Intergalactic.

Meditación. Lily (y Edgar).

El agua no es cristalina, es azul eléctrico con corrientes de diferentes colores. Lily sentía estar sumergida en el universo. Pero lo necesitaba. Necesitaba estar sola, pensar, tranquila, en silencio.

Sola. Necesitaba estar sola otra vez. Tan sola como cuando estuvo lejos de su familia, lejos de todo, después de la muerte de Edgar. Edgar. Él no se merecía aquello.

-Lirio, ¿no bailas? -le preguntó el águila a su novia, durante aquella fiesta de graduación, que resultaba ser la de James.

-Uno, no me llames Lirio. Dos, no voy a bailar contigo con mis padres por ahí. Y tres, no deberías bailar en público. -le dijo divertida al ver su movimiento de cintura realmente patético.

-Sabes que no puedes resistirte a este culito… -le dijo él, muy cerca de sus labios. Lily se rió.

-¿Qué clase de Ravenclaw dice esas cosas?

-Solo yo, soy único. Merezco un baile con la chica más guapa de la fiesta, ¿no crees?

Lily sonrió tan solo al recuerdo de la risa sincera de Edgar. De cómo se divertía con su propia torpeza. Cómo la cogía de las manos y le cantaba desafinando. Se pasó las manos por su pelo, echándolo hacia atrás.

-Me siento infravalorada. -dijo ella, como una niña pequeña, cruzando los brazos. Edgar se rió, sentado a su lado en el suelo del aula vacía.- Tengo dieciséis años, sé lo que quiero Edgar.

-Me alegro.

-¿Tú no quieres?

-Claro que quiero, Lily.

-¿Entonces? Joder, estábamos a punto… -dijo ella, abrochando los botones de su blusa.

-¿Crees que es el momento perfecto para acostarnos? ¿En un aula, por un calentón?

-Sí. ¿Qué puede ser mejor que tú y yo? Ya está, es perfecto así. O lo era… -dijo Lily, bufando. Edgar se rió.- ¡Aun encima te ríes!

Él era así. Él era perfecto. Era impredecible, divertido y despreocupado. Nada le importaba. Era hijos de muggles y tan poderoso y bueno como el resto de su clase. Pero había algo en lo que empezaba de cero... Cotilleos mágicos.

- ¡Tu padre es Harry Potter! ¡Y no me dijiste nada hasta ahora! -se quejó Edgar, cuando visitó por primera vez Grimmauld Place y encontró la foto de Lily con su padre de pequeña.

-¿No lo sabías? -preguntó ella, indiferente y despreocupada, sentada en el sillón comiendo palomitas de maíz.

-¡No!

-Pues todo el mundo lo sabe en el colegio.

-Por eso tus hermanos se me hacían familiares. ¡Son iguales a él!

-No lo digas muy alto que te van a escuchar y no les gusta que se lo digan. A ninguno de los tres. -dijo Lily, señalando con la mirada las escaleras de su casa.

-¿Están en casa tu padre y tus hermanos?

-Y mamá también.

-Por Merlín, estoy en la casa de Harry Potter con él dentro. -dijo histérico, sentándose en el sillón tratando de relajarse. Lily se rió.

Y ahora ella sentía que no merecía nada de lo que tenía. Ella no se lo merecía. Él sí. Hace ya dos años que asesinaron a Edgar, delante de sus ojos, cuando estaba con él, un grupo de mortífagos. Ella fue salvada de milagro, pero él no obtuvo su milagro. Él ya era un milagro.

-¿Lily estás bien? -preguntó desde fuera del baño Frank. Lily miró la puerta nerviosa.- ¿Lily?

-Sí, estoy bien. Me estoy bañando. Un minuto. -le dijo ella, fingiendo tranquilidad. No había cerrado la puerta con llave, pero Frank no había entrado.

Se acababa de acostar con Frank Longbottom. Después de dos años, había estado con otro chico. Hombre en este caso. Frank tenía sus ya veinte años y ella también, ya no eran niños. Llevaban meses tonteando, pero ella se negaba a que fuera cierto. Pero sí, lo era, le gustaba Frank.

-¿Lily podemos hablar? Estoy preocupado. -le dijo él. Ella sonrió. Era un dulce.

-Estoy bien, Frank.

-Voy a entrar, eh. -dijo él. Lily ni intentó convencerlo de lo contrario. Frank entró y se sentó en la repisa de la bañera, mirándola.- Dime la verdad. Te conozco desde que naciste y yo solo tenía tres meses. ¿Es por Edgar?

-Algo así…

-¿Era la primera vez que te acuestas con alguien después de su muerte?

-Sí.

-¿Y no me dijiste nada?

-Frankie, no tienes nada que ver con todo esto. No es justo que estés preocupado. Se me pasará.

-Para empezar, no me llames Frankie. -le pidió él, haciéndola reír.- Y además, me preocupo si me da la gana. Lily, joder, llevo enamorado de ti años, ¿cómo no quieres qué…

-¿Años? -lo interrumpió ella.

-Sí. -contestó él tímidamente.

-¿Desde Hogwarts?

-Quinto curso, más o menos.

-¡Y tú tampoco me lo contaste, Frankie! -dijo ella, un poco más relajada y divertida. Frank al ver que se impulsaba en los bordes de la bañera, rápidamente cogió una toalla. Lily se levantó y al ver a Frank con la toalla, levantó los brazos para que la envolviera con ella.- Perdona, no quería preocuparte. -le dijo acariciándole la mejilla.

-Te perdono. -dijo él, sonriendo.- Pero me vas a dejar la toalla azul.


Es hora de pasar página Lily Luna...