Capítulo tres

Decir que Stiles no tiene idea de que hacer, en este momento, sería decir poco. No, no tiene ni idea, y ahí está, justamente parado frente a la inmensa casa (decir inmensa era poco, realmente), con dos cajas en mano y Scott a su lado, cargando él también con sus cosas, tampoco parece saber qué hacer en lo absoluto, lo que, considerando que es su mejor amigo, no debería sorprenderle. Scott no es precisamente el chico más listo de la escuela.

Su padre está detrás de ellos, con una bolsa en la mano, en donde Stiles tiene su amada portátil guardada, y Louis, bueno, digamos que Louis no está haciendo nada productivo que les ayude.

Sí, que se han despedido ya, pero, como era de esperarse, el sentimentalismo había tomado partida en los hechos de nuevo, y ahí estaban, su tercer mosquetero y su padre, observando como ilusos.

—¿Vieron eso?—Louis pregunta de nuevo, observando como una chica camina contoneando las caderas hacia el bosque, perdiéndose en la espesura de sus árboles con una ondulación y convirtiéndose en un venado que corre lejos de la casa.

O lo que parece ser una casa.

Stiles recuerda perfectamente cómo es que Scott y él de pequeños imaginaban tener una casa club, un fuerte donde solo ellos pudieran entrar, ajena a todo el barullo que en ese entonces los otros niños hacían y donde sobre todo pudieran ser ellos mismos, sin nadie más. El fuerte pronto se convirtió en una casa del árbol-sin árbol, o léase, la bodega en el jardín trasero de su padre; si bien no fue la mejor guarida, nada en lo absoluto parecida a la baticueva o a la Torre Stark, pero en ese entonces, ese pequeño lugar húmedo y lleno de insectos que se empeñaban en matar, era perfecto, hermoso hasta cierto punto poético.

Pero ahora realmente está viendo una mansión, una fortaleza impenetrable del que salen miles de conversaciones enganchándose en sus orejas sin forma alguna, no puede evitar pensar en ese recuerdo, en Scott y él por fin teniendo un lugar seguro aparte de sus casas, y lo que es más, en pensar que ya no vivirá con su padre, sino que esta enorme casa será su hogar.

La estructura del edificio no es para nada atractiva, contando con solo una fachada cuadrada hecha de una estructura parecida al metal de color gris, que se refleja con los árboles. Cuando la repasa con la mirada, puede ver claramente como unos dibujos creados por niños de tres años adornan las paredes: desde lobos, plantas, hasta el lago con una luna, todo garabateado con lo que al parecer son crayolas. La naturaleza rodea la casa como si fuera una protección adicional, como si todo quisiera ocultarla de los ojos curiosos, y Stiles no por primera vez se pregunta cómo será su vida dentro de esas cuatro paredes.

—Bien, hemos llegado a la tierra prometida—comenta tratando de restar la importancia al asunto, y su padre está a punto de responderle, pero el sonido característico de la radio de su coche le interrumpe.

—Aquí el Sheriff—dice, y Stiles para este momento ya es capaz de escuchar lo que García murmura del otro lado de la línea.

—Lo necesitamos—el tono fuerte es familiar, conocido, imperdible—, sé que su hijo se va hoy de casa, e incluso yo quisiera estar ahí con el pequeño Stiles, pero es...

—No hace faltas que expliques nada, García—le corta de inmediato su padre, asintiendo con la cabeza mientras aprieta con sus dedos las sienes—, en un segundo estoy ahí.

Y con eso corta. Stiles recuerda que antes, cuando era niño, su padre sonreía, le miraba con complicidad y decía el típico "Cambio y fuera" antes de dejar la radio en su lugar y decirle que el deber llamaba. En ese entonces, él creía que su padre era algo parecido a Superman, pero ahora definitivamente sabe que es mucho mejor. Siempre manteniendo la paz, el orden, protegiendo al pueblo, a Beacon y sus habitantes, sin esperar nada a cambio.

—Te tienes que ir—interrumpe Stiles cuando su padre abre la boca en su dirección, con bastante empatía—. Lo sé, es tu trabajo, lo entiendo.

—Siento que me lo dices como si siempre lo hiciera...

—Siempre lo haces papá, y no—alza un dedo, cortándolo de nuevo—, no es un reproche. En serio lo entiendo.

—De acuerdo—dice con cuidado, antes de avanzar hacia el auto policial y arrancar sin dirigirle una sola mirada antes.

No es como si Stiles hubiera esperado una despedida llena de besos, cuídate, o cosas similares... pero sí que esperaba unos chocolates o rosas, incluso el último videojuego que le había pedido hace unas semanas. Pero sí, él pedía demasiado.

Mirando a sus dos amigos, hace un ademan hacia la casa.

—Andando que se me duermen los brazos.

.

Derek se remueve inquieto en su asiento, sintiendo como el metal antes frío ahora está completamente caliente debajo de sus muslos, y tiene que hacer la silla plegable un poco hacia atrás para estar más cómodo. Desafortunadamente, el ruido es bastante agudo, y llama la atención de todos en la sala.

Se endereza de manera automática, frunciendo el ceño y carraspeando.

—Lo siento—dice por educación, observando como Laura le dirige una mirada divertida desde su silla en la otra punta de la mesa—. Puede seguir.

—Como decía—Peter retoma la charla, sin siquiera importarle que Derek al parecer haya decidido interrumpir su discurso sobre los nuevos miembros y los límites que debían implementar si no querían tener problemas con el Clan vecino.

Es entonces cuando pierde por completo el interés, de nuevo, centrándose en no quedarse dormido por todos los medios y mirando distraídamente las facciones de todos en la sala. Como era de esperarse, su tía Charlotte, sonríe levemente cuando capta su mirada, y él corresponde la sonrisa, observando como los hoyuelos característicos de su tía toman posesión de las mejillas ajenas; al lado de ella, su esposo William solo observa a Peter con gesto severo, asintiendo de tanto en tanto. Su madre solo sonríe un poco cuando Peter dice algo elocuente, y su padre está mucho más al pendiente de la puerta.

Derek desea preguntar porque su interés cuando está se abre, respondiendo a sus dudas.

Todos en la sala se giran como si estuvieran sincronizados, y a la vez un poco impresionados, porque el simple hecho de interrumpir una de sus reuniones, de las reuniones del consejo de la manada, es una falta grave que tiene que tener justificación.

Erika sonríe desde la puerta, como si esperara esa reacción, y agita un poco su melena con coquetería que le sale completamente natural.

—Los novatos han llegado—anuncia, y Derek observa como su madre se levanta de su silla al mismo tiempo que Laura.

—Bien—dice, su voz sonando como eco en la habitación provocando que todos se coloquen de pie, incluyéndole. Lanza los hombros hacia atrás para destensarse—, ya hemos concluido la reunión por hoy. Mañana a la misma hora, como siempre.

—Estaré esperando ansiosa el momento—comenta Charlotte, sonriendo aún más, antes de con un asentimiento salir por la puerta.

—Hasta la cena, Thalia—se despide Erik, el esposo de su tía, saliendo detrás de ella.

Derek sabe que, aunque quiera, no puede irse, por lo que camina hasta estar lo suficientemente cera de Laura para hablar con tranquilidad a base de comentarios en voz baja.

—Acabamos—dice su hermana en cuanto le ve acercarse, y Derek asiente con la cabeza de manera leve.

—Lo hicimos.

—Y ya llegaron los novatos.

—¿Dejaras de decir cosas obvias alguna vez? —Laura le sonríe de esa manera que hace a Derek querer golpearla, pero simplemente se encoge de hombros.

—Eso nunca lo sabremos—Y con eso, se acerca a su madre, quien charla acaloradamente con Peter y su padre—. Mamá, tenemos que ir con los novatos.

Talia suspira, asintiendo con la cabeza, y Peter de inmediato sonríe en su dirección.

—¿Por qué no dejamos que Derek se encargue del recorrido esta vez?—pregunta, el tono irónico de siempre inundando toda la oración, y es entonces cuando él verdaderamente quiere decirle más que nunca que se vaya a la mierda—. Se le nota tan emocionado con los recién llegados, y no olvides que el pequeño zorrito salvaje ya se hizo amigo de él.

—No es mi amigo—se apresura en contestar, pero es demasiado tarde, y su madre incluso le sonríe.

—Además—continúa Peter sin siquiera inmutarse—, nosotros aún tenemos que ver el asunto con los clanes vecinos y el territorio, en especial con la familia Campbell.

—Es una buena idea—dice Laura, por primera vez pareciendo de acuerdo con Peter mostrando una gran sonrisa maliciosa que, al parecer, su madre decide ignorar—. Derek, tú les darás el recorrido mientras nosotros organizamos una reunión con los Campbell.

—Yo no daré el recorrido—gruñe de manera rotunda, y su padre alza una ceja en su dirección a la vez que Talia rueda los ojos con cansancio, como si aún Derek fuera un niño.

Él recuerda que su madre siempre hacía eso, poner los ojos en blanco, hacer una mueca y contar hasta tres, mayormente cuando Laura y él se peleaban por uno de los juguetes, o cuando Cora accidentalmente rompió el jarrón de la prima Elena; Derek se pregunta si, llegado el momento, sus hermanas tendrán la misma mirada y se la dedicarán de la misma forma a sus hijos.

Es claro, como el agua de hecho, que Laura sí que tendrá descendencia, hijos, cachorros a montón que serán el nuevo legado Hale, y cierto es que Cora está demasiado interesada en el entrenamiento como para pensar en tener una relación o una familia, pero es demasiado obvio que lo quiere algún día. Derek quiere una familia numerosa desde que tenía conciencia, no obstante, por más que lo intenta no...

No ve hijos suyos formando parte de ella.

Como sea, el punto aquí es que definitivamente no quiere estar con los novatos.

Los novatos, los recién convertidos, son por mucho una de las cosas más irritantes que Derek ha conocido nunca—y eso es mucho decir, teniendo en cuenta que convive con Cora, Laura y Erika cuando están en... esos días—. No tienen respeto por su parte animal y se piensan conocedores de todo cuando ni siquiera saben lo que hay más allá del bosque. Derek sabe que él alguna vez fue así, y tuvo que aprender, por las malas obviamente, que no, él no era el centro del mundo y no sabía nada en lo absoluto.

Lidiar con los novatos era una de las peores cosas que le podían mandar a hacer dentro de la casa. No tiene tiempo ni quiere gastar el poco que sí en ser niñero de adolescentes pretensiosos...

—Lo harás—Thalia dice, sonriendo levemente ante, la clara, molestia de su hijo—. Es una de las cosas más importantes, Derek.

—Sé que es importante que los nuevos se adapten a la manada—la corta, recitando lo que se sabe de memoria y frunciendo el ceño—, y también sé que no soy el indicado para eso.

.

—Esto es...—escucha que Scott comenta detrás de él, y Louis, quien hasta el momento se había quedado callado afortunadamente, se ríe.

—Demasiado—termina el de ojos azules, suspirando—. Pareciera que ustedes son súper estrellas del lugar.

Y él no puede estar más de acuerdo con eso.

Cuando entraron, lo primero que pensó fue que sí, que el lugar definitivamente es impresionante por dentro y por fuera, siendo el recibidor lleno de luz y personas caminando de un lado a otro lo primero que vio. De techos altos, y más parecida a una sala de estar gigante que otra cosa, claramente, sin amueblar, solo contando con paredes de color blanco y un pequeño sofá negro al fondo, al lado de unas grandes escaleras que se perdían hacia arriba de una manera que le recordaron a las escaleras de servicio en los hoteles. Como si fuera una señal, todas las personas que pasaban se detuvieron, viéndoles con fascinación casi enfermiza.

Stiles, de alguna u otra forma, se había preparado mentalmente para llamar la atención, porque no todos los días se recibían nuevos en ningún clan, mucho menos en uno tan respetado como el clan Hale; pero esto ya era ridículo.

Mira a todos a su alrededor, viendo por última vez a todas aquellas personas que le seguramente le consideran demasiado extraño, las cuales como si fueran unos cachorros, comienzan a olfatearles—porque no es tan egocéntrico como para pensar que solo él está llamando su atención, sino que Louis y Scott también—. Es incomodo, sí, pero tendrá que acostumbrarse.

Stiles está a punto de decir algo cuando la puerta atrás de él se abre. Se gira de inmediato, viendo como Isaac—le reconoce por su cabellera llena de rulos—entra por esta, quedándose totalmente estático al ver a tanta gente prestándole atención.

—¿Es la casa correcta?—pregunta Isaac, y Stiles no sabe si es una pregunta para él, pero aun así la responde.

—No lo sé—comenta con diversión—, ¿también seguiste el camino amarillo?

—No sabía que ustedes también fueron...—Isaac no sabe cómo seguir, por lo que Stiles solamente se encoge de hombros.

—Cosas que pasan en la vida, amigo.

Y ahora sí, cuando por fin ambos se han quedado en silencio, se da cuenta de los cuchicheos que le rodean, y presta más atención a como están siendo señalados, con sonrisas en los rostros de todos.

—... el chico pálido no huele a lobo—escucha un murmuro cercano, y Stiles sonríe un poco sin pretenderlo. Sus oídos cada vez se afinan más.

«Este es un buen momento para un comentario ingenioso» piensa, y está a punto de hablar cuando, de nuevo, vuelve a ser interrumpido mucho antes de decir nada.

—¡Qué es este alboroto!

La vos es fuerte, tanto que atraviesa todos los murmullos con facilidad asombrosa, y aunque es una pregunta, la manera en la que lo dice no deja a libres interpretaciones. Es responderla o responderla, sin sugerencias, más parecido a una orden de lo que Stiles jamás había escuchado. Las personas a su alrededor se dispersan con rapidez, quedándose calladas por completo en un silencio que le coloca los bellos de punta.

Algo dentro de él se remueve en conocimiento, y cuando ve al hombre avanzar con seguridad hacia ellos, sabe el por qué.

«Derek»

El nombre resuena en su cabeza, y agradece internamente a su buena memoria el recordar al hombre que tiene delante. Stiles sabe que, la primera vez que lo vio, estaba mucho más preocupado en volver a ser humano que en memorizar la imagen de otra persona, pero ahora que está a salvo, convertido en él, y rodeado de personas que ya no están hablando, es fácil perderse en memorizar cada facción de Derek para ponerle un rostro al nombre que resuena en su mente.

Tiene barba, eso es lo primero que nota, oscura y corta, como si la cuidara constantemente para no verse desaliñado en lo absoluto—probablemente por vanidad—. Sus ojos son impresionantemente verdes, y no porque sean profundos o algo por el estilo, sino por la línea pequeña que la heterocromia parcial provoco cerca de la pupila, de un color más claro que raya lo amarillo, pero que se difumina en gris al acercarse al color más oscuro.

Detalles, detalles, detalles. Stiles ama los detalles más para mantener su cordura que por motivación propia.

Derek es alto, más que él sin duda—y Stiles es alto—, de pecho fuerte con los hombros anchos, pero de alguna manera extraña que ni él mismo termina por comprender del todo, se ve en armonía, su altura contrarrestando su complexión. Cabello negro, y cejas gruesas.

En menos de un segundo ya ha memorizado por completo como es Derek, registrándolo en el directorio imaginario que ha comenzado a hacer desde que tiene doce años, y está de acuerdo, puede que suene un poco acosador memorizar con quien habla a todo momento, pero nunca está de más cuando quiere averiguar algo, ¿cierto?

Es entonces cuando, como si hubiera sido profetizado o una paparrucha de esa índole, sus miradas se cruzan y la mirada de reconocimiento le es dedicada por el contrario. Stiles sonríe sin siquiera proponérselo, como mayormente hace cuando está nervioso y no quiere demostrarlo, y Derek frunce el ceño mirando alrededor.

—No hay nada que ver aquí—gruñe, y eso sí es un gruñido, no como las demostraciones de irritación que tiene su padre, o las rabietas que tiene él, sino que nace desde el pecho, retumbando en la garganta detrás de las palabras, y de inmediato siente como Louis y Scott a su lado se tensan.

Cuando las personas comienzan a dispersarse, es cuando Derek vuelve a hablar.

—Guarda las garras.

Stiles no sabe si se está dirigiendo a él, pero aun así, cuando ve sus uñas transformadas en garras afiladas y un poco más largas de lo que esperaba, no duda en tratar de concentrarse para desaparecerlas. Sin embargo, no lo hace. Por lo general, una persona normal cuando se entera por fin de la conversión, no hace más que imaginarse a él mismo tomando la forma del animal de su preferencia; Stiles no es una de esas personas, no obstante, y cuando se enteró lo único que hizo fue encerrarse en su cuarto y no salir en dos días con la excusa de tener problemas con la pubertad—no es como si su padre quisiera averiguar esos problemas, y no le fue difícil quedarse tranquilo—.

Pero ahora, ahora que verdaderamente ocupa la teoría de como volver a la normalidad, calmándose, no tiene ni una absoluta idea de cómo hacerlo.

—He dicho que guarden las garras—Derek repite, y Stiles sabe que ahora solo le está viendo a él.

Y eso definitivamente es malo.

—No puedo guardarlas—su boca se mueve sin permiso, sin que él se lo proponga, y Derek le está sufriendo el ceño—. No sé tú, amigo, pero yo no nací rodeado de lobitos que te enseñaron a controlarte mucho antes de saber que jodido animal eres.

Y si, puede que Stiles fuera demasiado rudo, pero nadie puede culparle. Acaba de convertirse, abandonar a su padre, se va a separar de uno de sus mejores amigos por saber cuánto tiempo, fue confundido con un salvaje hace menos de veinticuatro horas, y ahora está ahí, frente a un tipo que seguramente lo único que quiere es dejarlos a su suerte y ver como mueren de manera lenta por ser unos inexpertos.

Así que sí, tiene motivos para estar molesto, y sí, seguramente este a punto de recibir una paliza que seguramente le dejara inconsciente—o en el peor de los casos su cuerpo reaccione mal y ataque a Derek—. Pero, hey, que las cosas pueden estar peor, ¿cierto?

—Respira profundo.

—¿Eh?—pregunta, porque no sabe si escucho bien, pero al parecer Derek no lo está golpeando en lo absoluto, y en su lugar solo se cruza de brazos mientras alza una ceja—. No me estás golpeando...—pronuncia confundido sobre todo, y la ceja oscura se alza aún más, tanto que eso debería de ser imposible.

—No te estoy golpeando. Gracias por decir lo obvio, imbécil—suelta un bufido, antes de volverle a mirar con esa cara que seguramente quiere decirle lo estúpido que está siendo Stiles en ese momento—. Tienes que respirar profundo, imagínate volviendo a la normalidad.

—Lo dices como si fuera fácil...

—Lo es.

—Puede que para ti.

Y Stiles parece estar tocando mucho a la muerte porque es cuando Scott interviene, tomándole las manos y murmurando unas cuantas cosas antes de que él pueda entenderle algo.

—Solo imagina que las retraes, como Wolverine—dice McCall, y es como si fuera una señal, porque Louis también comienza a prestar atención.

—Baya manera de hacer una referencia a los frikis que son—dice con el tono bañado en diversión.

—¿Quién eres tú?—Derek interrumpe, mirando como si estuviera mirando a un bicho en dirección a Louis, y este solo alza las manos en una actitud que pretende ser sumisa, pero con la burla en las facciones del de ojos azules no es posible en lo absoluto.

—Yo solo he venido a dar apoyo.

—Bueno, ya lo has dado—y ahí está de nuevo, la ceja alzada—. Ahora lárgate. Los jóvenes no reciben de buena manera a los gatitos.

Louis sonríe, alzando la mano de manera felina.

—Eso es porque no me han conocido—pero no discute, y con un movimiento de mano hacia Stiles y Scott, sale por la puerta, convirtiéndose en la pantera de las nieves que es en una clara demostración de mofa que reconoce perfectamente.

Isaac levanta la mano en cuanto la puerta se cierra.

—¿Quién eres?—pregunta de manera directa—. ¿Nuestro profesor, o algo por el estilo?

Derek le dedica una sonrisa, solo una, que a cualquier persona podía ponerle los pelos de punta con mucha facilidad, demasiada, y Stiles sabe que no es culpa de él cuando se estremece de manera involuntaria. Al parecer Scott también está teniendo problemas con ello, porque de repente comienza a apretar su muslo, de esa manera que hace cuando está nervioso y que Stiles ha aprendido a reconocer por tantos años conviviendo codo con codo.

—Sí, soy su profesor—dice, lentamente, como si estuviera midiendo sus palabras, y si antes Stiles pensaba que el chico que le había llevado de vuelta al claro no era una mala persona, ahora piensa que es un asesino en serie. Porque los asesinos en serie actúan de esa manera, irónica e infantil, haciendo bromas crueles que solo ellos entienden.

—¿Y que nos enseñara?—Scott, con un cero instinto de supervivencia, pregunta, siguiendo el juego de Derek al pie de la letra.

—A no morir.

Y puede que eso haya sonado muy cliché, pero para Stiles, es suficiente para reconsiderar la idea de ir a su casa y quedarse como un perezoso por el resto de su vida.

.

Derek frunce el ceño por enésima vez, sintiendo como sus oídos ya protestan por las dudas sin sentido que el pequeño zorrito dice una y otra vez, como si él estuviera ahí para saciar la curiosidad innata de ese idiota. Laura definitivamente le está observando para esos momentos, y sabe muy bien que se está divirtiendo de lo lindo para esos momentos.

Les había mostrado a los novatos las alas de la casa que se le tenían permitidas, desde el área izquierda, que se basaba básicamente en las cocinas y el comedor, hasta el área derecha, donde estaban las duchas y las escaleras hacia los dormitorios. También les había llevado a la planta alta, donde estaba el gimnasio, y les había dicho que ahí podían entrenar si no tenían miedo a ser aplastados por los miembros más experimentados de la manada.

—¿Cuándo comemos?—pregunta el chico rubio que está con ellos, mirándole de reojo cuando doblan en una esquina y los sonidos de las conversaciones aumentaban cada vez más.

Derek tiene que contenerse para no dirigirle una mirada cansada, de nuevo, y se mantiene recto, caminando y con la vista al frente.

—Los estoy llevando a la cafetería—dice como si no fuera importante, pero al contrario sí lo es.

Cada quien tiene el horario para almorzar, comer y cenar, sin peros, siempre a la misma hora, y es cuando los demás miembros de su familia aprovechan para socializar, lo cual está bien, considerando que la otra mitad del tiempo están entrenando o sirviendo en la casa. Realmente funcionaban como una unidad, siempre al pendiente del otro, y su madre se molestaba si es que llegara el caso alguien decidía faltar a la comida diaria. Lo cual, si se pensaba en retrospectiva, estaba bien.

—¿La cafetería es como la de la escuela?—de inmediato Stiles pregunta, después de haberse quedado en silencio unos minutos, como si algo se hubiera activado en él y tuviera que hablar forzosamente—, ¿Hay comida decente o tendré que meterme a escondidas en las cocinas? ¿Hay postre? ¿carne...?

—Cállate—gruñe, de nuevo.

Derek definitivamente ya ha perdido la cuenta de las veces que lo ha hecho, y vale, que Laura y Cora siempre dirán que tiene una tendencia casi enfermiza de gruñir todo el jodido tiempo, pero esto ya es demasiado.

Siente como Stiles bufa, como ya ha hecho miles de veces en el recorrido de, apenas, una hora, y no pasa mucho tiempo cuando vuelve a hablar.

—No, ya en serio, ¿la comida es rica?

—¿Te callarás si digo que sí?—pregunta de manera irónica.

—De hecho podría considerarlo—Stiles camina rápidamente hasta estar a la altura del moreno, sonriéndole un poco—. ¿Contestarás o no?

Scott siempre ha dicho que, como era de esperarse en una persona que no tiene ningún filtro del cerebro a la boca y que, literalmente, era como si quisiera morir a cada momento, diciéndole las cosas equivocadas a la gente errónea. Stiles considera que lo hace de manera inconsciente, y que su verdadero talento era ser totalmente honesto sin importar lo que eso conlleve.

Por lo mismo no es, o no completamente, consiente de lo que hablar con Derek como hablaría con Scott o Louis traerá consigo, y no es como si le importara sinceramente.

El hombre gruñe, de nuevo, y esta vez Stiles observa como sus ojos cambian a un frio azul que de inmediato le cala los huesos y le hace tensarse. De un momento a otro, el pasillo parece iluminarse con una luz que no proviene de ningún lado, pero sí que ilumina todo el ambiente con más potencia de lo que el sol puede hacerlo. Ahora ya no es un tramo semi-oscuro de paredes verde musgo, sino que es verde limón, e incluso puede ver por el rabillo del ojo una mancha en la pared a su izquierda.

Y Stiles jamás había sentido nada como eso, como el escalofrió que le recorre la columna y le hace gruñir de manera leve, sintiendo el sonido vibrando en su garganta con suavidad. De inmediato ve a Derek entrecerrar los ojos brillantes de un color azul blanquecino, y escucha con atención el gruñido del contrario. Como si fuera una señal, todo el cuerpo de Stiles reacciona, y ya no tiene uñas en sus manos, sino que son garras largas...

—Guarda los colmillos—Derek dice, lentamente, como si estuviera hablando con un retrasado, y Stiles no puede evitar pensar que, hay una posibilidad, él realmente crea que está tratando con un salvaje.

—Lo haré cuando dejes de comportarte como el macho Alfa—replica, sonriendo con toda la ironía que puede reunir para demostrarle que no, definitivamente Stiles no es un salvaje en lo absoluto. Sin embargo, cuando lo hace siente como algo corta su labio inferior de manera leve, irritándole más que nada.

Derek respira profundamente, como si estuviera conteniéndose—seguramente queriendo evitar matarle—.

—¡¿Qué está sucediendo aquí?!—una voz exclama, con tanta fuerza que siente como sus oídos se recienten. Sus ojos vuelven a la normalidad, y ve todo con la misma oscuridad que siempre.

Cuando se gira, puede ver como una mujer, la misma de brillantes labios carmesís y sonrisa burlona, les mira a ambos, sus ojos mostrando rabia y sorpresa, y una mueca completa en su cara que demuestra fastidio.

—Nada que te incumba, Laura—dice Derek, y parece que la conoce, pues le habla con confianza, sin temer el usar un tono brusco en lo absoluto.

—Creo que sí me incumbe—Laura pronuncia con cuidado, molestia y burla a partes iguales además de sarcasmo, que Stiles de inmediato reconoce—, o al menos si sucede en mi territorio.

Derek se cruza de brazos.

—No es tu territorio.

La chica le sonríe como si guardara un secreto muy importante.

—Aún—es entonces cuando vuelve a reparar en Scott, Isaac y él, sobretodo en él—. ¿Peleando con novatos?

El termino suena normal, para nada despectivo como la mayoría pensaría, y eso ya le da una pista para saber que la chica—Laura—es una persona razonable. Ciertamente, Stiles sabe que ellos, los llamados novatos, son mucho menos queridos que los veteranos, y como su nombre lo indica, son los nuevos convertidos, los chicos que solamente llevan poco menos de dos años pudiéndose convertir completamente a voluntad, y que, como si fuera una broma, son peores que los de primer año en la secundaria o universidad.

De hecho, el termino "novatada" fue creado para ellos, la clase de novato que se cree demasiado y a la que sobre todas las cosas deben de poner en su lugar, ya sea en la familia o en el clan, siempre valiéndose de las reglas de la propia especie, el instinto.

Solo espera no estar en una manada que hace novatadas como niños inmaduros.

Stiles sonríe un poco antes de contestar, ignorando como Derek abre la boca para responder.

—El termino "discusión amistosa" suena mucho más bonito.

El hombre de ojos verdes le dirige una mirada incrédula, y Laura asiente.

—Bueno, no parecía serlo...

—Lo era—Scott se mete a la conversación, mirándole a él y a la chica alternadamente, como si quisiera estar completamente seguro de si Stiles quería ayuda o no. Sonríe de manera imperceptible hacia McCall, incitándole a seguir—. Stiles solo pregunto que servirían de cenar hoy, y se molesto al saber que no había carne, Derek le estaba explicando las razones.

—Y yo dije que era absurdo, se supone que somos lobos, necesitamos carne—Stiles se encoge de hombros restándole importancia, y Laura sube de manera elegante una ceja, como si estuviera midiendo todos los milímetros de piel que movía para hacerlo.

—Tu no eres un lobo, ¿o sí?

Se tensa sin proponérselo, mirándola con los ojos entrecerrados.

—¿Y hay un problema con ello?—pregunta, de manera prudente y con voz plana, sin querer demostrar (aún más) que le afecta de verdad que le recuerden su jerarquía.

Laura parece encantada, sonriendo abiertamente y borrando por completo el ceño fruncido.

—Parece que el novato tiene carácter—dice, para girarse a Derek—. Bueno, que la cena esta a punto de empezar y mamá quiere verte con tus discípulos—la burla esta demasiado explicita como para no notarla, y cuando la chica camina hacia el otro extremo dándoles la espalda, no le sorprende escuchar el bufido molesto del moreno.

Derek les dirige una ultima mirada molesta antes de caminar detrás de Laura, gruñendo algo que cree es un "andando" y que no es lo bastante entendible. Stiles se queda unos segundos en donde esta, pero cuando Scott le da un golpecito en el hombro diciéndole que es hora de avanzar, no vacila, colocándose al lado de Isaac quien ya esta demasiado adelante.

—Solo espero que verdaderamente sirvan una buena comida—comenta, y el rubio le dirige una sonrisa divertida alzando una ceja.

—¿Otra vez con eso?

—No era un chiste amigo—replica, chasqueando la lengua—. La comida es importante, y que este rica también lo es. Más si es una cafeterita. Las cafeterías siempre tienen comida que parece de plástico, es como si te dieran a comer cualquier cosa que encuentren en una alacena o en el closet. Como si fuera su propósito hacer comida demasiado horrible para que solo te sirvas una vez, y cocinen lo que sobra para economizar, sin que te des cuenta.

—No le prestes atención—Scott le sonríe a Isaac, abiertamente de esa manera que le hace parecer aun más joven de lo que es, sus ojos chocolate brillando para darle confianza—, es demasiado paranoico.

Stiles bufa.

—Y tu siempre quieres hacerme quedar en vergüenza, ¿cierto Scotty?

.

Realmente, Stiles y los demás tienen la boca abierta.

Porque sí, la cafetería, o más bien "la pradera", que es como llaman al lugar los demás, ya sea porque es donde cazan los lobos o una tontería de la misma índole, sí es similar a una de preparatoria, una habitación grande plagada de mesas y sillas donde las personas se sientan en grupos en cada una de ellas, pero al contrario, hay personas que van de mesa en mesa, charlando y tomando de las charolas que están en el centro de la misma sin que causen molestias en los demás, o no más haya de unos gruñidos por, naturalmente, tomar el trozo de carne que otra persona también quería.

Parece una gran reunión familiar, y hay por lo menos unas veinte personas, sin contar a la gran mesa del fondo, donde Thalia Hale discute acaloradamente con un joven que parece ser un poco menor. Al lado de ese joven, esta la mole humana que casi le mata ayer, y la joven de la cicatriz, hablando de sabrá dios que, pero también hay otros dos hombres y una mujer.

Stiles respira profundamente por la nariz, sonriendo de manera inconsciente al notar el leve aroma de familiaridad y bollos caseros, llenando sus pulmones de ese aroma en conjunto con el de la comida—carne, pollo, ensalada y puré de papá—.

Derek les mira de reojo, antes de girarse hacia una mesa casi vacía.

—¿Se supone que tenemos que seguirlo?—Scott le murmura.

—Creo que sí—responde Isaac, también a murmullos—. Todo mundo nos está mirando de nuevo.

El, como buen Stillinski, recorre el salón con la mirada, queriendo comprobar que sea verdad. Efectivamente, la mayoría les observa sin un deje de vergüenza y con una verdadera curiosidad.

Diablos.

—Pues muévanse entonces—dice, caminando detrás de Derek y evitando sentirse como un cachorrito.

Cuando llegan a la mesa circular, Derek está de pie al lado de ella, y les indica con un gesto de mano cuatro sillas vacías entre una chica despampanante de cabello rubio y un chico con la sonrisa más grande que Stiles jamás ha visto. Laura está sentada en la mesa también, y un chico grande y de piel oscura que no parece ser muy hablador tampoco.

—Hola de nuevo chicos—Laura dice, sonriendo—. Tomen asiento ahora, que nos están esperando para comer.

Stiles no pierde tiempo y se sienta en la silla más cercana, sintiendo como Scott se sienta a su lado. Cuando gira a su derecha, el chico de sonrisa grande alza las cejas, y no puede evitar mirarle con la duda en sus ojos, antes de sonreír el también.

—Así que tu eres el pequeño zorro que se volvió salvaje—no es una pregunta, pero aun así Stiles frunce el ceño antes de contestar de manera automática.

—No—gruñe, de manera completamente humana—. No sé porque pensaron que era un salvaje, pero obviamente no lo soy. ¿O estaría sentado contigo, de serlo?

El chico se encoge de hombros.

—Era mera curiosidad amigo, no me saques las garras.

Después de esto, Stiles se gira hacia la charola con comida del centro de la mesa, y aprovechando para darle un vistazo a sus manos y asegurarse que no tiene garras, alza la mano hacia una pieza de pollo. O eso hasta que Derek le gruñe fuertemente desde su asiento al lado de la chica rubia.

—¿Qué?—espeta de mal modo hacia el moreno, frunciendo un poco el ceño en confusión—. Se ve buena.

—No debes comer aún—es todo lo que dice, antes de ver a Laura, quien niega con la cabeza, acercándose y tomando una buena porción de puré de papa antes de servirse unas costillas también, dejando la comida en su plato sin borrar la mueca de diversión que parece ser permanente.

—¿Y por qué ella si puede?—Isaac pregunta, mirando la comida como un cachorrito, ojos grandes y brillantes ansiando probar alimento.

Derek bufa con fuerza, decidiendo ignorarle por completo, pero la chica rubia solo le ve levemente divertida.

—Se nota que son nuevos—comenta con burla.

—¿Sera porque lo somos?—Stiles pregunta irónicamente, sonriendo de lado—. Digo, porque que yo recuerde acabamos de llegar hoy.

—En las manadas de lobos, los que tienen un rango mayor a los demás comen primero—comienza Laura, como si lo supiera de memoria, dándole un vistazo a su plato antes de mirar a Stiles y guiñarle el ojo—. Soy mejor que ustedes—y con eso, se mete una cucharada de puré de papa a la boca.

La chica rubia alza la mano y se sirve, al igual que el chico de sonrisa grande y el otro sujeto; Derek solamente observa con el ceño fruncido antes de girarse, observando el otro extremo de la habitación. Stiles siente la curiosidad picarle la nuca, y sin quererlo se encuentra siguiendo la verdosa mirada hasta Thalia, quien sonríe enormemente hacia el moreno, como si estuviera satisfecha.

Stiles reconoce la mirada al instante, recordándola vagamente haberla visto en su padre. Es la mirada que una persona le dirige a un hijo cuando este hace un logro, demostrando que esta orgulloso, una mirada completamente maravillosa que le ha hecho tener escalofríos cuando la ve en John Stillinski.

Y es ahí cuando comienza a sospechar verdaderamente quien es Derek.

Scott rompe el voto de silencio que al parecer él y Isaac han levantado.

—¿Podemos comer ya entonces?—pregunta, sin siquiera sonreír pero con la esperanza en su rostro. Laura le mira con ternura.

—Tu sí que puedes—responde amablemente, con un tono que casi le hace rodar los ojos., Claro. Scott es adorable—. ¿Qué opinas Erika? ¿los demás también pueden?

—El rubio es lindo—comenta la chica rubia, la que seguramente es Erika, sonriendo ladinamente y alzando una ceja en dirección a Isaac—. Yo digo que él si puede comer.

—¿Y el zorrito puede, Josh?—sigue Laura en el mismo juego. La palabra zorrito llega directamente a su mente como si fuera una daga. El chico de la sonrisa fácil parece saberlo, y sonríe aun más abiertamente, ¿es que las mejillas no le dolían?

—Creo que sí. Tiene carácter.

—Tengo algo más que carácter, amigo—bufa Stiles, sonriendo, antes de tomar el trozo de pollo que parece hacerle ojitos y darle una gran mordida. Aun sin haber comido del todo la pieza, vuelve a hablar:— Y díganme, ¿qué se supone que hacen aquí?

En diez minutos de comida, Stiles ya ha aprendido que Josh es de fuera del país, probablemente sea de Australia, Erika y Boyd son novios, y este ultimo sí habla, pero le gusta tomar el tiempo para comer y pensar mientras los demás se comportan como niños; Derek no habla en lo absoluto durante todo ese tiempo, y tampoco prueba un bocado; Laura sin embargo, parece muy dispuesta a entablar conversaciones con todo el mundo.

—Entonces yo le dije a Cora que no podíamos salir a jugar en la lluvia hasta que pasara la conversión—sigue relatando, con una sonrisa todo el tiempo—, pero a ella no le importo y corrió lejos de mi en dirección al bosque. No le seguí, y cuando regreso a casa llego cubierta de lodo y con la nariz completamente tapada.

—¿Eso debería de importarnos?—Isaac pregunta con indiferencia, dándole otro sorbo al jugo de manzana que la chica pelirroja que es una especie de mesera, Maggie, le trajo de las cocinas. Laura le mira como si fuera obvia la respuesta.

—Claro que debería. Les estoy contando anécdotas familiares, eso es como la quinta escalera de una amistad. Literalmente es un honor ser mi amigo aquí.

—Eso es lo que ella cree—Erika comenta con una sonrisa maliciosa, y Laura golpea su hombro con una mueca indignada.

—Es cierto y lo sabes. Todo mundo quiere ser mi amigo aquí.

—Hasta que te conocen—Josh dice con la intención de picarla, y lo consigue, pues la chica se levanta de inmediato de la mesa, negando con la cabeza.

—¿Saben? Quédense con su mesa de cuarta, yo me voy con las personas que en serio aprecian mi compañía.

Cuando se gira y comienza a caminar lejos, Derek sonríe por primera vez desde que le conoce, ladina y burlonamente.

—¿Acaso existen?

Laura solo le ve sobre el hombro, con el ceño fruncido, antes de volver a avanzar hasta salir por completo de la cafetería. Stiles ríe a carcajadas sin poder evitarlo, mirando como la que se suponía era la "suprema" entidad en toda la casa huye de esa manera tan parecida a la de una niña de cinco años. Derek le dirige una mirada aun sonriendo, antes de borrarla por completo y dirigirse a Josh.

—Tendrás que contentarla.

—No hay problema—el chico sonríe, encogiéndose de hombros—, no es como si fuera la primera vez, ¿o si?

—Volviendo al tema principal, antes de que nuestra querida Laura se fuera—Erika habla, dirigiéndose hacia Stiles, Scott y Isaac—. Ustedes deben de ir a sus habitaciones hoy, solo se deben preocupar por eso. O al menos hoy. Estoy segura que Derek les...

—Les enseñare lo básico—gruñe el susodicho, interrumpiéndola, pero Erika no parece afectada por ello e incluso sonríe—. Ahora si ya terminaron, pueden ir al patio trasero.

—¿No podemos quedarnos?—Stiles pregunta, mirándole con los ojos levemente abiertos—. No haremos ruido y...

—No sé si no me entendí—Derek sonríe, cruzándose de brazos y respirando profundamente por la nariz—o eres demasiado idiota, pero no fue una sugerencia.

—Pero utilizaste la palabra "puedo", así que...

—Largo.

Stiles quiere replicar, fruncir el ceño y decirle que se puede ir a la mierda rotunda, que no le puede ordenar, pero Derek gruñe de nuevo, más fuerte esta vez, y sus ojos se iluminan de azul, y es justo entonces que siente perfectamente como algo le rasguña por dentro como si tratara de salir; decide que no quiere tener más problemas (o al menos no por hoy). Soltando un suspiro para tranquilizarse, se levanta, saliendo por la misma puerta que Laura.

Cuando ya esta lo suficientemente lejos de la sala, no puede evitar pararse en medio del pasillo con los ojos perdidos.

¿Dónde se supone que esta el patio trasero?