo hizo, gemí, gruñí pero no deseaba de ninguna forma que ella parara.

Juvia lamió, acarició y deslizó sus dientes de una manera tan provocativa que me sentí totalmente rendido ante ella. Gruñí mucho más fuerte cuando ella metió todo mi miembro en su boca, hizo presión en el glande y volvió a hundirse en mí, con cuidado sostuve su cabeza y los movimientos continuaron hasta que al fin, no aguante más. Ella lamió sus labios, saboreo con su lengua cada rastro mientras me dedicaba una dulce sonrisa.

Esa noche, después de estar totalmente cansados después de habernos acariciado, besado, haber estado en mil posturas diferentes dormimos abrazados, Juvia descansando sobre mi pecho y mi brazo rodeándola. Deseando que al otro día podamos volver a sentirnos así de juntos.

Sin embargo a las siete de la mañana el timbre no dejaba de sonar.

— ¿Qué de-demonios? —Mal humorado presione a la peliceleste mucho más contra mi pecho.

—Gray-sama, llaman a la puerta. —Mencionó Juvia mientras volteaba y me daba la espalda. Besé su hombro. —Vaya a ver.

—Debe ser un idiota molestando con el timbre…

—Tal vez es algo importante. ¿Quiere que vaya a ver ella?

—Uhm…—Me quejé. Juvia se levantó y se vistió con ropa que tenía como pijama. Volví a quejarme cuando sentí que de verdad iba a abrir la puerta. —No te tardes… —Le dije con una sonrisa, ella me tiró un beso.

Juvia no tardo pero al volver tenía una cara de desconcierto que hizo que me sentará en la cama preocupado.

— ¿Quién era? —Pregunté al ver que no decía nada y se había quedado parada al lado de la puerta.

—Dice que se llama Ultear y es su hermana, insiste en que la atienda, Gray-sama.

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Continuará.


Buenas! ¿Qué tal el finde? Espero que la hayan pasado genial. Acá en mi país ya esta llegando el frío :'D y yo soy feliz, ah.

Por cierto… No me maten por cortar ahí el capítulo, tenía que marcar suspenso…

Como siempre, muchas gracias por leer y los que dejan review, saben que siempre me encanta leerlos!

El primero que me diga quién es la "chica del antifaz" le dedico el próximo capítulo! Hagan sus apuestas, muchachos!

Saludos a todos.

Sugar.