Fairy Tail y sus personajes no me pertenecen.
Sin Caer en el Amor
"¿Te imaginas que pasen los años y las ganas de tenernos no se vayan nunca?"
Veinticinco
Por mucho tiempo había pensado que jamás volvería a pisar un cementerio, todas las personas vistiendo de negro, lágrimas en los ojos, preguntándose por qué a ellos debía pasarles semejante tragedia. ¿Estaba mal odiar a la muerte? Para algunos la muerte no era más que el comienzo. Otro par la adoraba. Muchos otros le temían pero jamás escuché de alguien que la odiara. La odiaba, sí. Nunca encuentras una explicación, nunca es comprensible, nunca. A veces es injusta, demasiado injusta. Empiezas a pensar en todo lo que esta mal sobre el tema, en todas las personas buenas que la muerte se llevó y en los hijo de puta que andaban caminando por la calle sin que nada en realidad les afectará. Odiar… Comienzas a odiar. Y odiar nunca es bueno.
¿Por qué morían niños? No hay algo más horrible que la muerte de alguien que no ha vivido lo suficiente, de alguien que seguro no lo merece. ¿Qué tan justo es el mundo en realidad?
Lo común es morir de viejo cuando ya no tienes de que arrepentirte, porque ya has vivido, porque ya has cumplido tus objetivos. Tampoco a mitad de la vida.
Gajeel me pasa la caja de cigarrillos, era el único que estaba alejado de la escena principal como yo, supuse que a él tampoco le traía buenos recuerdos, después de todo la última vez que habíamos pisado un cementerio fue cuando… Mejor no recordarlo tan así, pero ambos estábamos ahí por la misma razón: Lucy Heartfilia.
Había conocido a Lucy en la Universidad, era una chica bonita, de risa fácil y un poco ruidosa. Le gustaba leer y podíamos comentar varios libros en una charla amena. Sabía que Natsu estaba interesado en ella así que no me sorprendió cuando se pusieron de novios. Lucy y Natsu tenían una amiga en común, vecina de él, amiga de la Universidad de ella, amiga de ellos desde hace muchos años, mucho antes de que ellos si quiera se conocieran, Levy McGarden. Levy era la típica nerd de biblioteca, una sabelotodo divertida, le gustaban los chistes y la música clásica pero se terminó enamorando de alguien completamente diferente a ella. Su historia parecía de novela, eran tan diferentes pero a simple vista podías notar que estaban hechos el uno por el otro. Levy era tímida, era la chica que no podía expresarse demasiado bien cuando se trataba de sus sentimientos, la que no iniciaba la conversación pero hacia el esfuerzo cuando se trataba de Gajeel.
Ellos empezaron a conocerse, Levy sabía que a Gajeel le gustaba el fútbol, el metal y cantar en la ducha. Disfrutaba de sus interpretaciones y de compartir una cerveza juntos un viernes por la tarde. Gajeel sabía que Levy se conmovía hasta las lágrimas con un simple libro y que era alérgica al polen en primavera. Que los sábados comía pizza y se sentía acomplejada por su cuerpo. Ellos hacían una bonita pareja a ojos de cualquiera. Era agradable verlos juntos.
Un día formalizaron, Lucy quién era la mejor amiga de Levy le insistió con un plan terrible, Levy le había propuesto a Gajeel ser novios y éste había aceptado. Ya se veía quien llevaba los pantalones en esa relación. Fue una buena noticia para todos. Todos estábamos felices por ellos. Especialmente la rubia. Tres meses después Levy murió, un terrible accidente. Y como si fuera poco perder el amor de tu vida, Gajeel recibió la noticia: iba a ser padre. Levy estaba embarazada en el momento del accidente pero los embriones eran demasiado pequeños, ni siquiera habían tenido la oportunidad de salvarlos.
Sabía que Gajeel estaba allí solamente por Levy, por qué seguramente Levy estaría abrazada a Lucy en este momento, le estaría prestando su hombro para que derramara las lágrimas que crea necesarias. Porque en el fondo Gajeel vivía de las pequeñas cosas que aún la unían a ella.
—¿Odias la muerte? —Pregunté. Gajeel me miró con un cigarro en la boca y después me dedicó una sonrisa.
—¿Tú la odias?
—Sí, mucho.
Un poco más alejados, cerca del ataúd estaban Natsu y Lucy abrazados, ella no había parado de llorar en toda la mañana, podía notar que él trataba de calmarla susurrándole palabras en el oído y acariciándole el pelo. Nada servía.
¿Natsu odiaría a la muerte? Él había perdido a sus padres, a ambos. Todavía tenía un leve recuerdo de Igneel, un hombre alto de ojos verdes y pelo rojizo, con voz grave que siempre nos recibía con una sonrisa. Natsu era muy unido a su papá, le había costado superar el duelo de su muerte pero jamás cayó tan bajo como había caído yo. La vida lo había golpeado de tantas formas posibles que realmente no entendía como hacia para sonreír de oreja a oreja. "Piensa positivo, Gray" me decía, "Las cosas van a mejorar" se repetía una y otra vez.
Era de esas personas invencibles. No importaba que tan duro la vida le diera el golpe, él siempre iba a preparar la otra mejilla.
Cuando Erza llegó la rubia se permitió soltarse de su novio para abrazar a la recién llegada. Las mujeres derramaron unas lágrimas y Natsu se removió incómodo, parecía buscar algo con la mirada. Solté el aire del cigarro y me acerqué a paso lento.
—Natsu…
—¡Ahí estas! —Parecía que lo que buscaba era a mí. —Pensé que te habías ido.
—Aún no…—Señalé con la cabeza el lugar donde instantes antes estaba charlando con Gajeel.
Natsu me hizo a un lado preocupado por la situación actual de su novia, comprendía su malestar, perder a alguien era muy doloroso por más que la relación de Lucy con su padre no era excelente el hombre seguía siendo su padre, quién le dio la vida y cuido todo este tiempo.
La mañana se me había ido en el cementerio, tuve que despedirme de mis amigos, por más que quisiera no podía quedarme y realmente no quería ser un mal tercio, era obvio que tanto Lucy como Natsu necesitaban estar a solas.
Llegué a mi departamento y lo primero que hice fue desvestirme, vestir traje a veces no era lo mío y en la comodidad de vivir solo me había mal acostumbrado a pasearme en ropa interior por el hogar. Fui por una lata de cerveza a la heladera, necesitaba que algo mojara mi garganta. Suspiré al verme sentado en el sofá sin mucha idea de que hacer. Tenía que chequear mi mail, se suponía que Zero me mandaría algo que tenía que leer para reunirme con él a primera hora mañana pero no es como si tuviera demasiadas ganas de pensar en trabajo. Y como siempre sucedía cada vez que mi cabeza quedaba en silencio su nombre apareció… Pensé en ella, ¿alguien le habrá avisado de la tragedia de Lucy? Es su amiga, era obvio que se había enterado. Aunque… No es como si por ello tomaría un avión a Japón. Maldije, tenía tantas ganas de verla, de abrazarla. De decirle en verdad cuánto, cuánto la extrañaba.
Maldita sea. La necesitaba tanto aquí, conmigo. Que no lograba entender su estúpida decisión, había intentado ser fuerte esta vez, había decidido no volver a caer por un cruel abandono pero era tan complicado. Había momentos dónde mi cabeza me decía que todo ese asunto, nuestro asunto, nuestras cosas pendientes, mis deseos y anhelos ya formaban parte de un pasado que debía olvidar. Había leído muchas historias de amor (o desamor), estaba demasiado informado en el asunto como para saber cómo terminaría esto. Pero entonces, uno piensa que la vida real no es una obra literaria. Ojalá lo fuera, entonces tendría fe que Juvia y yo volveríamos a encontrarnos, estaría totalmente seguro que nuestro final juntos estaba asegurado.
Quería a Juvia en mi vida y una voz en mi cabeza, una de las otras, me decía "¡Ve por ello!", tal vez por que empezaba a darme cuenta que Juvia había sido esa mano que se extendió a mí en medio de la oscuridad. Tal vez aquella noche no fuimos casualidad, ella no tenía que ser un capítulo de la historia, ella tenía que ser el libro entero, tal vez ella es quién a tintas ponga el punto final.
Cerré los ojos con fuerza, calma, necesitaba calma. Le di un sorbo largo a la cerveza y quejándome encendí la notebook, chequeé el mail en mi casilla de correo. Zero me mandaba un mensaje y adjuntó tenía varios archivos. Puse los ojos en blanco por un segundo. Allí se iba mi tarde y parte de mi querida noche.
Bajó el mail de Zero había recibido otro, una respuesta al mail que había mandado al orfanato para una cita. Habían aceptado. Genial, al menos era algo. Aclaraban que no sabían del todo si lograrían ser de ayuda pero que tratarían de responder a todas mis dudas. Y eso era lo que necesitaba… Tenía muchas dudas. Había vuelto a pensar sobre esto, sobre todo esto de mi identidad y buscar a mis padres, me había logrado sentir débil, casi como un niño perdido que teme enfrentar su mayor miedo pero jamás había dado marcha atrás sobre los pasos que había decido dar. No sabia precisamente lo que buscaba, no era una familia ni mis raíces, era… El tema del abandono. Supongo que todo había comenzado allí. Y enfrentarme al inicio sería la mejor decisión para poder enfrentar a lo que venga después.
—¿Estas escuchando?
Miré a la chica directamente a los ojos, asentí con un movimiento de cabeza y volví a mirar los papeles en mis manos.
—No lo parece. —Ella suspiró y llevó sus dos manos a su pronunciada cintura, su cabello verde caía sobre sus hombros mientras me dirigía una mirada fatal en la que podía notar el resentimiento cargada en ella.
—Estoy escuchando, ¿qué más quieres qué haga?
—El Jefe me pidió que te expliqué los detalles pero si no prestas atención todo se irá a la mierda por tu culpa, deja de estar jugando, esto no es un juego de niños.
—Mira…Eh. —Había olvidado su nombre. Maldita sea.
—Brandish…—Completó ella entre dientes.
—Brandish…—Repetí con una sonrisa conciliadora. —He tenido un día largo ayer y todo lo que me estas diciendo lo he leído y comprendido en el mail que Zero me mando. No tienes que perder tu tiempo conmigo…
—No es como si yo quisiera estar perdiendo mi tiempo contigo, solo sigo órdenes. Se suponía que la encargada de este negocio sería yo. —Mencionó golpeando la mesa un poco fuerte. Que carácter.—Pero el Jefe ha decidido involucrarte y no puedo hacer nada contra ello pero no seas un cretino y arruines todo mi esfuerzo del último año.
—No tengo esa intención.
—Iré a Estados Unidos el mes que viene, con o sin ti. Más te vale que empieces a comprender de que va todo esto, porque si eres un estorbo quiero que sepas que no me interesa que relación tengas con Zero, no tengo pelos en la lengua, iré de frente y le diré que no sirves.
—Bien…—No es como si estuviera haciendo todo esto a gusto, me daba igual lo que ella pudiera decirme, me encogí de hombros y agarré el vaso térmico que mantenía mi café caliente. Al parecer teníamos objetivos comunes porque lo único que me llamaba la atención de todo este circo era el viaje a Estados Unidos, y ni siquiera por el estúpido negocio que tanto iba a favorecer a la empresa según… Maldita sea, ¡su nombre! —¿Quieres agregar algo más? Tengo otro asunto que hacer después de aquí…
Me dedicó otra de sus miradas de desprecio. Vaya, era increíble la cantidad de ellas que recibí desde que había entrado a esa sala. Recogió el montón de hojas sobre la mesa que estaba utilizando para explicarme y las metió de mala forma dentro de una carpeta, carpeta que después apretó contra su pecho. Su mentón se elevó dedicándome ahora una expresión altanera.
—¿Nos vemos mañana?
—Vete a la mierda.
Bueno, no es como si quisiera llevarme bien con mis compañeros de "trabajo", la muchachita de pelo verde y nombre difícil de recordar se retiró dando un portazo, la sala quedó en silencio y yo me dejé hundir en el sillón que estaba sentado. No podía considerar lo que estaba haciendo con Zero como trabajar, no cumplía un horario y claramente no me trataba como un empleado, no se si trataba de que considere su oferta haciéndome creer que la vida de oficina era tan perfecta cuando mi compañera tenía unas horribles ojeras y parecía completamente tensa a causa de la cantidad de cafeína en su cuerpo. El ambiente laboral no era desagradable, todos me sonreían y me trataban bien, estaban dispuestos a responder todas mis dudas pero realmente no consideraba la empresa como mi lugar. Era un sentimiento extraño.
Sobresalté cuando Zero entró, siempre con esa tonta sonrisa en la cara que hacia suspirar a cada una de las chicas que se cruzara, y eso que era un viejo.
—¿Estas de buen humor? —Pregunté, mejorando mi postura y volviendo a tomar un poco de mi café.
—Puede decirse. —Me respondió. —Me he cruzado a Brandish. Me ha mencionado que has leído el mail y no has tenido dudas, eso es excelente. Estaba preocupado de que sea demasiada información de golpe, no quiero asustarte y que salgas corriendo. —Rió acercándose aún más, golpeó mi espalda y apretó mi hombro sin borrar la… tonta sonrisa. —Estoy tan contento de que estes aquí… He soñado siempre con que te sientas parte de esto, además todo el mundo esta dispuesto a ayudarte, Brandish puede ser algo terca y difícil de tratar pero es una excelente profesional. Será tu mano derecha cuando entren en confianza, ya verás.
—No, no he tenido dudas. He comprendido el mail. —Sonreí. Me gustaba ver al viejo feliz. —Pero ayer no ha sido un día fácil, el padre de la novia de Natsu ha fallecido.
—Oh… Lo siento. Dale mis condolencias a Natsu y su novia. —Dijo, bajando la mirada y cruzándose de brazos.
—Serán dadas. ¿Sabes? Lucy y el padre no se llevaban muy bien pero ella ha llorado muchísimo ayer. Hace tiempo que no veía a Natsu con una cara tan triste, no por la muerte de su suegro, no hablaba con él pero creo que ver mal a su novia lo ha roto en alguna parte.
—Y sí. La ama muchísimo por lo que me has dicho, claramente le afectara.
—Hay algo que quiero contarte…—Dije de golpe. Zero alzó la mirada, sus ojos grises chocaron los míos. —Siendo sincero no pensaba en contarte pero creo que sería injusto de mi parte excluirte de esto.
—¿Qué sucede, Gray? —Preguntó en tono preocupado.
—No saques conclusiones apresuradas. —Dije tratando de calmarlo, aunque yo mismo me sentía bastante nervioso, sentía la boca seca y un nudo en el estómago. —Ocultarte algo como esto no sería justo, he tenido una madre excelente que lamentablemente hoy no está físicamente conmigo pero podría decirse que todavía puedo disfrutar de la mejor figura paterna que podría haber tenido, Zero siempre te considere mi padre en muchas ocasiones.
—Como aquella vez que me invitaste para tu fiesta escolar…
—Oh vamos, no empieces con esos recuerdos vergonzosos, estoy tratando aquí de decirte algo importante.
—Pero eras tan tierno de niño, Gray. —Chilló emocionándose. Pusé los ojos en blanco.
—¡Zero! —Me quejé. — Escucha… He decidido buscar a mis padres biológicos.
—¿Qué?
—Lo que has escuchado. He pensado en buscar a mis progenitores. Antes que preguntes… No, no hay una razón en especial. Es un capricho del momento, he decidido que tengo que buscarlos. En primera instancia pensaba no contarte sobre esto, pensé que podría ser un tema sensible para ti después de lo que me has contado sobre tu hijo. —Confesé, tenía que explicarle todo lo que estaba sintiendo en ese momento o estallaría. — Luego me di cuenta que si la situación fuera al revés y tú decidieras buscar a tu hijo sin decirme nada probablemente me sentiría mal de que me ocultaras algo tan importante y he de confesar que me pondría un poquito celoso si lo encontraras, él tiene un padre genial, pero no por eso no me pondría feliz por ustedes.
—Gray…
—Espera, aún no termino. Me encantaría que me apoyes en todo, si bien no tengo en claro el objetivo por el cual estoy haciendo todo esto, realmente tu apoyo es muy importante para mí.
—Lo entiendo pero...
—Gracias, Zero. —Volví a interrumpir. — Oh, bueno, he mandado unos mails al orfanato dónde me adoptó Ur. Han aceptado tener una cita conmigo y dijeron que tratarían de responder a todas mis dudas. Estoy demasiado perdido, no tengo idea de donde empezar. Y también tengo demasiado miedo de lo que podría encontrar…
—¿Por qué?
—Es que piénsalo Zero, no todos los que abandonan a sus hijos sufren algo como lo hiciste tú, algunos simplemente no los quieren, tal vez sería solo un estorbo que apareciera en sus vidas. Otra posibilidad es que ni siquiera estén vivos, creo que eso es lo más leve que podría recibir como resultado. Pero hay algo en mí… Que quiere buscarlos. Es decir, todavía llevó su apellido y el nombre que me dieron… El nombre que ellos me pusieron, Ur jamás me contó porque decidió mantenerlo. Bueno, según ella era porque ya tenía cinco años y sería chocante haberme cambiado el nombre, no creo que esa sea la única razón.
—¿Hubieras preferido recibir un nombre de Ur?
Sonreí, nostálgico. —No, me gusta ser Gray Fullbuster. Fullbuster… Me gustaría saber como se llama mi padre. O tal vez sea el apellido de mi madre.
—¿En serio te gustaría?
—Sí. Saber como eran físicamente, si querían tenerme, si tengo hermanos… ¿Te imaginas qué tenga hermanos? Es una posibilidad…
Zero rió a carcajadas. Sin comprender muy bien, comencé a reír junto con él. El viejo tenía una risa contiagiasa y rapidamente hizo desaparecer todo lo tenso del ambiente.
Reímos tanto que hasta se quejaba que le dolía el estómago.
—Gray…
—¿Uhn? —Lo miré mientras secaba una pequeña lágrima que salía a causa de las carcajadas.
—… Soy tu padre.
Mis ojos se abrieron más a causa de la recientes palabras y mis labios se curvaron levemente hacia arriba en una pequeña sonrisa.
—Lo sé. Nadie te quitará ese lugar. Siempre serás como mi padre.
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Continuará.
¿Alguien ahí?
Buenas! Uhn, después de casi dos meses no tengo excusas. Realmente no me salía escribir algo decente y saben como me pongo. Agradezco a todos sus comentarios, espero leerlos nuevamente pronto.
¿Se acuerdan qué les mencione qué me haría alguna página/facebook para qué pudieramos estar más en contacto (en caso de que cosas como estas vuelvan a pasar(?))? Bueno, veré que hago en el próximo capítulo, igualmente les comentaré algo a los que me dijeron que sí por privado.
Nos leemos pronto.
PD: Lymar: Lo siento, no creo que pueda volver a subir esa historia, fue fanfiction quién me la borró pero si queres puedo pasarte los libros. Uhn, anteriormente di mi twitter, podes encontrarme ahí o en facebook exactamente con el mismo nombre por si te interesa que te los pase. Solamente avísame que sos vos. Saludos!
Sugar.
