Fairy Tail y sus personajes no me pertecen.
Advertencia! +18
Sin Caer en el Amor
"Te estaré esperando… Aunque muera en el intento."
Veintidós
Los nervios, que cosa terrible los nervios. Me hacían sudar las manos y retorcía el estómago, bueno, no es como si el estómago se me retorciera literalmente pero daba esa sensación. Subí el coche y tomé aire. Necesitaba calmarme, no podía presentarme ante Juvia así. No se cuanto tiempo estuve dentro del auto, sé que fue mucho tiempo.
Tenia tantas cosas que deseaba decirle, lo mucho que la amaba era solo algo pequeño comparado a todo lo que en realidad esperaba contarle. El departamento de Juv jamás me pareció tan lejos como ese viaje. Cuando llegué a la portería toqué el timbre y espere, intranquilo, con un sabor amargo en la boca que esperaba que ella fuera capaz de quitar.
—¿Quién? —Su voz, su delicada voz me abrazó. En ese momento me di cuenta que seguramente no me encontraba en el panorama de la cámara, me paré frente a ella sabiendo que Juvia seguramente la estaría viendo. —Gray…—El tono con el cual había dicho mi nombre era mucho más bajo que el de un principio, tal vez hasta con cierto dolor. Tuve miedo de lo siguiente.
—¿Puedo pasar? —Pregunté, impaciente agregué: —Tengo que hablar contigo.
—También tengo que hablar contigo…—Respondió e inmediatamente me permitió entrar.
Subí por las escaleras, tratando, sin lograr en absoluto, tranquilidad.
La tranquilidad y la calma llegó cuando la encontré, parada en su puerta, regalándome una dulce sonrisa, fueron dos segundos que nos quedamos mirando, lo suficiente para acercarnos a pasos rápidos y devorar su boca, besarla como no había hecho en todo ese tiempo que estuvo ausente. Sentí paz, tenerla entre mis brazos, saber que estaba allí, que todo estaba bien… ¿Por qué todo estaba bien, verdad?
Cuando estuvimos dentro noté unas cuantas cosas en cajas, y algunas ropas sobre un par de sillas. Como si no pensará seguir mucho tiempo en el mismo sitio. La miré extrañado.
—¿Te mudaras? Pensé que te gustaba aquí.
—Me gusta. —Susurró. — Gray… ¿Qué pasa? ¿Estas mal?
—¿Tanto se me nota?
Juvia medio sonrió y bajó su mirada. —Supongo que Juvia ha aprendido un poco de Gray todo este tiempo.
—Has aprendido demasiado. Siempre estuviste dispuesta a aprender sobre mi, nunca te dio miedo enfrentarte con mi yo verdadero … ¿Recuerdas la noche que nos conocimos? Estabas hermosa en ese vestido. —Ella se sonrojó y puso sus manos sobre sus mejillas. —Pensé que eras una más, una más de las tantas… Que idiota fui, ¿no? ¿Cómo pude tratarte así?
—Juvia no piensa en eso, siempre agradeció haber conocido a alguien como Gray.
—Pero me equivoqué tantas veces Juv, tantas veces te lastime… ¿Cómo puedes sonreírme de esa forma tan dulce?
—Siempre tendrás mis sonrisas…
— ¿Aunque no las merezca?
—Gray-sama… ¿Qué ha pasado? Juvia no entiende, quiere ayudarlo.
—Después de la muerte de Ur… —Comencé. — Mi madre adoptiva, pasé por varios estados entre ellos depresión. A diferencia de lo que muchos creen la depresión no tiene cura, una vez que aparece en tu vida no se va, pero aprendí a sobrellevarla, ¿sabes? Ahora no todos los días son malos, solo algunos. La imagen con la que me conociste, ese otro Gray que se cree mejor que el resto, que sabe que puede tener a cualquier mujer en la cama y simplemente usarla es un maldito bastardo que nació para protegerme a mi de mis propios demonios. De los demonios que una vez me consumieron por completo. —Suspiré. Mi cuerpo entero se contrajo ante lo que tenia que seguir contando. —Me enamoré, no de cualquier persona, me enamoré de Ultear, mi hermana. Por supuesto, mi hermana adoptiva, no compartíamos la misma sangre, no estoy tan enfermo. Y hasta el día de hoy tengo en claro si ella estuvo o no enamorada de mí.
—¿Tuvieron una relación seria?
—Sí, al menos para mi lo fue. Me importo muy poco lo que el resto podría llegar a decir, para los ojos de terceros éramos hermanos, ¡estábamos locos! Sabia que a ella le pesaba, siempre le importó lo que el resto decía. En fin, nos enamoramos, o me enamoré, tuvimos sexo, mucho sexo, traté de curarme, ella me ayudó bastante, sobrellevaba todo muy bien por Ultear, termine mis estudios, comencé la Universidad y luego, de un día para el otro ella me dejó, se fue a Londres con un hombre con dinero, tenía una empresa familiar que le dejaba ganancias exageradas, pero eso fue lo de menos, eso fue un detalle, el problema es que Ultear me había abandonado, la mujer que amaba se había ido, y yo me quedé solo. Solo… Con mi hermosa depresión, nos hicimos grandes amigos. No volví a lastimarme, eso fue lo único bueno que saqué de todo esto.
— ¿Lo intentaste? —Preguntó Juvia, sus enormes ojos azules no brillaban.
—El pensamiento siempre esta, uno siempre busca la forma de lastimarse, tal vez ya no agarré una cuchilla y me corté pero fumo, bebo, no me cuido en absoluto. ¿Por qué me cuidaría? Si no hace mucho deseaba estar muerto.
—Juvia piensa el pensar en ello no… No es bueno, Gray.
—No lo es. El suicidio es de cobardes, lo tengo bastante claro. Es el camino fácil. ¡Siempre fui un cobarde! Y un egoísta, ¿te crees qué pensaba cómo se lo tomarían mis amigos? O Zero, o Maria… Pensaba en mí, en mi dolor y mi sufrimiento, nadie la estaba pasando peor que yo. Creí que después de Ultear no volvería a enamorarme, juré que nadie volvería a hacerme sentir tan miserable.
Juvia acortó la distancia entre nosotros y me abrazó, me abrazó con fuerza. Sentí sus lágrimas chocar en mi mejilla.
—Pero apareciste… Apareciste y… Me enamoré de ti, Juvia.
Me miró, su rostro sorprendido, sus labios entreabiertos sin saber exactamente que decir, lo repetí:
—Me enamoré de ti.
Lo dije, lo afirme. Por primera vez en mucho tiempo no estaba siendo cobarde, por primera vez no quería huir.
— ¿Ahora? — La voz de Juvia tembló, la miré, sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas. Ella negó con un movimiento de cabeza. —¿Por qué ahora?
Me acarició la mejilla mientras lloraba, un sollozo tan fuerte. Parpadeé y me acerqué para besarla, ella se alejó.
—No puedo… —Llegué a entender sus palabras en medio del llanto.
— ¿Qué? ¿Por qué?
Juvia no me respondió, miles de suposiciones pasaron en mi cabeza. Ataque cada una de ellas.
—Te amo Juvia, no estaré con otras mujeres, seremos tu y yo, como hasta hace unos meses, tendremos citas, verdaderas citas, puedo mejorar, puedo ser mejor, para ti, para que lo nuestro funcione.
—Gray…
—Entiendo que tengas dudas y miedos, que te hayas cansado pero me voy a esforzar, realmente estoy pensando en esforzarme por nosotros…
—Gray, no puedo. Me voy, Gray.
—¿A dónde te vas? Puedo acompañarte, Juv no quiero alejarme de ti.
Ella volvió a negar, intentaba acercarme pero ella más se alejaba.
—Me vuelvo a Estados Unidos, Gray. Vuelvo con Lyon.
—¿Por eso no respondías mis llamados ni mis mensajes? —Deduje rápidamente. Juvia no respondió . Escondí mi rostro entre mis manos… Otra vez. Otra vez me estaba pasando. Respiré, necesitaba aire. ¡Aire! Al parecer mi ataque la asusto tanto que termino acercándose para asegurarse de que estuviera bien pero al sentir su mano en mi espalda me sentí mucho peor. —¡No me toques! ¡No lo hagas! —Volví a respirar profundamente. Habían pasado tres años desde el último ataque de pánico.
—Cálmate Gray… No te estoy tocando. ¿Quieres agua? —Tímidamente se acerco, cuando vio que estaba un poco más calmado su mano se posó sobre mi rodilla.
—No… —Dije con dificultad mientras sostenía mi pecho, debía normalizar de alguna forma mi respiración. —Tu no lo amas… —Me enfrenté a su mirada azul. Juvia no la apartó.
—Todo esto no tiene nada que ver con Lyon de forma directa, no estoy volviendo en forma amorosa con él… Pero me iré con él.
—¿Por qué? Te estoy pidiendo que te quedes, ¡te estoy diciendo que te amo, Juvia!
Juvia mordió su labio inferior, volvió a llorar. —Mis padres…—Respondió en voz baja. — Gray no preguntes, no creo que Juvia vuelva, no cree que lo nuestro funcione de esta forma. Ella tiene que irse, es lo mejor.
El maldito cuento parecía repetirse una vez más.
— ¿Cuándo te iras?
—Mañana por la tarde…
Eso era muy pronto. Demasiado pronto. No entendía ni quería entender porque Juvia decidía irse ahora, después de que a mi tanto me había costado aceptar mis sentimientos, de que por fin había decidido que quería algo mejor para mi vida.
¿Estaba condenado a ser un maldito? A ser este desastre que tanto me desagradaba cada vez que me miraba al espejo y tenia que enfrentarme.
Me puse de pie, mis cejas se mantenían unidas, la frustración y el enfado recorrían todo mi cuerpo.
—Juvia nunca quiso que todo esto terminará así, Juvia de verdad lo ama. Como nunca amo a nadie…
—¿Entonces por qué te vas? —Murmuré. —Si tanto me amas…
—Hay cosas… Cosas que Juvia no puede manejar.
—¿Qué importan más? Por favor…
—Gray.
—Veté, veté, haz lo que quieras. —Me encogí de hombros y apresuré mis pasos hasta llegar a la puerta. — No, no volveré a buscarte.
El portazo que se escuchó fue fuerte. Era metafóricamente la puerta de ambos cerrándose, de caminos apartados a partir de ahora. Cerré mis puños, maldije, maldije en voz alta mientras trataba de no odiarme a mi mismo por todo esto.
Necesitaba descargarme, gritarle a alguien, insultar a alguien, ¡cualquier cosa! Subí al auto, golpeé el volante con los puños, gruñí y maneje hasta mi departamento.
¿Qué seria de mi ahora? Si perdía a Juvia todo lo que ella había construido se iría con ella, volvería a ser, a ser esa despreciable persona que no le importaba con quién, o qué, o cómo. ¿Verdad? Podría volver a ser eso. Despreciable. Sin embargo era la opción era más viable.
Todo a la mierda. Quería ser ese Gray que no le importaba nada ni nadie, ese que no sentía, ni volverían a hacerle daño, mi pared, la pared que yo mismo había construido por tanto tiempo volvía aparecer ante mi más fuerte que nunca.
Cuando entre al departamento Ultear me dirigió una mirada rápida.
—Me iré lo más rápido posible… —Me dijo en una postura defensiva mientras apretaba contra ella un montón de ropa.
Le devolví la mirada, sus ojos estaban rojos, había estado llorando. Bien, se lo merecía. Lo tenia muy bien merecido. Me acerque con seguridad sin apartar la mirada, ella no se movió, ni siquiera parpadeo. En un movimiento brusco mi mano sujetó su nuca y mis labios tocaron los suyos, un beso que demandaba pasión, y me la dio de la forma que solo ella sabia. Ah, los besos de Ultear. Su forma de besar era tan malditamente perfecta que podría volver loco a cualquiera. Su lengua recorrió cada rincón de mi boca, y la mía, avivada por el recuentro no quiso quedarse atrás. El problema era que esos besos ya no me llenaban, faltaba algo.
Ultear dejó caer la ropa al suelo, mis manos se ubicaron en su cintura atrayéndola una y otra vez a mí, con pequeños movimientos de cadera que hacían notar el bulto que se formaba entre mis piernas. Ella suspiró sobre mis labios. Sabia que a Ultear le gustaba jugar, sabia dónde debía tocar y que la hacia mojarse en segundos. Lo que ella no sabia era lo mucho que había mejorado.
Cuando nuestras miradas volvieron a cruzarse busqué alguna razón de estar haciendo esto. Sentía el dolor y la impotencia de estar perdiendo nuevamente lo que amaba, me estaba perdiendo, volvía a ser lo que más odiaba. Y frente a esa reflexión no fue a Ultear a quien vi a los ojos, frente a mi estaba Juvia, era Juvia quien estaba ahí. Entonces volví a besarla, pero fue diferente, fue un beso suave, casi tierno y su tacto me quemó cuando me sacó la camisa, sabía, sabía perfectamente que no era ella pero necesitaba verla ahí.
Su cuerpo semidesnudo chocó contra una pared mientras las prendas seguían desapareciendo una a una de los cuerpos de ambos mostrando cada vez más piel. Su tacto seguía quemando, pero no era como si me quemará con fuego, el fuego daba otra sensación, esto era como si me quemará con hielo, por que llega el punto donde el hielo también quema, y duele, duele mucho más. Tomé entre mis manos sus pechos, ella arañó mi espalda. Gruñí cuando vi la sonrisa en su rostro, disfrutaba cuando mi lengua pasaba sobre su cuerpo, cuando mis dedos se metían bajo sus bragas ya mojadas, buscando darle más placer al jugar con su clítoris hinchado.
Después de escucharla jadear varias veces, y saber que esos jadeos no podrían ser comparados cayó de rodillas ante mí, sabía lo que quería y cómo me gustaba, la miré y cuando ella tomó mi erección entre sus manos sujeté su cabeza mientras cerraba los ojos.
—Chupa… —Salió de mi en un murmuro ronco. Sentí la cavidad humedad recorriendo de arriba abajo mi falo. Sentí su lengua, el rozar de sus dientes y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Temblé de placer cuando lo metió completo e imagine que esa boca era de Juvia. Juvia. Juvia. Juvia. Juvia. Juvia. Juvia.
—Gray…—Ronroneó y me desconcentró. Abrí mis ojos y vi moverse la melena negra. La aparte de mi entrepierna con un tirón. Le señale el sillón, Ultear sonrió. La acomodé en cuatro antes que pudiera decir nada, acaricié su espalda, ¿para qué negar qué tenia una espalda sensual? Y sin dudar de que estaba totalmente preparada me metí en ella, sentí como su vagina me recibía apretando fuertemente y desprendiendo un calor único que hacia que quisiera moverme mucho más rápido. Pero no, no era suficiente, algo faltaba. Enredé en mis dedos su cabello negro y tiré ligeramente hacia atrás mientras mis movimientos no se detenían, y fui aún más rápido cuando las piernas de ella empezaron a temblar. —Más… Más… —Gimió.
Juvia. Juvia. Juvia. Juvia. Juvia.
Cada estocada pensaba en ella. Adentro. Juvia. Afuera. Juvia. La necesitaba. La amaba. La quería a ella. Nada era igual. No podía, no podía ser ese miserable otra vez, ella se había encargado de destruirlo. Juvia.
La di vuelta, se hundió en mí y sus grandes pechos comenzaron a saltar al ritmo del vaivén de mis caderas sin embargo no podía pensar que no era ella, que no eran sus pechos, ni era su piel, pero imaginaba que sí, que si era ella, entonces un calor recorría mi vientre y me hacia penetrarla más fuerte, más pasional, por que ella era mía, por que la había hecho mia tantas veces, y yo… Yo era suyo, simplemente suyo.
Dejé caer mi cabeza hacia atrás. —Juvia… —Gruñí mientras acababa fuera. No pude ver el rostro de Ultear pero tampoco me importó que se encerrara en el baño después de todo lo que había pasado. Había obtenido mi respuesta. No volvería a ser el mismo después de ella, así como tampoco podía dejar que se fuera.
Al otro día cuando aparecí en el departamento de Juvia sé que no me esperaba, sus ojos se llenaron de lágrimas. A la vez me costaba mirarla directamente.
—No soy un hombre que merezca estar a tu lado… —Suspiré. —Pero antes que puedas decirme algo, te amo, de verdad te amo. Voy a convertirme en un mejor hombre, y cuando sea ese hombre que te merezca iré a buscarte.
—¿Irá a buscar a Juvia? —Su tono sorprendido me dio gracia, sus mejillas rojas ternura.
—Te iré a buscar, y no te dejaré ir nunca más. Además tengo que entender que si te vas es por que es algo realmente importante.
—Lo es. Juvia tiene que aclarar algunas cosas, ¡pero ayer Juvia hablo con Gajeel!
—¿Qué tiene que ver Gajeel en todo esto?
—Algunas cosas. Lo bueno es que Juvia podrá volver para el próximo invierno.
—Falta casi un año para eso…
—¡Pero Juvia piensa que es mejor que no volver!
—¿Y Lyon? ¿Puedes asegurarme qué no tienes nada con él?
—Juvia puede asegurarle que no siente nada por Lyon. Lo de ellos es cosa del pasado. Lo que Lyon siente por Juvia ya es otra cosa…
—Mantente alejada de él… No quiero que te vayas. Estados Unidos queda muy lejos.
—Juvia pensó alguna forma para que no la extrañara tanto, después de la discusión de ayer pensé en dárselo a Lucy pero ya que Gray volvió…
Juvia buscó una caja de cartón, cuando miré dentro una cosa blanca con manchas marrones y orejas largas me miraba. Esa cosa entraba en la palma de mi mano.
—¿Un conejo?
—¡El animal favorito de Juvia!
—¿Es para mí? ¿Qué hago con un conejo?
—Es de Juvia, pero Juvia no lo puede llevar a Estados Unidos así que Gray lo va a cuidar hasta que Juvia vuelva.
—¿Acaso tenias todo planeado sabiendo qué no puedo negarme? —Rió, amaba su risa. — Bien preciosa, lo cuidaré, así que ven a buscarlo.
—¡Juvia vendrá!
—Se lo hubieras dejado a Gajeel. —Hizo un puchero inflando sus mejillas y me reí. —¡Eu, mentira! Cuidare de la cosa… digo, conejo.
—Se llama Pocho.
—¿Pocho? ¿Por qué?
—¿No tiene cara de Pocho? —Dijo en un tono alegre mientras miraba al pequeño animal. Me miró, su sonrisa era brillante.
—Ahora que lo mencionas…
Ella me abrazó y segundos después nos besamos. Quedamos en que no iría al aeropuerto, no la dejaría irse y ella no se iría, nos haría peor a ambos. Teníamos un año. Un año para demostrar que esto era amor. Para demostrarme que esto era ese amor que tanto había buscado y que Juvia, Juvia era la mujer que siempre había soñado.
No quería arruinar esto diciéndole a Juvia lo que había pasado con Ultear. No podía por que temía que ese fuera el punto final en nuestra historia, y no, definitivamente no podía ser el punto final…
.
.
.
Continuará.
N/A: No es un nota que mencione nada en particular, solo quería hacer saber el dato. Esta semana perdí a mi conejo. Los que me conocen saben que mis mascotas son como mi familia, lo mucho que las amo y lo mucho que significan para mí. Se dice que cuando se escribe sobre alguien, ese escritor, vuelve eterno a quien escribe, así que mi pequeño Pochito estaré presente cada vez que alguien lea este capítulo y a mí me alivia un poco la pena.
Pido disculpas por la demora en actualizar. Muchísimas gracias por sus hermosos reviews, siempre es un placer leerlos. Gracias a todos los que se toman el tiempo de comentar. En estos días me voy a tomar el tiempo de responder uno por uno.
AlexRojas: Hola! Gracias, me alegra que te guste la historia. Noté que anduviste por varios de mis fics, es un placer que te gusten mis escritos. Espero seguir leyéndote por acá. Un beso para vos.
Espero que empiecen febrero con todo! Mucha suerte, cariños.
Sugar.
