Nota: Antes de que empiecen a leer, tengo un par de cosas que decir.
Primero, una gran disculpa por la ausencia, primero tuve un bloqueo y luego la universidad es exigente pero diablos, como la amo. Dos, hay un fragmento de un poema en éste capitulo, si alguien quiere leerlo completo está en mi bio. Además los derechos de autor de él no son míos. Tampoco los de Harry Potter.
Tres, hay una lista de ingredientes también en este capítulo, en word se pueden tachar pero fanfiction no deja por lo que están subrayadas.
Buena lectura. Los errores son míos.
P.D: Creo que algunos personajes son OOC. Lo siento. Por último, Draco no tiene la edad de Harry, tiene la misma que Luna.
XI
Maldito estúpido, se maldijo Blaise continuamente mientras bajaba por un pasillo oscuro.
Bien. Ya era absurdo seguirlo negando.
Estaba perdido.
Había seguido al principito al bosque, ¿qué tenía el chico con desobedecer ordenes? Blaise recordaba vagamente el camino por donde pasaron, y el castillo, ese imponente castillo al que llegaron, le helo el cuero cabelludo. Encerrado entre el denso follaje de los árboles y el azote de la tormenta, ese castillo no auguraba nada bueno, Blaise debió hacer caso a sus instintos dar la vuelta y regresar al palacio, buscar ayuda y regresar por el príncipe, pero no, él había entrado justo detrás del pelinegro y casi había logrado alcanzarlo cuando al girar por un pasillo lo había perdido.
Y ahora, no sabía si habían pasado minutos u horas lo que sabía era que se había perdido y su dichoso encargo no parecía estar por ningún lado. Lo único bueno de esa situación era que la tormenta había amainado.
Blaise giro por otro pasillo vacío, al entrar a este noto la diferencia. Los pasillos por los que ya había caminado se encontraban limpios, libres de polvo y telarañas, probablemente él no lo había notado por el comienzo de su desesperación; y entonces entro a lo que asumió era el vestíbulo, vio las puertas de la entrada abiertas de par en par, y más allá las serpientes enroscadas en las columnas que fungían como guardias. Dudo un minuto. Podría salir y buscar ayuda o seguir buscando al príncipe, arrastrarlo al palacio y olvidar esa aterradora experiencia.
Sus instintos de conservación le decían que se fuera.
¿Pero entonces qué le diría a su comandante? Peor, ¿qué le diría al rey si su hijo no aparecía?
Blaise suspiró y les dio la espalda a las puertas de entrada. Cuando comenzó a subir las escaleras, sintió como si alguien lo vigilara. Busco a su alrededor, pero no encontró a nadie y colocando la mano en la empuñadura de su espada, siguió subiendo. Arriba se encontró otro pasillo que se extendía de izquierda a derecha y justo frente a él había un conjunto de puertas dobles, Blaise siguió por el pasillo hacia la derecha. Caminó hasta encontrarse con otro pasillo, girando nuevamente a la izquierda vio varias puertas, abrió una por una. En la primera puerta había lo que parecía ser un salón de baile con un hermoso piano de cola, la segunda puerta llevaba a una pequeña salita con sillones que parecían bastante cómodos, dentro había otra puerta, pero Blaise pensó que ésta conectaba con la habitación del piano así que la ignoró y siguió caminando.
Continuó yendo por más pasillos iluminados por antorchas y velas. Llegó hasta lo que pareció una biblioteca, todo sin encontrar al príncipe. Junto a la biblioteca había otro tramo de escaleras, llevaban a un tercer piso y a lo que Blaise asumió sería el primer piso, él empezó a subir. En las escaleras los tapices eran intricados, algunos llevaban flores y otros simplemente parecían ser la misma pared. Blaise, habiéndose criado en una casa antigua pensó que quizá había uno que otro pasaje secreto entre los tapices, aunque primero se golpeó por no pensarlo antes siendo que ya había pasado varios.
Encontró uno a mitad de las escaleras.
Entró en otro pasillo, éste daba vueltas y giros, por un segundo se detuvo y dudo en continuar, sentía que ese pasillo lo llevaba aún más profundo dentro del mismo castillo, tuvo una vaga sensación de conocer ese lugar, como si en algún otro momento hubiera cruzado esos pisos, pero la distribución de las habitaciones y el decorado de las mismas era diferente. De repente escuchó voces; le llegaban susurrantes como si aún estuvieran bastante alejadas.
Aún con la mano en la empuñadura de la espada siguió caminando. Pasó más tapices e incluso uno con un unicornio encerrado. Resopló ante la imagen, nadie sería tan estúpido como para atrapar un unicornio, eran criaturas puras, además de que casi no se dejaban ver. Llegó hasta topar pared, lo cual lo hizo fruncir el ceño, él había escuchado voces, entonces regresó a buscar más pasajes entre los tapices. Había uno de un profundo escarlata que mostraba algo parecido a una moneda y dos personas. Lo corrió y se hayo en otro pasillo. Las voces se habían convertido en una sola y ésta se escuchaba más cerca.
Fue hasta una de las puertas del pasillo y la abrió.
XII
El chico frente a Harry se levantó de la silla cuando la elfa empujo al pelinegro para que se acercara, sacándolo de su estupor; esos ojos le recordaban algo.
—Por favor, siéntate — su voz eran como dulces campanas al oído, grave pero suave, como si nunca hubiera pasado por la adolescencia; incluso la voz de Harry aún tenía toques infantiles. Era injusto
La elfa volvió a empujar a Harry hasta que se hubo sentado junto al rubio, ¿quién era él? No parecía tener más de 17 años y sin embargo a su alrededor había un aura de madurez inconfundible, ¿cómo era eso posible? Un 'pop' le advirtió a Harry que la extraña criatura que lo había llevado hasta allí había desaparecido.
Miro al chico de nuevo aprovechando la distracción de éste; era rubio y pálido, con una mandíbula fuerte y cuadrada. Harry desvió la mirada cuando el rubio alzó la suya, vio las manos del chico, con dedos largos y delgados; elegantes.
Otro 'pop' sonó dentro de la habitación, a la izquierda de Harry, en medio del rubio y él mismo se encontraba la elfa con dos platos. Harry se sorprendió, ¿iban a cenar? ¡Estás en un comedor, bueno duh! Gritó su mente. Aceptó el platillo que la criatura puso delante de él, por el rabillo del ojo la vio depositar el otro plato frente al rubio y luego alejarse hasta una pequeña mesa adyacente donde una botella de vino se hallaba. Sus vasos fueron llenados. Todos los movimientos de la elfa fueron seguidos bajo la atenta mirada del pelinegro hasta que ésta de inclinó y desapareció con otro estallido.
—Son elfos domésticos, — susurró su acompañante, Harry alzó la vista ruborizándose un poco al haber sido descubierto. El rubio no lo miraba directamente, había tomado su copa y la dirigía hacia su boca mientras hablaba. — Ayudan en los quehaceres de una casa. O al menos aquí eso hacen.
—Yo sé lo que son, pero nunca había visto uno tan de cerca.
—Bueno, aquí hay varios pero esta noche sólo Pipsy nos servirá. Ahora, por favor, — y haciendo un ademan hacia la comida frente a Harry, el rubio comenzó a comer. Harry tomó una de las cucharas junto a él y miró su comida, parecía crema.
Era crema de ajo. Y sabía deliciosa.
En el centro de la mesa habían colocado una cesta de pan, Harry tomó uno y con renovado entusiasmo siguió comiendo. No se había dado cuenta del hambre que tenía y aunque una parte de su mente decía que la comida podría estar envenenada, él lo ignoró. Después de todo, ¿cómo podría estar envenenado algo tan sabroso?
Pronto el segundo plato fue servido; parecía ser una especie de guiso de ave con verduras. Inmediatamente el plato fue puesto frente a él, Harry tomó el tenedor y arrinconó las berenjenas en una esquina. (*) Esa verdura nunca le había gustado, mucho menos de niño, y en cambio los calabacines eran su verdura preferida. Amaba comerlos día, tarde y noche. Éstos fueron los primeros en abandonar su plato. En cierto momento, cuando ya no le quedaba ningún calabacín, una mano apareció en su visión; Draco había separado sus propios calabacines de su demás guarnición y se los estaba ofreciendo. Las mejillas de Harry adquirieron el color de los jitomates al notar la acción del rubio.
—Gracias, — susurró Harry tan bajo que sin la audición superior de Draco, sus palabras se hubieran perdido.
Siguieron comiendo en un silencio sólo roto por el tintineante ruido de los cubiertos al chocar y el ocasional crujir del viento al golpear las ventanas. El primero en terminar su comida fue Draco, quien se reclino en la silla con la copa de vino en la mano y se dedicó a ver los movimientos de Harry. ¿Qué tenía de maravilloso ese chico?
¿Por qué el dragón dentro de él había elegido a ese chico como el que rompería la maldición? ¿Por qué ahora que Draco ya había aceptado su destino?
Desde hacía meses llevaba pensando que siempre sería una bestia. Por tomar algo que no le pertenecía en el momento equivocado. Por su egoísmo.
Pero entonces ese chico pelinegro había entrado donde él se hallaba dormido, lo había despertado y cuando Draco estaba a punto de comérselo, esas brillantes esmeraldas lo habían mirado y de alguna forma simplemente lo supo.
Harry vio a su anfitrión fijar la mirada en él, pero no parecía verlo a él realmente, como si estuviera metido en sus pensamientos. Harry entendió, él solía hacer lo mismo, incluso yendo más allá hasta el punto donde alguien hablaba con él, pero él no escuchaba. Dejó los cubiertos sobre el plato cuando terminó. Se sentía lleno.
Draco salió de sus pensamientos cuando el raspar de cubiertos se detuvo. Vio a Harry beber vino. Él terminó su propia copa y chasqueó los dedos. Pipsy se apareció a su lado un segundo después.
—¿El amo llamó a Pipsy? ¿Qué puede hacer Pipsy por el amo y su invitado? — preguntó la criatura haciendo una reverencia.
—Tráenos el postre, Pipsy — ordenó el rubio.
Cuando la criatura desapareció, Harry fijo la mirada en el rubio. Está bien, ya era hora de respuestas.
—¿Quién eres? — soltó Harry sin pensarlo mucho. Cuando el rubio no respondió, el siguió hablando. — No eres del pueblo, y estoy casi seguro de que de otro reino tampoco eres, así que responder, ¿quién eres? — se cruzó de brazos reclinándose en la silla sin hacer caso del pay de calabaza que la elfa había puesto frente a él durante su letanía.
Draco suspiró, a él le hubiera gustado empezar esa conversación cuando hubieran terminado la cena, y eso incluía el postre.
—¿No te gustaría terminar primero? — se arriesgó a preguntar.
—No
—Bien. Entonces sígueme. — Draco suspiró, ya les diría a los elfos que después le llevaran el postre; se puso de pie y se dio la vuelta, yendo hacia una puerta escondida al fondo del comedor.
Harry se levantó inmediatamente para seguir al rubio, aunque por un segundo se sintió mal al dejar lo que seguramente era un delicioso postre de calabaza, y aun así lo dejó en la mesa y siguió al otro chico. Lo alcanzó cerca de una puerta al otro lado del comedor; Draco abrió la puerta y en un ademán caballeroso permitió que Harry saliera primero. El pelinegro frunció el ceño ante eso, pero aun así avanzo, ¡no era una chica, por favor!
Salieron a lo que parecía un pasillo poco iluminado, algunos candelabros se hallaban pegados a la pared en intervalos regulares, Harry notó la falta de retratos, autorretratos o incluso ningún cuadro. Llegaron a otra puerta que Draco también abrió para Harry y entraron a lo que parecía ser un pequeño estudio. La pared frente a la puerta la adornaba un amplio ventanal con pesadas cortinas brocadas y un escritorio de madera se hallaba delante de las mismas; la pared izquierda la cubría un sinfín de libros y a la derecha había una chimenea con un sofá de terciopelo enfrente, el cuadro lo cerraban un par de sillones individuales frente al sofá. En la chimenea ardía un pequeño fuego que caldeaba la habitación y la llenaba de un calorcillo agradable.
Sinceramente a Harry le pareció acogedor ese pequeño estudio.
—¿Quieres tomar algo? — Draco llamó la atención de Harry, se encontraba a la izquierda de la puerta donde una mesa alta albergaba un par de jarros que contenían licor. El rubio estaba sirviendo un vaso. — Tengo whisky, brandy, champagne o si quieres puedes tener más vino.
—Eh…no, gracias — Harry dudó. — Estoy bien.
—De acuerdo, vamos — el rubio tomó el vaso que había servido y caminó hasta el sofá, más de cerca Harry vio una mesa baja frente a éste, donde Draco puso su vaso mientras se sentaba en un sillón individual. Harry tomo el sofá. El rubio se aclaró la garganta. —¿Qué quieres saber?
—¿Quién eres? ¿Vives aquí tu solo? ¿Dónde está el dragón que había en este castillo? ¿Por qué…—
—Wow, wow, wow, tranquilo. Respira, una pregunta a la vez. — Harry se avergonzó un poco. Tomo una larga inhalación y dejó salir el aire lentamente. Draco vio eso con fascinación y se permitió sonreír un poco. — Bien, lo primero. Me llamo Draco Malfoy y sí, vivo aquí, aunque no totalmente sólo, los elfos son una buena compañía… a veces. — Harry iba a hablar, pero el rubio lo frenó con un gesto de la mano.
—… el dragón no te va a lastimar si eso es lo que te preocupa, — continuó el rubio. — Aunque dudo que te preocupe si lo primero que hiciste al llegar fue ir a la habitación donde había estado.
—¡Sólo quería ver si era real! — Harry se defendió.
—Por supuesto que es real.
—Pero si lo es, entonces, ¿dónde está? Creo que es difícil esconder un dragón dentro de este castillo a pesar de que sea inmenso, además…— el rubio suspiró ante el balbuceo del pelinegro.
—Lo estás viendo. —
—…así que, si es real, debería… ¿qué? — se interrumpió Harry a sí mismo.
—Dije: "lo estás viendo" — y clavó sus ojos en las brillantes esmeraldas de Harry.
Al principio Harry sólo se confundió más; él estaba sentado justo frente al rubio. No había ningún dragón en esa habitación, sería imposible pasar por alto a una bestia de veinte metros si estuviera frente al él y hablaba por experiencia propia, pero entonces captó la mirada del chico delante de él y comprendió.
Unos centellantes orbes de mercurio lo miraban fijamente.
Justo como aquella vez.
Aquella bestia de ojos plateados de alguna forma se hallaba frente a él, sentado y con la forma de un chico.
¿Cómo era posible eso?
Obtuvo la respuesta inmediatamente.
—Hay una razón por la que me puedo convertir en dragón, Artemisa, la diosa de la naturaleza me maldijo y sólo el amor puede romper la maldición, aunque suene cliché. Hay una profecía que habla de dos chicos, uno maldito y otro, bueno, no importa lo que dice sobre el otro, sólo que será él quien rompa la maldición del primero — soltó el rubio con cansancio y rompiendo el contacto con sus ojos, las palabras que acababa de decir sonaron planas como si las hubiese repetido infinidad de veces, a sí mismo o a otros.
—Espera, ¿a qué te refieres con "sólo el amor puede romper la maldición"? ¿Estás diciendo que sólo el amor verdadero romperá la maldición? —preguntó con incredulidad. —¡Por favor! ¡Eso es absurdo! —se burló.
—¿Crees que no sé cuan absurdo suena?
—Pero es lo que estás diciendo… ¡escúchate!
—Ya sé, pero es lo que me dijeron. Es lo que hay— soltó Draco con voz derrotada.
Se sumieron en silencio. Harry frunció el ceño, por lo que sabía, el chicho frente al él se podía convertir en dragón… por una maldición. Y había una contra maldición, otro chico tenía la forma de romperla. ¿Cómo? ¿Enamorándose de Draco? Rayos, ese era un embrollo tal. Espera, ¿y por qué le decía todo eso a él? Miro al rubio receloso.
—¿Quién es el chico que romperá la maldición? — preguntó con cautela.
El rubio sonrió con sorna y lo miró.
—Tú. —
—¡¿QUÉ?! ¡¿CÓMO?! ¡QUÉ DEMONIOS! ¡NO! — Harry saltó de su lugar golpeando la mesa y tirando el vaso de Draco donde un líquido marrón dejó una amplia mancha.
—¡Mira lo que has hecho! — soltó el rubio en un arrebato y poniéndose de pie también — ¡Joder! ¡Pipsy!
La elfa apareció con su característico 'pop'.
—¿Llamó el amo a Pipsy? —
—¡Sí! Limpia este desastre, — ordenó a la criatura para luego girarse mientras ella trabajaba en limpiar y miró al pelinegro. Suspiró un par de veces antes de hablar. — Mira, cálmate. Te diré lo que dice la profecía y verás que lo que digo es cierto, luego te contaré mi historia. ¿Trato?
Harry se había quedado mirando el desastre con amplios ojos sorprendidos, vio cómo la pequeña elfina limpiaba el desastre que el mismo había hecho con un simple chasquido de nudillos; alzó la vista cuando el rubio le habló. Mantuvo su mirada mientras asentía lentamente. Ambos se sentaron. La elfa ya se había marchado y otro vaso de lo que sea que haya estado bebiendo el rubio se encontraba en el mismo lugar que el anterior.
Draco bebió un gran trago antes de hablar.
—Mira, no sé con exactitud lo que dice la profecía. Sólo lo que ya te dije, pero, puedo asegurarte de que tú eres ese chico.
—¿Cómo? ¿Cómo puedes estar seguro? O ¿qué?, ¿ahora me dirás que de pronto estás perdidamente enamorado de mí y yo debería quedarme contigo para que la maldición se rompa?
—¡No! Maldición, ¿cómo podría yo amarte? — gruño siniestramente Draco, y levantándose nuevamente puso distancia entre él y Harry; sus manos envolvieron su cabello con frustración. Si el principito no entendía, ¿cómo podría romper la maldición?
El silencio los embargo a ambos.
Harry miró a Draco alejarse. El eco de esa pregunta en la mente de Harry, "¿cómo podría yo amarte?" Harry sintió algo inexplicable dentro de él, como si algo desconocido se quebrara. Se puso de pie, listo para irse. Que el estúpido rubio arreglara su problema él solo.
Draco, por el rabillo del ojo vio al pelinegro levantarse y entonces las palabras que acababa de soltar volvieron a su mente. ¡Idiota! Se dijo a sí mismo. Se acercó rápidamente al pelinegro colocando ambas manos en sus hombros y miro directamente a esas esmeraldas que delataban la traición que sentía.
—Lo siento, no quise decir eso, a lo que me refería era que, —tragó saliva al notar que la tensión en los hombros de Harry no desaparecía —, maldición, ni siquiera te conozco, no puedo amarte aún, pero un día, probablemente. Cuando te vi, simplemente supe que eras tú quién rompería la maldición.
Frunció el ceño, le costaba entender lo que el otro intentaba decirle. Se desplomó en el asiento nuevamente y suspiró, por lo menos podía escucharlo. Hablo vacilante.
—Entonces… ¿A qué te refieres? Quiero entender, en serio… ¿Podrías, por favor, explicarte bien?
Draco, que había soltado al pelinegro y se había vuelto a alejar de él y estaba dando vueltas en ese momento, se detuvo y miró al pelinegro. Lo vio retorcerse en su asiento, incomodo, eso le hizo sonreír y ablandar su mirada. El Príncipe sí que hacía honor a su apellido; Gryffindor hasta la medula, y noble como pocos. Draco no creía merecer esa nobleza. Se acercó a Harry, quiso sentarse a su lado y tomar su mano, pero no creía que sería bien recibido, así que se conformó sentándose frente a él. Sostuvo su mirada mientras comenzaba su narración.
—Mis padres son Lucius y Narcisa Malfoy del antiguo reino de Slytherin. Antes, cuando los reinos eran uno solo solíamos vivir en este castillo. Cerca de aquí, hay un árbol situado a los pies de una hondonada, yo solía ir allí desde pequeño, primero para ver el castillo en todo su esplendor, y después, cuando quise un lugar tranquilo para mí solo. Antes de seguir Harry, tienes que entender que a esa edad yo era muy presumido y egoísta, me criaron para creer que siendo quien era, el heredero al trono de un antiguo reino, todo lo que yo quisiera podía tomarlo…—
Harry quiso interrumpir, preguntar de qué reino hablaba, ¿Quiénes eran Lucius y Narcisa Malfoy? ¿Quién era ese tal Slytherin? Pero se calló todas esas dudas en cuanto vio la mirada del rubio. Parecía que los recuerdos lo abrumaban.
—…así que un día, a pesar de que mis padres me habían prohibido salir del castillo, fui a mi árbol y allí encontré algo que creí valioso. Ahí, justo en el lugar donde solía sentarme siempre había tres rocas, parecían joyas preciosas pero la que más me gustó fue la más pequeña, era lo suficientemente grande para tener que cargarla en mis dos manos, pero aun así más pequeña que las otras dos y de un profundo color esmeralda. Era hermosa Harry, y la hice mía. Así que la tomé y corrí de vuelta al castillo, pero cuando estaba por cruzar el rio algo ocurrió, escuché un fuerte rugido a mis espaldas y cuando giré vi un inmenso dragón, su piel era del mismo tono de la piedra en mis manos, entonces reaccioné y supe que no era una piedra, era un huevo, era su hijo, y yo lo había robado de ella. Harry, estaba asustado y no sabía qué hacer así que volví a correr, pero cuando casi había terminado de cruzar el puente éste desapareció haciéndome resbalar, caí y el huevo lo hizo conmigo. —
Harry, noto el leve temblor en las manos del rubio. Quiso tomarlas entre las suyas y asegurarle que él estaba a salvo, pero de alguna manera Harry sabía que esas palabras no serían consuelo alguno; en su mente él vio a un pequeño niño rubio, tirado en el suelo y temblando frente a una bestia furiosa por el huevo roto en las manos del chico. Ambos se sumieron en sus pensamientos, Harry con la mirada en su regazo y tantas dudas en su cabeza.
El leve carraspeo le hizo levantar la vista.
—Después me dijeron que me desmayé en ese momento y que una cúpula nos rodeó al dragón, al huevo y a mí y que en cuanto ésta desapareció, el huevo ya no estaba; creo que el dragón también se fue porque lo siguiente que recuerdo es despertar en mi habitación sólo con la compañía de los elfos domésticos y dos cartas de mis padres. En una de ellas explicaban lo de la cúpula y que ellos lamentaban dejarme, pero no sabían sí los reconocería al momento de mi transformación, que me amaban, pero debían alejarse por los tatuajes de mi espalda. Yo no sabía de qué hablaban hasta que vi mi espalda en un espejo, parecían tatuajes, pero eran como pequeñas runas. En la segunda carta mis padres habían investigado y escrito la traducción de las runas en mi espalda, — Draco se levantó y fue hasta el único escritorio que estaba en la habitación, abrió uno de los cajones y de este saco varios pergaminos, tomó uno y se acercó hasta Harry y se lo tendió. Harry lo tomo en sus manos temblorosas y lo abrió, en él, con una fina caligrafía se leía:
Querido Draco:
Tu padre y yo hemos investigado las runas de tu espalda mientras estabas inconsciente, al principio creímos que sería una simple muestra de la magia del dragón cuando la cúpula los envolvió, pero cuando no despertabas pedimos la ayuda de la señorita Lovegood, ella nos ha ayudado a descifrar lo que ocurrió. Mi amado Draco, en cuestión de días te convertirás en un dragón por una maldición de Artemisa, sé que suena extraño pero las runas en tu espalda son las palabras de la diosa por haber tomado el huevo del dragón. Aquí está lo que dice:
Tú, aquel que interfiere con los designios de la naturaleza y toma egoístamente lo que no le pertenece, a ti te maldigo; te convertirás en aquello que un día tomaste y para romperlo necesitaras un amor tan abnegado como el de una madre, pero tu propia madre te abandonará y tu camino será solitario hasta el día en que lo encuentres a él.
Draco, mi vida, tu padre y yo aún te amamos, búscanos cuando las tormentas se desvanezcan.
Con amor
Mamá
—¿Qué pasó con el dragón? — susurró Harry mirando al rubio, el cual suspiro antes de sentarse y responder.
—No lo sé. Huyó, creo; durante los primeros años de mi transformación lo busqué, primero porque estaba molesto y después porque no sabía nada sobre los dragones, ¿qué se supone debía hacer? ¿qué podía comer? ¿podría ser si quiera envenenado con la comida? Así que la busqué para saber, lo que fuera, pero nunca no la encontré. Fue como si simplemente se hubiera desvanecido.
Se sumieron en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos.
No escucharon el clic de una puerta al abrirse hasta que una voz los sacó de sus meditaciones.
—¿Draco? —
El susodicho saltó de su asiento como si este quemara y se volvió hacia la puerta con rapidez y gracia, Harry nunca había visto a nadie hacer eso, él mismo seguramente se hubiera enredado con sus propios pies si hubiera hecho eso. En el marco de la puerta había un chico, era alto, de piel morena, cabellera negra y constitución musculosa pero no tan exagerada. Dio un paso dentro de la habitación mirando alrededor de toda buscando algo, Harry vio cómo su mano derecha descansaba en la empuñadura de una espada que colgaba de sus caderas, no llevaba el uniforme de la guardia real por lo que era un carroñero o un viajero que podría haber estado cruzando por el bosque cuando vio a Harry entrar al castillo. O al menos eso hubiera pensado Harry si no hubiera llamado al rubio con tanta familiaridad. Dicho rubio se había paralizado ante la visión del chico.
—¿Blaise? — susurró Draco incierto.
—Draco — Blaise soltó un suspiró en vos alta y cruzó a zancadas el espacio que había entre el rubio y él. ¡Cuánto había extrañado a su amigo! Y ahora allí estaba; justo frente a él y tal como lo recordaba, sí, habían pasado los años pero Blaise reconocería ese puntiagudo rostro en cualquier lugar. Enredó sus brazos alrededor del rubio cuando lo alcanzó, eran de la misma altura.
Draco correspondió el abrazo pasando los brazos alrededor del otro chico.
Blaise olía a cedro y a menta.
Blaise olía a familia.
XIII
El abrazo duro lo que dura un abrazo entre amigos que no se han visto en años. Después de un rato el primero en separarse del abrazo fue Blaise, aunque sólo se alejó lo suficiente como para ver el rostro de Draco aún sin soltar sus hombros. Los ojos de ambos eran brillantes, con lágrimas contenidas.
—Yo…wow, Draco no has cambiado nada — exclamó el moreno, la voz le temblaba. El rubio soltó una carcajada.
—Tú tampoco amigo, sigues siendo tan feo como te recordaba. —
—¡Hey! — se indignó, aunque una amplia sonrisa surcaba el bello rostro moreno. — Aunque siempre he sido más guapo que tú, — soltó una carcajada — aún recuerdo el día que Pansy nos vistió a ambos como chicas cuando sus amigas no llegaron. Merlín Draco, ese día definitivamente tú te veías más bello que yo.
—Sabía que siempre me odiaría por complacer a Pansy; jamás me harás olvidarlo. — Draco suspiró. Ambos se sonrieron mutuamente como si compartieran un secreto. De pronto, el moreno se puso serio.
—¿Qué te pasó, Draco? Tus padres sólo le dijeron a mi tío que yo ya no podría visitarte y que se iban a mudar — frunció el ceño. — Un día estábamos escondiéndonos en el bosque de Pansy y al siguiente de pronto no había nadie. Todos aquí se habían ido.
El rubio soltó otro suspiro mientras sus manos se posaban en los brazos que el moreno aún tenía en sus hombros, les dio un apretón reconfortante. Él aún se sentía mal por abandonar a su mejor amigo de esa forma.
Harry se aclaró un poco la garganta en ese momento, ligeramente incómodo. No sabía quién era ese otro tipo, y de pronto llegaba y se entrometía en lo que sea que fuera eso con el rubio, añadiendo que parecía conocerlo desde hacía mucho. Harry no estaba celoso, en lo absoluto, pero él mismo no entendía qué pasaba allí.
Tanto rubio como moreno se dieron cuenta entonces del tercer miembro en la habitación. El primero en romper el silencio fue Blaise. Se alejó del abrazo del rubio y se aclaró la garganta un par de veces antes de hablar.
—Príncipe Harry, he venido por usted para llevarlo al palacio. Sus padres deben estar muy preocupados.
—Mis padres creen que estoy con Hermione — Ah, así que ese era el nombre de la chica de la librería, pensó Blaise. Harry cruzó los brazos sobre el pecho y continuó. — Además, ¿por qué me iría contigo? No te conozco.
—Pertenezco a la guardia real
—Tú vestimenta no dice eso — insistió Harry.
Blaise dejó escapar un pequeño gruñido frustrado y se acercó al chico más bajo. Draco simplemente se dedicó a observar a ambos, él ya sabía que Harry era el príncipe pero que Blaise formara parte de la guardia real lo sorprendió un poco. Él había creído que se casaría con una chica rica y se iría de allí. Al menos eso siempre había dicho de pequeño si es que su tío lo revocaba como su heredero y su madre se conseguía otro marido.
—Su padre me asignó como su guardia esperando que no huyera al bosque como al parecer ha hecho. El bosque es peligroso, joven príncipe.
—¿Mi padre me puso una niñera? — soltó Harry incrédulamente. Su padre no se atrevería. Él confiaba en él, ¿cierto? Y sin embargo te prohibió acercarte al bosque, susurró una vocecilla en su mente muy parecida a la de Hermione.
—Hmp… Sí, algo así — confirmó Zabini. — Por eso necesito llevarlo al palacio, han pasado horas desde que salimos, si el rey aún no ha sospechado nada, le aseguro que pronto lo hará.
—Bien, aunque sigo sin fiarme de ti. — Blaise sólo se encogió de hombros, su trabajo era proteger al príncipe no ganarse su confianza.
Blaise buscó a Draco con la mirada, aún estaba junto a él. Conectaron sus miradas. El rubio asintió con la cabeza, ya se encontrarían en otro momento para las explicaciones, Blaise confirmó el gesto con una inclinación similar.
Harry pasó junto a Draco sin hacer contacto visual, necesitaba meditar todo lo que había escuchado. Necesitaba hablar con Luna urgentemente y confirmar algunas cosas, pero sentía que si veía esos pozos de mercurio le sería difícil salir de allí. Blaise lo alcanzó cuando Harry iba llegando hasta el gran portón de hierro forjado. Caminaron hombro con hombro hasta alcanzar sus caballos, entonces Harry reaccionó, Blaise conocía a Draco, él podría confirmarle la historia del rubio.
—Blaise, ¿cierto? — llamó Harry al moreno cuando hubieron comenzado un pequeño trote de regreso al pueblo y al palacio mismo. La lluvia había terminado hacia horas y el bosque parecía despejado, después de todo, las tormentas no son tan malas como parecen, son solo viento y lluvia, y aunque suelen destruir casi todo a su paso, también limpian allí por donde van. O, ¿es que no han visto cuan cristalinas quedan las aguas de los ríos después de que la tormenta se va?
—Sí, su alteza. Blaise Zabini, a su servicio— respondió el moreno, ligeramente burlón.
—Más bien al de mi padre si es que me estabas siguiendo por órdenes suyas, — le tomó el pelo con una inmensa sonrisa. Blaise no supo cómo responder, después de todo, era verdad. — Dime, Blaise, ¿cómo es que conoces a Malfoy?
—No creo que a su padre le gustaría si respondo esa pregunta, su alteza.
—Dime Harry. Y mi padre no sabrá, y si se entera puedes culparme de todo… —Tú tienes la culpa, pensó Blaise, de eso no hay duda. — Además, creo que lo menos que me debes es eso. ¡Me has estado siguiendo!
Blaise miró de reojo al pelinegro, éste tenía la vista en el frente y aunque a veces lo miraba a él, parecía como si estuviera intentado resolver un rompecabezas complicado en su mente. Soltó un bufido, ¿qué rayos le había dicho Draco?
—Conocí a Draco cuando ambos teníamos seis años, mi tío es un viejo Lord y se codeaba con la realeza, solía llevarme con él casi siempre, no se fiaba de dejarme solo con las niñeras y mi madre casi nunca estaba en casa, siempre de viaje o con su marido de turno. Así que un día mí tío me dijo que visitaríamos a un viejo amigo de la familia, fue entonces que lo conocí. Congeniamos bastante bien desde el principio y por lo general yo pasaba los fines de semana con él, a veces hasta semanas completas. Teníamos otra amiga, Pansy Parkinson, debe de conocerla, se casó con… —
—Theodore Nott, su padre es un conde. Sí, la he visto en algunos bailes. Continua, siento haberte interrumpido. — Harry recordó a una chica menuda, un poco más baja que él, de cabello oscuro y largo y brillantes ojos azules. Nunca lo trató mal por ser adoptado, pero tampoco eran amigos, simples conocidos.
—Está bien. Y sí, es ella. Pero un día sus padres solo le dijeron a mi tío que yo ya no podría visitarlos y que se mudarían. Hasta allí llegó nuestra amistad. No hay mucho más que contar, príncipe.
—Es Harry — mencionó el susodicho distraídamente, iban llegando al borde del bosque. Pronto estarían en el pueblo y no podrían hablar más del asunto. Se detuvo y giró a mirar a Zabini. —Mira, Blaise, no estoy molesto contigo por seguirme, pero necesito un favor tuyo. Mi padre no se puede enterar que estuve en el bosque hoy, o al menos que estuve en el castillo, si pregunta solo dile que llegué a casa de Luna, pero ella no estaba y regresé. Él no sabrá que yo sé que tú me sigues, pero debes ayudarme en eso, por favor. Te daré lo que quieras.
Zabini miró a Harry detenidamente, se veía distraído y miraba a todos lados como si creyera que alguien los estuviera vigilando, pero él ya se había asegurado de que estuvieran solos. El príncipe sabía algo sobre Draco y Blaise quería saber lo que le había ocurrido a su amigo, bien podría cuidar del príncipe y averiguar sobre Draco. Era una situación que les favorecía a ambos. Ya él pensaría luego como arreglar la situación con su comandante y el rey.
—Bien, príncipe, lo ayudare, pero a cambio quiero saber qué le dijo Draco.
—Estupendo. — Harry sonrió ampliamente. — Pero primero debemos llegar al castillo antes de que alguien se dé cuenta.
—Le recomiendo que pasé por el mercado y compré algunas cosas primero. Para disimular.
—Sí, excelente idea. Es mejor, iré a ver a Hermione.
Ah, la castaña, pensó Blaise. Esto será interesante.
XIV
Severus Snape se encontraba en su laboratorio, preparando más pociones curativas teniendo en cuenta que la tormenta había dejado varios heridos y enfermos, algunos por resfriados y otros habiendo sido golpeados por ramas caídas. Estúpidos, pensó Snape.
Hacía días Severus Snape había recibido la visita del príncipe, el mocoso había llegado haciendo preguntas impertinentes y por razones que no mencionaría, después de eso su ahijado lo había llamado, y si eso no fuera poco la tormenta que había azotado desde hacía días había llenado su habitación con sirvientes resfriados por las lluvias e incluso en el pueblo requerían sus servicios porque el boticario residente se había enfermado también.
Severus no estaba de humor para tratar con las personas en ese momento, pero si quería mantener su trabajo en el palacio entonces debía ganárselo. Como si todo lo que había hecho hasta ese momento no fuera suficiente para ganarle su puesto, si tan sólo no le debiera a Lucius…
"Aun así te habrías quedado" susurró una vocecilla en su mente, lo que lo puso aún más furioso ya que sabía que esas palabras eran ciertas. Aún si no le debiera ningún favor a su amigo, se habría quedado, si no por Draco, por Harry.
Suspiró.
Lo mejor sería ponerse a trabajar, todavía tenía un par de remedios que preparar y su suministro de hierbas se estaba terminando. Decidió hacer un inventario de lo que necesitaba conseguir lo más pronto posible, antes de que se agotaran realmente todas las hierbas que necesitaría. La silla donde había estado sentado chirrió contra el suelo de piedra en cuanto la echó hacia atrás para levantarse. Se dirigió al almacén que contenía todos sus frascos de aceites y hierbas. La puerta de madera crujió un poco en cuanto la abrió, Severus se recordó aceitarla en otro momento, junto a ésta y sobre uno de los estantes se encontraba un pergamino y una pluma, había tachado un par de nombres, todos esos ingredientes a reemplazar con urgencia. Se dispuso a revisar cuáles estaban casi por terminarse ya.
Comenzó por su cordialero; el estante a su derecha, donde habían estado el pergamino y la pluma.
Cordialero (2)
Agua de la reina
Sal tártara
Xp. Preparado
Creta blanca
Agua de Lilia
Ojos de cangrejo
Cuerno de c.
Polvos de diarrhodon
Polvos de rosa
Sal prunela
Polvos de molleja de gallo
Polvos de víbora
Polvos de castor
Diacathalicon
Aceites
De lombrices.
De castor
De zorra, o vulpi
De almaciga
Rosado
De ajenjos
De 7 flores
De manzanilla
De adormideras
De almendras dulces
De almendras amargas
De espica
De ruda
De membrillo
Polvos o ungüentos
Ungüento rosado
Ungüento de marciaton
Jubera
Athea
Osorio
Manzanas
Arthanita
Nervino
Agripa
Maca. de asar
Pulpa de cañastófila
Sumo de rosas
Bálsamo negro
Aceite de asuferas
De yema de huevo
De alcaparras
De eneldo
Jarabes
Jarabes de amapola
De clavel
De culantrillo
De 5 raíces
De adormideras
De manzanas
De coral
Miel rosada
De corteza de naranja
Miel virgen
De rosado de omphan
Balzamo de calabaza
Agua de toronjil
De grama de varietaria
Yerbas
Gordolobo
Manzanilla
Adormides
Salvia real
Rosa
Ajenjos o estafiate
Pimpinela
Tila
Cantueso
Violetas
Parietaria
F. de sauco
Culantrillo
Capitaneja
Raíz de peonia
Raíz de Chicoria
Aguas
De hinojo
De manzanilla
De rosada
De lanten
De todas cidras
De sauco
De borraja
De amapola
De pimpinela
De chicoria
Otros
Chochos
Agallas
Eneldo
Alholvas
Linaza
Orozuz
Calaguala
Purgas
Escorzonera
Polvo de sándalo
De incienso
De almaciga
Cantaridas
Rasuras. De marfil
Rasuras de c. de c.
Todos los nombres tachados eran los elementos que debía conseguir y ya escaseaban en su botica y/o estaban por hacerlo, unos serían más sencillos que los otros por obvias razones. Para algunos debía reunir los ingredientes y prepararlos él mismo, también necesitaba abastecer su almacén privado, se le había terminado la piel de Boomslang, los huevos de Runnerspor, la belladona, los bezoares, el polvo de cuerno de bicorn, raíces valerianas y el veneno de doxy. Además, también necesitaba más sangre de dragón, afortunadamente para Severus ese último no sería muy difícil de obtener, probablemente.
Aunque, antes de ello primero debía terminar esas pociones para el resfriado pues ninguna se prepararía sola. A veces, Severus creía, un poco de magia no dañaría a nadie.
Lo mejor sería salir y conseguir esos ingredientes, y como Sproud se vanagloriaba de tener el mejor invernadero en toda Inglaterra primero buscaría allí. Lo único que lamentaba Severus era tener que cruzar todo el castillo para llegar a ellos.
XV
—"[…] No puede el muerto ya vestir su carne,
ni comer lo dulce ni lamentar lo amargo,
ni mover la mano ni llenar su corazón
con la marea del pensamiento,
y aunque llene su tumba con oro,
sus hermanos, sus cuerpos
enterrados en el subsuelo del recuerdo,
serán su tesoro improbable." — (3)
Para Hermione quien solía leer en voz alta cuando se hallaba sola en la librería de sus padres y quien por lo general no era una persona de poesía, ella más bien prefería novelas, cuentos, e incluso había leído algunos (muchos) libros medicinales, de herbolaria, sobre etimologías, e incluso manuales. Sin embargo, su gusto culposo era un único poema, no sabía quién lo había escrito o quien lo había dado como regalo a su librería, pero era por demás su favorito.
El poema en si hablaba sobre la vida de un viejo marinero, quien reflexiona sobre la misma y describe las desoladas penurias de vivir en altamar mientras la compara con la vida en tierra firme donde los hombres disfrutan rodeados de compañerismo y provisiones, sin embargo hay un cambio de tono en el mismo poema cuando el viejo habla sobre un anhelo hacia el mar y el tiempo pasa a través de las estaciones luego el narrador vuelva a cambiar no de tono sino de tema y mientras el mar ya es mencionado explícitamente, el narrador habla sobre seguir un camino incondicional hacia el cielo. Afirma que la "felicidad terrenal no perdurara", y que los hombres deben oponerse al "diablo con hazañas heroicas", que las riquezas no pueden ser llevadas a la otra vida ni el alma beneficiarse con ellas después de la muerte.
A Hermione le gusta no por la obvia alusión a la muerte y lo que viene o no después, le gusta la candencia del poema, le gusta ver en su mente lo que el narrador quería que se viera al leer su escrito. Es bonito. Es nostálgico y cálido al mismo tiempo, como un recuerdo de su niñez.
La castaña se sumergió en sus pensamientos por un tiempo; su mente inundada de recuerdos.
Varios minutos transcurrieron de tal forma, sin nadie para contarlos y mientras Hermione meditaba la campañilla de la tienda sonó, anunciando la entrada de un posible cliente. Hermione saltó asustada.
La persona que había entrado era una mujer, muy cercana a la misma edad de la morena, caucásica y con el cabello rubio largo que se ondulaba desde la mitad de la espalda y hasta las puntas y con unos ojos de un azul muy raro. Llevaba un vestido hasta los tobillos de un extravagante amarillo y sobre sus hombros una capa de un verde bosque; Hermione la reconoció de inmediato.
—¡Luna! ¿Qué haces aquí? — soltó una sorprendida Hermione.
—Hola Hermione, me alegra mucho verte a ti también— respondió la recién llegada con un tono soñador, haciendo que la castaña se ruboriza en el acto. —He venido a ver a Harry.
—Pero Luna, Harry no está aquí, debiste ir directamente al palacio, él seguramente no…—
—Harry vendrá aquí. Puedo esperarlo afuera si te incomodó, lamento haber interrumpido tus pensamientos antes, estoy segura eran muy bonitos— Luna sonrió cálidamente, como si pudiera ver lo que Hermione había estado viendo en su mente minutos antes.
—No Luna, no digas tonterías. Claro que puedes esperarlo aquí dentro, —comenzó a decir Hermione mientras salía de detrás del mostrados y se acercaba a la rubia. — Es solo que…ya es muy tarde como para que él decida venir.
—No te preocupes Hermione, todo saldrá bien. —Luna le dedicó otra sonrisa soñadora, sin embargo, por mucho que Hermione quería preguntar a qué se refería, también temía la respuesta que podría obtener.
Con Luna la mayoría de las conversaciones eran ambiguas y confusas, pero aun así Hermione le había llegado a tomar a cariño a la rubia. Harry había sido quien las presentó, un día había llegado con Luna a la librería. Hermione lo recuerda perfectamente aún.
Flashback
" —¡Hermione! Te has perdido el pastel. Toma te traje un poco, —había dicho Harry nada más cruzar la puerta, una chica rubia detrás de él. Y mientras ambos se acercaban, las presentó. — Hermione, ella es Luna, una amiga de la familia, ha venido a pasar unos días al palacio, ella vive lejos. ¡Y tiene 16 años!
Lo último lo había dicho con un poco de asombro mientras veía a la rubia, bueno, para Harry quien acaba de cumplir los 13 años era aún raro convivir con adolescentes cercanos a su edad y aunque no aparentaba sus años sino parecía mayor, a veces tenía lapsos como ese momento. Hermione, con sus 14 años también tenía esos lapsos a veces, por lo que entendía el asombro de Harry.
—Mucho gusto en conocerla señorita…—Harry a veces olvidaba también la etiqueta, o no le importaba en opinión de la morena, pero a él se le permitía, mientras a ella, una simple pueblerina no se le permitía ser tan informal frente a la nobleza y sus amigos cercanos. Y mientras Hermione se erguía de la apresurada reverencia y se acercaba a la rubia y le tendía la mano, dejo las palabras al aire para que la otra chica se presentara apropiadamente.
—Lovegood, pero dime Luna, Hermione. Ya somos amigas después de todo, — sonrió la rubia mientras tomaba la mano de la morena. Hermione no supo cómo responder a esa declaración por lo que se declinó por sonreír en respuesta.
Harry había elegido ese momento para alejarse de ellas y perderse entre los estantes de libros. Luna se inclinó hacia Hermione y le susurró al oído las palabras por las que la morena le agradecería los próximos seis años de su vida.
—Por cierto, yo puedo ayudarte con tu problema dental y debo decirte que al señor Wesley le sentó mal el pastel por lo que ahora tiene una relación íntima con el retrete. — la rubia se alejó sonriendo enigmáticamente.
—¿Cómo su..? — Hermione frunció su ceño.
—Es mi trabajo saberlo todo. No te preocupes, no se volverá a burlar. —
Y su amistad comenzó. "
—Hermione…— la voz de Luna la trajo nuevamente al presente.
—¿Qué? — la miró, pero la rubia miraba fuera de la tienda a los dos hombres que acababan de desmontar de sus caballos y cruzaban la puerta de la librería.
Hermione no podría confundir por ningún motivo el alborotado cabello de su mejor amigo y por supuesto que conocía también al hombre junto a él, pero ¿quién era? Aun se preguntaba por ese hombre que había entrado en su tienda exigiendo el paradero de su amigo.
Ahora Harry le debía algunas explicaciones.
XVI
Blaise y Harry llegaron a la librería de los padres de Hermione, desmontaron los caballos y entraron a la pequeña tienda.
—¡Hermione! — soltó con urgencia Harry, notando inmediatamente a su amiga rubia — ¡Luna! No esperaba verte aquí, pero es una agradable sorpresa y de hecho, es excelente que estés aquí, hay algunas cosas que quiero preguntar y…—
—Me ibas a necesitar por lo que vine. Y sé lo que vas a preguntar…— dijo calmadamente Luna, se volvió a Hermione. —¿Podríamos tener privacidad, por favor?
La aludida, quien había estado mirando al acompañante de Harry y se ruborizó un poco al respecto, miro a Luna mientras asentía.
—Cerraré la librería. Mientras ustedes pueden ir arriba y ponerse cómodos. —
—Gracias Hermione — respondió Luna.
—Oh, cierto, Luna, Hermione, éste es Blaise Zabini, es un guardia real — dijo Harry haciendo ademanes hacia el mencionado, quien se dedicó a alzar una ceja cuestionando las habilidades introductorias del príncipe para luego hacer una reverencia hacia las mujeres en la habitación.
Luego de esa presentación un poco extraña, Luna se dirigió detrás del mostrador donde había una puerta, con Harry y Zabini siguiéndola de cerca. Por otro lado, Hermione colocaba el letrero de cerrado en la puerta principal y apagaba las luces, esperando que nadie notara extrañamente los dos caballos que se encontraban justo afuera; cuando había arreglado todo siguió a sus amigos a la parte de arriba. La puerta por donde antes habían pasado llevaba hacia una estrecha escalera, la cual ascendía hasta llegar a un pasillo, a la derecha de este una luz sobresalía de otra puerta, escondiendo dentro una pequeña sala.
Al entrar, Hermione notó a Luna vertiendo té en cuatro tazas idénticas mientras Harry y Zabini se habían acomodado en sillones idénticos pero opuestos entre sí.
—Harry, ¿no crees que sea un poco sospechoso dejar a Hedwig justo fuera de la tienda? — mencionó la castaña mientras tomaba asiento el lado del mencionado y aceptaba la taza que Luna le ofrecía.
—Tranquila Mione, no es raro ver a Hedwig cerca de aquí...—
—Lo sé, pero, no a estas horas. —
—Si alguien llegara a preguntar, podría decir que es mía— solucionó Luna mientras se sentaba al lado de Zabini
—Hmp…—tarareo en acuerdo Harry mientras sorbia de su propia taza.
Los cuatro se sumieron en un silencio un poco incomodo mientras bebían de las tazas, aunque relajándose con cada segundo que pasaba. El primero en romper el silencio fue Zabini.
—Muy bien, Potter, dinos qué te dijo Draco — dijo mientras colocaba su taza de té en la mesita frente a él.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Quién es Draco, Harry? — preguntó confundida Hermione.
Harry suspiró y bajo su taza también.
—Mione, no sé cómo explicarlo…— dijo mientras se giraba a ver a la castaña, los orbes marrones gritaban confusión y había un poco de dolor también, ¿se sentía traicionada? Pero Harry no había tenido tiempo para contarle nada, todo estaba ocurriendo tan rápido.
—Creo que sería bueno si empezaras desde que encontraste en castillo, Harry — respondió Luna.
—Sí, quizá. —
Y Harry les contó todo, desde cómo encontró el castillo, hasta el matrimonio que sus padres habían arreglado. Mencionó la segunda visita al castillo, al dragón que ahora era un chico y lo que posteriormente éste le dijo.
Aunque, con eso ultimo ocultó algunos detalles como que el rubio estaba seguro de que Harry era quien lo salvaría, solo dijo que había pedido su ayuda, algo que claramente ni Blaise ni Hermione se creyeron, pero internamente decidieron guardar silencio al respecto.
Al terminar la historia, tomo lo último del té en su taza y alzo la vista.
—Luna, antes que nada, necesito saber algo. ¿Es cierto? ¿es cierto todo lo que acabo de decir, lo que Malfoy dijo? Sobre la profecía, los tatuajes y sobre Slytherin…— Harry miró directamente a la rubia mientras hacía estas preguntas, sin siquiera parpadear. Necesitaba saber cuánta verdad había en esa historia. Luna sostuvo su mirada también sin parpadear mientras respondía con una única palabra.
—Sí. —
Harry soltó el aliento que había estado conteniendo. Se levantó y se dirigió hacia la única ventana que tenía la habitación, meditando.
—Blaise, creo que deberías salir y esperar afuera hasta que hallamos terminado aquí. — Soltó Harry mientras se giraba a ver al moreno
—No, —negó inmediatamente el moreno, mientras se cruzaba de brazos y enderezaba su postura. — Lo que sea que vayan a decir lo pueden decir frente a mí, tú eres el príncipe y Draco mi amigo así que obviamente me incumbe…—
—Lo sé, pero lo siguiente que haremos probablemente sea considerado traición a la corona. Y por eso, mientras menos sepas, menos culpa tienes. —
Las palabras, en cuanto fueron dichas provocaron un jadeo de Hermione, Luna como siempre probablemente ya sabía lo que diría por lo que su rostro no mostró sorpresa alguna, mientras que a Blaise lo dejo sin palabras. La primera en recuperarse y hablar fue Hermione.
—Harry, ¿qué estás pensando? Es tu propia familia a la que podrías traicionar…—
—Lo sé Mione, pero esto es más grande que ser el heredero de alguien poderoso, es de la vida de una persona de la que estamos hablando…—
—Entonces, ¿qué tienes en mente? —
Harry miró a Blaise nuevamente, esperando su decisión.
Blaise conectó su mirada con esos orbes esmeraldas cubiertos por cristales, debatiendo internamente qué hacer. Por un lado, estaba su lealtad al reino, por el otro, la lealtad a su mejor amigo, el que era casi su hermano.
Y decidió.
Se acomodó mejor en el sillón y miró expectante al pelinegro.
Con los lados tomados en esa pequeña sala se fraguó un plan.
XVII
Sus Majestades los Reyes
Godric Gryffindor y Helga Hufflepuff
Tienen el honor de invitar a
Lord Lucius Malfoy y su esposa Lady Narcissa Malfoy nee Black
A la cena y baile que se celebrara en el salón real de Palacio del Noble Reino Gryffindor el día 13 de octubre a las 19:00 horas en honor al compromiso matrimonial de su alteza real
El Príncipe Harry P. Gryffindor
con la
señorita Cho Chang nee Revenclaw
P.D: Favor de confirmar asistencia. Los invitados podrán permanecer la noche en el palacio de ser así su deseo y bajo los arreglos pertinentes.
—Entrega esta carta personalmente a Lord Malfoy y espera una respuesta sin importar cuanto tiempo lleve.
—Sí, su majestad — el sirviente hizo una reverencia, pero antes de irse una voz lo detuvo.
—Ah, ¿y Ron? Cuídate — susurró Harry con el ceño fruncido, el pelirrojo mencionado se giró y le dio una sonrisa.
—Todo estará bien, Harry— dijo para luego dejar la habitación.
"Ya no estoy tan seguro", pensó el pelinegro antes de dejar también la habitación silenciosamente.
Notas: ¡Muy bien! ¿Qué les ha parecido? Por favor tienen que decirme, quizá si es un poco OOC y lo siento pero conforme iba escribiendo así iba saliendo. Como había dicho arriba, en el primer capítulo dije que Draco Y Harry tienen la misma edad pero no, cuando escribí la parte de Luna me di cuenta que ellos dos, junto a Blaise deben ser mayores para que la historia concuerde en la linea temporal que tracé, por lo tanto Draco, Blaise, y Luna son tres años mayores, lo que hace que Harry tenga 17 mientras Draco 20. Lo siento, otra vez, son los margenes de error.
(*) Lo que comen es guiso de pechuga de pollo con verduras. No he probado las berenjenas en guiso, pero no se me apetecen mucho, sin embargo, los calabacines son mi debilidad. Así que los pensamientos de Harry en esa parte son míos también.
(2) El cordialero, en las antiguas boticarias era un estante ovalado en el que se almacenaban los más valiosos ingredientes, hierbas y polvos que el boticario poseía.
(3) Fragmento tomado de "El Navegante" (The Seafarer), traducción de Ezra Pound.
P.D: ¡Este ha sido el capitulo más largo que he escrito en toda mi vida! ¡8776 palabras! Quizá es poco para algunos pero en serio me ha costado a mi por lo que me siento orgullosa.
P.P.D: Debo decir que aún no estoy segura cuándo podré volver a actualizar, una disculpa de antemano. Pero como dije el el post anterior, si éste ha sido el capítulo más largo que he escrito, el siguiente será aún más largo, aunque no me va a llevar más de un año esta vez, eso lo prometo. Voy delegar cosas y escribiré siempre que pueda, incluso cuando parezca que no, pero voy a acabar éste fic.
Eso ha sido todo, gracias por leer y tengan un buen día.
