Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Para ser honesta pensé que no volveríamos a leernos pronto, porque la verdad he estado un poco atrasada con todos los fics que tengo en proceso, y aunque mi mente cedió un poco y la musa volvió, sólo he estado actualizando uno, espero no tardar mucho, espero que les siga agradando la historia, nos leeremos pronto, espero.
Por cierto; cualquier error, no duden en hacérmelo saber, lo arreglaré.
Memoria 01029.
Abrió los ojos de golpe en cuanto el llanto llegó a sus oídos, se levantó completamente aterrada y se escondió en el primer sitio en el que su cuerpo entró, sus manos temblaban, un segundo después sus piernas también, se cubrió los oídos para acallar el llanto insoportable de ese bebé.
—Ginny, cariño, el bebé está llorando –soltó su madre entrando a su habitación, cargó al niño y comenzó a mecerlo.
La suave voz de su madre que había comenzado a cantar la misma canción de cuna que le había cantado a todos sus hijos la tranquilizó a ella también, bajó lentamente las manos y observó la dulce escena, sonrío imaginando a su madre años atrás, meciendo a su primer hijo, de esa misma forma, con esa mirada llena de cariño.
—Tienes que alzarlo –le sonrió cuando el pequeño dejó de llorar, la chica negó aterrorizada –es tú hijo –las palabras de su madre resonaron en su cabeza, golpeando con cada muro que ella misma había creado.
¿Había podido lograr odiar a ese niño en todo ese tiempo?
No.
Sus brazos hormigueaban deseosos por sostenerlo contra ella, arrullarlo, cantarle suavemente hasta que se durmiera y prometerle muchas cosas, jurarle que pasara lo que pasara, nada ni nadie podría lastimarlo, ni arrancarlo de sus brazos.
Pero no se movió; una larga lucha por sacar a ese niño de la clase de vida que ella había estado llevando, una pelea sangrienta «por decirlo de alguna manera» por librarlo de vivir en un infierno, y había desbocado en un sencillo diagnóstico.
«Depresión pos parto»
Esa era la justificación que su padre le había dado a su esposa para justificar que su hija, no quisiera acercarse a su propio hijo; un pequeño bebé de escasos días de nacido.
No quería sostenerlo; la razón posiblemente ante los ojos de extraños sería una estupidez; pero no quería contaminarlo con todo lo que ella era, posiblemente tendría que dejarlo con sus padres, buscar un empleo y mandarles una cantidad de dinero para que cuidarán del niño... Hasta que éste fuera grande y pudiese mantenerse solo; mejor una madre ausente, una que él creyera que no lo quería lo suficiente.
«No puedes dejar que los encuentre»
Suspiró, había hecho una promesa, y tendría que cumplirla, después de todo, algo de la forma en que sus padres la habían criado aún seguía pegada a ella como su espina dorsal, que las promesas se cumplen.
—&—
Ginny despertó completamente adolorida, lo último que recordaba era a su madre alimentando al bebé, mientras lo arrullaba; era una pequeña bendición que sólo lloraba cuando algo realmente iba mal, había dicho Molly antes de que ella perdiera la noción de todo.
Levantó la vista lentamente cuando sintió una pequeña vibración en la mano, el pequeño mocoso estaba despierto, pataleando en su pequeña silla mecedora, tenía las manos en la boca, llenándolas completamente de baba, la mujer arrugó el cejo asqueada, baba era baba, así fuera de bebé.
—No –musitó suavemente y alejó las manos del benéfico de su boca –eres casi recién nacido, no creo que quieras ganarte tu primer regaño tan pronto ¿o sí? Dime ¿quieres ganarte tu primera reprimenda con tan pocos días de nacido?
La diminuta persona frente a ella sonrió encantada, pataleando y manoteando completamente feliz, como si hubiese una razón para serlo, pensó ella; se llevó una mano al rostro, recargándose con el codo en la mesa y no apartó su mirada chocolate en esos ojos llenos de emoción por la vida que pertenecían a una pequeña máquina de popó y baba.
—Mierda –sentenció.
Ese pequeño bodoque había logrado crear una pequeña barrera, el primer ladrillo en su nueva vida, haría todo lo que estuviera en sus manos para mantenerse a salvo.
—Sólo nos tenemos el uno al otro ¿sabes? –Sujetó la mano diminuta completamente babeada y no le importó –sólo somos tú y yo, contra el mundo, pequeño Asher –sonrío cuando el niñito río encantado –no tienes de qué preocuparte, tu padre no va a encontrarte –aseguró –te juro que no dejaré que te lleve lejos; tú eres sólo mío.
Acarició la suave piel del bebé, y comenzó a cantarle. —Fear is like a tree That grows inside of me silently And you could be my blood And be a part of me secretly I've lost a war, I've lost a fight, I've killed a man, Wasted a life –cantó en un tono bajo para él, mientras éste le sujetaba el dedo índice de su mano derecha y lo sacudía con fuerza y un entusiasmo voraz.
—Un hijo siempre necesita a su madre –soltó la señora Weasley –supongo que decidiste cómo llamarlo, no le diremos bebé todo el tiempo ¿o sí? –sonrío la mujer regordeta.
—Asher –contestó –su nombre es Asher.
—Va con él –la sujetó del hombro –enciende el monitor y ven a desayunar, no le pasará nada al pequeño Ash.
—No quiero dejarlo solo nunca.
—Yo decía lo mismo cuando nació Bill, o cuando nacieron cada uno de ustedes, pero en cuanto llegaron a los tres años, quería regalarlos con el primer matrimonio que pasara frente a mí.
Las dos mujeres sonrieron, su madre estaba siendo amable, nada de lo que había sido cuando se enteró que estaba embarazada, la había corrido de la casa, ese había sido un paso más cerca del infierno.
—&—
Ginevra se observó a sí misma en la reluciente entrada de vidrios, su aspecto era completamente como lo que era, una chica saliendo de una noche de un intenso viaje por un pase maravilloso, sus ojos estaban rojos, tal parecía que había decidido usar sombras de ese color para parecer enferma, su cabello estaba alborotado, sus jeans le quedaban flojos y esa playera unisex blanca, que quedaba un tanto grande ahora que no había un feto de nueve meses para rellenar el espacio vacío.
Hubiese deseado usar algo más decente, pero no tenía nada que ponerse, nada decente al menos, había recurrido a una de sus antiguas amigas, para que le prestara algo de ropa para buscar un empleo, Parvatisolo la había observado de arriba a abajo, y viceversa, detenido su mirada en Asher que dormía tranquilo en sus brazos, para hacer una mueca de asco, sus palabras volvieron a golpearla.
«Por mí puedes morirte de hambre, tú y tu hijo»
Se giró cuando un grupo de hombres con trajes impecables, se acercaban hacia los hombres de trajes caros que estaban a sus espaldas, si iban a verla, al menos que no le vieran la cara, parecía una limosnera, no es que tuviese nada de malo, pero juraría que se burlarían de ella y la echarían cuando dijera «vengo por la vacante que anunciaron en el periódico»
Se acercó hasta la recepción, le sonrió a la mujer que le regresó la sonrisa, ni siquiera pareció juzgar su aspecto, así que se sintió un poco más confiada, hasta que descubrió que la sonrisa no era para ella, sino para la persona detrás de ella.
—Buenos días, señor Nott –soltó la mujer.
—Como sea –cortó el hombre; colocándose junto a Ginny –mi hijo se supone que tendría que estar aquí a esta hora pero...
—Lo sé, llegó antes, pero le pidieron que cubriera a alguien en la grabación de hoy, señor Nott.
—Si no está aquí por asuntos de trabajo está bien, y retira el anuncio, ya hemos encontrado a una persona.
—Llamaré ahora mismo.
—Y... Pide a seguridad que sea un poco más estricto.
La mujer asintió, levantó el teléfono y se giró, sin prestarle atención, Ginevra frunció el ceño completamente enfadada, avanzó a grandes zancadas hasta la puerta, sin prestar más atención a su vestimenta, a su persona, a nada.
Se buscó en los pantalones desesperada, apretó el par de aretes que había guardado con tanta añoranza, se los había regalado él, y juraba por su vida que no quería deshacerse de ellos, pero su padre había estado molestándola, diciendo que no la mantendría a ella ni a su hijo, que tenía que llevar las cosas pertinentes.
Abrió la mano para observarlos por última vez; era lo último que le quedaba de Draco Malfoy, después de eso, nada.
Una multitud la golpeó, haciendo que los pendientes saltaran de su mano, sintió un escalofrío recorrerla, sus rodillas chocaron fuertemente contra el asfalto en busca de su única salida para conseguir un poco de desahogo económico.
Desesperada buscó entre pies extraños, hasta que se topó con alguien, haciendo exactamente lo mismo, rebuscando algo, hubiese golpeado y peleado de tratarse de un vagabundo, pero dudaba que un vagabundo usara un costoso traje azul marino y mancuernillas de lo que parecían dos trozos de diamante de un quilate excesivo.
— ¿Puedo saber qué es lo que hace? –soltó gateando hasta él.
—Ayudándote a buscar lo que perdiste, porque creo que necesitas ayuda.
Ginny se quedó quieta, observando al chico de cabellos rubios e intensos ojos azules; sus labios se separaron para dar paso a una amplia y amigable sonrisa, la más sincera que había visto en mucho tiempo, se había acostumbrado a que los hombres esperarán retribuciones por parte de ella a los favores que le hacían, a las sonrisas perversas y las miradas lascivas.
¿Es que ese hombre era de un planeta extraño?
Posiblemente era otra clase, de otra especie que se había quedado varado en el planeta tierra, la risa divertida y tranquila la volvieron a la realidad, no había quitado esa sonrisa, ni su mirada había perdido ese brillo amistoso y divertido, levantó la mano, se la limpio en el pantalón y después la extendió hacia ella.
—Theo –soltó –me puedes llamar Theo.
—Ah –frunció el ceño confundida –yo...
—En realidad es Theodore, pero creo que suena un poco formal para la situación –volvió a reír.
—En realidad eres como un príncipe encantador –soltó ella, haciendo que el hiciera un movimiento de cabeza.
—Eso te haría la princesa en peligro ¿no? –Ginny se sorprendió de su comentario –bien, princesa misteriosa ¿qué es lo que buscamos?
—Pendientes, un par de pendientes.
—Bien –aceptó.
La mirada de Ginny estaba en la palma de la mano del chico; un pendiente maltrecho, sin la pequeña piedra que era lo que le daba un valor extra, el otro había desaparecido de la faz de la tierra, suspiró abatida, tomó el arete y lo apretó.
—Siempre lo arruinas.
—Ese es un golpe bajo, sólo intente ayudar –contestó Theo.
—No lo digo por ti –sonrío apenada –lo siento, ya arruiné tu traje y quite tu tiempo...
—Eh, eh ¿qué es lo que haces? –la sujetó de las manos cuando ella se inclinó a sacudir la tela en las rodillas del varón.
—Sacudirte un poco...
—No es necesario, en serio, ha sido divertido ayudarte, además, tu cara segundos antes de comenzar a buscar fue clara, en que necesitabas ayuda, así que lo hice.
—Pues muchas gracias.
—No tienes nada que agradecer, en serio.
—Eres demasiado perfecto para ser real –sonrío divertida la pelirroja, logrando que el rubio delante de ella negara, extendiendo su mano.
—Pellízcame, vamos, para que te convenzas de que soy real.
Ella negó, y retrocedió un paso, sacando su móvil, la pantalla mostraba que su padre la estaba llamando, así que se disculpó con un gesto y se alejó del atractivo rubio.
—Tu madre no es tu niñera ¿lo sabes? A menos que pienses pagarle un sueldo, puedes delegar tus obligaciones.
—Estoy buscando trabajo, papá –musitó.
—Ya te lo dije, tú madre no es tu niñera, más te vale conseguir un empleo pronto, porque esta casa es muy pequeña para que tú y tu hijo sigan aquí, más sino aportan.
—Entendido.
—Necesitas traer dinero a esta casa hoy –colgó.
Ginny suspiró, observó su celular un momento y suspiró; no le quedaba de otra más que conseguir el dinero fuera como fuera.
—&—
— ¿Hasta qué hora llegaste? –bramó su padre.
—Arthur –pidió Molly.
—Ni siquiera contesta el maldito teléfono.
—Debí olvidarlo en alguna de mis entrevistas...
—Por tu apariencia, supongo que no conseguiste nada.
La chica negó, observando los zapatos lustrosos de su padre golpear el piso en señal de enfado, el hombre gruño, caminó hasta el pequeño porta bebé y sacó al niño, dejándolo en los brazos de Ginny.
—Tendrás que llevarlo contigo hoy, ya te lo dije, tú madre no tiene por qué cuidarte a tu hijo mientras tú... Disque vas en busca de trabajo, tal vez tu hijo logre que se apiaden de ti.
—Papá...
—Yo puedo cuidar de Asher –gruñó la mujer.
—Tú no lo harás, quien manda en esta casa soy yo, así que no cuidaras de ese niño, ahora, es mejor que vayas a buscar un empleo, y consigas uno.
—Sí.
Ginny avanzó un tanto agotada; Asher no era el niño más pesado del mundo, pero tampoco estaba tan acostumbrada a recorrer grandes distancias con él en brazos; se sentó en la banca más cercana a ella, cuando el pequeño no dejó de llorar a pesar de que lo arrullaba, estaba desesperada, quería que parara de llorar ya.
—Yo también tengo hambre y no me estoy quejando, basta ya –gruñó dándole unas nalgadas para tranquilizarlo –bien, bien.
No muy convencida sacó el biberón, la leche se veía un poco extraña, tenía burbujas y no estaba muy segura de que algo así fuese a funcionar, podría quitarle el hambre, pero podría envenenarlo; se cubrió el rostro con la mano libre, si la vida fuese justa, en ese momento un autobús podría arrollarla, y ahorrarle mucho sufrimiento a ella y a su hijo. «Su hijo» eso sonaba extraño.
Observó el edificio; si hubiese podido obtener una ropa linda, y un poco de maquillaje, posiblemente en ese momento podría estar trabajando en ese sitio.
—Olvídate de los planes de ésta noche, tengo mucho trabajo, no tengo tiempo de tontear, así que nos veremos después.
Ginny se levantó como un resorte y caminó hasta el atractivo rubio, sino estaba mal, ya que estaba de espaldas a ella, era el mismo que le había ayudado a buscar los pendientes, tenía un traje caro, así que lo intentó. —Disculpa –colocó su mano en la espalda del hombre, pero la alejó en cuanto sintió los músculos firmes, se aclaró la garganta, para que volteara —Disculpa –volvió a intentar, haciéndose escuchar un poco sobre el llanto de Asher.
—Sí –se giró hasta ella, con el rostro tranquilo, su vista fue de inmediato al bebé que berreaba como si no hubiese un mañana, la mirada del rubio fue divertida y de inmediato sujetó la mano del niño –tienes pulmones fuertes –bromeó.
—Disculpa –volvió a hablar –no sé si…
—Te recuerdo, eres la princesa en apuros ¿eres niñera?
—En realidad, es mi hijo.
—Oh, felicidades ¿cuánto tiempo tiene? –sonrió, pero Ginny supo que sólo estaba siendo cortes, lo había escuchado decir que estaba más que ocupado, ella estaba haciéndole perder el tiempo ¿por qué no estaba siendo rudo con ella?
—Días –respondió encogiéndose de hombros.
—No quieres que sea el padrino ¿o sí? –sonrió de nuevo, esa bonita sonrisa le hizo sonreír.
—En realidad me preguntaba sí… te vi entrar a ese edificio, supongo que trabajas ahí.
—Sí, algo de eso –admitió frunciendo el ceño.
Ginny le miró y no dijo nada, si hablaba, delataría que había un gran nudo en su garganta, sus ojos picaban, anunciando que se pondría a llorar junto con su hijo.
—Ahhh… -se llevó la mano al cuello, nervioso, posiblemente dudando de los motivos por los que se acercó a él.
—Sé que no me conoces –se aclaró la garganta de nuevo –pero en serio, mi hijo no ha comido desde hace seis horas –sus ojos picaron aún más –y yo no tengo…
—Ocupas dinero –ella asintió ocultando la mirada en Asher –sí, sí, de acuerdo, veamos –rebuscó en su saco y al final optó por la bolsa izquierda de su pantalón.
—Voy a pagarte –soltó de la nada cuando vio la billetera –si dices que trabajas ahí, en cuanto tenga, voy a pagarte.
—No es necesario, la verdad –la vista de la pelirroja se enfocó en el billete de 5 libras, sonrió agradecida, algo era algo –toma –le extendió los billetes.
—En serio, puedo pagarte, no importa cómo, sólo… pídeme lo que sea.
—Lo que sea –sonrió él –esa es una oferta muy amplia ¿no lo crees?
—Siempre y cuando no toques a mi hijo, está bien –un escalofrío le recorrió por completo cuando los ojos azules del hombre se quitaron del bebé para observarla.
—De acuerdo, esto se está poniendo incómodo, gracias por lo de enfermo, espero que sea de ayuda –la sujetó del hombro y se alejó.
La vista de Ginny se desvió hasta los billetes, eran unos pocos, y las lágrimas fueron automáticas al notar que de los siete billetes, cuatro eran billetes de 50, dos de 20 y uno de 5.
—&—
El hombre entró al edificio, estaba un poco acalorado por tener que llevar el saco puesto, pero en cuanto entrara a su oficina, podría solucionar el problema.
—Señor Nott –lo interrumpió la secretaria de su padre.
—Dime ¿aún no han encontrado el reemplazo de mi secretaria?
—No señor –se encogió de hombros apenada –su padre pidió hablar con usted en cuanto llegara.
—Ahora voy –le regaló una sonrisa agradable y avanzó hasta la oficina de su padre.
Se acomodó la corbata a causa del calor que tenía, saludó al varón que estaba sentado en la silla frente al escritorio y le sonrió a su progenitor.
—Me habló Longbottom –sonrió el hombre mayor –dice que estás muy ocupado como para reunirte con su hijo y hacer negocios.
—Aun no tengo una secretaria –le recordó –no sé por qué…
—Yo ordené que quitaran el anuncio, había una drogadicta afuera, posiblemente…
—Posiblemente ocupa el trabajo ¿lo has pensado?
—Una drogadicta no es eficiente, te libre de eso.
—Según tú.
—Le dije a Frank que irías con Neville y sus amigos a divertirte, y que si los negocios salían, bien.
—Va a llegar un día, en el que dejes de molestarme ¿cierto?
—Sí, el día en el que o te cases, y me hagas abuelo, o me muera, que como veo las cosas, jamás tendrás una mujer.
—Daphne Greengrass no es la mujer de mi vida, acéptalo.
—Ninguna mujer es la mujer de tu vida, sólo sé directo, Theodore Nott ¿te gustan los hombres? –el rubio rió divertido.
—Quiero una mujer a mi lado, no un trofeo, no un adorno al cual colgar de mi brazo para verme bien y ser pretencioso, cuando la mujer correcta llegue, te lo haré saber, papá, con permiso, tengo cosas que hacer, antes de irme a divertir.
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Ginevra Weasley se observó en el espejo, la ropa le quedaba justa, resaltando sus curvas, y sus senos, que por la lactancia estaban más grandes de lo normal, los sujetó, dolían, debería quitarse la leche antes de salir.
—Es hora, están llegando –indicó Amy.
—Bien, ahora iré.
Suspiró, observó el ropero, fue hasta él, era bastante amplio, así que sujetó el portabebés y escondió a Asher ahí.
—Te prometo que no haré esto todo el tiempo ¿bien? Tienes que confiar en mí, sólo en lo que tengo un poco de dinero, y…
— ¡Deja de perder el tiempo! –Gruñó el hombre detrás de ella –recuerda que te estoy haciendo un favor, después de éste, ninguno ¿bien?
— ¿Vas a decirme que le dijiste? –inquirió.
—Que estabas muerta.
—Gracias.
—Te recomiendo que no vuelvas a ponerte en el radar, la más pequeña sospecha, lo tendrás aquí –observó al ropero –y dudo que eso lo detenga para llevarse al niño.
—Eso no…
—Le hiciste una promesa, y cuidarás de ese niño por su recuerdo, pero nunca lo olvides, Ginny, que mientras sigas teniendo a ese niño, jamás podrás dormir por las noches, no en paz.
—Quieres que se lo dé ¿entonces qué pasará con él?
—El sólo quiere a ese niño porque te quiere a ti ¿entendido? Sabe que si te lo quita, aceptarás lo que sea por estar junto a ese… «Tu hijo»
—Asher –sonrió –su nombre es Asher.
—Ya le has puesto nombre, ahora no puedes ni matarlo ni comerlo, pero es tu vida.
—Gracias por esto, pero en cuanto tenga dinero suficiente, sabes que no volveré a ocuparte.
—Toma –le extendió un papel –guárdalo, y sólo, cuando creas que las cosas están realmente jodidas, háblame, sabré que es en serio, si lo llamas por su nombre –observó el lugar donde escondió a su hijo.
—Gracias –lo abrazó y se alejó.
Ginny observó al hombre y sonrió incómoda, rechazó el shot de tequila con la mejor de sus sonrisas, pero él insistió, hasta que tuvo que beberlo, el líquido quemó su garganta, pero estaba acostumbrada a beber lo que fuera, desde lo más corriente, hasta lo más fino.
—Me gusta tu atuendo –balbuceó el varón.
—Gracias.
—Pero te vas a ver mejor cuando te lo quite, «delicia» dicen que las pelirrojas tienen buen sabor abajo –se burló –sabes a de que yo hablo ¿cierto, verdad?
—Desde luego –la mano del castaño fue entre sus piernas, ella respingó y contuvo el aliento.
—Te haré suplicar piedad, ya verás, así que no me vayas a salir que no te gusta lo que te gusta –Ginny desvió la vista.
Su boca se separó un poco cuando el hombre se detuvo a unos pasos de ella, rechazando lo que fuera que una de las chicas le dijera, él se detuvo de inmediato al observarla, supongo que aun casi desnuda y maquillada como payaso la reconoció, la tensión en su mandíbula lo dejó claro.
—Parece que he llegado tarde al festejo –comentó abriendo su saco antes de sentarse, la observó directamente.
—Tu padre dijo que te unirías, pero te conozco bastante bien, Nott, no son tus sitios favoritos para frecuentar.
Ginevra se quedó quieta, así que el hombre frente a ella era Theodore Nott, el hijo del gran productor de música, por la forma tan sencilla en la que camina y habla, no lo hubiese pensado.
—Tengo que ir al baño –se disculpó, se alejó de ellos, pero el rubio la siguió.
—Admito que es una sorpresa encontrarte aquí –la sujetó del brazo.
—Ni siquiera me conoces –espetó.
—No, pero ahora veo porque tienes un hijo siendo tan joven, si a esto es a lo que te dedicas ¿es acaso que no te interesa su bienestar?
—Tú ni siquiera me conoces –se alejó rumbo a la habitación, pero él no desistió, volvió a seguirla.
—Tienes razón, no te conozco, pero cuando te vi no pensé que eras de la clase que te gusta estafar personas –su vista fue al ropero cuando escuchó llorar al niño – ¿es el día de traer a tu hijo al trabajo acaso? –frunció el ceño.
—No tengo con quien dejarlo –se encogió de hombros –no tengo trabajo, sólo quiero –fue por su hijo y comenzó a arrullarlo –por favor, no vayas a acusarme, haré lo que sea, sólo quiero que éste infierno termine –admitió.
—Bien, ya sé cómo vas a pagarme ese dinero –se acercó a ella, se inclinó un poco hasta que sus labios estuvieron a centímetros de distancia.
—Puedes hacer conmigo lo que quieras, pero no toques a mi hijo –repitió.
—Tienes que saber, que me gusta el café pero siempre tomo té negro, me gusta la puntualidad, y si estás libre por las mañanas –elevó una ceja –me encantaría que fueses mi secretaria –el corazón de Ginny latió desbocado y sonrió feliz.
