Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, estoy de vuelta, uno o dos días antes de lo que la actualización toca, pero a veces, me agrada complacerles, espero que el capítulo sea de su agrado aclaro desde ahora que lo que está en itálica es un sueño-recuerdo de Ginny; si les parece confuso, es perfecto y muy bueno, porque significa que mis esfuerzos porque fuera así, dieron resultados, ya, me retiro, no sin antes agradecerles por todo el apoyo brindado a ésta historia.

Por cierto; cualquier error, no duden en hacérmelo saber, lo arreglaré.


Éste capítulo está dedicado a:

FuneralColor.

¡Feliz cumpleaños! Espero que sigas cumpliendo más, y muchas gracias por el apoyo que le has dado a mi persona y a mi trabajo a lo largo de todos éstos años.


—Estás segura de que quieres dejar ésta conversación así –Ginny suspiró y recargó sus brazos en la mesa, acercándose a él lentamente.

—Sí, estoy segura, por si no te has dado cuenta, su nombre es Asher Weasley, significa que Ash es sólo mío y de nadie más, de igual forma, todo lo referente a él, me hago cargo yo.

—Sabes una cosa, eres una magnifica mujer –la mirada dura de Ginny se descompuso por completo –porque no te entiendo, eres testaruda, necia y te niegas a escuchar, no comprendo tu necesidad de alejarme de tu hijo, ya entendí que no soy el padre, que te revolcaste con otro a la semana de que nos dejamos, pero aun así, te pones como gata bocarriba cada que toco el tema de tu hijo.

—Tú no sabes nada, de lo que pasé por Ash –le sonrió –no tienes la menor idea del infierno que viví al segundo después de que salí de tu apartamento esa noche ¿bien? Tú seguiste –su respiración se agitó –yo no pude, siempre dijiste que de los dos, la más fuerte era yo, pues te equivocaste, me tomó un segundo, aceptar la alternativa más fácil para olvidarte, y ni así lo logré –se arregló el cabello y comenzó a guardar sus cosas –pero siempre se te ha dado bastante bien juzgar a las personas ¿no es así? Ahora, tienes que regresar a la productora, te esperaré abajo.

Avanzó, siguiéndole de cerca, odiaba escucharla decirle lo mal que la había pasado cuando terminaron algo que ni siquiera era formal, sólo eran amigos, él jamás se había atrevido a pedirle que fuese su novia, pensó que ella sabía que lo suyo era algo como amistad con ciertos privilegios, y que estaba bien para ella, no quería que se enamorara de él, ya bastante jodido era que él, se hubiese enamorado de ella como para ser correspondido.

Subió al elevador, bastante furioso, no podía creer nada de lo que había discutido, lo necia que seguía siendo como para no escucharlo decirle que el escritor favorito de su hijo era un maldito pedófilo obsesionado con los niños, y que para su desgracia, la gente lo invitaba a eventos donde podía ver a niños pequeños corriendo de un lado a otro como si el menú corriera, como si se tratasen de langostas, o cualquier otro animal que te dan a elegir para poder comerlo.

—Señor Malfoy, pensé que se había marchado.

—No, es sólo que olvidé algo y fui por ello antes de que se me olvidara, es todo –sonrió incómodo.

—El señor Moody está listo para verlo, es sólo que quiere que su asistente esté presente.

—Le hablaré y en cuanto venga, pasaré con él –le sonrió.

—Será estupendo –le apretó el brazo y se alejó, él le sonrió con disculpa, era atractiva pero él prefería tirarse del London Eye, antes de manchar su reputación saliendo con una simple secretaria.

—Ginevra –soltó enfadado en cuanto escuchó el murmullo al otro lado –te necesito acá arriba, y no por placer mío, te espero fuera del ascensor, así que sube –ordenó y colgó.

—Atorado aquí –se giró, le sonrió a Wood.

—Sí, necesito niñera, al parecer –se encogió de hombros.

—Las niñeras siempre arruinan las cosas –contestó –dímelo a mí –observó sobre su hombro al varón que tenía gafas de aviador y un audífono, ese tipo tenía seguridad que daba miedo, para ser un simple escritor.

—Son sensuales, si me permites opinar –sonrió.

—Sí, mi interés es más en lo que cuidan que en ellas –se encogió de hombros.

—Sí, puedo hacerme una idea sobre eso.

—Hablando de eso ¿cómo es que supiste que soy el escritor favorito de Asher?

—Platicamos un poco después de que te fuiste, te defendió bastante agresivo –la sonrisa se ensanchó en los labios de Oliver.

—Siempre es halagador que un pequeño seguidor, te defienda con esa pasión, me agradó, posiblemente lo invite a mi oficina.

—Tu oficina ¿es grande?

—Bueno, a decir verdad, está en mi mansión, depende de lo que él quiera ver primero –le dio una palmada en el hombro –nos veremos después, alguien me ha dicho que eres bastante popular, posiblemente pida que te escriban una canción y puedas aparecer en el soundtrack de la película –se despidió y subió al ascensor con una amplia sonrisa, digna de un ganador.

El sonido de las puertas abriéndose del otro ascensor lo hicieron salir de sus pensamientos, pero no podía hacer nada si Ginevra no le permitía decirle ni siquiera un poco sobre eso.

La junta fue un tanto estresante, así que tuvo que agradecer que al final; Ginevra hubiese sido una cabeza dura y se negara a irse en primer lugar desde que llegaron, fue ella quien arregló gran parte del contrato, se limitó a observarla, tan calmada, tan controlada, recordando todavía muchas de las cosas que él siempre pedía cuando se requería de que lo contrataran, sólo intervino un par de veces, y después se limitó a asentir.

—Siempre ha sido un placer trabajar contigo, Ginevra –sonrió Moody.

—Bueno, Alastor, lo mismo digo –le dedicó una amplia sonrisa.

—Dile a Potter que vuelva, he estado viendo la posibilidad de algunas adaptaciones a la pantalla grande donde su rostro se verá espectacular.

—Por el momento está bastante feliz, disfrutando de la libertad de las vacaciones.

—Lo sigo en Instagram –admitió el hombre –bastante feliz sería yo también, pero si le deja tranquilo, podríamos darle a su felicidad, un rol, a ver que tanto influye el escándalo de su nueva conquista en la taquilla.

—Hablaré con él por la noche –sonrió.

—Eso me encanta, dile que cuando vea la cifra de sus honorarios, será imposible que me diga que no.

—Yo le diré, Alastor –rió divertida.

—Bien, cuídate, que te vez exquisita.

—Gracias –le dio un apretón de manos y un besó rápido en la mejilla.

El rubio no dijo nada, se limitó a seguirla después de salir de la sala de juntas de Alastor Moody; casi había olvidado que ella solía moverse más en ésta clase de círculos que en los de la música, se veía tan segura y confiada, que le parecía mentira que la hubiese pasado tan mal.

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Le costó un poco abrir los ojos, había estado dormida, pero aun así, sentía que si los volvía a cerrar, se volvería a quedar dormida y posiblemente; jamás volvería a abrirlos.

«Papá, ayúdame, estoy sangrando».

Todo venía a su cabeza de un modo que la mareaba, una gama de colores intensa que danzaba sin cesar alrededor, envolviéndole en un intenso remolino, intentó dar un paso hacia adelante, sosteniéndose de la camilla, pero en un instante se llenó de gusanos, se alejó asqueada, los pies que habían estado firmes, patinaron en cuanto logró avanzar, su vista cayó de inmediato hacia el causante.

«Papá, ayúdame, estoy sangrando».

La garganta le ardió del grito que soltó, se sujetó a sí misma, cuando terminó sentada en el charco de sangre, no podía ser, no, eso no, todo menos eso.

La puerta se abrió lentamente, el chirrido le causó escalofríos, la mirada verde brilló intensa al verle, intentó huir, pero la sangre le impedía hacerlo.

«Ayúdame, estoy sangrando».

La risa masculina fue fría, como siempre, avanzó hasta ella, sujetándola de la cabellera roja, sus ojos verdes resbalaron por toda ella, antes de que sus labios se posaran sobre los de ella, de una manera violenta, sin importarle que se estuviese desangrando ahí, frente a él.

«Mi bebé, si no me ayudas, lo perderé».

«No sé de qué hablas, tú no estás embarazada, no más, y jamás lo volverás a estar».

El lugar perdió perspectiva, la camilla agusanada y el hombre se habían esfumado, al igual que la sangre y su vientre abultado, las lágrimas comenzaron a caer de nuevo, ella no pudo haber hecho eso, no pudo haberlo permitido ¿por qué lo hizo? ¿Por qué le hizo caso y lo asesinó? ¿Por qué? ¿Por qué? Era mentira, todo lo que ese hombre le dijo, era mentira.

«Tú no estás embarazada».

Las palabras resonaron en su mente, taladrando cada parte de su cerebro, de su ser, de su paz interna, desmoronándola por completo, ella había matado a su hijo ¿por qué?

«Papá, ayúdame, estoy sangrando».

«Papá, ayúdame, estoy sangrando».

«Papá, ayúdame, estoy sangrando».

«Tú no estás embarazada».

— ¡Ginevra!

La mujer abrió los ojos completamente asustada, su respiración era agitada, como hacía años no lo estaba, tragó saliva, el agarre fuerte en sus brazos se desvaneció, para sentir el calor en sus mejillas, le costó un poco de trabajo entender lo que estaba ocurriendo, su mirada se detuvo ante los ojos grises que le observaban preocupados, la acarició de nuevo, para tranquilizarla, su mandíbula estaba tensa.

—Estoy bien –musitó alejándolo de ella –estoy bien.

—Claro que lo estás –bramó enfadado alejándose a la fuerza de ella.

—Aunque utilices ese tono conmigo, lo estoy.

En algún momento se había quedado dormida en el trayecto al apartamento de Draco, y él había sido tan considerado como para llevarla hasta la cómoda cama de la habitación principal.

—Ten –le extendió un vaso con agua que ella rechazó.

—Me tengo que ir –soltó poniéndose de pie.

—Ya lo sé, también sé que no me dirás nada de lo que balbuceabas aterrada, pero tendrás que esperar un poco a que llegue Nott por ti.

— ¿Qué? ¿Theo?

— ¿Quién más si no? –Soltó enfadado –una pesadilla suena al paraíso comparado con lo que tú estabas experimentando, no pude despertarte, así que le hablé a él, después de todo, es a quien siempre recurres ¿no es así?

—Él es mi prometido, y no, para tu información, puedo arreglar sola mis problemas.

—Nadie está hablando de tus capacidades o tus habilidades, sólo estoy diciéndote que me preocupé ¿bien? Algo que no ocurre con frecuencia, así que agradécelo en vez de comportarte como una… ¡Agh! –gruñó enfurecido, saliendo de la habitación.

Fue hasta la puerta cuando sonó el timbre, el rubio lo empujó en cuanto giró el picaporte, la pelirroja ya había salido de la habitación, así que le fue fácil, la enrolló en sus brazos estrujándola contra él.

—Ginny –murmuró, con la preocupación brotando de él.

—Estoy bien, no te preocupes.

—Claro que me preocupo –soltó –dime ¿qué ocurrió?

—Sólo tuve una pesadilla, eso es todo.

—Claro, una pesadilla –bufó.

—Theo ¿dónde está Ash?

—En la escuela, cariño ¿por qué?

—Nada, iré por él.

—Ginny ¿segura que todo está bien? –ella tragó saliva.

—Sí, es sólo que… estoy inquieta, eso es todo.

—Gracias por avisarme –soltó Theo ofreciéndole la mano.

—No tienes nada que agradecer –sujetó la mano que el hombre le ofreció, sin quitar la vista de la pelirroja que no prestaba atención.

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La puerta de la oficina se abrió, dejando paso al hombre con lentes de aviador, se había quitado el audífono que normalmente adornaba su oreja, pasó cerrando la puerta a sus espaldas, despojándose de las gafas y sentándose frente al escritorio.

—Vienes a regañarme –soltó con una risita Oliver Wood.

—Oliver, sé que tus padres tienen una gran influencia y amistad con el Primer Ministro –el hombre se encogió de hombros –pero ya no eres un joven, eres un hombre de treinta años, ya es un poco extraño que metan las narices por ti.

—Soy su hijo, el único, para mi fortuna y su desgracia, tienen que responder por mí.

—Les costó una isla y un yate la última vez que te ayudaron con el que hubiese sido el mejor escándalo para acabar con tu carrera.

—Quiero a éste niño –aventó la foto para que el hombre lo observara.

—El niño de la galería –frunció el ceño y lo observó sin comprender.

—Sí, ese mismo ¿no te parece encantador? –La comisura derecha de su boca se elevó –es perfecto, artístico, encantador, todo lo que me gusta –se recargó en su asiento.

—Oliver –levantó la vista –no seguiremos buscándote niños, mejor consíguete una esposa y haz lo que se supone que tienes que hacer con una mujer, no con niños.

—No te será difícil éste –sonrió –me ha llegado la información de que soy su escritor favorito, así que ya sabes; lo quiero a él.

— ¿Y sí no? –frunció el ceño.

—No eres el único dispuesto a ganar tan bien como lo haces, y ya sabes, hay comisión por cada niño que traigas aquí.

—Oliver…

—Quiero a Asher Weasley sentado aquí –se golpeó su regazo –y si no eres tú quien lo traigas, será alguien más, eso es todo, Viktor, gracias.

—Sólo te recuerdo que ya has tenido tres incidentes que te relacionan con pornografía infantil y trata de blancas –avanzó hasta la puerta –y tus padres no siempre podrán salvarte el trasero.

—Por eso te contraté a ti, Viktor, nada mejor que un búlgaro para ser discreto con los secretos del jefe ¿o eran los rusos? –Rió divertido –no importa, una semana, es lo máximo que tienes para traerme a Asher Weasley ¿lo entiendes?

—Sí –musitó nada convencido.

Oliver Wood se estiró por la fotografía, no era tan reciente, porque el niño que había visto en la galería hacía unos días tenía el pelo casi por debajo de los hombros, y en la fotografía apenas lo tenía por debajo de las orejas, no importaba la altura de su cabello, sino el niño.

Suspiró y observó su computador, el documento seguía en blanco, tenía que comenzar con la segunda parte de su libro, y a decir verdad, no podía, estaba bloqueado, necesitaba inspiración, y no podía quitarse de la mente al pequeño Asher Weasley, esos ojos azules tan llenos de vida, su mente tan ágil y todo lo que él representaba, necesitaba que Viktor se apresurara a llevarlo con él, una semana había sido mucho tiempo de plazo.

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Draco siguió leyendo toda la información que había encontrado de Oliver Wood en Internet, pero todo con él parecía bastante bueno, no tenía ningún problema, ningún chisme como conducir ebrio en compañía de un menor, o de ofrecerle algo ilegal como sexo a un niño, pero aun así, no podía quitarse de la mente la forma en que ese tipo le alteraba, con su aparente tranquilidad y docilidad, si le preguntaban a él, esa clase de personas eran las peores, una apariencia sosegada no era sinónimo de una mente calmada, si bien lo sabía él.

—Hola, oye, tengo una pregunta ¿qué sabes del escritor infantil Oliver Wood?

—Oliver Wood –bostezó la mujer al otro lado de la línea.

—Sí, eso dije –gruñó.

—La verdad aparte de que es el más vendido en los cinco continentes, no tengo más información.

— ¿Aún tienes contactos en los bajos mundos de York?

—Draco ¿por qué te interesa tanto? ¿Te has vuelto homosexual porque Ginevra no cayó rendida a tus pies en cuanto te vio?

—Astoria, te estás ganando mi odio desmedido, habla ya, o consigue maldita información –colgó.

Buscó entre Internet, topándose con el perfil de Potter, la calma que veía en Ginevra ahora no iba de la mano con el escándalo que seguía respecto a Harry Potter, ahora había reportado que la seguía pasando bastante bien, la misma pelinegra salía en la más reciente foto, salvo que con un poco más de ropa y el cabello suelto, con un enorme broche rojo, de espaldas, viendo hacia el mar, mostrando que tenía unas piernas bastante atractivas, no sabía quién era, pero sin duda no estaba tan mal, sí él fuese Ginevra, y sintiese algo por ese idiota, sin duda también se sentiría de forma insegura; como él se sentía con Potter o Nott, se removió, él no podía ni debería sentirse inseguro, él era el mejor partidos de todos.

Por eso seguía solo.

Sacudió su cabeza para callar a su voz interna, no la había necesitado nunca, no necesitaba comenzar a escucharla ahora, claro que no; la única vez que le había hecho caso fue cuando le golpeó internamente, mientras veía bailar a Ginevra y le gritó Enamórate de ella, mírala, es fabulosa, todo lo que tú necesitas en tu vida. Y había terminado enamorado, y con todo jodido en el camino.

Siguió husmeando en las fotos, había bastante de él, en grabaciones de películas, en una de ellas estaba viendo a otro lado, y notó que en el fondo borroso, lo que veía era una bonita pelirroja que le sonreía a otro chico.

A Potter también le interesaba Ginevra, sí, por una imagen podía deducirlo, porque era Ginevra de quien se trataba; y la gente en los comentarios también, porque había de todo tipo, desde un "Miren como observa a Ginny" hasta un "Deberías dejar de verla y mejor casarte con ella". Maldito Potter.

Dejó de husmear en la vida de otros, como si no tuviese una vida propia, y comenzó a actualizar sus propias redes, hacía tiempo que no lo hacía, y era bueno mantener a las fans enteradas de lo que no les interesaba o simplemente, de algo que pudiesen malinterpretar, como siempre.

Las notificaciones no pararon, así que dejó todo en silencio en lo que se calmaba todo, no tenía muchas cosas que hacer, así que tomó una ducha, se vistió tan casual como podía y salió a dar una vuelta, perder el tiempo, distraerse, que lo vieran vagar por las calles, haciendo a los comunes especiales con su presencia.

Ni siquiera quiso usar su auto, fue por el subterráneo, porque… si iba a premiarlos con su presencia, lo haría bien, consiguió lo que quería, porque varias chicas, que no conocían nada de discreción, comenzaron a tomarles fotos, hasta que una se armó de valor, y si no hubiese sido pelirroja, aunque el rojo artificial se le notaba, posiblemente no hubiese sonreído tanto para la fotografía, que fue directa a Instagram, y como acto del día, incluso él le dio like, emocionando a las miles de seguidoras, hizo unos cuantos tweets, contestó otros, y fue toda la socialización que estaba dispuesto a hacer, así que dejó de lucirse.

Se quedó de pie en el puente de Westminster, la gente avanzó sin prestarle atención, mientras él se dedicó a observar el río, recordando de nuevo la primera cita que había tenido con Ginevra hacía años atrás, tal vez ella no la contaba como una, pero él claro que lo hacía.

Observó la pantalla de su celular, gruñó un poco pero al final, terminó contestando, porque en realidad le interesaba cualquier cosa que hubiese encontrado.

—Dime lo que encontraste.

—Bueno, mis contactos no tienen nada de Oliver Wood –contestó –pero me dijo que por unos tal vez… quince grandes, pudiese buscar un poco más abajo ¿sabes a lo que se refiere?

—A la mierda.

—Exacto –aceptó Astoria.

—Sí, quince no es nada –contestó girándose, dándole la espalda al río.

—Draco, si estás dispuesto a pagar quince mil dólares por información, dime ¿qué es lo que te interesa saber?

—Astoria, estoy en medio de un mar de gente ¿crees que voy a decirte? –Se burló –soy idiota, pero no tanto.

—Hay mucha clase de mierda ¿tengo que ser más específica?

—Quiero que lo investigues de toda la clase de mierda de que una persona pueda llenarse ¿comprendes? No importa si son quince, cincuenta o cien, quiero la información y… procura gastar el dinero de mi padre para esto –colgó.

Suspiró, no tendría que estar tan preocupado, no le importaba tanto el mocoso, ni siquiera lo conocía, le preocupaba ella, Ginevra, y más desde que la había visto así, tan desesperada gimoteando por su hijo mientras dormía, las pesadillas tendría que tenerlas él, no ella, él que pidió que se deshiciera del hijo que él no deseaba.

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Ginny se giró enfadada para enfrentarse a la mirada inquisidora de su prometido, no podía escapar a esa discusión, lo sabía, pero no es como si quisiera tenerla, siempre era lo mismo, siempre peleaban tras sus ya no creíbles todo está bien, y es que las personas normales no tenían pesadillas así, que le atormentaban a ese grado, y a pesar de que Theo, sabía de primera mano en qué clase de mierda estaba metida, no quería contarle todo lo que había pasado y que él no sabía, se abrazó a sí misma un segundo, para después refugiarse en sus brazos para llorar desconsolada, contra el pecho de la única persona que había estado ahí, creído en ella y ayudado a superar gran parte de la podredumbre que tenía en su ser.

—No vas a decir que todo está bien si te pones a llorar así –acarició su espalda para poder besar su coronilla.

—Lo siento, lo siento, en serio.

—Cariño, todo estará bien, saliste de esa vida, eres una mujer fuerte, no volverás a recaer, lo sé, confío en ti.

—Pase lo que pase, prométeme que no vas a dejar a Ash –lo sujetó de las solapas del caro traje, arrugándolo al formar unos puños.

—Ginny, jamás voy a dejarlos a los dos, no tienes que preocuparte por eso.

—Por el momento sólo júrame que no lo dejarás solo, que seguirás siendo para él su confidente, su amigo… su padre.

—Te lo juro –acarició su mejilla, otorgándole una sonrisa suave y tranquilizadora.

—Te amo –escondió el rostro en su pecho una vez más.

La mochila de Asher Weasley se estrelló en la espalda de Theodore Nott, asustando a la pareja, se giraron para observar al furioso niño rubio, que veía con rabia al mayor.

—Asher –lo reprendió Ginevra.

—No voy a permitir que hagas llorar a mi madre ¿estamos claros en eso? –gruñó.

—No ha sido su culpa, Asher Weasley –informó Ginevra.

—No, no te preocupes, Ginny –le sonrió –estamos claros, Asher, no haré llorar a tu mamá jamás –miró hacia un lado, y sonrió.

—Esa mirada no me agradó.

—Es sólo que a veces las mujeres lloran de felicidad, ese tipo de llantos, no prometo no provocarlos.

—Siempre y cuando sean de felicidad –aceptó –pero si la lastimas, yo te lastimaré a ti.

—Ash –pidió la pelirroja.

—Tengo hambre –informó el niño.

—Vayamos a comer, yo invito –sonrió Theo.

—Camden ¿cierto? –los dos sonrieron en complicidad para después observar a la pelirroja de forma cortés.

—No lo sé, posiblemente –contestó Theo.

—Sí, ya me estoy aburriendo de siempre ir al mismo lugar –la mueca de sorpresa de Theo hizo que Asher riera –sólo bromeó –vayamos a Camden –rió.

Sarah los saludó en cuanto cruzaron la puerta, Asher corrió a sentarse junto a la rockola, ahora que su madre no había prohibido ese lugar para ellos, aunque quisiera regañarlo, y decirle que buscara otro lugar, no pudo, quería complacerlo en todo, después de ese sueño, de cuando había sido lo suficientemente estúpida para abortar a su hijo, después de que hubiese sido estúpida creyendo que ese legrado había terminado con sus posibilidades de tener más hijos, y después Asher.

—Mamá ¿todo está bien contigo? –Ella sonrió y asintió – ¿entonces porque no estás gritando de que elegí junto a la rockola?

—Un día que te complazco y no agradeces –río.

—Estás rara ¿vas a decirme que es? –frunció el ceño el pequeño rubio.

—Tuve un mal día, que quiero compensarlo teniendo una buena tarde ¿tiene de malo algo?

—No, me encanta sentarme junto a la rockola –sonrió.

—Aprovéchalo, porque sabes que no es siempre.

—Mi cumpleaños, fechas especiales.

—Así es.

—Por cierto, necesito que firmes esto –sacó algo de su mochila –es una autorización.

—Autorización ¿para qué o por qué? –frunció el ceño.

—Vamos a tener un curso, los primeros lugares –sonrió –podremos hacer las ilustraciones para un libro infantil, de cuentos –contestó.

— ¿Por parte de quién o qué? –cuestionó Theo ganándose una mirada severa de Ginevra.

—No recuerdo la editorial, pero el papel me lo dejó la directora –se encogió de hombros.

—Lo firmo en la casa –lo devolvió.

—Sin leerlo –la reprendió Theo.

—Theo, tengo dolor de cabeza, aun no lo firmo ¿te deja tranquilo eso?

—Vas a leerlo antes de firmarlo –sugirió el rubio dándole una papa.

—Sí, sí.

—Pero pronto, porque tengo que llevarlo mañana –contestó con una sonrisa amplia.

—Sí, sí, Asher, si no se me olvida, lo leeré, y después decido si lo firmo o no.

—Pero lo firmarás, es una oportunidad única que un niño de nueve años haga las ilustraciones para un libro infantil ¿cierto, Theo? –sonrió.

—Sí, pero me encantaría que investigaras el nombre de la editorial.

Cenaron tranquilamente, Ginny sin intervenir demasiado en la charla de los varones, no estaba de humor, sólo quería llegar, ayudar a Ash con sus deberes de la escuela, y olvidarse de todo por el resto de la tarde.

Asher le puso el papel en la mesa a su madre con una sonrisa, sujetó la pluma de color azul y estampó su firma sin detenerse un minuto a leerla como se lo había prometido a Theo, Asher chilló feliz y quitó el papel guardándolo entre sus cosas para no perderlo, continúo haciendo sus deberes de matemáticas, ante la mirada cansada de su madre.