Capítulo dos

Que dos personas extrañas te vieran con una atención total, probablemente era un escenario aterrador para cualquiera, para Stiles, que toda su vida quiso la atención del genero contrario sobre él, en este momento era como una bendición. Una extraña y rara bendición.

Frente a él, una mujer de cabello castaño brillante y lacio le mira, sus ojos castaños fijos en los suyos como dos trozos de chocolate, y sus labios delgados y rosados como las fresas curvándose en una mueca confundida que en cualquier otro momento Stiles hubiera imaginado que se sentiría retirarla a besos.

Pero no ahora, porque la chica está al lado de un hombre completamente similar, con unos ojos marrones profundos y oscuros que casi rayan el color negro, y una barba de candado enmarcando una seria expresión, y aunque se veía mayor a la chica, Stiles no puede estar seguro si no es su novio o algo así.

Además, tiene que recordar el hecho que sigue siendo un animal.

Rayos.

—Así que eres salvaje—el hombre dice con voz atronadora, y Stiles siente que de manera inconsciente se coloca tenso, contrayendo sus hombros, arqueando la espalda y soltando un gran bufido que probablemente no suene muy amenazador para un hombre de ese tamaño—. Aun así—sonríe ladinamente—, no puedo creer que la alcaldesa no haya reaccionado ante ti. Eres muy pequeño, amiguito.

Bueno, todo mundo parecerá pequeño para él. El hombre es enorme, véale por donde se le vea todo su cuerpo está completamente cubierto de músculos que Stiles está seguro, si son usados en su contra no durara mucho tiempo, probablemente muriendo aplastado por el sujeto o algo similar. Un saco de boxeo es una buena manera de aprovechar el saco de piel y huesos que es.

—No puedes simplemente golpearlo—la chica dice, y está vez Stiles se fija claramente en como su cabello está sujeto firmemente en la cabeza en una coleta alta, y por más que trata no puede desviar su mirada de la cicatriz plateada que surca su pálida mejilla—. Laura no estará muy contenta si se entera, y mi madre de seguro nos castigara.

—¿Y quién le dirá? —un nuevo hombre llega. Tensa aún más su cuerpo, sintiendo como poco a poco es rodeado sin dejarle alguna escapatoria. El aroma se filtra directamente en su nariz, y si fuera humano, probablemente hubiera fruncido el ceño por el potente hedor a perro que desprenden todos ellos.

—No podemos ocultarle nada—gruñe de nuevo la chica, y lo que antes era una cicatriz blanquecina ha desaparecido completamente sin que él se haya dado cuenta en lo absoluto.

El segundo hombre se encoge de hombros.

—Ojos que no ven, corazón que no siente.

Stiles comienza a preguntarse si sinceramente vale la pena esperar para saber que harán con él. Decide, por fin, que no. No vale su tiempo y sobre todo no puede quedarse con los brazos— ¿O patas? —cruzados, por lo que, estirándose un poco y con sus ojos fijos en ellos, coloca su pata suavemente contra el suelo, sintiendo como unas almohadillas amortiguan el ruido levemente. Ni siquiera él, para el momento en que da unos cuantos pasos, es capaz de escucharse.

Su plan es perfecto, sin sonido, imposibilitando que le escuchen. O eso, al menos, hasta que el tanque humano le mire con sus ojos como escarabajos y haga una mueca de rabia.

—¡Quiere escapar! —exclama para llamar la atención, y Stiles no espera absolutamente nada más para echarse a correr hacia el bosque, sintiendo como la chica trata de tomarlo por la cola al pasar entre sus piernas en un movimiento arriesgado.

Suelta un chillido cuando las manos le rodean con más rudeza de la que esperaba, pero retrae el cuerpo hacia delante liberando su cola. Sortea los brazos del hombre enorme y el otro sujeto ni siquiera hace ademan de tratar de detenerlo.

Se adentra en el bosque de inmediato, perdiéndose en la espesura que los arboles tienen y sin mirar atrás.

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—¡Derek! —escucha como su hermana pequeña le grita desde el otro extremo del claro. Alza una ceja cuando se gira, observando como Cora solo puede mirarle de manera alarmada.

Definitivamente algo ha pasado.

Empieza a descartar todas las posibilidades sin siquiera pensarlo demasiado.

No, sin duda alguna el pequeño pekinés que le araño la cara hace unos minutos no es algo alarmante, porque Cora solo se sacudió la blusa de los cabellos blancos del canino y se lo entrego a su madre para ayudarle a volver a su forma humana. Así que descarta de inmediato que esté herida, además de no oler sangre en el ambiente.

Lo que, por consecuencia, solo deja una opción viable.

—Un novato escapo—dice Cora una vez que llega a su lado, sus ojos castaños abiertos con remordimiento y el aroma de vergüenza flotando en el aire haciéndole fruncir el ceño.

Ni un solo segundo pasa cuando ya se está lanzando de cabeza hacia el bosque, transformándose en medio del salto. Sus patas delanteras colisionan contra el suelo, hundiéndose en el barro apenas un segundo antes de impulsarse con las traseras y correr a grandes zancadas a través de los árboles y arbustos.

Su nariz suelta un bufido de fastidio, sus ojos agudizándose al igual que sus orejas, ambas en punta para captar mejor el sonido. No sabe que rastro tiene, por lo que usar su olfato para encontrarlo queda descartado, y tampoco sabe que animal exactamente está buscando, lo que no ayuda en lo absoluto. Sin embargo, no es su primera búsqueda de novatos, mucho menos espera que sea diferente, y repasa en su mente los pasos básicos: encontrar un corazón desbocado, seguir el sonido de pisadas rápidas, y sobretodo, tener en cuenta que se persigue a un humano.

Demonios, se suponía que simplemente debían de cuidar que ningún novato se fuera sin saber cómo volver a la normalidad. Esa era su única tarea, la única. Definitivamente si Laura se enteraba, probablemente le diría a su madre y se burlaría de su incompetencia, aunque no fuera culpa suya directamente.

Un rastro de un olor peculiar le saca de su búsqueda, y aunque se detiene un poco para saber qué demonios es eso, retoma la carrera, esta vez estando seguro de lo que olio.

No es fácil que el aroma a algún medicamento desaparezca, después de todo.

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«Debí haber tomado más aderall» piensa cuando la adrenalina hace que su corazón lata con más fuerza, aunque probablemente es normal en un animal como él.

Sus cuatro patas le hacen impulsarse más rápido, y aunque nunca antes había hecho algo como correr entre las ramas a campo traviesa, no le importa ahora. Lo único que sabe es que prácticamente está volando, sintiendo como la euforia comienza a subir por su cuerpo, quemándolo a través de un espeso pelaje que le hace cosquillas de tanto en tanto.

Aún no sabe qué diablos es, pero definitivamente no importa ahora, porque es veloz y al parecer no es un sapo.

Ve a lo lejos el tronco de un árbol, y con un aire juguetón, tratando de ver hasta donde es capaz de llegar, acelera, sus ojos brillando con una sonrisa no formada. Ya casi está ahí. Repliega sus patas, impulsándose.

El aire le golpea la cara y los bigotes, y ya casi ha saltado por completo cuando algo choca contra él. Es algo duro, un cuerpo seguramente, y una fuerte mordida se cierne contra su piel sin romperla, presionándolo contra el suelo y no dejándole escapatoria. Stiles abre sus ojos asustado, y una pata se coloca sobre su abdomen de manera leve, pero precisa, con un significado claro que le prohíbe levantarse de la cama de hojas debajo de él.

El color del pelaje del animal es oscuro, tan negro como la noche, rizado mientras se acerca en la enorme extremidad que le detiene, con garras afiladas que aún no ha utilizado en su contra, pero aun así eso no logra tranquilizarle. El animal negro gruñe contra su cuello, su boca mandándole las vibraciones, y Stiles de manera indirecta siente como un gemido lastimero sale de su cuerpo.

—Deja de temblar—Stiles definitivamente no se estremece por la profunda voz que resuena en sus oídos, y tampoco se sorprende al saber que puede comprender lo que un animal le dice… irónicamente hablando, claro.

Trata por todos los medios de removerse, pero solo aumenta la presión en su cuello, colmillos dándole un pequeño mordisco pero sin hacerle daño aun. Stiles sabe que, si el animal fue capaz de hablarle, puede que él también se pueda comunicar, así que con la poca cordura que le queda, trata de emitir palabras.

— ¡Suéltame! —lo único que sale de sus labios es un chillido, pero sabe que aquella… cosa, le entendió perfectamente.

— ¿Por qué lo haría? —pregunta con burla, incluso cree sentirlo sonreír contra su cuello, pero eso es ridículo. Los animales no sonríen, ¿cierto?

—Porque te huele el hocico—responde, aunque no sea del todo cierto. No puede olerlo desde donde está, no obstante, esta casi completamente seguro que el animal negro es un carnívoro. A los carnívoros les gusta la carne, y la carne podrida apesta.

—Buen intento—dice el animal—, pero ambos sabemos que no me estas oliendo—¿Cómo lo supo? —. Te soltare… si te quedas quieto y no huyes.

—¿Para qué? ¿Para que puedas comerme sin hacer esfuerzo? —el tono sarcástico sigue ahí aunque este convertido, y Stiles definitivamente puede darse una palmada en la espalda como felicitación cuando todo esto termine.

El animal suelta un resoplido, el aliento caliente sacudiendo su ya húmedo pelaje alrededor de la nuca.

—No te comeré, idiota. Sabes horrible.

—Oh, pero mira que halago, viniendo de una persona que no conoce la higiene bucal—dice, aunque sabe que es mentira.

El animal gruñe de nuevo, más fastidiado que antes.

—Si corres te lastimare.

Stiles se remueve un poco, pero se detiene, quedándose estático completamente cuando los dientes poco a poco se separan de su pelaje, soltando su cuello. Lo que supone que son sus orejas se tensan, moviéndose en busca de algún ruido, y cuando por fin siente que es libre agita la cabeza, su nariz soltando un bufido parecido a un estornudo. Siente como el animal a su lado se yergue por completo, y sintiendo la curiosidad burbujearle en el estómago, alza la vista.

Dos ojos azules similares a zafiros le observan entre un espeso pelaje negro alrededor de la cara. Un lobo, piensa de inmediato, viendo como la nariz mojada en la punta del hocico se mueve, probablemente olfateándolo. El lobo es mucho más grande que él, y tiene que colocar la cabeza en un ángulo incómodo para poder verle a los ojos.

—Sígueme y no te pierdasel gran lobo negro gruñe de manera ruda, mostrando un poco los filosos dientes, y con un total andar imponente, se gira, comenzando a caminar hacia los árboles, en la dirección que Stiles reconoce como de vuelta al claro.

Agita la cabeza con fuerza antes de comenzar a caminar, menos temeroso de lo que sus piernas pueden hacer ahora. Las hojas debajo de sus almohadillas se sienten suaves a pesar de estar secas, y no puede evitar preguntarse si es por tenerlas ásperas. El bosque que antes solo era un borrón verde, ahora son arboles con forma, y Stiles se encuentra observando el ambiente con atención, sus orejas moviéndose de tanto en tanto cuando algún ruido surca el aire, y su nariz respirando profundamente.

Hay mucha calma, demasiada. Y Stiles comienza a desesperarse con el silencio abrumador que comienza a rodearlos, porque los silencios son vacíos e incomodos.

Si fuera humano, en este momento, hubiera soltado un suspiro para tratar de aligerar tensión, pero es un animal. Un animal que lo único que puede es bufar, gruñir, gemir y chillar como un ratón.

Tal vez sea un ratón…

—Oye, ¿Por qué quieres llevarme al claro de nuevo?—pregunta sin poder contener por más tiempo el sentimiento de no poder hacer absolutamente nada para romper la capa de silencio.

—¿Eres idiota?pregunta el lobo con ironía disfrazada con un gruñido. Stiles quiere contestar, decirle que en lo absoluto, que es uno de los más inteligentes, pero no puede porque de inmediato el lobo vuelve a hablar —. Debes ir al claro para aprender volver a la normalidad.

Oh, claro, ¿Por qué no se dio cuenta antes? Puede que, en algún momento, hubiera pensado que realmente estaba charlando con un animal salvaje, de esos que van por el bosque desnudos y cazando cosas para sobrevivir, y aunque debió haber sabido que la simple posibilidad era imposible, ahora sí que está sorprendido; Stiles ahora sabe que no es un lobo común.

—No sabía que eras humano—admite, y el animal le vuelve a gruñir, como si esa fuera su única manera de comunicarse.

—Claro. Porque todos los días hablas con lobos.

Si Stiles pudiera fruncir el ceño, seguramente ahora lo estuviera haciendo. Profundamente. En lugar de eso, él también se encuentra gruñendo, mucho más agudo que su acompañante, pero un gruñido al fin y al cabo.

—Soy nuevo en esto…

Lo que sigue a continuación es bastante confuso hasta para él, y aunque quedarse callado nunca fue una opción antes, todo el camino del bosque fue silencioso. Stiles no planea volver a abrir la boca, mucho menos si lobito es tan buena compañía como demostró hace unos minutos, por lo mismo, se encuentra agradeciendo enormemente a cualquier divinidad que este escuchando cuando por fin llegan al claro.

O eso, hasta que ve como hay seis patrullas alrededor del bosque. Oficiales de policía, piensa, viendo los hombres uniformados comenzando a movilizarse, alterados como solía verles si había de nuevo un ataque en algún lugar del pueblo, y no evita preguntarse porque tanto ajetreo antes de ver a su padre hablando con la chica bonita de la cicatriz.

—¿Algo más que haya pasado?—pegunta su padre, la insignia de sheriff brillando en su pecho con orgullo y el semblante preocupado dejando ver sus cejas fruncidas de esa manera que le ha hecho dudar más de una vez porque su padre es oficial si es tan transparente—. Como un ataque, un gruñido, algo que nos indique si…

Es entonces cuando se calla, y la chica de la cicatriz le mira con pena, como si estuviera sufriendo ella también. Al lado de ella, hay otra mujer un par de años más grande, con los labios pintados de un rojo brillante y piel tan pálida que le hace parecer un fantasma, sus ojos verdes brillando con tenacidad.

—Lo lamentamos, Sheriff—dice, y es cuando sus ojos del color del palacio de la tierra de Oz recae en la entrada del bosque, donde el lobo negro ni siquiera ha vacilado un poco para hacerse ver. Stiles no puede saber con exactitud la emoción que tiñe el ambiente con un olor tan abrumador que le hace retroceder un par de pasos, pero sí que se sorprende cuando la mujer de labios rojos se dirige corriendo al lobo—. Derek, ¿Le has encontrado? ¿Cómo está?

«Así que el lobito se llama Derek» piensa, viendo como el animal del color de la noche hace un ademan con la cabeza en su dirección, y ahora Stiles ya no tiene en donde ocultarse, siendo víctima de la atención de todos los oficiales, de la mirada preocupada de su padre, y del sentimiento de incomodidad comenzando a burbujearle en el estómago.

Se retrae un poco, antes de salir del bosque por completo. No dura ni un segundo de pie fuera de su escondite cuando ya siente los brazos de su padre rodearle el cuello, escondiendo la cabeza en su coronilla cubierta de pelaje.

—Eres un idiota—dice su progenitor, y Stiles hubiera contestado con un comentario sarcástico a no ser por el tono preocupado—. Recibí una maldita llamada diciendo que mi hijo se había vuelto salvaje, ¿sabes acaso lo que fue enterarme de tu escapada al bosque?

—No sé porque se sorprende—la voz irritante de uno de sus amigos llama su atención, y cuando alza la vista puede ver como Scott apenas cubierto con una sudadera roja y un bóxer le mira, justo al lado de Louis, quien no se encuentra en mejores prendas. Se pregunta cuánto tiempo debió haber pasado si él ya hizo su conversión. Louis vuelve a abrir la boca para seguir—: siempre supimos que amaba llamar la atención.

Stiles gruñe, queriendo transmitirle que se calle, pero no espera que los oficiales desenfunden sus armas contra él como lo hacen, rodeándole. Incluso su padre se ha separado unos cuantos metros de él. En un automático, se hace hacia atrás, bajando sus orejas hasta que están pegadas al cráneo.

Un segundo después, el gran lobo negro se mete al círculo, gruñendo el también hacia los oficiales, sus ojos brillando en azul potente como relámpago. La chica de labios rojos interviene de inmediato, alzando las manos y poniéndose frente a ambos.

—Debemos calmarnos—dice, y aunque no deja ver el nerviosismo que siente, Stiles puede olerlo, picante y un poco acido—. El chico no es salvaje, por el amor a Dios.

García, uno de los hombres más confiables en el departamento de policías con el que ha intercambiado una o dos palabras, baja el arma.

—Ya oyeron, señores. Estamos hablando de Stiles—comenta, con aquella sonrisa que le forma hoyuelos en sus regordetas mejillas bronceadas. Los oficiales, mucho más desconfiados que García, bajan poco a poco sus armas.

Su padre le dirige una mirada apenada, antes de dirigirse a la chica de labios rojos.

—¿Pueden ayudarlo a volver a la normalidad? —pregunta, y antes de que la chica pueda responder, otra mujer aparece.

Stiles la reconoce de inmediato. Tez bronceada, ojos castaños almendrados y un cabello azabache haciendo juego con el aura imponente que le rodea. Thalia Hale. La matriarca Hale de los famosos Hale.

—Claro que podemos—con un asentimiento de cabeza solemne, camina hacia el lobo y él, y los oficiales le abren paso como si se tratara de una reina. Stiles sabe que probablemente lo es—. De hecho, estaba planeando hacerle una oferta, Sheriff.

Oferta.

Una palabra que, sin embargo, pueden significar bastantes cosas. Cosas que ni siquiera se puede imaginar en este momento.

El lobo negro resopla con fuerza, pero al parecer el único que le escucho es él, pues Thalia ni siquiera le dirige una mirada antes de proseguir.

—Puedo, si me permite, tomar bajo mi protección a su hijo.

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Derek sabía lo que su madre quería decir mucho antes. Lo vio en sus ojos cuando se acercó, observando al pequeño novato detrás de él. Nunca, jamás, había visto que su madre ofreciera tal cosa directamente, pues por lo general esperaba a hablar con el sujeto en cuestión un poco, conocerlo, ver su chispa como ella le llamaba.

Que su madre hubiera ofrecido tal cosa sin siquiera hablar una vez con el novato, solo significaba que veía algo en él. Justo como le paso con Josh el año pasado, o con Erika y Boyd.

Él hubiera entendido, claro que lo hubiera hecho, a no ser porque el novato en cuestión era mucho más problemático que ningún otro. ¿Quién en su sano juicio escapaba de esa manera? Sobre todo teniendo en cuenta que ellos solo querían ayudarle a volver a la normalidad. Sin embargo, al ver como los oficiales sacaron sus armas ante un simple gruñido, Derek no había tenido más opción que intervenir, consciente de que Laura y Cora le ayudarían si no bajaban las armas; los oficiales, generalmente solo reaccionaban así si pensaban que había un salvaje entre ellos.

Pensar que ese pequeño es… solo un idiota lo haría.

Sin embargo, no tenía opinión ahora, ya no podía hacer nada para evitar que su madre hiciera otra cosa sin pensar. Ya está. Había dado otra oferta a otro novato. Al hijo del Sheriff, ni más ni menos.

Detrás de él, puede sentir la confusión emanar como olas del pequeño novato, pero no puede centrarse en eso ahora, sino en la respuesta del Sheriff.

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—Yo…—su padre parece vacilar, cosa que ha visto pocas veces. Stiles no puede evitar sentirse nervioso, removiéndose un poco incluso—. No lo sé. No soy solo yo quien debe aceptar, sino también Stiles.

Él sabe perfectamente que es estar bajo la protección de Thalia Hale, quien es famosa por ello. Estar bajo su protección no solo significa que serás miembro de la manada Hale, de aquel grupo que su padre siempre ha dicho es el más unido en todo el pueblo. Significa mucho más que eso, porque realmente él será parte de ellos, correrá con ellos, será defendido por ellos y él los defenderá de igual manera; lucharan hombro con hombro. Se mudara con ellos.

Y eso Stiles, por más que quiera, no puede hacerlo.

No puede, porque jamás abandonaría a su padre, porque le quiere demasiado como para dejarle solo a sabiendas de lo que comerá en su ausencia—comida chatarra—. Y lo más importante, no puede abandonar a sus amigos.

Thalia parece comprender a que se refiere su padre, pues asiente con la cabeza, antes de acercarse lo suficiente a él como para arrodillarse. Stiles ni siquiera duda un poco en dejar caer su cabeza en la palma abierta que se aproxima a él, e incluso agradece un poco cuando es acariciado con gentileza.

—Bien Stiles—comienza la mujer, y al parecer su nombre es gracioso, pues hay algo de diversión en el tono con el que habla—, es hora de volver a ser humano.

Él quiere decirle que no hace falta, que le gusta estar en cuatro patas, pero no puede hacerlo al ver como Scott, Louis y su padre le miran, con confianza en sus ojos, creyendo en que él puede hacerlo. Asiente con la cabeza mucho antes de darse cuenta.

—Tienes que pensar en algo—Thalia prosigue, con su sonrisa haciéndose más grande—. En algo que te haga sentir como humano de nuevo, que te ate lo suficiente y te tranquilice en todo momento.

Stiles no tiene que pensar demasiado, la imagen de su madre cobrando vida sin permiso en su mente como si fuera una fotografía, el aroma a galletas recién horneadas que desprendía, en como su voz cantarina cantaba canciones de cuna mientras cocinaba los domingos. Las lágrimas se aglomeran en las comisuras de sus ojos sin proponérselo, y siente como su cuerpo entero se tensa, sus hombros curveándose y sus piernas colocándose en un ángulo extraño antes de cerrar los ojos.

Su pelaje ya no está más, lo sabe porque el aire fresco choca contra su piel desnuda dándole escalofríos, y cuando abre los ojos Thalia le sonríe, y no puede evitar corresponder la sonrisa con una enorme de su propia cosecha.

Su mirada se dirige detrás de la mujer, chocando con la de su padre, quien le dedica una sonrisa al igual que sus dos amigos, incluso Scott está levantando el pulgar en signo de aprobación. Donde estaba un lobo negro del tamaño de un caballo, ahora hay un hombre de penetrante mirada verdosa, frunciéndole el ceño con unas oscuras cejas y cruzado de brazos. Completamente desnudo.

En cualquier otro momento, puede que Stiles hubiera aprovechado para recorrer sin vergüenza el cuerpo que alguna vez el deseo tener, todo músculos duros y bronceados; pero ahora no, porque si el hombre, lobito, está desnudo… él también lo está.

Se sonroja con fuerza, llevando su mirada hacia abajo donde, sí… está desnudo.

Genial.

—Señora Hale, no quisiera, digo, muchas gracias por ayudarme a volver pero estoy desnudo y usted está en frente de mí, lo cual es demasiado incomodo si pensamos un poco. Así que, podría, no sé…—comienza a hablar, su voz saliendo a borbotones sin que se lo proponga y solo siendo interrumpida por un gruñido familiar.

Cuando alza la ceja, lobito le está mirando con los sobrenaturales ojos azules de su lado animal.

—Cállate.

Stiles quiere abrir la boca, decirle que no se va a callar, pero se detiene, sintiendo como una prenda se estrella contra su cara con rudeza. La carcajada que Scott y Louis sueltan es suficiente para saber quién ha sido el idiota, y cuando separa su cara de la tela, puede ver que sí, efectivamente es una sudadera. Sin perder el tiempo, se cubre con ella, enfundándose en la prenda de color azul y agradeciendo do que este caliente.

—Stiles, ¿cierto? —Thalia le pregunta, con una sonrisa—. Soy Thalia Hale—sí, eso ya lo sabía—, y como decía, mi oferta sigue en pie. Suelo ver el brillo de las personas, y puedo ver que tú lo tienes.

No podía ser que la matriarca Hale, la misma que en sus más locos sueños le había propuesto exactamente lo mismo, ahora lo estuviera haciendo de verdad, diciéndole con una sonrisa que podía ser parte de esa familia, de esa manada, simplemente no podía. Había soñado tantas veces con este momento, y ahora que de verdad ha llegado, ya no es una invención de su imaginación, sino que esta pasando.

Pero hay un problema.

El problema es que no ya es una mala pasada de su imaginación, ahora es de verdad, y por más que quiere decir que sí, no era capaz de hacerlo. No lo es, y jamás lo sería.

Porque no se veía lejos de sus amigos, lejos de su padre y su hogar para vivir en el bosque en el secreto cuartel de operaciones de los Hale. Sencillamente, no.

Mira hacia Thalia, quien le mira con una sonrisa con dientes y un hoyuelo en la mejilla izquierda.

—Yo… no puedo—dice con rapidez, y de inmediato una excusa buena aparece enb su cabeza—. No soy un lobo para pertenecer a su manada.

—Bueno—Thalia parece un poco confundida—, un zorro no es tan diferente a un lobo, ¿O sí?

Un zorro.

Un maldito zorro.

Así que, ante todo pronóstico, era un zorro. No un felino como su padre o su mamá, no un feroz animal capaz de defenderse de todo, sino un pequeño zorro que no se calla la boca jamás. Debió haberlo sabido, lo sabe. Debió haber sabido que su inteligencia no le daría un animal tan genial como un Delfín como a Lydia, y que su cuerpo físico tampoco le haría un increíble león o un tigre.

En lugar de ello, ¿Qué era? Un zorro. Un astuto zorro, los cuales son famosos por engañar a los demás, a beneficiarse de otros a su costa.

Simplemente, genial.

Stiles sabe que debe agradecer no ser un sapo o una araña, o algo completamente inútil como una mosca. Pero no puede evitar pensar que, tal vez, pudo haber sido otro animal, algo mejor. Algo que no fuera conocido por ser un criminal. Y está bien, que los zorros no son precisamente criminales, pero en su gran mayoría son estafadores evade impuestos.

Debió haberse ido a México a vender tacos.

Porque ahora no solo estaba destinado a ser un estafador, sino que su padre no podría criarlo más, o no al menos hasta haber aprendido todo lo que ser un zorro significa. En la sociedad, tus padres te crían hasta la conversión, en donde por primera vez descubres que eres, que animal es tu alma. Cuando eso sucede, por lo general eres un animal similar a tus padres, pero llegado el caso de ser distinto… bueno, alguien más tiene que enseñarte tus nuevas habilidades.

Stiles sabe que no necesariamente tiene que mudarse, que siempre hay personas dispuestas a enseñar en casa, sin embargo, no tiene idea de quién podrá enseñarle a ser un zorro… si en Beacon Hills solo la familia Yukimura eran zorros, y estos se mudaron a New York hace dos meses.

Ve a su padre, y sabe lo que está pensando, lo que quiere decir.

Thalia Hale es la única opción ahora, la única viable al menos.

—Acepto—dice por fin, asintiendo con la cabeza.

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Stiles despierta sintiendo un dolor de cabeza, y cuando se reincorpora, de inmediato cae de nuevo sobre la superficie mullida. Frente a él no hay un par de manos, al contrario, hay un par de patas color naranjas que por un momento le dejan desconcertado. No son por completo naranjas, sino que se oscurecen con forme van llegando al final hasta tornarse negras por completo.

Los recuerdos del día anterior le llegan de inmediato. El lobo negro, la conversión, él convertido en un zorro, Thalia Hale y lo más importante, que hoy es su ultimo día viviendo con su padre oficialmente.

Stiles sabe que no será para siempre, y que incluso Thalia permitió que su padre fuera a visitarlo continuamente si así lo deseaba. Después de todo, como ella había dicho, no es un prisionero, sino un miembro más de la familia. Mentiría si dijera que se sorprendió cuando Scott dijo que también había sido "reclutado", por llamarle de una forma, por Thalia, y que ambos compartirían mentora; Scott es un lobo, es lógico que Hale también haya pensado que sería una buena idea tenerlo.

Louis, sin embargo, no contó con la misma suerte, pero tampoco se mostró muy decepcionado al decirles que no, que sencillamente no iría con ellos porque su lugar no era rodeado de "perros".

Él sabe que ayer la idea de una noche de chicos, que más parecía una fiesta de pijamas al mejor estilo película para chicas, sonaba tentadora, incluso ofreció su casa para la reunión, pero ahora, no piensa lo mismo.

En el suelo sobre el colchón que guarda para noches así, justo donde debería de estar Scott, un gran lobo color chocolate duerme, roncando de tanto en tanto, y junto a él, como si fuera una mala broma, un gato lo suficientemente grande para no ser considerado un animal casero se estira, abriendo sus impresionantes ojos de color azul zafiro para mirarle desde el suelo.

—Buenos días, zorrita—dice el gato, y Stiles debió haber sabido que Louis comenzaría con sus bromas pesadas aunque ni siquiera son las ocho de la mañana.

—Vete a comer espárragos, gatita—bufa él en contraataque, y al parecer el minino está encantado con el apodo.

—¿A que me veo genial? —comenta divertido, saltando desde el suelo hasta la repisa al otro lado del cuarto con un movimiento tan grácil que le deja levemente sorprendido, el gato apenas cabe en la repisa, y eso que abarca un gran espacio, siendo la mitad de la pared—. Contemplen, mortales, a su maravilloso Dios gato—menea su cuerpo en la repisa, antes de hacer un ademan con su pata como si mandara besos.

El cuerpo de Louis es banco, lleno de manchas más negras por todo el cuerpo, y dos rayas del mismo atraviesan su rostro desde la comisura de sus ojos hasta la mandíbula, perfilando su nariz rosada. No hay que ser muy inteligentes para saber qué clase de animal es.

—Dios gato—se mofa—, más bien Dios alfombra. Te verás hermoso en el suelo de mi habitación.

Louis hace un ademan de sacar la lengua, aunque solo logra bostezar.

—Cállate, zorra.

—¿Tan temprano y peleando? —el gran lobo castaño se incorpora, y justo cuando esta por estirarse, con un sonido sordo, la repisa en donde Louis está se rompe, y el cuerpo del minino cae contra la espalda de Scott, sacándole gemidos de dolor a ambos.

Stiles revienta a carcajadas, o lo que cree que son unas, pues solo escucha bufidos de risa salir de nariz, viendo el enredo de piernas y cuerpos que son ahora sus amigos, antes de ver la puerta de su habitación abrirse y su padre se asome.

Les dirige una mirada sorprendida al lobo y el gato.

—No pienso preguntar—dice por fin, negando con la cabeza—. Solo… limpien este desastre cuanto antes y bajen a desayunar… en dos piernas—agrega después de unos segundos.

Cuando la puerta se cierra, Louis salta de inmediato hacia el otro extremo de la habitación, con gracia y dedicándoles una mirada burlona, antes de, con una ondulación que cubre todo su cuerpo, el pelo albino desaparezca para dejar en su lugar a un chico de mirada azulada sonriendo burlonamente.

—Apúrense, pequeños animales—comenta, y Scott bufa al tiempo que Stiles ya está comenzando a evocar de nuevo la imagen de su madre para cambiar de forma.

—Solo cállate, idiota—dice, levantándose de la cama y comenzando a buscar ropa que les quede a los tres en su armario. Stiles lanza al azar un par de bóxer y playeras—. ¿Por qué cuando nos convertimos la ropa desaparece, y cuando volvemos a la normalidad no aparecen? Es demasiado extraño, en mi opinión creo que es magia, pero si le digo a mi papá me dirá que la magia no existe y bla bla bla. Aunque estoy bastante seguro que tiene algo que ver con eso—dice colocándose las prendas, y cuando se gira, Scott y Louis ya están casi vestidos—. ¿Aún no terminan? Quiero ir a comer, pro el amor a Dios.

—Deja de quejarte, Stiles—gime por lo bajo McCall, antes de caminar hacia la puerta como si fuera su casa. Louis pasa a su lado mirándole con una ceja alzada.

—¿Alguien está ansioso por ir con Thalia Hale?

Stiles ni siquiera puede contestar cuando la espalda de ambos desaparece.

Realmente, no lo está para nada.

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—¿Todo empacado? —pregunta Scott cuando terminan el desayuno, y fue más para su padre que para él. Supone que es un acuerdo mutuo de no dejar que se le olvidara algo esencial y tuvieran que devolverse por él, evitando que fueran al bosque.

Stiles solamente quiere que dejen de pensar que en cualquier momento podrá escapar. Porque no, sencillamente ya es algo tarde para irse. Aun así asiente con la cabeza.

—Todo listo—suspira, viendo como Scott se concentra en beber lo que queda de su jugo, antes de tomar él también su bebida.

—¿Empacaste los suficientes calzoncillos? —casi escupe su bebida cuando Louis pregunta, con ese tono de madre preocupada que es más falso que la nieve en el desierto.

—Sí—responde—. Y tus preguntas se vuelven cada vez más incomodas.

—¿Llevas las revistas que están debajo de tu cama?

Ahora sí que está completamente confundido, y ni siquiera su padre puede decir algo ahora porque sabe que no es bueno. Nada que Louis diga es bueno. Así funciona su relación, siendo Stiles y él los encargados de meterse en problemas y Scott siendo como una especie de moderador.

—¿Qué revistas?

La sonrisa peligrosa de Louis se ensancha con esa pregunta.

—Las que compre para ti, por supuesto.

Sin saber porque, Stiles observa cómo se levanta de la mesa y saca una bolsa de plástico desde una alacena, sorprendiéndole a él y a su padre. Camina de nuevo a la mesa, y toma el contenido: unas revistas. Louis sonríe enormemente cuando se las tiende, y Stiles las toma sin saber exactamente qué hacer.

Una de las revistas tiene por título "¿Cómo tener una sexualidad responsable y sin accidentes?" Y la otra "Si no quieres tener bebe, cuidarte debes hacer".

Siente que se sonroja, pero siente con más fuerza la furia que sube por su estómago. Stiles supo que algo estaba haciendo mal la mañana que se encontró una caja de condones encima de la mesilla con una nota— "úsalos con moderación"—. Moderación la justa. Sin embargo, ahí siguen, debajo de un par de calcetines de deporte viejos porque le da vergüenza que su padre se entere de la existencia de esa caja, y que Louis y Scott se burlen porque no ha tenido oportunidad de abrir ni el envoltorio.

No dice absolutamente nada, solo arroja las revistas a la cara horrenda de Louis con todas sus fuerzas, antes de levantarse y tomar la maleta al lado de la puerta de la cocina.

—Vámonos ya—dice, conteniendo el ceño fruncido—, no quiero llegar tarde.

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Scott baja la ventanilla para que el aire le dé en la cara y disfruta con cierto parecido a un cachorro del viento que le revuelve el pelo, Stiles no puede decir si es por ser un lobo, o porque sencillamente la sensación es refrescante, pero Louis no deja de hacer mención de eso todo el camino, riendo de tanto en tanto por los comentarios "defensivos" de Scott.

Y es entonces que se da cuenta que verdaderamente no estarán juntos más, que puede que Scott y él vivan en la misma casa, y que a Louis no parece importarle solo ir a visitarlos de vez en cuando, no obstante, la realidad es otra. Ya no serán los tres mosqueteros en contra del mundo, no estarán unidos como la Liga de la Justicia, o los Vengadores, y mucho menos como la tripulación del Enterprise. Ya no serán Bombón, Burbuja y Bellota.

Stiles no despega su mirada de Scott y Louis en todo el camino.

—Cachorrito—escucha que vuelve a decir su amigo minino, pero realmente…

Realmente no lo hace.

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Despedirse de su padre no es complicado, se abrazan, y su padre le da un par de golpes en la espalda que dicen claramente "cuídate, hijo", y Stiles hasta contiene las ganas de llorar en público. Despedirse de, sin embargo, Louis es otra cosa. Este encierra a Scott y a él en un gran abrazo que le corta la respiración, con fuerza descomunal, y entierra su cabeza entre el cuello de ambos.

—Louis, no es que no me guste abrazarte—comienza Stiles—, pero en serio amigo, me estas dejando sin aire y…

—Los extrañare—dice por fin, después de estar en silencio.

Y Stiles, bueno… el solamente puede asentir con la cabeza, aferrándose al abrazo al igual que Scott. Porque sin quererlo, ahí termina todo.

Pero algo nuevo comienza.