Sex bomb.

Dulzura. Dorcas y Regulus.

Dorcas es prefecta de Hufflepuff. Claro que lo es, ¿quién iba a serlo sino? Ella misma creía que su casa estaba casi llena de inútiles. Pocos como ella se hacían valer.

Lo que más le gustaba de ser prefecta eran los baños de espuma que se podía dar. Los increíbles, calientes, espumosos baños que se daba una vez al mes. ¡Solo una vez al mes en la que quería estar sola, que nadie le hablara, ni la molestara, para poder darse un baño relajante!

Sin pensar en la guerra que empezaría pronto fuera de los muros de Hogwarts. Ni en la guerra que ya se vivía dentro de los muros de la escuela. Sin pensar en su alcohólica y drogadicta madre. Ni en el mal hijo de Merlín de su padre, que no solo había engañado y engatusado a su madre para acostarse con ella, sino que había desaparecido del mapa sin mencionarle el pequeñito detalle de que la magia existe y él era un mago. Sin pensar en sus amigos y sus problemas y líos de adolescentes. Ni siquiera quería pensar en sus dos mejores amigos, Marlene y Sirius, que insistían en negar que se liaban a escondidas.

Y tampoco quería pensar en él. ¿Cómo podría sentir algo que no fuera repulsión por un tipo como Regulus Black? Trataba como la mierda a su hermano, era seguidor del Señor Tenebroso, se dedicaba a torturar y maltratar a todos quienes sus sangres no fueran puras. Menos a ella. A ella la trataba bien. Y a Dorcas le gustaba que Regulus Black la tratara bien.

No se lo confesaría jamás a nadie, pero se había acostado con él. Sí, después de miles de miradas furtivas en una tarde de biblioteca, los dos desaparecieron juntos hacia un aula vacía. Él encantó la puerta para que nadie la pudiera abrir, ni los pudiera escuchar. Tiró su capa sobre el suelo frío. La besó y ella probó esos maravillosos labios que…

-Dorcas, concéntrate. -se interrumpió a si misma, agitando la cabeza. La bañera estaba ya llena y buscó en su mochila una bomba de baño, que Marlene le había regalado hacía unos días.

Para que la uses con quien quieras, Dor… Me da igual la casa a la que pertenezca el afortunado le dijo con una sonrisa pícara. ¡Claro, como ella tenía sexo con Sirius todo el mundo tenía que tener sexo con alguien! Egoísta e ingenua Marlene… Si ella se enterara que era su cuñado con quien Dorcas se había acostado hacía menos de una semana.

Dorcas volvió a agitar la cabeza. Nada de pensar en Regulus. Tiró aquella bola rosa en el agua y ésta empezó a burbujear en color rosa. Dorcas sonrió al reconocer el olor dulce y afrutado, antes de empezar a desnudarse.

Pero su cabeza volvió a Regulus cuando empezó a desabrocharse los botones de la camisa. Recordó como él con agilidad, destreza y lentitud se los había sacado. Como sus manos parecían expertas en su cuerpo, cuando la tocaban. Como su lengua arrasaba con toda cordura al pasar por su cuerpo. Y entonces, entonces también recordó el cotilleo que corría por los pasillos de Hogwarts. Regulus Black ya no era virgen. ¿Cómo que "ya no era"? Es que… cuando se acostó con ella… él… No, imposible. ¿Imposible?

En realidad, él tan solo tenía dieciséis años, sería creíble que fuera vir… No, ni de broma.

-¿Te echo una mano?

¡No podía ser! ¿Ahora también se imaginaba su voz? Dorcas dejó caer la falda al suelo cuando escuchó aquella voz. Se giró lentamente y en la puerta, cerrándola despacio, estaba Regulus. Dejó que la puerta se cerrara sola y metió las manos en los bolsillos del pantalón mirándola.

-¿Qué haces? Es el baño de prefectos. -le dijo Dorcas, seria, dura y señalando la salida.

-Lo sé, por eso he venido hasta aquí. -dijo él, sonriendo de lado y aflojando su corbata, para luego sacarla por la cabeza.

-Regulus, no estoy de broma. Quiero bañarme.

-Y yo también.

-Pero este no es tu baño. Mejor ve a… -dijo Dorcas. Pero la cercanía de Regulus, que ahora estaba a unos centímetros de ella quitándose la camisa, la distrajo. Involuntariamente, en serio, de manera involuntaria, su mano se dirigió hacia los abdominales del Slytherin. Regulus sonrió y Dorcas volvió a la realidad, apartando su mano y hablando casi en un susurro.- No puedes estar aquí.

-Si no quieres que esté aquí solo tienes que echarme. -le contestó él, de la misma manera.

Dorcas llevó las manos a la cara del Slytherin y lo besó. No lo besó con pasión, sino lentamente y dulcemente. Regulus posó las manos en su cintura y la piel expuesta por encima de las bragas de Dorcas notó el contacto de las manos ásperas del pequeño Black.

Regulus subió las manos, rozando la espalda de Dorcas y llegó a su sujetador, del que la liberó rápidamente. Dorcas, sin dejar de besarlo, desabrochó su pantalón y lo dejó caer al suelo. Mientras caminaban hacia la bañera, los dos pares de manos hicieron lo propio con sus últimas prendas: dejarlas en el suelo.

Bajaron los escalones, despacio, con cuidado, besándose y acariciándose. En cuanto estuvieron sumergidos, Regulus guió a Dorcas hasta la pared de la pila, donde la hizo apoyarse y gruñó cuando ella lo rodeó con las piernas por la cintura. Ella se rió mordiendo el labio inferior de su compañero. Él la movió con las manos en su cintura para introducir su pene en ella.

Dorcas gimió.

Durante unos minutos solo se escuchó el chapoteo del agua cuando Regulus hacía con sus embestidas que la espalda de Dorcas chocara contra la pared de la pila y los gemidos de ambos. Cuando Regulus notó que Dorcas estaba cerca, aceleró y bajó una mano para acariciar el punto sensible de la Hufflepuff.

-Reg… -suspiró ella, mientras terminaba. Él dio un par de embestidas más y apoyó la frente en el hombro de Dorcas jadeante. Esperaron un segundo a relajarse y recuperar el aliento, sin hablar. Poco a poco Dorcas desenredó las piernas y se separó unos milímetros de Regulus.- ¿Puedo hacerte una pregunta? -preguntó ella. Él asintió con la cabeza.- Corre el rumor de que la semana pasada eras… y esta ya no…

-Virgen. Sí, es cierto. -dijo él, con seguridad. Dorcas lo miró sorprendida.- No me mires así, alguna vez tiene que ser la primera, ¿no?

-Pero, ¿nunca…?

-Hice otras cosas… -dijo él con una sonrisa de lado. Dorcas rodó los ojos.

-A ver si lo entiendo… -dijo ella, frotándose los ojos.- ¿Sexo oral?

-Sí.

-¿Masturbación?

-También…

-Pero no…

-No. Debes sentirte afortunada en este momento.

-Uy, sí, afortunadísima. -dijo ella y de repente le dio un golpe en el brazo.- ¿Y no me dijiste nada?

-¡Tú tampoco preguntaste! -dijo él, frunciendo el ceño y frotándose el brazo.- Y al parecer tampoco notaste falta de experiencia…

-Regulus…

-¿Qué? A ver, Dorcas, yo tampoco te pregunté. Ni lo quiero saber. -se apresuró a decir. Dorcas se rió y suspiró. Los dos se quedaron en silencio, mirándose a los ojos. ¿Cómo podían desearse tanto y estar tan a gusto juntos, siendo tan diferentes?


Me costó decidir con quienes dos escribía algo así. Y me acordé de Regulus y Dorcas, a los que tenía un poco abandonados ;)