Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.

Advertencia: +18!


Sin Caer en el Amor


"Tal vez lo único que he estado tratando de decirte todo este tiempo es que te quedes conmigo"


Diecinueve

Algunos recuerdos eran difíciles de borrar, por más que uno quisiera, por más que lo intentará, siempre había algún recuerdo doloroso nos acompaña y volvía en los momentos de más soledad. Este pasillo en cuestión me traía esa clase de recuerdos, recuerdos que no quería precisamente recordar. Deseaba olvidar tantas cosas, como por ejemplo las veces que me acercaba a su cama y me aseguraba de que siguiera respirando, aquellos segundos de pánico lograban dejarme sin aire, lograban desmoronarme. Si cerraba los ojos lograba verme a mi cinco años atrás de rodillas llorando frente a una habitación de puerta blanca mientras los médicos entraban sin decirme nada. Podía ver a Ultear a un costado con una mano cubriendo su rostro mientras sus lágrimas comenzaban a salir. A la muchacha que repartía la comida llegando con su carro y deteniéndose cuando Ultear le impidió el paso negando con la cabeza, entonces ella me busco con la mirada, se acercó y me abrazo.

Lo siento. —Dijo.

Comencé a girar mi móvil en mi mano, estaba inquieto y sabía estar así no mejoraría las cosas, los médicos de Natsu solo me dijeron que se despertaría en un par de horas y que estaría bien, al menos por el momento. Era tan extraño verlo tumbado en una cama de hospital, estaba pálido y su rostro reflejaba una expresión seria, como si estuviera enojado. Cuando llegué busque a Lucy pero al parecer no se había enterado aún de la situación. Imagine a Lucy sola en una de los tantas crisis que seguramente había tenido mi mejor amigo, estaba seguro que esta no era la primera recaída, seguramente hubo muchas antes, muchas donde no pudieron comentar nada, ni buscar ayuda. Imagine a Lucy cargando con todo esto ella sola y quería pararme, aplaudirla, darle mi eterna gratitud. Natsutenía a su lado una gran mujer.

Durante la madrugada Natsu no despertó, si apareció Erza y con ella Lucy, ambas parecían haber dormido poco y nada, la rubia tenia enormes ojeras debajo de sus ojos chocolate además de que parecía haber llorado toda la noche. No entendía del todo lo que había pasado entre ellos, supuse que se debían una charla, eran demasiado perfectos juntos como para pasar un día separados. Las discusiones iban y venían en una pareja normal, pero los problemas se superaban, era cuestión de amor, no dudaba de que fueran a superar cualquier cosa.

—Ese idiota estará bien. —Miré a Lucy y ella asintió con un movimiento de cabeza, queriendo confiar en mis palabras, yo también deseaba hacerlo. Más que nada.

Lucy pidió entrar a la habitación sola, Erza y yo claramente estuvimos de acuerdo así que para hacer algo de tiempo fuimos por un café.

Erza nunca fue mujer de dar mucha charla, en todos estos años de amistad me he sentido cómodo en su silencio pero hoy era diferente, estábamos inquietos, lo notaba en la forma en que ella temblaba ligeramente. Ella me observó triste, apagada, entonces pensé que tal vez me vería igual de afectado. Di un sorbo a mi café y pensé en Juvia, en sus manos sobre mis manos, diciéndome que todo estaría bien. Me sentí mejor.

—… ¿Estas sonriendo? —Preguntó Erza. Abrí mis ojos con sorpresa, ¿acaso había sonreído? —Vaya, si lo hiciste. ¿En qué pensabas?

—Nada en particular, realmente…—Mentí.

—Es difícil todo esto, ¿verdad?

—Lo es. —Murmuré. Bajé la mirada a mi café, hasta la cafetería del hospital era un lugar donde se podía sentir la tristeza. El único sonido alto era la radio que anunciaba que la tarde del día de hoy estaría soleada, recomendaban algunos parques y lugares de turismo. Y aunque la tarde fuera la mejor ver la cara de las personas que estaban en ese lugar pareciera que por más que saliera el sol para ellos siempre había tormenta.

Las horas pasaron, Natsu había despertado pero no había podido verlo, cuestiones de seguridad, sus bajas defensas, entre otros términos médicos de lo que poco entendí pero el saber que estaría bien me tranquilizaba demasiado. Natsu no solo era mi amigo era un hermano que me había dado la vida y a pesar de las discusiones tontas que podíamos llegar a tener lo quería a mi lado. Saber que la seguía luchando era suficiente motivación para mí. Además a su lado quedaba Lucy, estaría perfectamente bien.

Me sorprendí a mí mismo cuando después de dejar a Erza fui directo a lo de Juvia, hice una mueca cuando me encontraba ya frente a la puerta de su edificio, esperaba que no se enfadará por aparecer sin avisar. Igual no era como si ella se haya enfadado alguna vez por algo como eso, la verdad es que creía que ya teníamos la confianza necesaria para poder visitarla de sorpresa. No hacia esto con otras mujeres, en realidad nunca en mi vida había tenido el tipo de relación que mantenía con Juvia, ni siquiera con Ultear, todo era nuevo, no solo los sentimientos, sensaciones, las acciones. ¿Cuántas veces quise darme la cabeza contra la pared?! Juvia terminaría por volverme loco pero deje de engañarme, me fascinaba que me volviera loco. Toqué el timbre dos veces. No obtuve respuesta, lo cuál de cierto modo me preocupo. Se suponía que estaría en casa, ¿ o no? Oh mierda, tal vez no estaba, tendría que haberla llamado y avisarle, no hubiera dado tantas vueltas, no me hubiera hecho ilusiones de que comeríamos juntos y todas esas idioteces en la que venía pensando en el camino.

Al final desistí de seguir insistiendo, más tarde la llamaría o mandaría un mensaje. Volteé con la mirada en el suelo, me tope con unos lujosos zapatos lustrados, a lo que le siguió un pantalón negro, una camisa blanca y una corbata ridícula para finalmente mirar fijamente al tipo con pelo blanco frente a mí. Lyon, era el ex de Juvia. Sin mover un músculo de mi cara aunque estando bastante afectado trate de seguir mi camino, tenia que subir al auto e irme como si nada. No era un objetivo muy difícil, pero claro, siempre tenía a la suerte de mi lado.

—Gray, ¿verdad?

Maldición, mis pasos se detuvieron. Sentí como mis músculos se tensaron al escuchar la voz cantarina con la que había dicho mi nombre. Desagradable.

—Si. —Afirmé, girando mi cabeza hacia el sujeto en cuestión. — Vastia, ¿no?

Una sonrisa odiosa se formó en sus labios. Asintió, con una mano acomodó su pelo y con la otra sacó el móvil de su bolsillo. —Vine a ver a Juvia, ¿sabes si esta? Tenía que ir a la Universidad a buscar unos papeles pero me dijo que para esta hora estaría llegando. —Su mirada que hasta ese momento permanecía en el móvil la clavó en mí, era fría, claro que yo sabía de miradas frías, pero las mías eran muchos peores.

En primera instancia me molesto demasiado que Lyon supiera donde estaba Juvia, que estaba haciendo y cuando volvería, eso quería decir que hablaba con él y que además le daba explicaciones de lo que hacía o dejaba de hacer. Después el problema estaba en que se verían, ahora, después de que me fuera estarían los dos en el departamento de Juvia. —No está, al parecer aún no ha llegado. —Comenté, una sonrisa divertida se fue dibujando lentamente en mi rostro. —Pero ya que mencionas que volverá pronto, la esperaré.

— ¿Eras amigo de Lucy, verdad?

Claro, y también me folle a tu exnovia en tu auto, desgraciado. —Si, en realidad amigo de Natsu, el novio de Lucy.

— ¿Y te volviste muy amigo de Juvia? Digo, ella nunca me ha hablado de ti.

Reprimí mi impulso de golpear, asesinar y demás al idiota parado a mi lado. Me molestaba que siguiera dando a entender que mantenía una relación cercana con ella. —Me volví muy cercano a Juvia, no sé si la palabra amigo sea la correcta…

—Claro, a Juvia siempre le ha costado hacer amigos… ¿Y qué haces de tu vida? Disculpa es que tengo mala memoria.

No, no es como me sintiera en un interrogatorio, pero casi. —Soy profesor suplente y estudiantes de Letras.

Y encima respondía, claro, es que idiota se nace.

—Ya veo, bueno, eres joven y seguro tienes sueños. Me fui a vivir al extranjero de niño y mis padres me brindaron poder en su empresa a temprana edad, no sé mucho lo que significa soñar pero ánimo, seguro tu vida es buena…

Alcé una ceja, nadie le había preguntado la historia de su vida, que el vistiera de traje y yo de jeans no quería decir que él fuera mejor persona, ¿acaso consideraba de esa forma humillarme? Que sujeto gracioso. —Que lastima que tus padres no apoyaron tus propios sueños, seguramente logres cumplir los sueños frustrados de tus antepasados, espero eso te sirva de algo.

Eso era un jaque mate. Al menos para mí. Antes de que pudiera responderme ambos notamos la presencia de Juvia, lucia su figura femenina en un vestido que hacia juego con las sandalias en sus pies. Llevaba unos tres libros en sus brazos y cargaba un bolso que al parecer pesaba bastante. Su cabello, desordenado, lo mantenía atado en una coleta, con alguna que otra mecha al costado de su cara. Cuando ella reparó en nosotros noté que casi suelta los libros que tan apretados traía a la altura de su pecho.

—G-gray…

Alcé mi mano en un intento de saludarla y me acerqué para tomar los libros, al tener cierta distancia del tercero ella aprovechó para murmurarme.

— ¿Qué haces aquí? —Me cuestionó, aunque su tono no parecía de reproche.

—Quería verte.

—Juvia pensó… Ella… Que Gray…

Nuestras manos se rozaron cuando en el momento que me cedió el peso de sus brazos, mis labios se curvaron levemente hacia arriba y ella me imitó.

Lyon carraspeó y en ese momento recordamos que él estaba ahí. Había comenzado a ganarse mi odio, no tenia nada que ver que fuera el ex de Juvia, nunca me había caído bien.

—Juv, querida…

—Lyon, Juvia le ha dicho que estará ocupada hoy. ¿Por qué esta aquí?

—Teníamos que hablar, sobre eso… Ya sabes.

Pero yo no. No tenia ni la mínima idea de lo que el albino se refería con "eso" pero me daba demasiada curiosidad asi que de inmediato miré a Juvia, lucía incómoda de repente. Eso no hizo más que mi curiosidad aumentara.

—No es momento, ¿sabe?

—Entonces podemos comer algo y hablar más sobre el tema…

—Juvia se lo agradece pero hoy no podrá ser posible…

¡Vamos! Lyon no se daba por vencido, seguía insistiendo y no poder meterme en esa charla me estaba indignando, aún tenía ganas de golpearlo. Podría hacerlo y acabar con todos mis malditos problemas, que hasta ahí se resumían en la presencia de ese tipo.

Cuando Juvia por fin pudo sacárselo de encima y me invito a pasar al edificio no me miraba a los ojos, supongo que había sido extraño para ella encontrarnos a los dos juntos. Si supiera que moría por besarla, abrazarla. Sentí una gran necesidad de hacerla mía.

Cuando las puertas del ascensor se cerraron la pude mirar de reojo.

— ¿Te ibas a ver con él?

—No

—Pero él sabia a donde estabas y hasta que hora volvías.

—Pero Juvia no iba a verse con él.

— ¿Todavía sientes cosas por él?

Bueno, esa pregunta tal vez no habia sido necesaria pero mi impulso de hacerme sentir mal siempre era más fuerte.

El ascensor se abrió, ella bajó y camino hasta la puerta mientras buscaba las llaves en el bolso, nunca me respondió y aquello fue un golpe duro. Entramos a su casa y mientras acomodábamos los libros no pude evitar pensar que si Juvia sentía cosas por Lyon no podía culparla, todavía seguía creyendo que lo nuestro había sido solo un capricho por parte de ella, eso de enamorarse en una noche de sexo, ¡mierda Gray! Esas cosas no pasaban.

Una vocecita interior me repetía una y otra vez que ilusionarme en esta relación seria mi perdición. Cuando Juvia me viera, cuando ella realmente me vea se daría cuenta lo que soy, que estoy sucio, que no sé ni de dónde vengo, que todos estos años jugué con las personas y no merecía ser feliz, ¡si hasta en un principio solo me acostaba con ella por diversión! Era lo peor, lo peor.

Una mano se apoyó en mi mejilla, su mano desprendía tanto calor. Sus labios se movieron diciendo dos palabras, dos palabras que fueron suficientes para mí, para que mi cuerpo temblara y que los miedos se alejaran. Para que lograra verla a ella y a nadie más, ¿en qué momento comencé a quererla tanto que dolía? Que cada cosa que planeaba quería verla a ella ahí, salidas, vacaciones, proyectos… ¿Y si a ella no le importaba que estuviera sucio? ¿Si no le importaba que no supiera de dónde venía ni mi pasado? Si ahora ella era capaz de iluminarme hacia el futuro, si me dejaba caminar a su lado… ¿Era mucho pedir para alguien como yo?

—Dímelo de nuevo… —Pedí. Necesitaba escucharlo, asegurarme que sus palabras no habían sido una tonta ilusión, que mis miedos no se estaban burlando nuevamente de mi.

—Te amo. —Dijo ella, acercó su rostro besó mi mejilla, mi frente, mi nariz, mi cuello, suspiró antes de besar mi boca, cada pequeño movimiento de sus labios era amor, no podía dudar de eso.

Le saqué el vestido y ella se deshizo de mi ropa entre besos hasta que llegamos a su habitación, caí sobre su cuerpo, acaricié sus pechos, sus caderas, sus piernas. Como amaba sus piernas. ¿Saben que amaba? Cuando era ella quien tomaba la iniciativa, me recorría el pecho con la boca, ¡y como usaba esa boca, por favor! Miré su cara traviesa y supe que algo planeaba, mordió su labio mientras bajaba, mi erección creció de golpe frente a su cara, su lengua pasó por su labio de arriba y luego por el de abajo para finalizar en lo largo de mi pene. Con esa carita de buena niña, quien diría que me haría los mejores orales de mi vida. Como lograba calentarme eso. Su lengua por acá, su lengua por allá, adentro de su boca, profundo, profundo, fuera, adentro, afuera, sus manos iguales de ágiles que ella no dejaron un segundo de acariciar mis testículos mientras su boca apretaba mi glande. Mi mano se apoyó sobre su cabeza y comencé a mover mis caderas, sus ojos azules me miraban mientras sus mejillas tomaban un color rojo fuerte y sus labios rozaban en vaivén mi falo. Más rápido, más lento, profundo, caliente. Gruñí llegando al climax, no era la primera vez que acababa así, el líquido espeso que escapó de su boca era mínimo a diferencia de lo que ella se dedicó a tragar mientras se tocaba sus bragas completamente mojadas. Estaba mojada por mi, por mis manos, por mis caricias. Para recibirme a mi, solo a mi. Sí, ya no podía negarlo, me encantaba, me encantaba hacer el amor con Juvia, había dejado de ser solo sexo hace tanto tiempo, lograba cosas que ninguna otra mujer era capaz, que ninguna otra mujer era capaz de hacerme sentir. La amaba. Estaba enamorado de Juvia Loxar.

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Continuará.


¡Pidan un deseo! ¡Sugar cumplió con su palabra!

Muuuuchas gracias a todos los que me dieron nuevamente la bienvenida. Gracias, gracias. Gracias por entender y por preocuparse, todos tenemos días, semanas, meses malos pero cuando a alguien realmente le gusta algo nunca lo deja, no voy a dejar de escribir, siempre hay cosas para mejorar y eso intento día a día. No voy a poder responder los reviews hoy, pero más tardar el viernes creo que voy a poder responder uno por uno. Sepan que siempre los leo y siempre logran emocionarme, por que no hay nada más lindo para el que escribe que sus historias lleguen, trasmitan, gusten. En cuanto a "Manzana Prohibida" volveré a subirlo, pido tiempo, tengo que arreglar un par de cosas y necesito internet en casa. Antes de Diciembre estaré de vuelta con esa historia. Espero hayan disfrutado el capítulo tanto como disfrute escribirlo (como extrañaba eso), nos estamos leyendo pronto, pronto.

Un beso enorme!

Sugar.