Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: +18!
Sin Caer en el Amor
Rosa Positivo III
(Natsu Dragneel)
"Prefiero morir a tu lado a vivir sin ti"
Sentía mi cuerpo tan pesado, como si hubiera recibido la peor de las palizas. Era triste admitir que me venia acostumbrando a esto aunque podía asegurar que cada vez era peor. Cuando pude mirar bien lo que había a mi alrededor noté la presencia de Lucy sentada a un lado de la cama, mantenía sus ojos cerrados, su rostro estaba pálido ni una gota de maquillaje, tan natural como espléndida, su pelo rubio despeinado y sus ojeras se hacían resaltar. Hermosa, hermosa.
La observé en silencio, admirando lo bella que era aun en ese estado. Habíamos discutido, peleado de manera dura, gritos, insultos, palabras dolorosas y ella estaba ahí, aun estaba ahí. ¿Se había ido en algún momento? ¿Por qué habíamos peleado? Idioteces mías seguramente… Extendí mi mano queriendo tocarla, estaba tan cerca. Dolía, el mínimo movimiento dolía, y costaba, pero quería ver esos ojos chocolates, quería que me vieran, quería ver su sonrisa en ese momento, recuperar fuerzas perdidas al escuchar su dulce voz. Mi mano llegó a tocar la suya, un leve roce, su calidez, Lucy era cálida. Pude tomarla, apretar con delicadeza sus dedos y observar como se sobresaltaba, miraba nuestras manos, me miraba, volvía a mirar nuestras manos, lágrimas, cuantas lágrimas, era tan sensible como adorable.
—Hola Lucy
Mi voz sonó rasposa, ya era algo común. Me sonrió, tan grande, tan alegre, limpió sus lágrimas aunque no dejaban de salir, quise alzar mi mano a su rostro pero sentí que mi brazo no iba a alcanzarla, no iba a levantarse mucho más, en ese momento como si ella leyera cada uno de mis movimientos me tomó entre sus manos y me acercó a su rostro, mis dedos se fueron mojando con sus delicadas lágrimas hasta que estas se secaron por completo.
—No llores mi amor
Lucy no me respondió, sus ojos se volvieron a cerrar y un suspiro sonoro, un suspiro de preocupación, ¡tan profundo! se escapó de entre sus labios.
—Estaba tan preocupada. Eres un idiota, un verdadero idiota.
—Lo siento. Soy un idiota, un verdadero idiota pero no llores, por favor no llores.
— ¡No puedo parar de llorar! ¡Por favor, Natsu! Te amo tanto que la sola idea que… que…
No pudo terminar de hablar, odiaba verla llorar. Me lo merecía, me había comportado como un idiota profesional. La conversación con el padre de Lucy había sido terrible, no sabia como enfrentarme a ese problema, deseaba lo mejor para ella y no podía negarle al padre que sin duda Lucy seria más feliz si yo no hubiera aparecido en su vida, al menos tendría una vida un poco más normal, sin tanto hospital de por medio. Era sencillo entenderlo, al menos para mi, me puse en los zapatos de Jude y no podía enojarme con él, en su lugar también hubiera querido lo mejor para mi niña. No contaba con que la niña fuera una rebelde sin causa, no contaba con que me iba a tener tan enamorado ni que pudiera amarla tanto, no contaba con que ella estuviera enamorada ni que pudiera amarme tanto.
—Perdón, perdón por todo. No sé… No sé que era lo que estaba pensando. —Cerré los ojos y tomé fuerzas para seguir hablando. —Quería lo mejor para ti, para tu familia, no quería ser un peso más en tu vida, sé que… todo esto es problemático.
—No lo es. Maldición Natsu, ya hemos hablado todo esto. —Me respondió en tono de enfado, mordió su labio conteniendo las lágrimas e inflando sus mejillas. Sonreí, era imposible no sonreír. —¿De qué te ríes, idiota? ¿No te das cuenta lo mal que la he pasado? Creí que todo iba a terminar, te vi soltándome la mano cuando yo todavía quería sostener la tuya con fuerza, y tus excusas… Tus excusas no me servían para nada, no había un motivo solido en nada de lo que decías, eran palabras vacias, palabras que no significaban nada. ¿En qué demonios estabas pensando? ¿Y qué si mi padre se entero de tu enfermedad? ¡Yo soy la que decidió estar a tu lado! No él… Él no tiene nada que ver. Además te tomaste el atrevimiento de que te de una recaída cuando no podía estar a tu lado, ¿eres tonto?! ¿Acaso no te cuidaste? —No podía meter palabra, ni defenderme, Lucy hablaba demasiado rápido. — Si Gray no me avisaba, ¡no me hubiera enterado nunca!
— ¿Gray estuvo aquí?
—Fue el primero en llegar, se quedo toda la noche esperando tener respuesta de los doctores. Natsu sabes que fue complicado esta vez, sé que lo sientes diferente.
No me atreví a responder eso. —¿Y Erza?
—Estaba con ella, me acompaño todo el tiempo. Se fue con Gray cuando ambos tuvieron noticias de que estabas estable y despertarías con las horas. Insistí para que se fueran a descansar, se veían agotados física y mentalmente.
—No quería causarles problemas…
—Entiende que tu enfermedad no es un problema, que ellos estuvieron por que te quieren, quieren lo mejor para ti. No puedes prohibirle que no se preocupen, son tus amigos, tus hermanos, ¿no? Si alguno de ellos estuviera en una situación similar todos estaríamos de la misma forma.
—Pero no son ellos, soy yo.
—Eres tu. —Murmuró en voz baja. Tan baja que casi no logré escucharla. —Odio que seas tu.
Sentí como Lucy soltaba mi mano, su calidez se alejaba hasta desaparecer por completo. Otra vez me había dejado sin habla.
—Odio, odio que estes enfermo, odio tener que verte en este estado, odio saber todas las consecuencias que esto podría traernos en un futuro. ¡Lo odio tanto! ¿Pero sabes cuál es el maldito problema? ¿Lo sabes?!
— ¿Cuál?
—Que te amo más que toda esa mierda. Podemos superar eso, podemos superar cualquier cosa.
Se puse de pie y se inclinó hasta que nuestros rostros estuvieran a escasos centímetros uno del otro, apoyó su frente contra la mía y cerró los ojos, una dulce sonrisa se dibujo en su cara.
—Déjame seguir cuidando de ti.
Calidez, sentí una calidez tan grande correr por todo mi pecho. Un fuego interno que solo ella podía prender. Me daba esperanza, me daba ganas de vivir, de no querer perderme vivir a su lado, sin esa sonrisa, sin esa vocecita despertándome cada mañana, sin esos besos, sin esa piel acariciándome, era esperanza con algo mucho más fuerte. Amor, sin duda era amor.
—Cuida de mi, Lucy.
Los días pasaron, a veces tenia que sermonear a Lucy para que se vaya a su casa al menos por unas horas a dormir en la comodidad de una cama, no me gustaba que se fuera pero tampoco me agradaba eso de tenerla acá, metida en una habitación de hospital, privarla de ciertas cosas me dolía más que nada. A pesar de eso ella siempre sonreía cuando pasaba por la puerta, ¡una sonrisa enorme! Ese día llego directo a darme un beso, se veía alegre con aquel nuevo vestido rosado del que tanto me había hablado y sobre todo descansada. Me contó que había pedidos apuntes para ponerse al día con la Universidad y de paso aprovechó para regañarme y decirme que debía hacer lo mismo, nos pusimos a jugar a las cartas para pasar el tiempo. A mi rubia no le gustaba perder, se ponía roja de rabia, inflaba sus cachetes tal cual niña pequeña. Era lo más divertido, no seria capaz de cansarme de sus reacciones ni en un millón de siglos.
—Y creo que vuelvo a ganar… —Dije en tono triunfante. Lucy me miró entrecerrando sus ojos. —¿Qué? ¿Quieres revancha, muñeca?
—¡Deja de fastidiar! ¡Este juego es aburrido, Natsu! —Se quejó en ese tonito de niña caprichosa que sin duda me encantaba. Como para no encantarme…
—Todo juego en el cual pierdes te parece aburrido, amor…
—¡No es cierto! Deja de mentir…
—No miento. —Sentencié mientras cerraba mis ojos y suspiraba. Caprichosa, caprichosa como ella sola.
—Cuando nos casemos no vamos a jugar a las cartas, tenemos que aprovechar ahora… —Lucy tenía un leve sonrojo en sus mejillas, y no me miraba, miraba hacia el mazo entre sus manos mientras barajaba.
—¿Cuándo nos casemos?
Ella no me respondió. Nunca habíamos hablado de ese tema. La verdad nunca había pensado en casamiento debido a mi enfermedad, y no veía a Lucy como esas típicas mujeres que no querían morir sin casarse. Scarlet era un ejemplo muy cercano…
— ¿A dónde te gustaría ir de luna de miel?
El sonrojo en las mejillas de Lucy aumentó, parpadeó varias veces y detuvo el movimiento de las cartas para clavar sus ojos en mi. Le dediqué una sincera sonrisa, ella me la devolvió, tan dulce…
—Cualquier lugar esta bien por mi
— ¿En serio? ¿Nada en particular?
Ella pensó, pensó y pensó, hasta que sus chocolates brillaron con ilusión. —Cualquier lugar a tu lado me parece estupendo.
—Vamos a casarnos entonces… Y luego nos iremos de luna de miel. —Dude en la siguiente pregunta pero… Pensarlo al lado de Lucy me hacia feliz. —¿Tendremos niños?
— ¿Dos? —Me respondió rápidamente.
— ¿Un niño y una niña?
— ¡Si! —Lucy se levantó y se sentó en mi cama mientras jugaba con nuestras manos. —Sería tan lindo…
— ¿Y luego…?
— ¿Qué? —Su sonrisa no desaparecía y sus ojos seguían iguales de intensos. Lucy era maravillosa.
— ¿Cuándo tenga mis recaídas? —Murmuré.
Silencio.
— ¿Cuándo este muy mal?
Silencio.
— ¿Cuándo ya no se pueda hacer más nada?
Silencio.
La sonrisa de Lucy se convirtió en una línea recta, sus ojos se ocultaron tras su flequillo rubio.
Silencio.
De un momento a otro el agarre de nuestras manos se hizo más fuerte, miré su rostro y me estaba mirando. Allí estaban sus ojos brillando con más intensidad que nunca, allí estaba su sonrisa tan hermosa y sincera. Allí estaba ella permitiendo que no me caiga.
—Aquí estaré Natsu, en las buenas y las malas, por que ni la muerte nos va a separar. —Me dijo, tan segura de sus palabras que no tuve duda de que así seria. Eran palabras reales, era nuestra promesa al tiempo, sabiendo que solo el tendría las respuestas a cada una de nuestras preguntas.
Esa noche le propuse a Lucy que se acostará conmigo en la cama, los enfermeros no pasaban durante la madrugada así que nadie nos vería, ella dudo y se negó por momentos hasta que finalmente aceptó. Le gustaba hacerse la difícil…
La rodeé con mis brazos cuando la tuve a mi lado, el cuerpo de Lucy era caliente, me gustaba mucho que sea así, me daba todo el calor que necesitaba. Aunque la habitación estaba a oscuras podía ver su sonrisa, podía oler su perfume, sentir el compas de su respiración. Quedaba maravillado con todo, con lo hermosa que era en cada uno de sus aspectos.
Su piel era tan suave y tentadora, olía a jazmines. Mi mano acarició el largo de su brazo desnudo no pudiendo contralar el deseo de tocarla. Noté que cerraba los ojos ante el contacto. Extrañaba tanto tocarla. Volví a repetir mi acción, una y otra vez hasta que necesite más. Mi mano acarició su abdomen por sobre la fina tela del vestido, ella entreabrió los ojos y me miró.
Amaba tanto a esa mujer, podría ir al mismísimo infierno con tal de verla feliz.
—Natsu… —Me llamo en voz baja. Sonreí.
— ¿Qué pasa? —Pregunté, mi mano subió hasta sus pechos, ¡ese vestido molestaba tanto! Lucy tenia un cuerpo tan hermoso, tan perfecto ante la mirada de cualquiera, ¿cómo fue que una mujer así termino a mi lado?! Masajeé su pecho con cierta fuerza que nunca había usado con ella. Los pechos de Lucy eran suaves, perfectos, igual que sus piernas…
Me senté en la cama y coloqué sus piernas alrededor de mi cintura, las yemas de mis dedos le hicieron cosquillas en los muslos. Amaba que tuviera tantas cosquillas, disfrute de la vista que mi novia me daba, ella con sus piernas abiertas, con esas pequeñas bragas blancas que dejaban nada a la imaginación ¡pero aun faltaba! Aun no podía tocarla allí. Mis labios recorrieron desde su rodilla subiendo hasta llegar a su cadera. La escuché suspirar y murmurando me pidió "más", también quería darle más. Deseaba tanto darle más.
Dos de mis dedos acariciaron su monte de venus, Lucy siempre estaba depilada completamente y eso era algo que me volvía loco, me quemaba desde adentro, cuando toqué entre sus labios noté lo mojada que ya se encontraba. Perfecta, siempre perfecta.
Jugué con su clítoris escuchándola jadear ante mis caricias. Era tan sensual, ni mi fantasía más erótica me ponía tanto como ver y escuchar a Lucy en ese momento.
Tironeé de sus bragas hasta que quedara completamente expuesta, volví a repartir besos por sus piernas, por su abdomen y termine con mi nariz metida en su intimidad, oliendo el aroma más dulce de mi vida, Lucy no solo olía delicioso, era deliciosa.
Que morbo era estar haciendo aquello en el hospital pero cuando nos mirábamos fijamente era suficiente para entender que ninguno de los dos quería parar, necesitábamos más. Lucy abrió mucho más sus piernas cuando sintió mi lengua entrar y salir, jadeo, gimió y se retorció a cada movimiento de mi boca, a cada chupetón, a cada suave mordida. Hasta tironeó de mi cabello hundiendo mi rostro entre sus piernas.
— ¿Te gusta? —Mi voz salió ronca, la excitación que llevaba encima era demasiado, quería hacerla acabar. —Dime que te gusta amor… —El primero de mis dedos ingresó lentamente, estaba tan húmeda, tan caliente y apretaba.
— ¡Me encanta Natsu! —Gimió con una voz extremadamente sexy, gimió más y más cada vez que sacaba y metía mis dedos de ella.
Era increíble como nuestros cuerpos desprendían calor y ardían en lujuria, nos amábamos, no deseábamos, nos necesitábamos. Pero…
—Lucy, no tengo un condón.
Ella, con sus piernas abiertas, me miró con cierto enfado por detenerme, o eso creí. Creo que gruñó pero no podía de estar del todo seguro, en cualquier forma se me hizo tierno. No era una situación demasiado agradable pero… ¡Tierno, no?
—Mi cartera. —Señaló la silla. Desvíe la mirada hacia el bolso blanco. — ¡Mi cartera, idiota! —Repitió.
Me apresuré en alcanzarle su cartera y de ella sacó un sobrecito el cual me brindó mientras se mordía el labio. ¡Adoraba cuando se mordía ese labio! ¿Había algo que no adoraba de ella?
Me coloqué el preservativo bajo su atenta mirada, la mirada chocolate era cautivadora, era una mirada hermosa, era una mirada llena de amor. Lucy me miraba de diferentes formas: enojada, enamorada, llena de lujuria y de deseo, divertida, fastidiada, celosa, caprichosa tenia miles de forma de mirarme pero jamás me dedico una mirada de lastima. Ella me amaba. Me pidió que me sacara la parte de arriba también y claramente no me pude negar. Su boca marco mi pecho, beso mi abdomen, saboreó mi piel y antes de que nuestros labios se encontraran me había metido en ella tan perfectamente que nuestros jadeos chocaron antes de aquel beso. Lucy era tan estrecha, me pidió ir más lento, debía contenerme un poquito más, pero sentía como ella me presionaba, como poco a poco su respiración comenzaba a agitarse hasta finalmente pedirme que me moviera. Estar con Lucy era la forma más perfecta de demostrar que el amor era más fuerte que un montón de otras cosas, no había nada que nos impidiera amarnos, ni siquiera mi enfermedad.
—Te amo.
—Te amo aún más. —Caí sobre su cuerpo exhausto, los brazos de Lucy me rodearon y pude sentir sus caricias en mi espalda y mi pelo. —El condón, amor. Déjame ir a limpiarme…
—Un segundo, Natsu. Quédate quieto… —Susurró sobre mi oído. La voz de Lucy me tranquilizaba, me relajaba, me hacia sentir capaz de todo. Su voz era fuente de mi energía.
Antes de que el sol saliera y la hora de que el recorrido de los enfermeros comience ambos nos arreglamos, nadie debía sospechar nada. Intercambiamos miradas cómplices, estábamos más enamorados que nunca. Sentí una ola de calor recorrer mi cuerpo cuando Lucy me miró y relamió sus labios. Aja, ¿así que era su turno de jugar sucio?
Lucy se acercó a la camilla y colocó una mano sobre mi entrepierna, fue una punzada directa a mi bajo vientre.
—Deseo mucho que te den el alta hoy, con la energía que tienes no estas para estar aquí encerrado.
—Asegúrate de cuando salgamos de aquí acabar con todas mis energías…
Nos dimos un beso, y otro hasta que la enfermera entró a ver mi condición, después de revisarme anotó algunas cosas en mi planilla y se fue sin más. Según la muchacha estaba mucho mejor pero debía ver al medico para la decisión final. Quería irme a casa…
—Estaba pensando que una vez que me encuentre mejor debería hablar con tu padre.
—¿Por qué? —Lucy usó su voz alterada, sonaba el doble de aguda que lo normal. Podría haberme divertido pero creí que no podía ser tan malo, no con un tema delicado y que nos había hecho pasar tan mal momento.
Así que respondí con la verdad…
—Jude vino a hablar conmigo porque estaba preocupado por ti, y si me voy a quedar a tu lado lo mínimo que puedo hacer es defender nuestra relación, como tendría que haber hecho desde un principio, aclarar mis intenciones, decirle que no puedo dejarte ir…
—Entonces iremos juntos, ¿te parece?
—Siempre es mejor si estamos juntos…
El amor era extraño, no entendía de razones, no existía razón, no comprendía otra cosa más que el sentir, por eso era tan fuerte, por eso tenia tanto poder ante los demás. Cuando me decían que el amor era suficiente para sobrellevar cualquier problema me dio risa, pero por que no sabia, no conocía, no tenia idea de lo que era el amor, el amor de verdad. El amor, el cuál conocí, cuando la conocí a ella.
¿Podría el amor darme más vida y hacerme vivir más tiempo a su lado?
Ojalá, ojalá que si.
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Continuará.
Capítulo dedicado a Mou! Que me inspira y siempre me anima a seguir escribiendo. Te amo.
Gracias por leer.
Sugar.
