The Comforter.
Alegría y relajación. Harry y Ginny.
Lily había vuelto hacía ya veinticuatro horas. Y había revivido a toda su familia.
Al fin Harry había vuelto al Cuartel de Aurores, con una sonrisa en la cara. Sus dos hijos varones visitaron el despacho del jefe -su padre en este caso- sólo para saludarlo y abrazarlo. Ginny volvió a la redacción de El Profeta, de la que había estado ausente durante un año, dos meses y un día. Y echó a Rita Skeeter de su despacho, pues ya se lo había agenciado antes de tiempo.
Y Lily había sido visitada por amigos y familiares. Todos ellos lloraron de la alegría de volver a verla. Y en su segundo día en casa había decidido pasar la tarde con sus tres mejores amigas: Valerie, Alice y Miriam.
Harry, cuando llegó a su casa, la encontró en silencio.
-¿Ginny? ¿Lily? -preguntó por las dos mujeres que vivían con él.
-Me estoy dando un baño. -le gritó Ginny, desde el piso de arriba. Harry sonrió de lado y subió las escaleras de dos en dos. Asomó la cabeza por la puerta del baño que compartía con su mujer y la miró sonriente.
-¿La niña?
-Se ha ido con sus amigas. -dijo Ginny, bajo agua tibia y una capa de espuma rosa.
-¿Qué es eso? -le preguntó Harry señalando la espuma rosa en la que su mujer se bañaba.
-Una bomba de baño. Se la he robado a Skeeter. ¿Te puedes creer que la muy caradura se había agenciado mi despacho? La eché en cuanto llegué y no le dio tiempo a recoger esto… -dijo Ginny, sonriendo. Harry hizo lo mismo, entrando en el baño y cerrando la puerta tras él. Se sentó en la repisa de la bañera y se acercó a la boca de su mujer.- Huele a frutas… -dijo ella, sonriendo y mirando los labios de Harry.
-Como tú. -le dijo él antes de darle un beso. Cuando dejaron de besarse no se separaron ni dos centímetros, con los ojos cerrados, sonriendo y disfrutando del olor, chocaron dulcemente sus narices.
-¿No quieres hacerme compañía?
¡Dos segundos! Dos segundos le llevó a Harry desnudarse y meterse en la bañera con su mujer. Delante de ella, entre sus piernas y tirando de sus tobillos para hacer el contacto inevitable. Ginny se rió, buscando bajo el agua el miembro de su marido para acariciarlo. Harry le mordió levemente el hombro a Ginny y gruñó.
-A ti también te echaba un poco de menos… -le susurró Ginny, mientras dejaba besos en su mejilla.
-Y yo a ti.
-Así, feliz, alegre… El mismo Harry Potter con el que me casé.
Cuando ya Harry estaba a punto de decirle a su mujer que estaba listo para unirse a ella. Alguien los interrumpió. ¿De verdad pensaban que teniendo tres hijos iban a tener intimidad así de fácilmente?
-¡Ya estoy en casa! -gritó la extrañada pero ahora inconveniente voz de Lily. Sus dos padres bufaron.
-Si no le contestamos igual se marcha… -susurró Ginny.
-¿Papi, mami? -preguntó Lily subiendo las escaleras. Y ante el miedo de que la pequeña pelirroja los encontrara así fue Harry quien le contestó.
-Estamos bañándonos, cariño. Ahora salimos. -dijo desde el interior del baño. Ginny mientras tanto cogió su varita y cerró la puerta con llave.
-¡Qué asco! ¿¡Acabo de volver a casa y eso es lo que se os ocurre hacer!? -se quejó Lily desde el pasillo.- Por cierto, ¿nadie iba a contarme que Albus rompió con Valerie? ¿Vuestro hijo es idiota o que le pasa? Menos mal que ya van a volver, sino lo mato. -dijo ella, indignada desde el pasillo. Fue entonces cuando Ginny supo que no tendría oportunidad de seguir con su marido en la intimidad.
-Que ya salimos, Lily… -se quejó Ginny, levantándose y saliendo de la bañera. Se envolvió en la toalla y miró a Harry.
-Yo voy ahora… -dijo él. Ginny se rió y abrió la puerta para salir por ella y encontrarse a su hija.
-Mamá… -se quejó Lily.
-¡Cómo te echábamos de menos! -dijo Ginny, abrazando a Lily y caminando con ella hacia su habitación. Harry bufó en la bañera y se hundió en el agua.
¡Y aquí la última entrega! Hoy tocaba un poquito de Ginny y Harry.
Hasta la próxima ;*
