Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.

Advertencia: +18!


Sin Caer en el Amor


"Y dicen que por muy corto sea el camino, quien pisa fuerte, deja huella."


Diecisiete

Ultear… Juvia había dicho el nombre de Ultear. Ella estaba en la habitación de al lado, esperando que la atienda. Ultear tendría que estar en Londres, no aquí. ¿Cómo me había encontrado?! Hacia años que no nos veíamos, ¡años demonios! Mi entrecejo se frunció y el ambiente se tensó, Juvia se acercó hacia a mi pero la ignoré, busqué mi ropa, un pantalón de algodón y una camiseta.

— ¿Podrías esperar aquí?

Juvia asintió con la cabeza y se metió a la cama, desde allí me sonrió, tomé aire antes de avanzar hacia mi salón. Ultear estaba de espalda, carraspeé para llamar su atención, ella volteó y mi corazón casi se detuvo al ver sus ojos negros devuelta. Los años parecieron no avanzar en ella, su cabello negro suelto, su rostro iluminado, se la notaba feliz y en silencio me alegre por ella, por Ur.

—Gray…—Dio un paso hacia adelante queriendo acercarse a mi. Le hice un gesto con la mano para que se detuviera. Ella bajo la mirada, mordió su labio por un instante pero después trato de sonreír. —Siento interrumpirte, tu novia fue muy atenta conmigo. ¿Se llama Juvia?

—No quieras fingir como si ahora mi vida te interesará Ultear. ¿A qué has venido? —Le pregunté, rodeando el sillón y sentándome finalmente en el. Ella se cruzó de brazos y largo un suspiro.

—Eres mi hermano Gray.

—Te equivocas, tu y yo, no somos nada. —Le dije sonriendo. Ella no hizo gesto alguno. —Oh, espera, era el mocoso al cual enamoraste solo para follarte y pasar el tiempo… ¿Eso nos hace algo?

—Eso fue cruel. —Dijo ella con una sonrisa triste. —Supongo que me lo merezco.

Hubo un silencio, Ultear parecía nerviosa aunque era obvio que estaba aquí por algo, vamos, ¿para qué iba a volver después de tantos años?

—¿A qué has venido? —Le volví a preguntar, esperando una respuesta.

—He venido a verte, seguimos siendo familia aunque tu digas lo contrario.

—Claro. —Rodé los ojos. — Has venido desde Inglaterra a Japón solo para verme, cuéntate otro. —Me reí sonoramente.

—No tan así…—Dijo ella acariciando sus brazos, un tic que tenía cuando sus nervios estaban por estallar. —Estoy en Japón hace un tiempo, vengo y voy a Inglaterra por que bueno, ayudo a mi prometido con su empresa. Me voy a casar. —Confesó. Mis ojos se abrieron con sorpresa. ¿Ultear se iba a casar? ¿Cuántas veces había soñado con qué ella fuera mi esposa? Y ella había hecho una vida seguramente perfecta desde que dejó Japón.

—Te felicito. —Le murmuré pero ella logró escucharme.

— ¿Queda de más aclarar qué estas invitado?

—No es como si fuera a asistir de todas formas, quédate tranquila. —Bufé, desviando la mirada por un momento. ¿Cómo era capaz de invitarme a su casamiento?! Esta bien, éramos hermanos según un papel por que su madre me adopto pero ¡maldita sea! Había sido mi novia, mi única novia. Ella me miró dolida y después dio unos pasos mirando alrededor, como si mis paredes fueran grandes obras de arte.

—Conseguiste un bonito lugar aquí… ¿Vives solo o tu novia vive contigo?

— ¿Puedes dejar ese tema de una vez? —Cerré los ojos por un momento. —Juvia no es mi novia.

—Perdón Gray, no quería incomodarte.

—Lo haces. —Me levante del sillón y tras varios pasos decididos la tomé del brazo, sus negros chocaron con mis grises, sus labios se fruncieron pero no hubo queja alguna. —Me enamoré de ti, maldita sea. Y lo sabes. He sufrido por ti demasiado tiempo como para que ahora reaparezcas en mi vida diciéndote que te vas a casar y quieres que finjas que seamos los hermanos que nunca fuimos.

— ¡También estuve enamorada de ti! ¿Pero qué íbamos a ganar? —Me preguntó. Odiaba que Ultear me dijera estas cosas sonriendo, como si ella tuviera la verdad absoluta, como si su palabra fuera palabra santa y fuera todo lo que estaba bien.

— ¿Qué podíamos perder? —Me acerqué a su rostro peligrosamente. Sus mirada de posó en mis labios. —…Ultear.

—No… No entiendes. —Su voz sonó tan baja que creía que le costaba hablar. —A mi también me dolió pero, pero… Tuve que hacerlo, ¡somos hermanos Gray!

—Ya te dije que no somos nada. —Le solté el brazo. —Te fuiste con un sujeto mayor, uno que tenía mejor futuro, una empresa y traje, que podía comprarte joyas y llevarte a comer a lugares bonitos. ¿Te casas con ese idiota?

—No es un idiota.

—Lo es, lo has estado utilizando por años. Dime… ¿Lo amas? Por que dudo mucho que tu sepas lo que es amar, que hayas amado a alguien en tu vida.

—¿Cómo puedes decirme todo esto?! ¡Claro que lo amo! No me casaría con él si no lo amará. En cambio tu Gray, ¿sabes lo qué es el amor?! ¿O te acuestas solo con putas baratas como la qué me abrió la puerta? ¿Tu sueldo te alcanza para pagarle? A que ninguna te la chupa como yo te la chupaba.

—Juvia no es ninguna puta. Lávate la boca antes de poder decir algo malo de ella. —Mi mirada seria la dejó callada unos segundos más. — Y no me vengas con qué no se lo que es el amor, es verdad, estos años no he vuelto a enamorarme pero estuve enamorado de ti, lloré por ti, ¿sabes? Y cuando un hombre llora por una mujer… Esta perdido, no he querido ni quiero volver a saber de ti. Vete de mi casa.

Ultear afirmo el agarre de su bolso y golpeó la puerta antes de salir. Masajeé el puente de mi nariz, todavía no podía recapacitar todo lo que había pasado, ¿Ultear en Japón? ¿Cuándo una buena en mi vida? Cuando quise darme cuenta mis manos temblaban.

— ¿Gray-sama?

Giré para encontrarme a Juvia asomada en la puerta de mi habitación, agradecí que en ningún momento alzáramos la voz, seguramente había escuchado el portazo que había dado Ultear al irse.

—Esta todo bien. No te preocupes.

— ¿Seguro? —Juvia se acercó lentamente, tomé su rostro entre mis manos y la besé. Necesitaba sentir sus besos, sentirme que no estaba solo.

—Seguro. —Le respondí mirando fijamente sus orbes azules, que ahora se encontraban brillosos por el inesperado beso.

—Juvia… Ella, no quiere parecer una persona maleducada pero ella tiene curiosidad.

Asentí y ladeé la cabeza. No podía negarme a esa muchachita. — ¿Recuerdas la hermana qué comento Zero la vez que cenamos los tres? Ella es la hija de Ur, Ur es la mujer que me adoptó, cuando ella falleció solo quedamos Ultear y yo, no nos llevamos muy bien actualmente por unos problemas que tuvimos, ella se fue a Inglaterra a estudiar, ha venido a decirme que se va a casar. —Me encogí de hombros. —No es algo que me importe demasiado, ¿sabes?

—Pero es un acontecimiento tan importante… Y es su hermana. Son lo único que tienen.

—Te equivocas. Tengo a Zero, tengo a Maria, Erza y Natsu…

—La tiene a Juvia, también.

Sonreí y volví a besar los dulces labios de la peliceleste. Juvia rodeo mi cintura con sus brazos y se pegó a mi cuerpo, mis manos acariciaron sus cabellos mientras el beso nos dejaba sin aire a ambos.

—Te tengo a ti, es verdad… —Me sonrió, le sonreí y quise olvidarme de Ultear, de que segundos atrás estuvo parada en mi salón, de sus ojos negros y sus labios carmín. Llevé una mano a mi cabeza, aunque había dejado de temblar mi cabeza comenzaba a doler, Juvia unió sus cejas en gesto de preocupación y acarició mi mejilla.

— ¿Qué le parece a Gray-sama si Juvia le hace un masaje para qué este más calmado?

— ¿Sabes hacer masajes? —Pregunté con una leve sonrisa.

—Los mejores. —Me respondió, entrelazando nuestras manos me tironeo hasta llegar al sofá. Nos sentamos, me pidió que le diera la espalda y eso hice. Sus manos acariciaron mi cuello y de allí de dirigieron a mis hombros, de verdad Juvia sabia lo que hacia y no pudo evitar cerrar los ojos y relajarme. Los pechos de Juvia lograban distraerme cada vez que se apoyaban en mi espalda pero al final volvía a hundirme en el placer de aquel masaje. —Gray-sama…—Me llamó Juvia con tono de reproche.

—¿Uhmn? —Dije abriendo uno de mis ojos y girando apenas la cabeza para verla, sus labios fruncidos eran tan tentadores que me costó no acercarme a ellos para besarlos.

—La camiseta molesta a Ju…—Antes de que pudiera terminar mis impulsos fueron más rápidos y callaron a la peliceleste, ella mordisqueo mis labios mientras me deshacía de ese asqueroso pijama que se había puesto antes de ir a abrir la puerta. La escuché jadear cuando acaricie sus pechos y ella se apartó en ese momento para sacar mi camiseta, acariciar mi abdomen, entretenerse besando mi cuello, sentía como sus labios recorrían cada centímetro de mi piel hasta llegar a mi clavícula, como succionaban dejando pequeñas marcas y como sus dientes apretaban sin hacerme daño, Juvia no dejaba de darme placer. Sus piernas se enredaban con fuerza en mi cintura, era grandioso tener a Juvia desnuda en esa posición y cuando pude quitarme el pantalón me estremecí al sentir la piel de mi amante.

—Creo que este es el mejor masaje que me dieron en la vida… —Le susurré en el oído antes de morder sensualmente el lóbulo de su oreja. Pude notar como el color subía a su rostro de porcelana, sus mejillas se habían puestos rojas y sus labios hinchados por los besos anteriores temblaban de placer. Tenía a Juvia tan pegada a mi cuerpo que temía que sintiera el latir de mi corazón, golpeaba contra mi pecho como nunca antes.

—Gray-sama… —Gimió y se aferró con mucha más fuerza a mi cuerpo. Besé su hombro, baje por su brazo y a la altura del pecho pasé a sus senos, mis labios envolvieron su pezón, Juvia curvó su espalda y mientras acariciaba el muslo de su pierna derecha me dedicaba a saborear y jugar con aquella parte del cuerpo de peliceleste que cada vez se ponía más dura.

Ella se levantó apenas para masajear con sus manos mi falo, mis grises le dedicaron una mirada llena de lujuria cuando acarició mi glande mis gemidos fueron callados en la garganta de la peliceleste. De a poco ella se hundió en mí, cada vez más profundo y de una manera tan lenta que parecía una tortura.

La vi subir y bajar marcando un ritmo que la hacia gritar mi nombre, regalándome la exquisita vista del movimiento de sus pechos. Mi cadera la acompañaba en los movimientos mientras mis manos se apretaban de manera no tan delicada su trasero.

—Ahg…Ju-Juvia. —Jadeé, mi voz había salido ronca y mi mandíbula se tenso al sentirme cerca del orgasmo. Las manos de Juvia se apoyaron sobre mis mejillas y seguía deslizándose, su voz y sus ojos nublados por el placer lograron que me viniera dentro de ella y sus brazos se enredaron en mi cuello mientras sus dedos se paseaban por mi cabello.

Nos quedamos en silencio y en esa posición durante varios segundos, recuperando el aire, Juvia giró su rostro y apoyó su frente con la mía, nuestras miradas se cruzaron, nuestros alientos lograban mezclarse y me sentí extremadamente cómodo entre los brazos de aquella mujer.

Tal vez el regreso de Ultear no me afectaría tanto como pensé que lo haría, tal vez todo eso se lo debía a Juvia, ¿verdad?

—¿Qué le parece a Gray-sama si desayunamos?

—Si termina como el masaje no creo que me importe…

—¡Gray-sama! —Dijo mientras sus mejillas se coloreaban más, ¡como si eso fuera posible!

Nos besamos antes de volver a buscar nuestras ropas, aunque Juvia se baño mientras preparaba el desayuno, me hubiera encantado bañarme con ella, el morbo de la ducha, ¡que si era algo que de verdad lograba calentarme! Pero Juvia mencionó algo de su trabajo y que por más que quisiera quedarse no podía.

Cuando se sentó en la mesa de la cocina dejé la taza de café frente a ella.

— ¿Así que tienes una reunión de trabajo? —Pregunté mientras rascaba mi nuca e iba en busca de mi propia taza.

—Algo así… —Murmuró. —Juvia tiene una reunión con Lyon.

—¿Tu ex? —Tuve que volver a bajar la taza que estaba por llevar a mis labios. —¿Te vas a ver con tu ex?

—Es por trabajo. —Expresó la peliceleste, aunque debía creerme tonto para que me crea eso.

—Trabajo… —Dije irónico.

Juvia busco mis manos y colocó las suyas encima, acarició con su pulgar y entrelazó nuestros dedos.

—Juvia no tiene nada con Lyon, no tiene por que enojarse Gray-sama…

—¿Quién dijo qué estoy enojado? Ve a la reunión, como si me importará…

—Después vendré para aquí… Claro si usted quiere.

Gruñí por lo bajo, ¡claro que quería! Además me aseguraría de que Lyon no pasará más tiempo de lo necesario con Juvia.

—Te estaré esperando.

Antes de que Juvia volviera a hablar mi móvil sonó en el salón, como conocía la melodía no pude ignorarlo y pidiéndole disculpas a Juvia me apresuré en atenderlo.

—¡Ey Natsu!

.

.

.

Continuará.


Buenas!

¿Cómo andan? Espero que bien, o al menos mejor que yo. He tenido días mejores pero bueno, al menos puedo despejarme escribiendo aunque mi inspiración por momentos se vaya. ¡Gray ya sabe que Ultear esta en Japón! Y todavía no ha caído bien en el tema, estaba por entrar en crisis y lo hubiera hecho si Juvia no hubiera estado ahí. El tema será cuando se enteré que Erza ya sabía sobre esto, y cuando se enteré sobre Jellal... Además el llamado de Natsu, no olvidemos ni pasen por arriba donde corte el capítulo. Y tampoco se olviden de Lyon, la insistencia de él y esta reunión con Juvia.

Espero tengan una excelente semana. ¡Muchas gracias a todos los que leen!

Sugar.